La primera página de una novela es un cebo que el lector debe morder. Es una de esas cosas de las que no te puedes olvidar y, si crees que puede ocurrir, tatúatela en la jeta. A nivel editorial, ese trocito del papel es fundamental: si no engancha, todo lo demás cae por su propio peso. El cine y la televisión hacen lo mismo con los inicios, pero nadie tiene tan poco tiempo para escoger un título como el lector de novelas en una librería: portada, contraportada, ojea algunas páginas por encima (como mucho, lee los primeros párrafos) y toma una decisión. Se trata de un pacto no escrito con el autor, como dice Jaume Cabré, pero no es más que parte del propio pacto que corresponde a cualquier ficción. Vamos, que tú te pateas la Casa del Libro buscando en qué gastarte quince o veinte pavos y, por lógica, vas a pillarte algo que empiece como Pulp Fiction de Tarantino y no como Roma de Alfonso Cuarón, y este ejemplo viene que ni al pelo, ya que las reglas están para romperse, pero lo que funciona, funciona.
Empezar una novela: la primera página, un cebo para el lector
«No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él».
Alguien me dijo que Juan Marsé solía comentar que las primeras páginas de una novela debían atrapar al lector (agarrarlo bien y no soltarlo ya), pero, sobre todo, debían ser o pretender ser una síntesis del tema central del texto. No he encontrado esa afirmación de Marsé en ningún sitio, pero me la creo: esto ocurre en Rabos de lagartija o en Últimas tardes con Teresa, ¿no?En fin, que tan importante es que un inicio impacte como que plantee lo que desea cumplir. De ahí que se reescriban una vez, y otra, y otra vez…
Así empieza Luces de bohemia
Hora crepuscular. Un guardillón con ventano angosto, lleno de sol. Retratos, grabados, autógrafos repartidos por las paredes, sujetos con chinches de dibujante. Conversación lánguida de un hombre ciego y una mujer pelirrubia, triste y fatigada. El hombre ciego es un hiperbólico andaluz, poeta de odas y madrigales, Máximo Estrella. A la pelirrubia, por ser francesa, le dicen en la vecindad Madama Collet.
Max: Vuelve a leerme la carta del Buey Apis.
Madama Collet: Ten paciencia, Max.
Max: Pudo esperar a que me enterrasen.
Madama Collet: Le toca ir delante.
Max: ¡Collet, mal vamos a vernos sin esas cuatro crónicas! ¿Dónde gano yo veinte duros, Collet?
Madama Collet: Otra puerta se abrirá.
Max: La de la muerte. Podemos suicidarnos colectivamente.
Madama Collet: A mí la muerte no me asusta. ¡Pero tenemos una hija, Max!
Max: ¿Y si Claudinita estuviese conforme con mi proyecto de suicidio colectivo?
El primer párrafo de una novela (bueno, Luces de bohemia no es bien, bien una novela, ya lo sé, pero con esas acotaciones imposibles tampoco es la típica obra de teatro, ¿no te parece?) debe empezar con algo que llame la atención al lector. Hay que intrigar, sorprender, cabrear. No importa que planteemos un hecho transcendental o, simplemente enigmático, chocante o atractivo, pero sí que debería poner en marcha el mecanismo de la narración. Una buena opción puede ser coger un momento de mucha tensión del eje narrativo, por ejemplo, y plantear un inicio in medias res, puesto que generarás preguntas en el lector que, más tarde, la propia historia se encargará de responder. Pero también una situación menor o que desafíe lo políticamente correcto puede valer: Chuck Palahniuk es un crack en esto, aunque las cosas últimamente no le van demasiado bien.
Pintura de autor(a) desconocido(a) que retrata a Nick Belane y a la Señora Muerte, quien fuma de espaldas al espectador.
Así empieza Pulp, de Bukowski
Otro ejemplo, de lo último de Bukowski:
Yo estaba sentado en mi oficina, mi contrato de alquiler había vencido y McKelvey estaba iniciando los trámites para deshauciarme. Aquel día hacía un calor del demonio y el aire acondicionado se había roto. Una mosca se paseaba lentamente por encima de mi escritorio. Extendí el brazo con la palma de la mano abierta y la puse fuera de juego. Me estaba frotando la mano con la pernera derecha del pantalón cuando sonó el teléfono. Lo cogí.
-¿Sí? -dije.
-¿Ha leído usted a Céline? -preguntó una voz femenina. La voz era bastante sexy y yo llevaba mucho tiempo solo. Décadas.
-¿Céline? -dije-. Ummm…
-Quiero a Céline -dijo ella-. Tengo que conseguirlo.
Aquella voz tan sexy me estaba poniendo realmente cachondo.
-¿Céline? -dije-. Deme alguna información. Hábleme, señora, siga hablando…
-Súbase la cremallera -me contestó.
Miré hacia abajo.
-¿Cómo lo sabe? -le pregunté.
-Da igual. Lo que quiero es a Céline.
-Céline está muerto.
-No lo está. Quiero que le encuentren. Quiero tenerlo.
A grandes rasgos, lo que he aprendido es que te aprendas las normas para romper las normas, porque las normas aburren. Pero:
Las primeras páginas de una historia tienen que poner algo en movimiento: la novela se está cobrando todo lo que el cine le ha robado, ¿sabes?
Al inicio, estás fijando las reglas del mundo que vas a narrar: no es buena idea empezar con alguien soñando o una introspección y tampoco con elementos que no vayan a aparecer en la historia solo por sorprender, porque estás mintiendo, y jodiendo el pacto ficcional, y la confianza que el lector ha puesto en ti
Tampoco es lugar en el que vomitar un montón de información o describir las baldosas del jardín de la abuela del protagonista: buscamos un momento que introduzca la historia y si puede recoger la esencia de lo que vamos a narrar ya será la hostia
El club de la lucha es la novela más conocida de Chuck Palahniuk. En 1999, David Fincher la adaptó al cine. Escribí sobre en qué cree Tyler Durden (y II),
De las clases de escritura…
De las notas de mis clases de novela, he extraído doce puntos por si le sirven a alguien más.
Transcribo, tal cual:
Debes llamar la atención: olvídate de las premisas de la novela realista
Solo importa asistir a un hecho trascendental
Los primeros párrafos deben poner algo en movimiento
Aquí no es cuestión de irse por las ramas: frases cortas; ve al grano
Podemos dar una pista para ubicar al lector en un momento espacio-tiempo
Fijamos las reglas desde el inicio: si hay magia, hay magia; si el mundo se ha ido a la mierda, se ha ido a la mierda
Ahora mismo, al lector se la sopla la historia de fondo (backstory)
Empieza con una pregunta retórica: puede ser literal, o no serlo
Provoca (o genera empatía), para que el lector se quede contigo el tiempo suficiente
Comienza con algo gracioso (pero asegúrate de que lo es, porque ser gracioso es jodido de cojones)
No tienes ni puta idea de cómo hacer todo eso. Bienvenido/a al club. Supongo que esa es parte de la gracia: descubrir cómo puedes ofrecer algo nuevo o que diga algo muy viejo de otra forma. En mi caso, por ejemplo, me ha costado mucho empezar a encontrar el punto entre la falta de descripciones y el hiperdetallismo. Hoy, el realismo o el naturalismo nos quedan muy lejos y no tiene ningún sentido caer en descripciones kilométricas (sí, hay gente que lo hace y le queda de puta madre), porque yaleemos el todo dentro del detalle. ¿Qué vas a hacer? ¿Empezar una historia como lo hacía Jack London?* En teoría, ya no podemos hacer eso.
Rocky (John G. Avildsen, 1976) cuenta una historia que ya se había explicado miles y miles de veces en la literatura, e incluso en el cine, pero lo hace de un modo distinto.
En las primeras páginas, esos detalles que terminan de completar la escena son todavía más importantes, puesto que apenas hay espacio. Por descontado, serán importantes en todo el texto, pero al inicio es mucho más importante saber observar la propia escena que estás creando y transmitir una impresión verosímil en el lector. Los buenos detalles son los que crean impresiones imperecederas, como el sombrero fedora y el látigo de Indiana Jones o la forma en la que un condenado a muerte sortea un charco para no ensuciarse las botas camina a la horca.
En fin, que hay buenas novelas con malos comienzos, pero no hay malos comienzos en buenas novelas.** Al final, algo significará, digo yo.
Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!» O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.
Si una noche de invierno un viajero (Italo Calvino, 1979)
* Me compré hace poco la edición ilustrada de La llamada de lo salvaje (Jack London, 1903) de Nórdica Libros y me ha encantado, por cierto.
Llevo ocho años publicando entradas en este blog. Un blog personal que no sé muy bien cómo empezó más allá del «típico sitio donde escribir bobadas», pero con el que diría que he conseguido dos cosas que busco en casi todo lo que hago: ser mejor en esto y ser mejor persona. No, pasta no he sacado (bueno, directamente no), aunque yo no soy mucho de intentar sacar pasta de cualquier cosa que hago: ese gen se lo quedó otro. Además, cada vez es más difícil conseguir ingresos por escribir un blog. Tras las vacas gordas —allá por el dos mil y poco—, generar contenido de éxito te abre más puertas que duros te entran en la cuenta corriente: vamos, que no deja de ser un mero escaparate.
Lisa de cosplay de Alicia en el país de las maravillas. Se lo ha tomado en serio.
Spoiler: el blog personal es una cosa viejuna
Claro que sale gente que se lanza a escribir en WordPress, y le dan premios, y se convierte en un/una influencer de esos, y se pega la gran vida. Bueno, supongo que los habrá, o los había, porque ahora todo eso ha saltado a YouTube y a Instagram, ¿no te parece? Hoy, te lees un artículo sobre blogueros famosos como el de Ciudadano 2.0 y te da un poco la risa (y eso que tampoco es tan, tan viejo; el artículo, digo). Es normal: los canales cambian. El blog queda para vender la marca personal, para aprovechar los últimos coletazos de meter anuncios y coger cuatro duros por publicidad o para fusionarse con otras plataformas. Aquellos blogs con cuentitos, como el de Hernán Casciari, o con experiencias rocambolescas como el de El sentido de la vidaquedaron atrás. Quedan blogs, muchos blogs, pero cada día son más lo que los diarios en papel a Internet. No van a desaparecer ni mucho menos, pero «the most», lo innovador, está pululando por otros lares.
Un blog personal es lo que es (aunque parezca tonto decirlo)
Hoy, quizá (no lo creo) hay más direcciones web que nunca en la blogosfera, pero parte de su relevancia se ha perdido (por algo a partir de este año cobran 6 € por inscribirte en los Premios 20Blogs del 20 Minutos, y su gran qué no es pasta ni premios, sino un espacio en los blogs destacados del diario web).
Si no eres George R. R. Martin, J.K. Rowling o James Patterson, a los «juntaletras» no nos ofrecen demasiado y, ya ves, pongo ejemplos de gente que escribe libros, no blogs (bueno, excepto George, que yo sepa, y quién sabe qué fue primero, si el huevo o la gallina). Lo más que vas a sacar con un blog personal son oportunidades en otros medios y date con un canto en los dientes. Ahora bien, si quieres tener un espacio propio en el que seguir escribiendo con ganas (y puede que suene la flauta, ¿o no?), ahí sí puedo ayudarte un poco y, es más, esa es la primera condición, porque si no es divertido, no vale la pena.
¿Siguen los blogs siendo un canal estupendísimo para formarse e informarse? Claro, y para debatir, compartir opiniones y descubrir nuevas voces. En el otro lado está el pero: y el pero es que hay mejores espacios para transmitir contenidos de una forma rápida y directa para su consumo. Se suma el hecho de que un blog personal siempre tendrá más complicado generar visitas, porque mientras que uno profesional suele tratar temas que, potencialmente, muevan a miles y miles de personas, un blog personal, por regla general, está centrado en el punto de vista del autor con relación a.. bueno, a todo tipo de cosas, ¿no? El error, sin embargo, es intentar hacer lo mismo en YouTube que en WordPress, o en un blog personal de lo que harías en otro profesional, pero si lo que quieres es escribir un blog y pasártelo genial, quizá estos consejos funcionen.
A ti te hacen homenajes como a George, ¿eh? Pues eso, a seguir escribiendo tu blog.
Uno. Todo requiere rutina, pero si no es divertido, no vale la pena
A ver si te sirve mi experiencia: después de publicar De cómo los animales viven y mueren, empecé a dedicar muchísimotiempo a escribir entradassobre animalismo y ética animal(tanto en este blog como en páginas y medios de terceros), a preparar presentaciones, a realizar charlas, a devanarme los sesos. En mi cabeza tenía todo el sentido del mundo: la editorial estaba haciendo equis promoción, consiguiendo oportunidades para difundir mi trabajo (en la radio, en la prensa, en espacios relacionados) y yo también podía (¿debía?) abrirme paso para conseguir más y más relevancia para el texto y el equipo que había detrás. Al final, el blog se convirtió, allá por 2017, en una herramienta de promoción en la que muchas de las cosas que me gustaban (narrativa, medios audiovisuales, columnas de opinión, etc.) ya no parecían tener cabida. Entonces, comencé a escribir menos (aquí) y a dedicar tiempo a otras cosas: a un posgrado, a replantear un libro, a seminarios de fin de semana, a una escuela de escritura…
En su momento, lo achaqué a la falta de tiempo (entre responsabilidades y el día a día: que también, supongo). No obstante, un año y medio después, nada ha cambiado en lo que a disponibilidad se refiere, y vuelvo a tener muchas más ganas de dedicar un buen rato aquí cada semana. Por descontado, durante estos dos o tres años, también he estado escribiendo una novela, lo que lleva sus cientos y cientos de horas, pero, en otro momento, eso no hubiera sido más que un «daño colateral» o un picor en la nuca que me avisaba de que me organizase un poco mejor o no me exigiese tanto, tanto. Escribir un blog es una rutina, y cuanto más lo hagas, mejor te lo vas a pasar, pero a excepción del trabajo para vivir, la mayoría de cosas que no son divertidas, no valen la pena. Y, ¡ojo!, siempre hay formas de hacerlas divertidas: estemos hablando de hacer ejercicio, de escribir o de la vida en general.
