Murió el señor Cayo y las elecciones se celebraron igual

Yo lo veo así:

Se sacó de entre las muelas el papel que querían hacerle tragar los falangistas, pero no tuvo que ir a votar. La vieja, arrugada, sorda y muda, le cavó un hoyo en el terreno y se tiró junto a él, en silencio. La cochambre, las aves que los de ciudad no sabemos cómo se llaman, el viento y las hojas terminaron por darles sepultura. El perro se quedó por allí rondando. Por Burgos. Sin compañía.

Después de unos cuantos días, retomé la sana costumbre de abrir un libro por placer. Antes de encamarme, escogí a Delibes. El disputado voto del señor Cayo. No tardé en ver que no era una epopeya rural, sino, en todo caso, una sátira o un réquiem. Presentaba la España profunda, la de los paletos, aquella España tan necesaria que los de ciudad obviamos. Puesto que el ciudadano, el de verdad, el tío de ciudad, el que tiene cultura y sabe, no encuentra ningún interés en el campo.

No se ve claro. Qué quieren que les diga. Estas últimas semanas no debe faltar material en las reuniones de prensa. Que si corralitos chipriotas, que los viejos a currar hasta los setenta y los jóvenes a emigrar, que es muy bonito descubrir otros lugares y otras culturas. Eso sí, de cotizar treinta años no te salva ni dios —por lo que me da en la nariz que, además de autónomo, soy un poco gilipollas, y perdón por el lenguaje.  Entre los tijeretazos constantes aquí y allá y lo que se parten el pecho del ciudadano que, por otro parte, no pocos lo merecen, esto se hunde.

Ahora, acercándome al año de mi retiro rural, me planteo si no somos conscientes de que el mundo que nos rodea a los de ciudad es de papel maché. Y que, quizá, salir de la ciudad y descubrir lo que hay fuera más allá del viaje de fin de semana o la escapadita romántica podría ser la solución. Al fin y al cabo, la cultura de la cual nos han impregnado nos ha traído hasta aquí, ¿no? ¿Qué leches va a hacer el estado de derecho cuando la gente deje de ser tan materialista, tan consumista y tan inculta?

Cada sociedad da valor a un tipo de cultura, y nosotros, como sociedad, hemos desmerecido durante más de cincuenta años a la rural. ¿Quién será el paleto si esto sigue así? Yo, por mi parte, estoy aprendiendo a plantar mis tomates y mis lechugas, porque la cultura puede uno prefabricarla, pero la comida no. 

Toni Cantó (UyPD), bipartidismo y la adecuación del mensaje

Toni Cantó, diputado español, ha realizado en el último mes un par de declaraciones muy críticas contra el sistema, que parte de la prensa española no ha dudado en divulgar a bombo y platillo, ofreciendo una visión distorsionada y simplista aquello comentado.

Primero. No comparto lo que dice, ni cómo lo dice, pero sé de lo que está hablando.

Segundo. Estamos aborregados. Y nos aborregan todavía más, día a día. El español (el catalán, el vasco, el andaluz o el madrileño) no sabe leer y, para más inri, necesita un mensaje sencillo y carente de cualquier metáfora o concepto críptico. Se rehúye todo aquello que obliga a pensar, a posicionarse, y nos acomodamos en las ideas y, más peligroso aún, en los ideales de terceros.

Tercero. El votante es políticamente correcto, y esa posición per se es la forma más progresista que, creemos, se puede adoptar. Por descontado esto es falso. Y, sobre todo, peligroso: por el feminismo extremo, por el populismo y, por encima de todo, para la democracia.

Para argumentar con respecto a este señor, he escogido sus últimas declaraciones en Twitter y un vídeo sobre su comparecencia en el Congreso de los Diputados respecto al maltrato animal.

Caso 1: sobre la violencia de género y Toni Cantó (UPyD)

toni_canto_twitter

En este caso, si pudiésemos contar con los datos sobre la mesa, lo que dice el diputado de UPyD no es ninguna tontería ni está fuera de lugar, aunque sí es cierto que, o bien por un déficit de atención, o bien por no tener la capacidad de síntesis o la mano izquierda que necesitaría la mayor parte de la casta política, sus explicaciones crean polémica debido a una ausencia de claridad en el mensaje.

