Hacerse un Sánchez

Los titulares de la prensa de ayer venían a decir: «Ni el rey lo arregla, oiga», que es algo muy de este país. Confiar en que una monarquía que lleva expoliando a sus ciudadanos desde 1700 nos va a sacar del embrollo. Por lo demás, Albert Rivera ha meado fuera de tiesto (pero por sacársela tarde, dicen), Pablo Iglesias se ha ido al chalecito de Galapagar con el sambenito del líder en la cumbre al que los suyos ya no tragan (y lo malo de esto no es que lo digan los del Okdiario y calaña similar, sino que lo ratifiquen algunos de los suyos) y ¿el resto? El resto poco o nada, que los otros dos ya sabían que, para ellos, mejor coger el abriguito de cara a noviembre y estar preparados para revolcarse por el fango. Ganó la izquierda —no importa si por miedo a las tres derechas, por programa o por ambas dos—, pero no ha sabido pactar.

Iñaki Gabilondo, como un Eastwood vasco-castellano con los machos ennegrecidos de tanto periodismo político, era el miércoles tan certero como suele ser: irresponsables e incapaces [de pactar], titulaba el artículo al que también pone voz, y decía: «Han defraudado las esperanzas del 28 de abril y han evidenciado una impericia profesional absoluta, agravada por una soberbia que, francamente, no sé en qué méritos se apoya.» La «frasecica» vale para todos, la verdad, pero, para Pedro Sánchez, que ha pasado de supuesto regeneracionista de partido a confirmar que solo es otro títere de los barones y del Ibex 35 (¡oh!, ¡sorpresa!), vale más que para ningún otro. Será por eso que, desde Podemos, están intentando recuperar esa olvidada expresión que algunos diarios ya utilizaron el año pasado: hacerse un Sánchez (venirse arriba y pensar que tú te sobras y te bastas para gobernar), mientras Pedro Sánchez, que ni duerme tranquilo ni tiene muy claro que lo del bipartidismo sanseacabó, sigue culpando a terceros para exculparse, sin comprender o querer admitir que responsable último de formar gobierno solo había un señor, y era él mismo.

En cualquier caso, los números hablan por sí mismos y la autocrítica ahí está, brillando por su ausencia. Lo resumía Manel Fontdevila muy bien en una tira cómica para Eldiario.es sobre cómo pactan las izquierdas y las derechas españolas. Que si escuchar a las bases, que si con Rivera no, que si igualdad, justicia social y transparencia, pero ¡ojo! que a nadie se le ocurra asustar a los mercados, y tampoco vamos a sentarnos a negociar con tiempo y con propuestas realistas bajo el brazo, que está muy demodé; el otro: que si todavía escuchar más a las bases, que si democracia participativa, pero el liderazgo es indiscutible, y, si no gusta, ¡puerta! En fin, que Sánchez se ha hecho un Sánchez (otro más) y Pablo Iglesias y su equipo no han visto cómo pactar: aunque no son pocos los que han percibido falta de ganas, incluso entre aquellos que sabíamos que el PSOE lleva mucho tratando de forzar la situación y seguir cagándose en el multipartidismo con el anhelo de sumarle por ahí una erre al gerundio.

Esta parece ser la clave: el multipartidismo. Multipartidismo es la palabra del día, de la semana y, quizá, de los próximos años, con cinco fuerzas políticas condenadas a entenderse: al menos, algunas con otras, aunque no todas con todas, pero ni así. Pedro Sánchez aún considera que puede salir fortalecido de cara a noviembre, y debe ser el único que se lo cree, porque han creado un contexto en el que los argumentos ya no sirven, por manidos, donde el clima interior y exterior está a la temperatura perfecta para seguir tirándose mierda (que no falta: el juicio a los líderes del procés, el paro, la gentrificación, el fin de un modelo de consumo, las nubes negras ante una nueva crisis financiera, el cambio climático, el precio del barril de petróleo, el auge de la xenofobia en Europa) y donde hasta Risto Mejide funda su propio partido político: el PNLH, Peor no lo haremos. 

No es casual que 100.000 personas se hayan dado de baja de la propaganda electoral esta semana y los servidores del INE echen humo. Tras cuatro elecciones en cuatro años, a uno le asaltan las preguntas: ¿quién quiere ir a votar en noviembre?, ¿a quién votar?, ¿será tarde ya para mandar a tomar por saco este país y emigrar lo más lejos posible? El abogado y comunicador Euprepio Padula, lo definía de la siguiente forma en Expansión: [es] el fracaso del antiliderazgo político. La credibilidad de todos está en entredicho y los líderes políticos han buscado la suya tratando de quedar por encima del resto, y no pactando, que es lo que las urnas exigían; mientras tanto, los activistas se desilusionan, los desilusionados confirman su decepción política y España demuestra demuestra que no está lista para dejar atrás el modelo político del «y tú más».

Yo venía hoy conduciendo por la autopista cuando he visto un gato atropellado y, luego, a los pocos metros, un segundo gato muerto. Siempre se me hace un nudo en el estómago ante esas escenas (igual me ocurre con los camiones de ganado camino al matadero, la verdad). Sin embargo, se me ha ocurrido una analogía bastante certera que no me gusta, porque me importan más los animales que todos estos gilipollas, pero que, de todos modos, contaré, porque tampoco es tan buena y va a juego con nuestros políticos: me he imaginado que, primero, atropellarían a un gato, es lógico, y, luego, atropellarían al otro. A posteriori, resulta imposible saber si los atropellaron con un segundo de diferencia o a uno un martes y al otro un sábado. Ahora que los dos están muertos, parece una tontería, ¿verdad? Pues es lo que le está pasando al PSOE. Zancadilla tras zancadilla, puede que en Ferraz consigan que atropellen a los podemitas estos que antes (casi) fueron amigos, pero la pregunta real es: ¿puede Pedrito, el de los Sáncheces, salir de esa autopista con tanto conductor kamikaze intentando joderle? Quizá no era una cuestión de ser amigos, ni de irse a hoteles, sino de construir un pacto útil para reconstruir un país.

Will Smith y la felicidad en un vídeo grabado en vertical

Me han dicho un centenar de veces que no se hacen vídeos en vertical, así que, cuando cojo el móvil para grabar algo, trato de acordarme de esto. La mitad de las veces se me olvida. No es que no preste interés o me parezca absurdo grabar en horizontal (no es así: entiendo porqué una imagen panorámica es mejor y sé que no solo es cosa de youtubers con miedo a perder parte de la resolución de pantalla). Pero, siendo sinceros, tampoco me quita el sueño hacerlos en vertical. No es que me la pele, pero casi y me pareció gracioso descubrir que a un tipo como Will Smith también. O eso parece en un clip que grabó para las redes sociales hablando de la felicidad y que ha terminado por hacerse viral.

Sin comerlo ni beberlo llegué a ser… ¡el chuleta de un barrio llamado Bel-Air!

El vídeo me gustó, la verdad. No pensé que Will Smith supiese tanto del amor. Pero ¿qué sabemos de toda esa gente que sale en el cine fingiendo que el mundo se ha ido a la mierda, que los aliens viven entre nosotros o que mola mucho ser poli en Los Ángeles con Martin Lawrence de compañero de placa? Poco, o nada. De su vida, poco o nada. En el vídeo de Facebook, Will Smith explica que llegó un día en el que se dio cuenta de que no podía hacer feliz a su mujer, porque nadie puede hacer eso con/por otra persona (puedes hacer reír, hacer sentir bien, […] pero no puedes responsabilizarte de su felicidad). Él lo vincula a un falso concepto de romanticismo que nos han metido por el gaznate durante más de un siglo y que nos hace creer que, al vivir en pareja, dos personas se convierten en una y deben tratar de hacerse felices. No deja de ser algo bastante profundo, ¿no?

En realidad, Will Smith no dice ninguna gilipollez y, si uno se toma el tiempo de aburrirse entre tanta app para móviles, drogas de diseño y series de televisión, puede comprobar que la mayoría de los filósofos de la historia ponían el foco de la felicidad en uno mismo y no en terceras personas, de Nietzsche a Aristóteles, de Bertrand Russell a Ortega y Gasset. Llámalo voluntad de poder o autorrealización, romper el ego o perseguir tus intereses.

Supongo que el príncipe de Bel-Air tiene tiempo —quieras que no, ya debía tener un millón o dos en el banco antes de poder empinar el codo legalmente en un bar de Filadelfia— y se echa al jardín a pensar en cómo dos personas con vidas individuales que eligen estar juntos mola más que esas parejas que no han sabido llenar sus propios vasos y se pasan el día culpando al otro de la sed que tienen y exigiendo que le sirvan.

El amor de otra persona nos hace sentir bien, incluso a ratos puede hacernos felices, pero más allá del nivel fisiológico, la vida no es una estúpida pirámide de Maslow con valores estándar: la seguridad, la afiliación, el reconocimiento o la autorrealización dependen de cada persona. Si para Epicuro la felicidad era agujero que veo, agujero que tapo, pues muy bien, para otros es una decisión personal y, en Oriente, hay gente que la entiende como una armonía interna. En cualquier caso, el vídeo en vertical de Will Smith marcaba el inicio y el final de un camino que depende de uno mismo (como, curiosamente, mostraba aquella película en la que empezó a colar a su hijo en Hollywood), pero su búsqueda sigue en las manos de cada cual. Lo que está claro es que no esperes que otro te haga feliz, busca cómo ser feliz y no tengas miedo a compartir esa felicidad. Eso es todo para lo que dan hoy mis pajas mentales.

Cómo empezar una novela: trucos, ejemplos y ¿cebos?

La primera página de una novela es un cebo que el lector debe morder. Es una de esas cosas de las que no te puedes olvidar y, si crees que puede ocurrir, tatúatela en la jeta. A nivel editorial, ese trocito del papel es fundamental: si no engancha, todo lo demás cae por su propio peso. El cine y la televisión hacen lo mismo con los inicios, pero nadie tiene tan poco tiempo para escoger un título como el lector de novelas en una librería: portada, contraportada, ojea algunas páginas por encima (como mucho, lee los primeros párrafos) y toma una decisión. Se trata de un pacto no escrito con el autor, como dice Jaume Cabré, pero no es más que parte del propio pacto que corresponde a cualquier ficción. Vamos, que tú te pateas la Casa del Libro buscando en qué gastarte quince o veinte pavos y, por lógica, vas a pillarte algo que empiece como Pulp Fiction de Tarantino y no como Roma de Alfonso Cuarón, y este ejemplo viene que ni al pelo, ya que las reglas están para romperse, pero lo que funciona, funciona.

