Los Soprano y el antihéroe: de la televisión a la filosofía

Sometimes I go about in pity for myself, and all the while, a great wind carries me across the sky.

Dicho ojiwbe.

El cine de mafiosos es uno de mis géneros preferidos. La razón principal está clara: habla sobre la vida, habla sobre la muerte y habla sobre la vida a través de la muerte. Pueden ser tres razones, claro; o puede ser una. Por todo ello, Los Soprano es, sin atisbo de dudas, una de mis series favoritas y, si me apuras, también La Serie. Déjate de Jack Sheppard, de Jimmy McNulty o de Ned Stark; si quieres entender de qué va el mundo, tienes que intentar comprender cómo funciona Tony Soprano.

Allí vemos cómo se habla del típico tío feliz, de empatizar con el antihéroe, de vivir la vida como siempre quisimos hacerlo, del bien y del mal, y de Dios; y del bien y del mal cuando Dios ha muerto. Allí, los hay escépticos, realistas, soñadores y filósofos; en ese espacio se mueven el deber y el honor, y también el gris; sobre todo el gris. El gris que se lee como el honor entre ladrones, como el llorar porque los patos no vuelven a tu piscina este otoño y como disfrutar de un habano mientras escuchas cómo uno de tus sicarios a sueldo le revienta la rodilla a un moroso con una bala de nueve milímetros.

Tony Soprano en la piscina

Un consejo: primero, mírate la serie. Luego, lee esto. También hay spoilers de The Wire y Breaking Bad, por cierto.

El típico tío feliz

No sé con quién estoy enfadado. Solo estoy enfadado. […] Es todo y todos. Veo a un tío caminando calle abajo, ya sabe, ese tío que va silbando como el jodido trotamundos feliz y siento ganas de degollarlo. Quiero cogerle y machacarle sin ninguna razón.

Hablo de ese tío que camina por la vida como si no tuviese ni un solo problema; ese tío al que todo el mundo detesta porque no pueden ser como él. Quizá ese hombre sea lo más contrapuesto a un antihéroe, que no es más que alguien a través del que nos reflejamos siempre por sus defectos y sus carencias; por sus victorias fuera de la ley.

Nadie duda de que el tío feliz es una buena persona, alguien mejor que nosotros, ¿pero qué significa mejor? ¿Mejor desde una perspectiva moral? Muy probablemente, sí. ¿Funciona mejor que el resto de cabrones que pululan a su alrededor desde un punto de vista social? Joder, claro que no. Pero para eso, vamos a explicarlo con Tony.

El personaje de Gandolfini (1961-2013) es el primero de todos ellos; Soprano es el padre, el Anticristo, el Ángel Caído, y mola; porque todos tenemos un poco de él: de eso; todos guardamos en un rincón ese cajón donde, en vez de diálogo, hay hostias para un regimiento y, en vez de razón, comprensión o perdón, solo hay deseos de venganza.

¿Cuál es la diferencia? El antihéroe nos dirá que él tiene cojones, y nosotros no. Pero no nos adelantemos tanto, empecemos por ver de dónde surge algo que nos produce tanta atracción como repulsión. Hagámoslo, al menos por curiosidad.

El comienzo del antihéroe

Es como una pirámide, desde tiempos inmemoriales: la mierda baja y el dinero sube, es así de simple.

Tony Soprano

En la carnicería de Satriale’s ocurren algunos de los acontecimientos más importantes de la serie. No es casualidad que, en el episodio piloto, Cristopher Moltisanti, el sobrino de Tony, asesine a un tal Emil Kolar bajo la atenta mirada de Bogart, Sinatra y otros actores clásicos que nos remontan a una sangrienta tradición que se extiende hasta los cincuenta.

Allí, Tony sufrió su primer ataque de pánico tras ver cómo su padre le cortaba un dedo al señor Satriale; es donde Silvio y Carlo se llevan por delante a un soldado de la familia Lupertazzi, donde trocean a Richie Aprile, y mucho más. El deli-carnicería se convierte en un espacio todavía más sangriento debido a las actividades criminales que configuran parte de ese camino hacia el despertar del antihéroe.

La figura del antihéroe, pues, configura, en un marco de injusticia social, esa predisposición a tomar otro camino: pobreza, imposibilidad de ascender en cualquier escala e incluso exclusión social; todo ello, a su vez, servirá para que el antihéroe se legitime a sí mismo en un futuro: «yo no era así, ellos me obligaron»; «no tenía otra salida; ¿qué otra opción había?» Es el mismo argumento que el personaje utilizará para justificarse una y otra vez, pero ahí no deja de haber una parte de verdad.

