El Príncipe del fin

Les costó un año, pero en Tordesillas se dieron cuenta de que cambiarle el nombre al festejo les hacía más mal que bien. Así, tras la muerte de Pelado, que se realizó con otro título para el martirio, los vallisoletanos recuperaron la denominación original para esa fiesta de pocos que ha empezado a cambiar arrastrada por la fuerza de los tiempos.

El ejemplo más plausible de esta deriva de cambios, que ya no soporta más mentiras, ni embustes, ni dinero público intentando reanimar un cadáver, es el documental Tauromaquia —duro, áspero, necesario, casi insoportable—, de Jaime Alekos, que PACMA presentó la semana pasada y que muestra el toreo tal y como es. Ni más ni menos. Son treinta minutos de un ejercicio audiovisual que abarca desde la cría y la selección, al por qué y el cómo de la muerte del bóvido. Son treinta minutos de brutalidad que es necesario visualizar; y es necesario hacerlo, para pertrecharse de las armas que nos permitirán ver como no hay ninguna tragedia aristotélica en la plaza, no hay en juego ninguna pulsión de vida y de muerte, ni clásica ni freudiana, no hay grandilocuencia, ni honor, ni arte, sino maltrato hacia un animal indefenso que debe sufrir su propio via crucis. 

Tauromaquia (documental)
Fotograma de Tauromaquia (Jaime Alekos, 2017), donde la mirada de un toro con los cuernos ensangrentados cautiva al espectador.

El periodista Ruben Amón, compungido, escribía en El País sobre lo citado anteriormente: sobre el Eros y el Tánatos, el paganismo que llega hasta nuestros días en esta oscura liturgia, la coreografía sacrosanta de la lidia o la libertad y la fiereza de ese herbívoro, que no es tal. La abogada Paloma Órtiz le dedicaba un artículo ejemplar, empatizando con ese niño que fue Amón, y que, a sus cuarenta y muchos, debe aceptar que la magia no existe, que todos tenemos sesgos del pensamiento y que solo uno mismo puede decidir luchar contra ellos o enrocarse en la misma posición hasta el final. Órtiz le demostraba que no hay defensa que levantar, que el muro se ha abierto entre demasiadas lluvias de proyectiles, que podemos ir a los toros  y creer que estamos aprendiendo filosofía, igual que podemos conseguir peyote y creer que el chamanismo nos acerca a un dios a través del totemismo. Podemos creerlo, pero no por ello se convertirá en realidad; solo había una realidad en el texto de Amón, el título: Malos tiempos para la muerte.

Tauromaquia (descabellar; documental)

Este martes, durante la celebración de la segunda edición del Toro de la Vega sin muerte en público del animal, no pude evitar pensar en que Pelado, y antes de ayer, Príncipe, iban a ser igualmente sacrificados tras el festejo. Quizá muchos piensen que la victoria no es tal pues, que todo lo que el activismo ha conseguido es aliviar el sufrimiento, que no es poco, sin percibir que el verdadero problema es de las administraciones públicas, que no escuchan, ni reaccionan, y no entienden que algunas de las demandas del animalismo ya son una realidad, se quiera o no, que la tauromaquia se encuentra en tiempo de descuento, que ni puede ni queremos que sobreviva, y que el tiempo de la conversión y el cambio es ahora; el enroque solo traerá más lágrimas y arrepentimientos tardíos —aunque sean de aquellos que solo miran por el bolsillo—, porque los que llevamos desde pequeños llorando por ese animal que lanceaban y acuchillaban en televisión española empezamos a enjugarnos los ojos al ver que el cambio ya es casi una realidad.

Sanfermines 2017: el cambio urgente

Cada julio, Anima Naturalis y PETA reclaman un San Fermín sin sangre. Cientos de activistas viajan hasta Pamplona e intentan convencer al mundo de la barbarie que estas fiestas encierran. Los medios siguen la noticia con la ilusión de normalidad que congrega la tradición, y, poco a poco, también dejan espacio a opiniones y textos críticos contra el maltrato, el acoso sexual, la sexualización de las fiestas, y las orgías de sangre, drogas y alcohol.