«No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él».

Corazón tan blanco (Javier Marías, 1992)

Alguien me dijo que Juan Marsé solía comentar que las primeras páginas de una novela debían atrapar al lector (agarrarlo bien y no soltarlo ya), pero, sobre todo, debían ser o pretender ser una síntesis del tema central del texto. No he encontrado esa afirmación de Marsé en ningún sitio, pero me la creo: esto ocurre en Rabos de lagartija o en Últimas tardes con Teresa, ¿no? En fin, que tan importante es que un inicio impacte como que plantee lo que desea cumplir. De ahí que se reescriban una vez, y otra, y otra vez…

Hora crepuscular. Un guardillón con ventano angosto, lleno de sol. Retratos, grabados, autógrafos repartidos por las paredes, sujetos con chinches de dibujante. Conversación lánguida de un hombre ciego y una mujer pelirrubia, triste y fatigada. El hombre ciego es un hiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales, Máximo Estrella. A la pelirrubia, por ser francesa, le dicen en la vecindad Madama Collet.

Max: Vuelve a leerme la carta del Buey Apis.

Madama Collet: Ten paciencia, Max.

Max: Pudo esperar a que me enterrasen.

Madama Collet: Le toca ir delante.

Max: ¡Collet, mal vamos a vernos sin esas cuatro crónicas! ¿Dónde gano yo veinte duros, Collet?

Madama Collet: Otra puerta se abrirá.

Max: La de la muerte. Podemos suicidarnos colectivamente.

Madama Collet: A mí la muerte no me asusta. ¡Pero tenemos una hija, Max!

Max: ¿Y si Claudinita estuviese conforme con mi proyecto de suicidio colectivo?

Madama Collet: ¡Es muy joven!

Max: También se matan los jóvenes, Collet.

Luces de bohemia (Ramón del Valle-Inclán, 1924)

El primer párrafo de una novela (bueno, Luces de bohemia no es bien, bien una novela, ya lo sé, pero con esas acotaciones imposibles tampoco es la típica obra de teatro, ¿no te parece?) debe empezar con algo que llame la atención al lector. Hay que intrigar, sorprender, cabrear. No importa que planteemos un hecho transcendental o, simplemente enigmático, chocante o atractivo, pero sí que debería poner en marcha el mecanismo de la narración. Una buena opción puede ser coger un momento de mucha tensión del eje narrativo, por ejemplo, y plantear un inicio in medias res, puesto que generarás preguntas en el lector que, más tarde, la propia historia se encargará de responder. Pero también una situación menor o que desafíe lo políticamente correcto puede valer: Chuck Palahniuk es un crack en esto, aunque las cosas últimamente no le van demasiado bien.

Pintura de autor(a) desconocido(a) que retrata a Nick Belane y a la Señora Muerte, quien fuma de espaldas al espectador.

Otro ejemplo, de lo último de Bukowski:

Yo estaba sentado en mi oficina, mi contrato de alquiler había vencido y McKelvey estaba iniciando los trámites para deshauciarme. Aquel día hacía un calor del demonio y el aire acondicionado se había roto. Una mosca se paseaba lentamente por encima de mi escritorio. Extendí el brazo con la palma de la mano abierta y la puse fuera de juego. Me estaba frotando la mano con la pernera derecha del pantalón cuando sonó el teléfono. Lo cogí.

-¿Sí? -dije.

-¿Ha leído usted a Céline? -preguntó una voz femenina. La voz era bastante sexy y yo llevaba mucho tiempo solo. Décadas.

-¿Céline? -dije-. Ummm…

-Quiero a Céline -dijo ella-. Tengo que conseguirlo.

Aquella voz tan sexy me estaba poniendo realmente cachondo.

-¿Céline? -dije-. Deme alguna información. Hábleme, señora, siga hablando…

-Súbase la cremallera -me contestó.

Miré hacia abajo.

-¿Cómo lo sabe? -le pregunté.

-Da igual. Lo que quiero es a Céline.

-Céline está muerto.

-No lo está. Quiero que le encuentren. Quiero tenerlo.

-Puedo encontrar sus huesos.

-No, estúpido, ¡está vivo!

Charles Bukowski, Pulp (1994)

A grandes rasgos, lo que he aprendido es que te aprendas las normas para romper las normas, porque las normas aburren. Pero:

  • Las primeras páginas de una historia tienen que poner algo en movimiento: la novela se está cobrando todo lo que el cine le ha robado, ¿sabes?
  • Al inicio, estás fijando las reglas del mundo que vas a narrar: no es buena idea empezar con alguien soñando o una introspección y tampoco con elementos que no vayan a aparecer en la historia solo por sorprender, porque estás mintiendo, y jodiendo el pacto ficcional, y la confianza que el lector ha puesto en ti
  • Tampoco es lugar en el que vomitar un montón de información o describir las baldosas del jardín de la abuela del protagonista: buscamos un momento que introduzca la historia y si puede recoger la esencia de lo que vamos a narrar ya será la hostia
El club de la lucha es la novela más conocida de Chuck Palahniuk. En 1999, David Fincher la adaptó al cine. Escribí sobre en qué cree Tyler Durden (y II),

De las notas de mis clases de novela, he extraído doce puntos por si le sirven a alguien más. Transcribo, tal cual:

  1. Debes llamar la atención: olvídate de las premisas de la novela realista
  2. Solo importa asistir a un hecho trascendental
  3. Los primeros párrafos deben poner algo en movimiento
  4. Aquí no es cuestión de irse por las ramas: frases cortas; ve al grano
  5. Podemos dar una pista para ubicar al lector en un momento espacio-tiempo
  6. Fijamos las reglas desde el inicio: si hay magia, hay magia; si el mundo se ha ido a la mierda, se ha ido a la mierda
  7. Ahora mismo, al lector se la sopla la historia de fondo (backstory)
  8. Empieza con una pregunta retórica: puede ser literal, o no serlo
  9. Provoca (o genera empatía), para que el lector se quede contigo el tiempo suficiente
  10. Comienza con algo gracioso (pero asegúrate de que lo es, porque ser gracioso es jodido de cojones)
  11. Promete un conflicto: ¿vencerá Rocky a Apollo Creed?, ¿escalarán el Everest?, ¿podrá Homer cruzar la Garganta de Springfield con un monopatín?
  12. Ofrece una experiencia puramente emocional

No tienes ni puta idea de cómo hacer todo eso. Bienvenido/a al club. Supongo que esa es parte de la gracia: descubrir cómo puedes ofrecer algo nuevo o que diga algo muy viejo de otra forma. En mi caso, por ejemplo, me ha costado mucho empezar a encontrar el punto entre la falta de descripciones y el hiperdetallismo. Hoy, el realismo o el naturalismo nos quedan muy lejos y no tiene ningún sentido caer en descripciones kilométricas (sí, hay gente que lo hace y le queda de puta madre), porque ya leemos el todo dentro del detalle. ¿Qué vas a hacer? ¿Empezar una historia como lo hacía Jack London?* En teoría, ya no podemos hacer eso.

Rocky (John G. Avildsen, 1976) cuenta una historia que ya se había explicado miles y miles de veces en la literatura, e incluso en el cine, pero lo hace de un modo distinto.

En las primeras páginas, esos detalles que terminan de completar la escena son todavía más importantes, puesto que apenas hay espacio. Por descontado, serán importantes en todo el texto, pero al inicio es mucho más importante saber observar la propia escena que estás creando y transmitir una impresión verosímil en el lector. Los buenos detalles son los que crean impresiones imperecederas, como el sombrero fedora y el látigo de Indiana Jones o la forma en la que un condenado a muerte sortea un charco para no ensuciarse las botas camina a la horca.

En fin, que hay buenas novelas con malos comienzos, pero no hay malos comienzos en buenas novelas.** Al final, algo significará, digo yo.

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!» O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.

Si una noche de invierno un viajero (Italo Calvino, 1979)


* Me compré hace poco la edición ilustrada de La llamada de lo salvaje (Jack London, 1903) de Nórdica Libros y me ha encantado, por cierto.

** Dejo aquí 10 inicios de buenas novelas por si le inspiran a alguien

¿Quieres escribir un blog personal?

Llevo ocho años publicando entradas en este blog. Un blog que no sé muy bien cómo empezó más allá del «típico sitio donde escribir bobadas», pero con el que diría que he conseguido dos cosas que busco en casi todo lo que hago: ser mejor en esto y ser mejor persona. No, pasta no he sacado (bueno, directamente no), aunque yo no soy mucho de intentar sacar pasta de cualquier cosa que hago: ese gen se lo quedó otro. Además, cada vez es más difícil conseguir ingresos por escribir un blog. Tras las vacas gordas —allá por el dos mil y poco—, generar contenido de éxito te abre más puertas que duros te entran en la cuenta corriente: vamos, que no deja de ser un mero escaparate.

Lisa de cosplay de Alicia en el país de las maravillas. Se lo ha tomado en serio.

Claro que sale gente que se lanza a escribir en WordPress, y le dan premios, y se convierte en un/una influencer de esos, y se pega la gran vida. Bueno, supongo que los habrá, o los había, porque ahora todo eso ha saltado a YouTube y a Instagram, ¿no te parece? Hoy, te lees un artículo sobre blogueros famosos como el de Ciudadano 2.0 y te da un poco la risa (y eso que tampoco es tan, tan viejo; el artículo, digo). Es normal: los canales cambian. El blog queda para vender la marca personal, para aprovechar los últimos coletazos de meter anuncios y coger cuatro duros por publicidad o para fusionarse con otras plataformas. Aquellos blogs con cuentitos, como el de Hernán Casciari, o con experiencias rocambolescas como el de El sentido de la vida quedaron atrás. Quedan blogs, muchos blogs, pero cada día son más lo que los diarios en papel a Internet. No van a desaparecer ni mucho menos, pero «the most», lo innovador, está pululando por otros lares.

Un blog personal es lo que es (aunque parezca tonto decirlo)

Hoy, quizá (no lo creo) hay más direcciones web que nunca en la blogosfera, pero parte de su relevancia se ha perdido (por algo a partir de este año cobran 6 € por inscribirte en los Premios 20Blogs del 20 Minutos, y su gran qué no es pasta ni premios, sino un espacio en los blogs destacados del diario web).