La teoría de Cantó falla por la base, puesto que los datos no se encuentran contrastados (los datos pertenecen a la Federación de afectados por las leyes de género).  Si esos datos se contrastasen, lo que no parece tampoco tan descabellado… ¿Quién irá a la puerta del señor Toni Cantó a disculparse? Los mismos que le alaban por haber renunciado a sus dietas, respondía ayer un usuario en Twitter defendiendo al actor.

Sobre este tema, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) desmintió categóricamente estas afirmaciones, asegurando que solo un 0,01% de las denuncias por violencia de género son falsas. Sea como fuere, no vamos a dudar de la buena gente del gobierno, políticos tan nobles y de una transparencia jamás vista desde tiempos de Cánovas y Sagasta. No hay razón. No obstante, me llamó fuertemente la atención que las respuestas contra este señor no atacaban su crítica a un sistema que, imagino, considera que está basado en una desigualdad legal, que propicia que algunas mujeres denuncien por lucro, sino que la mayoría se limitaban a llamarle misógino, y le reprochaban que, encima de ser maltratadas, las denuncias de esas mujeres eran falsas. Recordé (levemente) a Aristóteles, el razonamiento deductivo y otras lindezas que enseñaban en bachillerato y en primero de Filosofía. Me dije:

Premisa mayor: Algunas mujeres ponen denuncias sobre violencia de género.

Premisa menor: Algunas mujeres sufren violencia de género.

Conclusión:  Algunas mujeres que ponen denuncias sobre violencia de género sufren violencia de género.

Sin embargo, el lector parecía entender:

Todas las mujeres que ponen denuncias sobre violencia de género sufren violencia de género.

Fallaba la forma de decir las cosas, la poca profesionalidad al contrastar datos (de lo que se disculpó seis horas después, como ¿tantos otros? políticos) y quizá el popurrí de temas. Pero… es innegable que muchos hombres están legalmente desprotegidos tras un divorcio, contra falsas denuncias de malos tratos, etcétera. Según el CGPJ un 0,01% de los casos, pero yo puedo deciros a varias personas conocidas que han tenido problemas de este tipo, ¿y vosotros? Desde mi punto de vista, el principal problema es que Toni Cantó pone sobre la mesa temas peliagudos:

  1. El feminismo más allá de la igualdad
  2. Discriminación positiva y negativa en sociedad
  3. Vacíos legales

¿No es eso lo que tienen que hacer los políticos? ¿Tratar temas de importancia para la sociedad a la cual representan?

Caso 2: sobre el maltrato animal y la conciencia ética

Ahora busquemos unas declaraciones anteriores. Aquellas en las que el mismo diputado, tildado de cabronazo para arriba (con perdón), afirmaba que los animales no tienen derecho, y que no pueden ser juzgados bajo las mismas leyes que el ser humano por falta de consciencia.

Primero. Implica un verdadero debate ético y filosófico. Quizá de ahí surge el mayor miedo.

Segundo. Las ideas y el mensaje final pueden alterarse si no se presta atención a los 2 min 45 s que dura el vídeo.

Tercero. La mayor parte de aquellos que criticaron la presentación del tema por el diputado en cuestión no deben haber visionado el fragmento completo.

Cuarto. Tampoco estoy de acuerdo con la conclusión final del diputado de UPyD.

La frase que corrió como la pólvora fue la siguiente: «Los animales no tienen derecho a la vida ni a la libertad.»

[youtube=http://youtu.be/98RVP3Nxkfk]

Este fragmento es lo más cercano a lo que debería ser la vida política, y una de las pocas aportaciones útiles que he podido ver en mucho tiempo en el Congreso de los Diputados. Respecto a la tauromaquia debo decir que la considero aborrecible, ni arte, ni disciplina deportiva, ni cultura… Considero el toreo un festival atroz que nos degrada como personas y, por ende, creo que este señor se deja llevar por la misma hipocresía que muchos otros políticos. Ergo no estoy de acuerdo con el fin, pero sí con las forma en la que expone su punto de vista, siempre respetable en democracia.