En Tony, su infancia y adolescencia construyen gran parte de su carácter; o lo que es lo mismo, una madre manipuladora y, en cierto sentido, también castradora y de un perfil abusivo con sus familiares cercanos. Si bien el personaje parece ocultar cierta animadversión por los actos delictivos de su padre —llegando a decir en más de una ocasión, que no había otro modo de hacer las cosas para él—, lo cierto es que el carácter violento y la doble vida de Jonnhy Boy perfilan la conducta entre las dos familias de los Soprano.

Johnny Boy y Junior Soprano
Johnny Boy y Junior Soprano en su juventud.

De cualquier modo, si bien el entorno familiar y el contexto social pueden poner piedras en el camino, el antihéroe siempre tiene un espacio para la elección personal, cuya extensión a menudo se reduce a medida que se pasa más y más tiempo dentro del arquetipo. Por eso Tony no puede dejar la mafia y convertirse en un don nadie que vende aspiradoras en Florida; por eso Walter White prefiere morir como Heisenberg que vivir como un profesor de secundaria que no ha sido feliz en su matrimonio; por eso, se cargan a D’Angelo Barksdale en la cárcel; porque, en última instancia, el antihéroe no quiere dejar de ser el antihéroe, y por eso la doctora Melfy fracasa tratando a Tony hasta el punto de suspender el tratamiento en The Blue Comet (6×20).

Enlaces relacionados:

La empatía con el antihéroe

Muchos pacientes, quieren que se les perdonen sus faltas actuales por incidentes que ocurrieron en su infancia. En eso se ha convertido la psiquiatría en este país.

Hasta aquí, entendemos por qué nace el antihéroe, ¿pero por qué nos cae bien? ¿En qué nos sentimos identificados? ¿Cómo es posible que un trasfondo épico haga que nos olvidemos de que ese personaje esté cometiendo un crimen tras otro?

Para mí, la empatía con el antihéroe se basa en tres premisas. La primera es simple: hace lo que nosotros hubiésemos querido hacer alguna vez (aunque después nos arrepintiésemos); soltar una puya cuando toca, o un buen derechazo; hacer que nos temiesen, generar respeto o admiración a nuestro paso… En definitiva, destacar; porque eso es lo que hace Tony entre mafiosos: no hay nadie tan implacable, ni inteligente, ni humano en ese microcosmos; y por razones similares funcionan Hank Moody (Californication, 2007-2014), Nucky Thompson (Boardwalk Empire, 2010-2014), Dexter Morgan (Dexter, 2006-2013) o el Dr. House (House, 2004-2012).

La segunda tampoco es difícil de imaginar: funciona; ¿cuántos hombres y mujeres pasan su vida en la cárcel por lo que hace cualquiera de estos antihéroes? Por el contrario, Tony Soprano vive con la sombra, pero el castigo no llega, y si llega, no lo hace a través de los canales habituales. A lo largo de la historia de cualquiera de ellos, se expone una balanza de éxitos y fracasos, pero lo suficiente equilibrada para llegar a desear estar en su pellejo durante unos instantes irracionales. Al menos, hasta el final.

La última, en cambio, es básica y, a la vez, es la que seguro que nos pasa más inadvertida. Sus actos, sus palabras, su conducta y el resultado de la misma, no nos afecta; es solo un mensaje, un diálogo, una historia en una pantalla de televisión, en un libro, en un cómic. Por ello, un Tony Soprano real sería mucho más humano, pero nos crearía una animadversión enorme: porque sus disparos nos dolerían en primera persona, su carácter nos atemorizaría y sus amenazas podrían suponer nuestro fin. Eso ya no es tan guay, porque es la vida real, no una historia épica.

Antihéroes de la TV

Pero es que, si te paras a pensarlo, no necesitas a Tony Soprano para que te arruine la vida; busca un antihéroe mucho más cercano a nosotros, mucho más cotidiano; mucho más divertido, idiota y amarillo. Las tonterías de Homer Simpson quizá fuesen todavía más peligrosas que las del mafioso de Nueva Jersey, pero se cumplen las tres premisas anteriores, por lo que no hay nada que temer: podemos seguir carcajeándonos.

http://www.youtube.com/watch?v=Kdw0AonIHBw

La vida como debe ser vivida

Elegiste esta vida, y conlleva responsabilidades. Una vez Teddy Roosevelt dio un discurso entero con una bala alojada en el pecho. Hay cosas que son cuestión de deber.

