¿Qué harías de tu vida si el dinero no importara?

Un vídeo que aporta una visión diferente de las cosas de la mano del filósofo británico Alan Watts, conocido por popularizar ideas y actitudes budistas en la sociedad occidental.

Un extracto de Wikipedia en español:

Escribió más de veinticinco libros y numerosos artículos sobre temas como la identidad personal, la verdadera naturaleza de la realidad, la elevación de la conciencia y la búsqueda de la felicidad, relacionando su experiencia con el conocimiento científico y con la enseñanza de las religiones y filosofías orientales y occidentales (budismo Zen, taoísmo, cristianismo, hinduismo, etc.)

Inspirador, ¿verdad?

Sobre la filosofía (II)

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura. (Salinger: 185)

Sobre la filosofía (I) pretendía ser un punto de acceso a los principales aspectos del conocimiento que pueden sustraerse  por medio de la especulación filosófica —comprendida como la síntesis derivada de una tesis y su(s) antítesis, más que como la técnica de conversación clásica—  y la circulación de conceptos.

La enseñanza filosófica se desplaza a través de los treinta siglos de historia del pensamiento que nos preceden mediante la transmisión conceptual, donde subyace un interés escaso por una vertiente más epistemológica, es decir, por la búsqueda del conocimiento, fundamentalmente apoyado en la ciencia y la experiencia. Como puntos de interés o de estudio actual, destacarían las disciplinas de lingüística, lógica, moral y, quizá, filosofía de la religión.

El pensamiento de Adam Smith permitió crear las bases del capitalismo moderno.
El pensamiento de Adam Smith permitió crear las bases del capitalismo moderno.

De igual modo, este trasvase conceptual no debería obviar las necesidades que la naturaleza especulativa demanda, en especial, la obligación de acogerse a una vía multidisciplinar para la comprensión de temas de actualidad, con el fin de permitirnos la posibilidad de teorizar, cómodamente, en el momento presente, no de perder el tiempo mediante lo que podríamos llamar contaminación especulativa o, en otras palabras,  la actividad discursiva y especulativa que se lleva a cabo sin los conocimientos necesarios o, directamente, desde el desconocimiento o la obsolescencia de un pensamiento(s) ya superado(s) o refutado(s).

Hoy día, la filosofía en sí no solo mantiene un peso escaso en sociedad, sino que su función está siendo desvirtuada o suplantada por otras formas de orden social, como el consumismo, el capitalismo o el socialismo, que posicionan a la masa por delante del individuo, y no al individuo como patrón social imprescindible dentro de esa masa. Todas ellas, irónicamente, acogen y maximizan la importancia del individuo mediante un canon de producción masivo —sea material o ideológico.

Se enseña lo que se tiene que hacer (orden social) y no por qué se tiene que hacer (pensamiento social), y si ello es correcto o adecuado respecto a nuestro posicionamiento ideológico y mental, puesto que, en muchos casos, tampoco se nos ofrecen los medios para desarrollar este pensamiento individualizado.

Esta tara puede observarse con más detalle si centramos nuestra visión en un punto de estudio concreto. Por ejemplo, los grandes debates éticos acerca de la medicina actual, la radicalización del pensamiento religioso o las condiciones socioeconómicas en un mapa global interrelaciado y cómo afectan a los países subdesarrollados.

Todos estos planteamientos se omiten por interés práctico, de igual modo que ocurre con las condiciones laborales y sociales que ya Salinger, hace más de sesenta años, comprendía como un punto de no-retorno en El guardián entre el centeno. ¿Por qué no se ha profundizado en el estudio del trabajo a través de una perspectiva filosófica? Si atendemos a esta cuestión, comprobamos que las concepciones utilitaristas (jurídica o socioeconómica) y, también, la concepción histórica son perspectivas de estudio habituales, en cambio, se rehúye la crítica filosófica del trabajo, siendo este uno de los pilares en los que se basa nuestra sociedad y que arrastra temas de mayor calado: por ejemplo, la necesidad de un modelo consumista, de producción a gran escala y malgasto de recursos naturales para continuar manteniendo el estilo de vida capitalista.

