Presentación: De cómo los animales viven y mueren

Ayer, día 22 de noviembre, se mezclaron cientos de sentimientos y emociones: alegría, inquietud, espontaneidad, gratitud, familiaridad, deseo de cambio,… ¡quién sabe qué más!

Fue la primera de muchas, espero, y un punto de partida; uno más. Con muchos nervios al principio, y un alivio aderezado entre tacos a medida que los minutos pasaban (¡no os puedo engañar, soy muy mal hablado!).

Una hora en la que me había propuesto mostrar los problemas de sostenibilidad que nos afectan a todos, y cómo la ética de cada uno se compone de lo que sabemos; de la importancia de saber, y de seguir aprendiendo, y, sobre todo, de la firme creencia de que la imposición nunca será el mejor camino para llegar a quienes no piensan como tú.

Una presentación que, creo, que conseguí que se asemejara al libro: lleno de relatos que se resisten a salir a la luz, de historias tras los muros, del desconocimiento y del peligro que este supone en todo lo que vivimos; en todo lo que comemos, vestimos y en la forma en la que nos divertimos.

De cómo los animales viven y mueren ha sido desde el principio un alegato de cientos de preguntas que necesitan una respuesta, y de, por lo menos, una verdad: que los animales viven y los animales mueren, y que la mayoría de nosotros no sabemos cómo hacen ni una cosa ni la otra, y que para muchos esto no es ético, pero, sobre todo, que tiene una fecha de caducidad muy, muy breve.

Hoy, no tengo más palabras. Pero mañana seguro que volverán.

Gracias.

presentacion-1 presentacion-2

presentacion-javier-dagor
presentacion-caos presentacion-mama-libros publico-presentacion-1


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)Las fotografías corresponden a la presentación en Casa del Libro de De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016), mi primer libro sobre ética y protección animal, consumo sostenible, y mucho más. ¡También está disponible en Amazon!

Diez canciones

Nunca hablo de música, y no sé por qué. Me di cuenta el otro día cuando mi editor me enseñó que tiene un santuario a King Diamond debajo de su propia casa.

Por mi parte, el mayor tributo al heavy metal que tengo yo es una entrada firmada por Alexi Laiho y el resto de Children of a Bodom. Ese es mi mayor tesoro tras decenas de conciertos que se fueron domesticando a lo largo de los años por decisión propia.

La música fue algo imprescindible en mi adolescencia, donde apenas salí de la pentatónica y los típicos quince o veinte acordes que aprendí con los colegas; los punteados, las quintas y el ritmo fueron la forma que encontré para empezar a expresarme.

Pero antes que después, descubrí que no era la mía; que tenía que renunciar a lo de estrella del rock y a los excesos en un backstage y ponerme a escribir.

Aun así, siempre he agradecido en silencio esa guía que llegó de la mano de tantos géneros; sobre todo del rock, y que me permitió descubrir el heavy metal, pero también el blues, y el jazz, y el… Bueno, ¿quién necesita más?

Ahí van diez joyas, y un rey. 

1. In a sentimental mood

Duke Ellington (1935)

2. Lucille

B.B. King – Lucille (1968)

https://www.youtube.com/watch?v=-Y8QxOjuYHg

3. I Want To Break Free

Queen – The Works (1984)

4. Segundo movimiento: Lo de fuera

Extremoduro  – Dulce introducción al caos (2008)

 5. Beware The Heavens

Sinergy – Beware The Heavens (1999)

6. Timber (Pitbull & Ke$ha cover)

Postmodern Jukebox – YouTube (2014)

7. Childen of Decadence

Children of a Bodom – Follow the Reaper (2000)

8. Hallowed Be Thy Name

Iron Maiden – The Number of the Beast (1982)

9. November Rain

Guns’n’Roses – Use Your Illusion I (1991)

(Con esta me casé, por cierto.)

10. Rock You Like a Hurricane

Scorpions – Love at First Sting (1984)

Y el rey del que os hablaba.

Elvis Presley – Jailhouse Rock (1957)

Claro que hay muchas más…

Quizá le coja el gusto a esto.

Un robot con renta básica

Al principio de su campaña, Podemos defendió la renta básica universal. Pero la formación morada no tardó en dejar esta idea en standby y centrarse en otras promesas electorales. Ocurrió en la misma medida que el rechazo a la tauromaquia, que se tradujo en la ofrenda de un tijeretazo a sus subvenciones: algo que PACMA consideró insuficiente para ofrecerles su apoyo.

En España, un país que tiene un sueldo mínimo de 655 € al mes y un paro juvenil superior al 46 %, defender la renta básica universal es una quimera. Para nuestra tranquilidad, por ahora, lo es también en Europa —en esto, sí somos europeos—, si bien probablemente sería una buena forma de establecer políticas novedosas con las que nadie se atreve, ¿no? Al fin y al cabo, si podemos ser el conejillo de indias del Bundesbank para ver cuánta mierda puede tragar el ciudadano medio, también podrían tirarnos un hueso de vez en cuando.

Unidos Podemos (Garzón, Colau, Oltra, etc.)
Cartel promocional de Unidos Podemos para las Elecciones Generales de junio de 2016.

La argumentación de Iglesias, por aquel entonces, era dramáticamente lúcida: si los jóvenes tienen que trabajar por cuatro duros, por consiguiente, no podemos generar empleo de calidad; «si no tienen que coger el primer trabajo que les salga, la competitividad de las empresas, aumentará». Por descontado, también resultaba terriblemente obtusa: ¿si no lo habían visto los alemanes en la zona industrial del Rin?, ¿si la gran Europa no veía que había zonas enteras que no resultaban competitivas en un país y tenían que depender de terceras, cómo iba a percibirlo la pequeña España desde su burbuja? ¿O si se veía? Quizá detrás del discurso del «vivir del cuento», «de no mantener a los vagos» y de «dónde saldrá el dinero para ese sueldo Nescafé», existe un problema gravísimo de desempleo regional que se materializa en las Canarias, en Ceuta, Extremadura o Castilla-La Mancha, y también en Grecia, en Portugal, en Francia, y en toda Europa.

[…] ¿si la gran Europa no veía que había zonas enteras que no resultaban competitivas en un país y tenían que depender de terceras, cómo iba a percibirlo la pequeña España desde su burbuja?