Sanfermines 2017 (protestas)
Activistas de PETA y Anima Naturalis en Pamplona. ©Unai Beroiz

Este año, descanso. Para mí, no hay nada nuevo de lo que hablar. Muy consciente de que otras compañeras y compañeros —como siempre, en el movimiento, tenemos que agradecer más a ellas que a ellos— han escrito columnas impagables sobre los sanfermines, como la de Leonora Esquivel, en El Huffington Post (Por estos días Pamplona se tiñe de sangre), que explica el enorme porcentaje de turistas que desconocen que el encierro solo es una parte de la fiesta, o el espacio que se ha ganado Amanda Romero en Cuerpomente para seguir despertando conciencias por los animales; esta semana, concretamente, hacía mención a los cuarenta y ocho toros que serán asesinados en la plaza, pero, sobre todo, dejaba ver cuánto podría hacer Pamplona por una España más justa, más libre y menos sádica (48 toros serán torturados en la «fiesta» de San Fermín).

Por mi parte, suscribo el artículo que ya compartí con todos vosotros/as el año pasado: Siete razones para cambiar los sanfermines, y con tristeza compruebo que poco o nada ha cambiado. Este 2017 seguirán muriendo toros en Pamplona, en las plazas y en los encierros, seguirá la muerte, el desenfreno, y el mal ejemplo; muchos seguiremos en contra, algunos rescataremos los argumentos que otros tantos no quieren oír, y menos pensar en ellos por un instante, y otros seguirán creyendo que esto es lo mejor que se puede hacer por la pervivencia del toro. Mintiéndose a sí mismos, creyendo que la única forma de salvar al toro es matar al toro, y envenenándose el alma un año más.

Seguiremos luchando.

Ya hablamos con Tordesillas

Ya hablamos con Tordesillas; ya hablé sobre Tordesillas. Lo hice aquí (Indultad a Rompesuelas, el Toro de la Vega), aquí (Taurinos y antitaurinos: piedras y palabras) y aquí (Sangre de toro).

La última víctima del (supuesto) torneo fue Rompesuelas. Miles y miles de activistas lo decían, lo repetíamos, año tras año, y alguna vez tenía que ocurrir. Pelado no morirá a plena luz del día, no morirá lanceado, pero lo más probable es que muera.

No se aceptó la petición de trasladarlo a un santuario de animales tras el renombrado Toro de la Peña, y lo más plausible es que dé con sus huesos en el matadero. Quizá allí se ensañen con él, con esa ira que reflejan los palos y los varazos que le han propinado a un animal noble que no tiene el huir en su haber.

Toro de la Peña 2016

En España, hay que matar. La diversión se mezcla con sangre por falso derecho de tradición que hiede a podredumbre. Es la España que envejece, que avergüenza a una mayoría, que no quiere crecer; es la España que muere sin saberlo, y que no será nada.

Hoy, se ha advertido por última vez a esa España que debe escuchar a la mayoría, que la libertad, individual y colectiva, no se mide a lanzazos contra un ser inocente, y que hubo un tiempo en el que se permitió, pero nunca más.

Ellos desoyen. Y la ley, que no es más que la respuesta última de un pueblo unido que detesta que maltrato se asocie con nosotros, actúa. Nos llaman violentos, pero los violentos son ellos; lo llaman democracia, y libertad, y respeto, y valentía incluso, sin conocer realmente el significado de esas palabras.

Toro de la Peña 2016 (recorrido)

Quizá Pelado no sobreviva al primer Toro de la Peña. Yo deseo de corazón que sí, que lo haga. Pero si hay algo en Tordesillas herido de muerte es la tauromaquia, y las fiestas basadas en el maltrato animal, y esa tradición absurda, irracional y troglodítica que se ha extinto ya, aunque ellos todavía no lo sepan, ni quieran aceptarlo.

Cierto chatarrero muy conocido, decía hoy: «Es triste ver como hay gente con esa maldad en su corazón.» Y ya lo dijo alguien más inteligente que la mayoría de nosotros: «lo único que necesita el mal para triunfar, es que los hombres buenos no hagan nada.» Pues se acabó.