—He dicho que no, que no habrá sitios maravillosos donde podamos ir una vez que salgamos de la universidad. Y a ver si me oyes. Entonces todo será distinto. Tendremos que bajar en el ascensor rodeados de maletas  y de trastos, tendremos que telefonear a medio mundo para despedirnos, y mandarles postales desde cada hotel donde estemos. Y yo estaré trabajando en una oficina ganando un montón de pasta. Iré a mi despacho en taxi o en el autobús de Madison Avenue, y me pasaré el día entero leyendo el periódico, y jugando al bridge, y yendo al cine, y viendo un montón de noticiarios estúpidos y documentales y avances de las próximas películas. ¡Esos noticiarios del cine! ¡Dios mío! Siempre sacando carreras de caballos, y una tía muy elegante rompiendo una botella de champán en el casco de un barco, y un chimpancé con pantalón corto montando en bicicleta. No será lo mismo. Pero, claro, no entiendes una palabra de lo que te digo. (Salinger: 145)

Parece bastante agudo acordar que, actualmente, una formación humanística es incompleta para triunfar en una sociedad utilitarista, y sería más inteligente optar por estudios más funcionales —útiles respecto al valor social que se otorga a ese producto en sociedad, por ejemplo, los grados y licenciaturas de Economía o Administración de Empresas tienen, muy a menudo,  mayor peso social que la literatura o el arte— si ese es nuestro fin último; por el contrario, si nuestro interés es puramente académico, en su sentido más amplio, la formación ofrecida es insuficiente y debería apoyarse en una cultura científica y técnica adecuada (biología, lógica, física, robótica…). Pues, ¿existe un interés verdadero de la cultura por la cultura más allá de la utilidad inherente que nos confiere su preservación? ¿No es la utilidad ese algo imprescindible que otorga valor a la materia?

La filosofía no funciona al margen del mundo físico, sino todo lo contrario: opera en él, y su función básica es ayudarnos a entender y mejorar esa physis. Así, no puede explicar per se cómo funciona el universo —ni debe hacerlo—, sino que su función principal es la de convertirse en un híbrido útil, el cual pueda dar un sentido lógico formal a la creación, así como a la evolución y a las modificaciones de la misma. Es decir, la filosofía no tiene sentido un campo estrictamente binomial de ciencia-religión, pero sí tiene potestad para categorizar aquellos productos que se derivan de la ciencia, la tecnología o la religión.

En otras palabras, la filosofía no puede probar ni aspirar a promulgar discursos de importancia similar en temas como la existencia de un dios, la maternidad o la robótica, pero sí puede postularse respecto a esas cuestiones: sobre su bondad, maldad o moralidad, ayudando a su estudio y estableciendo límites, tanto a nivel científico como social. Su principal enemigo, llegados a este punto, diríase que no ha sido el estudio de los autores, sino la dificultad de crear un mapa conceptual suficientemente grande desde el acercamiento a las figuras de los pensadores más destacados, desde el mundo clásico hasta nuestros días; quizá, una posible solución, empezaría por invertir el orden autor-concepto, por el formato menos amigable de concepto-autor; en otras palabras, desgranar los conceptos tratados por cada autor, haciendo especial hincapié en los temas de interés y no en aquello interesante que dijo cada pensador, del modo que ofrece el profesor David Papineau en su obra Filosofía (Blume, 2008).

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Bibliografía:

  • Salinger, J.D. (2008). El guardián entre el centeno. Madrid, España: Alianza Editorial.
  • Papineau, D. (2008). Filosofía. Barcelona, España: Blume.

Sobre la filosofía (I)

No sé hasta qué periodo contemplan la mayoría de los temarios académicos de filosofía para Bachillerato, pero no conozco a ningún estudiante desde los los ochenta que se haya examinado de algo más allá de Nietzsche. Diría más: si no te matriculas ex profeso en la carrera, difícilmente podrás dar ese «salto cultural» hacia el siglo XX y mucho menos el XXI.

El Superhombre de Nietzsche.
El Superhombre de Friedrich Nietzsche.