The New Yorker (portada, 2011)Por supuesto, los detractores de la renta básica universal (RBU) han buscado argumentos con los que convencer al electorado: está la premisa de la gran putada que eso supone para una debilitada clase media europea (¿qué clase media?); tampoco se olvidan de que la heterogeneidad es un hándicap notable, y ponen de ejemplo a los EE UU, donde los blancos protestantes no ven bien eso de las ayudas a las «minorías» de clase baja; y, por supuesto, crea vagos. No te lo dicen así, pero esta no es una política que siga el modelo de competitividad capitalista, así que… ¿si te dan algo gratis, por qué vas a trabajar?

Evidentemente, si lo analizamos punto por punto, esto es un despropósito. Primero, porque no hay razones de peso para cargar ese gasto a la clase media: si el capitalismo nos lleva a incrementar las diferencias entre clases altas y bajas, que sean las primeras quienes se ocupen del mayor agravio comparativo, y no una clase media que se está extinguiendo debido a esas mismas políticas económicas. Segundo, porque comparar EE UU y Europa no siempre es pulpo como animal de compañía, porque hay una cosa que se llama neoliberalismo y estado del bienestar, y otra cosa que se llama liberalismo y no intervencionismo. Y, tercero y último, porque por mucho que te digan que con una renta básica uno va a ser feliz: la mayoría de los seres humanos no aspiramos a comer todos los días macarrones y nada más que macarrones, y ni estudiar, ni comprarnos la PlayStation, ni salir por ahí de viaje, o de fiesta, o con la parienta.

Estamos entre la espada y la pared, entre la dictadura del proletariado de Marx y los temores más oscuros de desempleo que enarbolaban los luditas.

Más que vagos, lo que parece crear esta RBU es un arma contra las humillaciones, contra los sueldos que nunca abandonan las tres cifras, y contra las grandes empresas y los poderes fácticos. Pero no funcionó. Iglesias y los suyos dejaron esta idea atrás más pronto que tarde, y centraron su campaña en temas sociales y de mejora económica que no se desviaban tanto de los caudales tradicionales.

¿Pero por qué es una quimera? ¿A qué viene esa marcha atrás en plena campaña? A nada más y nada menos que a las actuales economías low-cost, donde todo tiene que ser cada vez más barato, donde no se prioriza la inversión en Investigación y Desarrollo y te miran raro cuando mencionas el coste agregado de la digitalización.

Robots industriales (fábrica de coches)
Robots industriales en una fábrica de automóviles.

Estamos entre la espada y la pared, entre la dictadura del proletariado de Marx y los temores más oscuros de desempleo que enarbolaban los luditas; lo que está claro es que la cúpula de Podemos debió mirar un poco más a fondo en los presupuestos generales, y darse cuenta de que España es un país mucho más atrasado de lo que ellos mismos esperaban, que está terminando de desangrar a ese pollo sin cabeza llamado estado del bienestar, pero que no tiene recursos para alcanzar la renta básica, ¿y como colofón? Bueno, falta por explicar a los ciudadanos que no van a ser los vagos quienes se carguen la economía de la nación, sino los robots; pero, como bien decía Daniel Raventós en una entrevista de Federico Florio para La Vanguardia: «falta voluntad política, pero sobre todo, que los políticos se enteren a tiempo de las cosas», y tengan el interés de informarse, podríamos agregar.


Enlaces relacionados:

La filosofía detrás de Black Mirror (I)

Contiene spoilers de los capítulos.

Black Mirror es, probablemente, el mejor producto televisivo de los últimos años. Por eso, se la ha agenciado Netflix, y lo ha hecho con mucha mano, cuidando los detalles, dando un salto entre algodones para su traslado de la televisión inglesa hacia la americana.

La serie de la cadena británica Channel 4 muestra seis escenarios distintos (dos temporadas de tres episodios cada una) donde lo único que une a los personajes es el uso (y abuso) de las nuevas tecnologías: ordenadores, tablets, redes sociales, smartphones… son la clave. Los personajes no son los culpables de todo aquello que se genera alrededor, pero siempre se convierten en cómplices; a veces, por acción, otras por omisión.

Sobre ella hablé un poco —muy poco— hace más de dos años, cuando ya era uno de esos seguidores con demasiado hype en el cuerpo que lloriquean por más capítulos, por temporadas más largas, para que empezase de una maldita vez la siguiente; cuando nadie conocía Black Mirror, y yo la recomendaba entre conocidos que me ignoraban, porque no era mainstream; como ocurre con lo que se aleja de Juego de Tronos, Breaking Bad o American Horror Story.

Así que, cuando hace un par de semanas aterrizaron ni más ni menos que seis episodios, me faltó tiempo para sentarme frente al portátil y devorar uno tras otro las más de siete horas de pura heroína en vena. ¿Por qué tanta prisa? Supongo que porque Black Mirror es más filosofía que entretenimiento, más crítica social que ciencia ficción, y está más cerca de lo que ninguno nos imaginamos. En cierto modo, le ocurre lo mismo que a Westworld de HBO; pero lo que ya percibimos claramente con la tecnología, todavía no vemos tan claro en sus próximos resultados…

En definitiva, que me he dicho: ¿por qué no empezar por recopilar en unas cuantas entradas los seis primeros episodios de esta tercera temporada y analizar sus pormenores? Como siempre, y al igual que otras entradas que he publicado aquí (Vivir sin Tony SopranoCinco claves que explican el éxito de ‘The Walking Dead’¿En qué cree Tyler Durden? (I) La filosofía de la imagen) se centrará en buscar paralelismos con otros medios, en retrotraernos hacia referencias literarias y audiovisuales, y en crear algo medianamente digno de leer y sobre lo que discutir.

Si lo consigo o no, ya no es cosa mía, que conste.

Caída en picado (3×01 Nosedive)

El episodio más digerible con diferencia. Un aperitivo para despertar la curiosidad de ese target mucho más amplio que se sienta frente a Netflix para descubrir una serie que ya era una pasada antes del 21 de octubre de 2016.

Nosedive no es más que Facebook o Instagram elevado al cubo; un futuro distópico en el que todo lo que los demás piensen de ti, de tu vida social, de la gente por la que te rodeas, de tu familia, de tu existencia entera, está puntuado.

Black Mirror (3x01 Nosedive)

Tu vida tiene nota, y para el mundo vales lo que ese número muestra. Eres importante en la medida en la que el resto de mortales te puntúan. Según tu media, vale la pena invitarte a un evento, puedes trabajar en cierta empresa, puedes permitirte un determinado alquiler o un tratamiento médico.