Dos. Haz cosas y, luego, escribe
Yo qué sé. Vete de museos, hombre.
Hay un montón de escritores que pensaban con los pies; otros preferían el escritorio de su despacho. Escribas un blog o Cien años de soledad—no sé, aquí me pega esa novela— siempre vas a necesitar sentar el culo en una silla y ponerte a teclear, pero el proceso no tiene nada que ver. Puedes escribir de lo que vives o puedes escribir sin necesidad de vivir, pero ninguna de las dos es contraria a vivir de lo que escribes o vivir lo que escribes. En mi caso, cuanto menos hago, menos ideas tengo: centrar todo el proceso en la escritura y limitar cualquier otra experiencia es la mejor forma que yo tengo para quedarme sin temas. Los tiempos de mayor actividad nunca me han saturado, sino que me han inspirado, pero, claro, esto es un truco que funciona conmigo: ¿me bloqueo? leo, salgo de fiesta con los amigos, hago un viaje, me voy a descubrir un rincón de la ciudad, vivo una aventurilla en compañía canina (como diría mi perro, si pudiese: casi todo está por oler). Haz algo, lo que sea, pero haz cosas y, luego, escribe.
Tres. Escribe de lo que te gusta
Por deficiente o incompleto que sea cualquier proyecto en un inicio, si te apasiona, encuentras el camino. Aunque seamos más hippies que los amigos de la madre de Homer Simpson, nos va a tocar hacer un montón de cosas que no nos apetecen demasiado. Por lo menos, escribe de lo que te gusta. Siempre va a haber gente a quien le apetezca leer sobre perros braquicéfalos, pintores impresionistas franceses o teoría económica neoliberal. Vamos, lo que dicen las abuelas, que siempre hay un roto pa’un descosido, así que aprovéchalo. La otra opción es ponerte a escribir cosas que crees que le van a gustar a los demás (para eso, intenta escribir algo por lo que te paguen directamente, hombre) y tanto traicionarte a ti mismo/a como mandar la autenticidad a tomar por culo, porque pocas cosas hay peores que fingir lo que no eres.
Cuatro. La actualidad inspira o desespera, pero da temas de los que escribir
En la mayoría de los blogs (excepto si escribes sobre cruzados españoles en Tierra Santa, o cosas así) vas a tocar temas de actualidad. Puede que la actualidad se traduzca en analizar Los Caínde Enrique Llamas, Ordesade Manuel Vilas y Problemas de identidadde Carlos Zanón para tu blog literario, aprender sobre el infierno de las rehalas y la montería que sufren los perros de caza en España o en escuchar el podcast con lo último del Captchade Xataka para enterarte de qué avances se están produciendo en IA, bioética y posthumanismo. Yo qué sé: puede que escribas sobre influencers y leas el Quore para hacer una antología del culo de la Kardashian (spoiler: ya lo hizo alguien). Lo que sea. En cualquier caso, una buena lista de feeds y muchas ganas de seguir descubriendo cosas nuevas te ayudarán a generarte una opinión y unas cuantas ideas que trasladar al blog. Quizá este punto parece un poco estúpido y, sin embargo, ¿cuánta gente se ha sentado a escribir y no sabía de qué? Una búsqueda activa siempre inspira y, si te paseas por las noticias de política y sociedad, quizá también desespera.
Si no confundes desvalorizar con relativizar, relativizar siempre va bien. Un blog solo son entradas sobre un tema (o muchos) que se interrelacionan (o no) y que, a ti, te sirven para escribir acerca de lo que te apasiona, inspira o seduce. Cuando empiezas a darle demasiada importancia a lo que debes frente a lo que querías, conviertes un pasatiempo en trabajo y eso no era lo que buscábamos aquí, ¿no? Aun así, cuando uno escribe como trabajo (como estos chicos tan majos del blog 40defiebre, o un servidor) descubre que el éxito siempre es relativo frente a la constancia y que, si no te lo pasas bien, te va a salir un mojón, porque siempre hay gente a quien le apasionan las anémonas, el Bronx de los setenta o el barranquismo y el psicobloc.
Sólo después de que el último árbol sea cortado, sólo después de que el último río sea envenenado, sólo después de que el último pez sea apresado, sólo entonces, sabrás que el dinero no se puede comer.
Carta del Gran Jefe de los Indios Cree al Presidente de los EEUU (1855)
De la primera a la última temporada de Juego de Tronos (sí, esa tan criticada) tienen secuencias espectaculares. Una de mis favoritas ocurre en el día en que Arya Stark debe escapar de Desembarco del Rey y el bravo Syrio Forel se enfrenta con una espada de madera a cinco guardias Lannister y a Ser Meryn Trant. Ese día, Syrio muere con toda probabilidad («La primera espada de Braavos no corre»), pero deja en el aire una frase alucinante: «¿Qué le decimos al dios de la muerte? Hoy, no.»
Syrio Forel y Arya Stark entrenando en Desembarco del Rey (Juego de Tronos: HBO).
Bolsonaro, igual que Trump, solo son el reflejo de nuestra sociedad. Hoy, nos dirigimos hacia un punto de no-retorno (o ya hemos embarrancado contra él), pero la mayoría sigue con el pie en el acelerador. Cada año, nos llega antes la noticia de que hemos agotado todos los recursos que puede generar el planeta en un año. Nos limpiamos el culo con la noticia. Cada año, es más evidente que, quieras seguir una dieta omnívora u otra basada en vegetales (o entre medias),no se puede mantenerse el consumo actual de recursos naturales. Pero no nos gusta cómo suena eso, así que lo obviamos y miramos hacia otro lado.
500.000 hectáreas quemadas en el Amazonas en 16 días de incendio.
Donald Trump intentando comprar Groenlandia (he encontrado un artículo muy interesante sobre este tema, por cierto), Jair Bolsonaro permitiendo que se destruya el pulmón del mundo, Noruega retirando una subvención. A grandes rasgos, podríamos resumir la situación de estas dos últimas semanas en este par de líneas. Un poco triste, ¿no? ¿Tanto Internet, tanta universidad, tanto siglo veintiuno para reducirlo todo a dinero?
Lo personal es político
La lucha animalista y el colectivo LGTBI+ suelen hacer mención a aquella frase célebre de la segunda ola feminista que dice «lo personal es político». Quizá es hora de que nos metamos esa idea en la cabeza en lo que se refiere al cambio climático: luchar por el planeta es hacerlo por uno mismo. La ciencia lleva décadas diciéndonos que el mundo no puede aguantar y nosotros saltando y saltando encima de un globo que sigue desinflándose de puto milagro, pero ¿cuántos se van a sorprender el día que explote el globito? No tiene sentido. No podemos quejarnos de los Trump y los Bolsonaro (y los Rivera, los Abascal, los Casado…) y apoyarles, y votarles, y repetir sus gilipolleces como loros. No podemos seguir consumiendo baja el lema de para lo que me queda en el convento, me cago dentro, ni creer que compartiendo memes y difundiendo noticias en el Facebook o en el Instagram es suficiente. No es suficiente. La solidaridad no termina compartiendo una publicación sobre lo que están haciendo y lo que les están haciendo a la gente del Open Arms (y esto también), sino buscando vías para el ahorro energético, la conciencia medioambiental, la colaboración ciudadana, la fraternidad.
Zona desolada por los incendios provocados por madereros y granjeros en Iranduba, en el estado brasileño de Amazonas (20 de agosto de 2019) (Bruno Kelly / Reuters) vía La Vanguardia
A toda esta gente, se la detiene siendo más fuertes, asumiendo una parte de nuestra responsabilidad, no rezando por el Amazonas ni encomendándonos a los dioses, sino saliendo a la calle, planificando y asistiendo a manifestaciones y utilizando todas y cada una de las vías que tenemos disponibles para exigir cambios en las instituciones. En resumen, comprometiéndonos; encontrando un camino desde el que plantear un cambio y actuando en consecuencia. Hay muchas pequeñas acciones que pueden ayudar a frenar lo que está pasando: incluso ahora, cuando estamos abrumados por cómo nos superan los acontecimientos, sigue funcionando aquello del «piensa globalmente, actúa localmente».¿Cuál es el problema entonces? Que creemos que no podemos hacer nada, pero estos cabrones nos están demostrando que no hay nada más importante por hacer. Parafraseando al tal Syrio Forell, solo hay un dios de la muerte: el cambio climático, y ¿qué le decimos al dios de la muerte? Hoy, no. Pues venga, que se note.
Hace un par de años, creía que tenía el manuscrito de una novela y, en realidad, no tenía nada. El bofetón siempre es duro, pero cuanto antes mejor. Por esas fechas visitaba, a menudo, Miserias literarias, una bitácora (a ese blog «vintage» hasta le pega el concepto, que ya es pelín matusalénico) en la que un tipo, que decía ser escritor y llamarse José (vete tú a saber), solventaba dudas habituales de juntaletras novel. Aunque no se estila mucho, esas entradas aparecen, de vez en cuando, por Internet: El Huffington Post, por ejemplo, conserva otro texto del escritor-barra-guionista Carlos García Miranda en el que trata temas de contratos, royalties, agentes y algo, a priori, tan obvio como presentar a la editorial un libro terminado. Dicho así, parece una tontería escribir sobre estas cosas, pero es que ni dios te cuenta cómo se maneja el mercado y cómo debes moverte tú en él, ¿sabes? O sea, que al final es útil de cojones y esa gente vale un potosí.
—Escribir una buena novela es como pelar una naranja… —¡Eh! ¡Aquí no hemos venido a ver pelar naranjas!
Si eres seguidor de este blog desde hace tiempo, quizá te sorprenda que yo comente algo así, ¿no? Puede que te suene que, a finales de 2016, publiqué un libro de ensayo a través de la editorial Diversa Ediciones (De cómo los animales viven y mueren), por lo que, de entrada, lo lógico sería pensar que tuve que patearme una decena de editoriales hasta dar con una que quisiera publicarme un libro de ética, pero no. En esto tuve una flor en el culo: fueron los editores quienes se interesaron por algunos de mis textos. La parte mala es que, ahora que tengo un manuscrito de novela que empezar a mover, poca idea tenía de por dónde empezar (si te pasa algo similar, yo empecé por aquí: «12 pasos para enviar tu manuscrito a una editorial y que no vaya directo a la basura»). En fin, a lo que iba: pese a los dolores de cabeza, o quizá gracias a ellos, me he dado cuenta de que, a quienes nos gusta escribir y tratamos de publicar, hay muchos asuntos que nos quitan el sueño —desde el bloqueo del escritor a la espera de respuesta por parte de una editorial o el por qué sí/por qué no frente a la autopublicación—, así que se me ha ocurrido que escribir sobre estas cuestiones puede ser divertido (y catártico, incluso).
Un manuscrito, ¿eh? Le responderemos entre 60 y 180 días: ¡suertudo!
Desde finales de 2017, si no recuerdo yo mal, asistí a un curso de año y medio sobre novela en el Laboratori de Lletres (una escuela de escritura similar a la que tienen en el Ateneo barcelonés). El primer día me convencí de que estaba en el lugar indicado, cuando el escritor Carlos Luria nos dijo que leer era mucho más de la mitad de escribir (porque siempre lo he creído), y senté el culo en una de esas sillas del aula con suelos de baldosa hidráulica y techos de molduras blancas, y escuché, reí, garabateé folios y disfruté como un enano.
Una de las últimas clases de aquel curso extensivo, Luria la reservaba para hablarnos sobre el sector editorial y, cuando me flojea un poco ánimo de «intento de novelista», son esas notas las que me sirven para relativizar, coger fuerzas y volver a la carga una vez más. Se trata de un popurrí de apuntes similar a esta entrada de Tregolam sobre cómo mandar un manuscrito a editoriales españolas, pero también ofrece claves para entender por qué te puedes dar con un canto en los dientes si una editorial te envía un acuse de recibo y un tiempo estimado en el que aceptar o rechazar el manuscrito que les has enviado.
Bueno, allá vamos. Seas quien seas, espero que te sirvan.
¡Hola, buenas, editorial española! ¿Cómo está usted de salud?