Podría afirmarse que esto se debe a que las últimas décadas de historia de cada materia, todavía restan por escribir. La gran Historia, como decía Georges Perec, es aquella que sobrepasa a los individuos, y nadie puede ser consciente de pertenecer a la misma en el momento presente, puesto que es el tiempo quien decide lo que queda grabado en la memoria de los hombres y lo que se desvanece. Sin embargo, aquí, el problema parece nacer del concepto nihilista del filósofo alemán Friedrich Nietzsche: la muerte de Dios, que, por otro lado, suele ser el punto y final de la asignatura para el examen de selectividad.

Nietzsche, como uno de los últimos exponentes que ataca la figura judeo-cristiana de Dios, afirma que la divinidad no es más que una figura atribuible a lo inexplicable, que los mismos actos de la humanidad han devaluado y arrojado de su sagrado pedestal y que todo el cristianismo no es más que platonismo barato, es decir, la búsqueda de un sentido metafísico para nuestro mundo físico. Sin entrar en detalles, todos aquellos que han estudiado a Nietzsche serán conscientes de la imposición de la figura del Übermensch (o Superhombre), la necesidad de dar el consiguiente paso y el concepto de voluntad de poder.

En otras palabras, Nietzsche termina de inutilizar el concepto de metafísica en filosofía. Así, teología y ciencia en un sentido amplio tienen sentido en el ámbito metafísico, pues mediante la especulación, la fe y el método científico pueden postularse, probar o negar, mientras que la filosofía debe cerrar totalmente esta ventana, ya que el amor por la sabiduría inherente en la materia debe tener una base práctica y demostrable.

¿Qué le queda a la Filosofía?

El varapalo que supone deshacerse de la metafísica debe plantearse en relación al número de autores que dedicaron su vida y gran parte de su obra al tema. Si hacemos una lectura muy superficial podríamos colocar la filosofía medieval europea hermanada a la Iglesia y a figuras religiosas que aglutinó la misma (beguinas y místicas, por ejemplo), siendo conscientes de que hasta bien entrada la Edad Media (siglo XIII) no empezaron a filtrarse documentos platonistas, por ejemplo, los textos de Aristóteles. Recordamos a figuras religiosas como Agustín de Hiponia, Juan Escoto Erígena, Anselmo de Canterbury, Ramón Llull, Tomás de Aquino o Guillermo de Ockham. Aquí, poco se podía rascar fuera del ámbito de la fe razonada, siendo temas principales el mal, la omnisciencia divina y el libre albedrío.

El cartesianismo centró los ojos en la realidad y en el individuo, con planteamientos existencialistas, y la filosofía kantiana y hegeliana no se desvió excesivamente de este rumbo hasta los hegelianos de izquierdas como Karl Marx, que intentó otorgar una base práctica y útil a un sistema filosófico, social y económico, por ese orden, pues debemos recordar que, en última instancia, la meta era la utópica dictadura del proletariado.

En el siglo XX, la muerte de la metafísica inicia el llamado «giro lingüístico», que se apoya en la influencia primera de Russell y Wittgenstein, conscientes de la importancia que tiene el lenguaje en la forma en la que comprendemos e interaccionamos con el mundo. Junto a la lingüística, otras ramas que se mantienen en los temarios con la misma importancia son la ética o moral, la lógica y, en algunos casos, la filosofía de la religión. Pese a ello, la filosofía vital que desde la Antigüedad se planteó como una forma de comprender y vivir pierde gran parte de su fuerza a través de análisis teóricos (sin utilidad práctica).

Podríamos destacar los siguientes enunciados clásicos:

  1. ¿Cómo vivir?
  2. ¿Cómo morir?
  3. ¿Qué es y qué no es ético?
  4. ¿Qué es y qué no es verdadero?

Existiendo todos estos ejemplos y conocimientos aplicados con sus correspondientes autores contemporáneos, me pregunto —y espero equivocarme— por qué los temarios de muchas universidades no cuentan con la posibilidad de formar y explicar teoría estructuralista, postestructuralista, posmodernista o lingüística aplicada, es decir, los movimientos más contemporáneos, así como modos de razonamiento para volver a ese concepto filosófico que vuelve a desmarcarse como rabiosa actualidad: la filosofía vital, o la forma de aprender a vivir, a conocer, y a ser.

