¿Qué hacemos con nuestros perros?

Hace medio año hablé sobre el veganismo aplicado a los perros. Lo hice en este mismo blog, en un artículo titulado El vegano desestructurado que no quería que su perro comiese chuletas, y lo hice a raíz de un fragmento de una de las múltiples conferencias de Gary Yourofsky sobre el tema.

Quizá Yourofsky es uno de los activistas veganos más importantes del mundo, y, en lo personal, considero que tiene razón en muchísimas de las premisas que presenta en sus vídeos, pero debería documentarse mejor sobre perros y gatos.

Gary Yourofsky en una de sus conferencias para dar a conocer el veganismo.
Una de sus frases más famosas es: «It is not your right – based on your traditions, your customs and your habits – to deny animals their freedom so you can harm them, enslave them and kill them. That’s not what rights are about. That’s injustice. There is no counter-argument to veganism. Accept it. Apologize for the way you’ve been living. Make amends and move forward.«

Un felino, cualquier felino, es carnívoro por definición, y un gato también. Un perro, cualquier perro, a su vez, es un bicho maravilloso, y ha desarrollado enzimas que le ayudan a digerir proteínas vegetales. Evidentemente, esto no los convierte en animales que pueden adaptarse a una dieta vegetariana, ni vegana; o por lo menos, no resulta beneficioso para ellos; hay otros que sí, como nosotros, pero no los perros ni los gatos.

Vamos, que esto empieza de la forma siguiente: el problema no es tener principios éticos, el problema es intentar imponerlos a la propia naturaleza. Desear que las cosas sean de un modo, y poner todo nuestro énfasis en creer y en luchar para que la hierba sea morada. Pero sin reparar en que, por mucha pintura que gastes, por mucho que colorees, los tallos seguirán saliendo verdes.

Deja que los animales sean animales

La primera opción es comprender que la mayoría de animales en el mundo no han sido domesticados, y no contribuir a ello. Es posible que la forma en la que una persona que se considera vegana más puede aportar a los animales, sea no teniendo mascotas.

Esto puede parecer ambivalente, o directamente extraño, pero Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El principito (Saint-Exupéry, 1943), acertó plenamente cuando escribió:

Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro. —Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.

La naturaleza es autónoma, y casi siempre es salvaje, o agreste, o lo que nosotros hemos definido como salvaje y agreste porque no la entendíamos, o no nos parecía bien, o no nos interesaba de ese modo.

Chiste (vegano)
Uno de las noticias más interesantes sobre este tema puede leerse en Can dogs and cats be vegetarians? de Pete Wedderburn, en The Telegraph.

En este caso, quizá sea tan simple como no tener por mascota a animales que necesitan la carne de otros animales para vivir; y que se han adaptado a nuestra dieta, de un modo u otro a través de los siglos, o han caminado a nuestro lado. Así, podemos escoger herbívoros como mascotas, que los hay, u omnívoros, como los cerdos o los cuervos, que, al igual que nosotros, pueden o no consumir proteína animal.

¿Limitaremos su libertad de acción? Sí, claro, porque es un omnívoro oportunista, que, a diferencia de nosotros, no se mueve a través de la ética o la razón; pero eso no es distinto a cómo nuestras decisiones afectan a cualquier mascota que comparte su vida junto a nosotros.

Saber y ser consecuentes

En diez años, quince años, treinta años, nuestras mascotas (carnívoras) comerán carne cultivada in vitro, y, muy probablemente, el resto del mundo (aquellos que coman carne y/o pescado) también lo hagan.

La tecnología y el desarrollo moral tomarán la delantera, y tendremos una respuesta a todos estos temas de los que, hoy, muchos nos preocupamos. Un vegano podrá tener de mascota a un perro sin dilemas morales; un vegano podrá comer carne de animales y ser consecuente con su forma de pensamiento; pero siempre (¡siempre!) habrá incongruencias entre nuestra filosofía de vida y nuestro mundo.

Desde el momento en el que tienes un móvil, o por acción u omisión dañas algo que intentabas proteger, compras café que ha sido recogido a través de prácticas neocoloniales o, simplemente, te comes un Kit Kat o un Yatekomo de esos sin saber que el aceite de palma destruye el hábitat del chimpancé en África, e incluso sabiéndolo, estás contribuyendo a la desigualdad.

Relájate. Todos lo hacemos o lo hemos hecho. La cuestión es: ¿quieres hacerlo? ¿o quieres hacer lo que esté en tu mano para mejorar todo lo que está a tu alrededor? Muchos no concibimos que una persona que se define como animalista, pueda ser especista, pero los hay; ahí entra en juego la libertad individual, el conocimiento, y el desconocimiento, y la ideología individual.

Al final, todo se resume en mirar más allá de uno mismo, y buscar el camino que nos permita vivir, y afectar positivamente a lo que nos rodea.


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)Este es un texto original creado para Doblando tentáculos. Si te ha parecido interesante, quizá quieras adquirir en papel o en eBook De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016), mi primer libro de temática animalista que trata estos y otros muchos temas similares. ¡También está disponible en Amazon!

De cómo los animales viven y mueren (Diversa, 2016)

De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016) está a la venta desde noviembre de 2016. Como la mayoría sabéis, es el primer libro que publico, y recopila nueve ensayos animalistas con un estilo muy similar al que podéis encontrar en este blog.

En las últimas semanas, amigos y amigas, conocidos y conocidas, lectores y lectoras del blog (bueno, ya os hacéis una idea), me han preguntado cuándo salía el libro, dónde se podía comprar, si estaba feliz como una perdiz, etcétera. Recojo aquí unas cuantas respuestas.

En breve, la edición en papel también podrá adquirirse a través de mi página personal (jruiz.es). Por el momento, si queréis comprar un ejemplar, podéis escribirme a javruizfernandez@gmail.com

Datos básicos

Enlaces relacionados:

#1. ¿De qué trata el libro?


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)El libro se compone de nueve ensayos que intentarán que los lectores se replanteen, de forma individual y como sociedad, nuestra relación con los animales
en diferentes ámbitos de la vida diaria: alimentación, industrialización de los modelos de consumo, salud, ecología, mascotas, moda o neocolonialismo. Si te apetece, aquí puedes leer un resumen algo más extenso.

Asimismo, en enero de 2015, publiqué una introducción que encabeza los ensayos que salen a la venta en unos días, y si bien he vuelto a hablar sobre ello, considero que esa primera vez que aparecía, bajo el título Una carpeta llena de animaladas, ha terminado encuadernada por una buena razón.

Actualizado: Diversa Ediciones también ha preparado un pequeño libreto de relatos gratuito titulado De cómo tu perro cambió mi vida (y otros relatos sobre animales) con algunos de mis textos recopilados. ¡Y es completamente gratis! Se agradece mucho que lo descarguéis, así como que dediquéis un minuto a rellenar una pequeña crítica o análisis personal.

#2. ¿Cuándo sale a la venta?

El libro puede adquirirse ya en preventa por Amazon desde la semana pasada, pero se distribuirá (de hecho, ya se está distribuyendo) para su venta en formato papel en tiendas y librerías entre finales de esta semana y principios de la siguiente.