¿Hay una crisis del sector editorial? Ni de coña. Las ventas de 2018 subieron un 6,6 % frente a las de 2017 después de continuas caídas hasta el 2009/2010. De todos esos libros, el digital creció un 17 % y ocupa un 5 % del mercado(el gran bum del libro digital, por ahora, no se ha producido): esta cifra, que no parece muy relevante frente al total, a mí me indica que optar solo por publicar en formato «eBook» tiene poco sentido, sin embargo, no me atrevería a decir que no hay ningún autor/a en la faz de la Tierra que se gane la vida publicando (únicamente) en digital. Por el volumen de mercado, no me parece una gran opción, pero sí que es cierto que una editorial te dará entre un 8 y un 12 % (¡ja!) del P.V.P. (Precio de Venta al Público) de cada libro en papel y, ese porcentaje, puede incrementarse hasta el 50 % en un libro digital (aunque son más habituales porcentajes como el 20 o el 30 %, según he podido saber). El contratiempo aquí es que un libro en papel tendrá un coste de, por lo menos, 15-18 € de P.V.P. mientras que un libro digital suele ser la mitad o una tercera parte de este importe.
Soy LA EDITORIAL y aquí mando yo, escritorzuelo de chichinabo.
En España, hay alrededor de 3.800 editoriales, un 0,001 % (por inventarnos una cifra ridícula, pero bueno, 4 o 5: Planeta, Penguin Random House Mondori, etc.) son grandes empresas editoriales, menos de un 1 % son editoriales medianas y la gran mayoría son pequeñas editoriales que están como locas buscando nuevas voces para generar ingresos. En teoría, con estas cifras parece ser que siempre hay una editorial para un buen libro. Como contrapartida, mientras que Planeta puede publicar 300 títulos cada año, una editorial pequeña o mediana tiene que intentar asegurarse el tiro mucho más, pero también hace que estén (las pequeñas, o medianas, digo) mucho más predispuestas a las nuevas voces.
Por descontado, eso no tiene nada que ver con la editorial que tú buscas para tu libro: está claro que ya puedes ser bueno o buena, si quieres debutar en las grandes ligas, pero oye, ¿quién sabe? En cualquier caso, el tamaño de muchas de estas editoriales agrega otro problema: a veces, es difícil rastrear qué línea editorial (o filosofía) siguen y comprobar si puede encajar bien con tu manuscrito. Esta es una de las típicas situaciones donde entra, o puede entrar, el agente literario.
¡Está claro! Lo que necesito es un… agente literario (bueno, o quizá no)
En mi caso, mientras escribía la novela, una gran agencia literaria estuvo interesada en el texto, pero, al final, aquello quedó en nada. Me lo dijeron clarito: «Chaval, esto es un negocio y los nuevos autores os tenéis que buscar la vida.» Más allá de esta primera toma de contacto, tengo sentimientos contradictorios con los agentes, pero no solo por mi (muy breve) experiencia. Te explico. Una agencia es un empujón muy grande para la carrera literaria de cualquiera: a priori, una vez te acogen bajo su ala, se debería partir los cuernos para conseguirte una editorial e incentivar la promoción de la obra, porque se van a llevar alrededor del 15 % de todos tus ingresos. No obstante, hay un problema. Puede que una gran agencia «lleve» a demasiados autores para centrarse en promocionar tu trabajo y, todo lo contrario, que una pequeña no tenga los recursos reales para que, llegado el caso, valga la pena renunciar a ese porcentaje (nada desdeñable) de ingresos por el impulso que le va a dar a tu perfil profesional.
Suele decirse que, durante la promoción, donde no llega la editorial, llega la agencia, pero, de nuevo, dependerá del tamaño de la agencia. Aun así, hay un tercer contratiempo que no deja de ser el más jodido: si quieres agente, toca duplicar el trabajo y el tiempo de búsqueda, ya que conseguir que una agencia se fije en ti no difiere demasiado de las acciones que debes llevar a cabo para buscar editorial. Por supuesto, si no has terminado desesperándote por el camino, una vez cuentes con un agente, habrá un contrato formal entre ambos que protegerá a todo quisqui (a ellos, a ti) y un plus de seguridad ante posibles abusos con la edición.
¿Y qué coj*** hago? Consejos sobre cómo mandar el manuscrito a las editoriales
Bueno, así está el panorama. Con el manuscrito en la mano, te cogen dudando sobre agente sí o agente no. Al final, es una decisión personal y, si te publican y te haces un J.K. Rowling, luego las agencias sí que se van a tirar de los pelos por ti. Pero a miles de kilómetros del país de la piruleta, la realidad es que tanto agencias como editoriales están hartas de tanto manuscrito. Olvídate de que le echen un ojo a libros con errores de ortotipografía o estilo, que no peguen con su línea editorial o que tengan 500 páginas: si nunca has publicado, 200 hojas ya son palabras mayores (existe una tendencia a la baja desde hace una década).
Se han puesto exquisitos y, en parte, hay que entenderlo: leía en el blog de la editorial Letra de paloalgunos de los porqués (modelo de negocio, riesgos tangibles e intangibles, etc.) y, ¿qué quieres que te diga? Se entiende. Piensa que esto no es el mundo contra los escritores/as, siempre hay otras variables a tener en cuenta.
Si tras leer tu manuscrito (un fragmento, por regla general), la editorial considera que es una buena oportunidad de negocio, lo siguiente que harán será encargar una lectura profesional (una buena opción, si te la puedes permitir, es hacer este ejercicio antes de enviar el manuscrito y contratar tú a un lector profesional). Una vez hecha la lectura o lecturas, el profesional escribirá dos informes para la editorial (uno literario, otro comercial) y esta tomará la decisión final (que, a estas alturas, si el lector ha dado el OK será… que sí, hombre, que te publican casi seguro).
Los tiempos son otra historia. Desde que enviaste tu manuscrito a la editorial hasta que recibes respuesta —si la recibes, porque hay cientos de agencias y editoriales con el típico mensaje del si no te decimos nada en tres meses, ¡te hemos descartado, majete!— pueden pasar desde 60 días a medio año sin problemas. Al fin y al cabo, lo mejor es meterse en la cabeza que el tiempo de un escritor poco tiene que ver con el de un editor o el de una editorial, que no deja de ser una empresa.
Procrastinar: definición gráfica.
¿Y qué podemos hacer entonces? Primero, asegurar la jugada (editorial correcta, buena historia, estructura profunda y superficial equilibrada, sin un excesivo número de páginas) y acompañarlo de un correo, una carta de presentación y una propuesta editorial que hablen bien de nosotros y que no den pie a malas interpretaciones.
Tras múltiples cagadas, a mí hay dos cosas que se me han quedado grabadas: la importancia de la sinopsis argumental (y sus diferencias con una sinopsis literaria, que seguro que nadie te ha pedido) y que ni dios deje su trabajo para hacerse rico con la escritura. Puede pasar, claro, ahí están Bukowski, Harper Lee o Faulkner, pero nadie te asegura que, de un día para el otro, vas a poder vivir de tus textos: es más, el porcentaje que lo consigue solo de sus novelas es irrisorio y son escritores con varios best-sellers a cuestas. Sobre esto último, tengo una opinión en gradación de grises, así que voy a matizarla: si bien creo que no tener un sostén económico es más limitante que dedicar unas horas diarias a una actividad laboral distinta a la escritura (y he tenido la oportunidad de no trabajar durante un periodo de tiempo y ver cómo afectaba a mi escritura), también considero que hay trabajos que te condicionan más que otros: en mi caso, un trabajo mecánico o burocrático, por ejemplo, me limitaría mucho, mientras que un trabajo más creativo o de dirección, no me supone tantos problemas para compaginarlo con escribir unas horas al día. Además, aunque no siempre se tiene en cuenta, los derechos de autor se cobran una vez cada año(por norma, entre marzo y abril). Mucha pasta hay que sacar de las ventas anuales para aguantar doce meses sin trabajar en nada más…
En aquella clase de la escuela de escritura también nos hablaron del índice Nielsen, de cuándo y por qué plantearse publicar con seudónimo, de certámenes y concursos literarios. Todo eso queda para otro artículo que ya aparecerá por aquí, supongo yo. Por ahora, si me tuviera que quedar con algo, es que hay que seguir creyendo en lo que uno hace,reservando esa voz crítica que todos tenemos para cuando resulta necesaria (durante las reescrituras, cuando toca asumir fallos, etcétera) y relativizar, porque, incluso cuando publicas, los derechos de autor llegan cuando llegan y los pagos son los que son, que a muchos nos vendieron lo de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, pero mucho hay que escribir para comprarse un chalé con piscina (y no es negociable lo de la puta piscina) para el niño, el perro y el árbol.
Con la salida de la miniserie Buenos presagios (Good Omens, Douglas Mackinnon, BBC Two/Amazon Prime Video, 2019), me ha dado por hacer una recopilación de todas las novelas del Mundodisco de Terry Pratchett. Las cosas que se le ocurren a uno cuando el verano te hierve el cerebro, ¿eh? Bueno, Mundodisco es una de mis sagas favoritas, así que supongo que solo necesitaba una excusa. Pero qué es Mundodisco, ¿no? ¿En serio queda gente que no ha oído hablar sobre la historia de ese planeta (en forma de disco, dicen… ¡ja!, jaque mate, tierraplanistas) que viaja a lomos de cuatro elefantes que, a su vez, viajan a lomos de una gigantesca tortuga por el espacio sideral? Vamos, lo típico que suele decirse sobre Gran T’Phon, Tubul, Berilia, Jerakeen y, por supuesto, de Gran A’Tuin: la tortuga. No obstante, más allá de lo (a)típico que todo dios sabe sobre la obra de Prattchet, si nos adentramos en la cosmogonía de ese universo se nos van a poner en fila personajes, lugares, situaciones y todo tipo de poderes mágicos para darnos un bofetón y que nunca, pero nunca, nunca, se nos olvide la genialidad del Hombre del Sombrero.
Vamos primero a 2017, ¿vale? Ese año, el disco duro con las novelas de Terry Pratchett sin terminar era destruido por una apisonadora: fue uno de sus últimos deseos y está bien, ¿no? Al fin y al cabo, ¿cómo iba a acabarse algo como el Mundodisco? Pratchett creó a Rincewind, a Lord Havelock Vetinari, a Yaya Ceravieja, a Húmedo von Mustachen, a Sam Vimes, a la Muerte más chula de todas las novelas de fantasía. Y ni él ni nadie se tragó nunca que, cuando nos faltase tras ser reclamado por el Segador (o por Susan Sto Helit, si los Auditores de la Realidad la habían vuelto a liar) se acabaría el Mundodisco.Creer algo así es no entender de qué están hechas las historias, pero el deseo de dejar a la imaginación lo que no se pudo acabar es más que legítimo: ya sabemos que hay mundos que terminan por superar a las propias mentes que los pensaron. En fin, que aplastaron el disco duro y Pratchett consiguió lo que no le permitieron, entre otros, a Virgilio, a Shakespeare, a Petrarca o a Kafka. ¿Y qué quiere decir esto? Que la bibliografía del Mundodisco está, desde entonces, tan completa como ya lo podrá estar por siempre entre novelas, cuentos y relatos, así que no es mal momento para… una Guía de lectura del Mundodisco de Terry Prattchet.
Al César lo que es del César: esto no es algo que sea el primer listillo al que se le ocurre. Bueno, no bien bien. Es más, sin la Guía de Orden de Lectura del Mundodisco de Fancueva (que creo que descubrí a través de este artículo en Xataka) me parece a mí que esta entrada seguiría en mi cabeza y poco más, porque el gran trabajo de documentación se lo pegaron esos mozos. Del mismo modo, yo me enteré de la última versión (3.0) de la Guía de Orden de Lectura en un tuit de la cuenta Café de Tinta(al final del artículo, tienes un enlace al tuit original) que recopiló las 41 novelas en una de esas cadenas que ahora hace todo dios en el Twitter. En su momento, me pareció una idea cojonuda, pero luego pensé que, en ambas, faltaba algo que no he encontrado en ningún otro blog o portal literario: una recopilación que te dé el orden, la saga a la que pertenece cada novela y, sí, una sinopsis de la misma, porque… bueno, es Mundodisco, te va a enganchar igual leas el libro que leas, pero hay mucha gente con poca fe (ya sabes, pobres dioses menores…). ¿Y cuál es la diferencia entre esto y la típica «Wiki Fandom»? Pues que mi intención no es hacer dos o tres entradas supercompletísimas, sino dos o tres entradas que recojan la esencia de todos los libros y permitan una consulta rápida. ¿Lo pillas?
El Mundodisco se compone de siete sagas que siguen las aventuras y desventuras de incontables personajes, los principales son:
Los magos de la Universidad Invisible, con Rincewindcasi siempre a la cabeza (pero de la cola, por si hay que salir huyendo)
Las novelas independientes que, en la Fancueva, dividieron en su día entre aquellas que narran historia antigua —Pirómides, Dioses menores— y otras centradas en algún tipo de revolución tecnológica o industrial, como Imágenes en acción, La verdad, Regimiento monstruoso, etcétera
¿Por dónde empiezo en el Mundodisco?
Como me he tragado varias decenas de enlaces para hacer esta guía de lectura, te resumo por dónde dicen que puedes empezar y por dónde empecé y empezaría yo. En mi caso, empecé a leer por El color de la magia y La luz fantástica, que son dos libros que te zampas rápido uno detrás de otro. He leído en varias páginas web y blogs que el autor recomendaba empezar por Rechicero (uno de mis libros favoritos de Pratchett: llega un rechicero de solo ocho años a la Universidad Invisible, o sea, un octavo hijo de un octavo hijo de un octavo hijo y, de golpe, todo dios sabe lanzar hechizos de un nivel asombroso, un claro antecedente de que se va a liar parda), pero no conozco el porqué. En cualquier caso, cualquiera de los cinco libros que inician línea argumental es igual de bueno para empezar, supongo:
Pirómides (Mundodisco, 7) oImágenes en acción (Mundodisco, 10), dependiendo si entendemos que empezamos por la primera novela independiente por cronología o por el primer salto tecnológico del Mundodisco.
