Cómo construir la estructura de una historia: planteamiento, nudo y desenlace

estructura narrativa

En las clases de escritura, nos decían que todo está escrito, pero que siempre hay espacio para una mirada; para otro punto de vista. Esta tarde, aprovechando que estoy editando un reel para Instagram, se me ha ocurrido pasar a limpio algunas notas de una clase del Laboratori de Lletres, donde asistí tres años como alumno. Una dinámica que intentaré repetir en este blog cada equis días (no doy fechas, que trae malfario).


Existe un libro fundacional para los escritores que no es aquel que tú esperarías. Se trata de La Poética, de Aristóteles, que asentó las bases de la narrativa y el teatro.

Buena parte de lo que hoy llamamos planteamiento, nudo y desenlace remite, aunque lo haga indirectamente, a la Poética. El filósofo defendió que una historia debía representar una acción completa, organizada mediante un principio, un medio y un final relacionados mediante causa y efecto.

De ese núcleo surgiría buena parte de la teoría narrativa posterior.

  • Planteamiento
    • Detonante
  • Nudo o desarrollo
    • Clímax
  • Desenlace

Esta estructura en tres actos continúa apareciendo, con numerosos cambios y variaciones, desde Cervantes hasta historias contemporáneas como Harry Potter o Star Wars. Todas ellas, de algún modo, recogen y reformulan elementos de la tradición narrativa occidental.

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Estas divisiones no tienen por qué ocupar exactamente la misma extensión. En una novela, además, pueden resultar mucho menos evidentes que en una película o en una obra teatral.

Como ejercicio, se puede imaginar una novela de cien páginas dividida en diez capítulos de diez páginas. Hacer esto permite ensayar, probar y distribuir sus diferentes partes antes de enfrentarse a una extensión mayor.

En el cine, de manera muy esquemática, podría pensarse en una división proporcional:

  • Una parte de planteamiento.
  • Dos partes de nudo.
  • Una parte final para el clímax y el desenlace.

En ningún caso, esta es una fórmula exacta, sino una orientación para comprender el funcionamiento de una historia.

El planteamiento

El planteamiento presenta la situación inicial de la historia y contiene un detonante que provoca su transformación. En esta parte se plantean los elementos que permiten al lector vislumbrar la historia —echa un vistazo al eje narrativo de Caperucita roja, por ejemplo— y se establece un pacto entre las partes (lector y autor).

El pacto (ficcional) entre el autor y el lector

Durante el planteamiento se ofrecen los elementos necesarios para que el lector pueda imaginar y comprender la historia. Se establece una especie de pacto entre el autor y el lector.

En ese pacto intervienen cuestiones (que deben cumplirse) como:

  • El lenguaje
  • El género
  • El protagonista
  • El conflicto
  • Las reglas del mundo narrativo

Todo aquello que resulte imprescindible para entender la historia debe presentarse o, al menos, quedar prefigurado desde el comienzo. Dicho de otro modo, el receptor o lector acepta que lo que le van a explicar es cierto: al menos, en ese entorno. Por eso, no cuestionas las carreras del Episodio I o que haya ruido en el espacio cuando ves Star Wars.

El detonante

Hay un acontecimiento (detonante) en la vida del protagonista que hace que su rutina se trastoque. Sin detonante, no hay historia, puesto que es el elemento básico para que llegue el conflicto.

En otras épocas (naturalismo, por ejemplo) podía ser aceptable que el acontecimiento decisivo apareciera en la página veinte; en la narrativa actual, en cambio, se tiende a introducirlo cuanto antes mejor. En novelas como Corazón tan blancode Javier Marías, está en la primera página; en Los mares del sur de Vázquez-Montalbán, poco después.

El detonante es un hecho inesperado que desequilibra al protagonista y lo obliga a tomar una determinación. Dicho de otra manera: rompe la situación inicial y pone la historia en marcha.

Podríamos expresarlo así:

Situación inicial → detonante → desequilibrio → decisión → conflicto

El detonante debe afectar al protagonista. 

Son los problemazos que hacen que Luke tenga que salir de Tatooine, los nazis intentando recuperar el arca de la Alianza, la cartita de Hogwarts para Harry Potter…

Puede influir también en otros personajes (el robo de los planos de la Estrella de la Muerte afecta también a Leia, no solo a Luke), pero su función narrativa principal consiste en alterar la vida, los planes o la mirada de quien ocupa el centro de la historia.

No basta con que suceda algo llamativo: ese acontecimiento tiene que obligar al protagonista a actuar.

La materia prima de la novela

La materia prima de una novela son las acciones. Por eso, el planteamiento no consiste únicamente en proporcionar información: debe poner algo en movimiento.

Los antecedentes, explicaciones o rasgos importantes deberían integrarse de tal manera que formen parte de la acción y de la estructura narrativa, o que queden prefigurados para adquirir sentido posteriormente.

Detonante y conflicto no son lo mismo

El detonante es el hecho que rompe el equilibrio.

El conflicto es la lucha o el problema que nace, se manifiesta o se vuelve inevitable a partir de esa ruptura.

El detonante puede:

  • Crear el conflicto
  • Activar un conflicto que ya existía
  • Hacer visible un problema latente
  • Obligar al protagonista a enfrentarse a algo que estaba evitando

No siempre es posible señalar un segundo exacto en el que comienza todo. En ocasiones resulta más útil reconocer cuando se produce un acontecimiento que afecta al protagonista o aparece un problema que ya no permite que la narración se detenga.

