Grandes series, pequeños resúmenes

Series de televisión descritas en una frase.

Boardwalk Empire: Steve Buscemi es “Nucky” Thompson, un político que controla Atlantic City gracias al contrabando de alcohol en tiempos de la ley seca; luego, se “arrejunta” con una señora bastante puritana sin que sepamos muy bien por qué.

Breaking Bad: un profesor con complejo de inferioridad se convierte en el mayor productor de metanfetamina de Nuevo Méjico.

Heisenberg
Heisenberg, o Walter White (Breaking Bad, 2008).

Californication: “Hank” Bukowsk… Moody es un escritor de éxito enamorado de su exmujer con una hija adolescente, una carrera profesional incierta y un agente pajillero y calvo.

Homeland: marine norteamericano vuelve a casa tras ocho años y algunos miembros de la CIA deciden investigar un soplo que lo vincula con integristas de Al Qaeda.

House M.D.: el doctor Gregory House, nefrólogo e infectólogo, sufrió una necrosis muscular en la pata y, actualmente, es un “pastillómano” que tiene una relación extraña con su jefa, una relación extraña con su único amigo y una moto bastante chula.

Los Soprano: Tony Soprano controla Nueva Jersey, come en exceso, pone los cuernos a su mujer y busca ayuda profesional con la que solucionar su comportamiento patológico con el firme propósito de… ser mejor gánster.

Imagen promocional de Los Soprano (HBO).
Imagen promocional de Los Soprano (HBO).

Juego de Tronos: la increíble historia de un escritor que, en vez de terminar una de las sagas literarias más famosas del siglo, se dedicaba a asesorar a los guionistas del homónimo televisivo.

Juego de Tronos (segundo intento): crónica de los acontecimientos de Poniente, un universo de ficción medieval donde algunas familias nobles optan por el trono de hierro, que está en Desembarco del Rey; allí, se come, se bebe, se folla y se conspira como en ningún otro lugar.

Perdidos (Lost): un avión de Oceanic Airlines se estrella en una isla del Pacífico, a partir de ahí los guionistas te dicen que todos los hechos paranormales tienen una explicación científica para reírse de ti durante seis temporadas.

Twin Peaks: encuentran muerta a una adolescente algo golfa en la costa de Twin Peaks; después, un agente del FBI se pasa el día hablándole a una grabadora.

House of Cards (versión estadounidense): adaptación de la serie británica con Kevin Spacey como protagonista, quien interpreta al congresista Francis Underwood, un hombre que no se detendrá ante nada para alcanzar sus objetivos políticos.

The Big Bang Theory: la inexplicable historia de un enfermo de Asperger que mejoraba por exigencias del guion.

Modern Family: todo el mundo quiere un padre como Phil Dunphy. Y punto.

Black Mirror: historias muy chungas sobre la predominancia tecnológica y sus peligros derivados en el siglo XXI. En el primer episodio, el primer ministro del Reino Unido debe follarse a una cerda. No digo más.

Battlestar Galactica: los cylons son robots creados por las doce colonias de Kóbol para hacer su vida más fácil, hasta que se rebelan y provocan el genocidio de la raza humana. Los supervivientes escapan a bordo de Galactica, una nave militar comandada por el almirante Adama que huye a través de la galaxia…

Vikings: Ragnar Lodbrook es un vikingo muy duro —que, por alguna razón, parece primo lejano de Jax (Sons of Anarchy)— y decide convencer a su aldea y al regente de la misma de que lo más inteligente es meterse todos en un barco e ir hacia el sur a saquear.

Falling Skies
Imagen promocional de la serie ‘Falling Skies’ (Steven Spielberg, 2011-).

How I Meet Your Mother: el sucesor legítimo de Friends, llega un momento en el que tiene que aparecer la madre, y decepciona un poco a los fans. A mí me había decepcionado desde el principio.

Falling Skies: coge el arquetipo zombi y conviértelo en extraterrestre.

The Young Ones: cuatro okupas (squaters) viven de alquiler en la Inglaterra de Margaret Tattcher. Bizarramente imprescindible.