Así vivimos: sumergidos en el gris

En una de las calles laterales de la facultad de Humanidades, cerca del Puerto Olímpico, había una pintada que decía: «Cayó el gris, mostró el verde.» Detrás del grafiti se observaba un descampado, rodeado de una valla metálica de un par de metros de altura y una arboleda que siempre asocié al zoológico de Barcelona. Allí no había demasiado verde, ni tampoco gris, era un solar moribundo y muerto del asco al que nadie hacía caso.

Años más tarde, tras licenciarme, me enteré de que todo aquello pertenecía también a la universidad. Unos cuantos edificios como salidos de la nada se anexaron en tiempo récord a nuestra alma máter. Sin embargo, no sé si por azar o por benevolencia, aquella pintada seguía allí, sumergida en el gris.

Cayó el gris, mostró el verde

Ayer, varios años después, releía una de las contras de La Vanguardia, un pasatiempo que practico a menudo, en concreto la entrevista al filósofo Antonio Fornés, la cual recogía grandes verdades y dejaba escapar algún comentario desafortunado.

Somos máquinas de producir. El sistema se ha comido al individuo: la masa asfixia la individualidad.

Trabajamos más horas que un esclavo romano. Puede que no con la misma intensidad, ni estrés, ni en las mismas condiciones, pero perdemos más tiempo de nuestras vidas.

El miedo nos esclaviza. Sobre todo el miedo a no saber qué hacer, por lo que llegar a casa exhaustos nos permite seguir con esa corriente de conformismo infantil desde el sofá.

Por la tarde, navegando entre muros de Facebook, como un voyeur profesional, me topé con una frase muy conocida y difundida de John Lennon que decía: «La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes.» Entonces, le contesté mentalmente citando sus propias palabras. Le dije: John, algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora. 

Cayó el verde, mostró el gris. Porque es lo fácil.

Fiestas navideñas, basura mallorquina y un próspero año

Mallorca (6)

Diciembre ha sido un mes sorprendentemente prolijo en lo que a trabajo se refiere. Después, han entrado de lleno las fiestas y, entre polvorón y polvorón, gente de visita y las idas y venidas típicas, hemos parado poco por casa.  Nos hemos llevado de aquí para allá a los tres perros también, por lo que el coche ha quedado hecho unos zorros y yo he tenido que oír (en innumerables ocasiones) que el rollito «berlina familiar» se lleva con los críos y con veinte años más, no con los tres chuchos. Vamos, lo de siempre. Al final, tras unos días de fiesta ya tienes la casa hecha un asco, el coche hecho un asco y dos kilos de más en el cuerpo.

Hoy no me extiendo. El lunes pasado cogí el coche con los tres canes y mi pareja y nos largamos varios días. Craso error, puesto que olvidé bajar la basura dos pueblos más allá. Esta frase, a priori inconexa, lleva implícito uno de los grandes temores de la vida en sa Part Forana, o en algunos puntos de la misma. Aquí, en la Serra de Tramuntana, conozco ya unos cuantos casos, y es que a nosotros nos viene el basurero a la puerta de casa a recoger las bolsas. Como en el capítulo de Los Simpson, con Homer al mando del camión y el departamento de basureros a la espalda. Vienen de noche, y ni cantan ni gritan; por no oírse, muchos días, no se oye ni al camión ni a los basureros en cuestión.