Fecha de lanzamiento: 31 de octubre – 4 de noviembre (según provincia)

Actualizado: adjunto algunos enlaces para su compra en papel o en digital.

Oso Arturo (fotografía)

#3. ¿Hay presentación oficial?

¡Sí! Y a ver cómo sale la cosa, que hace miles de años que no tengo que hablar en público, ¡así que necesito mucho apoyo, que conste!

Por el momento, hay una primera presentación-coloquio el 22 de noviembre en Barcelona en Casa del Libro de Paseo de Gracia (la hora está por confirmar, aunque será por la tarde) y una segunda presentación en la feria EcoReus (Tarragona) el 27 de noviembre.

Actualizado: puedes leer más sobre esto aquí.

AlPerroVerde - Voluntariado Quatre Camins 2015-2016
Compañeros y perros de AlPerroVerde en uno de los programas de voluntariado en la prisión de Quatre Camins (La Roca del Vallés, Barcelona).

#4. ¿Me gustará el libro?

Pues… no soy de mojarme mucho con estas cosas, pero si te vas leyendo las entradas de este blog sobre animalismo y humanidades, y te parecen interesantes, ¡te gustará! En estos nueve ensayos he intentado mantener siempre un estilo informal y exponer, a su vez, cientos de reflexiones que se acompañan y legitiman con un buen puñado de bibliografía.

Algunos ejemplos que te pueden ayudar a decidir, son: Vida de perros (i y ii), Bruce Lee y la imposibilidad del medio plazo o El modelo de sobriedad de Mujica, que son textos que han sido adaptados para el libro y que, antes de su publicación, he compartido con vosotros en Doblando tentáculos. 

16 perros y gatos abandonados por hora en España
Un grupo de perros callejeros en México D.F. Uno de los puntos del planeta con mayores problemas de abandono animal. En España, no obstante, no nos quedamos atrás: cada hora se abandonan 16 perros y gatos según cifras recogidas en 2014.

Otros artículos similares que no forman parte de la obra, pero que pueden ayudaros a haceros una idea sobre su contenido son: Arturo y la libertadYa hablamos con Tordesillas Los animalistas también hacen animaladas.

#5. ¿Has engañado a gente guay para que hable bien de tu libro?

Bueno, para empezar he conseguido que dos personas a las que admiro profundamente colaboren en el prólogo de la obra. Algo de lo que estoy muy, pero que muy agradecido, y un poquito orgulloso también. Una de ellas es la periodista Melisa Tuya, coordinadora de blogs en 20 Minutos, a la que muchos conocéis por escribir los espacios En busca de una segunda oportunidad y Madre Reciente; el otro es Miquel Llorente, presidente de la Asociación Primatológica Española, director del Institut de Recerca i Estudis en Primatologia (IPRIM) y responsable de la unidad de investigación y el laboratorio de etología de la Fundación Mona (y más cosas, que, con todo lo que hace este hombre, esto se alarga demasiado, pero a quien tengo, desde ya, un cariño especial, porque no solo me ha dejado acercarme a su trabajo, sino también a toda su familia primate).

Chimpancés en Fundación Mona.

#6. ¡Genial! Estarás contento, ¿no? Pero tengo más preguntas…

Como decía un joven Ray Liotta al inicio de Goodfellas: «desde que tuve uso de razón, quise ser…» En su caso, gánster; yo quise contar historias, y, por aquel entonces, no sabía cómo. Fue más tarde cuando encontré la respuesta en la escritura. Así que sí, ¡estoy que no quepo en mí!; tanto con la oportunidad que esto supone, como con la posibilidad de seguir publicando ensayo, y, a la par, trabajando en narrativa como mi próximo objetivo inmediato (ya os contaré…).

Sobre el tema en cuestión: ¡hazlas! Lo mejor será abrir un diálogo a través de los comentarios e ir alargando estas FAQ o preguntas frecuentes sobre el libro. Y cualquier aportación, duda, petición de estriptis (no lo recomiendo), o lo que sea, será más que bienvenida.

Industria cárnica, alternativas vegetales y carne cultivada

Los avances tecnológicos no pueden suceder sin científicos o ingenieros. El desafío de la sociedad es equiparar a las suficientes personas, con las habilidades correctas y formas de pensar, que lleguen a trabajar en los problemas más importantes.

Eric Schmidt, presidente de Alphabet Inc.

Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, ya lo tenía claro hace unos meses, y todo indica que las predicciones que hizo en la costa de California se están cumpliendo una a una.

En los próximos años, el desarrollo de alternativas vegetales será una de esas nuevas tecnologías que cambiarán el mundo. Para ello, la carne proveniente de animales se reemplazará por alternativas vegetales, y, en consecuencia, supondrá un cambio en el modelo alimentario actual para Occidente, y para el mundo entero.

Hay tres grandes contras que se han convertido en una losa para la industria cárnica: los hemos visto en Cowspiracy (K. Andersen, 2014), Food Inc. (R. Kenner, 2009), Meat the Truth (K. Soeters y G. Zwanikken, 2007) e incluso Earthlings (S. Monson, 2007).

El primero es aquel que nos ha hecho buscar otras formas de consumo a una mayoría creciente que adopta una dieta flexitariana, vegetariana o vegana: el maltrato animal sistematizado de la industria. Hoy, ni tan siquiera términos como «carne ecológica» o piscifactoría consiguen que nos traguemos esa falsa necesidad por más tiempo. Hay alternativas vegetales y, en nuestro día a día, consideramos que, optar por ellas, es mucho más coherente que apoyar a un modelo basado en el «usar y tirar» a otras especies animales y en el consumo como nunca lo habíamos visto ni practicado hasta las últimas décadas del siglo XX.

consumo-agua-carne

En paralelo, hay dos argumentos más que podrían recogerse en un solo punto: derroche de recursos; en especial, el que hace referencia al consumo de agua potable y al calentamiento global a causa del metano de la ganadería industrial orientada al consumo (o, sin ser tan finos, de los pedos de las vacas y tantos otros animales criados en masa para consumo).

En Silicon Valley lo han soltado sin tapujos: el modelo ha caducado; simplemente, se está alargando por motivos económicos (algo que muchos piensan que también se está haciendo con el petróleo, por cierto), no de ética ni de sostenibilidad. Hacia el siguiente estadio, se abren dos caminos: las alternativas vegetales y la biotecnología enfocada hacia el cultivo de carne in vitro.

En lo que se refiere a la primera, nos encontramos superando todavía un estadio primario, donde empezamos a cocinar soja, seitán o tofu, a consumir más verdura de hoja verde, etc., con el fin de sustituir proteínas de origen animal por proteínas de origen vegetal. Se ha demostrado, además, que no hay ningún problema en hacer esto en cualquier momento de nuestras vidas (puedes leer más sobre ello en este texto de la Unión Vegetariana Española), sino que, simplemente, deberemos optar por un mayor control de la dieta si queremos evitar un déficit de cualquier tipo (una carencia de hierro, o de vitamina B12, etcétera).