Uno de los temas más interesantes y recurrentes en Los Soprano y en todo el cine de gángsters podría resumirse en dos de las citas con las que comienza Goodfellas de Scorsese (1990). La primera, famosa donde las haya: Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón quise ser un gángster… Y la segunda que, en realidad, explica mucho mejor el sentido de todo este cosmos:

Para mí, ser gángster era muchísimo mejor que ser presidente de los Estados Unidos. Antes de acudir por primera vez a la parada de taxis buscando un trabajo para después del colegio sabía que quería ser uno de ellos, sabía que allí estaba mi futuro. Para mí, ser uno de ellos significaba ser alguien en un barrio lleno de don nadies. Ellos eran distintos a todos, me refiero a que hacían lo que les daba la gana: aparcaban en doble fila y nadie les multaba. En verano, cuando jugaban a las cartas toda la noche, nadie avisaba a la bofia.

Tony Soprano mantiene una filosofía similar treinta años más tarde de la mayoría de personajes de El Padrino (1972). Ser alguien en un barrio lleno de don nadies; las flores que crecen en la basura, alcanzar el éxito en un sistema que niega, taxativamente, a un grupo social por su clase. Esa es la vida de Vito Corleone, y la de Al Pacino, pero en Scarface (1983).

En realidad, no importa dónde. Puede ser en una fabela de Río de Janeiro, como en Ciudad de Dios (2002), o en un hombre de clase media de Albuquerque con un cáncer terminal (Breaking Bad, 2008-2013). Solo se necesita un motivo para que nazca el antihéroe, porque todos vivimos en el gris de lo humano y lo divino. ¿Y acaso Ze Pequeño no hubiese sido un verdadero antihéroe si no hubiesen estado Bené o Buscapé para que el espectador comparase?

En este contexto, pues, la actitud del antihéroe es heroica en la medida en que consigue cambiar el mundo entero a través de la épica. Don Quijote es una figura propia de este tipo de narrativa, y también Batman. The Bride (La Novia) de Kill Bill no es mejor que Sarah Connor o Stewie Griffin. Todos ellos son antihéroes, y nos atraen porque sobreviven en un mundo que, de un modo u otro, los niega a través de la prohibición.

Stewie no quiere ser tratado como un bebé y Tony Soprano no quiere ser un estúpido vendedor de productos ópticos ni un insulso comercial que instala bombas de frío y calor. Tony Soprano no quiere ser Kevin Finnerty (Join the club, 6×02), ¿pero quiere ser Tony Soprano? En su fuero interno, el personaje se debate entre ser un don nadie o ser alguien que no le gusta; entre ser un asesino o no ser. Es Hamlet llevado a un nuevo nivel.

La vida a través de la muerte

Hasta un reloj roto da bien la hora dos veces al día.

Llegamos a un tema fundamental en la mayoría de los antihéroes que conocemos: su modo de vida no ofrece muchas oportunidades de llegar a viejos. En The Walking Dead (2010-) esto se percibe de una forma radical (y es una de las claves por las que triunfa la serie desde mi punto de vista), pero en el mundo de Tony, donde cualquier pequeño gesto que pase inadvertido puede ser tu fin, solo se presenta de un modo distinto —se mueve a otros niveles—, pero resulta igual de letal.

Nadie puede vivir con la muerte tan cerca en todo momento. Por ello, comprobamos como termina por naturalizarse, por interiorizarse y por radicalizarse. Si es matar o morir, siempre que podamos, elegiremos matar. Pero aquí no se trata de supervivencia, sino de una decisión que cambió tu vida; en Tony podemos pensar que fue unirse a la mafia, pero pudo ser algo tan simple como aceptar las acciones de su padre o la falsa premisa de que todos no somos iguales. Por mucho que un matón se empeñe en negarlo, cuando devalúas la vida de tu víctima, también afecta a tu propia vida.

¿Por qué si no matar al gordo de los Lupertazzi en un arranque de ira? ¿O un capitán de tu propia familia para vengar a un caballo de carreras (Pie-O-My)? ¿No había otra solución más que ahogar a su propio sobrino? ¿Por qué escoger guerra a cualquier precio como decide Phil Leotardo? Todo ello, no es más que la vida vivida a través de la muerte; si siempre escogemos muerte, esta terminará por parecernos la única solución posible ante cualquier situación.