Además, aquí tienes otra «Guía para iniciarse en el Mundodisco de Pratchett» (en inglés), donde añaden Dinero a mansalva (Mundodisco, 36), pero mucho ha llovido en Ankh-Morpork hasta la primera aparición de Húmedo en el cadalso, así que yo no empezaría por ahí. Por supuesto, cada uno es muy libre de hacer lo que quiera. Ya lo decía el tipejo este del sombrero: «A veces es mejor encender un lanzallamas que maldecir a la oscuridad.«
AAnkh-Morpork llega Dosflores, el primer turista del Mundodisco, un tipo confiado e inocente del Continente Contrapeso que considera que nada malo puede pasarte si hablas muydespacito y en voz alta para hacerte entender. Le acompaña El Equipaje, un baúl de peral sabio con tendencias homicidas repleto de oro. En paralelo a la llegada de Dosflores a la gran ciudad, el cobarde mago Rincewind es expulsado de la Universidad invisible, ya que desde que uno de los hechizos de El Octavo (los ocho hechizos más poderosos del Mundodisco) entró en su cabeza no puede aprender magia, por sencilla que esta sea. Debido a la importancia del primer visitante a la ciudad-estado de Ankh-Morpork, Lord Havelock Vetinari, el patricio, encomienda a Rincewind el papel de guía turístico…
La luz fantástica recupera la acción de la que se empeñaba en huir Rincewind con Dosflores a cuestas. El echizero, como pone en el sombrero del mago porque ni lo de deletrear se le da bien al pobre, descubre que si no leen los ocho hechizos del Octavo (incluso aquel que está perdido en su cabeza) el mundo va a terminar. Para subir la tensión un poco más, todo bicho viviente que sepa de magia quiere matar a Rincewind y robarle el poder del hechizo (pues pasaría a vivir en la cabeza del mago más cercano tras la muerte de Rincewind). Además, Gran A’Tuin, la gigantesca tortuga que se mueve por el espacio cargando a los cuatro elefantes que llevan el peso del propio Mundodisco, está a punto de estrellarse contra una estrella roja y encima por ahí andan Cohen el Bárbaro y su prometida, para complicarlo todo un poco más.
Adaptaciones de El color de la magia y La luz fantástica
En 2008, se lanzó una adaptación televisiva de la primera gran historia de Rincewind en el Mundodisco titulada El color de la magia (ficha de FilmAffinity) que recoge la trama de los dos primeros tomos que nos legó este buen hombre. El Rincewind, a mi gusto, es demasiado viejales, pero si no llevamos demasiadas expectativas… Sin embargo, ya adelanto que, para mí (y, para gustos, colores), ninguna de las tres adaptaciones que hay hasta la fecha son una obra de arte.
Mundodisco 3. Ritos iguales (Las brujas de Lancre)
En esta novela se da inicio al arco de las brujas de Lancre: Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos se ven envueltas en una aventura tan loca como reivindicativa —en el original, Equal rites (Ritos iguales) es un juego de palabras con equal rights, o sea, igualdad de derechos— para conseguir que la Universidad Invisible acepte a Eskarina, la primera mujer mago del Mundodisco. Y todo porque un mago despistado que vagaba por las Montañas del Carnero ¡no se dio cuenta ni de qué genero era el bebé al que nombra sucesor! En fin, aquí empieza la lucha contra la intolerancia en el Mundodisco y, como siempre, lo hace con mucho humor.
La Muerte ya había hechos su aparición COMO UN SECUNDARIO DE RENOMBRE en títulos anteriores de Mundodisco. Ahora empieza lo bueno. Mort se resume en una premisa en apariencia simple: ¿puede La Muerte tomarse un descanso e irse de copas? No así porque sí, claro, sino designando a un aprendiz y dejándole al cargo. Pues eso es lo que hace, deja a Mort al cargo por unas horas y, mientras La Muerte se enfrasca en rocambolescas discusiones filosóficas de bar, al chaval no se le ocurre nada mejor que perdonarle la vida a cierta princesa…
Para ser hechicero en el Mundodisco es condición sine qua non ser octavo hijo de un octavo hijo… Y aquí viene la regla de oro: los magos no pueden tener relaciones sexuales, porque, si las tuvieran, podría salir un… rechicero: es decir, el octavo hijo de un octavo hijo de un octavo hijo, y eso no es bueno. Nada bueno. Rincewind y el resto de la tropa de la Universidad Invisible lo aprenden a las malas aquí, cuando llega un rechicero de ocho años a la Universidad Invisible y todo quisqui puede lanzar hechizos inimaginables de golpe, y todo indica que ha empezado el Aprocrilipsis, el Despido de los Dioses y se están abriendo portales de las Dimensiones Mazmorra. De las mejores.
El rey Verence I de Lancre es asesinado por su primo, el duque Felmet, y el bebé de Verence y la corona del reino son entregados por un sirviente a Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos, las brujas de Lancre. Estas se encargarán de que, Tomjon, el heredero del trono de Lancre se una a una compañía de artistas viajeros que, con el paso del tiempo (el tiempo es algo muy voluble en el Mundodisco, aunque no lo sepas aún) derrocará al duque Felmet. En definitiva, que un día Terry se levantó con ganas de Shakespeare (y de Macbeth).
Adaptaciones de Brujerías
Hay una película animada de la BBC, ronda por YouTube también, que algún buen samaritano subtituló al castellano. La dejo aquí incrustada.
Primera novela independiente del Mundodisco. A menudo, se relaciona con Dioses menores, puesto que son los dos títulos que mejor nos permiten conocer las deidades de este cosmos.
Por designios paternos, Pteppic, príncipe del reino de Djelibeibi (pequeña región que se parece mosqueantemente al Antiguo Egipto, oye), ha sido educado en Ankh-Morpork por la flor y nata del Gremio de Asesinos. Tras la muerte de su padre, debe volver al reino y asumir sus deberes como Rey-Divinidad, pero la educación recibida parece que choca con las tradiciones de su propio pueblo, que no han cambiado en 1.500 años de historia.
Mundodisco 8. ¡Guardias! ¿Guardias? (La guardia de Ankh-Morpork)
Podría parecer que una ciudad como Ankh-Morpork necesitaría de un cuerpo de guardia especial, pero no. En realidad, la Guardia Nocturna de la ciudad de Ankh-Morkpok no tiene mucho trabajo: de los crímenes se ocupan el Gremio de Ladrones y el de Asesinos, sin pasarse de una cuota fija al mes, por supuesto. Así, la guardia tampoco requiere de muchos efectivos y consta de tan solo tres hombres: el capitán Vimes, el sargento Colon y el cabo Nobbs. Sin embargo, cuando un nuevo recluta, el idealista «enano» Zanahoria Fundidordehierroson, se integra en su equipo y no tiene mejor idea que arrestar a ladrones y asesinos haciendo cumplir la ley, los tres veteranos guardias verán cómo su rutina se rompe. Y por si fuera poco, un dragón, criatura que se creía extinta, ha aparecido en la ciudad, aunque esto no parece interesarle mucho a nadie…
Se trata de una parodia del Faustode J.W. Goethe. Volvemos al arco argumental de Rincewind en la que es su cuarta novela. Rincewind es invocado por un demonólogo de 13 años, Eric Thursley, que quiere ser el gobernante del mundo, conocer a la mujer más hermosa que haya existido jamás y vivir para siempre. El chaval se cree que el mago es un demonio y el hechicero, para su horror, descubre que sí puede cumplir los deseos de Eric.
Novela destacada
Eric explica TANTO —como diría La Muerte— sobre los orígenes del Mundodisco, su naturaleza y su humor que, con toda probabilidad, es de las novelas imprescindibles de Pratchett. Al menos, para un servidor. Además, es divertida a rabiar. En su entrada de la Wikipedia en español, y a diferencia de otros títulos de la saga con cuatro líneas de texto, hay una completa sinopsis argumental de Eric.
El mejor truco de los alquimistas del Mundodisco es convertir el oro en… menos oro. Así que, cuando por fin hacen algo de magia y crean las imágenes en acción (un símil del cine mudo, para entendernos), es normal que todo el mundo pierda un poco la cabeza, ¿o no? Victor Tugelbend, un estudiante de la Universidad Invisible, decide mudarse a Holy Wood y probar suerte en la nueva industria; lo mismo le ocurre a la joven Theda «Ginger» Withel. Mientras tanto, algo raro sucede por allí entre animales que empiezan a hablar, rupturas del espacio-tiempo y criaturillas de las Dimensiones Mazmorra que no deberían estar pululando por donde están pululando.
Imágenes en acción es otra novela independiente del Mundodisco que, principalmente, se centra en la historiografía del cine, con homenajes constantes a la edad dorada de Hollywood.
Los Auditores de la Realidad —entidades sobrenaturales y burócratas celestiales— son seres sobrenaturales que se aseguran de que las leyes de la física funcionen como es debido. A grandes rasgos, se podría decir que ven a los humanos —desordenados, imprevisibles— como una molestia y una enorme carga de trabajo y prefieren otras entidades con un porcentaje menor de libre albedrío, como las piedras. Por esto, cuando La Muerte empieza a desarrollar personalidad, los Auditores argumentan a Azrael, el Señor de las Muertes, que no está cumpliendo con sus deberes y lo liberan de sus funciones. La Muerte, que tampoco tiene mucha experiencia en temas humanos, elige el nombre de Bill Puerta, se baja al Mundodisco y se larga a la granja de la señorita Flitworth a trabajar como… segador (¿qué esperabas?), con la mala pata de que alguien acaba de inventar la primera máquina de siega industrial. En paralelo, el mago Windle Poons prevé la hora de su muerte, como es propio de todos los magos y las brujas, pero esta no llega: con el mosqueo general, Poons se une a zombis, vampiros, banshees y hasta hombres del saco para saber qué leches está pasando, mientras que los magos de la Universidad Invisible intentan que Windle Poons siga… bueno, muerto.
Novela destacada
Mundodisco 12. Brujas de viaje (Las brujas de Lancre)
Cuando Magrat Ajostiernos, la bruja más joven del aquelarre, recibe la vara mágica de una hada madrina moribunda, las tres brujas deben emprender un viaje para salvar a una chica envuelta en un… ¿cuento de hadas? Según descubren Yaya Ceravieja, Tata Ogg y Magrat Ajostiernos, otra hada, harta de que nadie sepa lo que es mejor para ellos mismos, ha empezado a cumplir los deseos que la gente debería desear. El libro está plagado de referencias a cuentos y novelas fantásticas, incluyendo The Frog Princess, la Caperucita Roja, El gato con botas, La bella durmiente, Cenicientay El maravilloso Mago de Oz.
Dioses menoressigue el recorrido de (en teoría) uno de los dioses más importantes del Mundodisco: Om. A veces, los dioses deciden tomar forma física y pasearse entre los humanos, pero cuando se le ocurre hacer esto a Om se da cuenta de que, pese a la enorme estructura religiosa tras su figura, solo tiene un verdadero creyente: Brutha. El principal problema de Om es que un dios del Mundodisco es tan poderoso como creyentes tenga, por lo que él está a punto de desaparecer en el olvido.
La novela se mueve entre Efebia, una parodia de las polis griegas —en constantes luchas con Espadarta—, Omnia, Ankh-Morpork y otras zonas del gran cosmos de Pratchett a través de dos visiones enfrentadas de la misma religión monoteísta: la de Vorbis, que considera que todo lo que hace está bendecido por Om, pues si no fuera así el dios no dejaría que lo hiciese, y la de Brutha, que sigue escrupulosamente los preceptos del omnianismo.
Mundodisco 14. Lores y damas (Las brujas de Lancre)
Tras lo ocurrido en Brujas de viaje, Magrat Ajostiernos se va a casar con Verence II, antiguo bufón y actual rey de Lancre. Todo está preparado para la ceremonia, pero Magrat no aparece por ningún lado. Por si fuera poco, cinco jovencitas empiezan a plantarle cara a Yaya Ceravieja y a esta le da en la nariz que el día de su muerte está cada vez más próximo. Y los elfos (que nada tienen que ver con son esas criaturas dulces de los cuentos: es más, son unos hijos de p*** de mucho cuidado y, por eso, ya se preocuparon en el pasado de mandarlos a otra dimensión) han encontrado el modo devolver al Mundodisco para apoderarse de él para siempre.