Esa es la fase 1. En lo que a alternativas vegetales se refiere, la fase siguiente se centra en ofrecer un producto idéntico a ese consumidor-tipo que, o bien no desea ver más allá (mataderos, industrialización del modelo, mal uso de los recursos naturales, caducidad del modelo…) o cuya ética le permite seguir consumiendo animales que mueren porque prefiere anteponer conceptos como tradición, conveniencia, hábito o sabor.

Sí. Ya lo sé. El mundo no puede ofrecerte hamburguesas a todas horas y, a continuación, cerrar el grifo; si hay demanda, tiene que haber oferta. El capitalismo funciona así, y todos nosotros, a veces por obligación, somos profundamente capitalistas. Entonces, la respuesta es un producto que no difiere de un filete, una hamburguesa o unas costillas de cerdo para romper todos los esquemas de ese consumidor. Es hacia donde se dirigen Impossible Foods (con su The Impossible Burger, por ahora) o Beyond Meat.

Cerdo (vivo)
Un cerdo de los que me gustan: ¡vivo y feliz! 😉

Pero antes de continuar, hay otra alternativa. Una vía que empieza con la clonación como modelo para superar los problemas de demanda en países como China. Esta idea, que pese a haber conseguido adeptos en el mercado, caerá rápidamente en desuso, empieza con un objetivo claro: crear más y más ganado para el consumo; en un primer estadio, en junio se hablaba de 100.000 embriones y, en el segundo, de 1.000.000 de cabezas de ganado.

Sería fácil desmontar el sistema entre críticas de empobrecimiento genético a medio y largo plazo; e incluso plantearse qué soluciona el ganado clonado frente al inseminado (aunque esto tiene una respuesta: la velocidad, el mayor control en los tiempos), porque a los animales les gusta follar también, casi tanto como a nosotros, y, además, se les puede incentivar de muchas formas. Sin embargo, quizá la respuesta más contundente sea: ¿y los chinos verdaderamente se creen que eso se hace por necesidad y no para incentivar un cambio en los modelos de consumo asimilados a una mejor calidad de vida occidental? Algo que también ocurre en la India, por supuesto.

The Beyond Burger anuncio
Banner publicitario de The Beyond Burger de la empresa Beyond Meat, una de las alternativas vegetales que más adeptos ha conseguido en EEUU.

Pero China y la India no pueden vivir consumiendo carne como Occidente: el planeta no lo soporta. Ese es uno de los secretos: la gente aquí come animales a diario porque una gran parte del planeta no lo hace nunca. ¿No lo sabías? Por eso, y porque si se ponen a hacerlo, la Tierra no aguanta. Así, con esa noticia de la clonación, también tenemos otra que nos avisa de una caída en el consumo de más del 50 % para prevenir gases de efecto invernadero. Curioso, ¿verdad?

La (segunda) alternativa, pues, no es la clonación. Cada vez hay más personas concienciadas y el crecimiento de aquellas que adoptan una dieta vegetariana sigue aumentando, así como quienes se lo plantean para luchar por causas que les resultan importantes en este siglo: maltrato animal, recursos naturales, respeto, naturaleza, empatía…

Pero solo hace falta cambiar el término clonar por cultivar. Sí. Carne cultivada. ¿Por qué no crear un filete en lugar de una vaca que tenemos que alimentar, matar, despiezar, y un largo etcétera? Es una forma estupenda, además, de resolver los problemas entre carnistas y veganos, ¿o no? Un filete no siente, no tiene sistema nervioso central, y, en la práctica, una vaca, un filete o nosotros, solo somos compuestos químicos unidos entre sí: muchos o pocos; y hoy, como sociedad, podemos empezar a saltarnos unos cuantos pasos que suponen despilfarro y una conciencia más sucia de lo necesario.

Proceso de producción de carne in vitro
Proceso de producción de carne in vitro. Puedes leer más sobre este tema en el siguiente enlace, que trata la polémica sobre la ética o falta de ética asociada a este tipo de carne.

Estas nuevas tecnologías, a priori, parecen convivir bien, y seguir una filosofía muy similar, además. Desde mi punto de vista, y el de muchos otros, quizá no sea ético tener que experimentar con animales para dejar de matar animales, pero, si salimos de casa y nos paseamos entre mercados, restaurantes y supermercados, tenemos casi la obligación de minimizar estos daños colaterales (si los hubiera) frente a los posibles resultados. Como se puede leer en Carne cultivada: de criar animales a crear carne en un laboratorio y en La «carne de laboratorio» está cada vez más cerca de la mesa; la producción «in vitro» se encuentra en una fase muy avanzada.

¿Veremos a vegetarianos y veganos volviendo a comer carne por esta razón? Apuesto a que sí. Pero no todos. Pues muchos de ellos basan su decisión en razones éticas, y, otros tantos, le añaden al vegetarianismo esa consideración de modelo más saludable (aquellos que lo hacemos por razones éticas, quizá no le damos  tanto peso a este último punto).

Así, Impossible Foods o Beyond Meat son una alternativa «verde» muy sostenible que parece llevar detrás una gran inversión previa y un mayor tiempo de investigación, que se ha ido popularizando también a este lado del charco con equipos como el de La Carnicería Vegetariana, y que, a priori, parece que contará con un precio más competitivo durante los próximos años. Mientras que, la carne cultivada, puede ser otra opción perfectamente válida a medio plazo para veganos o vegetarianos que quieren volver a consumir carne, pero, eso sí, sin maltrato animal, reduciendo las emisiones de gases contaminantes, buscando un futuro mejor para todos, y, en especial, para todos esos animales que vieron cómo el modelo de los campos de exterminio nazi se popularizaba en la industria cárnica y les recluía en su propio Auschtwiz.


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)

Este es un texto original creado para Doblando tentáculos. Si te ha parecido interesante, quizá quieras adquirir en papel o en eBook De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016), mi primer libro de temática animalista que trata estos y otros muchos temas similares. ¡También está disponible en Amazon!

 

Vivir en la utopía

Este artículo puede contener opiniones que no compartes, pero está escrito desde el respeto y el deseo de empatía hacia todo el mundo: gente que come carne y pescado, gente que no lo hace, personas que trabajan en santuarios y refugios de animales, y otras que no se preocupan en absoluto por ellos. De igual modo, también se generaliza en algunos puntos, con el único fin de no alargar hasta el infinito los ejemplos, por lo que se requiere un poco de buena fe y retroalimentación en la lectura. Si no estás dispuesto(a) a hacer el esfuerzo, quizá no debas leerlo.

Por cierto, las imágenes no intentan restar seriedad al artículo, sino amenizar la lectura de este tocho de texto que trae a colación un gran número de temas de actualidad animalista.

La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.

Anatole France, escritor francés (1844-1924)

La literatura tiene un gran peso en mi vida. Desde que puedo recordar, me gusta escribir e inventar historias. De pequeño, escribía en una gran libreta con la portada en rojo; enfrente, mis clicks de Playmobil como protagonistas y, en definitiva, todo el mundo veía que era el rarito de los hermanos.