Besas el suelo. Tranquilo. Sereno. Susurrándole a la tierra que cumpliste con el papel asignado.

Atrás quedan ya los jadeos, el puente, el río; ahora suspiras, resuellas, te abrazas a esa paz prematura que te han impuesto y te vence.

Pero en tus ojos no hay odio (¿por qué no hay odio?), nunca hubo odio; y corneando el orgullo por última vez no dejas que la sangre conquiste tu iris. Sigues mirando hacia delante, ya caído; sigues mirando hacia delante, lejos de allí, estocada tras estocada; ves el cielo, la hierba, el mundo, lejos, más lejos aún.

Rompesuelas, ya mueres; porque te mataron demasiado pronto. Y a tu alrededor se escuchan lanzas, y gritos, y torneos que son declarados nulos porque te han asesinado hombres que no respetan ni las reglas que ellos mismos se han impuesto.

Ellos son los verdugos, tú la crónica de una muerte anunciada que no podemos resignarnos a aceptar. Y ahora creen que ya eres nada, que eres historia, y sin embargo, hoy más que nunca, representas todo aquello por lo que vale la pena vivir, y luchar, y aprender de esta España donde las franjas rojas amenazan con devorarlo todo a su paso.

Tú besas el suelo, yo lamento mis lágrimas. Tú ya descansas, ¿pero quién nos salva a nosotros?

Rompesuelas – Javier Ruiz (2015)

Taurinos y antitaurinos: piedras y palabras

Habrá quien piense que no es causa para tales consecuencias; también quien en la vida de un toro reconozca la suya propia.

Las cosas se solucionan hablando, nos decían nuestros padres. La mayor mentira jamás contada. Históricamente, las cosas se solucionan a hostias, a guerras, a espadazos, a tiros y, alguna que otra vez, a través del diálogo. Excepto esto último, todo lo anterior está mal, pero mal de fatal, claro que sí, pero ya somos gente adulta y no gusta que nos endulcen la verdad.

Ayer se empezó a compartir un vídeo sobre una agresión a dos activistas antitaurinas durante los correbous. Los correbous son una tradición basada en el maltrato animal que se mantiene en Cataluña; si nunca los has visto, se trata de encierros de toros, vacas y vaquillas a los que se patea, apalea, veja, con ayuda de todo tipo de plataformas y útiles en una plaza de toros.

El más famoso de todos ellos es el bou embolatEmbolat en catalán viene de bolas, como las dos que se le atan a los cuernos una vez se le ha inmovilizado en el suelo y que se prenden para que se queme los ojos mientras corre asustado por el municipio; también hay quien arrastra al toro por la calle, como la fiesta del capllançat de Les Cases d’Alcanar. Todos son correbous, y los correbous, al igual que la mayoría de espectáculos de tauromaquia o maltrato animal, son Bien de Interés Cultural o Patrimonio Cultural Inmaterial para España y para sus comunidades autónomas.

Puedes firmar aquí contra los correbous.

Como consuelo, nos dejan a un animal torturado, pero no asesinado como en cientos de plazas de toros de toda la península, o en Tordesillas. Y a razón de esta agresión y del próximo septiembre en el municipio vallisoletano, un grupo de aficionados al boxeo de Sant Adrià del Besós conocidos como Chatarra’s Palace ha explotado: «El Toro de la Vega no está solo este año.» Y no solo prometen moverse, sino defender al toro y defenderse a sí mismos de cualquier tipo de agresión. Buscando la participación activa, por supuesto.

Habrá quien piense que no es causa para tales consecuencias; también quien en la vida de un toro reconozca la suya propia, y termine por cornear en alguna dirección. En los comentarios que han aparecido por todas partes desde ayer, se leen opiniones contrapuestas. Hay quien apoya ir un paso más allá, y hay quien lo considera ponerse al nivel del agresor.

