Se acabó

Los ojos de un animal tienen el poder de hablar un gran lenguaje.

Martin Buber (Viena, 1878 – Jerusalén, 1965)

Estoy bien. Estoy muy bien, pero se acabó: cierro el blog. No me gustaría que nadie lea la entrada anterior y crea que estoy mal, que estoy en peligro o que necesito ayuda. Aclaro que no es así. No lo estoy: estoy muy bien, en realidad, pese a que un confinamiento no es el ideal para (casi) nadie.

2019 fue una gran mierda.

(Casi acaba conmigo.)

2020 no ha sido mucho mejor.

Ahora, estoy bien. He aprendido que la vida y las emociones son como el tiempo, ¿sabes? Un día llueve, otro está nublado y otro hace un sol de mil demonios, pero tú te levantas de la cama  y sales a la calle a pasear al perro, y quedas con gente, y trabajas, y juegas con las cartas que te han dado.

Empecé a escribir Doblando tentáculos en Caimari, un pueblecito de Mallorca al que me mudé con mi novia, que luego fue mi mujer y, ahora, ya sabéis. La casa se nos la cedieron sus padres y allí comencé a tomarme esto de las letras más en serio. Hay mucho que agradecer, siempre, pero, a menudo, se nos olvida, ¿verdad? Eso es otra cosa que he aprendido: todo el mundo lo hace lo mejor que sabe. No es excusa para no enfrentar y afrontar las consecuencias, pero sí es un buen motivo para seguir viviendo.

Cierro el blog. Lo cierro ahora que vivo solo y con perspectivas de compartir casa (¡a mis 34!, al final será verdad aquello que decía mi padre de que yo todo lo hago al revés). En esencia, ya la comparto —con Dana, con Argos: mis perros, que están viejos de cojones, y duermen casi todo el día—, pero me refiero a dejar entrar a otras personas, a la casa, a mi vida. Lo cierro, en parte, porque de los temas de los que escribía, siento que no me quedan cosas por decir (mas allá de las columnas de opinión: a estas les encontraré otro hogar), pero, sobre todo, miento (y me miento) como un bellaco: lo cierro para seguir aprendiendo a desprenderme de las cosas, a despegarme (y a desapegarme), a demostrarme que hay un momento y un lugar: esa mierda de que las personas somos como ríos (a veces, nuestros cursos van en paralelo y otras se separan). Qué cierto.

Escribo estas líneas agradecido. Un poco triste, supongo. Agradecido a mi exmujer, por todo lo que me ha enseñado estos años (sobre todo, por forzarme a abrir el blog y por confiar tanto en mí: hay cosas que nunca podemos decir tanto como nos gustaría), agradecido a mis amigos, que se pasaban por aquí mucho más de lo que yo creía; a los editores de aquel libro de ética, que vieron algo en algunos de mis textos, y se lanzaron a apoyarme (espero que no les haya salido muy mal). Agradecido al blog, si eso es posible, que me ha enseñado a escribir (o a escribir mejor), que me ha dado mil oportunidades, que ha sido germen de una novela que seguro que algún día publicaré (hace mucho que no soy capaz de sacarla del cajón, pero eso es otra historia). Agradecido a todo aquel que leyó una entrada, aunque solo fuera una, por haberme acompañado en este viaje.

En una despedida, si uno quiere decirlo todo la caga. Quedaos con que sigo escribiendo, con que vuelvo a enfocarme en mis pasiones. De vuelta, al camino. Ya vomité hasta hacerme cliché. Ya vacié las botellas en el fregadero. Ya me fumé unos cuantos cigarrillos y descubrí que ese vicio no iba a volver. Cierro ya, pero con buen sabor de boca, porque todo tiene un principio y un final —todo: creedme— y no por eso vamos a dejar de disfrutar del viaje, ¿verdad?

Gracias.

J.

P.S.: Dejo una foto de Caos que hizo Laura, porque ¿qué os iba a dejar para la posteridad? ¿Mi jeta? Vamos, no me jodas.

De la escritura a la reescritura

Proceso de reescritura (en narrativa)

Todo lo que se ha escrito, se ha reescrito. Dicho de otro modo: todo lo que leemos se ha reescrito decenas de veces. Y ahí va un tercer intento: la reescritura es, a grandes rasgos, todo el proceso de escritura que iniciamos tras volcar la historia en papel por primera vez. En un cuento o una novela, es aquello que empieza una vez terminas de desarrollar los núcleos narrativos en el papel o en el documento de Word (es decir, cuando construyes la primera versión); en un ensayo o en un artículo periodístico, una vez tenemos el esqueleto de la historia o de lo que vamos a contar. Ahí empieza la reescritura, cuando toca embellecer, agregar, suprimir y pulir.

Por descontado, cada escritor —voy a centrarme en narrativa, que no te despiste lo de ensayos, periodistas y otras pajas mentales de aquí arriba— tiene una visión distinta de la reescritura, que puede moverse entre un puto coñazo mal necesario o la mejor parte de escribir. En mi caso, por ejemplo, la reescritura me parece que es lo que da sentido a la propia escritura: convertir una idea en una obra cada vez más perfecta (sabiendo que aquello que planeamos y lo que estamos creando siempre serán distintos entre sí) es la misma fuerza que mueve a cualquier otro artista: a un pintor, a un escultor, a un cineasta.

Reescribir es la esencia de escribir bien, donde el juego se gana o se pierde.

William Zinsser (1922-2015)

En los talleres literarios, este proceso siempre se plantea a raíz de un documento base (una primera versión de nuestro cuento, novela, microrrelato, lo que sea) a partir del que solucionaremos cuestiones de índole narrativa (es decir, el Fulano que muere en la página 70 y revive por error para fumarse un pitillo en la 120 siendo testigo de un asesinato, por ejemplo) y de estilo, que son las más comunes: ritmo narrativo, redundancias, poner énfasis en escenas innecesarias, falta de diálogos, descripciones que dicen pero no muestran.

reescritura-1
Así todo el santo día.

Cómo revisamos; cómo reescribimos

Hay tres grandes acciones que funcionan conmigo, pero no tienen que funcionar contigo si también te dedicas a escribir (si te dedicas a rescatar tórtolas, seguro que tampoco funcionan, pero no sé qué cojones harás por aquí, así que vamos a descartar esa opción, ¿vale?). Ante todo, y no voy a decir nada nuevo, quítate el miedo de vomitar la historia en el papel, porque este es un paso imprescindible para enfrentar el contenido: reducir todo un libro a su eje narrativo. Clásicos como Madame Bovary, de Flaubert, o Ana Karenina de Tolstoi, tienen un montón de temas y lecturas detrás, ¿verdad? (¡Ojo!, SPOILERS DE UN LIBRO VIEJUNO que ya tendrías que haber leído) OK. Pero también podemos simplificarlos a su eje narrativo, verás:

Ana, esposa de un funcionario de alto grado llamado Karenin, se enamora de un militar buenorro, Vronski; como Vronski y Ana son unos marranos, esta se queda embarazada del oficial. El marido de Ana se entera, pero le preocupa más el qué dirán que la cornamenta; en cualquier caso, los amantes huyen a Italia desafiando las convenciones sociales rusas (OMG!). Más tarde, vuelven a Rusia, pero si bien la peña tolera a Vronski, Ana es mujer decinomónica rusa y casquivana «d’époque«, lo que se traduce en… ¡ostracismo total! Por último, durante varios cientos de páginas, Ana y Vronski se mudan del campo a la ciudad y de la ciudad al campo, a la chica se le va la pinza cada día un poco más y termina por suicidarse tirándose a las vías del tren.

Por descontado, Ana Karenina es mucho más que todo lo anterior (y bastante más triste, y serio, y con muchos otros personajes, y tramas secundarias), pero esta obra de más de mil páginas se puede resumir en un párrafo, que atiende a su eje narrativo. Podríamos hacer lo mismo con Madame Bovary o con cualquier otro libro del mundo mundial (¡Bovary se envenena con arsénico!, toma segundo spoiler que te he colado: hay que leer más libros… 🤭), porque cualquier obra se deconstruye (es decir, se analiza) de más a menos, porque se construye de menos a más (eje narrativo, núcleos narrativos, capítulos…).

Sustituya ‘maldita sea’ cada vez que quiera escribir ‘muy’; su editor lo eliminará y la escritura será tal como debería ser.

Mark Twain (1835-1910)

Y tras este rollo necesario, ahora sí, el por qué la distancia frente al texto es una cabrona y los tres truquillos que me enseñaron a mí para facilitar el proceso de reescritura.

¿Cuál es el principal error en el momento de reescribir?

El gran error en el momento de reescribir es siempre (pero siempre, ¿eh?) la distancia. A cualquier escritor (o escritora), por bueno que este sea y por mucha experiencia que tenga en cuestiones técnicas, le cuesta y le seguirá costando ver sus propios errores. La explicación simple de este fenómeno es bastante idiota, en realidad: no vemos lo que hay, sino lo que queremos ver; si una metáfora (nuestra) cojea, tendemos a darle una dimensión o una lectura en nuestra cabeza que no tiene por qué transmitir el texto; si faltan comas, o intensidad, o hay un rollo patatero que no te tragas ni tú como introducción de una escena… demasiado a menudo, lo dotarás de un sentido que no tiene. La distancia es la crisis de los cuarenta, Ruiz Mateos vestido de Superman o tu abuelo comprándose unas VANS Old-Skool y unos «pantalones cagaos» y otros tobilleros con los que los críos/as se empeñan en pasar frío en invierno.

Una tira cómica que trata otra de las caras de la reescritura y la reedición. ©Paco Roca

Este es, con diferencia, lo mejor y lo peor de escribir, porque por mucho que sepas y muchos años que lleves en el ajo, siempre te vas a dar de cabezazos con la reescritura y la distancia: al fin y al cabo, el texto que tienes delante, lo has escrito tú. Los lectores profesionales viven de esto, cuando la obra ya está «niquelá», pero hasta ese momento, es cosa tuya escribir, corregir y volver a reescribir. Entonces, ¿qué? Pues atiende.

#1. Aprovecha la fisicidad del papel

Si te dedicas a escribir, planta muchos árboles, porque te vas a cargar un par de bosques pequeñitos en tu vida. Esa es la conclusión. Todo quisqui que conozco y escribe, prefiere corregir en un soporte físico (papel) y la razón es muy simple: aunque no lo parezca, el ordenador queda muy lejos (mentalmente, por lo menos), mientras que el papel te hace sentir ese texto más próximo. Por lo tanto, yo todo lo que quiero reescribir, lo imprimo y aprovecho los márgenes de la hoja (interlineado, 1,5-2) para marcar anotaciones o cambios. Además, me ayuda mucho a leer en voz alta mis propios textos (sí, esto es un consejo extra: leer en voz alta permite captar el ritmo del texto y percibir su musicalidad).

Cuando tu historia esté lista para la reescritura, córtala hasta el hueso. Deshazte de cada onza de exceso de grasa. Esto va a doler; revisar una historia hasta lo esencial es siempre como asesinar niños, pero debe hacerse.

Stephen King (1947)

#2. Eliminar, reducir: orientalizar la escritura

¿Recuerdas la típica frase de Oscar Wilde? Me he pasado el día escribiendo un poema: por la mañana, le he puesto una coma; por la tarde, se la he quitado. Esto es 99 % reescritura. Es bastante graciosa, porque es cierta. Aun así, cada uno entiende aquí la reescritura de un modo: hay un primer proceso de desarrollar la historia y completar todos esos huecos que la primera versión tendrá (por regla general, son los borradores de 50 o 60 páginas, de los que salen novelas de 200 y 300) y, a posteriori, otro proceso de reducción: de quitar todo aquello que sobre, que no aporte a la historia, que no va a interesar al lector.

Leí en algún sitio: escribir implica reducir el número de palabras, pero aumentar su significado. Vaya frasecica, ¿eh? Pues eso. Exact0. Chapó.