Si el cartesianismo dudaba de todo más allá del  propio yo, Paul Ricoeur (1923-2005) —y Habermas, y Luhmann— había superado este estadio para afirmar que uno no podía desconocer las instituciones, los derechos ni los principios de la modernidad; la propia conciencia del yo estaba obligada a pensar en ellos para decidir y actuar; es decir, para vivir.

¡Imagina, pues, lo que significa un mundo donde las redes sociales han convertido la evidencia de tu propia existencia en lo que el resto piensa de ti! Y tampoco está tan lejos de nuestro día a día; ¿no te lo crees? ¡échale un ojo a Peeple!, como recomiendan en Verne (Sonríe, te están puntuando: lo último de ‘Black Mirror’ ya está ocurriendo).

Nosedive ya está sucediendo: apps para ligar que nos permiten puntuar públicamente a nuestras citas, y que, probablemente, son el primer paso de mucho más. No es distinto al «sígueme y te sigo» o a los ratings internos de los que hablan en el artículo de El País y que muchos plataformas ya tienen: Tinder, OK Cupid, y otras tantas que utilizan esa puntuación para facilitar o poner barreras a la entrada de usuarios o clientes, como Uber, MyTaxi o BlablaCar.

¿Acaso esto es malo? Bueno, como ocurre en todos y cada uno de los capítulos de Black Mirror, lo es a partir del momento en el que la tecnología afecta e incluso cambia el mundo que nos rodea. Cuando se convierte en el rasero por el que dividir, en la normativa, escrita o no, en la única opción.

[SPOILERS] Lacie (Bryce Dallas Howard) no ha hecho nada malo. Ha seguido las reglas del juego; se ha adaptado en todo momento. Ha buscado, desesperadamente, la forma de crecer en su vida personal, olvidando que aquí, en este mundo, las acciones individuales no tienen demasiado peso frente a las colectivas.Puntuaciones (Nosedive 3x01)

Se porta maravillosamente bien en su trabajo, hace fotos con filtros y comparte al señor Trapito para ser todavía más vomitivamente mona; se prepara un discurso estupendo para la boda de aquella amiga que la vejaba continuamente en la escuela y pretende rescatarla por puro interés… ¡Incluso se avergüenza y oculta a su hermano: un 3,8 (o algo así)!

Siempre ha habido esclavos de las apariencias: en las zonas altas de las ciudades, con sus locales chic, sus fronteras físicas trazadas entre dos calles del imaginario colectivo, y un largo etcétera; ahora, en Nosedive, está élite social se mueve en el sector de la tecnología: veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año. ¿Y quién no lo hace? Bueno, Rashida Jones no lo hace; pero Jones no existe en ese mundo; ya sea como una camionera con una puntuación de mierda, o una lesbiana que avergonzaba a las figuras canónicas de Hollywood, su figura se ignora de forma sistemática.

¿Hasta dónde se puede leer? Bueno, algunos críticos han visto en esa caída en picado nuestra obsesión por las apariencias, nuestra dependencia por la valoración externa o el principio de estabilidad hedónica (o adaptación hedónica, donde nunca estamos contentos con lo que tenemos, porque cuando conseguimos algo, aspiramos a otra cosa, o a mayor cantidad de la misma).

Lacie, al final del episodio (Nosedive)

A lo largo del capítulo, esa caída demuestra las fallas de buscar la felicidad fuera de uno mismo; de anteponer las necesidades del otro a las propias, pero por encima de todos estos puntos, quizá el más interesante es el modo en el que nos limitamos como seres, nos reducimos, para mostrar una imagen más afable,  más dócil, más adaptable al propio contexto social.

Para Lacie, parece no terminar bien. Pero… ¿cómo es posible que uno pueda sentirse más libre en una cárcel que fuera de ella?

(¡Ah, por cierto! Hipertextual pone a disposición los tonos que se escuchan con el puntuaje por estrellas. Seguro que han cosechado unos cuantos me gusta en Facebook con esta iniciativa. Ilusos…)

Playtest (3×02)

Playtest es bueno. Verdaderamente bueno. Con Playtest no tienes que seguir dudando, Black Mirror sigue siendo Black Mirror, también en Netflix, y respiras aliviado mientras te sumerges en un episodio muy distinto a lo que habíamos visto hasta la fecha en Channel 4.

Nosedive (3×01) funciona muy bien como nexo de unión: una buena historia a la que, probablemente, le sobran cinco o diez minutos de capítulo y que nos habla de los peligros de la tecnología; donde podríamos estar si nos descuidamos, como decía Charlie Brooker en los inicios; pega bien con 15 millones de méritoscon Tu historia completa o con Vuelvo enseguida. Y, una vez enganchados, aceleramos.

Playtest (3×02) nos habla de los conceptos realidad virtual y realidad aumentada aplicada a los videojuegos: ¿quién no se siente tentado por eso? Entre las Google Glass, las Oculus Rift y las múltiples VR o lentillas de nueva generación que anuncian todo tipo de nuevas experiencias (y, ¿por qué no?, nuevas formas de vida). Si nadie se sorprende ya de que el videojuego Deus Ex trabaje junto a empresas como Open Bionics para la creación de prótesis de última generación, tampoco nos resultará extraño jugar en narrativas donde nosotros seamos realmente los protagonistas.

Black Mirror (3x02 Playtest)

El episodio propone exactamente esto a través de una prueba piloto: ¿qué ocurriría si utilizamos la realidad aumentada para conseguir historias y escenarios cada vez más y más inmersivos? ¿Podemos poner un límite al realismo? ¿Y por qué deberíamos hacerlo?

Espero que mi madre no esté arriba convertida en un monstruo.

Cooper (Wyatt Russell)

En la revista Yorokobu, aparecía un artículo muy curioso que vinculaba PsicosisPlaytest, a Cooper con Norman Bates, y a su madre, con la señora Bates. ¿Se trata de un problema familiar sin resolver? ¿O solo es una historia de terror donde el escenario virtual pretende resolver los conflictos que arrastra su protagonista y que ni la vida real ni su viaje de crecimiento o autodescubrimiento han conseguido dejar atrás?

Hay en la madre de Cooper algo hitchcockiano: la madre opresora, la madre que frustra los intentos del hijo para volar solo. Es la madre de Extraños en un tren, Encadenados y Psicosis. Una madre que siempre está, aunque no esté.

Puede que Cooper no sea más que un niño con miedos atrapado en el cuerpo de un treintañero que no sabe cómo lidiar con la muerte de su padre, con la enfermedad y el olvido, y con lo que todo apunta que es una madre castradora; un monstruo incluso, si tenemos que fiarnos de lo que brota del subconsciente, pero Black Mirror no trata de eso.

