40 días para soñar

Esta es otra entrada (muy) personal en la que os voy a dar la chapa sobre Conectadogs.

Los más fieles ya lo habéis percibido: estas últimas semanas ha caído en picado el ritmo de publicaciones. Pero mentiría si os dijese que es por un único motivo: en realidad, son, por lo menos, tres o cuatro. No obstante, si hay que ser sinceros, uno destaca por encima del resto. Se trata del lanzamiento de la campaña del que será mi nuevo trabajo: Conectadogs, un centro de recuperación para perros con los que hemos tirado la toalla dos veces: primero, dejándolos en una protectora; después, creyendo que su adopción es imposible.

Qué no es Conectadogs

Muchos pensadores de la historia han afirmado que nos definimos tanto por presencia como por ausencia de lo que somos. Os diré, pues, lo que no es Conectadogs. Conectadogs no es una protectora —pese a que todo el equipo cree en el gran trabajo que en muchas de estas se realiza—, sino un centro que se plantea ayudar a este tipo de instalaciones en la rehabilitación de perfiles de difícil adopción: perros con miedo, con agresividad, con ansiedad por separación…

Además, el centro no solo pretende rescatar perros, sino también ayudar a personas. A través de un equipo multidisciplinar de psicólogos, técnicos caninos y profesionales de la comunicación y el marketing, planteamos programas de rehabilitación de animales que apoyarán y recibirán apoyo de otros colectivos en riesgo de exclusión y harán frente a grandes problemas que han conquistado nuestros colegios, como el bullying o acoso escolar.

Y sabiendo lo difícil que es hacer que las cosas funcionen, no vamos a dejarlo todo en manos de las donaciones y los voluntarios, sino que planteamos un proyecto empresarial de vertiente social con el que generar trabajo, sueldos y un laboratorio de proyectos animalistas que se convertirá en un modelo pionero en nuestro país.

Por qué soñar

Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo.

Mahatma Gandhi (1869-1948)

Decía Gandhi: «Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo». Nosotros, todo el equipo que hoy conforma Conectadogs, hemos cambiado radicalmente la dirección de nuestras vidas, y quiero creer que también hemos mejorado en el proceso. Ahora, queremos contagiar esas ganas de soñar por un cambio a mejor; queremos que todo el mundo sepa que estamos convencidos de que las grandes cosas, que nuestros mundos, cambian a través de esa pequeña llama que decía Bukowski que debías conservar siempre dentro tuyo, y prenderla, y convertirla en un gran fuego como jamás imaginaste que serías capaz de crear.

Conectadogs (Javier y Lau - perra)

Hoy, para nosotros, ese sueño abandona a este (no tan) pequeño grupo y se traslada a todos los que siguen este blog, a todos los que siguen creyendo en la necesidad de forjar nuevos proyectos sociales y animalistas o, simplemente, a todos aquellos que quieren formar parte de un cambio a mejor.

Cómo hacerlo realidad

Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron las preguntas.

Mario Benedetti (1920-2009)

Supongo que ese es el quid de la cuestión, y es que no existe una única respuesta. Quizá hacerlo realidad sea llegar al presupuesto mínimo que aparece en la página del crowdfunding, en Goteo, o viralizar un tuit, una entrada de blog como la que estás leyendo, o esta otra que te conduce hacia la web del proyecto; o dar a conocer parte de nuestro trabajo en un minuto de metraje en YouTube, o charlar con nuestros padres, con la familia cercana, o entre unas cañas con los amigos, y hacer que las cosas sucedan…

Tenemos 40 días. 40 días para buscar todo el apoyo posible, y convertir este sueño en realidad. Y no quiero terminar mintiendo en esta entrada con la que (creo que) simpatizarán, la mayoría de lectores y lectoras del blog: es un reto enorme, dificilísimo, feroz; una idea que nos ha dejado exhaustos y nos ha obligado a sacar fuerzas de donde no creíamos que las hubiera, pero también es una declaración de intenciones; nuestra, por supuesto, y de cada persona que cree que vale la pena cambiar el mundo de un perro, de un niño, de aquel que más lo necesita, porque, como suele decirse, eso no cambiará el mundo, pero cambiará su mundo. ¿Y sabes qué? En realidad, paso a paso, cambiará todos los mundos, ¿y quién nos va a impedir soñar?