Para empezar, Cantó parece ser consciente de que no están allí para realizar populismo barato o política de patio de colegio. La finalidad es debatir el tema y apoyar o rechazar la propuesta de desaparición de una práctica considerada tradición. Citando a Savater (Arte, crueldad y traición) afirma los siguientes preceptos:

  • Los animales no tienen obligaciones, puesto que tampoco tienen derechos
  • El libre albedrío (es decir, la libertad de decisión) separa a seres humanos y animales irracionales
  • Nos une el sufrimiento y, aunque el trato y el maltrato requieren de la igualdad de las partes, el maltrato animal nos hace menos humanos
  • El maltrato animal va mucho más allá del toreo, es un debate profundo sobre nuestra sociedad que basa su ropa, alimentación, etcétera, en el sufrimiento animal

Cantó, así como hizo Savater, parecen poner la tradición y la permanencia del toro por delante del sufrimiento innecesario. Para ellos, la hipocresía resultante sería creer que el lidia, el toro español, hubiera sobrevivido los últimos 300 años sin el toreo. Esta máxima se mantiene hoy en día, puesto que la abolición de las corridas de toros volvería baladí la cría del mismo. Mi pregunta, respecto a este tema, es la siguiente: si el maltrato animal degrada al ser humano, y el toreo implica el maltrato, ¿qué sentido tiene la cría de un animal destinado al sufrimiento?

Si afirmamos que el maltrato devalúa la vida humana, ¿por qué mantenemos un proceso que, en última instancia, nos afecta negativamente a nosotros como sociedad? Lo hipócrita no es creer que el toro no hubiese sobrevivido sin el toreo, sino utilizar esa premisa para mantener una especie que, como todas las demás, debería ser deber nuestro proteger. Puesto que si el maltrato nos envilece, el trato con ellos nos mejora como personas.

Por la cabeza me ronda que tras tantos años de bipartidismo y falta de mensaje político, el ciudadano y el votante, cuando aparece un mensaje que debe analizar y con el cual debe implicarse, siente miedo y pereza. Y actúa reduciendo la esencia del mismo a la mínima expresión. Acostumbrados a titulares vacíos, la aparición de un discurso político real llega a chocarnos sobremanera. Se descubren, pues, dos problemas: la falta de alternativas políticas bajo las que se sientan representados los ciudadanos y la pérdida del sentimiento político tras décadas de promesas vacías.

Enlaces relacionados:

‘La voluntat d’un poble’ y el país de las maravillas

«No quiero caminar entre locos», dijo Alicia.

«Oh, no puedes hacer nada», le respondió el gato, «todos estamos locos aquí».

—¡Crisis!

—¡Estado represor! ¡Cabronazos!

La rueda se enlentece.

—¡Huelga! ¡Zafarrancho de combate!

—¡A cortar cabezas!

—¡Freeeeena! Tira un poco de alpiste a los pájaros.

—¿Qué toca?

—Hoy, promesas vacías; mañana, independencia y echarle la culpa al campesino andaluz.

Esto va así: el andaluz le cae como el culo al madrileño, el madrileño al catalán y el catalán quiere ahora pegar un portazo. Pero, ¿qué catalán? ¿El catalán ciudadano o el político?

Otra vez con la misma cantinela. Esta vez me ha cogido un poco lejos, aunque  por ello me he esforzado MÁS (¿cansados de esta clase de chistes, eh?) en mantenerme informado. Como está claro que no hay forma de ser un antisistema de esos y que te dejen en paz, ni tan siquiera de moldear conciencias, poco a poco, en la sombra, vengo a tocar un poco los huevos.

En primer lugar, respecto a las elecciones, al president Artur Mas le va de coña que su culpa se difumine entre un grupo más heterogéneo de políticos. En esta misma dirección, me parece muy lícito que el resto de partidos intenten dejarle con el culo al aire, en la medida en que el elaborado plan del dirigente de CIU se lo permite.