Mundodisco 15. Hombres de armas (La guardia de Ankh-Morpork)
Edward de M’uerthe está obsesionado con devolver un rey a Ankh-Morpork y recuperar la importancia nobiliaria de su familia. Gracias a su posición en el Gremio de Asesinos descubre que el cabo Zanahoria Fundidordehierroson es el heredero legítimo al trono. Mientras tanto, en la guardia, el capitán Vimes tiene sus propios problemas: se va a casar con la mujer más rica de la ciudad, para lo bueno y para lo malo, y Lord Vetinari le ha colocado tres nuevos reclutas entre sus filas: Detritus el Trol, Cuddy el Enano y Angua, ¡una mujer! (y mujer-loba encima, aunque esto los guardias todavía no lo saben). Y, por si fuera poco, empieza a morir gente con heridas extrañas de un arma que nunca se había visto en Ankh-Morpork, y los enanos y los trols se culpan mutuamente, y todo está a punto de saltar por los aires…
Buddy, un músico del país de Nellofselek consigue un extraño instrumento con cuerdas que lo catapulta a la fama casi de inmediato. El joven músico decide formar una banda con Odro, un enano que toca el cuero, y Cliff, un trol percusionista. ¡Es el primer grupo de «música con rocas» del Mundodisco! Y-Voy-A-La-Ruina Escurridizo, a su vez, ve negocio en el merchandising y adopta el papel de mánager del grupo. La locura por la música con rocas no es lo único extraño que está sucediendo en el Mundodisco: La Muerte ha desaparecido y sus poderes (y responsabilidades) se están transfiriendo a Susan Sto Helit, hija de Mort e Ysabell…
Adaptaciones de Soul Music
En 1997, Channel 4 estrenó una adaptación televisiva con Cristopher Lee como… La Muerte. Puede encontrarse en YouTube (por lo menos) en versión original.
El imperio más antiguo del Mundodisco anda revuelto… Y la culpa de todo la tienen, por este orden: un panfleto revolucionario titulado «Lo que hice en mis vacaciones…» , el mago Rincewind y su fiel Equipaje, una horda de bárbaros, capitaneados por un viejo héroe llamado Gengis Cohen, y una mariposa muy especial. ¿Quizá por eso la peor maldición que se puede echar en el refinadísimo Imperio Ágata es aquello del «ojalá vivas en tiempos interesantes»?
Agnes Nitt deja Lancre antes de que las brujas del aquelarre la conviertan en una de las suyas. ¿Su sueño? Cambiarse el nombre por algo con clase —con una equis por ahí en medio, por ejemplo— y cantar en la Casa de la Opera de Ankh-Morpork. Yaya Ceravieja se entera de que Tata Ogg ha publicado un libro de cocina… mágica y que le adeudan un buen pastón los editores de Ankh-Morpork, así que deciden hacer una escapadita y, de paso, ver qué pasa con la chica de los Nitt.
De nuevo, en Ankh-Morpork, Agnes tiene el problema de su falta de… presencia escénica (o todo lo contrario, depende de cómo se mire) y los responsables deciden que sea su compañera Christine quien aparezca en el escenario mientras Agnes, o Perdita X. Nitt como le gustaría llamarse, hace todo el trabajo detrás del coro. Además, la Casa de la Opera tiene un tarado que va escribiendo notitas con ¡¡¡¡¡CINCO!!!!! exclamaciones y arruinando, poco a poco, el negocio, que va como siempre va el arte: entra mucho dinero, sale mucho dinero y el espectáculo debe continuar. El problema es que parece que el Fantasma de la Ópera ha pasado de destrozar violines y zapatillas de ballet a matar gente, y eso, quizá, es demasiado.
Mundodisco 19. Pies de barro (La guardia de Ankh-Morpork)
Nobby Nobbs podría haber tenido un pasado muy distinto si alguien hubiese sabido que descendía del conde de Ankh… Cuando la clase aristocrática de Ankh-Morpork y los líderes de los gremios se enteran, se unen para deponer a Lord Vetinari como patricio de la ciudad-estado. Sin embargo, alguien parece haberse adelantado y ¡está envenenando al patricio! ¿Acaso era eso posible conociendo a Havelock Vetinari? La nueva agente de la guardia de la ciudad, Jovial Culopequeño, lo está investigando… En paralelo, alguien está matando a ciudadanos respetables de la ciudad (tan respetable como puede ser el ciudadano medio de Ankh-Morpork) y todo apunta como culpable a un gólem. Pero Dorfl, un… golem (qué casualidad, oye) está dispuesto a ayudar a la guardia a descubrir el misterio.
¿Qué sentido tiene la celebración de Papá Puerco? Según los antiguos ritos del Mundodisco supone la transición del invierno al verano. Los Auditores de la Realidad siguen haciendo de las suyas y han encontrado a alguien que puede «cargarse» al Padre Cerdo, lo que supone una catástrofe de proporciones épicas: el sol no volverá a salir. Ahora, La Muerte debe tomar el papel de Papá Cerdo y hacer que la gente no pierda la fe. Pero ¿qué pasa con esa fe en la existencia de Papá Puerco? Toda esa fe ha quedado libre y han empezado a aparecer personificaciones algo extrañas, como el Monstruo Come-calcetines, el Hada de la Felicidad y, por supuesto, el Oh Dios de las resacas, con un peso especial en Ankh-Morpork y con un clarísimo epicentro en la Universidad Invisible.
Papá Puerco explica por qué la humanidad se empeña en crear personajes en su propio beneficio, como Papá Puerco (algo así como Papá Noel), el Hada de los Dientes (para nosotros, el Ratoncito Pérez) o… bueno, La Muerte.
Novela destacada
Adaptaciones de Papá Puerco
Este libro se adaptó a TV con una miniserie de 2 episodios en 2006: Papá Puerco. La fábula navideña de Pratchett en vivo y en directo.
Sentíos libres de contactar conmigo para sugerirme enlaces de interés u otras adaptaciones que no estén en la entrada. Sobre videojuegos, juegos de mesa, novelas científicas, atlas y el resto de materiales que no aparecen por aquí relacionados con Mundodisco quedan para la segunda parte de esta guía (o quizá para la tercera).
Cuando yo era un crío a menudo acompañaba a mi padre a Santa Coloma de Gramanet y a Badalona no sé por qué. Supongo que tenía por allí conocidos del Turó de la Peira o del hospicio, como llamaba él al orfanato de los Hogares Mundet donde estuvo interno hasta los dieciocho. De aquellas escapadillas de media mañana, recuerdo parar en San Roque (Sant Roc, Badalona) con seis, siete u ocho años y, ya en el coche, estar bastante cagado con el panorama. Aun así, si me diesen veinte euros por describir algo de aquello no podría: supongo que a un criajo de clase media le sorprendían las pintas, los edificios, la gente pidiendo y, sí, la cantidad de politoxicómanos que había. De adulto, he vuelto por allí un centenar de veces a pasear con los amiguetes y Sant Roc ha mejorado mucho; Badalona no tiene nada que ver con lo que fue: hace treinta años, Badalona era otro mundo (y Barcelona, que no se nos olvide) y Sant Roc, con sus eternos refugiados de las chabolas del Somorrostro, también.
Cualquiera que haya crecido en los ochenta en la periferia de una gran ciudad ha visto demasiadas jeringas y adictos. No digo nada nuevo. Hubo una época en que la heroína estaba en todas partes: en la calle, en la tele, en los «ten cuidado» y los miedos de la familia. La heroína despierta muchas emociones en cualquiera, no siempre buenas o malas de forma categórica, pero, sobre todo, tiene muchos nombres —jaco, caballo, colacao— y luchas muy distintas entre sí: está la lucha política, la social, la realidad (no tan) oculta que no es extraño negarse a uno mismo; está en los telediarios, en las columnas de opinión de los gurús que de todo saben, en los reportajes de los diarios con aires de cine quinqui, en las peleas callejeras entre los gitanos de la cocaína con los paquistaníes y los dominicanos de Badalona, en el edificio Venus y, por descontado, en el narcoturismo de las plazas del Raval.
Una calle del barrio de Sant Roc (Badalona). Foto: Marga Cruz
La ley de la selva, sin buenos, solo los que conocen lo que hubo y a los que les importa tres cojones: porque se lucran a cualquier precio, porque no saben lo que viene después, porque están «enganchadísimos» y solo piensan en el siguiente pico. Pero ¿y qué, verdad? Poder escribir de esto, o leer sobre esto, es no tener la necesidad de vivirlo de veras: no estar sumergido a la fuerza: por error, por vida, por clase social. Salen noticias, claro que sí, pero solo nos demuestran que, quien generaliza, es un imbécil; ahí está María, politoxicómana de setenta y tres años que retrata el periodista Pedro Simón, la transformación del Toño en un zombi del Raval, las historias de superación (que también existen), como el «via crucis» y los diecisiete de enganche del David, que ya quedaron atrás.
En Barcelona, el ayuntamiento afirma que no hay más heroinómanos que ayer, o que el año pasado, pero en Sant Roc, La Mina y El Raval, que son aquellos vecinos que han estado siempre en primera línea de fuego, lo desmienten. En Badalona ni tan siquiera hay narcosala, dicen, ¿cómo van a controlar el número de casos si los yonquis van a ponerse en una furgoneta abandonada debajo de la autopista? Tampoco hay estudios detallados sobre el perfil del nuevo consumidor de heroína: unas noticias hablan de jóvenes de clase media alta, otros de cuarenta para arriba, también están los viajeros que vienen buscando narcopisos: esos que saben lo que significan unas bambas colgando del cable de la Telefónica.
La furgoneta abandonada donde muchos heroinómanos de Badalona se inyectan. Foto: DLF
En EEUU, la heroína está haciendo estragos. Nadie había visto algo así. Cuentan que no es un problema de blancos o de negros, de gente pobre o de gente rica: es una emergencia nacional. Es un rompecabezas con más aristas de las que nos podemos imaginar. Es probable que esa situación al otro lado del Atlántico haga un poco más fácil de entender por qué, en Cataluña, nadie sabe nada. Mientras, seguimos como siempre: en Barcelona, el ranking de decomisos de droga sigue aumentando (por algo somos la mayor puerta de entrada de droga a Europa); ¿y lo de educar a los más jóvenes?, cuando uno pierde un buen rato y lee, da la sensación de que nos creíamos que esto había quedado en el pasado, que las charlas de padres a hijos sobre el cigarro, el porro, el perico y el caballo que de chavales nos parecían tan exageradas y prejuiciosas habían quedado en otra época. Quizá toca volver a prevenir, a educar y a buscar otras alternativas con las que complementar la lucha contra la dama blanca, porque está claro que creímos que habíamos vencido antes de tiempo. Y quien no se crea nada de lo que se ha dicho aquí, que haga un pequeño ejercicio, que coja el coche (o un tren) y se vaya de paseo por Sant Roc, La Mina o El Raval. Al final, es la mejor forma de enfrentar la realidad: mirándola a la cara, de igual a igual.
NdA: El artículo más completo que he encontrado sobre la situación actual de Barcelona es el reportaje de David López Frías para El español titulado El caballo cabalga de nuevo por Barcelona: vidas tiradas en tres barrios enganchados. Lo he enlazado en la entrada, pero si alguien está interesado en informarse con más detalle, recomiendo su lectura: si bien no deja de ser «algo» sensacionalista, ofrece una instantánea global del problema.
Me sorprende, pero hay gente que hoy descubre las fístulas de las vacas en Francia y monta un escándalo denunciando esta (horrible) «práctica pionera». ¿Pionera? La industria lechera lleva décadas haciendo eso, solo te hace falta sacar algo de tiempo y buscar «fístulas vacas» (o fístula rumial, o fistulación rumiante) en Internet y ya te puedes hartar de imágenes asquerosas de vacas con un agujero con tapa de «quita y pon» que conecta con uno de sus estómagos. Es probable también que veas un montón de comentarios de ganaderos con uno de sus hits similares al de los taurófilos (el toro no sufre): a la vaca no le molesta tener un agujero ahí. Hay gente para todo: gente que descubre que las vacas lecheras están muy jodidas (perdonad el chiste fácil, pero a lo mejor mucha gente tampoco sabe por qué los mamíferos generan leche), gente que no tenía ni idea de que le abren un macromatadero a las puertas de su casa en Binéfar (y en unos meses no podrán dormir ni respirar entre los gritos y el olor), gente que no sabe que 2030 es la fecha límite para evitar una catástrofe global.
Conocidas como vacas con fístula o cánula, estos animales sufren una intervención quirúrgica, en la cual se les inserta una especie de ‘ojo de buey’. Dicho dispositivo es como un hoyo que queda abierto en la superficie de la vaca para permitir el acceso directo al más grande de sus cuatro estómagos, con el objetivo de optimizar y regular su alimentación.
De esto quería hablar hoy un poco hoy: del matadero de Huesca y de cómo no felices con tener una fecha tope para cambiar las cosas a nivel contaminación en 2050, seguimos (como sociedad) enfocados en acortar esos tiempos hasta crujirnos del todo el planeta. Como decía, hay gente que ve lógico lo de las fístulas de las vacas (por lo menos, si no se lo plantan en la primera página de un periódico y le hacen pensar en ello) y hay otros que ven normal que un único matadero se cargue 32.000 cerdos cada día (en un año, los trabajadores de esa nave habrán matado a una cuarta parte de la población de toda España en cerdos, ¿menuda cifra, eh?). A todo esto lo llaman progreso, porque no han tenido los santos cojones de asomar el hocico en una de esas naves industriales. Es irónico, en realidad: cada día podemos saber más y tenemos las herramientas para conocer qué ocurre en cualquier parte del mundo, pero optamos por lo contrario: decidimos saber menos. ¿Osos polares que buscan alimento a 800 kilómetros de su hábitat en Rusia?, ¿perros que se arrastran por el hielo derretido de Groenlandia? Ahí están las noticias. ¡El mundo está loco! ¿Cómo hemos llegado a esto? Y sobre todo, qué vamos a hacer nosotros, ¿no?