#3. Hacer que, nuestro texto, no parezca nuestro

Hay muchos consejos para coger distancia, pero yo siempre opto por el mismo: lo dejo en un cajón, queda entre los borradores del blog, doy tiempo (le doy tiempo al texto; me doy tiempo a mí). También me han enseñado que para poder reescribir, siempre es mejor:

  1. Convertir nuestro texto en algo que no parezca nuestro texto: es decir, cambiar el color de la letra, el tamaño, el estilo…
  2. Apoyarnos en otro escritor o lector profesional (lo que se conoce como sensivity writer) y no en gente cercana que puede o no tener los conocimientos para valorar el texto
  3. Ser valientes para dar por finalizado los cambios y no marcarse un Cela con La familia de Pascual Duarte, que cambió cosas hasta mucho después de su publicación: hay que aprender a abandonar un texto, desapegarte del mismo y dejar que siga su camino. Quizá creamos que haremos la novela perfecta, pero el perfeccionismo es una mierda; la novela perfecta no existe.

A grandes rasgos, estos son los apuntes que me parecen más interesantes para compartir sobre la reescritura. Espero que os sirvan tanto como me han servido (y sirven) a mí.

Por qué no renunciar a tu trabajo y lanzarte a escribir

Es complicado vivir de escribir. Ya ves que no digo de la escritura, porque eso puede inducir a error, digo «de escribir». O sea, vivir de lo que tú escribes; no ganarse el pan escribiendo para un diario, editando a otros fulanos, corrigiendo textos… Estoy hablando de Bukowski, Faulkner, Kerouac, Harper Lee… Esa gente que siempre nos venden que dejó sus trabajos para dedicarse a escribir. Ante esta afirmación, no obstante, no solemos caer en la cuenta de que, a menudo, tuvieron trabajos antes de poder vivir de la escritura, otros complementaron su perfil de escritor o escritora con otras tareas diarias que les daban cuatro duros para el alquiler, las cervezas y el vicio del comer; y alguno habrá que se jugó el todo por el todo y le salió bien la cosa.

El problema de vivir de la escritura es el mismo que se plantea en el primer capítulo de la segunda temporada de El método Kominsky (qué serie, ¡dios!),cuando el personaje de Michael Douglas se sincera sobre lo jodido que es triunfar, pero todo dios cree que el fracaso le sucederá a otro. Si uno le echa un ojo a la historia de la literatura, percibe rápidamente cómo antes escribían los ricos; los pobres, por regla general, vivían en la mierda y, a veces, daban con la tecla adecuada; que Gabriel García Márquez se muriese de hambre y su mujer estuviese hasta el papo de apoyarle, debería darnos alguna pista. Ahora, es incluso peor, porque no lo es, pero nos empeñamos en creer que todo tiempo pasado fue mejor —esa es la trampa—. Hay cosas que son una mierda entonces, son una mierda ahora. Y lo peor de ahora no son las dificultades, o el mercado editorial, sino que nos queremos creer eso de que nos falta tiempo para triunfar y los cuentos que se le ocurrieron a algún tipo sobre cómo antes era más fácil vivir de la escritura y que si no dejas tu trabajo y te pones a escribir no vas a triunfar: lo segundo, vale; lo primero, mierda.

Bukowski de botellón. Un buen artículo que leí (y del que he «mangado» la foto) es El último brindis, en Resaca Cultural.

Voy a explicarte mi experiencia, pero antes copio-pego un fragmento de una carta de Bukowski que he releído tres docenas de veces en mi vida y que, en parte, es muy útil para seguir persiguiendo tus objetivos y, por otro lado, es una putada, porque es gasolina para esas creencias del escritor que tiene que enfocar todos sus esfuerzos a la literatura si quiere triunfar.*

Tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que intentan escribir o hacer películas al respecto, no lo entienden bien. Lo llaman De 9 a 5. Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar. Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo. A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Así que la suerte de, finalmente, haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. No haber desperdiciado por completo la vida parece ser un logro, al menos para mí.

Carta de Charles Bukowski al publicista John Martin; después, parte de estas ideas las reflejaría con Chinaski en Cartero (1971)

Verás, en 2016-2017, este blog empezaba a tener «muchas» visitas, yo estaba inmerso en varios proyectos relacionados con la escritura (ensayo, narrativa…) y todo parecía ir en la misma dirección. Las cosas me iban bien a nivel profesional: por suerte, el marketing es un sector que, desde hace años, se porta bien conmigo. Todo estaba en su sitio, incluso había tenido dos ofertas laborales de grandes empresas para incorporarme en plantilla: en esa tesitura, era cuestión de minutos, días o, como mucho, semanas que la cagara bien cagada. Así que se me ocurrió dejar de trabajar por un tiempo, focalizar mi energía en la escritura y… vamos, lo que te acabo de decir, cagarla. En serio. Creo que es la mayor cagada que he hecho nunca. No me arrepiento de que sucediese, porque cuando yo hago algo, lo hago siempre hasta las últimas consecuencias; si la cago, la cago bien y aprendo, y me sacudo el polvo, me sorbo los mocos y tiro para adelante. Pero voy a dedicar esta entrada a explicarte por qué renunciar a tu trabajo y lanzarte a escribir es una muy mala idea.

Hay tres grandes razones:

Primera, la escritura requiere estabilidad.

Segunda, el oficio de escritor no suele dar estabilidad.

Tercera, vas a estar haciendo muchas más mierdas por mucho menos dinero.

Aquí un típico enlace de grandes escritores con trabajos caca, de Cultura Colectiva, para ponernos en antecedentes.

Hace no mucho tiempo expliqué por aquí (Enviar el manuscrito a una editorial y ser aceptado a la primera) que, para mí, no es lo mismo un oficio creativo o un trabajo de dirección que un trabajo alienante (yo qué sé: enhebrar agujas todo el santo día o instalar una pieza X en un Seat Ibiza tras otro), pero sea como sea, ambas opciones me sirven: una es un putadón y la otra solo llega a putada. Y yo sé por qué te digo esto y, sobre todo, ya sé lo que me vas a decir: a mí lo que me gusta es escribir, blablablá, en un trabajo tradicional estoy vendiendo mi tiempo por un sueldo y siento que eso afecta a mi creatividad (en realidad, lo hace) y no me deja alcanzar los objetivos artísticos que me he propuesto.

La escritura requiere estabilidad

Vale, ahora dejas ese trabajo. En el mejor de los casos, si no eres rico o rica (en tal caso, ¿qué coño hacías trabajando en vez de ponerte a escribir?) puedes mantenerte por un tiempo limitado; a medida que los ahorros mengüen, te vas a agobiar y, cuanto más te agobies, más rápido te darás cuenta de que la escritura requiere estabilidad y que, ese trabajo, te estaba dando la posibilidad de una rutina donde podías escribir a diario. Vamos, lo que te he dicho arriba.

Como devoto lector de Tolstoi y Dostoievski me ha encantado esta imagen que me he encontrado a lo Street Fighter y tenía que meterla en el artículo.

Escribir no suele dar estabilidad

No solo eso: puede que te salga «un novelón de tres pares», pero todavía tendrá que llegar a editorial, ser aceptado, recibir un anticipo (¿eres novel?, pues… poco más que un sueldo mínimo, y date con un canto en los dientes), lanzarse al mercado, empezar a venderse y recibir los primeros royalties (si no los cubre el anticipo) en marzo del año siguiente. Total, que ya puedes petarlo a lo grande. Imagínate que te dan un 10 % y vendes 20.000 libros a 20 euros el libro: 40.000 eurazos. Ahora, aterrizamos y somos conscientes de que eso depende de muchos factores, ¿vale? Para empezar, nadie te va a hacer una tirada de 20.000 libros, ni te va a dar un anticipo de la leche si no eres, yo qué sé, ¡Eduardo Mendoza! En otras palabras, tú vas a querer que las cosas avancen a una velocidad a la que no van a avanzar y, entonces, cuando la hostia sea inminente, te darás cuenta de que, si no eres un best-seller (e incluso ahí deben haber subidas y bajadas, pero hablamos de otras ligas), no hay estabilidad que valga. 

Te vas a hartar de hacer mierdas que no te gusta nada hacer

Vamos, pues, al tercer punto. Publicar un libro supone un contrato con una editorial y, a su vez, actos de presentación y promoción, menciones en el Twitter y el Instagram y cosas chulis, ¿y después? El resto del tiempo se supone que vas a tener que estar trabajando para generarte un sueldo escribiendo, ¿no? Si los tiempos del editor son «curiosetes», ya sabes cómo son los del escritor, ¿verdad? ¿Te has fijado la cantidad de novelistas que colaboran también como columnistas para prensa o trabajan como profesores, publicistas o guionistas? Y, claro, por cada Pérez-Reverte en el XL Semanal o cada Javier Marías en el dominical de El País, la mayoría lo hace para llegar a fin de mes con cierta solvencia. ¿Y qué ocurre? Pues, a grandes rasgos, lo siguiente: o te aprietas el cinturón y empiezas a hacer durante un tiempo todo tipo de acciones extra de promoción (un blog, redes sociales, colaboraciones por aquí y por allá) hasta que te das cuenta de que no puedes crearte un sueldo de la nada o generas una marca personal que vinculas a tu perfil de escritor o escritora y vendes productos o servicios que ni fu ni fa: te haces community manager, escribes contenidos para internet; incluso hay quien se lanza al mundo de los negros literarios a los que explota Ana Rosa Quintana o a las novelas por encargo con pseudónimo. Todo ello, ocupaciones muy respetables, pero siendo conscientes de por dónde van los tiros.

En cualquier caso, coges todo lo anterior, lo metes en una coctelera, lo remueves y… te das cuenta de que eso no es lo que querías, ¿verdad? Hay excepciones, claro: en España, yo conozco el caso de Rafael Fernández (Ezcritor), que es un hombre «bastante multitarea» y se saca sus perras (según él mismo dice, a rachas más que suficientes; en otras, no le cabe un alfiler por el culo del agobio) con sus libros, su propia editorial y, si me apuras, con un par de huevos. Pero ya está. Seguro que hay más gente, está claro, seguro que hay mil formas en las que yo nunca he pensado, pero la realidad es que la mayoría sirven, sobre todo, como escaparate de tu talento y, cuando salen las verdaderas oportunidades, es buena idea tener cierta estabilidad que te permita trabajar en tu escritura. Yo aproveché ese tiempo para crear el primer borrador de una novela; después, la rehice entera con mayor estabilidad personal y profesional y, al final, mi conclusión es que correr e intentar apostar por la vía rápida solo me ha hecho avanzar más lento y a trompicones.

Mi conclusión (que no tiene por qué ser la tuya, pero a mí me funciona) es que te plantees la escritura profesional como la propia empresa. Muy poca gente puede montarse un negocio a los dieciocho, veinte o veinticinco; hay personas que se pasan media vida ahorrando y estudiando para poder lanzar su propio proyecto profesional, ¿verdad? Con la literatura pasa algo similar: nos han metido en la cabeza que Dostoievski (ludópata degenerado…) escribía novelones para pagar sus deudas de juego en tiempo récord y se los compraban, pero es que ni tú ni yo somos Dostoievski, ¿no te parece? Y aunque lo fuéramos, hoy existe una saturación en el mercado como jamás se había visto antes (que no digo que no se publique, ni mucho menos: se publica más que nunca). No quiere decir que, si eres bueno o buena, no vayas a triunfar, pero con escasas excepciones, nadie va a perder el culo por publicar tu novela el mes que viene. Las reglas están para romperse, claro que sí, pero los porcentajes dicen que te vas a dar una hostia, así que sé más listo o lista que yo, y haz las cosas paso a paso.

Bukowski fue cartero y, luego, lo petó.


NdA: Otras entradas interesantes que he encontrado sobre el tema son: Dejar tu trabajo para ser escritor, Cuándo dejar tu trabajo para dedicarte a escribir y Dejarlo todo para dedicarse a escribir, que es aquella que más me ha gustado.

* Ante todo, no estoy diciendo que uno no tenga que dedicar su mayor esfuerzo cuando crea —no importa que se dedique a pintar al óleo o a escribir novelas—, sino que dedicar una jornada laboral diaria a escribir —si no estás en disposición de hacerlo—, no tiene sentido y traerá siempre más problemas que beneficios.

El porqué del eje narrativo

Cuando empecé a darle caña a textos más largos habían dos cosas que me llevaban por el camino de la amargura: escribir por intuición y hacerlo con una estructura demasiado rígida. Vamos, que me costó encontrar el «punto medio» que andaba buscando.

Sin embargo, aunque sabía que tenía que organizar un poco aquello que quería narrar (soy un p*** caos), no tenía ni puñetera idea de cómo incorporar un eje narrativo al proceso, recurrir al mismo y sacarle partido. En parte, porque no sabía cómo se construía, de verdad, un eje narrativo, pero especialmente porque quería convencerme (vete tú a saber por qué) de que, cuando escribía, era más intuitivo que racional.