Si no eres George R. R. Martin, J.K. Rowling o James Patterson, a los «juntaletras» no nos ofrecen demasiado y, ya ves, pongo ejemplos de gente que escribe libros, no blogs (bueno, excepto George, que yo sepa, y quién sabe qué fue primero, si el huevo o la gallina). Lo más que vas a sacar con un blog personal son oportunidades en otros medios y date con un canto en los dientes. Ahora bien, si quieres tener un espacio propio en el que seguir escribiendo con ganas (y puede que suene la flauta, ¿o no?), ahí sí puedo ayudarte un poco y, es más, esa es la primera condición, porque si no es divertido, no vale la pena.

¿Siguen los blogs siendo un canal estupendísimo para formarse e informarse? Claro, y para debatir, compartir opiniones y descubrir nuevas voces. En el otro lado está el pero: y el pero es que hay mejores espacios para transmitir contenidos de una forma rápida y directa para su consumo. Se suma el hecho de que un blog personal siempre tendrá más complicado generar visitas, porque mientras que uno profesional suele tratar temas que, potencialmente, muevan a miles y miles de personas, un blog personal, por regla general, está centrado en el punto de vista del autor con relación a.. bueno, a todo tipo de cosas, ¿no? El error, sin embargo, es intentar hacer lo mismo en YouTube que en WordPress, o en un blog personal de lo que harías en otro profesional, pero si lo que quieres es escribir un blog y pasártelo genial, quizá estos consejos funcionen.

A ti te hacen homenajes como a George, ¿eh? Pues eso, a seguir escribiendo tu blog.

Uno. Todo requiere rutina, pero si no es divertido, no vale la pena

A ver si te sirve mi experiencia: después de publicar De cómo los animales viven y mueren, empecé a dedicar muchísimo tiempo a escribir entradas sobre animalismo y ética animal (tanto en este blog como en páginas y medios de terceros), a preparar presentaciones, a realizar charlas, a devanarme los sesos. En mi cabeza tenía todo el sentido del mundo: la editorial estaba haciendo equis promoción, consiguiendo oportunidades para difundir mi trabajo (en la radio, en la prensa, en espacios relacionados) y yo también podía (¿debía?) abrirme paso para conseguir más y más relevancia para el texto y el equipo que había detrás. Al final, el blog se convirtió, allá por 2017, en una herramienta de promoción en la que muchas de las cosas que me gustaban (narrativa, medios audiovisuales, columnas de opinión, etc.) ya no parecían tener cabida. Entonces, comencé a escribir menos (aquí) y a dedicar tiempo a otras cosas: a un posgrado, a replantear un libro, a seminarios de fin de semana, a una escuela de escritura…

En su momento, lo achaqué a la falta de tiempo (entre responsabilidades y el día a día: que también, supongo). No obstante, un año y medio después, nada ha cambiado en lo que a disponibilidad se refiere, y vuelvo a tener muchas más ganas de dedicar un buen rato aquí cada semana. Por descontado, durante estos dos o tres años, también he estado escribiendo una novela, lo que lleva sus cientos y cientos de horas, pero, en otro momento, eso no hubiera sido más que un «daño colateral» o un picor en la nuca que me avisaba de que me organizase un poco mejor o no me exigiese tanto, tanto. Escribir un blog es una rutina, y cuanto más lo hagas, mejor te lo vas a pasar, pero a excepción del trabajo para vivir, la mayoría de cosas que no son divertidas, no valen la pena. Y, ¡ojo!, siempre hay formas de hacerlas divertidas: estemos hablando de hacer ejercicio, de escribir o de la vida en general.

Dos. Haz cosas y, luego, escribe

Yo qué sé. Vete de museos, hombre.

Hay un montón de escritores que pensaban con los pies; otros preferían el escritorio de su despacho. Escribas un blog o Cien años de soledad —no sé, aquí me pega esa novela— siempre vas a necesitar sentar el culo en una silla y ponerte a teclear, pero el proceso no tiene nada que ver. Puedes escribir de lo que vives o puedes escribir sin necesidad de vivir, pero ninguna de las dos es contraria a vivir de lo que escribes o vivir lo que escribes. En mi caso, cuanto menos hago, menos ideas tengo: centrar todo el proceso en la escritura y limitar cualquier otra experiencia es la mejor forma que yo tengo para quedarme sin temas. Los tiempos de mayor actividad nunca me han saturado, sino que me han inspirado, pero, claro, esto es un truco que funciona conmigo: ¿me bloqueo? leo, salgo de fiesta con los amigos, hago un viaje, me voy a descubrir un rincón de la ciudad, vivo una aventurilla en compañía canina (como diría mi perro, si pudiese: casi todo está por oler). Haz algo, lo que sea, pero haz cosas y, luego, escribe.

Tres. Escribe de lo que te gusta

Por deficiente o incompleto que sea cualquier proyecto en un inicio, si te apasiona, encuentras el camino. Aunque seamos más hippies que los amigos de la madre de Homer Simpson, nos va a tocar hacer un montón de cosas que no nos apetecen demasiado. Por lo menos, escribe de lo que te gusta. Siempre va a haber gente a quien le apetezca leer sobre perros braquicéfalos, pintores impresionistas franceses o teoría económica neoliberal. Vamos, lo que dicen las abuelas, que siempre hay un roto pa’un descosido, así que aprovéchalo. La otra opción es ponerte a escribir cosas que crees que le van a gustar a los demás (para eso, intenta escribir algo por lo que te paguen directamente, hombre) y tanto traicionarte a ti mismo/a como mandar la autenticidad a tomar por culo, porque pocas cosas hay peores que fingir lo que no eres.

Cuatro. La actualidad inspira o desespera, pero da temas de los que escribir

En la mayoría de los blogs (excepto si escribes sobre cruzados españoles en Tierra Santa, o cosas así) vas a tocar temas de actualidad. Puede que la actualidad se traduzca en analizar Los Caín de Enrique Llamas, Ordesa de Manuel Vilas y Problemas de identidad de Carlos Zanón para tu blog literario, aprender sobre el infierno de las rehalas y la montería que sufren los perros de caza en España o en escuchar el podcast con lo último del Captcha de Xataka para enterarte de qué avances se están produciendo en IA, bioética y posthumanismo. Yo qué sé: puede que escribas sobre influencers y leas el Quore para hacer una antología del culo de la Kardashian (spoiler: ya lo hizo alguien). Lo que sea. En cualquier caso, una buena lista de feeds y muchas ganas de seguir descubriendo cosas nuevas te ayudarán a generarte una opinión y unas cuantas ideas que trasladar al blog. Quizá este punto parece un poco estúpido y, sin embargo, ¿cuánta gente se ha sentado a escribir y no sabía de qué? Una búsqueda activa siempre inspira y, si te paseas por las noticias de política y sociedad, quizá también desespera.

Hablar de actualidad será suficiente: no hace falta adivinar el futuro como hacen Los Simpson.

Quinto. Un blog solo es un blog.

Si no confundes desvalorizar con relativizar, relativizar siempre va bien. Un blog solo son entradas sobre un tema (o muchos) que se interrelacionan (o no) y que, a ti, te sirven para escribir acerca de lo que te apasiona, inspira o seduce. Cuando empiezas a darle demasiada importancia a lo que debes frente a lo que querías, conviertes un pasatiempo en trabajo y eso no era lo que buscábamos aquí, ¿no? Aun así, cuando uno escribe como trabajo (como estos chicos tan majos del blog 40defiebre, o un servidor) descubre que el éxito siempre es relativo frente a la constancia y que, si no te lo pasas bien, te va a salir un mojón, porque siempre hay gente a quien le apasionan las anémonas, el Bronx de los setenta o el barranquismo y el psicobloc.

¿Qué le decimos al dios de la muerte?

Sólo después de que el último árbol sea cortado, sólo después de que el último río sea envenenado, sólo después de que el último pez sea apresado, sólo entonces, sabrás que el dinero no se puede comer.

Carta del Gran Jefe de los Indios Cree al Presidente de los EEUU (1855)

De la primera a la última temporada de Juego de Tronos (sí, esa tan criticada) tienen secuencias espectaculares. Una de mis favoritas ocurre en el día en que Arya Stark debe escapar de Desembarco del Rey y el bravo Syrio Forel se enfrenta con una espada de madera a cinco guardias Lannister y a Ser Meryn Trant. Ese día, Syrio muere con toda probabilidad («La primera espada de Braavos no corre»), pero deja en el aire una frase alucinante: «¿Qué le decimos al dios de la muerte? Hoy, no.»

Syrio Forel y Arya Stark entrenando en Desembarco del Rey (Juego de Tronos: HBO).

Sería fantástico que estos días aplicásemos un poco de toda esa épica a nuestro mundo. Aquí, en la Tierra, Bolsonaro ha despedido al director del instituto de investigación que denunció 72.000 incendios en el país en lo que va de año (sí, la cifra parece ser que es correcta) y ha culpado a las ONG. Las fotos satelitales son casi tan espeluznantes como el mensaje que el presidente brasileño está enviando a todo el mundo y que se resume del modo siguiente: abrir toda la Amazonia a la explotación minera, forestal y ga­nadera.

Bolsonaro, igual que Trump, solo son el reflejo de nuestra sociedad. Hoy, nos dirigimos hacia un punto de no-retorno (o ya hemos embarrancado contra él), pero la mayoría sigue con el pie en el acelerador. Cada año, nos llega antes la noticia de que hemos agotado todos los recursos que puede generar el planeta en un año. Nos limpiamos el culo con la noticia. Cada año, es más evidente que, quieras seguir una dieta omnívora u otra basada en vegetales (o entre medias), no se puede mantenerse el consumo actual de recursos naturales. Pero no nos gusta cómo suena eso, así que lo obviamos y miramos hacia otro lado.

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500.000 hectáreas quemadas en el Amazonas en 16 días de incendio.

Donald Trump intentando comprar Groenlandia (he encontrado un artículo muy interesante sobre este tema, por cierto), Jair Bolsonaro permitiendo que se destruya el pulmón del mundo, Noruega retirando una subvención. A grandes rasgos, podríamos resumir la situación de estas dos últimas semanas en este par de líneas. Un poco triste, ¿no? ¿Tanto Internet, tanta universidad, tanto siglo veintiuno para reducirlo todo a dinero?

