Varias cuestiones más a raíz de ‘Vaya fauna’

A raíz de la entrada anterior, he tenido una semana movidita entre discusiones (por todos lados) con amigos y conocidos animalistas: algunos estaban de acuerdo en lo que decía, otros no. De cualquier modo, todas las opiniones son respetables, pero sí es cierto que, en algunos puntos de lo que exponía el lunes pasado, no me gustaría pecar de simplismo. Por esa razón, desarrollo aquí varias cuestiones que me parecen claves y que, creo, ayudarán a ofrecer una visión más completa sobre el artículo anterior.

#1 Vaya fauna = Telecinco = todo por la audiencia

A excepción de una cría de león, el único animal salvaje que, por ahora, ha aparecido en el programa ha sido Tima. Sí, es cierto que también hemos visto un zorro y algún bichejo más que no debería estar, pero está muy claro que Telecinco tenía planteada la controversia desde el minuto cero.

Santi Serra y la cría de león de 'Vaya fauna'

#2 Falta una explicación del programa

Sobre este tema ya hablamos, pero la pregunta sería: ¿de dónde sale la osa Tima u otros animales no domésticos que se presentan en el programa?, ¿cuál es su historia? A menudo, las historias que aparecen son sesgadas o, directamente, obviadas en pos del espectáculo, lo que hace que la presentación sea muy deficiente y que, fácilmente, lleve a malas interpretaciones por parte de la audiencia.

Este punto que en absoluto se ha cuidado por parte de realización debería hacer ver a la cadena que la polémica no siempre consigue lo que se propone (ahí está el descenso semanal de share). Además, la explicación debería ser real, fundada, profunda, lógica, ética y consecuente. No podemos presentar historias con medias tintas; tanto por lo que supone no saber de dónde sale un tigre o un oso, como porque no es justo para perros de asistencia que han participado en el programa, como Jack o Jarta. Sigue leyendo «Varias cuestiones más a raíz de ‘Vaya fauna’»

‘¡Vaya fauna!’ (Cuestiones éticas a replantear)

Nos lo presentaron como algo nuevo, pero ya nos advirtieron que no podían hablar demasiado. Al cabo de un par de meses, supe que se trataba de un nuevo programa de Telecinco. Su nombre sería Vaya fauna y se presentaría como otro talent show que sumar a los ya existentes: Masterchef, La voz, ¡Quiero bailar!, etcétera.

Lo vi bien. Me parece genial crear ese vínculo especial entre personas y animales domésticos. Si bien de vez en cuando discuto (es decir, dialogo) con familiares y amigos que no entienden por qué enseñar a un perro obediencia, practicar algún truco con clicker o iniciarte en el dog dancing, el agility o el frisbee no tiene nada de malo. Lo veo total y absolutamente lógico, y defendible: yo le suelto premios a mi perro, mi perro aprende a pensar de un modo más creativo, gana memoria muscular y nos lo pasamos bien.

Cuando mi conocido nos presentó el concurso, además, dijo que su presentador era Christian Gálvez. ¡Este colabora con Galgos 112!, pensé. (Bueno, técnicamente, nos reímos un poco de lo poco que nos había gustado su doblaje de Napoleón en Assassin’s Creed Unity, y después pensé en los galgos, pero queda mal decirlo aquí.)

No vi el primer programa hasta varios días más tarde. Entonces, el revuelo ya estaba montado y no terminaba de entender el por qué. De golpe y porrazo, vi a Tima tocando la trompeta: no era la primera vez, aunque no era consciente. La había visto sentada junto a Iniesta en un sofá, en películas con José Coronado y en numerosos circos que habían aparecido en televisión.

Nadie había hablado de eso. La descripción del programa dice: cerditos que abren y cierran cajones, perros que encestan canastas, pajaritos funambulistas… No se decía nada de osos, o tigres, y eso me mosqueó.

Osa Tima tocando la trompeta
La osa Tima toca la trompeta durante una sus actuaciones.

Días más tarde, un acertado Frank Cuesta (Frank de la jungla) subió a YouTube un vídeo dirigido a Christian Gálvez, en él hablaba sobre la complicidad que el programa y toda la gente involucrada mantenían con personas que no solo domaban animales salvajes, sino que lo hacían porque nosotros lo apoyábamos activamente con nuestra actitud. Sigue leyendo «‘¡Vaya fauna!’ (Cuestiones éticas a replantear)»

Tu perro y el puñetero síndrome de Walt Disney

Cuando adoptas a un perro, no puedes hacerte una idea de lo complicado que puede ser llegar a convertirse en un buen compañero. Supongo que como la decisión es nuestra, no podemos evitar pensar que vamos a mantener el control de la situación a partir de ahí; pero ni de coña.

Cuando descubres que tu perro no deja de tirar de la correa, te destroza la casa cuando te escapas a por un café o no hay forma de que obedezca a un simple sienta, compruebas lo equivocado o equivocada que estabas.

Eso sí, por irónico que parezca, a mí me acercó hacia los perros aquello que aleja diariamente a perros de amos; y lo que es peor y más condenable, a amos de perros, en cualquier carretera poco transitada de nuestro país.

Mi primer perro no sabía subir ni bajar escaleras, siempre estaba histérica y corría ansiosa a todas horas dentro y fuera del piso; al poco tiempo, se descubrió que sufría ansiedad por separación y que se entendía mejor con personas que con otros perros a causa de un imprinting escaso o inexistente: lo que ha marcado a la perra para siempre pese a sociabilizarla con miles de perros, personas y otros bichos durante casi seis años de vida.

Dana durmiendo
Dana durmiendo; días más tarde destrozó su colchón; y se comió mi sofá.

Pero hoy no quiero hablar sobre cómo nos cargamos la vida de millones de perros obviando sus necesidades más primarias (imprinting, sociabilización, etcétera), sino de cómo la gran mayoría de personas que comparten su vida con un perro no se nos preocupamos de su comportamiento hasta que afecta negativamente a nuestra rutina diaria. En otras palabras, ¿a cuántas personas conoces que estaban encantadas con su perro hasta que les rompió unas zapatillas de deporte o se volvió ansioso, miedoso o agresivo?

Y a partir de aquí hay dos extremos siempre: el primero, es consentir y afirmar que son cosas de perros (lo cual es «sencillo» con el pug o el terrier de turno, pero más complicado con un rottweiler o un pitbull), el segundo, es que ese perro no está educado o no sabe convivir con personas y que algo habrá que hacer (y más de uno se atreverá a cambiar ese con por un cómo).

Además, esto nunca ocurre tras compartir una preciosa excursión con toda la familia o disfrutar de una barbacoa todos juntos; como decía, esto sucede cuando el perro se nos ha meado en el parqué, se ha cargado una silla a mordiscos o ha hecho alguna otra trastada en la terraza; cuando realiza alguna conducta molesta que nos fastidia la rutina, ¿o no? Sigue leyendo «Tu perro y el puñetero síndrome de Walt Disney»