No demasiado tampoco, lo suficiente para preferir una recreación cutre de La isla del tesoro a entrechocar a los Madelman que conocimos mi hermano mayor y yo, y a los actualizados Action Man del pequeño (que también lo haría, supongo). Había niños que tenían sus juguetes favoritos, a mí me gustaba inventar historias: qué sentían, qué querían, qué les ocurría mientras intentaban conseguir a esa chica, ganar ese partido de fútbol del mundial (bueno, Oliver y Benji estaba ahí, y también el dream team del Barça) o salvar el mundo entre cuatro tortugas ninja, pero, como todo buen escritor, sabía que su destino estaba en mis manos.

Tres libros hasta la utopía

Durante mi adolescencia, J.D. Salinger dio palabras a muchas de las cosas que yo sentía con aquella voz universal y estúpidamente inmadura de Holden Caufield a la que le tengo tanto cariño; hace unos días unas semanas, leía un artículo sobre por qué El guardián entre el centeno es el perfecto libro de juventud, y después deberías regalarlo. Quizá es tan imprudente como creer que siempre seremos como en este mismo instante; pero he oído consejos peores, desde luego.

J.D. Salinger en <i>Bojack Horseman</i>
J.D. Salinger en Bojack Horseman. Y recuerda: Hollywood Stars and Celebrities: What Do They Know? Do They Know Things? Let’s Find Out! ¡Otro éxito del señor Peanutbutter!

Años después, a mis veintipocos, el único libro de autoayuda que he leído en mi vida me ayudó a dejar de fumar. Era un manual adaptado de las charlas que Allen Carr había ofrecido durante décadas sobre su método Easyway. Lo más gracioso es que no fue un regalo para mí, sino que topé con él por casa de mis padres entre un cúmulo de buenos propósitos de alguien más: quizá mi madre, que aún es fumadora hoy, o alguno de mis hermanos. Mi padre, quien murió de cáncer de pulmón y metástasis cerebral en septiembre de 2010, nunca lo terminó de leer. Se decepcionó un poco al saber que, de todos modos, el escritor británico había muerto de cáncer (Benalmádena, 2006): sobre esto, no entendió que no era el qué, sino el cómo.

Y, por último, hace solo un par de años, encontré Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas en un escaparate de la calle Torrent de l’Olla; lo ojeé. Era un ensayo de los pocos sobre animalismo que se han traducido al español. Dio en el clavo. No me volví exactamente vegano; no me volví exactamente vegetariano (o quizá sí), pero supuso un cambio enorme en mi vida.

Perro en un matadero
Un perro destinado a consumo humano en un matadero chino. La foto pertenece a un artículo de Teresa Guerrero en El Mundo dedicado al libro de Melanie Joy.

Hoy, gracias a todos estos puntos de inflexión recogidos en tres o cuatro párrafos, también escribo a diario, publico, e incluso sueño con ganar cuatro duros y poder convertir una pasión en un modo de vida. Por ello, no me atrevería a poner límites a la utopía como motor de cambio: pensar que algo es posible, por muy imposible que nos parezca, es aquello que lo convierte en una verdadera opción.

Homer Simpson y la utopía

Y aquí viene el cuarto pero de este artículo (y el más importante); ese giro de los acontecimientos que todo buen episodio de Los Simpson tenía hacia el cuarto o quinto minuto de visionado y que convertía la demolición del casino Monty Burns en un buen argumento para que Homer usara su chimenea para freír pollo y terminase, junto a Ned Flanders, casándose con unas «pilinguis» en Las Vegas.

Homer y Flanders en Las Vegas
¡QUE SÍ, TÍO, QUE QUIERO CASARME! ¡CASAAAAARME!

La objeción entre utopía y modo de vida llegó a mí con varias actualizaciones de uno de los santuarios que más admiro, el Santuario Gaia, ubicado cerca de Camprodón; un refugio que no solo tiene una enorme presencia en la red, sino que realiza un trabajo de voluntariado y modo de vida admirable.

Entonces, ¿qué tripa se me ha roto? Para entenderme, quizá es bueno que sepas que muchos refugios y santuarios no aceptaron las donaciones del Movimiento Antitaurino de Lucha (M.A.L.) que se trataron de realizar tras el Toro de la Peña. El porqué era sencillo, pero sentó mal: se comprobó que un porcentaje de los integrantes del M.A.L. habían mostrado actitudes homófobas y fascistas, así como apoyo a la carne ecológica, y el colectivo no lo había perseguido ni condenado explícitamente.

En otras palabras, discutir no tiene nada de malo: está bien buscar tus límites, preservar tu punto de vista, ser consciente de que tú también te equivocas; solo es necesaria una buena dosis de empatía y de respeto, que fue lo que (parece ser que) le falló al M.A.L. al criticar no solo a la tauromaquia, sino también a los miles de gays que viven en este país y a los millones de personas que seguimos otra tendencia política en España.

En este caso, los santuarios adoptaron (acertadamente, para un servidor) filosofía similar a la del Bloque Aliado en los años cuarenta: Stalin es un loco de cojones, pero se está defendiendo y está abriendo una brecha (repleta de cadáveres, soviéticos y no soviéticos) por el este. No simpatizamos con él, pero no le diremos que está equivocado en equis cuestiones porque, en estas otras, para nosotros, justo ahora que ha acertado con algo. ¿Cómo te has quedado? ¡Menudas comparaciones de calité! ¿O no?

Santuarios de animales y veganismo

Los seres humanos serán más felices cuando encuentren caminos para vivir como las antiguas comunidades primitivas. Esa es mi utopía.

Kurt Vonnegut, escritor estadounidense (1922-2007)

Por lo que a mí respecta, solo hay un par de cosas que me preocupan al seguir algunas de las publicaciones del día a día de los santuarios (Gaia, Compasión Animal, el Hogar ProVegan, Wings of Heart…) y es la concepción de la naturaleza en su mismísima definición. Temo estar viendo cómo esa definición se humaniza en exceso, se impregna de buenas intenciones y se olvida del verdadero significado de animalismo, a sabiendas de que, por mucho que nos engañen, una palabra tiene siempre innumerables matices.

Contra el consumo de carne (Anima Naturalis)
Perfomance de Anima Naturalis contra el consumo de carne en el Día Mundial de los Animales de Granja. En la parte superior de la fotografía, puede leerse el eslogan: «¿Cuánta crueldad eres capaz de tragar?»

No me refiero al hecho de preocuparse por animales cojos, ni heridos, ni ciegos si cabe. Entiendo ese respeto que cualquier especie merece y que estos grupos comparten: una vida es una vida, y si es posible respetarla y salvarla, apoyo totalmente la filosofía vegana. No nos sacrifican cuando nos rompemos una pierna, o tenemos un grave accidente; el respeto por la vida humana es una de las premisas básicas de nuestra sociedad: a veces, hasta límites absurdos, como el caso de Ramón Sampedro. ¿Pero acaso es lícito destinar una vida al cuidado del resto? ¿Nos hemos planteado qué ocurriría si todos acogiésemos este modelo? ¿Seríamos más sostenibles o este sería inviable en todos los sentidos?

A veces, me gusta moverme entre lo políticamente correcto y lo incorrecto, pero esta no es una de esas veces. Esta vez, cuando leo sobre un gallo epiléptico que necesita 24 horas diarias de vigilancia, una oca que no puede caminar o una vaca que es totalmente dependiente, me pregunto cuándo ese amor por la naturaleza, ese animalismo férreo, se convirtió en sentimentalismo.