#1 ¿Qué quiere hacer Conectadogs como ONG?

#2 ¿Qué es un centro de recuperación canino y por qué es necesario?

Una semilla y el caos

Esta es una entrada (muy) personal en la que os voy a dar la chapa sobre Conectadogs; si no estáis interesados(as) en el proyecto (¡¿cómo es eso posible?!), podéis leer cualquier otro artículo del blog. 😉

Ayer, algo grande brotó. Una semilla que se ha gestado lenta, casi macerándose a lo largo del tiempo que hemos compartido como asociación; una historia repleta de buenas intenciones —como tantas otras, en realidad—, pero que, a diferencia de estas, se ha abierto paso: ha encontrado su propio camino.

Quiero pensar que es algo que tenía que suceder; o me cuesta creer que, en unos pocos meses, hayamos conseguido hacer partícipes de nuestro proyecto a profesionales como la guionista Cuca Canals o el director Pau de la Sierra.

Rodaje del anuncio de Conectadogs

Ayer, algo puro fue construido. Plano a plano. Otra semilla que ha crecido a toda velocidad; rápida y furiosa por necesidad; un motivo, solo uno, que puede rastrearse hasta una gran mesa de un bar a la izquierda del Ensanche, que unió a un equipo excepcional que solo quería imbuir magia en una de esas ideas que te obligan a soñar, y a creer que las pequeñas cosas son las que hacen el mundo.

Ayer, nació algo extraordinario. Y lo hizo entre cámaras profesionales, técnicos de sonido que desbordaban experiencia y simpatía, realizadores que anhelaban la perfección, productores que no podían dejar nada al azar y un director de esos que son como te lo imaginarías: empático, anárquico, humano; el despegar de un guion que me resulta ignoto todavía, pues se ha creado alrededor de un cosmos audiovisual que no puedo traducir, lleno de acciones alternas, contrapicados y sobreimpresiones.

Ayer, dormí exhausto. Pero comprendí algo más sobre nuestras vidas y el rastro que estas dejan tras de sí; y aprendí que, a menudo, eso es la vida: semillas; semillas que lanzas, o plantas, y cuidas, y en las que crees; semillas que esperas que germinen, y conviertan tu existencia, tu mundo, aquello que haces, en algo mejor; semillas que dan sentido al riesgo, a las batallas, a los portazos, a las promesas. Pero sobre todo semillas que te recuerdan que no basta con lanzar un puñado y maldecir tu mala estrella, sino que hay que luchar, y contagiar, y convencer, y conseguir, con palabras, y actos, y fuerzas de esas que desconoces que duermen dentro de ti. Semillas que, a veces, son palabras, y otras, hechos, pero que pronto serán sueños hechos mundos dentro de una pantalla, y también fuera.

Lu en El Calamar (El Prat del Llobregat)

Conectadogs… con el bienestar animal

Si llevas un tiempo leyendo este blog, sabrás que, cada vez, estoy más metido en lo que a educación canina (y ambiental) se refiere. Por eso me hace especial ilusión hablar sobre el nuevo gran proyecto que formará parte de nuestras vidas a partir de ahora.

Ayer, anunciamos que Vorágine, la empresa que, de algún modo, me ha permitido llevar a cabo muchos de los disparates que os he narrado aquí, cerraba sus puertas definitivamente. La razón es vital, es decir, una de esas decisiones que se toman con el corazón, dejando que la cabeza busque los argumentos que considere más correctos, pero sabiendo que ya es momento de moverse hacia otra dirección.

¿Y de qué se trata? Bueno, por ahora, solo puedo explicar una parte del proyecto, pero te garantizo que te va a gustar…

En buena compañía (perruna)

Creer en los comienzos inesperados…

A mediados de 2016, nace Conectadogs; brota el germen tan solo; lo hace en un equipo multidisciplinar que se había conocido en el ámbito de la educación canina y las terapias asistidas con animales (TAA). Surge en un contexto de preocupación compartida por la acumulación de PPP (perros definidos como «potencialmente peligrosos») y perfiles de difícil adopción por miedo, ansiedad o agresividad en protectoras. Un problema muy ligado a la decisión de no sacrificio en comunidades autónomas como Cataluña y Madrid, un primer paso asombroso de ese camino de bienestar animal que apenas empezamos a recorrer, pero a causa del que la falta de recursos para dedicar tiempo a estos animales los condena a toda una vida en un chenil.