Algo extraño no siempre es un detonante

Un acontecimiento puede ser sorprendente, emotivo o incluso decisivo para comprender una obra sin funcionar necesariamente como detonante. Si te fijas, la magdalena de Proust es un buen ejemplo: su sabor despierta en el narrador el recuerdo involuntario de Combray y de las magdalenas que le daba su tía Léonie. El episodio resulta fundamental para los temas y la construcción de En busca del tiempo perdido, pero no funciona como un detonante en el sentido estructural clásico: no plantea un conflicto inmediato ni obliga al protagonista a perseguir un nuevo objetivo.

En Ratatouille (2007) sucede algo parecido cuando Anton Ego prueba el plato preparado por Remy. El sabor lo devuelve de golpe a su infancia y al ratatouille que cocinaba su madre. El recuerdo lo transforma y condiciona la crítica que escribirá después, por lo que posee consecuencias narrativas. Sin embargo, no es el detonante de la película, sino un punto de giro integrado en el clímax. Por el contrario, el detonante se produce cuando la colonia de ratas es descubierta y tiene que abandonar la casa, obligando a Remy a separarse de su familia y terminando en París. Esto demuestra que una imagen o un recuerdo no poseen una función narrativa por sí mismos.

Si la evocación de Ego apareciera al principio de otra historia y lo impulsara, por ejemplo, a buscar a su madre, recuperar el restaurante de su infancia o abandonar su trabajo como crítico, entonces sí podría funcionar como detonante. Más allá de qué sucede, el detonante habla de qué provoca y a quién.

En Buscando a Nemo, el ataque de la barracuda es fundamental para comprender el miedo y la sobreprotección de Marlin, pero pertenece a los antecedentes de la historia. El detonante de la acción principal ocurre años después, cuando un submarinista captura a Nemo. A partir de ese instante, Marlin ya no puede continuar con su vida habitual: debe abandonar el arrecife y atravesar el océano para encontrar a su hijo.

Incluso las escenas más largas y memorables pueden ser catálisis: la conversación sobre hamburguesas que mantienen Jules y Vincent al principio de Pulp Fiction aporta ritmo, caracteriza a los personajes y retrasa el estallido de violencia, pero no modifica el rumbo que ya seguían: ambos continúan hacia el apartamento para cumplir el encargo.

La escena enriquece el trayecto entre dos acciones principales sin abrir una nueva dirección narrativa. Aun así, si la historia que nos contaran fuese la redención de Jules y no la de Vincent Vega y Mia Wallace, quizá lo que pasa a continuación sí podría considerarse un detonante para la historia del primero.

  • Un informante proporciona un dato concreto sobre el tiempo, el lugar, la edad o la situación de los personajes.
  • Un indicio sugiere algo que el lector deberá interpretar: un rasgo psicológico, una amenaza, un tema o un significado simbólico.
  • Una catálisis acompaña, ralentiza o conecta las acciones decisivas sin cambiar por sí misma la dirección de la historia.
  • Un detonante rompe el equilibrio existente, plantea un nuevo problema o deseo y abre una cadena de consecuencias.

Además, estas funciones no siempre son excluyentes. Una misma escena puede aportar información, introducir indicios y desencadenar el conflicto.

Si la trama principal pudiera continuar prácticamente igual, probablemente no estamos ante su detonante. Si, por el contrario, el acontecimiento obliga a reorganizar los objetivos, las decisiones y el futuro de los personajes, hemos encontrado el punto en el que la historia empieza realmente a moverse.

El nudo o desarrollo

El nudo es el desarrollo mediante el cual el protagonista intenta superar la situación de desequilibrio.

Existe un objetivo que debe alcanzar o un problema que tiene que resolver. A partir de ahí, el protagonista actúa y encuentra dificultades.

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Un protagonista activo

El protagonista debe ser activo. Esto no significa que tenga que dominar cuanto sucede, sino que debe tomar decisiones, perseguir algo y responder ante los obstáculos.

A veces, hacer algo puede significar «no hacer» o bloquearse ante el peso de la situación, y ahí tienes a Shinji Ikari de Evangelionpor ejemplo, o a Mark Renton, en Trainspotting, cuyo título alude a dejar pasar el tiempo (drogados, en su caso) viendo pasar matrículas de trenes.

La fuerza del antagonista

Las dificultades estarán encarnadas por una o varias fuerzas antagonistas.

Un antagonista no tiene por qué ser una persona, sino que puede ser un enemigo (Vader, en Star Wars), una enfermedad, la sociedad (Farenheit 451) o un conflicto interior (Crimen y castigo).

La fuerza del antagonista debe ser equivalente o superior a la del protagonista. Si el obstáculo resulta demasiado sencillo, el conflicto pierde intensidad. De este modo, cuanto más poderosa parezca la fuerza antagonista, mayor deberá ser el esfuerzo, el ingenio o la transformación necesarios para vencerla. En El mago de Oz, por ejemplo, el objetivo de Dorothy —encontrar el camino de regreso— organiza la historia. La fuerza del relato procede tanto de su deseo de volver como de todo aquello que dificulta el regreso.

La pregunta implícita sostiene el desarrollo

El nudo despliega la pregunta implícita formulada en el planteamiento. El lector continúa porque necesita averiguar cómo responderá el protagonista y si conseguirá su objetivo.

La historia avanza mediante una sucesión de decisiones, obstáculos, consecuencias, cambios y dificultades crecientes. La pregunta implícita deberá ser respondida a través de la historia, moviendo al lector hasta el desenlace.

  • ¿Conseguirá el protagonista su objetivo?
  • ¿Podrá superar el peligro?
  • ¿Resolverá el misterio?
  • ¿Regresará a casa?
  • ¿Será capaz de cambiar?