Y queda un punto más a tratar sobre la muerte: la épica; la muerte es épica, vivir y morir por una causa —Héctor o Aquiles, Boromir en El señor de los anillos, Ned Stark en Canción de Hielo y Fuego— es un tema que siempre remueve algo en nuestro interior: una causa mayor, luchar contra la adversidad… Claro, con el antihéroe no pueden aplicarse en la misma medida los conceptos de bien o justicia, pero en el mundo de grises que hemos terminado por aceptar, poco nos importa, ¿o no?

En esta misma línea, es interesante hacer un apunte a la idea de Dios que tienen algunos personajes. Entre los subordinados a Tony, Paulie Gaultieri afirma que su condición de soldados les impedirá ir al Infierno: ellos son soldados, no nazis, dice Tony; si bien la mayoría de ellos, en su fuero interno, saben que Dios es la última de sus preocupaciones: si no hay nada, no hay juicio posible, piensan la mayoría; si lo hay, lo que hacemos no es tan malo —hasta el punto de permitirse dar una lección curiosa entre pecados veniales y mortales en una de las primeras temporadas de la serie—. Luego solo hay que endulzarlo, y tragárselo.

https://www.youtube.com/watch?v=ksO_NZWcgoo

No obstante, el punto de vista más interesante se da en D-Girl (2×07), donde Anthony Soprano Jr. conoce a Nietzsche y a Camus y concluye que Dios ha muerto. La verdadera tristeza del hijo del capo de Jersey es saber que lo que ha muerto es la imagen idílica del padre todopoderoso y buena persona que él tenía del suyo propio; al fin y al cabo, todos los niños creen —o deberían creer— que sus padres son perfectos, y eso termina por acercar sus figuras hacia un dios.

Llegar a esa conclusión es mucho más peliagudo que confirmar su fe por obligación: se trata de confirmar que el mundo no es como se lo habían vendido y que siempre habrá alguien más fuerte —donde su propio padre es el arquetipo— que decidirá su destino, que le someterá e impondrá su voluntad. Aquí aparece Dios sí, pero el del Antiguo Testamento, el de las tablas de la ley y las siete plagas. Ese dios que era un verdadero hijo de puta inmisericorde.

Una espiral de destrucción

¿Qué pasó con Gary Cooper? ¿El tipo fuerte y silencioso?. Eso era un americano. Gary Cooper no estaba en contacto con sus emociones, simplemente hacía lo que tenía que hacer. Lo que la gente no sabía era que una vez que obligaran a Gary Cooper a demostrar sus sentimientos, ¡ya no sería posible callarlo!

La mafia nos gusta porque es uno de esos casos extremos. No es imposible abandonar filas, pero las opciones se restringen lo suficiente como para que, entre la incertidumbre y las dificultades, escapar de la Cosa Nostra sea más terrorífico que la cárcel o una vida repleta de crímenes. 

Además, concentra aspectos positivos, ¿no es cierto? La camaradería, el honor, la posibilidad de formar parte de algo más grande que uno mismo, de un grupo exclusivo… Incluso aunque se hayan pervertido o malentendido a lo largo del proceso de evolución del personaje, están ahí: siguen ahí. Todo junto hace que el antihéroe se perpetúe hasta el final. En otras palabras, cuando has traspasado la línea tantas veces, no tiene sentido mantenerla en el mismo punto, ¿verdad? Mejor moverla un poco hacia un lado…

Esto puede verse muy claro en el primer episodio de la última temporada (6×01 Solo para socios) donde un soldado veterano quiere salir de la familia DiMeo; se plantea retirarse, abandonar, cambiar de vida, mudarse a Florida. ¿Pero está hablando en serio? Nadie puede creer que proponga algo así, y el paripé que Tony se permite (le permite, en cierto modo) solo se debe a su rango y a sus años de servicio. Por lo demás, todo ello queda desestimado, y él termina por colgarse en casa.

Lo cierto es que nadie se suicida por perder una buena casa en la costa, pero la cárcel no solo es ese lugar que podemos tocar, ¿verdad? En nuestra vida, hay muchos tipos de cárceles; estar prisionero puede llevar a la desesperación en vida y eso no es mejor que encontrarse privado de libertad. 

Y hablando de cárceles, en el siguiente episodio, tras el disparo de Junior Soprano, Tony se enfrenta a una prisión muy distinta que le ha atormentado durante gran parte de la serie mientras murmura: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? Pero ya lo dijo el personaje de Gandolfini: no hay cura para la vida. Así que, ¿qué más se puede decir?

Grandes series, pequeños resúmenes

Series de televisión descritas en una frase.