¿Qué es el eje narrativo?

Sobre este tema (el escritor intuitivo y racional) hay bibliografía a porrillo, como de todo ya, pero pasa de puntillas si lo comparamos con los tiempos narrativos, los puntos de vista, los tipos de narrador o los más variopintos recursos literarios. Y es curioso, porque entender que incluso aquellos que escriben por intuición necesitan unas líneas generales, le da la vuelta a muchos conceptos que suelen rondar por las cabezas. De algún modo, estoy convencido de que la falta de información (fidedigna) sobre el eje narrativo —más allá de algunos buenos manuales de escritura— está relacionado con lo anterior: si quieres informarte sobre esto, dos piedras, y el ahí tienes el lío padre. En fin, que voy a intentarlo yo:

El eje narrativo es el hilo conductor de la historia, el cual recoge los sucesos que les ocurren a los protagonistas y a otros personajes secundarios relacionados con la trama y, a su vez, se subdivide en núcleos narrativos que componen los grandes eventos de la narración.
Dicho de otro modo, se trata de una ampliación del típico esquema de introducción o planteamiento de la historia (que da comienzo con un detonante), un nudo (aparece un objetivo poderoso que el protagonista deberá resolver), un clímax (donde sucede el choque definitivo de las fuerzas dramáticas) y un desenlace (el conflicto y los subconflictos se resuelven y se cierra la historia).

Eje narrativo de Caperucita Roja

Para entender el eje narrativo y que a nadie más le ocurra lo que a mí, me he currado una explicación de los principales núcleos narrativos de un cuento clásico (versión de los hermanos Grimm, que no es tan chunga como la de Charles Perrault), donde podemos releer el cuento de Caperucita Roja y visualizar cuáles son sus núcleos narrativos. Por descontado, dependerá de la versión, pero los núcleos narrativos de Caperucita podrían ser:
  • Núcleo 1: La abuela de Caperucita está enferma y solo la niña puede ir a llevarle su medicina de vieja chocha (detonante) y un pastelito para que le pegue un shock glucémico.
  • Núcleo 2: Caperucita debe salir de casa y meterse en el bosque, que es muy chungo como todos los bosques antes de los runners y los senderistas. La madre le hace una advertencia o cuela por ahí un informante o algún indicio (luego vemos qué es esto).
  • Núcleo 3: Caperucita Roja, que no tiene muchas luces, se encuentra con el Lobo feroz (o sea, el antagonista de la historia), que le da a la niña mil vueltas corriendo, mordiendo y rugiendo, pero prefiere engañarla para llegar antes a casa de la abuela de Caperucita.
  • Núcleo 4: El lobo urde su malvado plan: engaña a Caperucita con el objetivo de llegar antes a casa de la abuela, que vive en medio del bosque, pese a que la vieja ya está medio impedida y con la casa sin adaptar para su edad (sin agarraderas en la ducha: imagínate).
  • Núcleo 5: Llega Caperucita Roja a casa de su abuela, pero como seguimos el punto de vista de Caperucita (si no, vaya gracia), no tenemos ni «repajolera» idea de que el Lobo feroz se ha zampado a la abuela (so ¡gerontófilo!) y se ha travestido para engañar a la niña (¿?). Nunca entendí esto: filias, supongo.
A partir de aquí, o viene un cazador (si eres de familia con licencia de armas) o viene un leñador (que casi es más bestia la cosa).
  • Núcleo 6: El Lobo intenta engañar a Caperucita para comérsela. Te preguntas por qué no se la comió en el bosque, ¿eh? Los psicópatas son raros… mira los tipejos que salen en Mindhunter, por ejemplo. En fin, sigo: Caperucita consigue zafarse de las dentelladas y escapa (clímax). Un tipo, digamos cazador nivel 7/leñador nivel 3 a lo Dragones y mazmorras, para que sea inclusivo y todo dios esté contento, salva a Caperucita y revienta al Lobo a tiros/hachazos.
  • Núcleo 7: El Lobo feroz agoniza, suelta una lagrimita y dice que el mundo lo ha hecho así. Caperucita Roja sonríe feliz y, en algunas versiones, el cazador/leñador rescata a la vieja de la panza del bicho, condenando a la pobre mujer a una jubilación de mierda, sin seguridad social ni grado alguno de discapacidad (desenlace).

Si unimos todos los núcleos obtenemos el eje narrativo. Los núcleos narrativos (sucesos principales) componen la novela, si bien alrededor puede haber todo tipo de sucesos secundarios (Caperucita espera ocho años y le regala su virginidad al cazador/leñador; añadimos un soliloquio de la madre de Caperucita, que es pastelera y viuda, el Leñador tiene problemas de incontinencia urinaria…) que no afectan al esquema principal de la historia.

¿Cómo sabemos, entonces, qué es un núcleo narrativo? Fácil: si cambias un núcleo narrativo, cambia la historia. En cambio, si modificamos algún elemento de conexión, el esqueleto no se ve afectado. Cuando me lo explicaron a mí, me dijeron lo siguiente: el eje narrativo es una cadena, los núcleos son los eslabones y yo agrego: el resto de elementos secundarios son las muescas, colores o formas de cada eslabón de la cadena.

Caperucita roja (DLH; 2)
—¿Y esos dientes que me enseñas…?
—¡Para comerte… mejor!
—Quiero ir al baño.
—¿¡Cómo!?

Catálisis, informantes e indicios

Por esta razón, la mayoría de las historias no son buenas o malas debido a sus núcleos narrativos (aunque estos son imprescindibles para la estructura), sino por elementos de conexión secundarios, como las catálisis, los informantes o los indicios. A través de estos últimos es como damos corporeidad a una narración y hacemos que avance, se detenga, vuelva hacia atrás, amplíe información, complete un vacío… Lo que hace guay la historia de la Caperucita es el ¡qué ojos más grandes tienes! y ¡qué boca llena de dientes, colega! y no tanto que una niña se vaya al bosque a ver a su abuela y se tope con un lobo chalado.

Los tres elementos secundarios de conexión narrativa más habituales son:

  • Catálisis, que son acciones secundarias cuya función es rellenar o retrasar las acciones principales. Las catálisis complementan, distraen, amplían, detienen el ritmo narrativo y, por encima de todo, describen. (Tras llegar a casa de la abuela, Caperucita Roja escucha ruidos en el interior, pasos acelerados, y descubre que la puerta está entreabierta… después, observa un pequeño reguero de sangre en el recibidor y… una voz ronca la llama desde una de las habitaciones.)
  • Informantes: datos que nos sitúan en un espacio y un tiempo determinado, aportan información concreta de los personajes. (Podría tratarse de una descripción de la vida tradicional en el pueblo de Caperucita, el baile regional de la zona u otros elementos que aporten contexto al lector.)
  • En cambio, los indicios son los más majos porque requieren de un trabajo de interpretación por parte del lector y remiten a un estado emocional o a un sentimiento. En la novela realista o naturalista esto era bastante raro, pero, hoy día, la literatura está llena de indicios en los textos. (Cuando Caperucita se encuentra con el Lobo feroz en el bosque, este le indica que coja uno de los caminos, pero hay algo en sus ojos que a la niña le da mala espina… En este caso, la niña es cortica y le sorprende cómo la mira un lobo parlante, pero ya me entiendes).

A grandes rasgos, eso viene siendo todo lo que se me ocurre qué puede ser interesante saber sobre el eje narrativo.

Para construir un eje hay que devanarse los sesos y estructurar cada uno de los núcleos. Una vez tengamos esto, deberíamos plantearnos escribir una sinopsis argumental y, cuando tengamos la sinopsis, valorar si nos vale la pena plantear una escaleta por capítulos antes de la escritura del borrador o manuscrito (de lo que sea que estemos escribiendo: relato, guion, novela, novelón). Esto dependerá de mil factores: a mí, por ejemplo, me ayuda preparar el eje y la sinopsis argumental, pero me agobia estructurar las cosas mucho más allá, así que no me obsesiono.

Quizá en una historia de ciencia ficción, una novela negra o un cuento a lo Sherlock Holmes (cuándo aparecen los indicios, qué se deduce, qué pistas son falsas, etcétera) puede ser bastante más necesario que en una historia de autoficción o en una novela de enamoramientos, pero, al final, todo depende de tu forma de escribir y con qué te sientes más cómodo o cómoda escribiendo.


NdA: Tanto hablar de Caperucita… relacioné conceptos y me acordé de Javier Gurruchaga y la Orquesta Mondragón.

Dónde escribir un libro (o lo que sea que estés escribiendo)

Esta entrada es un poco idiota (por eso la escribo yo, mira tú), pero, tras darle cuatro vueltas, me sigue pareciendo necesaria: hay un porrón de textos (y vídeos, y podcasts) en Internet sobre «cómo» escribir un libro (una novela, lo que sea), pero no ocurre lo mismo con «dónde» escribirlo, que no deja de ser algo mucho más importante de lo que, a priori, pensamos.

Escritores «cliché» de best-seller americano

Será que tenemos muy metido en la cabeza el típico cliché del escritor que se va a la cafetería  y repite «soy escritor, ¿lo sabías?» y apunta cosas en una libreta, y hace rayajos, o piensa mucho, y graba ideas en su smartphone a lo tipo pedante de peli ochentera o noventera de Woody Allen (apostaría que el tipejo del que hablo salía en Hannah y sus hermanas, pero quizá era en Maridos y mujeres, o en Manhattan). Incluso hay aplicaciones móviles que emulan ruidos y entornos, como un bar, una cafetería o el club de campo para inspirarte… mejor. A mi modo de ver, payasadas, pero habrá a quien le sirvan. Lo que sí está claro es que escribir una historia, una novela, un libro, un guion, es mucho más que sentarse y empezar a teclear (aunque, en esencia, es hacer eso mucho rato).

El cineasta Woody Allen en un capítulo de Los Simpson.

La dimensión desconocida

Cuando te lanzas de cabeza en un nuevo proyecto, escribir es un proceso creativo 24/7/365 y suele requerir de cierto «impasse» o tiempo muerto entre una historia y la siguiente. Pero el desarrollo en sí mismo se concentra siempre en un sitio: una habitación, un lugar, por lo que dónde escribir se convierte también en cómo escribir y, por esto, es tan absurdo que el dónde se pierda dentro del cómo con tanta facilidad. Menudo lío, ¿eh? En definitiva, vamos a ver cómo creo yo que se debería acoger la escritura y, luego, tú me dices que «nanai» y que tú escribes con los críos revoloteando a tu alrededor en el comedor de tu casa o con heavy metal a todo trapo a lo Stephen King, ¿vale?

Ante todo, necesitas un espacio propio, en el que estar relajado, a gusto, inspirado. Yo tengo dos, porque soy más chulo que un ocho: un trocito del comedor —tanto yo como mi pareja trabajamos en casa en una habitación-despacho y, allí, no siempre puedo quedarme a solas—, así como un tercio del comedor (escritorio, cajonera, ya sabes). En general, cualquier lugar que sea adecuado para estudiar, debería ser funcional a la hora de escribir: silencio, pocas distracciones, espacio para organizarte y mover todo el material (libros, apuntes, libretas, ordenador, bolígrafos, pizarra, etc.).

Contar con una zona que solo utilizas para eso, si es posible, es la leche, porque te permite abstraerte y evitar cualquier tipo de distracción: en mi caso, intento tener Internet a mano para posibles consultas y reservar entre una y dos de tiempo diario a la lectura y la escritura.

Hablando de malos sitios donde ponerse a escribir… Brian Griffin no ha tenido una gran idea.

Escribir cuando no estás escribiendo

Dicho esto, para mí, la escritura no empieza ni termina en esa sala (o salas). ¿Cuántas buenas ideas aparecen paseando, duchándose, comiendo o cag… o leyendo el periódico? Muchas, en realidad. Los seres humanos piensan con los pies, y muchos escritores también.