La lucha animalista y el colectivo LGTBI+ suelen hacer mención a aquella frase célebre de la segunda ola feminista que dice «lo personal es político». Quizá es hora de que nos metamos esa idea en la cabeza en lo que se refiere al cambio climático: luchar por el planeta es hacerlo por uno mismo. La ciencia lleva décadas diciéndonos que el mundo no puede aguantar y nosotros saltando y saltando encima de un globo que sigue desinflándose de puto milagro, pero ¿cuántos se van a sorprender el día que explote el globito? No tiene sentido. No podemos quejarnos de los Trump y los Bolsonaro (y los Rivera, los Abascal, los Casado…)  y apoyarles, y votarles, y repetir sus gilipolleces como loros. No podemos seguir consumiendo baja el lema de para lo que me queda en el convento, me cago dentro, ni creer que compartiendo memes y difundiendo noticias en el Facebook o en el Instagram es suficiente. No es suficiente. La solidaridad no termina compartiendo una publicación sobre lo que están haciendo y lo que les están haciendo a la gente del Open Arms (y esto también), sino buscando vías para el ahorro energético, la conciencia medioambiental, la colaboración ciudadana, la fraternidad.

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Zona desolada por los incendios provocados por madereros y granjeros en Iranduba, en el estado brasileño de Amazonas (20 de agosto de 2019) (Bruno Kelly / Reuters) vía La Vanguardia

A toda esta gente, se la detiene siendo más fuertes, asumiendo una parte de nuestra responsabilidad, no rezando por el Amazonas ni encomendándonos a los dioses, sino saliendo a la calle, planificando y asistiendo a manifestaciones y utilizando todas y cada una de las vías que tenemos disponibles para exigir cambios en las instituciones. En resumen, comprometiéndonos; encontrando un camino desde el que plantear un cambio y actuando en consecuencia. Hay muchas pequeñas acciones que pueden ayudar a frenar lo que está pasando: incluso ahora, cuando estamos abrumados por cómo nos superan los acontecimientos, sigue funcionando aquello del «piensa globalmente, actúa localmente».  ¿Cuál es el problema entonces? Que creemos que no podemos hacer nada, pero estos cabrones nos están demostrando que no hay nada más importante por hacer. Parafraseando al tal Syrio Forell, solo hay un dios de la muerte: el cambio climático, y ¿qué le decimos al dios de la muerte? Hoy, no. Pues venga, que se note.

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Delirio número 57: «Enviar el manuscrito a una editorial y ser aceptado a la primera»

Hace un par de años, creía que tenía el manuscrito de una novela y, en realidad, no tenía nada. El bofetón siempre es duro, pero cuanto antes mejor. Por esas fechas visitaba, a menudo, Miserias literarias, una bitácora (a ese blog «vintage» hasta le pega el concepto, que ya es pelín matusalénico) en la que un tipo, que decía ser escritor y llamarse José (vete tú a saber), solventaba dudas habituales de juntaletras novel. Aunque no se estila mucho, esas entradas aparecen, de vez en cuando, por Internet: El Huffington Post, por ejemplo, conserva otro texto del escritor-barra-guionista Carlos García Miranda en el que trata temas de contratos, royalties, agentes y algo, a priori, tan obvio como presentar a la editorial un libro terminado. Dicho así, parece una tontería escribir sobre estas cosas, pero es que ni dios te cuenta cómo se maneja el mercado y cómo debes moverte tú en él, ¿sabes? O sea, que al final es útil de cojones y esa gente vale un potosí.

—Escribir una buena novela es como pelar una naranja…
—¡Eh! ¡Aquí no hemos venido a ver pelar naranjas!

Si eres seguidor de este blog desde hace tiempo, quizá te sorprenda que yo comente algo así, ¿no? Puede que te suene que, a finales de 2016, publiqué un libro de ensayo a través de la editorial Diversa Ediciones (De cómo los animales viven y mueren), por lo que, de entrada, lo lógico sería pensar que tuve que patearme una decena de editoriales hasta dar con una que quisiera publicarme un libro de ética, pero no. En esto tuve una flor en el culo: fueron los editores quienes se interesaron por algunos de mis textos. La parte mala es que, ahora que tengo un manuscrito de novela que empezar a mover, poca idea tenía de por dónde empezar (si te pasa algo similar, yo empecé por aquí: «12 pasos para enviar tu manuscrito a una editorial y que no vaya directo a la basura»). En fin, a lo que iba: pese a los dolores de cabeza, o quizá gracias a ellos, me he dado cuenta de que, a quienes nos gusta escribir y tratamos de publicar, hay muchos asuntos que nos quitan el sueño —desde el bloqueo del escritor a la espera de respuesta por parte de una editorial o el por qué sí/por qué no frente a la autopublicación—, así que se me ha ocurrido que escribir sobre estas cuestiones puede ser divertido (y catártico, incluso).

Un manuscrito, ¿eh? Le responderemos entre 60 y 180 días: ¡suertudo!

Desde finales de 2017, si no recuerdo yo mal, asistí a un curso de año y medio sobre novela en el Laboratori de Lletres (una escuela de escritura similar a la que tienen en el Ateneo barcelonés). El primer día me convencí de que estaba en el lugar indicado, cuando el escritor Carlos Luria nos dijo que leer era mucho más de la mitad de escribir (porque siempre lo he creído), y senté el culo en una de esas sillas del aula con suelos de baldosa hidráulica y techos de molduras blancas, y escuché, reí, garabateé folios y disfruté como un enano.

Una de las últimas clases de aquel curso extensivo, Luria la reservaba para hablarnos sobre el sector editorial y, cuando me flojea un poco ánimo de «intento de novelista», son esas notas las que me sirven para relativizar, coger fuerzas y volver a la carga una vez más. Se trata de un popurrí de apuntes similar a esta entrada de Tregolam sobre cómo mandar un manuscrito a editoriales españolas, pero también ofrece claves para entender por qué te puedes dar con un canto en los dientes si una editorial te envía un acuse de recibo y un tiempo estimado en el que aceptar o rechazar el manuscrito que les has enviado.

Bueno, allá vamos. Seas quien seas, espero que te sirvan.

¡Hola, buenas, editorial española! ¿Cómo está usted de salud?

¿Hay una crisis del sector editorial? Ni de coña. Las ventas de 2018 subieron un 6,6 % frente a las de 2017 después de continuas caídas hasta el 2009/2010. De todos esos libros, el digital creció un 17 % y ocupa un 5 % del mercado (el gran bum del libro digital, por ahora, no se ha producido): esta cifra, que no parece muy relevante frente al total, a mí me indica que optar solo por publicar en formato «eBook» tiene poco sentido, sin embargo, no me atrevería a decir que no hay ningún autor/a en la faz de la Tierra que se gane la vida publicando (únicamente) en digital. Por el volumen de mercado, no me parece una gran opción, pero sí que es cierto que una editorial te dará entre un 8 y un 12 % (¡ja!) del P.V.P. (Precio de Venta al Público) de cada libro en papel y, ese porcentaje, puede incrementarse hasta el 50 % en un libro digital (aunque son más habituales porcentajes como el 20 o el 30 %, según he podido saber). El contratiempo aquí es que un libro en papel tendrá un coste de, por lo menos, 15-18 € de P.V.P. mientras que un libro digital suele ser la mitad o una tercera parte de este importe.

Soy LA EDITORIAL y aquí mando yo, escritorzuelo de chichinabo.

En España, hay alrededor de 3.800 editoriales, un 0,001 % (por inventarnos una cifra ridícula, pero bueno, 4 o 5: Planeta, Penguin Random House Mondori, etc.) son grandes empresas editoriales, menos de un 1 % son editoriales medianas y la gran mayoría son pequeñas editoriales que están como locas buscando nuevas voces para generar ingresos. En teoría, con estas cifras parece ser que siempre hay una editorial para un buen libro. Como contrapartida, mientras que Planeta puede publicar 300 títulos cada año, una editorial pequeña o mediana tiene que intentar asegurarse el tiro mucho más, pero también hace que estén (las pequeñas, o medianas, digo) mucho más predispuestas a las nuevas voces.

Por descontado, eso no tiene nada que ver con la editorial que tú buscas para tu libro: está claro que ya puedes ser bueno o buena, si quieres debutar en las grandes ligas, pero oye, ¿quién sabe? En cualquier caso, el tamaño de muchas de estas editoriales agrega otro problema: a veces, es difícil rastrear qué línea editorial (o filosofía) siguen y comprobar si puede encajar bien con tu manuscrito. Esta es una de las típicas situaciones donde entra, o puede entrar, el agente literario.

¡Está claro! Lo que necesito es un… agente literario (bueno, o quizá no)

En mi caso, mientras escribía la novela, una gran agencia literaria estuvo interesada en el texto, pero, al final, aquello quedó en nada. Me lo dijeron clarito: «Chaval, esto es un negocio y los nuevos autores os tenéis que buscar la vida.» Más allá de esta primera toma de contacto, tengo sentimientos contradictorios con los agentes, pero no solo por mi (muy breve) experiencia. Te explico. Una agencia es un empujón muy grande para la carrera literaria de cualquiera: a priori, una vez te acogen bajo su ala, se debería partir los cuernos para conseguirte una editorial e incentivar la promoción de la obra, porque se van a llevar alrededor del 15 % de todos tus ingresos. No obstante, hay un problema. Puede que una gran agencia «lleve» a demasiados autores para centrarse en promocionar tu trabajo y, todo lo contrario, que una pequeña no tenga los recursos reales para que, llegado el caso, valga la pena renunciar a ese porcentaje (nada desdeñable) de ingresos por el impulso que le va a dar a tu perfil profesional.

Suele decirse que, durante la promoción, donde no llega la editorial, llega la agencia, pero, de nuevo, dependerá del tamaño de la agencia. Aun así, hay un tercer contratiempo que no deja de ser el más jodido: si quieres agente, toca duplicar el trabajo y el tiempo de búsqueda, ya que conseguir que una agencia se fije en ti no difiere demasiado de las acciones que debes llevar a cabo para buscar editorial. Por supuesto, si no has terminado desesperándote por el camino, una vez cuentes con un agente, habrá un contrato formal entre ambos que protegerá a todo quisqui (a ellos, a ti) y un plus de seguridad ante posibles abusos con la edición.