Somos uno de los países con más maltrato animal, y también con más santuarios de animales del mundo: por lo tanto, esto no solo es lícito, es lógico: necesario; los necesitamos, necesitamos cambiar como sociedad, pero también requerimos un modelo de cambio real, coherente, ampliable y replicable. Los santuarios no solo se enfrentan a una falta de conciencia colectiva por el sufrimiento animal y la industria alimentaria, sino también al grave hándicap de no solo tener que luchar por universalizar la adopción de un modo de vida totalmente legítimo que se basa en el respeto a cualquier ser que siente, sino también de plantar las bases de un mundo que no necesite de santuarios de animales, y pueda integrarlos dentro de un contexto global de nuestra sociedad.

M.A. Barracus - A-Team
M.A. Barracus navegando con su walkie-talkie a través de las radiofrecuencias más ochenteras. El joyero entero de Sissí Emperatriz que lleva al cuello mejora la cobertura en un 47 %.

Sin embargo, cuando contagiamos nuestra lucha de la atracción típica del lector de viajes, topamos con un escollo. El marketing —y hoy todo funciona, quieras o no, a través del marketing— nos dirá que nos detengamos ahí: cuanto mayor sea tu target, tu público objetivo, mayores serán los grupos que podrás segmentar adecuadamente, y también mayores los ingresos, los donativos y los interesados por tu proyecto; así funcionan muchos blogs de viajes: ofrecen una imagen idílica y una aventura hacia la que pocos se atreven a lanzarse, porque si todos escalásemos el Everest, viajásemos por Latinoamérica u organizásemos nuestro estilo de vida retransmitiendo por streaming aventuras y desventuras al estilo David Carradine en Kung Fu o el negro Barracus (M.A.) del Equipo A, no tendría nada de emocionante.

Aquí hay algo que chirría, pues. La creación de un santuario de animales no debe olvidar que no puede hacer de aquella frase tan famosa su motor (salvar a un animal no cambiará el mundo, pero cambiará su mundo), porque cambiar el mundo también requiere de colaboración, y de cambiar las cosas paso a paso: eso es algo que parece intrínseco en los santuarios, pero no siempre suficientemente visible.

Pero vamos un instante al caso anterior —el del Movimiento Antitaurino de Lucha queriendo repartir el botín de guerra entre sus aliados—; los santuarios no estuvieron de acuerdo, porque un gesto así —y aunque muchos no lo crean— perjudica más de lo que ayuda; ¿pero no ocurre lo mismo con los donativos de una persona que apoya a la industria cárnica?, ¿que consume productos de origen animal?

Grus y Llama (Hogar ProVegan)
Grus y Llama, dos habitantes de ElHogar ProVegan.

Esta es la primera parte: si la vida humana y animal es para un vegano igual de importante, y no aceptamos el dinero de una persona que no respeta la vida humana, ¿por qué si lo hacemos de alguien que no respeta la vida animal? ¿o del gobierno, quien ofrece donaciones a los santuarios e incentiva la creación de mataderos y otros centros industriales de procesado cárnico?

No obstante, aquí hablamos más de meritocracia de cara a la galería que de otra cosa. Al fin y al cabo, ningún santuario o refugio dirá que no a un donativo, a una ayuda privada; lo hará, y muy legítimamente, a sonreír, y a hacer el paripé en público por 500, 1.000 o 3.000 euros. Si se venden al capital, que sea a precio de oro. Pero lo lógico es no hacerlo, porque a un santuario de animales y a los integrantes que lo conforman les mueven otras cosas más allá de las oportunidades que se abren a su paso, y son la ética y la capacidad de ser consecuentes consigo mismos.

Woodstock Farm Santuary
Estas imágenes pertenecen al Woodstock Farm Santuary, y no, cuando hablo de animales que han perdido su «animalidad» no me refiero a aquellos que necesitan una prótesis para vivir, o fisioterapia, sino a casos mucho más graves.

A su vez, esta utopía tan necesaria que ha fluido a lo largo de todo este (extenso) artículo no debería hacernos olvidar dos cosas: la primera, que cambiar el mundo paso a paso debe permitirnos seguir avanzando; si se quiere una sociedad que respete a los animales, no podemos embarrancar en ese espacio donde seguimos salvando a unos pocos «afortunados» que han sufrido su propio infierno: hay que crear conciencia, luchar contra el especismo, exigir que todos, los que comen carne y pescado y los que no lo hacemos, piensen en ello, y en un modelo más humano; la segunda, y quizá todavía más importante, dejar que los animales sean animales: por mucho que nos duela, unas ocas que no pueden caminar, quizá hayan perdido buena parte de su animalidad, y de su esencia; podemos cuidarlas, igual que a cualquier otro ser vivo, pero, desde la distancia, parece que no deberíamos perder de vista esos casos que nos impiden ver todo el mar de problemas a combatir que se abre frente a nosotros.

Uno de los eslóganes más tenaces con los que me he encontrado estaba en la página web del Santuario Gaia; decía: Por un mundo vegano, pero el mundo es lo que es; veganos solo podemos ser nosotros. Y esa es una de las ideas más importantes a retener si queremos un cambio.


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El vegano desestructurado que no quería que su perro comiese chuletas

Hoy, por casualidad, leí el término flexitarianismo que, o bien sería algo así como aquello de lo que hablaba hace unas semanas, o bien sería una forma de no ser consecuentes ni con nuestra propia ética. De cualquier modo, pocas horas después de publicar aquel texto, tuve una conversación muy curiosa. Alguien me escribió lo siguiente: «Muy vegetariano, pero tus perros comen carne y a otros animales.»

Me imaginé mirándole, incrédulo. Él, el señor X, que puede ser hombre o puede ser mujer, me citó un vídeo de Gary Yourofsky que ya había visto (y con el que estoy de acuerdo en un gran número de cuestiones; no en todas, claro que no); le contesté: «Yo puedo elegir una dieta basada en vegetales; mis perros, son carnívoros.»

Fue todo lo que dije. Esa noche, no pude (ni quise) alargar demasiado el tema, aunque se me ocurrió que un cerdo sería una buena mascota para un vegetariano estricto que no quisiese más problemas de moralidad en su vida; además, podría bautizarlo con un nombre bien chulo, como Lord Bacon, el cual llevo años reservando para mi cerdo-mascota y ahora le cedo al mundo a través de este sencillo texto; altruista que es uno, vamos.

Pero lo cierto es que me quedé con ganas de más. Porque es una pregunta que suele cogerme por sorpresa desde que me lo plantearon hace más de un año y medio por primera vez y que, desde siempre, me ha parecido una confusión habitual que termina por dañar a nuestros colegas de cuatro patas (sean perros, sean gatos), por lo que anoté varias cuestiones que no quería olvidar.

Ser humanos

La primera de todas ellas trataba sobre ser humanos. Algo que nos convierte en omnívoros por definición, y no ser perros ni gatos, es decir, carnívoros. Ser humanos es, en este caso, libertad de elección (y acción) en todos estos sentidos; es poder comer carne y pescado o no hacerlo, o poder comer más o menos proteína animal y proteína vegetal.