La pregunta no tiene por qué formularse de manera literal, pero debe encontrarse en el corazón de la historia.

El clímax

El clímax es el momento en el que coinciden las principales fuerzas dramáticas y de él surge el desenlace. Debe señalarse que no es imprescindible que todas las historias tengan un clímax espectacular o perfectamente delimitado. Del mismo modo que una escena sexual no es obligatoria en una novela, tampoco lo es una gran explosión dramática.

Gollum y Frodo - Monte del Destino - Ted Nasmith
Gollum y Frodo en el Monte del Destino. La ilustración pertenece a Ted Nasmith.

Sin embargo, si la historia ha construido un conflicto fuerte, normalmente existirá algún momento de máxima tensión, enfrentamiento, descubrimiento o decisión.

El clímax puede consistir en:

  • Un enfrentamiento
  • Una decisión irreversible
  • Una revelación
  • Una renuncia
  • El cumplimiento o fracaso del objetivo
  • La comprensión definitiva de algo

Autores como Arthur Conan Doyle o Agatha Christie suelen construir clímax muy reconocibles, especialmente cuando el misterio converge en una revelación final. Por el contrario, hay otros clímaxs (El Imperio Contraataca), que pueden mezclar varios eventos, como un enfrentamiento y una revelación.

El desenlace

El desenlace cierra la historia una vez que los conflictos principales se han resuelto: la pregunta implícita que nació en el planteamiento debe obtener una respuesta. Esa respuesta puede ser positiva, negativa o ambigua, pero no debería quedar olvidada.

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El viaje de Frodo a las Tierras Imperecederas. (Este artículo sobre el significado del sacrificio y la muerte en ESDLA es muy interesante.)

Siempre que se plantea un conflicto, el lector espera que su desarrollo tenga alguna consecuencia.

Asimismo, si bien el conflicto principal debe resolverse pueden permanecer abiertos otros conflictos secundarios.

La resolución del conflicto necesita una motivación fuerte por parte del protagonista. Si esa motivación no existe o no se ha construido correctamente, la historia puede sentirse como una sucesión arbitraria de acontecimientos.

No basta con que el autor decida resolver el problema: el desenlace tiene que surgir de las decisiones, deseos, errores y transformaciones de los personajes.

La evolución del protagonista

La resolución no tiene por qué consistir únicamente en una concatenación de hechos. También puede implicar un cambio en el protagonista.

monomito
El famoso monomito o viaje del héroe.

Por ejemplo, un personaje condenado a muerte podría no escapar materialmente de su destino, pero sí transformar sus ideas, su actitud o su manera de entender lo ocurrido. Esto nos lleva al arco del personaje: la transformación que experimenta a lo largo de la historia como consecuencia de aquello que vive.

La evolución puede producirse en diferentes direcciones: de una posición negativa a otra positiva (ascendente, in crescendo), o viceversa, de la ignorancia al conocimiento, de la pasividad a la acción, etc. Esto no es algo único del protagonista, sino que los antagonistas y otros personajes también pueden (y deberían) evolucionar.

Estructuras clásicas y narraciones modernas

La división clásica entre planteamiento, nudo y desenlace continúa siendo útil, pero no siempre aparece de manera explícita en las novelas modernas. En una serie como Sherlock, por ejemplo, la división clásica puede percibirse de manera bastante intuitiva. En una novela experimental, fragmentaria o posmoderna, los límites pueden ser mucho menos evidentes.

Si no lo ves claro, pregúntate: ¿es igual de fácil entender la estructura de una novela de Pérez Galdós y una de Valle-Inclán? ¿Los detectives salvajes? ¿Cien años de soledad?

Te hablo de cuestiones como:

  • Alterar el orden cronológico
  • Empezar cerca del desenlace
  • Introducir tarde el conflicto aparente
  • Ocultar temporalmente la identidad del protagonista
  • Utilizar un narrador que no sea el protagonista
  • Desplazar la evolución principal hacia un personaje secundario

En El nombre de la rosa, El corazón de las tinieblas o El principito, la primera persona no implica que el narrador sea el verdadero protagonista.

Watson, por ejemplo, narra muchas aventuras de Sherlock Holmes, pero no por ello ocupa el centro del conflicto.

Herramientas para planificar una historia

Si te ayudan, un par de herramientas que usan escritores muy estructurados son:

La escaleta

La escaleta organiza las escenas o acontecimientos que forman la historia. Aquí te explican en detalle cómo preparar una.

Permite comprobar:

  • Qué sucede
  • En qué orden va a hacerlo
  • Qué provoca cada acontecimiento
  • Qué personajes intervienen
  • Cómo aumenta el conflicto
  • Dónde aparecen el detonante, el clímax y la resolución

Habrá narraciones con pocos personajes o eventos que no necesitarán esto y otras que te volverías loco para hacerlo sin escaleta. Aquí debajo te dejo un ejemplo de Rowling con Harry Potter.

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El cronograma

Puede resultar útil crear un calendario de acontecimientos al margen de la escaleta. En el ejemplo superior, Rowling ha mezclado ambas ideas, si bien el cronograma recogerá solo las cuestiones relacionadas con el tiempo:

  • El paso de los días
  • La edad de los personajes
  • Los desplazamientos
  • Las estaciones del año
  • La duración real de cada proceso
  • La coincidencia de diferentes líneas narrativas

No hace falta incluir todos estos datos en la novela. Su utilidad consiste en evitar errores y contradicciones internas: fechas imposibles, viajes demasiado rápidos, embarazos que duran once meses, personajes que cambian de edad o acontecimientos que no podrían coincidir.