Bou embolat - Toro embolado en una "fiesta"

Probablemente, la pregunta sea otra. Quizá la pregunta sea: ¿quieren los taurinos dialogar acaso?, ¿y el gobierno?, ¿es posible un cambio por la vía política o social tras tanta cultura desangrándose en la arena de una plaza? Mahatma Ghandi, arquetipo de la resistencia a través de la no violencia, dijo: «Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer.»

http://www.youtube.com/watch?v=fahHi6zhk2M

¿Qué debemos hacer? ¿Esperar al siguiente Rompesuelas? ¿Seguir poniendo la otra mejilla? ¿Plantarnos año tras año en un escenario que agrede ante las palabras y la no-acción? ¿Continuar suplicando ayuda a unos políticos sordos que siguen sin tener presente la opinión de una mayoría contraria a la tauromaquia y al maltrato animal?

Para terminar este batiburrillo de ideas, he recordado un consejo horrible que alguien me dio, hace muchos años, parafraseando al filósofo Anaxágoras:

—Si te engañan una vez, no es tu culpa; si te engañan dos, sí —dijo.

—¿Y si alguien alguien me pega? —le pregunté.

—Más o menos lo mismo —contestó. Si te pegan una vez, ya sabes, no es tu culpa.

—¿Y si me pegan más veces? —le pregunté.

Prueba con una patada en los cojones —respondió.

Así funciona el mundo de hoy, entre sutilezas que pasan inadvertidas para la mayoría hasta que ya es demasiado tarde.

Indultad a Rompesuelas, el Toro de la Vega

Apreciados/as:

Si hay algo que no podemos detener es el tiempo. Tanto para equivocarse como para acertar el reloj avanza, robándonos lo que pudo ser y no fue, y también lo que fue y no debió ser.

Si se celebra el torneo, el martes Rompesuelas morirá. La historia nos da esa certeza. Como seguro sabéis, solo dos toros han sido indultados a lo largo de la celebración anual en Tordesillas: Bonito, en 1993, y Presumido, en 1995. Ninguno sobrevivió a las heridas, fuesen estas infligidas por los lanceros, fuera muerto por disparos de la Guardia Civil: imagino que, irónicamente, al considerar peligrosa la conducta del animal.

Sé que nos separan más de 700 kilómetros, que hoy pueden ser un mundo o tan solo un suspiro, pero si eres uno de los casi nueve mil habitantes del pueblo o, de algún modo, estás ligado a este evento, por cercanía o por historia, te imploro que leas estas líneas. Si no es así, si has llegado aquí para corroborar el destino del siguiente Toro de la Vega, te ruego que sumes razones y manos en la lucha para terminar con este otro tipo de maltrato animal que define a nuestro país.

Tordesillas: Rompesuelas, el Toro de la Vega 2015

Quizá hoy tenéis la desvergüenza de veros como la víctima —mediática, cuanto menos— y no como el agresor; como antitaurino os diré que dañar a un animal por diversión nunca os dará esa razón y esa comprensión que buscáis en el resto de los españoles. Pero más allá de lo evidente, me gustaría compartir con vosotros siete razones a digerir antes de ese martes que, algunos, casi preferiríamos que no llegase.

Primero. Para nuestro país, Tordesillas no tiene ni cultura ni atractivo turístico ninguno; para la mayoría de ciudadanos de este país (y cada vez más), la muerte no es cultura, el maltrato animal no es cultura, y todo lo que deseamos de practicar turismo es placer, no martirio.

Segundo. Sois parte de una tradición cruel, injusta e inhumana que se ha mantenido de generación en generación; cualquier sociedad moderna debe tratar de mejorar día tras día. ¿Creéis realmente que la historia de brutalidad de vuestros antepasados os da derecho a perpetuar un ritual salvaje y sádico? No lo hace.

Tercero. Nadie está de vuestro lado. No durará. Podéis creer que todo sigue igual, pero no lo hace. Podéis creer que la policía os protege y os apoya, pero solo siente asco por tener que hacer su trabajo cada segundo o tercer martes de septiembre. Cien mil personas gritan en Madrid; millones lo hacen en Internet, en las redes sociales, en las calles de sus respectivas ciudades; luchan día tras día contra vosotros: fortalecen una idea que ya es una realidad.