Boardwalk Empire: Steve Buscemi es “Nucky” Thompson, un político que controla Atlantic City gracias al contrabando de alcohol en tiempos de la ley seca; luego, se “arrejunta” con una señora bastante puritana sin que sepamos muy bien por qué.

Breaking Bad: un profesor con complejo de inferioridad se convierte en el mayor productor de metanfetamina de Nuevo Méjico.

Heisenberg
Heisenberg, o Walter White (Breaking Bad, 2008).

Californication: “Hank” Bukowsk… Moody es un escritor de éxito enamorado de su exmujer con una hija adolescente, una carrera profesional incierta y un agente pajillero y calvo.

Homeland: marine norteamericano vuelve a casa tras ocho años y algunos miembros de la CIA deciden investigar un soplo que lo vincula con integristas de Al Qaeda.

House M.D.: el doctor Gregory House, nefrólogo e infectólogo, sufrió una necrosis muscular en la pata y, actualmente, es un “pastillómano” que tiene una relación extraña con su jefa, una relación extraña con su único amigo y una moto bastante chula.

Los Soprano: Tony Soprano controla Nueva Jersey, come en exceso, pone los cuernos a su mujer y busca ayuda profesional con la que solucionar su comportamiento patológico con el firme propósito de… ser mejor gánster.

Imagen promocional de Los Soprano (HBO).
Imagen promocional de Los Soprano (HBO).

Juego de Tronos: la increíble historia de un escritor que, en vez de terminar una de las sagas literarias más famosas del siglo, se dedicaba a asesorar a los guionistas del homónimo televisivo.

Juego de Tronos (segundo intento): crónica de los acontecimientos de Poniente, un universo de ficción medieval donde algunas familias nobles optan por el trono de hierro, que está en Desembarco del Rey; allí, se come, se bebe, se folla y se conspira como en ningún otro lugar.

Perdidos (Lost): un avión de Oceanic Airlines se estrella en una isla del Pacífico, a partir de ahí los guionistas te dicen que todos los hechos paranormales tienen una explicación científica para reírse de ti durante seis temporadas.

Twin Peaks: encuentran muerta a una adolescente algo golfa en la costa de Twin Peaks; después, un agente del FBI se pasa el día hablándole a una grabadora.

House of Cards (versión estadounidense): adaptación de la serie británica con Kevin Spacey como protagonista, quien interpreta al congresista Francis Underwood, un hombre que no se detendrá ante nada para alcanzar sus objetivos políticos.

The Big Bang Theory: la inexplicable historia de un enfermo de Asperger que mejoraba por exigencias del guion.

Modern Family: todo el mundo quiere un padre como Phil Dunphy. Y punto.

Black Mirror: historias muy chungas sobre la predominancia tecnológica y sus peligros derivados en el siglo XXI. En el primer episodio, el primer ministro del Reino Unido debe follarse a una cerda. No digo más.

Battlestar Galactica: los cylons son robots creados por las doce colonias de Kóbol para hacer su vida más fácil, hasta que se rebelan y provocan el genocidio de la raza humana. Los supervivientes escapan a bordo de Galactica, una nave militar comandada por el almirante Adama que huye a través de la galaxia…

Vikings: Ragnar Lodbrook es un vikingo muy duro —que, por alguna razón, parece primo lejano de Jax (Sons of Anarchy)— y decide convencer a su aldea y al regente de la misma de que lo más inteligente es meterse todos en un barco e ir hacia el sur a saquear.

Falling Skies
Imagen promocional de la serie ‘Falling Skies’ (Steven Spielberg, 2011-).

How I Meet Your Mother: el sucesor legítimo de Friends, llega un momento en el que tiene que aparecer la madre, y decepciona un poco a los fans. A mí me había decepcionado desde el principio.

Falling Skies: coge el arquetipo zombi y conviértelo en extraterrestre.

The Young Ones: cuatro okupas (squaters) viven de alquiler en la Inglaterra de Margaret Tattcher. Bizarramente imprescindible.

 True Detective: el asesinato ritual de una prostituta en Luisiana y una pareja de detectives que se unen para descubrir quién está detrás y por qué. La serie estrella del 2014.

24: Jack Bauer es miembro de la unidad CTU (Counter Terrorist Unit) de Los Ángeles y hoy es el día más largo de su vida…

True Detective (II): algunos dirán que no valió la pena. Yo no. No podría hablar mal de esta temporada, a veces, lenta y con diálogos forzados que consigue hablar de vida y muerte, de represión sexual y de cómo el pasado nunca es tanto lo que somos como el presente; ah, y sobre todo por dar en el clavo al final.