Mis tres grandes trucos son:

  • Lápiz y papel (una libreta) a mano siempre que sea posible
  • Móvil y notas de voz (sí, también hago esa pedantería de grabar audios: ¡es útil, joder!). En mi caso, me creé un grupo de WhatsApp para mí (bueno, invité a no sé quién y le eché del grupo) y allí apunto ideas estúpidas y otras no tan estúpidas
  • Reservar un tiempo semanal para aburrirme: hacer cosas, en casa y fuera, que nos aburran también es algo imprescindible para el pensamiento (desde niños), para organizar ideas, para sentarse a escribir con la cabeza mejor amueblada que el día anterior

Cuando el dónde se convierte en cuándo

Dónde escribir no solo acoge un espacio, además, sino también un tiempo. Habrá mucha gente a la que le encantaría escribir de 7:00 a 9:00 pero tiene que desayunar, llevar a los niños al colegio y largarse a trabajar. A mí, por ejemplo, de 8:00 a 10:00 son las horas que mejor me han ido siempre (y ahora mismo no estoy escribiendo en esos horarios por temas laborales), pero también hay aquí dos puntos que considero imprescindibles:

  1. Tratar de escribir todos los días es la forma de crear una buena rutina (no siempre hay que tratar de escribir best-sellers: artículos, entradas de blog, ensayo, cuentos cortos, microrrelatos… ¡no habrá cosas!). Dedicar un rato al día supone afrontar que hay días en los que no sale nada y otros asombrosamente productivos: también aquí hay todo tipo de opiniones, hay quien para de escribir cuando está «on-fire» y a mí, en cambio, cortar esa inercia narrativa me parece una locura, incluso para ir a mear. Quizá hay gente que prefiere escribir tres días por semana, o cuatro, o dos, allá cada cual.
  2. Mantener, siempre que sea posible, horarios similares también genera previsibilidad y nos ayuda a prepararnos para la escritura. Si yo tengo que sentarme a las cinco de la tarde o no escribir, prefiero escribir de cinco a seis que no hacerlo, pero si puedo hacerlo en un horario más funcional, mejor que mejor. Sin embargo, en cualquiera de las dos situaciones anteriores, saber que voy a tener un rato para escribir, me ayuda a darle vueltas y a prepararme para ello.

En relatos o proyectos de largo recorrido…

Como hábito adquirido, cuando escribo un relato largo o una novela, por ejemplo, suelo empezar releyendo todo lo que hice el día anterior, corrigiéndolo, reescribiendo ligeramente y, esta acción, de algún modo, favorece la inercia narrativa entre un día y el siguiente. Otras personas prefieren leer, pero dejar las correcciones o los cambios para más adelante: desde mi punto de vista, cada texto se reescribe cien mil veces, así que una más o una menos… Por descontado, aquello que no hago es centrarme a corregir ese texto durante más de 10 o 15 minutos, pues la idea es favorecer la continuidad y seguir donde lo habíamos dejado (ya habrá tiempo para reescribir, como digo).

De cualquier modo, los manuales de escritura están repletos de estos pequeños «trucos», así que puede ser buena idea echarle una ojeada a un par con el objetivo de quedarte con algunas buenas prácticas: uno (re)típico, ya que he mencionado antes a su autor, es Mientras escribo, de Stephen King, por ejemplo.

Bloqueos de escritor cuando tienes tu propio espacio

Por último, la hoja en blanco (sobre los bloqueos de escritor ya hablé en el blog) suele ser más fácil de vencer cuando separamos la figura del creador de la del crítico que todos llevamos dentro. Cuando escribes, escribe; cuando corriges, corrige. Los dos papeles son necesarios, pero escribe por placer y, luego, ya habrá tiempo para despedazar una y mil veces el texto.

De algún modo, también parece más fácil concentrarse cuando tienes un espacio propio donde escribir y organizar todo tu material. Pero no te engañes: habrá días en los que no salga nada, a veces, incluso semanas o meses. Yo me obligo a escribir de lo que me apetece: eso de escribir sobre temas que no me gustan o interesan lo dejo para otros; en mi caso, si me aburro o me deja de interesar: cojo el papel, hago una bola, la tiro y a otra cosa (o borro el documento de texto). Con un libro, hago exactamente lo mismo: lo cierro y empiezo otro que aún me puede apasionar.

Cómo empezar una novela: trucos, ejemplos y ¿cebos?

La primera página de una novela es un cebo que el lector debe morder. Es una de esas cosas de las que no te puedes olvidar y, si crees que puede ocurrir, tatúatela en la jeta. A nivel editorial, ese trocito del papel es fundamental: si no engancha, todo lo demás cae por su propio peso. El cine y la televisión hacen lo mismo con los inicios, pero nadie tiene tan poco tiempo para escoger un título como el lector de novelas en una librería: portada, contraportada, ojea algunas páginas por encima (como mucho, lee los primeros párrafos) y toma una decisión. Se trata de un pacto no escrito con el autor, como dice Jaume Cabré, pero no es más que parte del propio pacto que corresponde a cualquier ficción. Vamos, que tú te pateas la Casa del Libro buscando en qué gastarte quince o veinte pavos y, por lógica, vas a pillarte algo que empiece como Pulp Fiction de Tarantino y no como Roma de Alfonso Cuarón, y este ejemplo viene que ni al pelo, ya que las reglas están para romperse, pero lo que funciona, funciona.

«No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él».

Corazón tan blanco (Javier Marías, 1992)

Alguien me dijo que Juan Marsé solía comentar que las primeras páginas de una novela debían atrapar al lector (agarrarlo bien y no soltarlo ya), pero, sobre todo, debían ser o pretender ser una síntesis del tema central del texto. No he encontrado esa afirmación de Marsé en ningún sitio, pero me la creo: esto ocurre en Rabos de lagartija o en Últimas tardes con Teresa, ¿no? En fin, que tan importante es que un inicio impacte como que plantee lo que desea cumplir. De ahí que se reescriban una vez, y otra, y otra vez…

Hora crepuscular. Un guardillón con ventano angosto, lleno de sol. Retratos, grabados, autógrafos repartidos por las paredes, sujetos con chinches de dibujante. Conversación lánguida de un hombre ciego y una mujer pelirrubia, triste y fatigada. El hombre ciego es un hiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales, Máximo Estrella. A la pelirrubia, por ser francesa, le dicen en la vecindad Madama Collet.

Max: Vuelve a leerme la carta del Buey Apis.

Madama Collet: Ten paciencia, Max.

Max: Pudo esperar a que me enterrasen.

Madama Collet: Le toca ir delante.

Max: ¡Collet, mal vamos a vernos sin esas cuatro crónicas! ¿Dónde gano yo veinte duros, Collet?

Madama Collet: Otra puerta se abrirá.

Max: La de la muerte. Podemos suicidarnos colectivamente.

Madama Collet: A mí la muerte no me asusta. ¡Pero tenemos una hija, Max!

Max: ¿Y si Claudinita estuviese conforme con mi proyecto de suicidio colectivo?

Madama Collet: ¡Es muy joven!

Max: También se matan los jóvenes, Collet.

Luces de bohemia (Ramón del Valle-Inclán, 1924)

El primer párrafo de una novela (bueno, Luces de bohemia no es bien, bien una novela, ya lo sé, pero con esas acotaciones imposibles tampoco es la típica obra de teatro, ¿no te parece?) debe empezar con algo que llame la atención al lector. Hay que intrigar, sorprender, cabrear. No importa que planteemos un hecho transcendental o, simplemente enigmático, chocante o atractivo, pero sí que debería poner en marcha el mecanismo de la narración. Una buena opción puede ser coger un momento de mucha tensión del eje narrativo, por ejemplo, y plantear un inicio in medias res, puesto que generarás preguntas en el lector que, más tarde, la propia historia se encargará de responder. Pero también una situación menor o que desafíe lo políticamente correcto puede valer: Chuck Palahniuk es un crack en esto, aunque las cosas últimamente no le van demasiado bien.

Pintura de autor(a) desconocido(a) que retrata a Nick Belane y a la Señora Muerte, quien fuma de espaldas al espectador.

Otro ejemplo, de lo último de Bukowski:

Yo estaba sentado en mi oficina, mi contrato de alquiler había vencido y McKelvey estaba iniciando los trámites para deshauciarme. Aquel día hacía un calor del demonio y el aire acondicionado se había roto. Una mosca se paseaba lentamente por encima de mi escritorio. Extendí el brazo con la palma de la mano abierta y la puse fuera de juego. Me estaba frotando la mano con la pernera derecha del pantalón cuando sonó el teléfono. Lo cogí.

-¿Sí? -dije.

-¿Ha leído usted a Céline? -preguntó una voz femenina. La voz era bastante sexy y yo llevaba mucho tiempo solo. Décadas.

-¿Céline? -dije-. Ummm…

-Quiero a Céline -dijo ella-. Tengo que conseguirlo.

Aquella voz tan sexy me estaba poniendo realmente cachondo.

-¿Céline? -dije-. Deme alguna información. Hábleme, señora, siga hablando…

-Súbase la cremallera -me contestó.

Miré hacia abajo.

-¿Cómo lo sabe? -le pregunté.

-Da igual. Lo que quiero es a Céline.

-Céline está muerto.

-No lo está. Quiero que le encuentren. Quiero tenerlo.

-Puedo encontrar sus huesos.

-No, estúpido, ¡está vivo!

Charles Bukowski, Pulp (1994)

A grandes rasgos, lo que he aprendido es que te aprendas las normas para romper las normas, porque las normas aburren. Pero:

  • Las primeras páginas de una historia tienen que poner algo en movimiento: la novela se está cobrando todo lo que el cine le ha robado, ¿sabes?
  • Al inicio, estás fijando las reglas del mundo que vas a narrar: no es buena idea empezar con alguien soñando o una introspección y tampoco con elementos que no vayan a aparecer en la historia solo por sorprender, porque estás mintiendo, y jodiendo el pacto ficcional, y la confianza que el lector ha puesto en ti
  • Tampoco es lugar en el que vomitar un montón de información o describir las baldosas del jardín de la abuela del protagonista: buscamos un momento que introduzca la historia y si puede recoger la esencia de lo que vamos a narrar ya será la hostia
El club de la lucha es la novela más conocida de Chuck Palahniuk. En 1999, David Fincher la adaptó al cine. Escribí sobre en qué cree Tyler Durden (y II),

De las notas de mis clases de novela, he extraído doce puntos por si le sirven a alguien más. Transcribo, tal cual:

  1. Debes llamar la atención: olvídate de las premisas de la novela realista
  2. Solo importa asistir a un hecho trascendental
  3. Los primeros párrafos deben poner algo en movimiento
  4. Aquí no es cuestión de irse por las ramas: frases cortas; ve al grano
  5. Podemos dar una pista para ubicar al lector en un momento espacio-tiempo
  6. Fijamos las reglas desde el inicio: si hay magia, hay magia; si el mundo se ha ido a la mierda, se ha ido a la mierda
  7. Ahora mismo, al lector se la sopla la historia de fondo (backstory)
  8. Empieza con una pregunta retórica: puede ser literal, o no serlo
  9. Provoca (o genera empatía), para que el lector se quede contigo el tiempo suficiente
  10. Comienza con algo gracioso (pero asegúrate de que lo es, porque ser gracioso es jodido de cojones)
  11. Promete un conflicto: ¿vencerá Rocky a Apollo Creed?, ¿escalarán el Everest?, ¿podrá Homer cruzar la Garganta de Springfield con un monopatín?
  12. Ofrece una experiencia puramente emocional

No tienes ni puta idea de cómo hacer todo eso. Bienvenido/a al club. Supongo que esa es parte de la gracia: descubrir cómo puedes ofrecer algo nuevo o que diga algo muy viejo de otra forma. En mi caso, por ejemplo, me ha costado mucho empezar a encontrar el punto entre la falta de descripciones y el hiperdetallismo. Hoy, el realismo o el naturalismo nos quedan muy lejos y no tiene ningún sentido caer en descripciones kilométricas (sí, hay gente que lo hace y le queda de puta madre), porque ya leemos el todo dentro del detalle. ¿Qué vas a hacer? ¿Empezar una historia como lo hacía Jack London?* En teoría, ya no podemos hacer eso.

Rocky (John G. Avildsen, 1976) cuenta una historia que ya se había explicado miles y miles de veces en la literatura, e incluso en el cine, pero lo hace de un modo distinto.

En las primeras páginas, esos detalles que terminan de completar la escena son todavía más importantes, puesto que apenas hay espacio. Por descontado, serán importantes en todo el texto, pero al inicio es mucho más importante saber observar la propia escena que estás creando y transmitir una impresión verosímil en el lector. Los buenos detalles son los que crean impresiones imperecederas, como el sombrero fedora y el látigo de Indiana Jones o la forma en la que un condenado a muerte sortea un charco para no ensuciarse las botas camina a la horca.