Esta fotografía distribuida por el Instituto Meteorológico Danés (Danmarks Meteorologiske Institut, DMI) del 13 de junio de 2019 muestra a los perros arrastrando un trineo a través del hielo marino (casi derretido por completo) durante una expedición en el noroeste de Groenlandia.
En España, salvo contadas excepciones ( (y desde el 15-M, desde que nos dijeron que todos habíamos remontado un poco la crisis, ni eso), nos movilizamos cuando nos tocan el bolsillo: si nos va bien, el país va bien; si nos va mal, algo habrá que hacer, ¿o no?. ¿Y en otros países? En otros países, tres cuartos de lo mismo. ¿Qué te pensabas? De todo esto que comentaba arriba (pan, jamón y televisor 4K de 32 pulgadas) va el movimiento de los chalecos amarillos en Francia, que nadie se engañe: del precio de la gasolina y el diésel, de las injusticias fiscales, las críticas contra el presidente de turno. Son temas importantísimos, coño, que afectan al bienestar y al día a día de los ciudadanos de un país, pero ¿qué hay del calentamiento global? Cuando alguien lanza esta pregunta, muchos sonreímos con autosuficiencia, ¿verdad?Calentamiento global, vaya chorrada, ¿eh? ¡con la de problemas que hay en el mundo! O todo lo contrario: ¿qué le vamos a hacer? Claro que es un tema importante (con el ojo puesto en el precio del litro de combustible o de la nueva PlayStation), pero ¿qué vamos a hacer nosotros? Aquí entra aquello de es que las cosas son como son, hombre; el mundo es así.Tú a congelarte a Boston, y yo a achicharrarme en Australia, porque la subida del nivel del mar nos ha inundado California entera.
Llevándolo al absurdo, fue una quinceañera sueca (hablo de la genial Greta Thunberg, evidentemente) la única persona a quien se le ocurrió salir a la calle un día, y otro día, y otro más, u organizar una huelga escolar para que se detenga esta locura. Que te dejes de rollos, te diría la chavala: que sí, que reciclas en tu casa y consumes menos (o no consumes) equis productos (carne, pescado, bichejos, km. 0, lo que sea), pero ¿protestar? ¿dejar el smartphone y los memes del WhatsApp un rato y salir fuera a ocupar las calles para pedir un cambio por el planeta?, ¿una pequeña muestra reivindicando y diciéndole a la clase política dónde puede meterse su statu quo? No, seguimos viendo el cambio climático como una película de domingo —como Twister, o Lo imposible—; seguimos diciéndonos: no es que Coca-Cola, Apple y JP Morgan Chase controlan el mundo y no podemos hacer nada. En definitiva, sea porque abren un macromatadero en Huesca o porque el mundo se va a la mierda, nos rendimos y viene una quinceañera y nos saca los colores. El problema es que, en lugar de darnos por enterados, en vez de comentarlo con los nuestros, de darle la importancia que merece todo esto (que agujereen tripas de vacas; que maten, en un año, más cerdos en Binéfar que personas hay en Portugal; que te preocupes por llenar el depósito de tu Seat Toledo y no de que tus hijos o tus nietos van a morirse sin acceso a agua y a cincuenta grados en el Pirineo).
Fotografía que muestra una granja de cría intensiva catalana. Fuente: El Periódico
O pasamos del tema o nos sacan los colores y, en lugar de darnos por enterados, nos encerramos un poco más en nuestra burbuja. Luego, nos preguntaremos cómo llegamos a esto, pero es que lo peor de las pelis de ciencia-ficción es cuando los hijos, apesadumbrados del copón, se interrogan a sí mismos intentando descubrir por qué sus padres fueron tan imbéciles. Les tocará arreglarlo a ellos, pero, a diferencia de nosotros, que todavía podemos solventar las cagadas de nuestros padres, ellos ya no tendrán margen de maniobra. Con suerte, nosotros no estaremos aquí para verlo, o no dejaremos a nadie (posturas éticas que siguen subiendo y subiendo) para que lo sufra. Y leyendo este artículo, estoy convencido de que mucha gente soltará un: ¿y todo esto sacas de unos cuantos cerdos muertos? Señal inequívoca de que, si piensas así, no has entendido una puta mierda: ya me sabe mal, de veras.
Todo tiene su tiempo: este blog también. Vaya frasecitas, ¿eh? No, no se acabó lo que se daba; todavía no.Sonaba un poco a eso, ¿verdad? Por lo menos, no es mi intención, sino que, tras darle muchas vueltas, toda apunta a que los temas sobre los que me apetece escribir están cambiando. Este 2019 ha sido un año de mucho trabajo en la novela que tenía que cerrar del todo (ya lo comenté en diciembre y en abril, así que no es plan de ponerse pesado: ahora, bajo mi criterio ya puede publicarse y voy a empezarla a moverla en serio), pero también de replantearse las cosas: de pensar por qué equis temas sobre los que uno mismo tenía la necesidad de escribir mucho (y que siguen siendo importantes) ya no te incitan a juntar letras tan a menudo; de encontrar otros asuntos de los que escribir (el triste retorno de la heroína a Barcelona, el macromatadero ese que pretende cargarse casi doce millones de cerdos al año, de las sensaciones que le producen a un fan acérrimo y tardío de Vázquez Montalbán que hayan sacado a Carvalho de la tumba).
Yo qué sé, muchos bichejos por cojones han tenido que pasar por crisálida, y eso es lo que suele pasarme a mí por estos derroteros. Llega un día en el que desacelero por una razón y, entonces, me resisto a parar del todo y mirar alrededor, como si hubiera algo malo en eso. Pero esta vez no. Esta vez me he dicho: «qué cojones, quizá es lo que necesito, y punto». No voy a engañar a nadie tampoco: he ido a un ritmo —cosas de la vida— que tampoco permitía largas noches pulsando teclas: no es el quid de la cuestión, pero no me apetecía pasarme por aquí. Ya me sabe mal. He leído que mucha gente que escribe (si me tildo de escritor, me va a salir un sarpullido, pero bueno) y publica suele dejar otros canales aparcados (sus blogs, redes sociales, columnas de opinión, lo que sea) hasta tener finiquitado aquel proyecto al que le viene dando prioridad; no obstante y, aunque me serviría de excusa, no creo que haya sido eso. Solo es que no me apetecía, como ya he dicho, y no tenía ganas de descubrir por qué.
Ahora, en cambio, me parece evidente: hay equis temas que ya no tengo ganas de tocar aquí: de perros, hablo de vez en cuando en el blog de un negociete que me he montado con dos colegas; si tengo tiempo y ganas (y algo interesante que aportar) sobre animalillos y putadas que les hacemos en general, me siguen aguantando por El caballo de Nietzsche, ¿y qué me queda para Doblando tentáculos? Pues la literatura y sus destilados: el cine, las series de televisión, los videojuegos. Si me apuras, alguna columna de opinión en la que cagarme en la madre (pobres, las madres) que los parió a todos —a los políticos corruptos, a la gentuza que justifica, permite y perpetúa acciones como las de la Manada en sanfermines, a los cabrones de los fachas que se han hinchado a procrear estas dos últimas décadas parece, al imbécil del ciudadano medio y las grandes corporaciones, que les suda un huevo cargarse el planeta mientras puedan meterle una planta más a su mierda de chalet de siete millones de dólares en Beverly Hills, Dubái o Marbella—.
De todo eso iba esto desde el principio, de lo que a mí me diera la gana, y ahora me da la gana escribir más; luego quizá menos, pero seguiremos en la brecha: sobre todo, porque aquí me aguanto yo y me aguantáis los que me leéis, pero, en otros lares, a un tocapelotas de libro (como un servidor) no le aguanta cualquiera. En fin, pasa a la entrada siguiente, porque de esto ya he dicho todo lo que venía a decir…
Estos días me he vuelto a ver la quinta temporada de BoJack Horseman (Netflix, 2014), una sitcom de animación —a partir de aquí, todo es posible— sobre un actor de televisión que vive en Hollywoo(d). Él es un caballo; su mánager, una gata persa de color rosa; su álter-ego, un perro labrador, que también es actor. Por ahí está Todd, que es humano, pero el menos normal de todos ellos, y Diane, que es una escritora-redactora creativa de ascendencia vietnamita. ¿Y cómo es esto posible? En este mundo, conviven personas y animales antropomorfos, pero eso es lo más sencillo que su creador, Raphael Bob-Waksberg, nos tira a la cara para que digiramos o nos atragantemos: a menudo, parece que se la suda (y hace bien).
En BoJack Horseman los personajes evolucionan a través de la trama: algo a lo que no estamos acostumbrados en las series de animación. Tampoco es habitual que este tipo de series oscilen entre el drama y la comedia (o la tragicomedia), ni se atrevan a tratar temas tan profundos como el éxito y el fracaso, la necesidad de ser amado, las carencias afectivas de las personas, la búsqueda de atención constante. Todas estas cuestiones dan una profundidad a la serie que hace que valga la pena verla, pero, en realidad, yo he descubierto algo mucho más importante para aquellas personas que queremos aprender a contar una historia: ahí metidos hay verdaderos maestros de la narración, y voy a hablaros de algunos capítulos que lo demuestran, ¿vale? Por supuesto, hay mucho escrito sobre la serie, pero si queréis un texto que os convenza de que tenéis que ver este pelotazo de Netflix, leed este artículo de Ana Pacheco: Regodearse en la miseria, como BoJack Horseman. Por mi parte, yo os voy a hablar un rato sobre literatura…
BoJack… ¿qué?
Las dos primeras temporadas de Bojack son una especie de Charlie Harper viviendo la vida de Charlie Sheen (Dos hombres y medio, Chuck Lorre, Lee Aronsohn, 2003-2015). Bojack es una ex estrella de televisión; alcohólico, drogadicto, disfuncional. Gracias al éxito de su antigua serie, Horsin’ Around, Bojack puede mantener un buen nivel de vida mientras sigue sin reconocer sus problemas, su frustración, resentimiento y odio por sí mismo. Hasta aquí, todo es bastante más negro de lo que uno imaginaría para una serie de animación, ¿verdad? Bueno, esa parece ser la clave de su éxito. En cualquier caso, sobre las virtudes de la serie que te hable otro (u otra), para mí ya estás tardando en tragártela a palo seco, y con ansia, y ahora voy a hablar de los capítulos que me han dado una buena hostia en la cara (con [algunos] spoilers [pequeñitos], luego no llores: aunque intentaré no destripar más que lo estrictamente necesario) y me han enseñado cuatro cosas más sobre cómo contar una historia. ¿Te apuntas?
BoJack Horseman es una de las primeras series de animación en Estados Unidos con un hilo narrativo serializado, donde los sentimientos de los protagonistas evolucionan conforme avanza la trama. Will Arnett, actor de voz de BoJack, la ha definido de la siguiente forma: «La paradoja es que los animales protagonizan una comedia cruda sobre la condición humana y sobre una persona que no sabe avanzar (…) Parodiamos lo absurdo de este mundo interesado en las bajezas de los famosos. Es lo más dramático que he hecho. Raphael Bob-Waksberg y yo salimos de la grabación hechos polvo».
He recopilado diez capítulos que narran una historia (o parte de esta) de formas muy distintas entre sí. ¿Por qué diez episodios? Por nada en especial, porque son diez los episodios que más me han llamado la atención y más difíciles me parecen de construir y mover conforme a sus respectivas tramas. ¿Son mis capítulos favoritos? Algunos sí y otros no. Como pez fuera del agua, por ejemplo, ni tan siquiera me gustó demasiado, pero el final te da un buen meneo a la cabeza y, de paso, explica todo lo que ha ocurrido durante, y hay que reconocerlo: eso no es fácil de hacer.
Sinopsis del capítulo:BoJack, aún molesto por el libro que escribió Diane, le pide al señor Pinky Pingüino que le dé una semana para escribir una versión mejor. Al no poderse concentrar para escribir, pide ayuda al doctor Hu, quien le ofrece drogas para dejar fluir su creatividad. Sara Lynn y Todd deciden ayudar a BoJack, pero este termina en un «viaje» alucinógeno.
El cambio de narrativa en ese capítulo es uno de los primeros ejemplos para acercarnos a un Bojack sin filtros. Algo que apenas conseguimos como espectadores en la primera temporada debido al carácter del personaje (en BoJack odia a los soldados, BoJack Horseman, 1×02, somos testigos de la mala relación con su padre en un flashback), pero no es hasta esta experiencia a lo gonzo cuando podemos observar muchos de sus traumas: infancia, amigos dejados a un lado, sentimientos contradictorios hacia el señor Peanutbutter, el cacao mental entre lo que se ve de cualquier famoso y lo que queda detrás y, por descontado, guiños a un montón de cosas, desde los Peanuts hasta Dr. Who que nos recuerdan todo el tiempo que Bojack sigue siendo un dibujo animado: le quitan la línea de contorno, lo borran… En las pesadillas psicotrópicas, parece que todo vale, incluso jugar con la cuarta pared. Sobre el uso de la animación a favor de la narrativa, en Hablemos de BoJack Horseman: La autodestrucción y el miedo a la infelicidad (de la cuenta de YouTube Un Mapache A Prueba de Todo) se listan varios ejemplos de los que hablo.