Eso sí, pasar pasan. No desisten pese a que algunos crápulas como yo ya se han dado por vencidos y se llevan su basura bien envuelta y con las ventanillas bajadas cuatro kilómetros más allá. Así que os daré cuatro consejillos, por si os veis en tal situación, que nunca se sabe. Y es que estos basureros son un poco especiales. Por ejemplo, solo recogen pañales y compresas dos o tres veces por semana; orgánica otros dos días y el sexto día descansan. ¡Pero cuidado! No es que a menudo debas guardar la basura en cuatro o cinco bolsas distintas (orgánica, plástico, cristal, papel y rebuig, que engloba platos rotos y colillas sin desmerecer a unos ni a otros). Algunos días… dejas tu bolsa y no suben hasta tu casa. Otros, decides bajar tu bolsa cien metros más para que acompañe a sus vecinas, y también la dejan a la pobre. Por último: ¡no te equivoques! Como hábiles maestros vigilan con tesón que no se haya colado ningún otro material en tu bolsa, si fuera así, no tienen escrúpulos en desgarrarla y esparcir su contenido por el suelo o, simplemente, volver a dejarla ahí. Del mismo modo que hacen cuando les rota, la bolsa de basura es incorrecta y otros cientos de miles de análisis inalcanzables para nuestras mentes. La cuestión es que sales como un idiota a las 9 de la noche a dejarla y la recoges 12 horas después en el mismo sitio.

Bolsa de basura que, tradicionalmente, recogían unos señores pagados por el estado "apañó".
Bolsa de basura que, tradicionalmente, recogían unos señores pagados por el estado «apañó».

Al principio del pueblo sí hay contenedores, que los vecinos de la zona guardan celosamente y, por lo que parece, lanzar allí una bolsa puede costar una larga discusión. Así que, cuando volvimos a casa, hicimos recolecta de bolsas y me preparé para ese infierno que espera a los que no siempre reciclan.

No sé por qué terminar el año hablando de basura, quizá porque para mucha gente que conozco este año ha sido una mierda. Alguien conocido comentaba a menudo que cuando estás muy mal, las cosas solo pueden mejorar: demasiado subjetivo, ¿no? A mí me sirve dedicar unos instantes a pensar en esa gente que está peor que yo, así que ya saben, cuando tengan un mal día, piensen en todos esos gilipollas que se llenan el coche de basura y se van conduciendo.

Molts d’anys!

¡Próspero Año Nuevo!

‘La voluntat d’un poble’ y el país de las maravillas

«No quiero caminar entre locos», dijo Alicia.

«Oh, no puedes hacer nada», le respondió el gato, «todos estamos locos aquí».

—¡Crisis!

—¡Estado represor! ¡Cabronazos!

La rueda se enlentece.

—¡Huelga! ¡Zafarrancho de combate!

—¡A cortar cabezas!

—¡Freeeeena! Tira un poco de alpiste a los pájaros.

—¿Qué toca?

—Hoy, promesas vacías; mañana, independencia y echarle la culpa al campesino andaluz.

Esto va así: el andaluz le cae como el culo al madrileño, el madrileño al catalán y el catalán quiere ahora pegar un portazo. Pero, ¿qué catalán? ¿El catalán ciudadano o el político?

Otra vez con la misma cantinela. Esta vez me ha cogido un poco lejos, aunque  por ello me he esforzado MÁS (¿cansados de esta clase de chistes, eh?) en mantenerme informado. Como está claro que no hay forma de ser un antisistema de esos y que te dejen en paz, ni tan siquiera de moldear conciencias, poco a poco, en la sombra, vengo a tocar un poco los huevos.

En primer lugar, respecto a las elecciones, al president Artur Mas le va de coña que su culpa se difumine entre un grupo más heterogéneo de políticos. En esta misma dirección, me parece muy lícito que el resto de partidos intenten dejarle con el culo al aire, en la medida en que el elaborado plan del dirigente de CIU se lo permite.

Seguidamente, me pregunto si esta oleada imparable de conciencias inflamadas ha reparado en la necesidad de meditar sobre las diferencias entre formar parte de un estado federal y ser un estado independiente. La voluntat d’un poble desea una cultura propia, una vivienda digna y un trabajo con futuro, lo cual no difiere mucho de lo que quiere cualquier hijo de vecino, aquí y en la China popular, como diría un ilustre catalán —si coloco político al lado del término ilustre, el corrector del Word me dice no sé qué.