¡Volveré con más teoría! 😉

Volver a escribir

Volver a escribir

He vivido varios años lejos de la escritura. Podría decir que me alejaron, pero me alejé.

Al final, madurar implica aceptar los errores (propios, también aquellos ajenos que decidiste soportar), apretarse los machos (que no es lo que estás pensando) y crecer.

Mi elección es empezar a darle caña, con calma se podría decir (pero te estaré mintiendo como un bellaco), a todo lo que dejé parado. A las tribunas de opinión, que las tienes en Substack, al contenido audiovisual sobre temas literarios (Instagram; YouTube) y a las notas de escritura, que se quedan por aquí bajo la etiqueta Escritura. 

La razón principal es poder empezar a lanzar propuestas literarias de ensayo y ficción. Sin prisa. Recordar, jugar y remezclar cositas que se quedaron olvidadas, aquí y allá. Hacer pruebitas, como diría mi pareja, y recuperar el blog, pese a que esté demodé (un poco como yo, que ya soy cuarentón).

Nos iremos viendo y leyendo, palabra.

Entradas sobre escritura

Desde 2026, en Doblando tentáculos se reserva el espacio para entradas vinculadas a la escritura como las siguientes:

El blog forma parte de los distintos proyectos que yo, Javier Ruiz, realizo a través de mi marca comercial (JRUIZ).

Desahogarse entre adjetivos

Desahogarse es una palabra extraña. Como si lo que no expresas se te atraganta y, ahi, atorado en la garganta, te mata lentamente. (Como usar adverbios como adjetivos para cualquier menda que escribe.)

Lo dicho, dicho está, y suele estar bien dicho, aunque la pifies. Es el más vale haber amado y haber perdido de las palabras.

Eso sí, no confundas necesidad con diarrea mental, o anhelos líricos.

No es extraño creer que quedan cosas por decir cuando ya está todo dicho, o que las cosas van a cambiar cuando ya lo hicieron.

La tapada limeña y la sopa de ají dulce

tapada-limeña

Antes de conocer a A., yo no sabía casi nada del Perú. Sabía que estaba muy lejos, porque a veces decía aquello de “eso está en Lima”.

No sabía lo que era una tapada limeña. No sabía lo que era el ceviche, aunque no lo pueda comer; tampoco la sopa de ají dulce.

Conocía el Machu Picchu, los Andes, el Lago Titicaca; la costa, la sierra y la jungla. Y a Wendy Sulca, no te voy a engañar.

Es curioso cómo cruzar tu vida con la de otra persona… suele ser un viaje de no retorno.

Durante un tiempo, cualquier cosa que olía, sabía o sonaba a Perú, me recordaba a ella. (Incluso el mundial de los desayunos de Ibai me sacaba una lágrima y una sonrisa, según el día.) Luego empezó a suceder algo curioso: como me había pasado con otras personas y otros lugares, Perú ya era una pequeña parte de mí.

Te confieso que es un sentimiento extraño, porque nunca he viajado a Latinoamérica… aún (a Norteamérica y Centroamérica, sí). Es uno de mis sueños, uno de mis viajes anhelados: visitar a un amigo que vive en Bogotá, a otro en Río, y Buenos Aires; conocer Tierra del Fuego, ver un cachito del Amazonas, cruzar la Panamericana… En fin, tantos lugares. Y ese viaje fantástico de Sur a Norte (como yo lo haría), pasa además por dos de mis ciudades fetiche del Perú: Arequipa, primero, y Lima, después.

Se hace raro pensar en que la persona con la que creías que ibas a hacer ese trayecto, o esos trayectos, ya no forma parte de tu vida. Es bien cierto aquello de que no importa tanto el destino, sino los pasos, y con quién recorres el camino. Lo que no te dicen es que, a menudo, la mayoría de las personas de tu vida, irán perdiéndose a través de sus propios senderos.

Qué paja, ¿no?

Quizá te anime pensar en un vídeo de Instagram con el que me topé el otro día. En el reel, una voz en off te animaba a recalcular tu vida tras el final de una etapa, como quien recalcula un trayecto del GPS. Decía: «Google Maps no te grita, no te habla mal, no se enfada contigo.» El navegador vuelve a calcular la ruta tantas veces como sea necesario, conforme a las decisiones que tomas.

Es muy zen, muy budista, la idea de que no se puede vivir en el pasado ni en el futuro.

Lo único que podemos hacer es disfrutar del trayecto presente y ver hacia dónde nos lleva. Si miras muy lejos, no estás atendiendo a la carretera; si miras hacia atrás por el espejo, o bien te paras, porque ¿qué clase de idiota pretende conducir así?, o bien te pegas una buena hostia.

No sé si es un gran mensaje.

Foto: F. Delventhal 

ChatGPT no es C3PO

ChatGPT no es C3PO - Inteligencia artificial

Si te paras a pensarlo, creíamos que el futuro iba a ser a lo Blade Runner, pero no ha hecho falta. Tenemos las cabezas tan metidas en nuestros… teléfonos (pensabas que iba a decir culos, ¿eh?) que muchísima gente no distingue entre escribir a una IA o whatsappear a un colega.

Nos ahorramos el famoso test de Voight-Kampff, supongo.

Quizá esto que te cuento te sorprendería hace un par de años, pero hoy seguro que has visto a más de uno enviando una nota de voz tras otra al ChatGPT. Un algo que emula a una conversación, pero no sé bien qué es.