¿Y qué coj*** hago? Consejos sobre cómo mandar el manuscrito a las editoriales

Bueno, así está el panorama. Con el manuscrito en la mano, te cogen dudando sobre agente sí o agente no. Al final, es una decisión personal y, si te publican y te haces un J.K. Rowling, luego las agencias sí que se van a tirar de los pelos por ti. Pero a miles de kilómetros del país de la piruleta, la realidad es que tanto agencias como editoriales están hartas de tanto manuscrito. Olvídate de que le echen un ojo a libros con errores de ortotipografía o estilo, que no peguen con su línea editorial o que tengan 500 páginas: si nunca has publicado, 200 hojas ya son palabras mayores (existe una tendencia a la baja desde hace una década).

Se han puesto exquisitos y, en parte, hay que entenderlo: leía en el blog de la editorial Letra de palo algunos de los porqués (modelo de negocio, riesgos tangibles e intangibles, etc.) y, ¿qué quieres que te diga? Se entiende. Piensa que esto no es el mundo contra los escritores/as, siempre hay otras variables a tener en cuenta.

Si tras leer tu manuscrito (un fragmento, por regla general), la editorial considera que es una buena oportunidad de negocio, lo siguiente que harán será encargar una lectura profesional (una buena opción, si te la puedes permitir, es hacer este ejercicio antes de enviar el manuscrito y contratar tú a un lector profesional). Una vez hecha la lectura o lecturas, el profesional escribirá dos informes para la editorial (uno literario, otro comercial) y esta tomará la decisión final (que, a estas alturas, si el lector ha dado el OK será… que sí, hombre, que te publican casi seguro).

Los tiempos son otra historia. Desde que enviaste tu manuscrito a la editorial hasta que recibes respuesta —si la recibes, porque hay cientos de agencias y editoriales con el típico mensaje del si no te decimos nada en tres meses, ¡te hemos descartado, majete!— pueden pasar desde 60 días a medio año sin problemas. Al fin y al cabo, lo mejor es meterse en la cabeza que el tiempo de un escritor poco tiene que ver con el de un editor o el de una editorial, que no deja de ser una empresa.

Procrastinar: definición gráfica.

¿Y qué podemos hacer entonces? Primero, asegurar la jugada (editorial correcta, buena historia, estructura profunda y superficial equilibrada, sin un excesivo número de páginas) y acompañarlo de un correo, una carta de presentación y una propuesta editorial que hablen bien de nosotros y que no den pie a malas interpretaciones.

Tras múltiples cagadas, a mí hay dos cosas que se me han quedado grabadas: la importancia de la sinopsis argumental (y sus diferencias con una sinopsis literaria, que seguro que nadie te ha pedido) y que ni dios deje su trabajo para hacerse rico con la escritura. Puede pasar, claro, ahí están Bukowski, Harper Lee o Faulkner, pero nadie te asegura que, de un día para el otro, vas a poder vivir de tus textos: es más, el porcentaje que lo consigue solo de sus novelas es irrisorio y son escritores con varios best-sellers a cuestas. Sobre esto último, tengo una opinión en gradación de grises, así que voy a matizarla: si bien creo que no tener un sostén económico es más limitante que dedicar unas horas diarias a una actividad laboral distinta a la escritura (y he tenido la oportunidad de no trabajar durante un periodo de tiempo y ver cómo afectaba a mi escritura), también considero que hay trabajos que te condicionan más que otros: en mi caso, un trabajo mecánico o burocrático, por ejemplo, me limitaría mucho, mientras que un trabajo más creativo o de dirección, no me supone tantos problemas para compaginarlo con escribir unas horas al día. Además, aunque no siempre se tiene en cuenta, los derechos de autor se cobran una vez cada año (por norma, entre marzo y abril). Mucha pasta hay que sacar de las ventas anuales para aguantar doce meses sin trabajar en nada más…

En aquella clase de la escuela de escritura también nos hablaron del índice Nielsen, de cuándo y por qué plantearse publicar con seudónimo, de certámenes y concursos literarios. Todo eso queda para otro artículo que ya aparecerá por aquí, supongo yo. Por ahora, si me tuviera que quedar con algo, es que hay que seguir creyendo en lo que uno hace, reservando esa voz crítica que todos tenemos para cuando resulta necesaria (durante las reescrituras, cuando toca asumir fallos, etcétera) y relativizar, porque, incluso cuando publicas, los derechos de autor llegan cuando llegan y los pagos son los que son, que a muchos nos vendieron lo de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, pero mucho hay que escribir para comprarse un chalé con piscina (y no es negociable lo de la puta piscina) para el niño, el perro y el árbol.


NdA: Creo que ha sido cosa del subconsciente lo del delirio cincuenta y siete, porque me acabo de acordar de que Luria ha publicado, no hace mucho, Cómo matar a un lector. 57 métodos al alcance de todos los novelistas. Y aunque no soy yo muy fan de los manuales de escritura, por aquí lo tengo, y lo he leído dos veces ya, y lo he disfrutado ambas.

Guía de lectura del Mundodisco de Terry Prattchet (1 de 2)

Con la salida de la miniserie Buenos presagios (Good Omens, Douglas Mackinnon, BBC Two/Amazon Prime Video, 2019), me ha dado por hacer una recopilación de todas las novelas del Mundodisco de Terry PratchettLas cosas que se le ocurren a uno cuando el verano te hierve el cerebro, ¿eh? Bueno, Mundodisco es una de mis sagas favoritas, así que supongo que solo necesitaba una excusa. Pero qué es Mundodisco, ¿no? ¿En serio queda gente que no ha oído hablar sobre la historia de ese planeta (en forma de disco, dicen… ¡ja!, jaque mate, tierraplanistas) que viaja a lomos de cuatro elefantes que, a su vez, viajan a lomos de una gigantesca tortuga por el espacio sideral? Vamos, lo típico que suele decirse sobre Gran T’Phon, Tubul, Berilia, Jerakeen y, por supuesto, de Gran A’Tuin: la tortuga. No obstante, más allá de lo (a)típico que todo dios sabe sobre la obra de Prattchet, si nos adentramos en la cosmogonía de ese universo se nos van a poner en fila personajes, lugares, situaciones y todo tipo de poderes mágicos para darnos un bofetón y que nunca, pero nunca, nunca, se nos olvide la genialidad del Hombre del Sombrero.

Vamos primero a 2017, ¿vale? Ese año, el disco duro con las novelas de Terry Pratchett sin terminar era destruido por una apisonadora: fue uno de sus últimos deseos y está bien, ¿no? Al fin y al cabo, ¿cómo iba a acabarse algo como el Mundodisco? Pratchett creó a Rincewind, a Lord Havelock Vetinari, a Yaya Ceravieja, a Húmedo von Mustachen, a Sam Vimes, a la Muerte más chula de todas las novelas de fantasía. Y ni él ni nadie se tragó nunca que, cuando nos faltase tras ser reclamado por el Segador (o por Susan Sto Helit, si los Auditores de la Realidad la habían vuelto a liar) se acabaría el Mundodisco. Creer algo así es no entender de qué están hechas las historias, pero el deseo de dejar a la imaginación lo que no se pudo acabar es más que legítimo: ya sabemos que hay mundos que terminan por superar a las propias mentes que los pensaron. En fin, que aplastaron el disco duro y Pratchett consiguió lo que no le permitieron, entre otros, a Virgilio, a Shakespeare, a Petrarca o a Kafka. ¿Y qué quiere decir esto? Que la bibliografía del Mundodisco está, desde entonces, tan completa como ya lo podrá estar por siempre entre novelas, cuentos y relatos, así que no es mal momento para… una Guía de lectura del Mundodisco de Terry Prattchet. 

Antecedentes de esta entrada monstruosa propia de las Dimensiones Mazmorra

Al César lo que es del César: esto no es algo que sea el primer listillo al que se le ocurre. Bueno, no bien bien. Es más, sin la Guía de Orden de Lectura del Mundodisco de Fancueva (que creo que descubrí a través de este artículo en Xataka) me parece a mí que esta entrada seguiría en mi cabeza y poco más, porque el gran trabajo de documentación se lo pegaron esos mozos. Del mismo modo, yo me enteré de la última versión (3.0) de la Guía de Orden de Lectura en un tuit de la cuenta Café de Tinta (al final del artículo, tienes un enlace al tuit original) que recopiló las 41 novelas en una de esas cadenas que ahora hace todo dios en el Twitter. En su momento, me pareció una idea cojonuda, pero luego pensé que, en ambas, faltaba algo que no he encontrado en ningún otro blog o portal literario: una recopilación que te dé el orden, la saga a la que pertenece cada novela y, sí, una sinopsis de la misma, porque… bueno, es Mundodisco, te va a enganchar igual leas el libro que leas, pero hay mucha gente con poca fe (ya sabes, pobres dioses menores…). ¿Y cuál es la diferencia entre esto y la típica «Wiki Fandom»? Pues que mi intención no es hacer dos o tres entradas supercompletísimas, sino dos o tres entradas que recojan la esencia de todos los libros y permitan una consulta rápida. ¿Lo pillas?

El Mundodisco se compone de siete sagas que siguen las aventuras y desventuras de incontables personajes, los principales son:

  1. Los magos de la Universidad Invisible, con Rincewind casi siempre a la cabeza (pero de la cola, por si hay que salir huyendo)
  2. Las brujas de Lancre: Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos
  3. La Guardia de Ankh-Morpork
  4. Las novelas de La Muerte
  5. La saga de Tiffany Dolorido que, a grandes rasgos, se trata de una prolongación de la saga de las brujas
  6. Las novelas que siguen las aventuras de Húmedo von Mustachen
  7. Las novelas independientes que, en la Fancueva, dividieron en su día entre aquellas que narran historia antigua —Pirómides, Dioses menores— y otras centradas en algún tipo de revolución tecnológica o industrial, como Imágenes en acción, La verdad, Regimiento monstruoso, etcétera

¿Por dónde empiezo en el Mundodisco?