Diane y el señor Peanutbutter caracterizados como dos personajes de Peanutsen el viaje alucinógeno de BoJack…
Sinopsis del capítulo:La historia se divide en tres partes que se enfocan en distintas visiones sobre la fiesta sorpresa de cumpleaños de Diane. Al largarse de la fiesta, Princess Carolyn intenta descubrir qué oculta su nuevo novio, Vincent; mientras tanto, el sistema operativo de teléfono de Todd se enamora del sistema operativo del teléfono de Princess Carolyn por un fallo en el software. BoJack y Wanda golpean a un venado mientras Wanda se dirige al bosque para ver si está bien y Diane y el Señor Peanutbutter discuten sobre si Tony Curtis está muerto o no y por qué demonios eso importa.
Este episodio se divide en tres historias distintas que nacen de un punto de partida que comparten todos los personajes, algo que no es una gran novedad (por ejemplo, Trilogía del error en Los Simpson, 12×18), pero que no deja de ser bastante difícil de articular y que quede como dios manda en la narración. Aun así, de las tres historias, lo más interesante es el uso de un recurso bastante complejo en forma de chiste que le cuenta Wanda a Bojack. El chiste en sí parece no tener sentido hasta que lo conecta con la segunda parte de otra historia que, a su vez, no parecía tener ninguna relación con la primera historia que le ha explicado un buen rato antes. Además, resulta un guiño hacia el espectador y hacia el personaje de BoJack (a veces las cosas buenas necesitan de tiempo, le dice).
El «chiste» de Wanda y el jardinero que siempre acertaba con la cantidad de abono.
Sinopsis del capítulo:Al volver a Hollywoo, BoJack se entera por parte de Princess Carolyn que la filmación de Secretariat terminó sin él cuando Lenny Turtletaub reemplaza al verdadero Bojack con una versión CGI. El caballo consigue dinero para el establecimiento del «Orfanato BoJack Horseman» como parte de una promesa que hizo en el funeral de Herb Kazzaz. Princess Carolyn y Rutabaga Rabbitowitz están cerca de abrir su propia agencia. Todd abandona la casa de BoJack para trabajar en el crucero propiedad del grupo de comedia de improvisación, donde al final termina descubriendo que se trata de una secta y es rescatado por su mejor amigo.
El equipo creativo sigue probando cosas nuevas en Mi hogar es el mar con un capítulo que empieza mostrando, en paralelo (pantalla partida en el episodio), el día a día de Diane y el señor Peanutbutter que están afrontando una crisis de pareja: Peanutbutter cree que su mujer está fuera del país y Diane se niega a admitir que ha fracasado otra vez. La construcción de esta escena inicial nos permite asistir a una narración no lineal mientras seguimos, a la par, las acciones de estos dos personajes. Sin embargo, la parte más divertida del episodio es aquella en la que Todd se une a un grupo de improvisación y, para escapar del crucero, debe vencer a sus antiguos amigos mediante la improvisación, una narrativa en la que BoJack participa a regañadientes para poder recuperar a su amigo. A ver si me explico, en este caso, BoJack no cree que lo que las acciones de Todd y los marineros improvisadores tengan sentido ni relevancia, pero les sigue el rollo aceptando ese «nivel ontológico de realidad» para poder largarse del barco con su colega y, a la vez, todo lo anterior se hace necesario para nosotros como espectadores para que avance la trama. Rebuscadillo, ¿eh?
Todd Chávez: «Tú no lo entiendes, si mueres en teatro improvisado, ¡MUERES en la vida real!» BoJack: «Este barco está lleno de imbéciles.»
Por descontado, pueden haber muchas otras muestras en las dos primeras temporadas que me he saltado o he obviado, pero se trata siempre de pinceladas o de pequeños ejemplos: del narrador protagonista al monólogo interior, de recursos como la elipsis, la paraelipsis, la anticipación, el suspense, el macguffin… Sin embargo, a partir de la tercera temporada, BoJack Horseman empieza a tener capítulos que consiguen cosas que series de televisión con muchísima más trascendencia (y no estoy hablando solo de series de animación) ni se han atrevido a soñar. Estoy hablando de episodios como Como pez fuera del agua, Estúpido desgraciado, La flecha del tiempo o Las novias del señor Peanutbutter. Junto a los tres anteriores, he escogido otros siete episodios que cree que enseñan más que cientos de horas de lectura y cine.
Sinopsis del capítulo: BoJack llega al Festival de Cine del Océano Pacífico, en donde se está presentando «Secretariat». En el lugar trata de encontrarse con Kelsey para disculparse por haber provocado su despido. Al mismo tiempo, BoJack trata de devolver a un caballito de mar bebé a su familia.
¿Qué ocurre si a una serie cuya principal fortaleza son los diálogos se los arrancamos de cuajo y sin previo aviso? Este parece el planteamiento que se hicieron para este episodio. Como pez fuera del agua tiene como característica principal la ausencia total de diálogos tras la introducción del episodio, donde BoJack y Ana Spanakopita hablan sobre por qué el actor tiene que asistir a la presentación de su nueva película en el Festival de Cine del Oceáno Pacífico (FCOP). A partir de aquí, la mímica y la gestualidad de los personajes, la belleza de las animaciones y la música acogen una importancia enorme como recursos que nos ayudan a sumergirnos en la trama. Confieso que no es de mis episodios favoritos, ni mucho menos, pero igual que a muchos escritores no les encantan las larguísimas descripciones estilo Tolkien, entienden su por qué dentro de la narración, ¿verdad? Aquí, igual.
(Imagina el sonido de cientos de sardinas en el autobús…)
Sinopsis del capítulo:En su monólogo interno, BoJack se come el coco después de que su madre y su enfermera se mudan con él. Para salvar la película fallida, Princess Carolyn decide avanzar la falsa relación de Courtney y Todd con un matrimonio simulado con la ayuda de Rutabaga. Todd está en conflicto sobre esto, sobre todo porque se está sintiendo más cómodo identificándose como asexual.
Aunque se ha visto anteriormente, este capítulo explota los sentimientos y pensamientos de BoJack a través de una narrativa interna a la que el espectador puede asistir en paralelo al desarrollo de las distintas escenas que se suceden. La composición del monólogo interior del protagonista es muy distinto al estilo general de la serie para ayudarnos a diferenciar rápido lo que BoJack dice de lo que BoJack piensa: dibujo, sonido y animaciones que nada tienen que ver con el estilo habitual en el que se presenta la serie son recursos que completan todo esto.
Sinopsis del capítulo:A través de los borrosos recuerdos de Beatrice, se revela cómo en 1963 su padre la empujó hacia un matrimonio concertado. Ella rechazó a su pretendiente y se enamoró de un apuesto aspirante a escritor, Butterscotch Horseman. Más tarde, viviendo en pareja en San Francisco, su matrimonio vacila; no son felices, no han alcanzado nada de lo que se proponían de jóvenes: ambos beben mucho y pagan sus frustraciones con su hijo, BoJack. Años después, cuando BoJack ya es un adulto, Butterscotch tiene una aventura con una doncella llamada Henrietta, una aspirante a enfermera. Beatrice convence a Henrietta para que entregue al bebé en adopción para que pueda continuar en la escuela de enfermería.
El viaje en coche a una residencia donde BoJack planea ingresar a su madre se difumina entre los recuerdos de Beatrice, quien ya no distingue la realidad. Esto nos permite asistir a un capítulo en el que la información se nos ofrece de forma parcial debido al alzheimer o la demencia senil. Para ejemplificar esto, los rostros de muchos de los personajes que Beatrice no recuerda aparecen tachados o difuminados (a menudo, solo son siluetas) y lo mismo ocurre con los escenarios, vacíos de objetos y detalles.
La flecha del tiempo es uno de esos capítulos que no solo son importantísimos para la serie (explican al espectador por qué Beatrice es como es, quién es, en realidad, Hollyhock, qué ocurrió en la infancia y juventud de BoJack, Butterscotch, Beatrice, etc.), sino porque presenta una narrativa segmentada e incompleta que el espectador puede entender mejor así, y con más profundidad, que si se le diese de golpe toda la información que nos faltaba al inicio. La forma en la que se reserva con cuentagotas la información que nos llega como espectadores (lo que los personajes dicen, lo que vemos y lo que no…) lo convierte en un capítulo asombroso y, sobre todo, muy humano: se hace difícil pensar en otros ejemplos que hablen de la vejez con la misma emotividad.
Sinopsis del capítulo:BoJack recita su elegía en el funeral de su madre delante de un público al que no vemos y al más puro estilo del comediante americano de clubs nocturnos.
Free Churro es una puñetera locura que empieza con un flashback muy agrio que recupera al padre de BoJack y la relación de desatención que mantuvo con su hijo durante toda su vida. En muchos sentidos es un episodio muy arriesgado que se apoya, a la fuerza, en un texto trabajadísimo para funcionar, ya que solo vamos a ver a BoJack y un ataúd cerrado a lo largo de 25 minutos en los que pretende hablar sobre su madre (aunque habla sobre muchas más cosas).
La elegía se convertirá casi desde el primer momento en un monólogo en el que se entremezcla comedia y tragedia: sin duda, pongo la mano en el fuego en que este es el capítulo más triste de toda la serie hasta la fecha. A nivel narrativo, los guionistas optaron por un modelo muy cercano a la stand-up comedy y un humor negrísimo que llega a picar, y juegan magistralmente con lo que se ve y lo que no se ve en pantalla (el tío del órgano, los recuerdos superpuestos como imágenes de la madre de BoJack bailando en las fiestas que hacía en casa, la sorpresa final…) para aliviar un poco la tensión y descargar la catarata de emociones que se nos viene encima.
Free Churro es como si Richard Pryor, Jerry Seinfeld o Woody Allen sacasen sus demonios en un show de comedia en vivo en un funeral. Algo que, de algún modo, emula una de las grandes revelaciones de 2018-2019 con El método Kominsky (Chuck Lorre, 2018). ¿Y sabes qué? El funeral que vamos a ver en la primera temporada con Michael Douglas y Alan Larkin no le llega ni a la suela de los zapatos a este episodio, que no solo lleva a BoJack a ver lo vacía que estuvo hasta el final la relación con su madre (I see you: ya lo pillaréis), sino que se atreve a demostrar cómo su padre solo quería lo que tiene su hijo (fama, atención, saber si aquel tarado de Montana había leído su novela…), pero su hijo no puede disfrutar de lo que, de un modo u otro, ha conseguido por culpa de lo que sus padres le hicieron vivir de niño.
Tras el flashback inicial, Free Churro se desarrolla durante la casi media hora de capítulo con BoJack hablando a una audiencia de la que no sabemos nada.
Sinopsis del capítulo: La narrativa se vuelve un poco loca cuando una psicóloga le cuenta a su esposa la historia de BoBo, la cebra angustiada; mientras tanto, la esposa de la psicóloga, que es mediadora profesional, le explica el último caso en el que ha tenido que mediar, la grave disputa entre el Rey Caramano y Bruma de cacao mental anhelante con forma de mujer por la desaparición de un trozo de queso.
Este es uno de los capítulos más cojonudos que existen de esta serie y de cualquier serie. Una pareja de mujeres afroamericanas de mediana edad quedan a comer en un restaurante italiano y la historia se divide en dos tramas y se plantea a través de dos narradores testigo: una de ellas es psicóloga y está tratando a una paciente (Dian… Diana, princesa de… ¡Gallos! [Diane, Princess of Whales]) debido a su insana relación con BoJa… ¡BoBo, la cebra angustiada! que intenta superar la muerte de su madre; la otra es mediadora profesional y no sabe si podrá resolver, sin llegar al arbitraje, el caso del… Rey Caramano (Emperador Finger-Face) y Bruma de cacao mental anhelante con forma de mujer [Tangled Fog of Pulsating Yearning in the shape of a woman] que han discutido por quién se comió el último queso hilado (string cheese) del apartamento que comparten. El capítulo oculta a los personajes que conocemos: BoJack, Todd, Princess Carolyn, Diane… y los caracteriza (con el secreto profesional de esa pareja como excusa) en un juego con el espectador en el que, poco a poco, las dos narradores que creen contar dos historias diferentes se dan cuenta de que los protagonistas de ambas están conectados entre sí.
El Rey Caramano y Bruma de cacao anhelante con forma de mujer en una sesión de mediación.
Sinopsis del capítulo:Durante la fiesta número 25 de Halloween de BoJack nos adentramos en las relaciones de pareja del Sr. Peanutbutter a través de cuatro mujeres que han compartido parte de su vida con el labrador: su actual novia, Pickles the Pug, y sus tres ex mujeres: Katrina, Jessica Biel y Diane.
En 1993, el señor Peanutbutter inicia una extraña tradición, llevar sus fiestas de Halloween a casa de su amigo BoJack. Para ello, la narración nos presenta cuatro saltos temporales para situarnos en poco más de tres minutos y los interrelaciona entre ellos. El episodio está repleto de guiños y licencias narrativas que funcionan a las mil maravillas, por ejemplo: para que el espectador no se pierda, los personajes se toman la libertad de decir en qué año están, se hacen guiños constantes del pasado hacia el futuro (como el famoso, wait for it… de Cómo conocí a vuestra madre) o se conectan de forma directa situaciones que han ocurrido en esos veinticinco años (siendo esto posible porque nos han realizado una presentación de todas las reglas del juego que el capítulo utilizará desde el inicio: conexión entre personajes, saltos temporales, uso de elementos presentes en el pasado y viceversa, etc.). En cualquier caso, el capítulo utiliza los eventos anteriores para explicar el presente del señor Peanutbutter (y, en parte, también de otros personajes, como BoJack, Todd o Princess Carolyn), pero sobre todo nos ayuda a entender mejor por qué ese labrador bobalicón es como es y cómo los errores que ha cometido en el pasado le ayudarán a crecer como… ¿persona? Bueno, sí, persona… supongo.