Transparent: cómo un transexual recién jubilado que ha pasado toda su vida en el armario puede ser la persona más normal de su familia.

Mozart in the Jungle: la Orquesta Filarmónica de Nueva York tiene un nuevo director de orquesta: ¡Rodrigo! Y trae sexo, drogas y… música clásica.

Frank Semyon en True Detective 2

Vikings: la historia de Ragnar Lodbrook, quien arrasó Northumbria, Francia y Bretaña, y no contento con eso se convirtió en uno de los héroes vikingos más alucinantes de la historia.

The Wire: serie de culto, innovadora para su época, y a veces lenta, que sigue siendo el inicio de la historia de la HBO y una de las mejores tramas policíacas de todos los tiempos.

Fear The Walking Dead: empieza lento, pero poco tardará en acelerarse y descubrir una perspectiva de la que muchos anhelábamos ser espectadores. Un cambio de narrativa e imagen muy acertado que llega desde Los Ángeles, conservando esos pequeños grandes detalles de la serie madre…

The Wire - McNulty y Bunk

Orange is the New Black: trama de lesbianas carcelarias que no es la leche todo sea dicho. Pero entre la vida en prisión, los grupos étnicos y los blancos y negros del sistema de prisiones estadounidense (y de cualquier otro sitio), vemos muchas cosas que nos gustan…

Hora de Aventuras: imprescindible por Finn, por Jake, por seguir siendo un poco niños y por el arte de lo random como decían en Jot Down. ¡Ah, y por el Rey Hielo!

Malviviendo: webserie española que narra la vida de cuatro residentes en el ficticio barrio sevillano de Los Banderilleros. Empieza con openings míticos que homenajean a otras series y actores amateur que crecen capítulo a capítulo; termina como un proyecto de esos tan vivos que tienes que dejarlos volar (o algo así, ¿no?). De lo mejor de los últimos años: nos dejó con el mono mes a mes durante tres temporadas.

Higurashi no naku koro ni: nada que ver con el resto. Serie de anime que explica la historia del pequeño pueblo de Hinamizawa, el cual oculta un oscuro secreto relacionado con el festival del Watanagashi. Estructurado en arcos de preguntas y respuestas de diferente extensión, mezcla tragedia, drama y suspense de forma magistral.

Umineko no naku koro ni: tras Higurashi, 07th Expansion creó una segunda historia en manga que traspasó al anime; esta vez se narra la cronología de la familia Ushiromiya, cuyo patriarca se dice que hizo un oscuro trato con la bruja dorada Beatrice, y ahora esta puede haber vuelto para saldar la deuda y los intereses… pero con sangre. Del estilo de la anterior, vamos.

La filosofía de la imagen

Sobre la posibilidad de expresar ideas complejas a través del cine y la televisión se ha escrito mucho. Los medios de masas funcionaron, en un primer momento, como canal en el que transmitir ideas simples hacia otras cada vez más enrevesadas; pero hoy nadie pone en duda que el formato audiovisual es un medio excelente de transmitir ideas y, a nivel de difusión, ha terminado por superar a la propia escritura (libros, diarios, revistas, blogs, etcétera.).

No se trata aquí de discutir cuál es la forma más óptima de captar al gran público, sino de hablar sobre la posibilidad de alcanzar a un público objetivo a través de otras formas de ocio y cultura. Así, las películas (cinematografía) serían el primer paso a través del que transmitir ideas más profundas, y si lo analizamos a fondo no será hasta la década de los noventa (mediados, sino finales) cuando las series de TV empiezan a tratar temas más allá del mero entretenimiento.

Entonces, series como Los Soprano, Twin Peaks Expediente X (entre otras) empiezan a poner sobre la mesa temas más complejos que la diversión y el entretenimiento que veíamos en Friends, Cosas de casa o El príncipe de Bel Air. Más que cualitativo, el salto es técnico y conceptual: antes, la película trataba en profundidad temas que la televisión no podía asumir; ahora, las series tienen espacio y recursos para desglosar temas y situaciones al mismo nivel (técnico o cualitativo) que el cine, y el espectador lo demanda. En ese momento, la serie de televisión rozaba la serie B y, posteriormente, había encontrado su puesto entre las comedias de situación (sitcom).

Cosas de Casa - Carl Winslow y Steve Urkel
Los personajes de Steve Urkel y Carl Winslow. «¿¡He sido yooooo!?«, y esas cosas de los noventa.