Como me he tragado varias decenas de enlaces para hacer esta guía de lectura, te resumo por dónde dicen que puedes empezar y por dónde empecé y empezaría yo. En mi caso, empecé a leer por El color de la magia y La luz fantástica, que son dos libros que te zampas rápido uno detrás de otro. He leído en varias páginas web y blogs que el autor recomendaba empezar por Rechicero (uno de mis libros favoritos de Pratchett: llega un rechicero de solo ocho años a la Universidad Invisible, o sea, un octavo hijo de un octavo hijo de un octavo hijo y, de golpe, todo dios sabe lanzar hechizos de un nivel asombroso, un claro antecedente de que se va a liar parda), pero no conozco el porqué. En cualquier caso, cualquiera de los cinco libros que inician línea argumental es igual de bueno para empezar, supongo:

Además, aquí tienes otra «Guía para iniciarse en el Mundodisco de Pratchett» (en inglés), donde añaden Dinero a mansalva (Mundodisco, 36), pero mucho ha llovido en Ankh-Morpork hasta la primera aparición de Húmedo en el cadalso, así que yo no empezaría por ahí. Por supuesto, cada uno es muy libre de hacer lo que quiera. Ya lo decía el tipejo este del sombrero: «A veces es mejor encender un lanzallamas que maldecir a la oscuridad.«

Mundodisco 1. El color de la magia (Rincewind)

Página de la Wikipedia: ES

A Ankh-Morpork llega Dosflores, el primer turista del Mundodisco, un tipo confiado e inocente del Continente Contrapeso que considera que nada malo puede pasarte si hablas muy despacito y en voz alta para hacerte entender. Le acompaña El Equipaje, un baúl de peral sabio con tendencias homicidas repleto de oro. En paralelo a la llegada de Dosflores a la gran ciudad, el cobarde mago Rincewind es expulsado de la Universidad invisible, ya que desde que uno de los hechizos de El Octavo (los ocho hechizos más poderosos del Mundodisco) entró en su cabeza no puede aprender magia, por sencilla que esta sea. Debido a la importancia del primer visitante a la ciudad-estado de Ankh-Morpork, Lord Havelock Vetinari, el patricio, encomienda a Rincewind el papel de guía turístico…

Mundodisco 2. La luz fantástica (Rincewind)

Página de la Wikipedia: ES

La luz fantástica recupera la acción de la que se empeñaba en huir Rincewind con Dosflores a cuestas. El echizero, como pone en el sombrero del mago porque ni lo de deletrear se le da bien al pobre, descubre que si no leen los ocho hechizos del Octavo (incluso aquel que está perdido en su cabeza) el mundo va a terminar. Para subir la tensión un poco más, todo bicho viviente que sepa de magia quiere matar a Rincewind y robarle el poder del hechizo (pues pasaría a vivir en la cabeza del mago más cercano tras la muerte de Rincewind). Además, Gran A’Tuin, la gigantesca tortuga que se mueve por el espacio cargando a los cuatro elefantes que llevan el peso del propio Mundodisco, está a punto de estrellarse contra una estrella roja y encima por ahí andan Cohen el Bárbaro y su prometida, para complicarlo todo un poco más.

Adaptaciones de El color de la magia y La luz fantástica

En 2008, se lanzó una adaptación televisiva de la primera gran historia de Rincewind en el Mundodisco titulada El color de la magia (ficha de FilmAffinity) que recoge la trama de los dos primeros tomos que nos legó este buen hombre. El Rincewind, a mi gusto, es demasiado viejales, pero si no llevamos demasiadas expectativas… Sin embargo, ya adelanto que, para mí (y, para gustos, colores), ninguna de las tres adaptaciones que hay hasta la fecha son una obra de arte.

Mundodisco 3.  Ritos iguales (Las brujas de Lancre)

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En esta novela se da inicio al arco de las brujas de Lancre: Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos se ven envueltas en una aventura tan loca como reivindicativa —en el original, Equal rites (Ritos iguales) es un juego de palabras con equal rights, o sea, igualdad de derechos— para conseguir que la Universidad Invisible acepte a Eskarina, la primera mujer mago del Mundodisco. Y todo porque un mago despistado que vagaba por las Montañas del Carnero ¡no se dio cuenta ni de qué genero era el bebé al que nombra sucesor! En fin, aquí empieza la lucha contra la intolerancia en el Mundodisco y, como siempre, lo hace con mucho humor.

Mundodisco 4. Mort (La Muerte)

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La Muerte ya había hechos su aparición COMO UN SECUNDARIO DE RENOMBRE en títulos anteriores de Mundodisco. Ahora empieza lo bueno. Mort se resume en una premisa en apariencia simple: ¿puede La Muerte tomarse un descanso e irse de copas? No así porque sí, claro, sino designando a un aprendiz y dejándole al cargo. Pues eso es lo que hace, deja a Mort al cargo por unas horas y, mientras La Muerte se enfrasca en rocambolescas discusiones filosóficas de bar, al chaval no se le ocurre nada mejor que perdonarle la vida a cierta princesa…

Novela destacada

Mundodisco 5. Rechicero (Rincewind)

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Para ser hechicero en el Mundodisco es condición sine qua non ser octavo hijo de un octavo hijo… Y aquí viene la regla de oro: los magos no pueden tener relaciones sexuales, porque, si las tuvieran, podría salir un… rechicero: es decir, el octavo hijo de un octavo hijo de un octavo hijo, y eso no es bueno. Nada bueno. Rincewind y el resto de la tropa de la Universidad Invisible lo aprenden a las malas aquí, cuando llega un rechicero de ocho años a la Universidad Invisible y todo quisqui puede lanzar hechizos inimaginables de golpe, y todo indica que ha empezado el Aprocrilipsis, el Despido de los Dioses y se están abriendo portales de las Dimensiones Mazmorra. De las mejores.

Novela destacada

Mundodisco 6. Brujerías (Las brujas de Lancre)

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El rey Verence I de Lancre es asesinado por su primo, el duque Felmet, y el bebé de Verence y la corona del reino son entregados por un sirviente a Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos, las brujas de Lancre. Estas se encargarán de que, Tomjon, el heredero del trono de Lancre se una a una compañía de artistas viajeros que, con el paso del tiempo (el tiempo es algo muy voluble en el Mundodisco, aunque no lo sepas aún) derrocará al duque Felmet. En definitiva, que un día Terry se levantó con ganas de Shakespeare (y de Macbeth).

Adaptaciones de Brujerías

Hay una película animada de la BBC, ronda por YouTube también, que algún buen samaritano subtituló al castellano. La dejo aquí incrustada.

Mundodisco 7. Pirómides (Independiente)

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Primera novela independiente del Mundodisco. A menudo, se relaciona con Dioses menores, puesto que son los dos títulos que mejor nos permiten conocer las deidades de este cosmos.

Por designios paternos, Pteppic, príncipe del reino de Djelibeibi (pequeña región que se parece mosqueantemente al Antiguo Egipto, oye), ha sido educado en Ankh-Morpork por la flor y nata del Gremio de Asesinos. Tras la muerte de su padre, debe volver al reino y asumir sus deberes como Rey-Divinidad, pero la educación recibida parece que choca con las tradiciones de su propio pueblo, que no han cambiado en 1.500 años de historia.

Mundodisco 8. ¡Guardias! ¿Guardias? (La guardia de Ankh-Morpork)

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Podría parecer que una ciudad como Ankh-Morpork necesitaría de un cuerpo de guardia especial, pero no. En realidad, la Guardia Nocturna de la ciudad de Ankh-Morkpok no tiene mucho trabajo: de los crímenes se ocupan el Gremio de Ladrones y el de Asesinos, sin pasarse de una cuota fija al mes, por supuesto. Así, la guardia tampoco requiere de muchos efectivos y consta de tan solo tres hombres: el capitán Vimes, el sargento Colon y el cabo Nobbs. Sin embargo, cuando un nuevo recluta, el idealista «enano» Zanahoria Fundidordehierroson, se integra en su equipo y no tiene mejor idea que arrestar a ladrones y asesinos haciendo cumplir la ley, los tres veteranos guardias verán cómo su rutina se rompe. Y por si fuera poco, un dragón, criatura que se creía extinta, ha aparecido en la ciudad, aunque esto no parece interesarle mucho a nadie…

Adaptaciones de ¡Guardias! ¿Guardias?

Según la Wikipedia:

Mundodisco 9. Fausto Eric (Rincewind)

Página de la Wikipedia: ES

Se trata de una parodia del Fausto de J.W. Goethe. Volvemos al arco argumental de Rincewind en la que es su cuarta novela. Rincewind es invocado por un demonólogo de 13 años, Eric Thursley, que quiere ser el gobernante del mundo, conocer a la mujer más hermosa que haya existido jamás y vivir para siempre. El chaval se cree que el mago es un demonio y el hechicero, para su horror, descubre que sí puede cumplir los deseos de Eric.

Novela destacada

Eric explica TANTO —como diría La Muerte— sobre los orígenes del Mundodisco, su naturaleza y su humor que, con toda probabilidad, es de las novelas imprescindibles de Pratchett. Al menos, para un servidor. Además, es divertida a rabiar. En su entrada de la Wikipedia en español, y a diferencia de otros títulos de la saga con cuatro líneas de texto, hay una completa sinopsis argumental de Eric.

Mundodisco 10. Imágenes en acción (Independiente)

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El mejor truco de los alquimistas del Mundodisco es convertir el oro en… menos oro. Así que, cuando por fin hacen algo de magia y crean las imágenes en acción (un símil del cine mudo, para entendernos), es normal que todo el mundo pierda un poco la cabeza, ¿o no? Victor Tugelbend, un estudiante de la Universidad Invisible, decide mudarse a Holy Wood y probar suerte en la nueva industria; lo mismo le ocurre a la joven Theda «Ginger» Withel. Mientras tanto, algo raro sucede por allí entre animales que empiezan a hablar, rupturas del espacio-tiempo y criaturillas de las Dimensiones Mazmorra que no deberían estar pululando por donde están pululando.

Imágenes en acción es otra novela independiente del Mundodisco que, principalmente, se centra en la historiografía del cine, con homenajes constantes a la edad dorada de Hollywood.

Mundodisco 11. El segador (La Muerte)

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Los Auditores de la Realidad —entidades sobrenaturales y burócratas celestiales— son seres sobrenaturales que se aseguran de que las leyes de la física funcionen como es debido. A grandes rasgos, se podría decir que ven a los humanos —desordenados, imprevisibles— como una molestia y una enorme carga de trabajo y prefieren otras entidades con un porcentaje menor de libre albedrío, como las piedras. Por esto, cuando La Muerte empieza a desarrollar personalidad, los Auditores argumentan a Azrael, el Señor de las Muertes, que no está cumpliendo con sus deberes y lo liberan de sus funciones. La Muerte, que tampoco tiene mucha experiencia en temas humanos, elige el nombre de Bill Puerta, se baja al Mundodisco y se larga a la granja de la señorita Flitworth a trabajar como… segador (¿qué esperabas?), con la mala pata de que alguien acaba de inventar la primera máquina de siega industrial. En paralelo, el mago Windle Poons prevé la hora de su muerte, como es propio de todos los magos y las brujas, pero esta no llega: con el mosqueo general, Poons se une a zombis, vampiros, banshees y hasta hombres del saco para saber qué leches está pasando, mientras que los magos de la Universidad Invisible intentan que Windle Poons siga… bueno, muerto.