Sinopsis del capítulo: Cuando la adicción a las drogas de BoJack llega tan lejos que no logra distinguir la realidad con su programa de televisión, su actual novia, Gina, lo enfrenta a su problema.
Quizá este es uno de los episodios más magistrales de la serie (y creo que mi favorito de las cinco temporadas: o este, o Interior Sub). No es casual que el opening con el que empieza el capítulo sea el de Philbert —la serie que está grabando Bojack con Gina como coprotagonista— y no el de Bojack Horseman; a partir de aquí, las escenas se confunden, la voz del narrador de Philbert, que es Bojack interpretando al detective Philbert, se diluye con el monólogo interior del propio Bojack; cuesta saber cuándo Bojack está grabando y cuándo está viviendo en su paranoia, hay guiños constantes entre los distintos niveles de realidad y el argumento está planteado para seguir llevando al protagonista a una situación límite hasta que, totalmente desubicados y dudando como espectadores de si tenemos delante a un narrador fiable (es evidente que no, al menos en este episodio) todo explota en el plató.
Como ves, en BoJack Horseman se han inventado un mundo de mierda para hablar sin tapujos de nuestro mundo de mierda. Con temas recurrentes como el éxito y el fracaso, el aborto, el feminismo, la cultura de la violación, la caricaturización de uno mismo, lo que exige la fama y el éxito, la necesidad de ser amado, las personas con enormes carencias siendo admiradas y replicadas como modelo… Y todo esto, además, evoluciona, así que a saber dónde nos llevarán las siguientes temporadas y, sobre todo, cómo lo harán, que es una de las grandes fortalezas de esta serie. Leí por ahí que, en otras series de animación, como Los Simpson, la realidad flexible llevada al límite hace que todo quepa ahí, pero, en en BoJack Horseman parece que el verdadero secreto es que sus creadores no tienen miedo a nada. En definitiva, habrá que seguir en la brecha. Si habéis visto la serie, ya sabes que la solución la tenemos desde la segunda temporada, cuando el papión le dice: ‘Se vuelve más fácil, cada día se hace un poco más fácil; la parte mala es que tienes que hacerlo cada día, pero se vuelve más fácil’.
Contiene spoilers del capítulo final de Juego de Tronos.
Desde el lanzamiento de la octava temporada de Juego de Tronos, Internet es un coladero de noticias sobre Jon, Daenerys y compañía. De la prensa a todo tipo de páginas web que se apuntan al fenómeno JdT/GoT (sea por visitas, sea por fanatismo) y a los blogs especializados: Los Siete Reinos, Sensacine,Espinof… Se ha escrito sobre esta serie lo que no se ha escrito sobre ninguna otra. Quizá de ahí todo el revuelo con el final, o una parte de este. Esta temporada ha sido, con diferencia, aquella en la que más se ha percibido la falta de una historia en papel: ¿dónde están aquellos diálogos tan potentes a los que nos tenían acostumbrados?, ¿los golpes de efecto?, los gazapos que se han amontonado (cafés, y pelucas, y botellas de agua), ¿y esa prisa por concluir tramas?, ¿para qué?, ¿para grabar una de Star Wars? ¡Pero si esto era tan grande como Star Wars!
Una de las secuencias más espectaculares del episodio. Daenerys se dispone a arengar a sus tropas mientras Drogon aterriza a sus espaldas. Las alas del dragón se funden en la silueta de la madre de dragones.
En cualquier caso, el sexto episodio deja un sabor agridulce —como debe ser—, pero (opinión de un servidor) aumenta notablemente la calidad de esta cortísima temporada con batallas larguísimas, y también espectaculares, que han perdido un poco la perspectiva de lo que había sido Juego de Tronos: 80 minutos de película de muertos vivientes en el tercer episodio (una trama que se resuelve demasiado rápido y un capítulo que aporta muchas cosas a nivel televisivo, pero pocos elementos al arco argumental), y otros chorrocientos minutos de locura Targaryen en el quinto. El cierre, correcto a casi todos los niveles, pero no sublime; no ha sido un fiasco a lo Lost (esto siempre es algo relativo, por descontado, pues también hay quien dice que Breaking Bad tiene un final apoteósico, y meh…), pero generará opiniones contrapuestas como el fundido en negro de Los Soprano.
Por eso, dejo aquí una serie de artículos que me han aportado muchas cosas positivas para poder disfrutar más aún de esta serie cuando me dé por darle otro visionado, porque (admítelo) parte de la rabia que llevamos encima es que se acabó lo que se daba.
Por todo lo anterior (sobre todo estos últimos meses todo dios ha escrito sobre casi todo lo imaginable de Juego de Tronos), he creído que no valía la pena hablar sobre gazapos, problemas narrativos, tramas que no se han cerrado (los espectadores más críticos, por cierto, deberían ser conscientes de lo inviable que es cerrar todas las tramas de un mundo tan vivo como este: y esa es parte de su gracia) y centrarme en una sola cuestión de la que me gustaría escribir: ¿es un buen final o es un mal final? ¿Es un cierre acorde con el espíritu de la serie o ha traicionado su propia propuesta? Ahí voy.
Daenerys y Jon en el Salón del Trono.
El mundo que necesitamos no se erigirá con hombres leales al mundo que tenemos
Tras su aplastante victoria militar frente a las fuerzas Lannister de Desembarco del Rey, Daenerys contempla el Trono de Hierro a solas en el gran salón. Llega Jon a su lado tras una charla con Tyrion Lannister, ya preso, e intenta conseguir un gesto de clemencia por parte de la reina. La grandeza de esta escena es que Jon ya sabe cuál es el único desenlace posible, pero busca en un único acto de la Targaryen la excusa para mentirse una vez más. Retrocedemos ahora un momento, Daenerys arengado a sus tropas —en dothraki y valyrio, pero no en lengua común— en una escalinata entre las ruinas de la ciudad donde deja claras sus intenciones: hoy, la capital de los Siete Reinos; mañana, el mundo(«Pero la guerra no ha terminado. No bajaremos nuestras lanzas hasta haber liberado a todos los pueblos del mundo.»). La reina dragón se niega a perdonar a la Mano de la Reina tras la traición y le dice una frase a Jon que cae como una losa: «El mundo que necesitamos no se erigirá con hombres leales al mundo que tenemos.» Todo lo anterior, conecta directamente con la última conversación en los calabozos entre Tyrion y Jon: Daenerys ha impartido justicia tantas veces contra la gente correcta (asesinos, esclavistas, caminantes blancos) que ya no cree que pueda errar en su juicio al escoger entre el bien y el mal.
Drogon bate sus alas frente a Jon Nieve tras la muerte de Daenerys.
A veces, el deber es la muerte del amor
Jon besa a Dany y clava una daga en su corazón; en un acto que a mí se me asemeja, de otro modo, al asesinato que Ned Stark cometió contra ser Arthur Dayne, la Espada del Alba, sin ningún tipo de honor. Lo que hace Jon es horrible, pero es real, y necesario, y es Juego de Tronos.Como dice Daenerys sin saber que se aplicaría, de inmediato, contra ella misma: [Jon] también ha castigado a los que le han traicionado aunque le partiera el corazón. Después, es historia. La reina que no pudo reinar yace muerta en el suelo y su fiel dragón funde el Trono de Hierro con la secuencia más potente de todo el episodio: Drogon no descarga su furia contra el ejecutor, sino contra el trono que tantas muertes ha provocado.
Jon Nieve sostiene el cadáver de Daenerys Targaryen a los pies del Trono de Hierro.
¿Qué une a los pueblos? Las historias. No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia
Saltamos ahora varias semanas después. Bran ya es rey; Sansa ha decidido que Invernalia no formará parte de los Siete Reinos; un nuevo consejo se reúne a puerta cerrada con algunos de los personajes más reconocibles de este universo que se sientan a reconstruir el reino. Los Inmaculados marchan a Naath, reniegan de tierras y posesiones en Poniente, y uno imagina que los dothraki habrán hecho algo similar (tragar saliva, subir a otro barco de esos que tanto odian y volver a Essos). En Desembarco del Rey, Tyrion vuelve a ser la Mano del Rey, Bronn es consejero de la moneda, Brienne de Tarth es guardia juramentada y Sam es gran maestre. ¿Qué ha cambiado? No importa si Tyrion es el gran vencedor de este juego (lo es, para mí), sino cuánto se ha cumplido lo que profetizaba Daenerys de la Tormenta. ¿Es este un mundo mejor que aquel con el que soñaba la Targaryen? Probablemente. Parece un mundo en el que soñar por un cambio a mejor parece posible, pero no deja de asemejarse mucho al que ya encontrábamos en las primeras temporadas, ¿verdad? Aquel tipo de mundo con los fundamentos para que los Lannister, los Bolton y los Frey pudiesen aterrorizar a sus semejantes. Bronn lo tenía claro: los nobles solo son descendientes de alguien a quien se le daba bien matar y venció a sus enemigos y, gracias a ello, sus descendientes pueden sentarse a beber vino, perder el tiempo en burdeles y conspirar en un palacio. Con esa idea en mente, y visto el final, parece que al señor de Aguasnegras no le ha ido tan mal…
Jon se reencuentra con Fantasma en el Norte.
Han sufrido demasiado bajo la rueda, ¿la romperéis conmigo?
Tras ser condenado a la Guardia de la Noche, Jon se reencuentra con Fantasma y marcha al verdadero Norte con Tormund Matagigantes y el pueblo libre. No está claro qué ocurre ahí, pero los grandes peligros que acechaban más allá del Muro parecen haberse diluido tras la victoria frente a los caminantes blancos. Quizá las dudas se asienten ya para siempre en su cabeza: ¿hice bien? ¿Merecía Daenerys una muerte así? (aunque ¿quién la merecía en Juego de Tronos? Parece aquella lección que Gandalf le suelta a Frodo cuando el mediano todavía no ha abandonado Hobbitón...). Es un final agridulce por varias razones: la primera de todas porque incluso al final de todo ha habido grandes sacrificios (¿qué fue de esa imagen que muchos se habían hecho de tía y sobrino reinando juntos?) para alcanzar un statu quo en el que nadie es feliz; la segunda es que es un final que es un nuevo inicio, repleto de incertidumbre, de nuevos errores, de olvidos de la gente común (porque si algo nos ha enseñado Juego de Tronos es que ningún rey reina para siempre) y, tercera, porque qué fácil parecía seguir ciegamente a alguien como Daenerys, ¿verdad? Sin advertirlo nadie, Daenerys se convirtió en el Leviatán de Hobbes, en el despotismo ilustrado, en la opción segura. La reina justa que tenía poder y ejércitos suficientes para dictar qué era el bien y qué era el mal, para moldear el mundo a su criterio, para arrasar con todo aquello y aquellos que no compartiesen su visión.
Cuando era niña, mi hermano me dijo que fue forjado por Aegon con miles de espadas de sus enemigos caídos. ¿Qué son mil espadas en la mente de una niña que no sabía ni contar hasta veinte? Me imaginaba una montaña de espadas muy alta para escalarla, tantos enemigos caídos que ni veías las plantas de los pies de Aegon.
Juego de Tronos nos enseña una vez más cómo la vida real te abofetea con aquello del fin justifica los medios; nos muestra que esta serie es real porque la traición forma parte de nosotros, y la ira, la envidia, el sacrificio, pero también la clemencia y la bondad. De ahí surge su propia Revolución francesa, sus reyes menos reyes y más democráticos (buena ocurrencia la de Sam, por cierto), sus Bronn y sus Brienne en una misma mesa. Al final, Brann no era el Rey de la Noche ni el fundador de su propio linaje (como afirmaban múltiples teorías sobre la serie en 2017), no era el pasado de los reinos de Poniente, sino su futuro.
Algunos miembros del Consejo del Rey tras la reconstrucción de Desembarco del Rey.
Esta serie nos ha enseñado todas sus caras y, a veces, todas las nuestras. Ante eso, ni un mal final (que no me lo parece) tenía poder para destruir lo que habían construido Benioff y Weiss encima de las novelas de George R. R. Martin. El sexto episodio de la octava temporada de Juego de Tronos cierra una historia que ha sido consecuente con lo que proponía, no siempre en los términos que nos hubiera gustado (casi todos hubiésemos preferido una o dos temporadas más de la misma calidad que las anteriores), pero sí en todos y cada uno de los mensajes que nos dieron. Y para muestra, la naturaleza de Daenerys, que hemos intentado ocultar tras una casa caída en desgracia, cientos de enemigos que buscaron su fin, unos dragones por los que yo he sufrido más que por muchos otros personajes (y casi me los matan a todos, ¡cabrones!), pero que al final tuvo que explotar a lo grande, porque siempre estuvo ahí. Ya lo dijo en las primeras temporadas y lo repitió poco antes de su muerte: Cumplisteis las promesas que me hicisteis. ¡Matasteis a mis enemigos con sus trajes de hierro! Derribasteis sus casas de piedra. ¡Me habéis entregado los Siete Reinos!
https://www.youtube.com/watch?v=f-URkVSytWg
Discurso de Daenerys Targaryen a sus tropas tras su victoria en Desembarco del Rey.