En fin, que hay buenas novelas con malos comienzos, pero no hay malos comienzos en buenas novelas.** Al final, algo significará, digo yo.

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!» O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.

Si una noche de invierno un viajero (Italo Calvino, 1979)


* Me compré hace poco la edición ilustrada de La llamada de lo salvaje (Jack London, 1903) de Nórdica Libros y me ha encantado, por cierto.

** Dejo aquí 10 inicios de buenas novelas por si le inspiran a alguien

¿Quieres escribir un blog personal?

Llevo ocho años publicando entradas en este blog. Un blog que no sé muy bien cómo empezó más allá del «típico sitio donde escribir bobadas», pero con el que diría que he conseguido dos cosas que busco en casi todo lo que hago: ser mejor en esto y ser mejor persona. No, pasta no he sacado (bueno, directamente no), aunque yo no soy mucho de intentar sacar pasta de cualquier cosa que hago: ese gen se lo quedó otro. Además, cada vez es más difícil conseguir ingresos por escribir un blog. Tras las vacas gordas —allá por el dos mil y poco—, generar contenido de éxito te abre más puertas que duros te entran en la cuenta corriente: vamos, que no deja de ser un mero escaparate.

Lisa de cosplay de Alicia en el país de las maravillas. Se lo ha tomado en serio.

Claro que sale gente que se lanza a escribir en WordPress, y le dan premios, y se convierte en un/una influencer de esos, y se pega la gran vida. Bueno, supongo que los habrá, o los había, porque ahora todo eso ha saltado a YouTube y a Instagram, ¿no te parece? Hoy, te lees un artículo sobre blogueros famosos como el de Ciudadano 2.0 y te da un poco la risa (y eso que tampoco es tan, tan viejo; el artículo, digo). Es normal: los canales cambian. El blog queda para vender la marca personal, para aprovechar los últimos coletazos de meter anuncios y coger cuatro duros por publicidad o para fusionarse con otras plataformas. Aquellos blogs con cuentitos, como el de Hernán Casciari, o con experiencias rocambolescas como el de El sentido de la vida quedaron atrás. Quedan blogs, muchos blogs, pero cada día son más lo que los diarios en papel a Internet. No van a desaparecer ni mucho menos, pero «the most», lo innovador, está pululando por otros lares.

Un blog personal es lo que es (aunque parezca tonto decirlo)

Hoy, quizá (no lo creo) hay más direcciones web que nunca en la blogosfera, pero parte de su relevancia se ha perdido (por algo a partir de este año cobran 6 € por inscribirte en los Premios 20Blogs del 20 Minutos, y su gran qué no es pasta ni premios, sino un espacio en los blogs destacados del diario web).

Si no eres George R. R. Martin, J.K. Rowling o James Patterson, a los «juntaletras» no nos ofrecen demasiado y, ya ves, pongo ejemplos de gente que escribe libros, no blogs (bueno, excepto George, que yo sepa, y quién sabe qué fue primero, si el huevo o la gallina). Lo más que vas a sacar con un blog personal son oportunidades en otros medios y date con un canto en los dientes. Ahora bien, si quieres tener un espacio propio en el que seguir escribiendo con ganas (y puede que suene la flauta, ¿o no?), ahí sí puedo ayudarte un poco y, es más, esa es la primera condición, porque si no es divertido, no vale la pena.

¿Siguen los blogs siendo un canal estupendísimo para formarse e informarse? Claro, y para debatir, compartir opiniones y descubrir nuevas voces. En el otro lado está el pero: y el pero es que hay mejores espacios para transmitir contenidos de una forma rápida y directa para su consumo. Se suma el hecho de que un blog personal siempre tendrá más complicado generar visitas, porque mientras que uno profesional suele tratar temas que, potencialmente, muevan a miles y miles de personas, un blog personal, por regla general, está centrado en el punto de vista del autor con relación a.. bueno, a todo tipo de cosas, ¿no? El error, sin embargo, es intentar hacer lo mismo en YouTube que en WordPress, o en un blog personal de lo que harías en otro profesional, pero si lo que quieres es escribir un blog y pasártelo genial, quizá estos consejos funcionen.

A ti te hacen homenajes como a George, ¿eh? Pues eso, a seguir escribiendo tu blog.

Uno. Todo requiere rutina, pero si no es divertido, no vale la pena

A ver si te sirve mi experiencia: después de publicar De cómo los animales viven y mueren, empecé a dedicar muchísimo tiempo a escribir entradas sobre animalismo y ética animal (tanto en este blog como en páginas y medios de terceros), a preparar presentaciones, a realizar charlas, a devanarme los sesos. En mi cabeza tenía todo el sentido del mundo: la editorial estaba haciendo equis promoción, consiguiendo oportunidades para difundir mi trabajo (en la radio, en la prensa, en espacios relacionados) y yo también podía (¿debía?) abrirme paso para conseguir más y más relevancia para el texto y el equipo que había detrás. Al final, el blog se convirtió, allá por 2017, en una herramienta de promoción en la que muchas de las cosas que me gustaban (narrativa, medios audiovisuales, columnas de opinión, etc.) ya no parecían tener cabida. Entonces, comencé a escribir menos (aquí) y a dedicar tiempo a otras cosas: a un posgrado, a replantear un libro, a seminarios de fin de semana, a una escuela de escritura…

En su momento, lo achaqué a la falta de tiempo (entre responsabilidades y el día a día: que también, supongo). No obstante, un año y medio después, nada ha cambiado en lo que a disponibilidad se refiere, y vuelvo a tener muchas más ganas de dedicar un buen rato aquí cada semana. Por descontado, durante estos dos o tres años, también he estado escribiendo una novela, lo que lleva sus cientos y cientos de horas, pero, en otro momento, eso no hubiera sido más que un «daño colateral» o un picor en la nuca que me avisaba de que me organizase un poco mejor o no me exigiese tanto, tanto. Escribir un blog es una rutina, y cuanto más lo hagas, mejor te lo vas a pasar, pero a excepción del trabajo para vivir, la mayoría de cosas que no son divertidas, no valen la pena. Y, ¡ojo!, siempre hay formas de hacerlas divertidas: estemos hablando de hacer ejercicio, de escribir o de la vida en general.

Dos. Haz cosas y, luego, escribe

Yo qué sé. Vete de museos, hombre.

Hay un montón de escritores que pensaban con los pies; otros preferían el escritorio de su despacho. Escribas un blog o Cien años de soledad —no sé, aquí me pega esa novela— siempre vas a necesitar sentar el culo en una silla y ponerte a teclear, pero el proceso no tiene nada que ver. Puedes escribir de lo que vives o puedes escribir sin necesidad de vivir, pero ninguna de las dos es contraria a vivir de lo que escribes o vivir lo que escribes. En mi caso, cuanto menos hago, menos ideas tengo: centrar todo el proceso en la escritura y limitar cualquier otra experiencia es la mejor forma que yo tengo para quedarme sin temas. Los tiempos de mayor actividad nunca me han saturado, sino que me han inspirado, pero, claro, esto es un truco que funciona conmigo: ¿me bloqueo? leo, salgo de fiesta con los amigos, hago un viaje, me voy a descubrir un rincón de la ciudad, vivo una aventurilla en compañía canina (como diría mi perro, si pudiese: casi todo está por oler). Haz algo, lo que sea, pero haz cosas y, luego, escribe.

Tres. Escribe de lo que te gusta

Por deficiente o incompleto que sea cualquier proyecto en un inicio, si te apasiona, encuentras el camino. Aunque seamos más hippies que los amigos de la madre de Homer Simpson, nos va a tocar hacer un montón de cosas que no nos apetecen demasiado. Por lo menos, escribe de lo que te gusta. Siempre va a haber gente a quien le apetezca leer sobre perros braquicéfalos, pintores impresionistas franceses o teoría económica neoliberal. Vamos, lo que dicen las abuelas, que siempre hay un roto pa’un descosido, así que aprovéchalo. La otra opción es ponerte a escribir cosas que crees que le van a gustar a los demás (para eso, intenta escribir algo por lo que te paguen directamente, hombre) y tanto traicionarte a ti mismo/a como mandar la autenticidad a tomar por culo, porque pocas cosas hay peores que fingir lo que no eres.

Cuatro. La actualidad inspira o desespera, pero da temas de los que escribir

En la mayoría de los blogs (excepto si escribes sobre cruzados españoles en Tierra Santa, o cosas así) vas a tocar temas de actualidad. Puede que la actualidad se traduzca en analizar Los Caín de Enrique Llamas, Ordesa de Manuel Vilas y Problemas de identidad de Carlos Zanón para tu blog literario, aprender sobre el infierno de las rehalas y la montería que sufren los perros de caza en España o en escuchar el podcast con lo último del Captcha de Xataka para enterarte de qué avances se están produciendo en IA, bioética y posthumanismo. Yo qué sé: puede que escribas sobre influencers y leas el Quore para hacer una antología del culo de la Kardashian (spoiler: ya lo hizo alguien). Lo que sea. En cualquier caso, una buena lista de feeds y muchas ganas de seguir descubriendo cosas nuevas te ayudarán a generarte una opinión y unas cuantas ideas que trasladar al blog. Quizá este punto parece un poco estúpido y, sin embargo, ¿cuánta gente se ha sentado a escribir y no sabía de qué? Una búsqueda activa siempre inspira y, si te paseas por las noticias de política y sociedad, quizá también desespera.

Hablar de actualidad será suficiente: no hace falta adivinar el futuro como hacen Los Simpson.

Quinto. Un blog solo es un blog.

Si no confundes desvalorizar con relativizar, relativizar siempre va bien. Un blog solo son entradas sobre un tema (o muchos) que se interrelacionan (o no) y que, a ti, te sirven para escribir acerca de lo que te apasiona, inspira o seduce. Cuando empiezas a darle demasiada importancia a lo que debes frente a lo que querías, conviertes un pasatiempo en trabajo y eso no era lo que buscábamos aquí, ¿no? Aun así, cuando uno escribe como trabajo (como estos chicos tan majos del blog 40defiebre, o un servidor) descubre que el éxito siempre es relativo frente a la constancia y que, si no te lo pasas bien, te va a salir un mojón, porque siempre hay gente a quien le apasionan las anémonas, el Bronx de los setenta o el barranquismo y el psicobloc.

Delirio número 57: «Enviar el manuscrito a una editorial y ser aceptado a la primera»

Hace un par de años, creía que tenía el manuscrito de una novela y, en realidad, no tenía nada. El bofetón siempre es duro, pero cuanto antes mejor. Por esas fechas visitaba, a menudo, Miserias literarias, una bitácora (a ese blog «vintage» hasta le pega el concepto, que ya es pelín matusalénico) en la que un tipo, que decía ser escritor y llamarse José (vete tú a saber), solventaba dudas habituales de juntaletras novel. Aunque no se estila mucho, esas entradas aparecen, de vez en cuando, por Internet: El Huffington Post, por ejemplo, conserva otro texto del escritor-barra-guionista Carlos García Miranda en el que trata temas de contratos, royalties, agentes y algo, a priori, tan obvio como presentar a la editorial un libro terminado. Dicho así, parece una tontería escribir sobre estas cosas, pero es que ni dios te cuenta cómo se maneja el mercado y cómo debes moverte tú en él, ¿sabes? O sea, que al final es útil de cojones y esa gente vale un potosí.

—Escribir una buena novela es como pelar una naranja…
—¡Eh! ¡Aquí no hemos venido a ver pelar naranjas!

Si eres seguidor de este blog desde hace tiempo, quizá te sorprenda que yo comente algo así, ¿no? Puede que te suene que, a finales de 2016, publiqué un libro de ensayo a través de la editorial Diversa Ediciones (De cómo los animales viven y mueren), por lo que, de entrada, lo lógico sería pensar que tuve que patearme una decena de editoriales hasta dar con una que quisiera publicarme un libro de ética, pero no. En esto tuve una flor en el culo: fueron los editores quienes se interesaron por algunos de mis textos. La parte mala es que, ahora que tengo un manuscrito de novela que empezar a mover, poca idea tenía de por dónde empezar (si te pasa algo similar, yo empecé por aquí: «12 pasos para enviar tu manuscrito a una editorial y que no vaya directo a la basura»). En fin, a lo que iba: pese a los dolores de cabeza, o quizá gracias a ellos, me he dado cuenta de que, a quienes nos gusta escribir y tratamos de publicar, hay muchos asuntos que nos quitan el sueño —desde el bloqueo del escritor a la espera de respuesta por parte de una editorial o el por qué sí/por qué no frente a la autopublicación—, así que se me ha ocurrido que escribir sobre estas cuestiones puede ser divertido (y catártico, incluso).