¿Quién ha engañado a toda esta gente? ¿Nadie repara en qué ocurrirá con las personas que han cotizado toda su vida laboral en el sistema económico español? ¿Y qué planes hay para fomentar que muchas de las empresas asentadas en Cataluña no pongan pies en polvorosa? ¿Quién se ha tragao eso de que Cataluña sin España puede funcionar? ¡Sin España quizá sí, pero no sin las empresas españolas! Quizá sería cuestión de preguntarse por todos esos huecos que han quedado aquí y allá, porque no estoy muy convencido de que lo que pretende el sistema sea lo mismo que quieren ver los catalanes. ¡Quizá incluso tiene buena intención! El problema es que está acostumbrado a darnos por culo, no a mirarnos a la cara, ni tan siquiera en campaña electoral.

Charslton Heston abriendo las aguas del Mar Muerto... ¡Eh! ¡Espera!
Charslton Heston abriendo las aguas del Mar Muerto… ¡Eh! ¡Espera!

No confundamos miedo con sensatez, ni fe ciega con gilipollez. Yo sé lo que quiere el político catalán, por algo se siente europeo y no español. ¿Será por sus semejanzas con croatas, griegos y chipriotas, verdad? Señores mucho más cercanos y campechanos que su tío de Valladolid y la tía Encarni.

Esperen. Si buscas “Si Cataluña se independiza…” lo que más interesa a la voluntat del poble (y al resto de España) es qué leches pasará con el F.C. Barcelona. ¿Dónde vamos, catalanes? ¡Si para país de pandereta ya tenéis España!

Tocad los huevos, porque es lo único que nos queda. Pero informaos un poco, coño. Si no luego os gritan que hay que boicotear a la poligonera de Aída y no sabéis ni por qué. Así es como uno se convierte en aquello que pretendía atacar.

Albert Pla, Catalunya y las apariencias

Albert Pla tiene una canción titulada La nana de l’Antonio. Es una recitación poética de despedida, con una melodía para acompañar como sucede en muchas de sus canciones, sobre todo en aquellas de ritmo más lento. Un réquiem de nuestro tiempo dedicado a un proxeneta drogadicto y maricón.

A menudo, busco el CD y espero con paciencia a que el compact llegue hasta Antonio. Le preceden otros tantos nombres: Crim d’amor, Vida d’un gat L’home que ens roba les nòvies, entre otras. No hay disco que exprese tanto sobre la vida. Quizá de ahí el título: Ho sento molt.

El protagonista tiene un novio de dieciséis años, trece putas y el afán de ayudar a vells exhibicionistes i donar droga als nens. Como cualquier otra cosa, puede observarse desde muchos prismas, y es probable que el mío sea el más erróneo de todos ellos. Aun así, la figura de n’Antonio emana un aura de protección y un sentimiento paternalista que consigue retrotraerme a otros momentos.

Mi padre llevaba ese nombre. Siempre precedido por un José o un Pepe que se adelantaba en boca de todos, incluso de los más allegados. No era putero, ni proxeneta; tampoco homosexual, o lo escondió muy bien durante décadas. Mantenía una relación extraña con sus apariencias, con lo que decía y lo que hacía, con lo que se veía y se dejaba intuir. Tardé demasiados años en darme cuenta. Ahora, cuando escucho a Albert Pla, no puedo evitar relacionar a ese putero de la canción con mi padre.

A mi tierra, que nunca la he sentido muy mía, ni muy tierra, le está pasando algo similar. Joan Manuel Perdigó, subdirector de El Periódico, decía ayer en su columna que la hipotética marcha de Cataluña no es más que la necesidad de otro trato en su edad adulta. Continuaba con la metáfora, agregando que antes de romper relaciones con la familia, que solo hay una, habría que ver qué quieren realmente al otro lado del Ebro. A lo mejor, perdonen mi lenguaje, quieren que les dejen de mear encima y decirles que llueve, de tocarles los cojones, como al resto de los españoles. Aquí todos somos hermanos.