Habrá quien diga que un perro también es omnívoro, cuando lo que quiere decir es que han desarrollado enzimas que les ayudan a digerir ciertas proteínas vegetales; habrá quien diga que un perro es omnívoro y se equivoque; y todavía será más grave si habla de un gato, que ni tan siquiera puede procesar ese tipo de comidas (y dudo que se las coma a diferencia del perro).

A grandes rasgos, detrás de un perro al que se quiere convertir en vegetariano, hay un dueño con unos principios éticos y morales concretos; el problema aquí es que un perro es un perro y un señor de Murcia es un señor de Murcia. Y el señor puede comer lo que le dé la real gana, pero no debería intentar humanizar a su mascota, sino informarse adecuadamente de las necesidades que esta tiene.

Dejarse llevar por la filosofía

Si seguimos por ese camino, lo que terminaremos haciendo, antes o después, es dejarnos llevar y, finalmente, obligar a otro ser vivo a ir contra natura.

Puede que en un primer momento sea más fácil pensar que ni tú ni tu mejor amigo tenéis la necesidad de matar a otros animales para vivir, y en tu caso (hoy) puede que sea cierto, pero no en el del perro. Esos animales se acercaron a ti en un momento concreto de la historia común porque sobraba un trozo de ciervo que se había puesto malo, o un hueso, o estaban los graneros petados de ratones con los que pegarse un festín.

Evolución del perro

Ese es el origen de la historia común entre humanos, gatos y perros; puede que no sea tan bonito como nos lo imaginamos, pero sí mucho más natural y certero. Y eso es lo último sobre lo que me gustaría hablar en relación con este tema…

Ser natural

Si uno decide dejar de comer animales, o cualquier tipo de alimento de procedencia animal, no creo que haya nada coherente que se le pueda decir al respecto. Cualquiera te dará su opinión, cualquiera podrá equivocarse o acertar, y cualquiera estará en su derecho de omitir las tonterías que le planteen a su paso o ignorar los comentarios acertados que puedan llegarle también; pero no tiene nada de incoherente comprar alimento que tu perro o tu gato necesita y no aquel que te gustaría que comiese. Quizá no hace falta comprar chuletas de cerdo y cocinárselas; a lo mejor es más que suficiente apostar por pienso de calidad y ecológicamente sostenible: aunque esto, siempre será algo que vas a hacer más por ti que por él.

También es cierto que hay muchas opiniones contrapuestas, donde no es extraño que empiecen a surgir ideas sobre las posibilidades de dietas alternativas para nuestros perros (no para nuestros gatos), y otras que mantengan esa idea del animal tradicionalmente carnívoro; sea como sea, una persona responsable debería asegurarse de que ofrece una alimentación adecuada a lo largo de la vida de sus mascotas (aunque no me gusta esa palabra).

Al final, si no podemos aceptar que nosotros hemos decidido tomar una decisión moral, pero no tenemos derecho a arrastrar a nuestras mascotas a una dieta que les provoca todo tipo de intolerancias, solo nos quedará cambiar a perros y gatos por cerdos, zarigüeyas, cuervos, gallinas o iguanas, lo que será siempre mucho más natural que intentar que el día se convierta en noche y la noche en día.

¿Contrastamos opiniones?


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Del estómago al cerebro

El vegetarianismo y el veganismo afirman que no existe necesidad de alimentarse de proteínas de  origen animal para llevar una vida saludable —a excepción de una carencia de vitamina B12 presente en algunos de estos círculos que se debe complementar con fuentes adicionales.

Por carne, nos referimos al cuerpo de otros mamíferos[1], de peces y de marisco, y hago esta señalización porque, por alguna razón, los discursos suelen estar tan sobrepuestos que quizá a las personas de vuestro entorno (madres, padres, hijos, hijas, primos… ya sabéis), les parezca estupendo que renunciéis a la ternera pero no al salmón, al rape y a la merluza, con todas las proteínas, ácidos grasos, vitaminas y minerales que tienen.

Este texto forma parte de una serie de ensayos personales que he titulado De cómo los animales viven y mueren y que comparto en el blog, parcialmente, desde hace unas semanas.

Esta diferenciación es, simplemente, cultural. No comemos carne de perro porque lo sentimos cercano a nosotros: lleva más de 20.000 años a nuestro lado; ha sido un compañero fiel y, como mucho, una herramienta (caza, vigilancia, protección, etcétera). Por el contrario, la vaca, el cerdo o el conejo jamás han gozado de esta proximidad con nuestra especie, ¿verdad? En el caso de los peces la empatía es todavía menor, puesto que no comparten ni tan siquiera nuestro ecosistema directo, lo que restringe el contacto al mínimo.

Carne de perro labrador
¿Te imaginas…? Horrible, ¿verdad?

Desde pequeños se nos ha enseñado la necesidad de comer carne. Enseñar, aun así, sería una palabra errónea, puesto que es cierto que la carne de otros animales cuenta con proteínas y grasas que necesitamos para vivir.

Si ingerimos proteína animal para no sufrir carencias de una vitamina esencial para nuestro organismo, pero nos intoxicamos por múltiples vías, ¿vale la pena? Esa parece ser la clave.

Por ello, antes de la domesticación de animales para consumo, durante el Neolítico, cazábamos. Sin embargo, los vegetarianos y los veganos también viven; entonces, cabe preguntarse si realmente estas dietas alternativas son sostenibles, son mejores o son total y absolutamente deficientes. Si ingerimos proteína animal para no sufrir carencias de una vitamina esencial para nuestro organismo, pero nos intoxicamos por múltiples vías, ¿vale la pena? Esa parece ser la clave.

No hay ningún estudio que pruebe la necesidad de consumir carne para mantener un aporte proteico y calórico suficiente, en cambio, hay múltiples estudios que asocian el consumo de carne animal a problemas de obesidad, obstrucción arterial y cáncer (Staff de la OMS, 2015).

Asimismo, mantener una dieta vegetariana o vegana no parece estar enfrentado a obtener la cantidad suficiente de proteínas y aminoácidos (ácidos esenciales que permiten crear componentes básicos de las proteínas humanas), pero quizá sí tiene otros contratiempos que irán apareciendo en el texto; en este caso, hago referencia a la ya citada vitamina B12 o a los ácidos grasos omega 3 y omega 6.

Triceratops, el primer vegano

En otras palabras, no hay nada que demuestre que el consumo de carne animal no pueda sustituirse en gran parte (o en su totalidad) por alimentos de origen vegetal. Sin embargo, no oscilemos entre los extremos (que suele ser aquello que más nos atrae a todos, ¿verdad?); veamos primero qué papel fundamental ha supuesto la carne para encumbrarse en la cima del consumo de muchos países.

Mantener una dieta vegetariana o vegana no parece estar enfrentado a obtener la cantidad suficiente de proteínas y aminoácidos.

Para ello, tenemos que retrotraernos varios miles de años hacia los cambios evolutivos que sufrió nuestra capacidad craneal y, posteriormente, nuestro cerebro. Numerosos estudios afirman que fue el consumo de carne lo que permitió el aumento de la capacidad craneal y, más adelante, de la inteligencia abstracta que nos diferencia de otros animales[2].