Seguidamente, me pregunto si esta oleada imparable de conciencias inflamadas ha reparado en la necesidad de meditar sobre las diferencias entre formar parte de un estado federal y ser un estado independiente. La voluntat d’un poble desea una cultura propia, una vivienda digna y un trabajo con futuro, lo cual no difiere mucho de lo que quiere cualquier hijo de vecino, aquí y en la China popular, como diría un ilustre catalán —si coloco político al lado del término ilustre, el corrector del Word me dice no sé qué.

¿Quién ha engañado a toda esta gente? ¿Nadie repara en qué ocurrirá con las personas que han cotizado toda su vida laboral en el sistema económico español? ¿Y qué planes hay para fomentar que muchas de las empresas asentadas en Cataluña no pongan pies en polvorosa? ¿Quién se ha tragao eso de que Cataluña sin España puede funcionar? ¡Sin España quizá sí, pero no sin las empresas españolas! Quizá sería cuestión de preguntarse por todos esos huecos que han quedado aquí y allá, porque no estoy muy convencido de que lo que pretende el sistema sea lo mismo que quieren ver los catalanes. ¡Quizá incluso tiene buena intención! El problema es que está acostumbrado a darnos por culo, no a mirarnos a la cara, ni tan siquiera en campaña electoral.

Charslton Heston abriendo las aguas del Mar Muerto... ¡Eh! ¡Espera!
Charslton Heston abriendo las aguas del Mar Muerto… ¡Eh! ¡Espera!

No confundamos miedo con sensatez, ni fe ciega con gilipollez. Yo sé lo que quiere el político catalán, por algo se siente europeo y no español. ¿Será por sus semejanzas con croatas, griegos y chipriotas, verdad? Señores mucho más cercanos y campechanos que su tío de Valladolid y la tía Encarni.

Esperen. Si buscas “Si Cataluña se independiza…” lo que más interesa a la voluntat del poble (y al resto de España) es qué leches pasará con el F.C. Barcelona. ¿Dónde vamos, catalanes? ¡Si para país de pandereta ya tenéis España!

Tocad los huevos, porque es lo único que nos queda. Pero informaos un poco, coño. Si no luego os gritan que hay que boicotear a la poligonera de Aída y no sabéis ni por qué. Así es como uno se convierte en aquello que pretendía atacar.

Abogar por una España plural

Las primeras canas confieren a su portador una presencia salomónica, propia de un brahmán hindú, un chamán amerindio o un juez entogado. Esto siempre ha sido así, pues los seres humanos nos dejamos llevar dócilmente junto a aquellas voces melosas o altisonantes pese a que ambas planean, normalmente, una conclusión dolorosa o, como mínimo, poco agradable para nuestra persona.

El encanecimiento paulatino es un proceso menos sufrido que la calvicie gracias a figuras como Richard Gere o George Clooney, que demuestran, a través de sus rostros, una madurez bien llevada y difuminan la estupidez del resto de este, nuestro, club del cabello cano o semicano. Este pobre intento de captatio benevolentia tiene como único fin dar un golpe más comedido en la mesa —después de todo, no vamos a astillar el mobiliario en tiempos de crisis— y lanzar un homónimo grito al del hemiciclo del Congreso años ha con un:

¡Se siente, coño!

Es vergonzosa la conducta del español en democracia. No somos un país de pandereta porque suba al poder la «izquierda» o el «centro»-derecha. Como comentaba en una publicación anterior, aquello que realmente está dañando a este país es su corruptela intrínseca en toda la casta política y las pocas herramientas que utiliza el ciudadano per se. No obstante, entre el jolgorio de los populares a través del cual llegamos, mediante un efecto rebote, hasta la mayoría absoluta —evidenciando una maleabilidad pronunciada de gran porcentaje del voto— llama la atención la actitud de sus opuestos. Una participación de un 73% y una mayoría denotan una intencionalidad de gran parte de la sociedad por entregar las riendas al PP. Desmerecer, insultar, vilipendiar… parecían verbos y actitudes propias de un radicalismo fascista; combatamos en base a nuestros principios, pero recordemos que se puede ser totalitario en más de un extremo.