No entiendo cómo los políticos moderados y centristas de hoy en día, defensores de los valores familiares que anuncian en sus campañas, no comprenden una de las verdades universales de cualquier padre que se precie. Cuando el niño quiere algo, patalea. Y patalea. Y patalea… Cuando nuestros padres, o al menos el mío, porque a los suyos no tengo el gusto de conocerles, no quieren dar algo, se enfadan, y gritan, ¡incluso amenazan! No obstante, cuando te asomas por detrás de los gritos, sabes que traga. Que es el vivo ejemplo de la mosca cazada con miel, y que siempre lo va a ser. Parece ser que el Gobierno central no se parece tanto a mi padre, ni al Antonio de la canción. A no ser que este último también fuese hijo de aquellas que, a posteriori, se dedicaba a explotar.

albert pla cantautor catalán
Albert Pla participó en ‘Airbag’ (1997)

Si Cataluña se independiza, mi única preocupación es que encarguen un nuevo himno, que Els segadors está muy manoseado a estas alturas. Si ha llovido desde 1978, imagínense ustedes desde  1899. Está más pocha la canción que Guanyavents, Milà i Fontanals y compañía en sus respectivas tumbas. Podrían encargarle el himno al propio Albert Pla que, como el resto de ciudadanos a los cuales la casta política representa, se entiende a sí mismo mucho mejor de lo que le entienden los políticos, aunque éstos le intenten convencer —a él, y a todos— de que sus ideas son las nuestras.

No se compliquen tanto, después, cualquier día se mueren, o se les muere alguien, y es un día muy triste, pero hace un sol de mil demonios, lo que, por otro lado, es una gran ventaja porque el cemento se seca más rápido y los críos pueden largarse a jugar y a disfrutar del día. Además, ¿no es eso es lo que todos queremos?

Publicidad sugerente y otros peligros de la era moderna

Cojo a Bukowski de la mano. Siempre tranquiliza acompañarse de algo que estaba ahí antes que tú y que, probablemente, seguirá estando cuando tú te vayas. Camino con la parsimonia ensayada que te permite el reloj cuando se atrasa diez minutos. «Ya me lo cobraré», debe pensar. Entonces, una total sequía sexual, el azar y la aparición de la primavera colocan frente a mí una imagen absurda en formato papel.

La chica del anuncio mira alrededor, durante diez o quince metros de largo extiende su gesto hasta un cartucho de tinta con excesiva sorpresa. Sus labios se curvan en una mueca donde conviven picaresca y burda sexualidad. La chica de la boca en forma de ‘O’ es un ejemplo de publicidad sugerente. Su dedo señala el producto, pero sus ojos te miran con deseo. ¿Qué vendían? Ah, sí. Impresoras. Cartuchos. Algo así. Entonces, llega el tren. Ella parece sorprenderse incluso de aquello que conforma su propia rutina de cartón. Le miro el escote de nuevo y pongo un pie en el vagón.

Me acomodo entre los presentes; mis dedos juegan con los interiores del libro que hoy paseo por la ciudad, acaricio su cubierta y pienso qué atractivo tiene vender impresoras mediante el sexo, ¿dónde está el reto? Todos sabemos que al gran público se llega mediante la sexualidad. Por otro lado, dudo que se nos recuerde poco más que lo necesitados de sexo que estamos durante la mayor parte de nuestras vidas: primero, solteros; después, casados. ¿Funcionará? Un grupo de universitarios entra con rápidas zancadas en el tren y me lo confirma.

—¿Has visto ese anuncio? Esta noche de negras a El Raval —grita uno de ellos, y yo sonrío. ¡Sí funciona! Somos muy primarios aún.

Mea culpa

Con la desaparición de la caballerosidad también se ha cortado en seco con la necesidad de entonar el mea culpa. Hoy en día, el error se considera una debilidad, apartando uno a uno a los candidatos en la búsqueda por la excelencia: palabra de moda, decía el filósofo Emilio Lledó en una cadena autonómica no hace mucho. Ahora que los estudios van a ser de excelencia, y los trabajos para excelsos excelentes de blanca sonrisa y calzones limpios, me pregunto cómo piensan llegar hasta allí si no es apoyándose en la literaria picaresca castiza y la mentira e hipocresía de toda la vida. Y es que se nos ha olvidado que a la excelencia se llega mediante el error.

Lo mejor será que todos nos acostumbremos, paulatinamente, a la redundancia y al no decir nada. Esto es lo que se nos viene encima. Se acabó eso de ir al grano. Eso de ir al grano y eso de tener valor como para afirmar que la cagaste, a lo grande, a lo español, y agachar la cabeza: que eres muy cabezón, coño.