Sabíamos que las protectoras no tienen tiempo que dedicar a todos esos perros. Lo hemos visto. Es más, según los estudios del Observatorio Fundación Affinity, existe una masificación que se incrementa año a año; una masificación que ni la Administración, ni voluntarios, ni etólogos, ni adiestradores tienen recursos para solventar, y que termina por condenar a miles y miles de perros a una vida en una jaula por siempre jamás.

Pitbullying - Conectadogs
Imagen promocional del proyecto Pitbullying donde pit bulls maltratados luchan contra el acoso escolar. Tenéis más información aquí.

Entonces, nos preguntamos: ¿Por qué no un centro de recuperación? Y aquí estamos. Trabajando en una propuesta que une un interés animalista con otro social, y está a punto de despegar; donde los perros que nunca han tenido una oportunidad podrán ser reeducados, y, además, convertirse en parte de un proyecto social en problemáticas tan graves como el bullying y en terapias orientadas a colectivos en riesgo de exclusión.

Esos son los dos pilares básicos de Conectadogs, con los que creo muchos de los lectores y lectoras de este blog simpatizarán: la creación de un centro de recuperación canino para perros que necesitan aprender, de nuevo, cómo ser perros y la apuesta por terapias e intervenciones asistidas con animales que aportan tanto al can como a las personas.

Conectadogs - Centro de recuperación canina - PNG
Logotipo de la asociación. ¡Podéis echarle un ojo a la página web, ya (casi) está terminada! 🙂

Este es el inicio… que no es poco, ¿verdad? Pero va a ser mucho más. Confiamos en que Conectadogs se convertirá, en breve, en un proyecto ampliable, replicable y, sobre todo, en una solución real a algunos de los más graves problemas de maltrato y abandono animal: una apuesta fuerte por el bienestar canino que, al fin y al cabo, hoy es uno de los pilares de nuestras vidas.

¡Si tenéis interés, podréis encontrarme también por ahí! Y si queréis colaborar, de un modo u otro, aceptamos y agradecemos todo tipo de ayudas (propuestas de voluntariado, difusión, ayuda económica, ánimos…).


P.S.: ¿Qué os parece el logo? ¡Nos han llegado opiniones de todo tipo, aunque entre los más cercanos ha gustado mucho!

Primates a ritmo de blues

Dejamos la carretera atrás al ritmo de Joe Cocker. Al amanecer. Acelerando, dirección norte. Teníamos una cita con Nico, Charly, Tico, Bongo y África, entre otros, y con Dietmar Crailsheim, el contacto de Laura.

Horas después, pasado el mediodía, aparcamos entre un monovolumen y una autocaravana, y abrimos las puertas frente a las instalaciones de la fundación. La miré por unos segundos: armada con su Canon EOS 1200D y varios objetivos se apresuraba a sacar una instantánea tras otra de los alrededores. A continuación, dejó caer libreta y bolígrafo en su bandolera negra, y nos acercamos hacia la estructura que hacía de casa, aula y oficina a la vez. Antes de cruzar las puertas, apagué el teléfono; mientras, mi compañera me informaba de por qué me había llevado con ella: “No tienes ni idea de primatología; seguro que se te ocurren preguntas… originales”, dijo. Yo suspiré.

Chimpancés en Fundación Mona.

Estábamos muy cerca de Gerona, a las afueras de un pequeño pueblo agrícola y ganadero; desde allí, la iglesia, de un gótico tardío, nos juzgó al paso de las horas; tarde, como siempre, habíamos llegado a Mona por un camino de tierra privado, y yo estaba absorto frente a las estructuras que se extendían a través de más de cuatro hectáreas de terreno.

Visitando un centro de recuperación de primates

Ya en el interior, subimos a la zona de despachos, y nos apoderamos de varias sillas en un ambiente distendido. Didi, apelativo bajo el que se presentó nuestro anfitrión, nos describió la vida en el refugio con un acento que no supe ubicar de buenas a primeras; poco a poco, las preguntas fueron brotando sin dificultad, convirtiendo la entrevista en un diálogo distendido y natural.