[SPOILERS] Desde el inicio del viaje, Cooper está atrapado. Así nos lo demuestra con su actitud: agazapándose a primera hora hasta un coche sin despedirse, escapando de su madre en lo que a todas luces resulta un sinsentido; una madre que le llama, y le llama; le llama cuando conoce a Sonja en un bar; a la mañana, siguiente, y seguirá llamando y llamando hasta el final.

Black Mirror (Playtest 3x02) - Realidad aumentada (ejemplo)Black Mirror (Playtest 3x02)

Todo nos lleva hacia el papel de Cooper como betatester: hacia una engañosa presentación de realidad aumentada, y a una doble mentira que despista magistralmente al espectador: la primera, nada podrá hacerle daño; la segunda, estamos viendo un espacio real en el que se sobrepone otra realidad (realidad aumentada).

Desde aquí, la trama no se detiene hasta alcanzar esa mansión neogótica tan parecida a la de la serie Hammer House of Horror¡y es que el imaginario colectivo es duro de pelar: ¡nadie duda de eso!, pero no tardaremos en comprobar, tarde, que hay algo más ahí detrás: ¡esas son imágenes de los ochenta grabadas a fuego en la psique de Cooper!

A lo largo del episodio, se superponen las capas, y perdemos de vista cuándo termina una y comienza otra; no importa en realidad, porque aquí es donde hallamos esa crítica a la tecnología: ¿es necesario jugar con un realismo tal como la vida misma? Y quizá algo todavía más importante, y que también se trata en San Junipero (3×04) más adelante: ¿si no puedo distinguir realidad y ficción? ¿No es real? ¿O sí es real? ¿O depende de dónde esté yo situado?

Hay otros puntos a tener presentes en Playtest: los implantes, la metahumanidad, el uso de la biotecnología en el ocio y la aceptación de ese porcentaje de error que nos permite seguir avanzando. Pero ninguno es tan importante como el primero: ¿esos 0,04 segundos entre la madre que interrumpe por última vez a su hijo treintañero jugando a la consola y la muerte de Cooper son 0,04 segundos o son horas y horas de sufrimiento, de vida, y de tragedia personal?

Yo, apuesto por la segunda opción. Y eso convierte el episodio en un thriller de terror maravilloso.


Enlaces relacionados:

¿Por qué Trump?

Bueno, parece que ya está confirmado: Donald Trump será el 45º presidente de los EEUU. Dicho esto, el Ibex ha caído un 4 % —y a ver qué pasa con Wall Street dentro de unas horas—, la web de inmigración de Canadá se ha colapsado, y quién sabe qué nos deparará el mañana cuando llegue aquí la tarde y este hombre se ponga a trabajar en su nuevo despacho.

Mientras sorbía el café, aparecían en El Periódico un par de párrafos muy ilustrativos, pero era el primero aquel que, quizá sin pretenderlo, definía la escena al completo: La victoria de Donald Trump es un cúmulo de muchas derrotas. A continuación, mencionaba la derrota de Hillary Clinton, la de los republicanos, quienes han dado vida a un monstruo y se han echado a temblar demasiado tarde, y de los lobbies, resguardados en su propia burbuja y siempre  escasos de preocupación frente a las tragedias de la clase media y baja (esto nos suena, ¿eh?).

Esto no fue de cualquiera, incluso Clinton, antes que Trump, sino cualquiera, incluso Trump, antes que Clinton

Pero esta lectura es, como mínimo, incompleta, y es un grave error leer la derrota del partido demócrata en la incapacidad de Hillary Clinton de devolver las acometidas, sino en su elección. Contexto y Acción predecía en marzo: Si los demócratas no presentan a Sanders, Trump será presidente, ¡y qué razón tenía!

Trump (portada The New Yorker)

Bernard Sanders no fue elegido por sus escasos resultados dentro del partido; sí, tampoco había sufrido apenas desgaste  durante los primeros meses de la campaña, pero eso se debía, para una gran mayoría de demócratas, a que era poco más que un político cualquiera, y un don Nadie. Sin embargo, en este John Doe radicaba la clave del éxito del Partido demócrata: en un tipo judío, cortado por el mismo rasero que ofrece Brooklyn a cualquier Woody Allen de provincias —o de boroughs, en este caso— y que no daba ninguna ventaja táctica al candidato republicano: un paleto rico, pero un paleto al fin y al cabo.

El dominio político de Trump depende en gran medida de su método audaz e idiosincrático de hacer campaña. Funciona casi en exclusiva con golpes bajos y ataques personales que resultan tan indignantes como entretenidos, y es hábil a la hora de desviar los debates públicos de los problemas reales de la gente y centrarlos en la personalidad de los candidatos.

¿Una parte de la culpa radica en el periodismo sensacionalista? ¿En una campaña de seguimiento y difusión del republicano que no tenía techo por miles y miles de millones que se gastasen? ¿En el amor que la mayoría sienten por las promesas al aire, la nostalgia y el dólar? También sobrevolaban la inestabilidad de las clases medias, la irresponsabilidad del binomio que se empeñó en conformar Barack Obama con el Tea Party Movement, y la falta de un frente unido.

Resultados - Elecciones EEUU 2016

Pero bueno, basta de echarnos las manos a la cabeza. Nosotros, no tenemos derecho. Si nosotros no pudimos solventar entre tres alternativas (o dos, o quizá una, cuando se le cayeron las máscaras al resto), tampoco podemos hablar demasiado. Podemos sorprendernos, pero reírnos de los yanquis por votar al septuagenario del peluquín es harina de otro costal. Al fin y al cabo, basta con recuperar el mapa político de diciembre y, sobre todo, de junio de este mismo año y entender que, como país, deberíamos cerrar el pico; aunque tranquilos: de eso también se ha encargado el Partido Popular, y la Ley Mordaza.

Y eso es todo. Buenos días, o buenas noches por allá. Por decir algo.


Enlaces relacionados:

¿Qué hacemos con nuestros perros?

Hace medio año hablé sobre el veganismo aplicado a los perros. Lo hice en este mismo blog, en un artículo titulado El vegano desestructurado que no quería que su perro comiese chuletas, y lo hice a raíz de un fragmento de una de las múltiples conferencias de Gary Yourofsky sobre el tema.

Quizá Yourofsky es uno de los activistas veganos más importantes del mundo, y, en lo personal, considero que tiene razón en muchísimas de las premisas que presenta en sus vídeos, pero debería documentarse mejor sobre perros y gatos.