ChatGPT

Según The Guardian, ChatGPT se usaba hace un año para creatividades (27 %), contenido explícito o juegos de rol erótico (12 % de las peticiones, en serio), brainstormings, simplificar explicaciones, informarse sobre sucesos, redactar código… En fin, un buen popurrí. En su mayoría, 7 de cada 10 búsquedas no eran por trabajo, parece ser.

Sin embargo, mientras en OpenAI están maquinando (¿lo pillas?, aquí hago juegos de palabras de calidá) el próximo paso, ya he visto a varias personas que han empezado a hablarle  al GPT como a un/a asistente. Sí, enredándose en largas conversaciones repletas de preguntas y respuestas con las que aclararse las ideas, hacerse mapas mentales e incluso tomar decisiones.

Sin ir más lejos, el sábado pasado uno de mis hermanos me recogió para ir a trabajar a Barcelona (tenía el coche averiado yo) y devolverme a mi casa. A última hora, estuve resolviendo algunas dudas a clientes sobre las clases mientras mi hermano me esperaba en el asiento de su Toyota No-sé-qué. Observé cómo enviaba notas de voz,  me acerqué y le pedí unos minutos extra, intentando no interrumpir sus mensajes o la llamada en curso (no lo tenía muy claro).

Cuando acabé de trabajar, subí al coche y no tardé en darme cuenta de que no estaba al teléfono, sino «charlando» con ChatGPT sobre una decisión concreta. Y aquí no me malinterpretes, ¿okay? Hace un laaargo año que uso ChatGPT y otras IA en el trabajo: para automatizar la creación de algunas secciones de los informes, consultar fuentes de prensa, como asistente de redacción de contenidos concretos; también en mi vida personal: para estudiar psicología, analizar dinámicas conductuales, resolver dudas concretas y, como todo quisqui, hacerme un estúpido avatar al estilo Ghibli. (Lo siento, no volverá a pasar, como decía el rey emérito.)

C3PO

Al grano. ChatGPT no es C3PO. El androide de Star Wars tenía conciencia (o sea, una IA autoconsciente). Pese a sus colores dorados y metalizados, era algo similar a los replicantes: nos daba pena y generaba empatía porque había desarrolado agencia moral. Como el nene de la película de Spielberg, ya sabes.

En otras palabras, eran tan indistinguibles al ser humano que replanteaban la cuestión principal (¿qué es ser humano?). Como los cylons y los replicantes: como el androide medio, vamos. En cambio, aquí estamos más bien en una distopía estilo Black Mirror.

ChatGPT es una serie de respuestas probabilísticas que te ofrecen la solución más probable tras sucesiones de cálculos de resultados. No es persona ni agente moral; tampoco culpable de que haya gente suicidándose por un mal consejo, claro, o tomando decisiones pésimas por culpa de un mal prompt.

Inteligencia artificial

La cuestión aquí es que mi hermano fue conduciendo mientras enviaba audios*, con su atención en el aparatico, atento a la siguiente respuesta para relanzar una pregunta más, o confirmar la respuesta de esa supuesta interlocutora. La voz femenina de su GPT, con acento latino (diría que colombiano, pero quizá era argentino o ligeramente estándar) le respondía cortés y pacientemente.

En otro momento, quizá le hubiese dicho algo, pero estaba sorprendido por la dinámica de la situación. Yo, ahí, con uno de mis hermanos a los que suelo ver un rato cada cuatro, seis u ocho semanas (en su defensa, habíamos comido juntos); él preguntando cosas al smartphone; yo observando la escena.

No estaba teniendo una conversacion, pero tenía gran parte de su atención ahí: las contestaciones solo eran cálculos de probabilidades, pero podían haber pasado por una respuesta humana. Cuando acabó el toma y daca, me comentó sobre sus descubrimientos (que no eran suyos) y la toma de decisiones (que tampoco) y, luego, debimos cambiar de tema.

Más tarde, ya en casa, me estuve preguntando si eso va a ser la habitual: la normalización de relaciones inexistentes y la pérdida progresiva de otras que podrían ser. Estas últimas, no obstante, no siempre tienen la respuesta que buscas, ni cosas interesantes por decir. Me mosquea también lo rápido que hemos empezado a creer a un aparatejo porque parece que siempre tiene una solución(que sabemos que, a menudo, no lo es: incluso que alucina); lo difícil que se va a poner diferenciar entre lo real y lo digital, y la dependencia cada vez mayor de la mierda del iPhone (o Android, da igual) que todos estamos condenados a llevar en el bolsillo ya.

¿Sabes que hay quien se ha pasado a móviles vintage para reducir el impacto de lo digital?, pero siguen cogido por los jíbiris en el trabajo. El capitalismo, una vez más.

* Si eres policía y estás leyendo esto, se trata de una licencia poética y nunca pasó, no hay razón para denunciar a mi hermano. Ah, y 1213 fue un gran año.

El café frío en Graná

El café frío en Granada

Siempre pensé que sabía mal, porque quien me quería, no quería que yo lo quisiera. Ese sería el resumen. Pero no hablo de una gran tragedia, sino de beber café: frío. Ya, sé lo que me vas a decir. Eso no es nada raro (so friki).

La gente se pone hielos en un vaso incluso y, luego, le echa el café.

En mi casa, en cambio, eso fue siempre tabú. Como el complejo de Edipo, o Electra, o follarse a una cabra. No exagero (bueno, un poco sí), estaba casi al mismo nivel. Y solo probé el café frío, porque igual que había este mandato paternofilial, había otros, como ser buen huésped. O sea: «Niño, si te ofrecen algo, di que no» y si te tomas algo, da las gracias (aunque te den una puta mierda). Y el café frío, me pareció una mierda. La primera vez.