Un manuscrito, ¿eh? Le responderemos entre 60 y 180 días: ¡suertudo!

Desde finales de 2017, si no recuerdo yo mal, asistí a un curso de año y medio sobre novela en el Laboratori de Lletres (una escuela de escritura similar a la que tienen en el Ateneo barcelonés). El primer día me convencí de que estaba en el lugar indicado, cuando el escritor Carlos Luria nos dijo que leer era mucho más de la mitad de escribir (porque siempre lo he creído), y senté el culo en una de esas sillas del aula con suelos de baldosa hidráulica y techos de molduras blancas, y escuché, reí, garabateé folios y disfruté como un enano.

Una de las últimas clases de aquel curso extensivo, Luria la reservaba para hablarnos sobre el sector editorial y, cuando me flojea un poco ánimo de «intento de novelista», son esas notas las que me sirven para relativizar, coger fuerzas y volver a la carga una vez más. Se trata de un popurrí de apuntes similar a esta entrada de Tregolam sobre cómo mandar un manuscrito a editoriales españolas, pero también ofrece claves para entender por qué te puedes dar con un canto en los dientes si una editorial te envía un acuse de recibo y un tiempo estimado en el que aceptar o rechazar el manuscrito que les has enviado.

Bueno, allá vamos. Seas quien seas, espero que te sirvan.

¡Hola, buenas, editorial española! ¿Cómo está usted de salud?

¿Hay una crisis del sector editorial? Ni de coña. Las ventas de 2018 subieron un 6,6 % frente a las de 2017 después de continuas caídas hasta el 2009/2010. De todos esos libros, el digital creció un 17 % y ocupa un 5 % del mercado (el gran bum del libro digital, por ahora, no se ha producido): esta cifra, que no parece muy relevante frente al total, a mí me indica que optar solo por publicar en formato «eBook» tiene poco sentido, sin embargo, no me atrevería a decir que no hay ningún autor/a en la faz de la Tierra que se gane la vida publicando (únicamente) en digital. Por el volumen de mercado, no me parece una gran opción, pero sí que es cierto que una editorial te dará entre un 8 y un 12 % (¡ja!) del P.V.P. (Precio de Venta al Público) de cada libro en papel y, ese porcentaje, puede incrementarse hasta el 50 % en un libro digital (aunque son más habituales porcentajes como el 20 o el 30 %, según he podido saber). El contratiempo aquí es que un libro en papel tendrá un coste de, por lo menos, 15-18 € de P.V.P. mientras que un libro digital suele ser la mitad o una tercera parte de este importe.

Soy LA EDITORIAL y aquí mando yo, escritorzuelo de chichinabo.

En España, hay alrededor de 3.800 editoriales, un 0,001 % (por inventarnos una cifra ridícula, pero bueno, 4 o 5: Planeta, Penguin Random House Mondori, etc.) son grandes empresas editoriales, menos de un 1 % son editoriales medianas y la gran mayoría son pequeñas editoriales que están como locas buscando nuevas voces para generar ingresos. En teoría, con estas cifras parece ser que siempre hay una editorial para un buen libro. Como contrapartida, mientras que Planeta puede publicar 300 títulos cada año, una editorial pequeña o mediana tiene que intentar asegurarse el tiro mucho más, pero también hace que estén (las pequeñas, o medianas, digo) mucho más predispuestas a las nuevas voces.

Por descontado, eso no tiene nada que ver con la editorial que tú buscas para tu libro: está claro que ya puedes ser bueno o buena, si quieres debutar en las grandes ligas, pero oye, ¿quién sabe? En cualquier caso, el tamaño de muchas de estas editoriales agrega otro problema: a veces, es difícil rastrear qué línea editorial (o filosofía) siguen y comprobar si puede encajar bien con tu manuscrito. Esta es una de las típicas situaciones donde entra, o puede entrar, el agente literario.

¡Está claro! Lo que necesito es un… agente literario (bueno, o quizá no)

En mi caso, mientras escribía la novela, una gran agencia literaria estuvo interesada en el texto, pero, al final, aquello quedó en nada. Me lo dijeron clarito: «Chaval, esto es un negocio y los nuevos autores os tenéis que buscar la vida.» Más allá de esta primera toma de contacto, tengo sentimientos contradictorios con los agentes, pero no solo por mi (muy breve) experiencia. Te explico. Una agencia es un empujón muy grande para la carrera literaria de cualquiera: a priori, una vez te acogen bajo su ala, se debería partir los cuernos para conseguirte una editorial e incentivar la promoción de la obra, porque se van a llevar alrededor del 15 % de todos tus ingresos. No obstante, hay un problema. Puede que una gran agencia «lleve» a demasiados autores para centrarse en promocionar tu trabajo y, todo lo contrario, que una pequeña no tenga los recursos reales para que, llegado el caso, valga la pena renunciar a ese porcentaje (nada desdeñable) de ingresos por el impulso que le va a dar a tu perfil profesional.

Suele decirse que, durante la promoción, donde no llega la editorial, llega la agencia, pero, de nuevo, dependerá del tamaño de la agencia. Aun así, hay un tercer contratiempo que no deja de ser el más jodido: si quieres agente, toca duplicar el trabajo y el tiempo de búsqueda, ya que conseguir que una agencia se fije en ti no difiere demasiado de las acciones que debes llevar a cabo para buscar editorial. Por supuesto, si no has terminado desesperándote por el camino, una vez cuentes con un agente, habrá un contrato formal entre ambos que protegerá a todo quisqui (a ellos, a ti) y un plus de seguridad ante posibles abusos con la edición.

¿Y qué coj*** hago? Consejos sobre cómo mandar el manuscrito a las editoriales

Bueno, así está el panorama. Con el manuscrito en la mano, te cogen dudando sobre agente sí o agente no. Al final, es una decisión personal y, si te publican y te haces un J.K. Rowling, luego las agencias sí que se van a tirar de los pelos por ti. Pero a miles de kilómetros del país de la piruleta, la realidad es que tanto agencias como editoriales están hartas de tanto manuscrito. Olvídate de que le echen un ojo a libros con errores de ortotipografía o estilo, que no peguen con su línea editorial o que tengan 500 páginas: si nunca has publicado, 200 hojas ya son palabras mayores (existe una tendencia a la baja desde hace una década).

Se han puesto exquisitos y, en parte, hay que entenderlo: leía en el blog de la editorial Letra de palo algunos de los porqués (modelo de negocio, riesgos tangibles e intangibles, etc.) y, ¿qué quieres que te diga? Se entiende. Piensa que esto no es el mundo contra los escritores/as, siempre hay otras variables a tener en cuenta.

Si tras leer tu manuscrito (un fragmento, por regla general), la editorial considera que es una buena oportunidad de negocio, lo siguiente que harán será encargar una lectura profesional (una buena opción, si te la puedes permitir, es hacer este ejercicio antes de enviar el manuscrito y contratar tú a un lector profesional). Una vez hecha la lectura o lecturas, el profesional escribirá dos informes para la editorial (uno literario, otro comercial) y esta tomará la decisión final (que, a estas alturas, si el lector ha dado el OK será… que sí, hombre, que te publican casi seguro).

Los tiempos son otra historia. Desde que enviaste tu manuscrito a la editorial hasta que recibes respuesta —si la recibes, porque hay cientos de agencias y editoriales con el típico mensaje del si no te decimos nada en tres meses, ¡te hemos descartado, majete!— pueden pasar desde 60 días a medio año sin problemas. Al fin y al cabo, lo mejor es meterse en la cabeza que el tiempo de un escritor poco tiene que ver con el de un editor o el de una editorial, que no deja de ser una empresa.

Procrastinar: definición gráfica.

¿Y qué podemos hacer entonces? Primero, asegurar la jugada (editorial correcta, buena historia, estructura profunda y superficial equilibrada, sin un excesivo número de páginas) y acompañarlo de un correo, una carta de presentación y una propuesta editorial que hablen bien de nosotros y que no den pie a malas interpretaciones.

Tras múltiples cagadas, a mí hay dos cosas que se me han quedado grabadas: la importancia de la sinopsis argumental (y sus diferencias con una sinopsis literaria, que seguro que nadie te ha pedido) y que ni dios deje su trabajo para hacerse rico con la escritura. Puede pasar, claro, ahí están Bukowski, Harper Lee o Faulkner, pero nadie te asegura que, de un día para el otro, vas a poder vivir de tus textos: es más, el porcentaje que lo consigue solo de sus novelas es irrisorio y son escritores con varios best-sellers a cuestas. Sobre esto último, tengo una opinión en gradación de grises, así que voy a matizarla: si bien creo que no tener un sostén económico es más limitante que dedicar unas horas diarias a una actividad laboral distinta a la escritura (y he tenido la oportunidad de no trabajar durante un periodo de tiempo y ver cómo afectaba a mi escritura), también considero que hay trabajos que te condicionan más que otros: en mi caso, un trabajo mecánico o burocrático, por ejemplo, me limitaría mucho, mientras que un trabajo más creativo o de dirección, no me supone tantos problemas para compaginarlo con escribir unas horas al día. Además, aunque no siempre se tiene en cuenta, los derechos de autor se cobran una vez cada año (por norma, entre marzo y abril). Mucha pasta hay que sacar de las ventas anuales para aguantar doce meses sin trabajar en nada más…

En aquella clase de la escuela de escritura también nos hablaron del índice Nielsen, de cuándo y por qué plantearse publicar con seudónimo, de certámenes y concursos literarios. Todo eso queda para otro artículo que ya aparecerá por aquí, supongo yo. Por ahora, si me tuviera que quedar con algo, es que hay que seguir creyendo en lo que uno hace, reservando esa voz crítica que todos tenemos para cuando resulta necesaria (durante las reescrituras, cuando toca asumir fallos, etcétera) y relativizar, porque, incluso cuando publicas, los derechos de autor llegan cuando llegan y los pagos son los que son, que a muchos nos vendieron lo de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, pero mucho hay que escribir para comprarse un chalé con piscina (y no es negociable lo de la puta piscina) para el niño, el perro y el árbol.


NdA: Creo que ha sido cosa del subconsciente lo del delirio cincuenta y siete, porque me acabo de acordar de que Luria ha publicado, no hace mucho, Cómo matar a un lector. 57 métodos al alcance de todos los novelistas. Y aunque no soy yo muy fan de los manuales de escritura, por aquí lo tengo, y lo he leído dos veces ya, y lo he disfrutado ambas.

Guía de lectura del Mundodisco de Terry Prattchet (1 de 2)

Con la salida de la miniserie Buenos presagios (Good Omens, Douglas Mackinnon, BBC Two/Amazon Prime Video, 2019), me ha dado por hacer una recopilación de todas las novelas del Mundodisco de Terry PratchettLas cosas que se le ocurren a uno cuando el verano te hierve el cerebro, ¿eh? Bueno, Mundodisco es una de mis sagas favoritas, así que supongo que solo necesitaba una excusa. Pero qué es Mundodisco, ¿no? ¿En serio queda gente que no ha oído hablar sobre la historia de ese planeta (en forma de disco, dicen… ¡ja!, jaque mate, tierraplanistas) que viaja a lomos de cuatro elefantes que, a su vez, viajan a lomos de una gigantesca tortuga por el espacio sideral? Vamos, lo típico que suele decirse sobre Gran T’Phon, Tubul, Berilia, Jerakeen y, por supuesto, de Gran A’Tuin: la tortuga. No obstante, más allá de lo (a)típico que todo dios sabe sobre la obra de Prattchet, si nos adentramos en la cosmogonía de ese universo se nos van a poner en fila personajes, lugares, situaciones y todo tipo de poderes mágicos para darnos un bofetón y que nunca, pero nunca, nunca, se nos olvide la genialidad del Hombre del Sombrero.