Gary Yourofsky en una de sus conferencias para dar a conocer el veganismo.
Una de sus frases más famosas es: «It is not your right – based on your traditions, your customs and your habits – to deny animals their freedom so you can harm them, enslave them and kill them. That’s not what rights are about. That’s injustice. There is no counter-argument to veganism. Accept it. Apologize for the way you’ve been living. Make amends and move forward.«

Un felino, cualquier felino, es carnívoro por definición, y un gato también. Un perro, cualquier perro, a su vez, es un bicho maravilloso, y ha desarrollado enzimas que le ayudan a digerir proteínas vegetales. Evidentemente, esto no los convierte en animales que pueden adaptarse a una dieta vegetariana, ni vegana; o por lo menos, no resulta beneficioso para ellos; hay otros que sí, como nosotros, pero no los perros ni los gatos.

Vamos, que esto empieza de la forma siguiente: el problema no es tener principios éticos, el problema es intentar imponerlos a la propia naturaleza. Desear que las cosas sean de un modo, y poner todo nuestro énfasis en creer y en luchar para que la hierba sea morada. Pero sin reparar en que, por mucha pintura que gastes, por mucho que colorees, los tallos seguirán saliendo verdes.

Deja que los animales sean animales

La primera opción es comprender que la mayoría de animales en el mundo no han sido domesticados, y no contribuir a ello. Es posible que la forma en la que una persona que se considera vegana más puede aportar a los animales, sea no teniendo mascotas.

Esto puede parecer ambivalente, o directamente extraño, pero Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El principito (Saint-Exupéry, 1943), acertó plenamente cuando escribió:

Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro. —Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.

La naturaleza es autónoma, y casi siempre es salvaje, o agreste, o lo que nosotros hemos definido como salvaje y agreste porque no la entendíamos, o no nos parecía bien, o no nos interesaba de ese modo.

Chiste (vegano)
Uno de las noticias más interesantes sobre este tema puede leerse en Can dogs and cats be vegetarians? de Pete Wedderburn, en The Telegraph.

En este caso, quizá sea tan simple como no tener por mascota a animales que necesitan la carne de otros animales para vivir; y que se han adaptado a nuestra dieta, de un modo u otro a través de los siglos, o han caminado a nuestro lado. Así, podemos escoger herbívoros como mascotas, que los hay, u omnívoros, como los cerdos o los cuervos, que, al igual que nosotros, pueden o no consumir proteína animal.

¿Limitaremos su libertad de acción? Sí, claro, porque es un omnívoro oportunista, que, a diferencia de nosotros, no se mueve a través de la ética o la razón; pero eso no es distinto a cómo nuestras decisiones afectan a cualquier mascota que comparte su vida junto a nosotros.

Saber y ser consecuentes

En diez años, quince años, treinta años, nuestras mascotas (carnívoras) comerán carne cultivada in vitro, y, muy probablemente, el resto del mundo (aquellos que coman carne y/o pescado) también lo hagan.

La tecnología y el desarrollo moral tomarán la delantera, y tendremos una respuesta a todos estos temas de los que, hoy, muchos nos preocupamos. Un vegano podrá tener de mascota a un perro sin dilemas morales; un vegano podrá comer carne de animales y ser consecuente con su forma de pensamiento; pero siempre (¡siempre!) habrá incongruencias entre nuestra filosofía de vida y nuestro mundo.

Desde el momento en el que tienes un móvil, o por acción u omisión dañas algo que intentabas proteger, compras café que ha sido recogido a través de prácticas neocoloniales o, simplemente, te comes un Kit Kat o un Yatekomo de esos sin saber que el aceite de palma destruye el hábitat del chimpancé en África, e incluso sabiéndolo, estás contribuyendo a la desigualdad.

Relájate. Todos lo hacemos o lo hemos hecho. La cuestión es: ¿quieres hacerlo? ¿o quieres hacer lo que esté en tu mano para mejorar todo lo que está a tu alrededor? Muchos no concibimos que una persona que se define como animalista, pueda ser especista, pero los hay; ahí entra en juego la libertad individual, el conocimiento, y el desconocimiento, y la ideología individual.

Al final, todo se resume en mirar más allá de uno mismo, y buscar el camino que nos permita vivir, y afectar positivamente a lo que nos rodea.


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)Este es un texto original creado para Doblando tentáculos. Si te ha parecido interesante, quizá quieras adquirir en papel o en eBook De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016), mi primer libro de temática animalista que trata estos y otros muchos temas similares. ¡También está disponible en Amazon!

Industria cárnica, alternativas vegetales y carne cultivada

Los avances tecnológicos no pueden suceder sin científicos o ingenieros. El desafío de la sociedad es equiparar a las suficientes personas, con las habilidades correctas y formas de pensar, que lleguen a trabajar en los problemas más importantes.

Eric Schmidt, presidente de Alphabet Inc.

Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, ya lo tenía claro hace unos meses, y todo indica que las predicciones que hizo en la costa de California se están cumpliendo una a una.

En los próximos años, el desarrollo de alternativas vegetales será una de esas nuevas tecnologías que cambiarán el mundo. Para ello, la carne proveniente de animales se reemplazará por alternativas vegetales, y, en consecuencia, supondrá un cambio en el modelo alimentario actual para Occidente, y para el mundo entero.

Hay tres grandes contras que se han convertido en una losa para la industria cárnica: los hemos visto en Cowspiracy (K. Andersen, 2014), Food Inc. (R. Kenner, 2009), Meat the Truth (K. Soeters y G. Zwanikken, 2007) e incluso Earthlings (S. Monson, 2007).

El primero es aquel que nos ha hecho buscar otras formas de consumo a una mayoría creciente que adopta una dieta flexitariana, vegetariana o vegana: el maltrato animal sistematizado de la industria. Hoy, ni tan siquiera términos como «carne ecológica» o piscifactoría consiguen que nos traguemos esa falsa necesidad por más tiempo. Hay alternativas vegetales y, en nuestro día a día, consideramos que, optar por ellas, es mucho más coherente que apoyar a un modelo basado en el «usar y tirar» a otras especies animales y en el consumo como nunca lo habíamos visto ni practicado hasta las últimas décadas del siglo XX.

consumo-agua-carne

En paralelo, hay dos argumentos más que podrían recogerse en un solo punto: derroche de recursos; en especial, el que hace referencia al consumo de agua potable y al calentamiento global a causa del metano de la ganadería industrial orientada al consumo (o, sin ser tan finos, de los pedos de las vacas y tantos otros animales criados en masa para consumo).