A razón de aquella entrevista al profesor Lledó, recordé una reedición de La familia de Pascual Duarte donde Camilo José Cela dedicaba, entre párrafo y párrafo, las siguientes palabras al sector editorial:

Los escritores, por lo común, corregimos las pruebas de nuestras primeras ediciones y a veces, ni eso. Las que siguen las dejarnos al cuidado de los editores quienes, quizás por aquello de su conocida afición al noble y entretenido juego del pasabola, delegan en el impresor, el que se apoya en el corrector de pruebas que, como anda de cabeza, llama en su auxilio a ese primo pobre que todos tenernos quien, como es más bien haragán, manda a un vecino. El resultado es que, al final, al texto no lo reconoce ni su padre: en este caso, un servidor de ustedes.

Cela también afirmaba en ese misma nota de autor que, debido a la arrogancia propia del creador, tampoco es sencillo admitir que, en muchos casos, el texto mejora tras todas esas intervenciones externalizadas con un fin. Y es que, admitámoslo, pocos son los José de Larra que con 27 años pueden pegarse un tiro delante del espejo con tranquilidad, tras revolucionar el sector periodístico. No son muchos los adalides de la lengua que asoman el mentón por encima del resto, ¡uno o dos por década! E incluso ellos, dejando mujer e hijo en orfandad, o lanzando a periodistas de RTVE a las frías aguas de su piscina, demuestran que cualquiera adolece de algo. El tipo de carencia queda ya a gusto del consumidor, eso sí.

¿Qué estamos haciendo? ¿Nadie les dijo que esconder nuestros defectos solo nos vuelve más débiles e inseguros? Y todo esto lo estamos provocando nosotros, castigando el mínimo error, encubriéndolo u obviándolo. Esto no es excusa para meterse en camisa de once varas. Si la camisa les viene grande, déjenla en el armario, pero no inventen nuevos rangos de educación para que aquellos que no les pueden alcanzar no sepan lo poco que —ustedes y ellos— saben.

Mi nariz, la cual podría protagonizar un conocido poema, no mejora con una prótesis de payaso. Se lo aseguro.

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Cómo vivir en Mallorca y no morir en el intento

Mallorca (4)

  1. No intentes hablar a un mallorquín de Palma en catalán, valenciano ni aranés. Si vives o visitas un pueblo, pon especial atención en el punto 2.
  2. No intentes hablar a un mallorquín de pueblo.
  3. Todo está ‘molt enfora’ (muy lejos).
  4. Hay ‘forasters’ y ‘forasters de més enfora’ (forasteros, o extranjeros)
  5. Si diez generaciones anteriores a ti no son de mallorquines, eres ‘foraster/a’.
  6. Aunque nadie lo comprende, hay una estatua ambivalente en Palma de Mallorca de Gandalf, el Gris. No discutas con ellos. Ni se te ocurra decirles que Ramón Llull no salía en las novelas de J.R.R. Tolkien.
  7. Como carreras universitarias, solo existen Enfermería y Turismo.
  8. Hay playas, más playas, más playas y el castell de Bellver.
  9. Si vives fuera, vas a Palma para todo.
  10. Si vives en Palma, te pasas el día saliendo de allí.
  11. No se vive más, ni se envejece mejor, se ralentiza el tiempo.
  12. ¡La platja de Palma es una trampa para los guiris! Nosotros nos vamos a las de verdad.
  13. Aquí una shandy es cerveza con limón y una clara una cerveza con gaseosa o un «què putes és això?» Si quieres discutir sobre esto, mira el punto 14.
  14. No lo hagas. De nada sirve explicar que, en otros lugares, las cosas pueden ser diferentes. Una clara es cerveza con gaseosa, y punto. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Y si sigues diciendo que las cosas no son así, pues… ¡LA, LA, LA, LA, LA! ¡NO-TE-OIGO!
  15. Antes de entrar en la discusión equivocada, recuerda que el mallorquín lleva siglos viviendo encima de un queso gruyere a gran escala.
¡NO PUEDES PASAR, "foraster"!
Ramón Llull, el Gandalf mallorquín