Novela destacada

Mundodisco 12. Brujas de viaje (Las brujas de Lancre)

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Cuando Magrat Ajostiernos, la bruja más joven del aquelarre, recibe la vara mágica de una hada madrina moribunda, las tres brujas deben emprender un viaje para salvar a una chica envuelta en un… ¿cuento de hadas? Según descubren Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos, otra hada, harta de que nadie sepa lo que es mejor para ellos mismos, ha empezado a cumplir los deseos que la gente debería desear. El libro está plagado de referencias a cuentos y novelas fantásticas, incluyendo The Frog Princess, la Caperucita RojaEl gato con botasLa bella durmienteCenicienta y El maravilloso Mago de Oz.

Mundodisco 13. Dioses menores (Independiente)

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Dioses menores sigue el recorrido de (en teoría) uno de los dioses más importantes del Mundodisco: Om. A veces, los dioses deciden tomar forma física y pasearse entre los humanos, pero cuando se le ocurre hacer esto a Om  se da cuenta de que, pese a la enorme estructura religiosa tras su figura, solo tiene un verdadero creyente: Brutha. El principal problema de Om es que un dios del Mundodisco es tan poderoso como creyentes tenga, por lo que él está a punto de desaparecer en el olvido.

La novela se mueve entre Efebia, una parodia de las polis griegas —en constantes luchas con Espadarta—, Omnia, Ankh-Morpork y otras zonas del gran cosmos de Pratchett a través de dos visiones enfrentadas de la misma religión monoteísta: la de Vorbis, que considera que todo lo que hace está bendecido por Om, pues si no fuera así el dios no dejaría que lo hiciese, y la de Brutha, que sigue escrupulosamente los preceptos del omnianismo.

Mundodisco 14. Lores y damas (Las brujas de Lancre)

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Tras lo ocurrido en Brujas de viaje, Magrat Ajostiernos se va a casar con Verence II, antiguo bufón y actual rey de Lancre. Todo está preparado para la ceremonia, pero Magrat no aparece por ningún lado. Por si fuera poco, cinco jovencitas empiezan a plantarle cara a Yaya Ceravieja y a esta le da en la nariz que el día de su muerte está cada vez más próximo. Y los elfos (que nada tienen que ver con son esas criaturas dulces de los cuentos: es más, son unos hijos de p*** de mucho cuidado y, por eso, ya se preocuparon en el pasado de mandarlos a otra dimensión) han encontrado el modo devolver al Mundodisco para apoderarse de él para siempre.

Mundodisco 15. Hombres de armas (La guardia de Ankh-Morpork)

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Edward de M’uerthe está obsesionado con devolver un rey a Ankh-Morpork y recuperar la importancia nobiliaria de su familia. Gracias a su posición en el Gremio de Asesinos descubre que el cabo Zanahoria Fundidordehierroson es el heredero legítimo al trono. Mientras tanto, en la guardia, el capitán Vimes tiene sus propios problemas: se va a casar con la mujer más rica de la ciudad, para lo bueno y para lo malo, y Lord Vetinari le ha colocado tres nuevos reclutas entre sus filas: Detritus el Trol, Cuddy el Enano y Angua, ¡una mujer! (y mujer-loba encima, aunque esto los guardias todavía no lo saben). Y, por si fuera poco, empieza a morir gente con heridas extrañas de un arma que nunca se había visto en Ankh-Morpork, y los enanos y los trols se culpan mutuamente, y todo está a punto de saltar por los aires…

Novela destacada

Mundodisco 16. Soul Music (La Muerte)

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Buddy, un músico del país de Nellofselek consigue un extraño instrumento con cuerdas que lo catapulta a la fama casi de inmediato. El joven músico decide formar una banda con Odro, un enano que toca el cuero, y Cliff, un trol percusionista. ¡Es el primer grupo de «música con rocas» del Mundodisco! Y-Voy-A-La-Ruina Escurridizo, a su vez, ve negocio en el merchandising y adopta el papel de mánager del grupo. La locura por la música con rocas no es lo único extraño que está sucediendo en el Mundodisco: La Muerte ha desaparecido y sus poderes (y responsabilidades) se están transfiriendo a Susan Sto Helit, hija de Mort e Ysabell…

Adaptaciones de Soul Music

En 1997, Channel 4 estrenó una adaptación televisiva con Cristopher Lee como… La Muerte. Puede encontrarse en YouTube (por lo menos) en versión original.

Mundodisco 17. Tiempos interesantes (Rincewind)

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El imperio más antiguo del Mundodisco anda revuelto… Y la culpa de todo la tienen, por este orden: un panfleto revolucionario titulado «Lo que hice en mis vacaciones…» , el mago Rincewind y su fiel Equipaje, una horda de bárbaros, capitaneados por un viejo héroe llamado Gengis Cohen, y una mariposa muy especial. ¿Quizá por eso la peor maldición que se puede echar en el refinadísimo Imperio Ágata es aquello del «ojalá vivas en tiempos interesantes»?

Novela destacada

Mundodisco 18. Mascarada (Las brujas de Lancre)

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Agnes Nitt deja Lancre antes de que las brujas del aquelarre la conviertan en una de las suyas. ¿Su sueño? Cambiarse el nombre por algo con clase —con una equis por ahí en medio, por ejemplo— y cantar en la Casa de la Opera de Ankh-Morpork. Yaya Ceravieja se entera de que Tata Ogg ha publicado un libro de cocina… mágica y que le adeudan un buen pastón los editores de Ankh-Morpork, así que deciden hacer una escapadita y, de paso, ver qué pasa con la chica de los Nitt.

De nuevo, en Ankh-Morpork, Agnes tiene el problema de su falta de… presencia escénica (o todo lo contrario, depende de cómo se mire) y los responsables deciden que sea su compañera Christine quien aparezca en el escenario mientras Agnes, o Perdita X. Nitt como le gustaría llamarse, hace todo el trabajo detrás del coro. Además, la Casa de la Opera tiene un tarado que va escribiendo notitas con ¡¡¡¡¡CINCO!!!!! exclamaciones y arruinando, poco a poco, el negocio, que va como siempre va el arte: entra mucho dinero, sale mucho dinero y el espectáculo debe continuar. El problema es que parece que el Fantasma de la Ópera ha pasado de destrozar violines y zapatillas de ballet a matar gente, y eso, quizá, es demasiado.

Mundodisco 19. Pies de barro (La guardia de Ankh-Morpork)

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Nobby Nobbs podría haber tenido un pasado muy distinto si alguien hubiese sabido que descendía del conde de Ankh… Cuando la clase aristocrática de Ankh-Morpork y los líderes de los gremios se enteran, se unen para deponer a Lord Vetinari como patricio de la ciudad-estado. Sin embargo, alguien parece haberse adelantado y ¡está envenenando al patricio! ¿Acaso era eso posible conociendo a Havelock Vetinari? La nueva agente de la guardia de la ciudad, Jovial Culopequeño, lo está investigando… En paralelo, alguien está matando a ciudadanos respetables de la ciudad (tan respetable como puede ser el ciudadano medio de Ankh-Morpork) y todo apunta como culpable a un gólem. Pero Dorfl, un… golem (qué casualidad, oye) está dispuesto a ayudar a la guardia a descubrir el misterio.

Mundodisco 20. Papá Puerco (La Muerte)

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¿Qué sentido tiene la celebración de Papá Puerco? Según los antiguos ritos del Mundodisco supone la transición del invierno al verano. Los Auditores de la Realidad siguen haciendo de las suyas y han encontrado a alguien que puede «cargarse» al Padre Cerdo, lo que supone una catástrofe de proporciones épicas: el sol no volverá a salir. Ahora, La Muerte debe tomar el papel de Papá Cerdo y hacer que la gente no pierda la fe. Pero ¿qué pasa con esa fe en la existencia de Papá Puerco? Toda esa fe ha quedado libre y han empezado a aparecer personificaciones algo extrañas, como el Monstruo Come-calcetines, el Hada de la Felicidad y, por supuesto, el Oh Dios de las resacas, con un peso especial en Ankh-Morpork y con un clarísimo epicentro en la Universidad Invisible.

Papá Puerco explica por qué la humanidad se empeña en crear personajes en su propio beneficio, como Papá Puerco (algo así como Papá Noel), el Hada de los Dientes (para nosotros, el Ratoncito Pérez) o… bueno, La Muerte.

Novela destacada

Adaptaciones de Papá Puerco

Este libro se adaptó a TV con una miniserie de 2 episodios en 2006: Papá Puerco. La fábula navideña de Pratchett en vivo y en directo.

Enlaces relacionados:

Sentíos libres de contactar conmigo para sugerirme enlaces de interés u otras adaptaciones que no estén en la entrada. Sobre videojuegos, juegos de mesa, novelas científicas, atlas y el resto de materiales que no aparecen por aquí relacionados con Mundodisco quedan para la segunda parte de esta guía (o quizá para la tercera).


Esta Guía de lectura del Mundodisco de Terry Pratchett está inspirada en una cadena de tuits de Café de Tinta y en la Guía de Orden de Lectura de Mundodisco v3 de la Fan Cueva.

Para las imágenes y las portadas me ha ayudado mucho una entrada del blog Geek Soil con muestras del trabajo de Josh Kirby para la saga Mundodisco.

Actualizada en abril de 2018. Creative Commons (BY; SA)

Continuará.

IV Concurso de Historias del viaje: «Soñar con aviones que caen»

Este mes he sacado tiempo para preparar un nuevo relato para el Club de Escritura de la Fundación Escritura(s)-Fuentetaja. No hace mucho estuve leyendo Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, y tenía ganas de probar alguno de los recursos que husmeé entre esas páginas. No diré nada más sobre esto —el riesgo de que algún fan del chileno se ría en mi cara o me espere en una esquina para soltarme un par de guantazos ya es bastante alto ahora— pero sí que quería comentar que se trata de una historia de viaje, como Trece millaspero cuyo estilo y contenido nada tienen que ver. En definitiva, se titula Soñar con aviones que caen y, desde mi punto de vista, recoge parte de la esencia del viaje y los viajeros.