Personalmente, si tuviera que establecer una síntesis del proceso me decantaría por la falta de perspicacia para cerciorarse de la continuidad de un sistema canovista que a nadie parece molestar más allá del primer desayuno de esta nueva legislatura.

¿Por qué no votar?

A veces, solo se necesita un por qué para la revolución.

El año 2011 será tildado pronto de trance revolucionario de la historiografía hispánica. Un cambio electoral, tan demandado como tardío, se ha producido en las urnas de las cincuenta provincias españolas. La no-asistencia al proceso democrático reflejará, por fin, el apoyo al Buey Apis —fiera insigne, patria— para los nuevos modelos presentados con motivo de las modificaciones del estandarte castellano.

Este animal no solo carga en su lomo la pereza, la queja sin sentido y el total desinterés del ciudadano para informarse sobre el sistema que le rige; como res, es la figura más directa y cercana al votante: “¡De cabeza, al matadero!”. Las principales fuerzas políticas han conseguido recoger las ideas preponderantes del español: “Yo les voto pa’que piensen por mí, ¿tengo yo que trabajá por ellos? ¡Vamos, venga!”, cita el eslogan más recurrente.

Usted, lector mínimamente empático, observará que todo esto no es más que mofa y, quizá, ligero trastabillado mental del narrador. No se avergüence en recordar las principales premisas en estos últimos días de agonía electoral: el voto en blanco contabiliza como nulo, el voto al partido contabiliza como un aumento de la economía en las futuras elecciones, incrementando la economía hogareña de los ilustres señores escogidos. La no asistencia del electorado en masa contabiliza como un insulto, una afrenta contra todos aquellos que sudaron sangre, sudor y lágrimas por el establecimiento de un sistema democrático que… Ya aburre.

Aquellos que no creen en un sistema bipartidista pueden votar a cualquier otra fuerza política. Busquemos una salida para todos aquellos que no creen en el sistema, no como antisistema —no se dejen engañar con tal facilidad—, sino como iniciadores de un sistema mejor. Los planes de nuestros futuros gobiernos son aquellos que merecemos, rabietas y berrinches de los candidatos entre sí, velados programas electorales, populismos. España sigue siendo un país dividido en una serie de problemas que a nadie deberían importar ya, a nivel político; los cuatro esqueletos, fascistas y pasionarios, son restos de una época peor, exponentes para el análisis distanciado y el rescate periódico que evite recaer en tal enredo.

La única solución para movimientos como el 15-M o #nolesvotes consiste en revalorizar el voto nulo, una no asistencia que clame su descontento con el sistema, no que muestre indiferencia e incluso lo apoye en la práctica. Lo que realmente temen todos ellos es que no entremos en su circo, tener que adaptarse al votante y no que el ciudadano se amolde a un sistema perfectamente hilvanado para sus  propios intereses. A veces, solo se necesita un por qué para la revolución.

Año nuevo, impuestos nuevos

No fumo. Soy un borracho. Además, para romper estereotipos, casi siempre miento. Soy un mentiroso compulsivo. Soy adicto a cuanto me permito yo o mi cuerpo: al juego, al hachís, al sexo. Probablemente, soy uno de los prototipos de bohemien del siglo XXI, tan joven y tan gastado. De forma tan innecesaria como estúpida. No me arrepiento.

«Año nuevo, impuestos nuevos», diría alguien medianamente avispado. Uno de esos que tienen demasiada sesera como para aguantar constantemente el peso del mundo. Me imagino la muerte de una diminuta y brillante neurona tras otra: las imagino ahogándose en silencio bajo una enorme ola dorada, entre humo y comida precocinada, falta de ejercicio, horarios alterados, cabezas trastocadas. Jamás escribiremos grandes historias de amor ni honor, somos esclavos de un sistema tan simple como corrupto; tanto, que la mayoría de nosotros no creemos que pueda ser cierto. Nos hemos acostumbrado a aumentos anuales en el transporte, la luz, el agua, el gas, la gasolina… Sigue leyendo «Año nuevo, impuestos nuevos»