Lo que no siempre se reseña, es que ese consumo relativamente elevado de carne se produce a través de la carroña, como bien sintetiza Carlos A. Marmaleda, experto en paleoantropología y cosmología, en Sobre el origen de la inteligencia humana, un texto de ampliación de otro famoso artículo de Juan Luis Arsuaga titulado El origen de la inteligencia humana.

Estamos hablando de lo que permitió al Homo habilis y al Homo rudolfensis —quizá los australopithecus ya carroñeaban pero no al mismo nivel— mantener una compleja línea evolutiva hasta el Homo sapiens: pasar de una dieta rica en celulosa hacia una dieta muy proteica, y enviar todo ese excedente del aparato digestivo hacia el cerebro (Marmelada, 2003).

Homo habilis carroñereando.
Un grupo de Homo habilis carroñeando.

Sobre estos temas soy completamente inexperto, y además mi interés es relativo, si bien explican el porqué de la importancia de la carne, y cómo al final de la Edad del Hierro esto no tenía razón de modificarse, pues el hábito, la costumbre, la tradición y el sabor habían forjado una cuádruple proposición que se sobreentendía por todos.

De nuevo en el presente, cabría preguntarse por qué no existen estudios dedicados a revelar en un plazo de tiempo lógico si parte o el total de consumo de carne es sustituible y, si es así, por qué no hacerlo, mientras que si no es así, por qué no limitarlo, ya que entramos en los blancos y los negros del consumo de carne. Los blancos están claros: aporte nutricional y, muy probablemente, evolución de nuestra especie; ¿y los negros? No, los negros no solo están relacionados con lo que ocurre en mataderos o granjas industriales, sino también con la sostenibilidad del modelo.

Para que Occidente, Latinoamérica y muchos países musulmanes (no encuentro un apelativo mejor, aunque soy muy consciente, en la medida de mis posibilidades, de las diferencias entre Pakistán y Arabia Saudí, por ejemplo) puedan consumir carne en mayor o menor medida, hay poblaciones e incluso países enteros que no cuentan con ella en su dieta. La carne es un alimento de lujo en China o en la India, y más del 99% de sus ciudadanos no la consumen.

Cabría preguntarse por qué no existen estudios dedicados a revelar en un plazo de tiempo lógico si parte o el total de consumo de carne es sustituible.

Dicho de otro modo, para que nosotros podamos consumir diariamente, muchos países no consumen nunca. Hasta ahora. Ahora, cuando estos países del sudeste asiático empiezan a convertirse en economías emergentes, sus ciudadanos no solo están comprando enormes concentraciones de terreno y animales para la cría, sino que se disponen a consumir carne en la misma medida en que lo hace Occidente y otros países cercanos. ¿Y por qué no deberían?

Lo que ocurre en la China y en la India es lo mismo que ocurrió a finales del siglo XIX en las zonas más industrializadas y aburguesadas de España (País Vasco, Cataluña, etcétera), o en Reino Unido, Francia o Alemania con anterioridad. Sin embargo, es un modelo caduco.

Ilustración, John Holcroft (granja)

Al margen de las creencias de igualdad animal; sin relación alguna con el sufrimiento de otras especies; total y absolutamente separadas de la salud o de las enfermedades de los ciudadanos. Es un modelo caduco porque está destruyendo el planeta a una velocidad que no alcanzará los cien años desde el establecimiento de la agricultura intensiva tras la Segunda Guerra Mundial si otras naciones empiezan a comer carne al mismo ritmo que nosotros (Carnero, 2014). Y lo van a hacer, porque no somos nadie para decirles qué pueden y qué no pueden hacer. Solo tenemos potestad para aprender de nuestros errores, e intentar que el resto del mundo tome conciencia de ellos. Pero para eso primero debemos tomar conciencia nosotros (Linde, 2014).


[1] Muchos activistas entre los que se encuentran Yourofsky, Potter y Melanie Joy (en sus respectivos campos) critican un nivel de invisibilidad e hipocresía en el lenguaje. Todos ellos consideran que es más sencillo seguir consumiendo carne si lo suavizamos etimológicamente: una hipótesis que mantiene que el consumo de otros seres vivos es menos traumático si nos referimos al cadáver de otro animal como carne, a sus testículos como criadillas y a su cerebro como sesos: no solo alejamos la muerte y el despiece, sino también la definición real del “objeto”.

[2] Remarco aquí el término “inteligencia abstracta” puesto que, a menudo, tendemos a creer que otros animales no son inteligentes cuando, simplemente, piensan y sienten de un modo distinto.


Lista de referencias bibliográficas:

  • Staff de la OMS (2015). Prevención del cáncer. Ginebra, Suiza: OMS. Recuperado de http://www.who.int/cancer/prevention/es
  • Marmelada, C. (2003, 15 de enero). Sobre el origen de la inteligencia humana. Ampliación del artículo El origen de la inteligencia humana, según Arsuaga. Navarra: Universidad de Navarra, Grupo de Investigación Ciencia, Razón y Fe. Recuperado de http://www.unav.es/cryf/origeninteligencia.html
  • Carnero Chamón, E. (2014, 8 de octubre). Ser vegano no es lo que usted piensa. El País. Recuperado de http://elpais.com/elpais/2014/10/08/buenavida/1412757202_712498.html
  • Linde, P. (2014, 27 de noviembre). ¿Y si dejáramos de comer carne? El País. Recuperado de http://elpais.com/elpais/2014/11/26/buenavida/1417006731_060496.html

Las ilustraciones pertenecen a DKFindOut, Tricky Trapper Camp y John Holcroft.

El consumo de carne en el mundo

No hay nada más poderoso que una idea cuando su tiempo ha llegado. 
Víctor Hugo (1802-1885)
Nuestros nietos algún día nos preguntarán: “¿Dónde estabas durante el Holocausto de los animales? ¿Qué hiciste en contra de estos crímenes horribles?” No podremos dar la misma excusa por segunda vez, que no sabíamos. 
Helmut F. Kaplan (1952)

El 20 de marzo de 2012, Philip Wollen, expresidente de Citibank, lanzaba con la voz queda un grito por el derecho de todos los animales (Kindness Trust, 2012). Minutos antes de que el Saint James Ethics Centre (Melbourne, Australia) estallase en un aplauso generalizado, el filántropo difundió una de las máximas más célebres de William Shakespeare al público: ¿Cómo ve usted el mundo?, dijo, repitiendo la pregunta que el rey Lear formulaba al conde de Gloucester. Este contestó: “Lo siento”. No como una disculpa (I see it feelingly, en el original), sino como una forma de vivir más cercana y real con la naturaleza.

En el centro del encarnizado debate, Wollen ofrecía datos objetivos sobre lo que supone el consumo de carne a nivel global: las emisiones de CO2, metano y otros gases contaminantes producidos por estas son la primera causa de contaminación atmosférica, el 90% de los peces pequeños son molidos para alimentar a la ganadería convirtiendo a las vacas en el mayor depredador marino de la Tierra y necesitaríamos dos planetas para alimentar al mundo entero con una dieta basada en el consumo de carne.