Cuarto. Ciudadanos, y sobre todo gobernantes de Tordesillas y de Castilla y León; seáis populares o socialistas, sabed que con la inacción agraváis las heridas que traen vuestros partidos. Señor González Poncela, la gente le grita, le insulta, le intenta agredir por la calle; señor Juan Vicente Herrera, toda Castilla llora por la ausencia de cualquier tipo de política animalista de carácter autonómico; señor Pedro Sánchez, su estilo de hacer política y campaña con el sufrimiento que se enquista en Tordesillas me da ganas de vomitar.

Muerte de un toro en Tordesillas durante la celebración del Torneo del Toro de la Vega

Quinto. España ha tendido una mano al pueblo este 2015; Tordesillas podría haber contado (de forma gratuita) con más de cien artistas de fama nacional e internacional para convertir este pequeño rincón de España en un lugar de referencia cada mes de septiembre. Pero ha escogido muerte frente a vida, y tauromaquia y tortura frente a celebración y cultura; escupiendo en la mejor propuesta que ha tenido de reconciliarse con el mundo entero, y de dejar que el mundo también lo hiciese con vosotros.

Sexto. ¿No os dais cuenta aún que todo ese daño no vive en el toro más que por un instante? ¿Por cuánto tiempo vive en vosotros? ¿Por una vida entera? ¿Por generaciones y generaciones que legáis detrás de vosotros? Si no lo habéis hecho nunca, mirad a ese toro a los ojos, a Rompesuelas, y preguntaos por qué; dedicad sesenta segundos de vuestra vida a preguntaros por qué ese animal noble, orgulloso y altivo debe convertirse por vuestro capricho en un amasijo de dolor y tragedia.

Séptimo y último. Sabed que el mundo ha cambiado; sabed que olvidasteis mirar alrededor; sabed que estáis a tiempo aún.

Sabed que, con este texto, yo rompo una lanza más por el Toro de la Vega, y os confieso que estoy harto; estoy harto de que estas manos con las que escribo sean tan parecidas a aquellas que, cada septiembre, dan muerte a un animal tan noble.

Torneo del Toro de la Vega en Valladolid: un toro embiste a los lanceros.

Recapacitad ahora. Indultad a Rompesuelas, y estaréis un paso más cerca de reconciliaros con el resto de nosotros.

Repetid, emulad el sacrificio un año más, y recogeréis nuestro más profundo desprecio de nuevo. Algo que tenéis, que parecéis coleccionar, y que la realidad ha terminado por convertir en nuestra mejor arma; España entera os pide que pongáis fin al Toro de la Vega porque, de cualquier modo, su fin ya está cerca.

Os obsequiamos con tiempo, con cuarenta y ocho horas de tiempo; y si alguno de vosotros sigue mi consejo y decide perderse a través de la mirada de Rompesuelas comprobará que, a menudo, tiempo es todo lo que tenemos. Para bien, y para mal.

Paco Catalán Carrión: la conciencia tras el lápiz

Artista, docente y remueveconciencias son algunos de los títulos que se me ocurren para Francisco Catalán Carrión, más conocido como Paco Catalán en las redes sociales. Un valenciano de sesenta y bastantes que, para quien todavía no le suene, ha dedicado su vida entera al arte.

Confieso, no obstante, que yo no soy mucho de artes plásticas: ese es territorio de otros; y las obras que he podido observar, principalmente, collage y dibujo entintado, poco me dicen. Trasciende al espectador el esfuerzo y el trabajo, y ha sido premiado en reiteradas ocasiones por ello, pero no alcanza conmigo el nivel de certeza y empatía que dispara su viñeta diaria.

Entrega, esfuerzo y actualidad entre la plumilla y la acuarela; tres cosas difícilmente superables, hoy día, en Internet. De ahí su éxito, imagino. De ahí nuestra admiración, supongo.

Artículos sobre Paco Catalán Carrión

El porqué de este artículo sobre Paco Catalán

Quizá sea porque hace más de un año que visito sus viñetas, y sonrío (o suspiro) cómplice; porque no hay día que no acierte y siga siendo actual; o que falte a su cita, cansado y vencido por la realidad.