En Silicon Valley lo han soltado sin tapujos: el modelo ha caducado; simplemente, se está alargando por motivos económicos (algo que muchos piensan que también se está haciendo con el petróleo, por cierto), no de ética ni de sostenibilidad. Hacia el siguiente estadio, se abren dos caminos: las alternativas vegetales y la biotecnología enfocada hacia el cultivo de carne in vitro.

En lo que se refiere a la primera, nos encontramos superando todavía un estadio primario, donde empezamos a cocinar soja, seitán o tofu, a consumir más verdura de hoja verde, etc., con el fin de sustituir proteínas de origen animal por proteínas de origen vegetal. Se ha demostrado, además, que no hay ningún problema en hacer esto en cualquier momento de nuestras vidas (puedes leer más sobre ello en este texto de la Unión Vegetariana Española), sino que, simplemente, deberemos optar por un mayor control de la dieta si queremos evitar un déficit de cualquier tipo (una carencia de hierro, o de vitamina B12, etcétera).

Esa es la fase 1. En lo que a alternativas vegetales se refiere, la fase siguiente se centra en ofrecer un producto idéntico a ese consumidor-tipo que, o bien no desea ver más allá (mataderos, industrialización del modelo, mal uso de los recursos naturales, caducidad del modelo…) o cuya ética le permite seguir consumiendo animales que mueren porque prefiere anteponer conceptos como tradición, conveniencia, hábito o sabor.

Sí. Ya lo sé. El mundo no puede ofrecerte hamburguesas a todas horas y, a continuación, cerrar el grifo; si hay demanda, tiene que haber oferta. El capitalismo funciona así, y todos nosotros, a veces por obligación, somos profundamente capitalistas. Entonces, la respuesta es un producto que no difiere de un filete, una hamburguesa o unas costillas de cerdo para romper todos los esquemas de ese consumidor. Es hacia donde se dirigen Impossible Foods (con su The Impossible Burger, por ahora) o Beyond Meat.

Cerdo (vivo)
Un cerdo de los que me gustan: ¡vivo y feliz! 😉

Pero antes de continuar, hay otra alternativa. Una vía que empieza con la clonación como modelo para superar los problemas de demanda en países como China. Esta idea, que pese a haber conseguido adeptos en el mercado, caerá rápidamente en desuso, empieza con un objetivo claro: crear más y más ganado para el consumo; en un primer estadio, en junio se hablaba de 100.000 embriones y, en el segundo, de 1.000.000 de cabezas de ganado.

Sería fácil desmontar el sistema entre críticas de empobrecimiento genético a medio y largo plazo; e incluso plantearse qué soluciona el ganado clonado frente al inseminado (aunque esto tiene una respuesta: la velocidad, el mayor control en los tiempos), porque a los animales les gusta follar también, casi tanto como a nosotros, y, además, se les puede incentivar de muchas formas. Sin embargo, quizá la respuesta más contundente sea: ¿y los chinos verdaderamente se creen que eso se hace por necesidad y no para incentivar un cambio en los modelos de consumo asimilados a una mejor calidad de vida occidental? Algo que también ocurre en la India, por supuesto.

The Beyond Burger anuncio
Banner publicitario de The Beyond Burger de la empresa Beyond Meat, una de las alternativas vegetales que más adeptos ha conseguido en EEUU.

Pero China y la India no pueden vivir consumiendo carne como Occidente: el planeta no lo soporta. Ese es uno de los secretos: la gente aquí come animales a diario porque una gran parte del planeta no lo hace nunca. ¿No lo sabías? Por eso, y porque si se ponen a hacerlo, la Tierra no aguanta. Así, con esa noticia de la clonación, también tenemos otra que nos avisa de una caída en el consumo de más del 50 % para prevenir gases de efecto invernadero. Curioso, ¿verdad?

La (segunda) alternativa, pues, no es la clonación. Cada vez hay más personas concienciadas y el crecimiento de aquellas que adoptan una dieta vegetariana sigue aumentando, así como quienes se lo plantean para luchar por causas que les resultan importantes en este siglo: maltrato animal, recursos naturales, respeto, naturaleza, empatía…

Pero solo hace falta cambiar el término clonar por cultivar. Sí. Carne cultivada. ¿Por qué no crear un filete en lugar de una vaca que tenemos que alimentar, matar, despiezar, y un largo etcétera? Es una forma estupenda, además, de resolver los problemas entre carnistas y veganos, ¿o no? Un filete no siente, no tiene sistema nervioso central, y, en la práctica, una vaca, un filete o nosotros, solo somos compuestos químicos unidos entre sí: muchos o pocos; y hoy, como sociedad, podemos empezar a saltarnos unos cuantos pasos que suponen despilfarro y una conciencia más sucia de lo necesario.

Proceso de producción de carne in vitro
Proceso de producción de carne in vitro. Puedes leer más sobre este tema en el siguiente enlace, que trata la polémica sobre la ética o falta de ética asociada a este tipo de carne.

Estas nuevas tecnologías, a priori, parecen convivir bien, y seguir una filosofía muy similar, además. Desde mi punto de vista, y el de muchos otros, quizá no sea ético tener que experimentar con animales para dejar de matar animales, pero, si salimos de casa y nos paseamos entre mercados, restaurantes y supermercados, tenemos casi la obligación de minimizar estos daños colaterales (si los hubiera) frente a los posibles resultados. Como se puede leer en Carne cultivada: de criar animales a crear carne en un laboratorio y en La «carne de laboratorio» está cada vez más cerca de la mesa; la producción «in vitro» se encuentra en una fase muy avanzada.

¿Veremos a vegetarianos y veganos volviendo a comer carne por esta razón? Apuesto a que sí. Pero no todos. Pues muchos de ellos basan su decisión en razones éticas, y, otros tantos, le añaden al vegetarianismo esa consideración de modelo más saludable (aquellos que lo hacemos por razones éticas, quizá no le damos  tanto peso a este último punto).

Así, Impossible Foods o Beyond Meat son una alternativa «verde» muy sostenible que parece llevar detrás una gran inversión previa y un mayor tiempo de investigación, que se ha ido popularizando también a este lado del charco con equipos como el de La Carnicería Vegetariana, y que, a priori, parece que contará con un precio más competitivo durante los próximos años. Mientras que, la carne cultivada, puede ser otra opción perfectamente válida a medio plazo para veganos o vegetarianos que quieren volver a consumir carne, pero, eso sí, sin maltrato animal, reduciendo las emisiones de gases contaminantes, buscando un futuro mejor para todos, y, en especial, para todos esos animales que vieron cómo el modelo de los campos de exterminio nazi se popularizaba en la industria cárnica y les recluía en su propio Auschtwiz.