 True Detective: el asesinato ritual de una prostituta en Luisiana y una pareja de detectives que se unen para descubrir quién está detrás y por qué. La serie estrella del 2014.

24: Jack Bauer es miembro de la unidad CTU (Counter Terrorist Unit) de Los Ángeles y hoy es el día más largo de su vida…

True Detective (II): algunos dirán que no valió la pena. Yo no. No podría hablar mal de esta temporada, a veces, lenta y con diálogos forzados que consigue hablar de vida y muerte, de represión sexual y de cómo el pasado nunca es tanto lo que somos como el presente; ah, y sobre todo por dar en el clavo al final.

Transparent: cómo un transexual recién jubilado que ha pasado toda su vida en el armario puede ser la persona más normal de su familia.

Mozart in the Jungle: la Orquesta Filarmónica de Nueva York tiene un nuevo director de orquesta: ¡Rodrigo! Y trae sexo, drogas y… música clásica.

Frank Semyon en True Detective 2

Vikings: la historia de Ragnar Lodbrook, quien arrasó Northumbria, Francia y Bretaña, y no contento con eso se convirtió en uno de los héroes vikingos más alucinantes de la historia.

The Wire: serie de culto, innovadora para su época, y a veces lenta, que sigue siendo el inicio de la historia de la HBO y una de las mejores tramas policíacas de todos los tiempos.

Fear The Walking Dead: empieza lento, pero poco tardará en acelerarse y descubrir una perspectiva de la que muchos anhelábamos ser espectadores. Un cambio de narrativa e imagen muy acertado que llega desde Los Ángeles, conservando esos pequeños grandes detalles de la serie madre…

The Wire - McNulty y Bunk

Orange is the New Black: trama de lesbianas carcelarias que no es la leche todo sea dicho. Pero entre la vida en prisión, los grupos étnicos y los blancos y negros del sistema de prisiones estadounidense (y de cualquier otro sitio), vemos muchas cosas que nos gustan…

Hora de Aventuras: imprescindible por Finn, por Jake, por seguir siendo un poco niños y por el arte de lo random como decían en Jot Down. ¡Ah, y por el Rey Hielo!

Malviviendo: webserie española que narra la vida de cuatro residentes en el ficticio barrio sevillano de Los Banderilleros. Empieza con openings míticos que homenajean a otras series y actores amateur que crecen capítulo a capítulo; termina como un proyecto de esos tan vivos que tienes que dejarlos volar (o algo así, ¿no?). De lo mejor de los últimos años: nos dejó con el mono mes a mes durante tres temporadas.

Higurashi no naku koro ni: nada que ver con el resto. Serie de anime que explica la historia del pequeño pueblo de Hinamizawa, el cual oculta un oscuro secreto relacionado con el festival del Watanagashi. Estructurado en arcos de preguntas y respuestas de diferente extensión, mezcla tragedia, drama y suspense de forma magistral.

Umineko no naku koro ni: tras Higurashi, 07th Expansion creó una segunda historia en manga que traspasó al anime; esta vez se narra la cronología de la familia Ushiromiya, cuyo patriarca se dice que hizo un oscuro trato con la bruja dorada Beatrice, y ahora esta puede haber vuelto para saldar la deuda y los intereses… pero con sangre. Del estilo de la anterior, vamos.

Por qué hay series de TV que terminan por volverse infumables

No soy una persona de medias tintas, cuando empiezo con algo que me gusta (un texto, una película, un libro, un deporte…) no puedo concebirlo de modo parcial. Comenzar un libro, escribir una historia o seguir una serie de TV significa una lectura compulsiva, un rompecabezas continuo o un visionado obligatorio semana tras semana, por lo que, últimamente, estoy bastante decepcionado con lo rápido que pierden la frescura las series de televisión.

Aviso: a lo largo del texto, hay algún spoiler menor de Perdidos (Lost) The Walking Dead.