En paralelo, se produce otro salto. Los nativos digitales y la generación que los precede empiezan a ver en los juegos la capacidad de mostrar, tratar y hacer más partícipe de lo que sucede en las pantallas al jugador. Poco a poco, la calidad gráfica alcanza niveles extremadamente realistas, y ese salto cuantitativo amplia el campo de análisis: del cine a la televisión; y de la televisión al ordenador y a las videoconsolas.

La victoria de lo audiovisual

Sin embargo, no quiero que esto parezca un ataque a la literatura ni que se entienda que los medios audiovisuales son la evolución lógica de la misma. Evidentemente, muchos seguimos leyendo, y leemos para encontrar en esos libros aspectos, conceptos e ideas que no están en otro lugar (o lo están, pero no se presentan a través de una perspectiva concreta o una profundidad determinada o que buscamos en ese momento); leemos libros, analizamos historias y buscamos relaciones de ideas, conclusiones y comparaciones con otros medios. Lo verdaderamente interesante ahora, es que ese campo se ha ampliado a medida que la cultura popular y las manifestaciones artísticas se han multiplicado en número. Hoy, tenemos los 1001 libros que leer antes que morir, y las 1001 películas que ver, pero no tardarán en aparecer las 1001 series que seguir y, por supuesto, los 1001 videojuegos que terminar.

Los Soprano fue la primera serie que estableció la idea del antihéroe moderna. Presentó problemas éticos de primer orden: el bien y el mal, la tradición, la posmodernidad... ¡entre gánsgters!
Los Soprano fue la primera serie que estableció la posibilidad de un antihéroe como protagonista mientras desarrollaba problemas éticos de primer orden: el bien y el mal, la tradición, la posmodernidad… ¡entre gansgters!

La prueba de ello es que ya no solo encontramos críticos literarios o de cine, sino que los primeros críticos de series de televisión e incluso de videojuegos ya han aparecido. Y no se trata aquí de revistas del sector, sino de obras que tratan en profundidad, analizando y comparando puntos de vista, matices y conceptos que aparecen en estos.

Así, editoriales como Errata Naturae llevan cuatro o cinco años publicando obras sobre series como Breaking Bad, Juego de Tronos, True Detective o The Wire. Sí, aprovechando el tirón, al igual que lo hacen muchísimos autores y críticos que ven, también en España, un punto de partida desde el entretenimiento al planteamiento de problemas tradicionales que acogen las Humanidades. ¿Y los videojuegos? Más de lo mismo. Pero tendremos que esperar una o dos décadas para que las generaciones que se criaron con la pantalla blanca sean superadas, o complementadas, por aquellos que recurren a un videojuego o una serie de TV en busca de una buena historia.

Todo ello, lleva un proceso tras de sí, y la lógica de las películas, las series y los juegos es la misma que la de literatura. Leemos para divertirnos, emocionarnos, conocer y aprender, e incluso para matar el tiempo; y por las mismas razones, recurrimos a otros tipos de material audiovisual. Existe un porcentaje (grande), además, que busca crear y consumir todo tipo de material relacionado (y contrastarlo con disciplinas como la psicología, la filosofía, la literatura…)

Algunos ejemplos sobre este tipo de literatura sobre series de TV que he leído son:

Los Soprano y la filosofía: mato, luego existo (Greener, R. y Vernezze, P., Ariel, 2010)

Breaking Bad: 630 gramos de papel para serieadictos no rehabilitados (VV.AA., Errata Naturae, 2013)

La vida según Sheldon (Toni de la Torre, Timun Mas, 2014)

Hoy, las ideas empiezan a saltar de los libros al medio audiovisual, y esto no es antinómico o contrario entre sí, sino tremendamente provechoso. Porque contar con series de TV como Los Soprano, Sons of Anarchy, Breaking Bad Boardwalk Empire nos abre un abanico enormes de posibilidades de análisis, y nos ayuda mejor a entender el mundo, y la historia, y los problemas reales de otras personas.

En este caso, las cuatro series tienen una basa real, ¿pero y los videojuegos? ¿No veis posible hacer una sobremesa en casa de los suegros hablando sobre FalloutGrand Theft Auto World of Warcraft? ¿y no tienen esos juegos muchísimos aspectos que analizar, recordar o discutir pese a ser otra «mera» forma de entretenimiento? A lo mejor, contestas: «A mi suegro no le gustan los videojuegos«, pero en unos años, el suegro (o la suegra) vas a ser tú. Por una parte, qué jodido, ¿no? Y por la otra, cómo nos lo vamos a pasar «frikeando«… 😉

Finn-Jake de Hora de Aventuras en Fallout.
Los protagonistas de Hora de Aventuras (Finn y Jake) caracterizados como refugiados del apocalipsis nuclear del videojuego Fallout.