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)

Este es un texto original creado para Doblando tentáculos. Si te ha parecido interesante, quizá quieras adquirir en papel o en eBook De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016), mi primer libro de temática animalista que trata estos y otros muchos temas similares. ¡También está disponible en Amazon!

 

Perder la cabeza

La noticia no sorprende. Después de varios días de ensañamiento, tres sujetos han conseguido derribar la estatua franquista que se plantó frente al centro cultural del Borne. Hubo aplausos, y también algunas críticas exacerbadas, pero lo más raro que sucedió fue el hecho de que los basureros tuvieron que tirar de camión de residuos para sacar del medio la estatua, lo que debió llevar a un mayor pitorreo, si cabe.

Tengo sentimientos enfrentados al respecto, ¡qué os voy a contar! Para que os hagáis una idea, os contaré que mi bisabuelo se escondió durante casi dos años en una buhardilla de uno cincuenta por uno cincuenta donde nunca pudo llegar a tumbarse (con estar a las órdenes de Franco en África, tuvo suficiente el hombre); mi abuela y la tía de mi madre se cansaron de ver cómo reventaban a gente por el barrio chino mientras iban y venían de los refugios antiaéreos; mi abuelo, directamente, no hablaba de ello, y al resto no le fue mejor.

Estatua de Franco sin cabeza (en el Born)

La estatua ha recibido tomatazos, huevos, pintadas e incluso una inesperada amazona de plástico. La muñeca la colocó ahí Toni Molins, un pintor catalán que no dudaba en afirmar que era «gratuito y pornográfico» que se permitiese exhibir estatuas y otros elementos franquistas en plena calle.

Quizá estoy de acuerdo con esto último, pero es con lo único que estoy de acuerdo…

Una lección democrática vestida de estatua

En 1977, en España se promulgó una Ley de Amnistía con el fin de consolidar la transición democrática. Entre 1977 e inicios de los ochenta, el país entero empezó a aprender lo que significaba libertad de expresión —que no debería confundirse nunca con la apología del odio—, en las calles se empezó a escuchar hablar en catalán, y en vasco, gallego, mallorquín, valenciano; la gente empezó a obviar esos silencios incómodos, y los cuñadismos de bar comenzaron su época dorada.

A partir de aquí, se consideró que todo se había solucionado, que una ley de memoria histórica no tenía sentido, que solo serviría para remover la mierda; que la educación necesitaba una reforma paulatina, y no una regeneración total al salir de la dictadura; que podíamos seguir funcionando como un estado centrista, y que una reforma de las autonomías sería suficiente para solventar un problema que llevaba siglos arrastrándose, y tantas otras cosas.

El caso de la estatua tan solo es un ejemplo más de este desconocimiento. ¿Podía esta considerarse apología del odio? Para la alcaldesa de Barcelona, está claro que no, y para un servidor, probablemente tampoco. El Franco descabezado se encontraba cabalgando dentro del marco de la exposición Franco, Victoria, República. Impunidad y espacio urbano, pero, quizá, este último concepto, podía haber quedado en el tintero. Quizá no era necesario sacar al caudillo de paseo, y muy probablemente tampoco herir sensibilidades de esas dos Españas que siguen por la retaguardia de la actualidad.

Para terminar, un consejo para los tres vándalos libertadores de ayer: leed a Ian Gibson. El irlandés os explicará qué lo que sucedió en las Matanzas de Badajoz, no fue muy distinto a Paracuellos del Jarama o al Campo de la Bota; que la concepción democrática del surgimiento de la Segunda República, por flexibles que podamos ser y por ganas de contextualizar el inicio de un proceso que tengamos, es más espontánea en tres grandes focos de población que legal, y muchas más cosas que nos ayudarían a separarnos de ese anómalo romanticismo al que, muy a menudo, nos lleva la ignorancia.

Una ignorancia contra la que acciones similares a esta exposición podrían luchar, pero escogiendo el modelo correcto, no plantándonos una estatua de un fascista cabrón que gobernó España durante más de treinta y cinco años en los morros, y llevándose las manos a la cabeza porque hay gente que se deja llevar y le suelta un par de huevazos… ¡Para la mayoría, eso es lo mínimo que se merece!


Enlaces relacionados:

La importancia de hacerse cargo

Medio en broma, medio en serio, mi padre siempre tuvo miedo de que yo fuera gay. No sé si fue por el colegio de curas, una infancia extraña o las cábalas que se hacía sentado en el gres del comedor de madrugada, pero nunca entendí tanta preocupación. Durante más de veinte años, tampoco pisamos demasiado la cocina, ni él, ni yo, ni mis hermanos, ni se nos exigió ir a la compra, o limpiar lo que ensuciábamos, o… qué sé yo, hacer una sopa.

Como siempre, aquí también hay una historia detrás. En lo que respecta a mi viejo, estuvieron los orfanatos y el romperse las pelotas para llevar dinero a su madre y a sus dos hermanas desde su adolescencia en el Turó de la Peira. ¿Y de dónde surgía esa complicidad materna? Qué sé yo (de nuevo); de la propaganda franquista, de los abuelos, de la aldea en Orense, de lo que suponían que tenía que ser.

Machismo (viñeta)

Ayer, me reencontré con Hernán Casciari a través del ordenador. Reconozco en mí un gran fan de sus cuentitos y de sus historias, y me avergüenza no haber comprado nunca ni uno de sus libros. Una de las razones puede ser que me imagino sus textos repletos de anécdotas futbolísticas (¿qué les pasa a todos los argentinos con el fútbol y con Messi?) y, de vez en cuando, temo, o temía, toparme con un bombazo machista que me agriase el resto de la lectura. Hoy, quizá los compre: tras poco más de veinte líneas que actualizó en el Facebook, me sentí aliviado. Por título, Me hago cargo, sin redundar; sin sentimentalismos; sin darle vueltas al mismo tema, ni buscar un modo más bello de soltarlo.

También debatí sin argumento en sobremesas acaloradas y salieron de mi boca dos frases infames: «No todos los varones somos así» y «Estoy en contra de todo tipo de violencia».