Además, no lo entendí. Mis amigas hacían café, y recién hecho, cogían el tetrabrik de la nevera, y lo enfriaban. Tal cual. ¿Estamos locos o qué? Y lo tomé una vez, y dos, y tres… porque estaba de visita en casa de mis amigas. Y temeroso de la malafollá granaína (aunque uno es extremeño, y la otra gaditana, pero algo se les habrá pegao, tantos años), me callé la boca (catalana, pero sin mucho deje) y me bebí el café.

Tras dos o tres veces, empecé a cogerle el gusto.

Y, en parte, mientras escribo estas líneas, cual momento de revelación, sé que había mezclado leche templada con cafés cortos antes, en casa de mi madre, pero así queda un poco más épico.

La revelación llegó allí, en el sur, y aunque sea un evento cutre, es mi evento, y lo cuento como me da la gana.

La cuestión, sin embargo, es… ¿por qué me repugnaba algo que, en absoluto, es repugnante? ¿Tan fuertes son nuestras creencias? Parecería que aquellas forjadas por las personas que amamos sí lo son. Lo que te dice la gente que te cuida, los que te dicen mentiras como te querré y estaré siempre contigo, yo te aviso, no va a doler nada y, sí, que el café frío es una puta mierda.

Eso llega hasta el hueso, y no se va.

En la adultez, hay casi una intervención quirúrgica que consiste en diseccionar lo que tú eres de lo que querían que fueras. Hasta cierto punto, es una traición, ¿no crees? Tu madre… siempre quiso que guardases la vajilla de porcelana para los domingos de los años bisiestos; y que antes de beberte un café frío, te lo metieses por el ojete. Lo que pasa es que ser adulto es más que decidir a quien te follas (si te deja), de qué trabajas (si encuentras curro) o a qué hora te vas a dormir (tarde, por gilipollas; y mañana, todo el día hecho mierda); también es mandar a tomar por saco los mandatos paternos, beberte el café frío y asumir que, si a tu madre le jode, pues que le jodan.

No en el mal sentido claro, que le jodan con cariño (que es algo muy bonito que desear a todos, todas y todes; incluso a nuestras madres). También que le jodan sin rencor (y esta es importante), porque ella solo es culpable en la medida en la que es víctima, como lo habías sido tú. Esto no es más que otra cadena familiar de esas que se transmiten como una carga, de generación en generación. Hay quien sana y decide sanar un patrón importante, y luego estoy yo, que me bebo el café frío.

Luego, los hay que te venden lo de las constelaciones familiares y te intentan sacar la pasta. Esos sí que son unos hijos de puta.

A lo que iba: al fin y al cabo, ¿quién decide qué es importante?

El asesinato del inspector Arroyo, que era una bobina con un fedora, Miyazaki cabreado y mi novia en una llama en llamas

Inteligencia-artificial-El asesinato del inspector Arroyo, que era una bobina con una fedora, Miyazaki cabreado y mi novia en una llama en llamas

Hace un porrón que no escribo una columna. Como diría Manolo Escobar: porrón, porrompompero. (Empiezo mal, ya ves.)

El tema es que me he acordado de que tenía un blog abandonado (este) y me ha dado por retomarlo. Hoy, por lo menos, no esperes mucho, que vengo a hablarte de un relato de novela negra sobre una bobina antropomorfa que desenrollan hasta la muerte, de Miyazaki —podrido de millones— y de su cabreo, porque todo dios está generando dibujitos con su estilo, y de un dibujito (en concreto) con el estilo de Miyazaki que generé para mi novia, montando una llama en llamas.

En fin, arranco.

Llevo unos meses usando mucho los GPTs (principalmente, ChatGPT) para trabajar y como apoyo académico (ando en varios embolaos). Tengo sentimientos encontrados con este tema: en ciertos sectores, cada vez se paga menos y se exige más, y la posibilidad de consultar, reorganizar o revisar grandes volúmenes de información ayuda. Por el contrario, me preocupa un poco bastante lo de seguir incrementando el consumo energético, la huella hídrica y toda la pesca. Además, mosquea pensar que el acceso a este tipo de tecnología es desigual y los perjuicios se los tragan, a la fuerza, los de siempre: el sur global, las minorías, los más pobres.

Cable pelado

En cualquier caso, he trasteado bastante. Desde organizar bibliografía en formato APA 7, a buscar fuentes para artículos que publico en prensa o generar una lista enorme de chorradas. Mi preferida es Cable pelado, como la propia IA ha titulado a una historia que me está ayudando a crear. Le di cuatro ideas, y empezó a escribir, y lo hizo con suficiente coherencia argumental para empezar a editar desde ahí. Lo cual no he hecho, porque es una historia chorra.

Muy chorra, de verdad. Esta es la sinopsis:

En la fábrica de bobinas eléctricas Copperville, donde las bobinas llevan una vida ordenada según su tamaño y edad, ocurre una tragedia. Markus y Stephanie, hijos de la familia Voltman, desaparecen misteriosamente. Los Voltman recurren al inspector Arroyo, una famosa bobina detective, para resolver el caso. Sin embargo, la situación empeora drásticamente cuando Arroyo aparece desenrollado y destripado en medio del pasillo principal de la fábrica. El horrendo crimen conmociona a toda Copperville y lleva a Voltman, padre de las víctimas, a jurar que descubrirá al culpable.

La cuestión es que, si bien la IA estadística construye sistemas capaces de aprender de los datos, identificar patrones y blablablá, ya hay miles de personas generando historias, subiendo libros a Amazon, y sacando pasta. Algo que no solo ocurre con los libros, sino también con cualquier otra disciplina artística (y en muchos trabajos).