En resumidas cuentas, yo soy uno de esos a los que les gusta buscar referencias, comentar y resaltar temas interesantes más allá de la calidad gráfica o la jugabilidad. Y como ves, empiezo a darle bastante relevancia en el blog, por lo que si todavía no tienes una idea clara de lo que te estoy hablando, échale un ojo a alguna de estas entradas:

Vivir sin Tony Soprano

Empezaba a sonar Don’t stop believen’ con una malicia como nunca lo había hecho. El don de Nueva Jersey se había acercado a la rocola y le había obligado a que cambiase el ritmo de la escena. Entonces, se sucedía un continuo vaivén de temas de lo más banal entre tres miembros de la familia mientras Meadow quemaba rueda intentando aparcar el coche. Cuando por fin Tony levantaba la cabeza y esperaba a que su hija entrase al local, un fondo negro asaltaba la pantalla y millones de espectadores gritaban con la voz queda y un nudo ahogado en sus gargantas. Después, entendían que no era cosa de sus televisores, y que la serie había concluido.

Sobre la vida y la muerte desaparición del personaje

Ese es el mejor final que se haya escrito para una serie de TV. El final de Los Soprano. Porque la historia de Tony concluía, y el espectador era despedido abruptamente de su lado. De principio a fin, habíamos seguido de cerca las desventuras de ese antihéroe, de ese mafioso, de ese asesino, pero también de esa persona con una vida común, de ese padre de familia, de ese aficionado a la historia, de ese alguien amigo de sus amigos…

Chase, he wouldn’t tell. For him, that kind of obsession is as misguided as asking, «What happened to the Russian in ‘Pine Barrens’?» […] Chase clearly meant that disappearance to be one of life’s loose threads.

El problema aquí eran las palabras de Bobby ‘Bacala’ Baccalieri: Es probable que ni lo oigas cuando pase o en la versión original You probably don’t even hear it when it happens, right? La escena, además, está repleta de grandes elementos que han marcado la vida de Tony: el tigre que lleva marcado en el brazo y que se revela como parte de su ser, el deportista de élite que nunca fue, una residencia de ancianos similar a la de Livia…¿O a aquella experiencia que él nunca conocerá? Además, durante esos cuatro intensos minutos hay reminiscencias a El padrino y a otros intentos de asesinato que sufrió el mafioso a lo largo de la serie: el grupo de afroamericanos, el hombre que se dirige al baño tras observar a la familia…  

Vivir sin Tony Soprano?

Finalmente, hace unas par de semanas apareció un artículo que se suponía que debía explicar el final de esta obra. Bajo el título Did Tony die at the end of The Sopranos? la escritora Marta P. Nochimson exponía algunas de las principales razones por las que creía que no había muerto a través de la palabra del propio David Chase, el creador de la serie, pero fundamentalmente funcionaba como una excusa para rastrear reminiscencias e influencias en Los Soprano.

Gandolfini contribuyó a dar forma, entidad y vigor a un individuo que, para entrar en la pequeña pantalla, esta tuvo que acomodarse a su presencia, y no al revés. En vez de ajustarse a los cánones, los cánones se transformaron con él.

Toni de la Torre, crítico de TV.

La verdad es que el artículo se me hizo interesante, pero nadie podía cambiar el verdadero final: aquel que yo había imaginado. Y es que Tony Soprano tenía que morir tras ese telón negro, del mismo modo que había muerto en mí como espectador, y esa era la mejor forma en la que nadie lo había logrado hasta la fecha. Sí, es posible que todo fuese una elaborada simulación, que todo siguiese un esquema propiamente audiovisual, pero ese negro… Ese negro era el fin. Y nada puede cambiar la fuerza de un final abierto: ni el propio autor de la obra (aunque estoy convencido de que es lo último que querría David Chase).

De todos modos, siempre nos queda la duda —la ambivalencia de lo que pudo ser— que, tras esa última escena, termina con la historia de Tony. Viva o muera. Porque Tony era su doble familia, su madre castradora, sus ataques de pánico, sus amantes, sus asesinatos, sus negocios sucios, y también todo lo bueno. Y cuando esa escena termina, ya no es nada de eso, porque no lo volvemos a ver. Y por eso es tan jodidamente perfecto. Porque es el nacimiento del antihéroe americano; porque es, simplemente, un nuevo capítulo de la historia de la televisión.

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