En la Fundación Mona confluyen tres especies, pero solo dos de ellas son verdaderas protagonistas del entramado de ayudas privadas y voluntariado que allí se genera: el chimpancé común y el macaco de Gibraltar; ambas amenazadas y en peligro de extinción a causa de la destrucción de sus hábitats.

Con el walkie-talkie sobre la mesa, nuestro interlocutor organizaba a los voluntarios que lanzaban preguntas a través de las ondas de radiofrecuencia a cada rato. Entretanto, explicaba que la misión de Mona se fundamenta en la recuperación de primates que han sido utilizados en circos, publicidad o que han pertenecido a particulares a través de la compraventa en el mercado negro. Los chimpancés y los macacos que allí se integran en un entorno más cercano al suyo, tienen problemas de aprendizaje y sociabilización, y desgraciadamente no podrían sobrevivir o readaptarse a su propio entorno.

Charly, uno de los chimpancés que vive en la Fundación Mona.

Tras un buen rato, nos incorporamos con la intención de ver de cerca las instalaciones. Didi entreabrió una puerta de madera con el rótulo No pasar y caminamos a través de la hierba húmeda, muy cerca del enrejado de sociabilización que tiene las instalaciones.

Parece ser que cada caso es un mundo; y cada primate necesita su tiempo para integrarse en el grupo. Los chimpancés tienen dos: el Grupo la Familia, y los cuatro macacos cuentan con su pequeña horda, compuesta por Katy, Pipa, Titín y Abu. Tras un rescate, es aquí donde se organizan los primeros acercamientos; y si bien hay quienes tardan  pocas semanas en manosear a uno de sus congéneres, hay que ser consciente de que también puede suponer meses de trabajo.

Fundación Mona: su política

La política de Mona es distinta a la de otras organizaciones similares; ellos no aspiran a rescatar a todos los primates que puedan alojar en sus instalaciones, sino que limitan la cifra a aquella que puede asegurar el bienestar máximo de los animales que viven en el refugio; además, en sus quince años de historia, jamás se ha realizado más de un rescate por anualidad, lo que detalla la dificultad de la tarea. Sin embargo, sí existen otras organizaciones con esa filosofía.

De igual modo, Crailsheim relató la importancia de no mantener un contacto directo con los primates, teniendo siempre presente que los incentivos y la frustración de chimpancés y macacos del centro están directamente relacionados con su pasado y sus experiencias anteriores.

Parte de las instalaciones para chimpancés de la Fundación Mona (Riudellots de la Selva, Gerona).

A medida que avanza la visita, los puestos de observación, construidos de un modo similar a una atalaya, cobraron un gran sentido. Allí imaginé lo que debe sentir un voluntario durante varias horas al día, viendo a cada primate del modo que la británica Jane Goodall universalizó: con su personalidad y su nombre; con su identidad. Y casi tan ignorante como al principio maldije en silencio el frío de media tarde, que había obligado a los cuidadores a resguardar a los chimpancés en sus habitaciones antes de nuestra llegada.

Dos horas después, las tareas de alimentación, mantenimiento y limpieza de todo ese recinto parecían interminables desde mi iris; y aun así, envidié a ese equipo con una misión tan permanente como enriquecedora. Allí, donde los pequeños gestos son una amalgama de satisfacción y frustraciones por igual, pero todo tiene un sentido; un sentido perdurable en el tiempo.

Agradecimos el tiempo y la oportunidad; había sido un orgullo ser partícipe de lo que sucedía en Mona día tras día. Minutos antes de partir, una voluntaria llamó la atención de Didi por un instante. Una pareja quería ver a los chimpancés y fotografiarse con ellos; preguntaban incluso si podían tocarlos. Esa tarde, de nuevo, tenía la ingrata tarea de explicar por qué aquello no era un circo, sino un centro de recuperación, y cómo los circos y los humanos en general habían arrebatado a esos primates un fragmento de sus vidas. ¿Querrían escucharle esta vez?

Aceleré. Atrás la carretera, junto a la evolución humana; delante, quién sabe. Queda mucho por hacer, dije, sintiéndome más insignificante y reconfortado a la par. Qué cosas.

Haz clic en la imagen para saber más sobre la Fundación Mona.
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