«Sin saberlo, yo era un machista más, era parte del problema, y voy a cambiar.» No se me ocurre nada más bonito que ver cómo las cosas empiezan a mejorar. Sobre todo esta semana. Sobre todo por Lucía Pérez, esa niña de dieciséis años que fue violada, y empalada, y asesinada en Mar de Plata. Sobre todo hoy, cuando Lucía solo es un número más, otra mujer que exige justicia tardía, un recordatorio de que vamos tarde, de que no podemos permitirnos no ser feministas, no luchar por una igualdad real, porque cualquiera pueda vivir y moverse sin miedo a ser incomodada, violada, maltratada o asesinada.

Casciari hablaba sobre el movimiento Vivas Nos Queremos, cuyo principal eslogan es #NiUnaMenos. Al final del mismo, el subconsciente le traicionaba una vez más, y les decía a todas esas minas, como diría él y cualquier otro argentino de a pie, que nuestros nietos estarán muy orgullosos de ellas.

Hank Scorpio - Los Simpson

Y es que el futuro es de todos. La lucha contra el machismo y la violencia de género debe ser de todos, y, sobre todo, debe ser inclusiva, tanto en lo que se refiere a sus protagonistas, como a las pequeñas cosas que amenazan con mantener un sistema desigual y los horrores que en él se siguen gestando. Porque son estas pequeñas cosas las que terminan por joderlo todo.

Ya lo decía aquel villano que parodiaba a Richard Branson y contrató a Homer Simpson para ofrecerle una vida idílica junto a su familia en Cypress Creek: «No hay nada que hacer. Las pequeñas cosas son las que hacen la vida.»

Pero al contrario. Hay mucho que hacer todavía.

La metafísica de las salchichas

La animación no es un género, es un medio.

Juan Luis Caviaro, editor y coordinador de Blog de cine

…no era un título tan comercial. Pero la historia parecía lo suficiente atrayente como para pasarse por el cine. Había leído buenas críticas, y no tardé en descubrir que, uno, la gente no se informa de las películas a las que lleva a los niños y, dos, tiene ese tipo de humor gamberro y rompedor que no gusta a todo el mundo.

Dicho esto, a mí, los chistes no siempre me hicieron gracia y la trama me pareció que empezaba a flojear tras los primeros veinte minutos. Por supuesto, La fiesta de las salchichas tiene momentos divertidos —en especial, dentro del supermercado, y en las dos escenas más repetidas del tráiler: la del derrumbe de alimentos desde el carrito del supermercado y aquella que, por lo menos, todos hemos visto una vez en la cocina de una compradora—.

La fiesta de las salchichas (Frank y Brenda)

Tampoco hay que verla dispuestos a una crítica feroz, porque no es la película del año, ni cuenta con una trama trabajada al milímetro; más bien se trata de una sucesión de escenas políticamente incorrectas con dos puntos de referencia: lo importante que es para Frank, y para todos los hombres  todas las salchichas meterse dentro de un pan de perrito, y viceversa; y lo que nos preocupa como sociedad que Dios no exista unido junto con lo que nos cuesta disfrutar del día a día.

Hay quien ha rastreado también a Orwell en el supermercado, y quien ha visto una gran sátira sobre la religión: los alimentos confían en los dioses (para ellos, los seres humanos) y cantan una oración matutina que sigue las reglas del juego; se apegan a un modelo ético y moral y confían en ir al Paraíso antes de su fecha de caducidad.

La fiesta de las salchichas (galleta Oreo)

Sin embargo, si te decides por anclarte en ver cómo avanzan estos dos grandes pilares de La fiesta de las salchichas terminas por desesperarte al ver que no lo hacen por igual, y, además, que tienen un peso muy desigual en el desenlace.

Por supuesto, los primeros veinte, treinta, cuarenta minutos, los chistes sobre cómo la fe divide, enfrenta e incluso nos reprime en nuestra vida diaria se cuentan por decenas. Pueden hacerte gracia, o no, pero esto queda en el campo más personal, al igual que las numerosas referencias pop: el músico Meat Loaf, el astrofísico Stephen Hawking, la figura de los nativos que han sido desplazados de sus estantes ancestrales, un bote de salsa alemana con bigote que quiere llevar a los zumos a «campos de concentrado» o un lavash y un bagel que no se dan cuenta que tienen muchas más cosas en común de las que creen.

Firewater o Aguardiente es uno de los alimentos nativos del supermercado.

También hay homenajes a cientos de films de Disney-Píxar, y a clásicos intemporales, como Terminator 2, pero hay algo que sobra e incomoda a muchos desde el principio, y no son las escenas de supuesto mal gusto (hay por ahí un final apoteósico y sexualmente perverso que me encantó, pero me gustaría no hacer demasiados spoilers aquí) ni el sexy-culo de Brenda, el pan de perrito, y sus deseos lésbicos reprimidos que le despierta una Salma Hayek convertida en taco, sino el resto de los tacos: las palabrotas.

Esta es una de las cosas que no me gustaron nada, porque no es necesario. ¿O quizá sí? Seth Rogen y Evan Goldberg han conseguido un taquillazo con La fiesta de las salchichas porque han llegado a todo el mundo: a los devotos del caca, culo, pedo, pis, a los que disfrutamos viendo cómo se montan un trío en el supermercado o se dan por culo un par de devotos religiosos reconvertidos; y también a los que, además de una trama de perritos calientes que buscan meterla, son fieles defensores del Carpe Diem tras la muerte de dios.

La fiesta de las salchichas (Frank y Barry)

En definitiva, ya que esto es de todo menos un análisis serio (para eso, pásate por Filmaffinity, o por alguno de los enlaces que hay en este mismo artículo mejor), ¿vale la pena pasarse por el cine? Pues sí, y mejor todavía si tienes presente lo que vas a ver, y, sobre todo, que los dos colegas de la infancia que han sacado esta animación no han buscado la antítesis de las películas Disney: ellos mismos han afirmado que crecieron con Mickey Mouse y compañía, y no tienen ningún deseo de verlo sodomizado en un supermercado, sino de crear un camino propio donde expresar todo lo que sienten. ¿Y qué sienten? Pues esa es una buena pregunta para terminar; en el film hay un poco de todo: de amor libre, de disfrutar el momento, de disfrutar de las drogas, y de legalizar la mayoría, de no preocuparse tanto por lo que vendrá mañana y, sobre todo, de no olvidar que solo son dibujos animados, que estamos ahí para pasar un buen rato, y que si nos olvidamos de ello, también se han encargado de que recibamos un toque de atención antes o después.

Y creo que no me entiendes, pero ya me entenderás…