Quizá no sea el trazo clásico y exquisito de los dibujos, el color de la acuarela allí donde más falta hace, el mensaje solemne, pero sincero, de quien se acompaña de la verdad y de la injusticia de muchos otros. Quizá se trate, simplemente, de nuestra necesidad de despertar; de reaprender, y sus dibujos sean una vía más.

Vida de perros o perrera municipal (Paco Catalán)

¿De qué trata la viñeta diaria?

A menudo, las viñetas de Paco Catalán son descritas como animalistas, pero la descripción se queda corta (por mucho). Aquí, la brevedad no es una aliada, puesto que estas tratan un gran espectro de temas de crítica social. Desde la corrupción hasta la crisis económica, de la pobreza a la falta de valores en España; y sí, sobre todo, la defensa por los valores animalistas y la denuncia constante, perenne e ininterrumpida contra el maltrato animal, clave del gran éxito del artista en los medios sociales.

Todos sus mensajes irradian verdad, y los desahucios o la falta de una vida digna de muchos españoles también dejan espacio a situaciones más cotidianas como el carácter de perros y de gatos, las fallas valencianas o la necesidad de atesorar dinero hasta que nos falte el tiempo.

Comprar tiempo cuando ya no nos queda, por Paco Catalán Carrión

Doble moral, por Paco Catalán

Ley de caza en Castilla-La Mancha (Paco Catalán)

Temas principales

Sin embargo, aquellos temas que destacan por encima del resto son los que se refieren a la actualidad de la vida animal en España. Desde la caza del lobo ibérico hasta las leyes menos restrictivas de la Junta de Castilla-La Mancha; del uso y el asesinato de miles de galgos cada febrero hasta la impunidad de la que la tauromaquia continúa gozando para disfrute escatológico de unos pocos.

Maltrato animal en España: tauromaquia y galgos (Paco Catalán)

En ellas, a menudo, son los niños aquellos quienes llevan la verdad en sus palabras; símbolos de pureza y naturaleza que también se otorga y vincula con los animales que los acompañan, se personifican o, simplemente, se dejan ver sin necesidad de letras que expliquen el cuadro. Por contra, si bien no siempre es así, la mayoría de los individuos adultos se muestran equivocados y como ejemplo del arquetipo social que se denuncia.

Desfile de pieles y moda sangrienta (Paco Catalán)

Duras, muy duras: como esa realidad que telediarios y prensa pretenden esconder; viñetas donde son los mismos animales aquellos encargados de darnos esa lección moral de veinticuatro horas que deberíamos revisitar cada cierto tiempo. Allí, donde la caza, la industria cárnica, las pieles y la moda, el ecologismo, la pobreza y las desigualdades se forjan en pequeños espacios que sirven como armas de verdad.

Desde este modesto artículo, de un todavía más modesto blog, todo mi apoyo a este gran artista, que entre sus lectores y visitas más fieles me tiene a mí, y a los míos. Y a muchos otros, que espero le den fuerzas para seguir esbozando certezas en papel; auténticas verdades que, poco a poco, entre todos, terminaremos por trasladar al mundo.

¿Acaso hay una misión más noble?

Naturaleza, de Paco Catalán Carrión
Por título lleva Naturaleza, pues ese sí es un espectáculo digno de ver.

Otras de mis viñetas favoritas de Paco Catalán Carrión:

La del 4 de diciembre de 2014 sobre el abandono animal.

Una de las dedicadas a Excalibur, y después a Alma; también a las perras Ruth y Cruz.

Muchas de aquellas sobre las grandes tragedias cotidianas: sobre todo, aquella sobre los mataderos del 8 de abril de 2015 o la que ejemplifica la triste vida de nacer cerdo, del 8 de enero de este mismo año.

Y sobre todo nuestras pequeñas grandes victorias: desde las muertes más dulces (27/10/2014) a la cruda realidad de los desahucios (22/12/2014) y de los emigrantes forzosos (08/02/2015); y las batallas que todavía nos quedan por vencer.

Toros y tauromaquia; y muerte (in)digna.