Vamos primero a 2017, ¿vale? Ese año, el disco duro con las novelas de Terry Pratchett sin terminar era destruido por una apisonadora: fue uno de sus últimos deseos y está bien, ¿no? Al fin y al cabo, ¿cómo iba a acabarse algo como el Mundodisco? Pratchett creó a Rincewind, a Lord Havelock Vetinari, a Yaya Ceravieja, a Húmedo von Mustachen, a Sam Vimes, a la Muerte más chula de todas las novelas de fantasía. Y ni él ni nadie se tragó nunca que, cuando nos faltase tras ser reclamado por el Segador (o por Susan Sto Helit, si los Auditores de la Realidad la habían vuelto a liar) se acabaría el Mundodisco. Creer algo así es no entender de qué están hechas las historias, pero el deseo de dejar a la imaginación lo que no se pudo acabar es más que legítimo: ya sabemos que hay mundos que terminan por superar a las propias mentes que los pensaron. En fin, que aplastaron el disco duro y Pratchett consiguió lo que no le permitieron, entre otros, a Virgilio, a Shakespeare, a Petrarca o a Kafka. ¿Y qué quiere decir esto? Que la bibliografía del Mundodisco está, desde entonces, tan completa como ya lo podrá estar por siempre entre novelas, cuentos y relatos, así que no es mal momento para… una Guía de lectura del Mundodisco de Terry Prattchet. 

Antecedentes de esta entrada monstruosa propia de las Dimensiones Mazmorra

Al César lo que es del César: esto no es algo que sea el primer listillo al que se le ocurre. Bueno, no bien bien. Es más, sin la Guía de Orden de Lectura del Mundodisco de Fancueva (que creo que descubrí a través de este artículo en Xataka) me parece a mí que esta entrada seguiría en mi cabeza y poco más, porque el gran trabajo de documentación se lo pegaron esos mozos. Del mismo modo, yo me enteré de la última versión (3.0) de la Guía de Orden de Lectura en un tuit de la cuenta Café de Tinta (al final del artículo, tienes un enlace al tuit original) que recopiló las 41 novelas en una de esas cadenas que ahora hace todo dios en el Twitter. En su momento, me pareció una idea cojonuda, pero luego pensé que, en ambas, faltaba algo que no he encontrado en ningún otro blog o portal literario: una recopilación que te dé el orden, la saga a la que pertenece cada novela y, sí, una sinopsis de la misma, porque… bueno, es Mundodisco, te va a enganchar igual leas el libro que leas, pero hay mucha gente con poca fe (ya sabes, pobres dioses menores…). ¿Y cuál es la diferencia entre esto y la típica «Wiki Fandom»? Pues que mi intención no es hacer dos o tres entradas supercompletísimas, sino dos o tres entradas que recojan la esencia de todos los libros y permitan una consulta rápida. ¿Lo pillas?

El Mundodisco se compone de siete sagas que siguen las aventuras y desventuras de incontables personajes, los principales son:

  1. Los magos de la Universidad Invisible, con Rincewind casi siempre a la cabeza (pero de la cola, por si hay que salir huyendo)
  2. Las brujas de Lancre: Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos
  3. La Guardia de Ankh-Morpork
  4. Las novelas de La Muerte
  5. La saga de Tiffany Dolorido que, a grandes rasgos, se trata de una prolongación de la saga de las brujas
  6. Las novelas que siguen las aventuras de Húmedo von Mustachen
  7. Las novelas independientes que, en la Fancueva, dividieron en su día entre aquellas que narran historia antigua —Pirómides, Dioses menores— y otras centradas en algún tipo de revolución tecnológica o industrial, como Imágenes en acción, La verdad, Regimiento monstruoso, etcétera

¿Por dónde empiezo en el Mundodisco?

Como me he tragado varias decenas de enlaces para hacer esta guía de lectura, te resumo por dónde dicen que puedes empezar y por dónde empecé y empezaría yo. En mi caso, empecé a leer por El color de la magia y La luz fantástica, que son dos libros que te zampas rápido uno detrás de otro. He leído en varias páginas web y blogs que el autor recomendaba empezar por Rechicero (uno de mis libros favoritos de Pratchett: llega un rechicero de solo ocho años a la Universidad Invisible, o sea, un octavo hijo de un octavo hijo de un octavo hijo y, de golpe, todo dios sabe lanzar hechizos de un nivel asombroso, un claro antecedente de que se va a liar parda), pero no conozco el porqué. En cualquier caso, cualquiera de los cinco libros que inician línea argumental es igual de bueno para empezar, supongo:

Además, aquí tienes otra «Guía para iniciarse en el Mundodisco de Pratchett» (en inglés), donde añaden Dinero a mansalva (Mundodisco, 36), pero mucho ha llovido en Ankh-Morpork hasta la primera aparición de Húmedo en el cadalso, así que yo no empezaría por ahí. Por supuesto, cada uno es muy libre de hacer lo que quiera. Ya lo decía el tipejo este del sombrero: «A veces es mejor encender un lanzallamas que maldecir a la oscuridad.«

Mundodisco 1. El color de la magia (Rincewind)

Página de la Wikipedia: ES

A Ankh-Morpork llega Dosflores, el primer turista del Mundodisco, un tipo confiado e inocente del Continente Contrapeso que considera que nada malo puede pasarte si hablas muy despacito y en voz alta para hacerte entender. Le acompaña El Equipaje, un baúl de peral sabio con tendencias homicidas repleto de oro. En paralelo a la llegada de Dosflores a la gran ciudad, el cobarde mago Rincewind es expulsado de la Universidad invisible, ya que desde que uno de los hechizos de El Octavo (los ocho hechizos más poderosos del Mundodisco) entró en su cabeza no puede aprender magia, por sencilla que esta sea. Debido a la importancia del primer visitante a la ciudad-estado de Ankh-Morpork, Lord Havelock Vetinari, el patricio, encomienda a Rincewind el papel de guía turístico…

Mundodisco 2. La luz fantástica (Rincewind)

Página de la Wikipedia: ES

La luz fantástica recupera la acción de la que se empeñaba en huir Rincewind con Dosflores a cuestas. El echizero, como pone en el sombrero del mago porque ni lo de deletrear se le da bien al pobre, descubre que si no leen los ocho hechizos del Octavo (incluso aquel que está perdido en su cabeza) el mundo va a terminar. Para subir la tensión un poco más, todo bicho viviente que sepa de magia quiere matar a Rincewind y robarle el poder del hechizo (pues pasaría a vivir en la cabeza del mago más cercano tras la muerte de Rincewind). Además, Gran A’Tuin, la gigantesca tortuga que se mueve por el espacio cargando a los cuatro elefantes que llevan el peso del propio Mundodisco, está a punto de estrellarse contra una estrella roja y encima por ahí andan Cohen el Bárbaro y su prometida, para complicarlo todo un poco más.

Adaptaciones de El color de la magia y La luz fantástica

En 2008, se lanzó una adaptación televisiva de la primera gran historia de Rincewind en el Mundodisco titulada El color de la magia (ficha de FilmAffinity) que recoge la trama de los dos primeros tomos que nos legó este buen hombre. El Rincewind, a mi gusto, es demasiado viejales, pero si no llevamos demasiadas expectativas… Sin embargo, ya adelanto que, para mí (y, para gustos, colores), ninguna de las tres adaptaciones que hay hasta la fecha son una obra de arte.

Mundodisco 3.  Ritos iguales (Las brujas de Lancre)

Página de la Wikipedia: ES

En esta novela se da inicio al arco de las brujas de Lancre: Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos se ven envueltas en una aventura tan loca como reivindicativa —en el original, Equal rites (Ritos iguales) es un juego de palabras con equal rights, o sea, igualdad de derechos— para conseguir que la Universidad Invisible acepte a Eskarina, la primera mujer mago del Mundodisco. Y todo porque un mago despistado que vagaba por las Montañas del Carnero ¡no se dio cuenta ni de qué genero era el bebé al que nombra sucesor! En fin, aquí empieza la lucha contra la intolerancia en el Mundodisco y, como siempre, lo hace con mucho humor.

Mundodisco 4. Mort (La Muerte)

Página de la Wikipedia: ES

La Muerte ya había hechos su aparición COMO UN SECUNDARIO DE RENOMBRE en títulos anteriores de Mundodisco. Ahora empieza lo bueno. Mort se resume en una premisa en apariencia simple: ¿puede La Muerte tomarse un descanso e irse de copas? No así porque sí, claro, sino designando a un aprendiz y dejándole al cargo. Pues eso es lo que hace, deja a Mort al cargo por unas horas y, mientras La Muerte se enfrasca en rocambolescas discusiones filosóficas de bar, al chaval no se le ocurre nada mejor que perdonarle la vida a cierta princesa…

Novela destacada

Mundodisco 5. Rechicero (Rincewind)

Página de la Wikipedia: ES

Para ser hechicero en el Mundodisco es condición sine qua non ser octavo hijo de un octavo hijo… Y aquí viene la regla de oro: los magos no pueden tener relaciones sexuales, porque, si las tuvieran, podría salir un… rechicero: es decir, el octavo hijo de un octavo hijo de un octavo hijo, y eso no es bueno. Nada bueno. Rincewind y el resto de la tropa de la Universidad Invisible lo aprenden a las malas aquí, cuando llega un rechicero de ocho años a la Universidad Invisible y todo quisqui puede lanzar hechizos inimaginables de golpe, y todo indica que ha empezado el Aprocrilipsis, el Despido de los Dioses y se están abriendo portales de las Dimensiones Mazmorra. De las mejores.

Novela destacada

Mundodisco 6. Brujerías (Las brujas de Lancre)

Página de la Wikipedia: ES

El rey Verence I de Lancre es asesinado por su primo, el duque Felmet, y el bebé de Verence y la corona del reino son entregados por un sirviente a Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos, las brujas de Lancre. Estas se encargarán de que, Tomjon, el heredero del trono de Lancre se una a una compañía de artistas viajeros que, con el paso del tiempo (el tiempo es algo muy voluble en el Mundodisco, aunque no lo sepas aún) derrocará al duque Felmet. En definitiva, que un día Terry se levantó con ganas de Shakespeare (y de Macbeth).

Adaptaciones de Brujerías

Hay una película animada de la BBC, ronda por YouTube también, que algún buen samaritano subtituló al castellano. La dejo aquí incrustada.

Mundodisco 7. Pirómides (Independiente)

Página de la Wikipedia: ES

Primera novela independiente del Mundodisco. A menudo, se relaciona con Dioses menores, puesto que son los dos títulos que mejor nos permiten conocer las deidades de este cosmos.

Por designios paternos, Pteppic, príncipe del reino de Djelibeibi (pequeña región que se parece mosqueantemente al Antiguo Egipto, oye), ha sido educado en Ankh-Morpork por la flor y nata del Gremio de Asesinos. Tras la muerte de su padre, debe volver al reino y asumir sus deberes como Rey-Divinidad, pero la educación recibida parece que choca con las tradiciones de su propio pueblo, que no han cambiado en 1.500 años de historia.

Mundodisco 8. ¡Guardias! ¿Guardias? (La guardia de Ankh-Morpork)

Página de la Wikipedia: ES

Podría parecer que una ciudad como Ankh-Morpork necesitaría de un cuerpo de guardia especial, pero no. En realidad, la Guardia Nocturna de la ciudad de Ankh-Morkpok no tiene mucho trabajo: de los crímenes se ocupan el Gremio de Ladrones y el de Asesinos, sin pasarse de una cuota fija al mes, por supuesto. Así, la guardia tampoco requiere de muchos efectivos y consta de tan solo tres hombres: el capitán Vimes, el sargento Colon y el cabo Nobbs. Sin embargo, cuando un nuevo recluta, el idealista «enano» Zanahoria Fundidordehierroson, se integra en su equipo y no tiene mejor idea que arrestar a ladrones y asesinos haciendo cumplir la ley, los tres veteranos guardias verán cómo su rutina se rompe. Y por si fuera poco, un dragón, criatura que se creía extinta, ha aparecido en la ciudad, aunque esto no parece interesarle mucho a nadie…

Adaptaciones de ¡Guardias! ¿Guardias?

Según la Wikipedia:

Mundodisco 9. Fausto Eric (Rincewind)

Página de la Wikipedia: ES

Se trata de una parodia del Fausto de J.W. Goethe. Volvemos al arco argumental de Rincewind en la que es su cuarta novela. Rincewind es invocado por un demonólogo de 13 años, Eric Thursley, que quiere ser el gobernante del mundo, conocer a la mujer más hermosa que haya existido jamás y vivir para siempre. El chaval se cree que el mago es un demonio y el hechicero, para su horror, descubre que sí puede cumplir los deseos de Eric.