Si se tratase de Homeland podríamos decir que la trama no se desarrolló correctamente tras la primera temporada; The Walking Dead tiene la excusa de ser un género difícil de trasladar a una serie de televisión, en especial, para una audiencia que está acostumbrada a historias de zombis de dos horas de duración. Otras tantas, como Californication, Cómo conocí a vuestra madre, House o The Big Bang Theory terminan asesinadas por su propio éxito. A unas se les nota más, a otras se les nota menos… Que House M.D. no avanzase se hacía más evidente, pues no dejaba de ser un drama; por el contrario, The Big Bang Theory o Modern Family pueden explorar situaciones de una forma más activa gracias al tiempo de duración por capítulo (18-20 min) y al género (comedia).

Californication
Cumple lo que su título promete.

Quizá tampoco son los mejores ejemplos. Aquí el arquetipo es Perdidos (Lost)Una gran serie difícil de anclar en un único género (¿ciencia ficción?, ¿fantasía?, ¿drama?, ¿aventuras?) que abrió multitud de tramas y cuyos personajes permitieron a los espectadores soñar con un final redondo hasta las últimas semanas de emisión. El  share que conseguía abriendo otras líneas y jugando con continuos cliffhangers (incluso entre escenas) era muchísimo más útil, por lo que cuando contestaban una pregunta habían aparecido diez más mediante un sistema de eventos en paralelo, flashbacks flashforwards. Al final, había tantas preguntas, que el espectador medio había olvidado buena parte de las mismas, y las que recordaba se habían difuminado en un mar de detalles.

Pero… ¿qué suele destrozar cualquier serie? Desde mi punto de vista:

1) Las promesas falsas por parte de sus creadores, que crean expectativas que no se pueden cumplir. Por ejemplo, J.J. Abrams afirmó respecto a Perdidos que la isla no era el purgatorio ni nada parecido a un  limbo y TODO podía explicarse científicamente. Eso dio paso a muchísimas teorías multidisciplinares sobre nanotecnología, robótica, física y un largo etcétera; durante el transcurso de la serie, esto mantuvo en vilo y muy entretenidos a millones de espectadores, pero luego… acabó por decepcionar hasta el punto de convertirse en un éxito pasajero más que en una serie clásica.

2) La necesidad de alargar una trama que pone en  funcionamiento otros elementos y nuevas líneas argumentales por una u otra razón. Cuando Lynch tuvo que revelar al asesino de Laura Palmer en Twin Peaks a principios de la segunda temporada, cuando se decidió que Homeland debía extenderse más de dos temporadas —aunque, personalmente, considero que el problema de Homeland es haber escogido un producto muy atractivo (Prisoners of War) y haber obviado el desarrollo la trama a medio plazo—,  la mente iluminada que decidió empezar a rellenar capítulos en la tercera y cuarta temporada de Battlestar Galactica…

Portada de uno de los cómics de "The Walking Dead", o "Los muertos vivientes" en España.
Portada de uno de los cómics de «The Walking Dead», o «Los muertos vivientes» en España.

Aparte, desde mi óptica existe una tercera forma de cargarse una serie, y no es más que buscar el favor del público. Esto parece una tontería, pero es lo que fastidió la primera temporada de The Walking Dead y estoy convencido de que obligó a replantear gran parte de la línea argumental. ¿Qué sentido tiene explicar por qué los humanos se convierten en muertos vivientes? ¿Acaso no es el desconocimiento aquello que más fuerza otorga al zombi?

En palabras del propio Robert Kirkman, creador del cómic:

Es decepcionante el hecho de que todas las películas que giran en torno a los sucesos apocalípticos que incluyen zombies siempre tienen un final, o una clara explicación de lo sucedido. Restándole esto credibilidad a la situación, puesto que en caso de ocurrir algo parecido, sería el caos lo que gobernaría y delimitaría la situación, aunado a la tensión y sentimiento de desamparo que implicaría el desconocimiento de las razones que han llevado a la situación en cuestión.

Supongo que hay que tener presentes las exigencias del mercado. Los últimos cinco años es más rentable hacer una serie o una película de zombis o vampiros que de momias y hombres lobo, es más rentable presentar un guion que juguetee con el tema del antihéroe que colocar a Ned Flanders como protagonista… Eso sí, dentro de unos límites.