Teléfonos móviles en el Congreso

Se quejaba ayer un profesor de Historia y Economía de que vaya ejemplo estaban dando los diputados y diputadas durante la sesión de investidura. Todo dios pegado al móvil mientras se sucedían las comparecencias en el Hemiciclo. Pues lo dicho: el hombre se hizo viral, y con razón. Pero viral, viral, oye, viral de que habla de ti hasta la Pedroche en Zapeando (que se ve que es un programa de La Sexta: yo no tengo tele en casa y, además, prefiero hacer la siesta). Y no me extraña nada: ¿acaso no tiene razón? Ya no es que muchos de nuestros políticos jueguen a escondidas al Candy Crush o al Clash of Clans o a lo que demonios esté ahora de moda (si tenían los cubatas subvencionados hasta hace cuatro días van a pagar los datos móviles, ¿sabes?), sino que esto no es más que el reflejo de lo que hay detrás: el calentar la silla, el alargar las cosas, el no buscar soluciones, el no avanzar por el resto y para el resto de nosotros, porque nuestros políticos, que no son tan nuestros como suyos, no son sociedad: están arriba y, a una amplia mayoría, eso les gusta bastante parece.

Foto de archivo© de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

No es cuestión de si el de Vallecas vive en Galapagar ni qué paga de hipoteca (que se hizo asunto de estado, a diferencia de dónde viven Sánchez, Rivera, Casado o el de la pistolita), si se adoptan verdaderas medidas de justicia social de una puñetera vez en este país (como muchos queremos) o si seguimos bailándole el agua al neoliberalismo que va a saco; ni tan siquiera algo tan urgente como el cambio climático[1] y lo que sea que vamos a hacer, que eso sigue siendo una tabula rasa hasta que vivamos en el desierto y nos llevemos las manos a la cabeza.  La cuestión es que a Pedro Sánchez le votó su partido y un señor cántabro (anda que no ha habido «cachondeíto» en los diarios con el pobre diputado del PRC) en la primera sesión de investidura y, los que se abstuvieron, lo hicieron por el marco que el propio secretario del PSOE ha generado: una izquierda fragmentada y un clima de película de terror frente a las tres derechas que se debía creer que obligaba a rendirle la presidencia sin condiciones.

El pasarse las jornadas mirando el smartphone en vez de trabajar va muy de la mano del no querer afrontar un conflicto identitario en España (el de los vascos y los catalanes, por lo menos), de no ofrecer las competencias necesarias —como decía Iglesias durante su participación— a los ayuntamientos para frenar problemas reales de los ciudadanos como la gentrificación y el precio de la vivienda y, por descontado, de no querer pactar, o sea, de no tener ningunas ganas de hacer política. 

Me gustó mucho la bronca de Joan Baldoví (de Compromís) a Sánchez en la que le largaba que no quería pactos con nadie, que quería una rendición incondicional (con 123-124 a favor). Cada cual tendrá sus ideas y sus colores, pero hay dos verdades ineludibles en España: una, somos lentos de pelotas en esto de formar un gobierno y, dos, nuestra democracia sigue en pañales, porque hasta un crío sabe que si quieres que te acepten en el equipo, no te enrabietas y te pones a decirle al resto lo tontopollas que son, y eso, más o menos, es lo que hizo ayer el presidente en funciones con su socio preferente (Podemos) y el resto de los partidos que, en una tesitura casi igual de peliaguda que durante la moción de censura a Rajoy, han elegido lo malo conocido a lo peor por conocer.

Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno en funciones durante su intervención el martes, 23 de julio, en el Congreso. Fotografía: ©Álvaro García, El País.

Tras el cara a cara de ayer entre posible presidente y principal socio preferente, quedaba por ver si hoy había avances. Mientras escribo esto, parece ser que ya hay propuestas encima de la mesa del PSOE —la vicepresidencia y cinco ministerios—. Todavía nos queda mañana un poco más de paripé entre discursos, réplicas y contrarréplicas en el Congreso, pero lo que parece hacer falta para desencallar la cosa son concesiones y pactos: en otras latitudes están acostumbrados, en la política española parece que no. En fin, que no hay que ser un lince para ver que al PSOE le ha salido el tiro por la culata (este veranito que ni se les ocurra ir al Casino, que el faroleo les queda para septiembre) y que, si esos individuos y esas individuas de los telefonillos tuviesen las mismas angustias que el ciudadano medio, otro gallo cantaría, y quizá no hace falta bajarles el sueldo ni quitarles las vitalicias como suele decirse, sino obligarles a hacer su trabajo. Vamos, lo que a todo hijo de vecino.


[1] Estos días, para que sepamos que no solo hay imbéciles en España, la derecha francesa se reía de la joven activista Greta Thunberg que había sido invitada a participar en la Asamblea Nacional.

La Barcelona de la dama blanca

Cuando yo era un crío a menudo acompañaba a mi padre a Santa Coloma de Gramanet y a Badalona no sé por qué. Supongo que tenía por allí conocidos del Turó de la Peira o del hospicio, como llamaba él al orfanato de los Hogares Mundet donde estuvo interno hasta los dieciocho. De aquellas escapadillas de media mañana, recuerdo parar en San Roque (Sant Roc, Badalona) con seis, siete u ocho años y, ya en el coche, estar bastante cagado con el panorama. Aun así, si me diesen veinte euros por describir algo de aquello no podría: supongo que a un criajo de clase media le sorprendían las pintas, los edificios, la gente pidiendo y, sí, la cantidad de politoxicómanos que había. De adulto, he vuelto por allí un centenar de veces a pasear con los amiguetes y Sant Roc ha mejorado mucho; Badalona no tiene nada que ver con lo que fue: hace treinta años, Badalona era otro mundo (y Barcelona, que no se nos olvide) y Sant Roc, con sus eternos refugiados de las chabolas del Somorrostro, también.

Cualquiera que haya crecido en los ochenta en la periferia de una gran ciudad ha visto demasiadas jeringas y adictos. No digo nada nuevo. Hubo una época en que la heroína estaba en todas partes: en la calle, en la tele, en los «ten cuidado» y los miedos de la familia. La heroína despierta muchas emociones en cualquiera, no siempre buenas o malas de forma categórica, pero, sobre todo, tiene muchos nombres —jaco, caballo, colacao— y luchas muy distintas entre sí: está la lucha política, la social, la realidad (no tan) oculta que no es extraño negarse a uno mismo; está en los telediarios, en las columnas de opinión de los gurús que de todo saben, en los reportajes de los diarios con aires de cine quinqui, en las peleas callejeras entre los gitanos de la cocaína con los paquistaníes y los dominicanos de Badalona, en el edificio Venus y, por descontado, en el narcoturismo de las plazas del Raval.

Sant Roc (Badalona)
Una calle del barrio de Sant Roc (Badalona). Foto: Marga Cruz

La ley de la selva, sin buenos, solo los que conocen lo que hubo y a los que les importa tres cojones: porque se lucran a cualquier precio, porque no saben lo que viene después, porque están «enganchadísimos» y solo piensan en el siguiente pico. Pero ¿y qué, verdad? Poder escribir de esto, o leer sobre esto, es no tener la necesidad de vivirlo de veras: no estar sumergido a la fuerza: por error, por vida, por clase social. Salen noticias, claro que sí, pero solo nos demuestran que, quien generaliza, es un imbécil; ahí está María, politoxicómana de setenta y tres años que retrata el periodista Pedro Simónla transformación del Toño en un zombi del Raval, las historias de superación (que también existen), como el «via crucis» y los diecisiete de enganche del David, que ya quedaron atrás.

En Barcelona, el ayuntamiento afirma que no hay más heroinómanos que ayer, o que el año pasado, pero en Sant Roc, La Mina y El Raval, que son aquellos vecinos que han estado siempre en primera línea de fuego, lo desmienten. En Badalona ni tan siquiera hay narcosala, dicen, ¿cómo van a controlar el número de casos si los yonquis van a ponerse en una furgoneta abandonada debajo de la autopista? Tampoco hay estudios detallados sobre el perfil del nuevo consumidor de heroína: unas noticias hablan de jóvenes de clase media alta, otros de cuarenta para arriba, también están los viajeros que vienen buscando narcopisos: esos que saben lo que significan unas bambas colgando del cable de la Telefónica.

Furgoneta Badalona (heroína)
La furgoneta abandonada donde muchos heroinómanos de Badalona se inyectan. Foto: DLF

En EEUU, la heroína está haciendo estragos. Nadie había visto algo así. Cuentan que no es un problema de blancos o de negros, de gente pobre o de gente rica: es una emergencia nacional. Es un rompecabezas con más aristas de las que nos podemos imaginar. Es probable  que esa situación al otro lado del Atlántico haga un poco más fácil de entender por qué, en Cataluña, nadie sabe nada. Mientras, seguimos como siempre: en Barcelona, el ranking de decomisos de droga sigue aumentando (por algo somos la mayor puerta de entrada de droga a Europa); ¿y lo de educar a los más jóvenes?, cuando uno pierde un buen rato y lee, da la sensación de que nos creíamos que esto había quedado en el pasado, que las charlas de padres a hijos sobre el cigarro, el porro, el perico y el caballo que de chavales nos parecían tan exageradas y prejuiciosas habían quedado en otra época. Quizá toca volver a prevenir, a educar y a buscar otras alternativas con las que complementar la lucha contra la dama blanca, porque está claro que creímos que habíamos vencido antes de tiempo. Y quien no se crea nada de lo que se ha dicho aquí, que haga un pequeño ejercicio, que coja el coche (o un tren) y se vaya de paseo por Sant Roc, La Mina o El Raval. Al final, es la mejor forma de enfrentar la realidad: mirándola a la cara, de igual a igual.


NdA: El artículo más completo que he encontrado sobre la situación actual de Barcelona es el reportaje de David López Frías para El español titulado El caballo cabalga de nuevo por Barcelona: vidas tiradas en tres barrios enganchados. Lo he enlazado en la entrada, pero si alguien está interesado en informarse con más detalle, recomiendo su lectura: si bien no deja de ser «algo» sensacionalista, ofrece una instantánea global del problema.