Novela destacada

Eric explica TANTO —como diría La Muerte— sobre los orígenes del Mundodisco, su naturaleza y su humor que, con toda probabilidad, es de las novelas imprescindibles de Pratchett. Al menos, para un servidor. Además, es divertida a rabiar. En su entrada de la Wikipedia en español, y a diferencia de otros títulos de la saga con cuatro líneas de texto, hay una completa sinopsis argumental de Eric.

Mundodisco 10. Imágenes en acción (Independiente)

Página de la Wikipedia: ES

El mejor truco de los alquimistas del Mundodisco es convertir el oro en… menos oro. Así que, cuando por fin hacen algo de magia y crean las imágenes en acción (un símil del cine mudo, para entendernos), es normal que todo el mundo pierda un poco la cabeza, ¿o no? Victor Tugelbend, un estudiante de la Universidad Invisible, decide mudarse a Holy Wood y probar suerte en la nueva industria; lo mismo le ocurre a la joven Theda «Ginger» Withel. Mientras tanto, algo raro sucede por allí entre animales que empiezan a hablar, rupturas del espacio-tiempo y criaturillas de las Dimensiones Mazmorra que no deberían estar pululando por donde están pululando.

Imágenes en acción es otra novela independiente del Mundodisco que, principalmente, se centra en la historiografía del cine, con homenajes constantes a la edad dorada de Hollywood.

Mundodisco 11. El segador (La Muerte)

Página de la Wikipedia: ES

Los Auditores de la Realidad —entidades sobrenaturales y burócratas celestiales— son seres sobrenaturales que se aseguran de que las leyes de la física funcionen como es debido. A grandes rasgos, se podría decir que ven a los humanos —desordenados, imprevisibles— como una molestia y una enorme carga de trabajo y prefieren otras entidades con un porcentaje menor de libre albedrío, como las piedras. Por esto, cuando La Muerte empieza a desarrollar personalidad, los Auditores argumentan a Azrael, el Señor de las Muertes, que no está cumpliendo con sus deberes y lo liberan de sus funciones. La Muerte, que tampoco tiene mucha experiencia en temas humanos, elige el nombre de Bill Puerta, se baja al Mundodisco y se larga a la granja de la señorita Flitworth a trabajar como… segador (¿qué esperabas?), con la mala pata de que alguien acaba de inventar la primera máquina de siega industrial. En paralelo, el mago Windle Poons prevé la hora de su muerte, como es propio de todos los magos y las brujas, pero esta no llega: con el mosqueo general, Poons se une a zombis, vampiros, banshees y hasta hombres del saco para saber qué leches está pasando, mientras que los magos de la Universidad Invisible intentan que Windle Poons siga… bueno, muerto.

Novela destacada

Mundodisco 12. Brujas de viaje (Las brujas de Lancre)

Página de la Wikipedia: ES

Cuando Magrat Ajostiernos, la bruja más joven del aquelarre, recibe la vara mágica de una hada madrina moribunda, las tres brujas deben emprender un viaje para salvar a una chica envuelta en un… ¿cuento de hadas? Según descubren Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos, otra hada, harta de que nadie sepa lo que es mejor para ellos mismos, ha empezado a cumplir los deseos que la gente debería desear. El libro está plagado de referencias a cuentos y novelas fantásticas, incluyendo The Frog Princess, la Caperucita RojaEl gato con botasLa bella durmienteCenicienta y El maravilloso Mago de Oz.

Mundodisco 13. Dioses menores (Independiente)

Página de la Wikipedia: ES

Dioses menores sigue el recorrido de (en teoría) uno de los dioses más importantes del Mundodisco: Om. A veces, los dioses deciden tomar forma física y pasearse entre los humanos, pero cuando se le ocurre hacer esto a Om  se da cuenta de que, pese a la enorme estructura religiosa tras su figura, solo tiene un verdadero creyente: Brutha. El principal problema de Om es que un dios del Mundodisco es tan poderoso como creyentes tenga, por lo que él está a punto de desaparecer en el olvido.

La novela se mueve entre Efebia, una parodia de las polis griegas —en constantes luchas con Espadarta—, Omnia, Ankh-Morpork y otras zonas del gran cosmos de Pratchett a través de dos visiones enfrentadas de la misma religión monoteísta: la de Vorbis, que considera que todo lo que hace está bendecido por Om, pues si no fuera así el dios no dejaría que lo hiciese, y la de Brutha, que sigue escrupulosamente los preceptos del omnianismo.

Mundodisco 14. Lores y damas (Las brujas de Lancre)

Página de la Wikipedia: ES

Tras lo ocurrido en Brujas de viaje, Magrat Ajostiernos se va a casar con Verence II, antiguo bufón y actual rey de Lancre. Todo está preparado para la ceremonia, pero Magrat no aparece por ningún lado. Por si fuera poco, cinco jovencitas empiezan a plantarle cara a Yaya Ceravieja y a esta le da en la nariz que el día de su muerte está cada vez más próximo. Y los elfos (que nada tienen que ver con son esas criaturas dulces de los cuentos: es más, son unos hijos de p*** de mucho cuidado y, por eso, ya se preocuparon en el pasado de mandarlos a otra dimensión) han encontrado el modo devolver al Mundodisco para apoderarse de él para siempre.

Mundodisco 15. Hombres de armas (La guardia de Ankh-Morpork)

Página de la Wikipedia: ES

Edward de M’uerthe está obsesionado con devolver un rey a Ankh-Morpork y recuperar la importancia nobiliaria de su familia. Gracias a su posición en el Gremio de Asesinos descubre que el cabo Zanahoria Fundidordehierroson es el heredero legítimo al trono. Mientras tanto, en la guardia, el capitán Vimes tiene sus propios problemas: se va a casar con la mujer más rica de la ciudad, para lo bueno y para lo malo, y Lord Vetinari le ha colocado tres nuevos reclutas entre sus filas: Detritus el Trol, Cuddy el Enano y Angua, ¡una mujer! (y mujer-loba encima, aunque esto los guardias todavía no lo saben). Y, por si fuera poco, empieza a morir gente con heridas extrañas de un arma que nunca se había visto en Ankh-Morpork, y los enanos y los trols se culpan mutuamente, y todo está a punto de saltar por los aires…

Novela destacada

Mundodisco 16. Soul Music (La Muerte)

Página de la Wikipedia: ES

Buddy, un músico del país de Nellofselek consigue un extraño instrumento con cuerdas que lo catapulta a la fama casi de inmediato. El joven músico decide formar una banda con Odro, un enano que toca el cuero, y Cliff, un trol percusionista. ¡Es el primer grupo de «música con rocas» del Mundodisco! Y-Voy-A-La-Ruina Escurridizo, a su vez, ve negocio en el merchandising y adopta el papel de mánager del grupo. La locura por la música con rocas no es lo único extraño que está sucediendo en el Mundodisco: La Muerte ha desaparecido y sus poderes (y responsabilidades) se están transfiriendo a Susan Sto Helit, hija de Mort e Ysabell…

Adaptaciones de Soul Music

En 1997, Channel 4 estrenó una adaptación televisiva con Cristopher Lee como… La Muerte. Puede encontrarse en YouTube (por lo menos) en versión original.

Mundodisco 17. Tiempos interesantes (Rincewind)

Página de la Wikipedia: ES

El imperio más antiguo del Mundodisco anda revuelto… Y la culpa de todo la tienen, por este orden: un panfleto revolucionario titulado «Lo que hice en mis vacaciones…» , el mago Rincewind y su fiel Equipaje, una horda de bárbaros, capitaneados por un viejo héroe llamado Gengis Cohen, y una mariposa muy especial. ¿Quizá por eso la peor maldición que se puede echar en el refinadísimo Imperio Ágata es aquello del «ojalá vivas en tiempos interesantes»?

Novela destacada

Mundodisco 18. Mascarada (Las brujas de Lancre)

Página de la Wikipedia: ES

Agnes Nitt deja Lancre antes de que las brujas del aquelarre la conviertan en una de las suyas. ¿Su sueño? Cambiarse el nombre por algo con clase —con una equis por ahí en medio, por ejemplo— y cantar en la Casa de la Opera de Ankh-Morpork. Yaya Ceravieja se entera de que Tata Ogg ha publicado un libro de cocina… mágica y que le adeudan un buen pastón los editores de Ankh-Morpork, así que deciden hacer una escapadita y, de paso, ver qué pasa con la chica de los Nitt.

De nuevo, en Ankh-Morpork, Agnes tiene el problema de su falta de… presencia escénica (o todo lo contrario, depende de cómo se mire) y los responsables deciden que sea su compañera Christine quien aparezca en el escenario mientras Agnes, o Perdita X. Nitt como le gustaría llamarse, hace todo el trabajo detrás del coro. Además, la Casa de la Opera tiene un tarado que va escribiendo notitas con ¡¡¡¡¡CINCO!!!!! exclamaciones y arruinando, poco a poco, el negocio, que va como siempre va el arte: entra mucho dinero, sale mucho dinero y el espectáculo debe continuar. El problema es que parece que el Fantasma de la Ópera ha pasado de destrozar violines y zapatillas de ballet a matar gente, y eso, quizá, es demasiado.

Mundodisco 19. Pies de barro (La guardia de Ankh-Morpork)

Página de la Wikipedia: ES

Nobby Nobbs podría haber tenido un pasado muy distinto si alguien hubiese sabido que descendía del conde de Ankh… Cuando la clase aristocrática de Ankh-Morpork y los líderes de los gremios se enteran, se unen para deponer a Lord Vetinari como patricio de la ciudad-estado. Sin embargo, alguien parece haberse adelantado y ¡está envenenando al patricio! ¿Acaso era eso posible conociendo a Havelock Vetinari? La nueva agente de la guardia de la ciudad, Jovial Culopequeño, lo está investigando… En paralelo, alguien está matando a ciudadanos respetables de la ciudad (tan respetable como puede ser el ciudadano medio de Ankh-Morpork) y todo apunta como culpable a un gólem. Pero Dorfl, un… golem (qué casualidad, oye) está dispuesto a ayudar a la guardia a descubrir el misterio.

Mundodisco 20. Papá Puerco (La Muerte)

Página de la Wikipedia: ES

¿Qué sentido tiene la celebración de Papá Puerco? Según los antiguos ritos del Mundodisco supone la transición del invierno al verano. Los Auditores de la Realidad siguen haciendo de las suyas y han encontrado a alguien que puede «cargarse» al Padre Cerdo, lo que supone una catástrofe de proporciones épicas: el sol no volverá a salir. Ahora, La Muerte debe tomar el papel de Papá Cerdo y hacer que la gente no pierda la fe. Pero ¿qué pasa con esa fe en la existencia de Papá Puerco? Toda esa fe ha quedado libre y han empezado a aparecer personificaciones algo extrañas, como el Monstruo Come-calcetines, el Hada de la Felicidad y, por supuesto, el Oh Dios de las resacas, con un peso especial en Ankh-Morpork y con un clarísimo epicentro en la Universidad Invisible.

Papá Puerco explica por qué la humanidad se empeña en crear personajes en su propio beneficio, como Papá Puerco (algo así como Papá Noel), el Hada de los Dientes (para nosotros, el Ratoncito Pérez) o… bueno, La Muerte.

Novela destacada

Adaptaciones de Papá Puerco

Este libro se adaptó a TV con una miniserie de 2 episodios en 2006: Papá Puerco. La fábula navideña de Pratchett en vivo y en directo.

Enlaces relacionados:

Sentíos libres de contactar conmigo para sugerirme enlaces de interés u otras adaptaciones que no estén en la entrada. Sobre videojuegos, juegos de mesa, novelas científicas, atlas y el resto de materiales que no aparecen por aquí relacionados con Mundodisco quedan para la segunda parte de esta guía (o quizá para la tercera).


Esta Guía de lectura del Mundodisco de Terry Pratchett está inspirada en una cadena de tuits de Café de Tinta y en la Guía de Orden de Lectura de Mundodisco v3 de la Fan Cueva.

Para las imágenes y las portadas me ha ayudado mucho una entrada del blog Geek Soil con muestras del trabajo de Josh Kirby para la saga Mundodisco.

Actualizada en abril de 2018. Creative Commons (BY; SA)

Continuará.