Angry Miyazaki

En abril, Miyazaki estaba muy cabreado. En parte, quizá no entiende bien la potencialidad de estas tecnologías; pero apuesto a que está más relacionado con el miedo en sí. Hay un temor incipiente dentro de todos a ser reemplazados, superados: quedar atrás. Si pones la oreja, escuchas la misma cantinela: «La IA no podrá hacer esto como un humano» o «será un complemento que nos ayudará a trabajar mejor».

Mis cojones, treinta y tres.

Yo no lo tengo tan claro. Me suena a que los obreros de la Segunda Revolución Industrial pensarían lo mismo, en algún momento y, luego, tuvieron que salir a quemar fábricas y a meter maquinaria por el ojete a más de uno para ganarse derechos.

Por eso no comparto la pena que otros sienten por Miyazaki o por el consumo energético per se. Miyazaki tendrá pasta para aburrir: me dan pena los artistas, escritores y músicos que, poco a poco, van a tener más y más difícil impactar. Según National Geographic, el libro del año existe y es de un filósofo chino (Jianwei Xun), pero el filósofo no existe: el tal Xun era una IA. Lo mismo está pasando con la música, la programación o la creación de material audiovisual. Ya puedes clonar tu voz, rascarte los jíbiris mientras Copilot pica código o crear un avatar virtual que haga stories, y muchas más cosas.

La llama en llamas

Es una bola de nieve. El otro día, estábamos haciendo una barbacoa en casa, y empecé a desvariar con monturas mágicas. En mi caso, tengo claro que querría ir en un jabalí acorazado (en World of Warcraft, llevaba algo así: déjate de caballos e historias). Le dije a mi pareja, que es peruana, que a ella le pegaba una llama… en llamas, por aquello de hacer la coña. Y DALL·E hizo distintas ilustraciones, todas muy chulas.

Por descontado, sigue habiendo mil carencias, de tamaños, de formatos, de coherencia, pero están evolucionando, a toda velocidad. Hoy, son pocos los despistados que pueden seguir creyéndose que sin IA es mejor que con IA (aunque se lo he leído a desarrolladores, diseñadores y periodistas, ¡ojo!). Hace pocas semanas, tanto OpenAi como Midjourney sacaban nuevos modelos con mayor coherencia en las imágenes, y esto parece una cuenta atrás.

¿Cuándo empezarán las IA a poder hacer de todo sin intervención humana y, entonces, qué haremos los humanos? Me viene a la cabeza la diferencia entre labor, trabajo y acción, el capitalismo más rancio y tecnócrata diciendo que las máquinas iban a currar por nosotros y la falta de hoja de ruta. Quizá es porque los gobiernos van como pollo sin cabeza mientras niños multimillonarios invierten fortunas en tratar de controlar tecnología, recursos (los que quedan) y futuro.

En fin, si la IA tiene que servir para algo, que sea para crear y soñar, no para robarte algo más de tu esencia. Eso sí que debería darnos miedo. Y está empezando a pasar, ahí tienes a Sam Altman diciéndote que no le des las gracias ni le pidas las cosas por favor a una máquina. Lo que pasa es que ese fulano no entiende que tú no lo haces por la máquina, lo haces por ti, por lo que eres, por lo que seguimos siendo.

Cuando el tóxico eres tú

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Me da por saco eso de la gente tóxica y la gente vitamina (o croqueta, como he oído también). Supongo que no soy yo de blancos y negros, pero es que, además, esta percepción se olvida de algo de lo que no se tiene que olvidar: ¿qué pasa cuando el tóxico eres tú?

Yo lo habré sido mil veces, como todos, y podría ponerte multitud de ejemplos, pero recuerdo dos con mucha tristeza.

El primero, se dio en la secundaria con una chica que se llamaba Emma. Pasé la típica época en la que a mí la Emma me gustaba, supongo. No obstante, yo era un chaval muy inseguro, que ocultaba esa inseguridad bajo máscaras (como todo quisqui, vamos) y ella, la chica, ya tendría sus problemas para aguantar tonterías. En mi caso, para conseguir algo de atención, empecé a piropearla de forma directa, con otros compañeros animándome a dar rienda suelta a la estupidez. La realidad es que me comporté como un imbécil, que seguro que molesté o, peor, herí la sensibilidad de esa persona, pero conseguí alguna raspa. La toxicidad tiene múltiples caras siempre, como el miedo y el egoísmo, que es más miedo: disfrazado.

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De adulto, con alguna breve relación a cuestas ya, hice otra cosa de la que tampoco me enorgullezco con una estudiante erasmus. Creí que ella tenía algún interés en mí, y un día que estábamos de cervezas en un bar… le toqué el culo, por aquello de —creía yo— acelerar las cosas. Sobra decir que no funcionó. Sobra decir que me sigo sintiendo gilipollas y, aunque pueda haber una cuestión de inexperiencia, eso no es excusa para la falta de límites, acoso, poco respeto y educación…

No sé cómo lo vivió ella, la verdad, porque nunca lo hablamos, pero a mí ese episodio me sigue dando vergüenza quince años después. (Y el otro , y van veinticinco.)

Si pudiese, me disculparía con las dos, y con mucha otra gente también.

