Igualdad

El parloteo metódico de las universidades no es, a menudo, más que un acuerdo para eludir mediante una semántica cambiante una cuestión difícil de resolver. Immanuel Kant

Uno no puede saberlo todo, decía Sócrates mediante palabras mejores. El nazismo, por su parte, mostró, a través de la ignorancia, algo aterrador: la imposibilidad tácita que ahoga al ser cuando despierta en su madurez y observa cómo todos los caminos dependen de la cultura y cómo las opciones quedan mermadas a cada minuto que transcurre. El mero vestigio es un problema social. ‘Todo o nada’, parecían decir aquellas piras.

La lectura no une a los iguales, y los iguales son el mayor engaño del siglo veinte; el asesinato de la individualidad que arrastra la libertad y la dignidad, donde los derechos actúan como cadenas y la conciencia se adormece en un lecho de conformismo.

La suma de individualidades no ofrece más que una parada de monstruos donde la percepción de uno juzga al resto. La igualdad desde la inferioridad, desde la reducción, la propia reducción del ser. La igualdad imposible da paso a una aseveración clásica: el mejor sistema entre los peores. La igualdad se perpetúa bajo bases erróneas.

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