De unas vacaciones idílicas y otra adopción

El miércoles hacia el mediodía aparcaríamos en Toledo, a casi setecientos kilómetros de Barcelona; allí estaba previsto comer, pasar la tarde, ver el Alcázar, la Catedral de Santa María y el Puente de San Martín. No teníamos intención de salir de fiesta, ni de acostarnos tarde, porque el jueves nos esperaban Mérida y Badajoz. Acompañados del fuerte rugido del motor de la berlina, cruzaríamos la frontera con Portugal a través de la A6 hasta su capital: Lisboa; allí nos esperaban cuarenta y ocho horas de turisteo antes de coger el coche y escapar hacia la cara sur de la península: Faro, Sevilla, Córdoba y Granada; después Valencia y, por último, de vuelta a Barcelona.

Antes de que sigas leyendo, es importante que entiendas que esto no es una crítica a una protectora, sino una experiencia personal. Una experiencia preciosa que es la adopción de un animal (otra más, en mi caso) con el que compartir tu día a día y en la que pueden salir cosas bien y pueden salir cosas mal.

En este caso, salieron algunas cosas muy bien y otras no tan bien, pero en ningún caso se trata de un reproche —y no debería leerse como tal—, sino de una forma de seguir creciendo como personas y encontrar el modo de ayudar a todos los animales que han tenido la poca fortuna de acabar en un refugio, perrera o protectora.

La ruta estaba planteada para ocho o nueve días, con un día de margen por si las moscas; los hoteles estaban reservados y pagados, los perros irían a casa de unos amigos y los gatos y las plantas quedaban al cuidado de la familia. Todo estaba listo para despegar el 8 de agosto.

Esas vacaciones iban a ser una primera toma de contacto para nuestro viaje por Norteamérica, que supondrá miles y miles de kilómetros por tierra y por aire durante más de treinta días. Por el contrario, las cosas empezaron a tomar un rumbo diferente a mediados de la semana anterior.

Una semana antes, Laura, mi pareja, me enseñó varias fotos de un perro con leishmania que había sido recogido, moribundo, en la Societat Protectora d’Animals de Mataró (SPAM). No le di mucha importancia; cada pocos días miramos imágenes e historias de perros y otros animales que no han tenido demasiada suerte; pese a las miles de historias como la de Caos, intento no profundizar en cada una de ellas: leo, comparto y, a veces, hago un seguimiento para asegurarme de que un porcentaje de las mismas tienen final feliz y puedo seguir manteniendo algo de fe en la humanidad.

Por esas fechas, dejamos pasar un par de días, pero volvimos a hablar sobre él, de improviso. Esa es una señal compartida de que un bicho nos ha tocado la fibra, por lo que una semana antes del viaje a Portugal y Andalucía, decidimos acercarnos por la protectora y visitarlo. Duc estaba en el programa Els que ningú vol (Los que nadie quiere), y había superado una larga enfermedad; también era un pastor, como Dana y como Caos; un pastor que había perdido parte de la trufa y de las orejas; y un dedo de una de una de sus patas traseras.

Foc saliendo del SPAM
De izquierda a derecha: Argos, yo, Félix y Dana, y Laura con Duc (hoy, Foc).

La mayoría de nuestros amigos suelen recomendarnos que dejemos pasar unos días de margen antes de adoptar a otro animal (un buen consejo, que esta vez no seguimos del todo). Frente al perro, frente a Duc, que terminaría por llamarse Foc, lo tuvimos claro desde bien pronto. Aun así, decidimos hacer las cosas bien, y nos reservamos el tiempo suficiente para subir al refugio con el resto de nuestros perros y presentarlos como es debido. Hasta aquí, los planes se mantenían tal cual: todavía quedaba una semana para salir de viaje, y todo había ido a la perfección cuando nuestros animales y el nuevo miembro del quinteto se conocieron.

Pero, entonces, las cosas se empezaron a torcer por unos cuantos días.

A las 10 de la mañana del primer sábado del mes de agosto, aparcamos delante de la Societat Protectora d’Animals de Mataró (SPAM). Por primera vez, aunque no será la única, invito a cualquiera que lea este texto a fijarse en los aspectos positivos y negativos de la experiencia, y también a recordar lo fácil que es hablar desde fuera, la tarea titánica que supone encargarse de cientos de animales cada mes y la imposibilidad de controlarlo todo en cualquier faceta de nuestras vidas. Aun así, también a conocer aspectos que creo que son importantes de reseñar para que cualquier miembro de una protectora, voluntario o gerente de un centro de recogida de animales, reflexione sobre ello.

Empiezo, pues.

Una meada de 300 euros

Cuando llegamos, un chico se llevaba a Duc. Laura y yo subíamos en coche a Mataró con nuestro amigo Félix, adiestrador profesional con nombre de gato, y decidimos, por recomendación del mismo, hacer las presentaciones de los tres perros (Argos, Dana y Duc) fuera de la protectora si a los responsables les parecía una decisión acertada: menos estrés, menos animales que pudiesen afectar ese primer contacto, un ambiente más relajado con posibilidad de paseo… Por lo que parece, nadie había anotado que Duc ya tenía una familia interesada en él, y si llegamos quince minutos después, habría terminado en otra casa.

Foc con Laura, Xus, Yineth y Antonio.
Foc en la Sierra de Collserola, junto a nosotros y unos amigos.