Supongo que es más fácil correr un tupido velo que responsabilizarse. Es más sencillo creer que los tóxicos son los demás, los que se equivocan, los que te tienen manía. Pero también es inverosímil de cojones. El tóxico también eres tú, más a menudo de lo que te gustaría. A veces, porque eres un niñato imberbe, otras porque no encajas con otras personas, sean amigos, familia o pareja. Hoy día, cuando conozco a otra persona, intento respetar los tiempos de una relación (por aquello de no ser un fuckin’ psycho), pero siempre soy sincero y directo. Esa actitud, puede no gustar: es más, sé a ciencia cierta que, a menudo, no gusta, pero es tan válida como alargar amistades moribundas o pelar la pava ad eternum.

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Nunca he estado en una relación, del tipo que sea, donde lo que fallaba era uno u otro, salvo casos excepcionales, sino la suma de una serie de conductas, creencias o actitudes. ¿Hay gente que se comporta de forma tóxica? Por descontado. Hay gente con serios problemas que no sabe responsabilizarse, que maltrata a terceros, que hace gaslightning, o ghosting, o no acertaría responsabilidad afectiva ni en la Ruleta de la suerte. Pero me niego a reducirlo todo a personas croqueta y personas tofu-pocho. Vale más la pena aprender a seguir tu camino, a limitar el acceso de terceros a tu vida y, por descontado, a priorizarte. Luego, todo se ve más claro.

Nda: Las ilustraciones son de la artista Sako Asko. En Instagram, @SakoAsko. 

The Starcaise y el concepto de justicia

The Starcaise (Netflix, 2022)

Estos días me he estado viendo, sin prisa, The Starcaise (HBO, 2022). Una miniserie basada en un posible crimen cometido en Carolina del Norte y protagonizada por actorazos de la talla de Colin Firth o Toni Collete.

A lo largo de ocho capítulos se narra la historia de la familia Peterson, con miembros de hasta cuatro familias que se vinculan con las distintas historias de amor que vivió el novelista Michael Peterson entre EEUU y Alemania hasta casarse con Kathleen, en 1996.

Paso de hacer destripes de ningún tipo, si bien es importante entender que es una serie dramática basada en el documental de Jean-Xavier de Lestrade (Soupçons, 2004), por lo que puedes recoger mucha información del caso a través de otras fuentes, o en la Wikipedia mismo.

Un puzle de ocho horas

No obstante, te recomiendo que no lo hagas: por dos razones. La primera es que vale la pena dedicar ocho horas y armar tu propio puzle. Los hechos presentados, a veces, se han tildado de inexactos, pero, a diferencia del juicio, aquí no importa demasiado. La segunda, en cambio, es algo más personal, y es que creo que ya eres mayorcito (o mayorcita) para seguir esperando que te sirvan la verdad tal cual. Esta lección, The Starcaise, la exprime a fondo, revisando todos los recovecos del sistema judicial americano y, en realidad, del propio concepto de justicia.

¿De qué trata The Starcaise?

La cosa va así: la madrugada del sábado 9 de diciembre de 2001, Peterson llama al servicio de emergencias porque su esposa está gravemente herida. Cuando llegan los paramédicos y la policía, la mujer ha fallecido y la escena presenta signos de un posible asesinato y aquí… empieza una historia en la que se conjuga la presunción de inocencia, las apariencias y los secretos e intereses enfrentados de una familia fragmentada. Si te pica la curiosidad, y te gusta el género, dale una oportunidad.

Cinco de enero, una novela animalista y solidaria

caos-portada-cinco-de-enero - novela animalista solidaria

Este mes, por fin, he publicado Cinco de enero en Amazon Kindle (papel y digital). En la página de Caos, la novela tenéis toda la información, pero he decidido hacer un pequeño resumen en formato entrada, por si lo que queréis es darle caña al libro. 😉

Cinco de enero, una novela solidaria por los animales

Para resumir, en dos líneas:

Cinco de enero es una novela animalista que homenajea la historia de Caos, un perro que cambió mi vida para siempre. La historia narra parte del recorrido que compartí con un perro maltratado y abandonado entre 2012 y 2015, con el objetivo de concienciar sobre un problema social al que todavía debemos seguir haciendo frente.

Se trata de una novela de autoficción que lanzo junto a Ushuaia Ediciones este año, coincidiendo con el aniversario de los 10 años del inicio de esta aventura.

La historia la cuentan cinco voces distintas: Julio, Lena, Pedro —el padre de Lena—, el propio Caos y un narrador omnisciente, que aparecerá en algunos momentos de la historia. Conseguir un texto verosímil y, hasta cierto punto, coral en un texto de autoficción es una de las cosas que más me ha quitado el sueño. Si bien ninguna historia se escribe como se piensa en un inicio, estoy muy orgulloso del resultado final.

Dicho esto, Cinco de enero tiene una doble función:

  • por un lado, me gustaría concienciar y apoyar la lucha contra el abandono y el maltrato animal de perros, gatos y fauna
  • por el otro, quiero aportar mi granito de arena, donando gran parte de los beneficios de la novela (50 % de todas las regalías: tienes más info en el enlace de Caos, la novela)

Por último, he compartido los dos primeros capítulos del libro en el blog, porque quiero que cada lector esté seguro de que quiere invertir 2,99 o 9,90 euros, según la edición, y no solo cuente con la garantía de que gran parte de su inversión revertirá en beneficio de otros perros, y gatos, y proyectos animalistas, sino que va a leer y disfrutar de una buena historia.

Ojalá disfrutes leyendo casi tanto como yo escribiendo la historia de Caos, que tuve la gran suerte de que también fuese la mía.

J.

Cinco de enero - Novela animalista y solidaria
Portada de Cinco de Enero (Javier Ruiz, Ushuaia Ediciones, 2022).
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Contraportada de Cinco de enero (Ushuaia Ediciones, 2022) con la sinopsis de la obra.