Estos enunciados, entre otros, son los que hacían al ponente afirmar que estamos ante un problema de origen financiero que, a medio plazo, provocará problemas ambientales (contaminación) y agotará las reservas de agua potable del planeta.

Se necesitan 50.000 litros de agua para producir un kilo de carne de res. Por ello, al margen de premisas que se relacionen con nuestra salud o con la crueldad animal, documentales como Earthlings (Monson, 2003) entrevén otra gran guerra, donde no se peleará por el control de la economía o del petróleo, sino por el agua. Los países industrializados no sufrirán desnutrición o falta de alimentos; por el contrario, amparados en estos testimonios parece plausible afirmar que pueden colapsar por el agua.

Philip Wollen sentía en el cáncer que hacía gritar de dolor a su padre un desconsuelo similar al que se podía percibir en una ballena moribunda que, con un arpón perforando su cráneo, buscaba a su cría entre bramidos; o el miedo de un cerdo o una ternera mientras recorría sus últimos pasos en el matadero.

Granja industrial de pollos.

Su testimonio no desea erradicar la guerra contra otras especies animales, como él la designa, sino promover una justicia real con el resto de organismos vivos de nuestros ecosistemas. Una idea que choca frontalmente con el humanismo previo al siglo XXI, que solo tenía presente cómo los seres humanos nos tratamos los unos a los otros, pero había arrebatado esa equidad a otras especies (Free From Harm Staff Writers,2012).

Por último, ten presente también que (Colaboradores de Oxfam Intermón, 2015, p.23):

El ganado produce algunos de los gases de efecto invernadero más peligrosos —el metano y el óxido nitroso— a través del sistema digestivo (en el caso de los rumiantes, como las vacas) y del estiércol. Ambos gases son mucho más potentes que el dióxido de carbono, del que tanto se habla. En total, el ganado es responsable del 18% del total mundial de emisiones de gases de efecto invernadero. La cría de ganado también emplea una enorme cantidad de agua: aproximadamente un 8% del uso mundial de agua que realizan los seres humanos se destina a cultivar alimentos solo para las reses.

Y también (Colaboradores de Oxfam Intermón, 2015, p.25):

Si los hogares urbanos de Estados Unidos, el Reino Unido, España y Brasil comieran una comida sin carne una vez a la semana, cambiando la carne de vacuno por alubias o lentejas, se criarían cada año cerca de nueve millones y medio menos de vacas. Eso significaría que se dejarían de producir más de 900.000 toneladas de metano al año, lo que tendría el mismo impacto en el medio ambiente que si se quitaran 3,7 millones de coches de las calles durante un año.

Criando muertes

El sistema funciona de un modo muy simple: criamos animales para comer animales. La domesticación, a excepción de razas caninas en un elevado número de culturas y etnias, ha tenido en todo momento un componente utilitarista para los seres humanos; la cría y selección de animales de otras especies permite ciertas modificaciones (fisiológicas, psicológicas o morfológicas, y a menudo todas ellas) con un determinado fin que, en la mayoría de los casos, es el consumo de los productos derivados del animal.

Sin embargo, el consumo tal y como lo conocemos empieza tras la Segunda Guerra Mundial, momento en el que podríamos establecer un cambio global en los países desarrollados (Patterson, 2002). Esta división es, notablemente, discutible, puesto que la agricultura ya recibe mejoras considerables a partir del siglo XVI, pero la mayoría de las mismas se aplican al cultivo y no a la cría, engorde y sacrificio de animales para consumo.

Estas mejoras suelen considerarse, en contraste, menores, y las innovaciones que realmente suponen un cambio a nivel agrícola son los fertilizantes, los reguladores de crecimiento, los pesticidas y la integración de maquinaria mecanizada. Esta última, aplicada con la ganadería, es la que permite hace más de medio siglo lo que se conoce como intense farming o agricultura intensiva. Las prácticas intensivas tienen una premisa básica: aprovechar el máximo de espacio para producir una mayor concentración del producto; esto tiene un límite a todos los niveles, pero el impacto a nivel agrícola es mínimo en contraposición con el trato y las necesidades de infraestructura y espacio de los animales destinados para el consumo humano.

Granja intensiva de cría de cerdos
Fotografía de National Geographic que muestra un centro de cría intensiva de cerdos.

Ante todo, no pretendo crear conciencia de la necesidad de abandonar el consumo de alimentos, sino que me propongo únicamente que me acompañes a lo largo de un análisis de lo que sucede en estos emplazamientos y en cómo afecta al producto final. Quizá descubres que no todo es genial, pero que sigues queriendo comer carne, y pescado, y marisco; como decía al inicio, la cuestión no es imponer una idea, es saber, conocer lo que se mueve a nuestro alrededor y en nuestros estómagos.


Lista de referencias bibliográficas:

  • Kindness Trust (2012, 16 de mayo). Philip Wollen: Animals Should Be Off The Menu debate [YouTube]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=uQCe4qEexjc
  • Monson, S. (director y productor). (2003). Earthlings [Documental]. EEUU: Nation Earth.
  • Free From Harm Staff Writers (2012, 24 de junio). Philip Wollen, Australian Philanthropist, Former VP of Citibank, Makes Blazing Animal Rights Speech. Free From Harm [Mensaje de blog]. Recuperado de http://freefromharm.org/videos/educational-inspiring-talks/philip-wollen-australian-philanthropist-former-vp-of-citibank-makes-blazing-animal-rights-speech/
  • Colaboradores de Oxfam Intermón (2015). Todo lo que necesitas saber sobre comercio justo. Recuperado de http://cdn2.hubspot.net/hub/426027/file-2384404317-pdf/Ebooks/ebook_Comercio_Justo.pdf
  • Patterson, C. (2002). Eternal Treblinka: Our Treatment of Animals and the Holocaust. Nueva York: Lantern Books.

¿Es un desgraciado aquel que come perro?

Estos días estoy retocando algunos capítulos de un proyecto que me encantaría que viese la luz: concentra algo de ética, de animalismo, de filosofía vida… Y en estos textos que empecé en febrero y, de algún modo, terminé a finales de junio (aunque no del todo), también hay un espacio reservado al consumo de carne y de pescado.

Me explico. Punto por punto; paso a paso. Digamos que yo ahora te confieso que me he comido un perro. Rápidamente relacionarás perro con animal de compañía, y pensarás que soy un verdadero monstruo. Esta hipótesis, aparentemente tan simple, es lo que planteaba hace un par de años Melanie Joy en un libro muy recomendable titulado: Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas: una introducción al carnismo (Plaza y Valdés, Madrid, 2013).

Diferencias fundamentales entre ética, cultura y empatía

¿Pero hay alguna diferencia real entre un perro, una vaca o un cerdo o es una distinción, simplemente, cultural y ética muy relacionada con la empatía de cada persona? En realidad, en Vietnam, Tailandia, Japón y en zonas adyacentes, el conejo es un animal de compañía, y nadie comprendería allí que tú quisieras comer conejo (¡es una mascota, no comida!), por el contrario, el perro ha formado parte de su dieta durante miles de años. ¿Ves por dónde voy? Sigue leyendo «¿Es un desgraciado aquel que come perro?»