Duc salió de la protectora de Mataró alrededor de las 16:00; con la decisión de cambiar su nombre, pero sin opciones todavía, y con una obstrucción en la uretra que todos desconocíamos y que le había impedido hacer pis desde que nos reencontramos esa mañana por segunda vez. El veterinario —un chico muy profesional al que le calculé unos treinta y tantos— nos dijo que podía ser estrés y que lo controlásemos.

Nunca había escuchado ni leído que un animal pudiese no hacer pis por estrés, pero lo anoté mentalmente para informarme sobre ello y nos marchamos. A medianoche, todavía no había meado; llamamos a la protectora y, en este caso, la respuesta no nos convenció, por lo que subimos al coche con él y fuimos al Hospital Veterinario de Balmes —uno de los pocos que conozco que atienden 24 horas en Barcelona— y que, pese a su gran trabajo, lo cierto es que no nos trae buenos recuerdos, pues allí fue donde nos despedimos de Caos.

Esa primera noche le tuvieron que vaciar 700 ml de orina con una sonda. A los dos días, Foc —a quien rebautizamos entre subidas y bajadas de Mataró a Barcelona, y viceversa— fue operado de urgencia. A mediados de la semana siguiente, cancelamos nuestras vacaciones de 2015 sin atisbo de duda; y después de todo aquello, los controles y el trabajo del equipo de la protectora y el Hospital Veterinari del Maresme fueron perfectos.

Foc y Dana de excursión
¡Foc y Dana se van de excursión!

Sin embargo, lo cierto es que quedaron varias cosas que me hubiera encantado comentar con alguna/o de las/os responsables del centro. Primero, la falta de control y, en cierto modo, la negligencia de entregar a un perro, sobre todo a un perro con problemas físicos y de comportamiento (miedo; inseguridad) al primero que quiera sacarle del centro, donde la pena y la compasión, en un caso tan mediático como este, no siempre pueden paliar la necesidad de conocimiento y de una verdadera disposición sobre lo que significa adoptar a un perro con necesidades concretas. Para ejemplificar esto, basta con decir que la persona que se llevaba a Duc a primera hora jamás había tenido un animal a su cuidado, ya que Laura tuvo la oportunidad de hablar con él.

En segundo lugar, la ausencia de un registro detallado de la salud de un animal, en especial de un perro enfermo que ha estado en un estado crítico durante varios meses. ¿Cómo es posible que nadie supiese que estábamos adoptando a un perro con cálculos en la vejiga y en la uretra?

Lo positivo, y también lo negativo

En contrapartida, hay muchas cuestiones que, por descontado, podemos enumerar a favor de la gestión del SPAM; para empezar, la falta de inversión pública, como nos demuestra el cierre de la perrera municipal (triste e irresponsable a partes iguales) y el movimiento popular que se ha visto en Charge.org y en redes sociales; del mismo modo, como adelantaba párrafos atrás, es muy sencillo hablar desde fuera, o desde protectoras con 15 o 20 perros que critican la falta de control de espacios como Badalona o Mataró, donde se atienden y entregan en adopción a cientos de animales cada año.

Por todo ello, no me gustaría que se leyese este texto como una crítica a una protectora, sino como una experiencia que nos ayude a todos a abrir un poco más los ojos.

El día antes de Reyes, por azar, volví al SPAM —al centro original, no a la perrera que se anexionó a la entidad en 2010. Después de mucho dialogar con una pareja de amigos y de darles mi opinión (contraria), subíamos a conocer a cuatro cachorros que habían entrado la noche antes: entre las 10 y las 11 de la mañana, todos habían sido adoptados, y solo llegamos a ver cómo se llevaban al último de ellos (¡y a varios perros fantásticos de menos de un año a los que mi amigo, por tonto, no quiso dar una oportunidad!).

Foc y yo (Javier)
Foc y un servidor con ganas de dar un buen paseo.

Eso no está bien. Invito a todo aquel que haya leído estas líneas que visite la SPAM de Mataró y compruebe la cantidad de grandísimas personas y fantásticos profesionales que allí se dan cita, que confirme por redes sociales el asombroso trabajo de difusión que realizan, y que también se alegre por todos los perros y gatos que consiguen dar en adopción.

Pero ese sistema no puede funcionar. No deben entregarse cuatro cachorros la víspera de Reyes a familias con las que no hay tiempo de cruzar más que unas cuantas palabras; a familias que no sabemos si han llegado por casualidad ese día o simplemente este año no tienen dinero que gastar en una tienda de animales.

Si falta inversión, si hay demasiados animales abandonados, si no hay una conciencia real frente al abandono y el maltrato animal, presionemos por una Ley de Protección Animal más dura y más funcional, pero no frivolicemos con algo tan serio como la adopción de un miembro de la familia, porque entregar un animal a ciegas y sin control es casi tan peligroso como abandonarlo a su suerte.

Perros durmiendo
Y… ¡eso es todo, amigos!

Porque nadie nos asegura que un perro o un gato no pueda tener dos vidas de mala suerte, pero jamás deberíamos potenciar nosotros esa posibilidad; sobre todo cuando lo único que deseamos con todas nuestras fuerzas es ayudarlos.

Por último, si has llegado hasta aquí, te pido otra vez que no te quedes con lo negativo, y mucho menos que se te ocurra desconfiar del grandísimo trabajo de la SPAM a causa de mis palabras. Decenas, sino cientos de personas, se implicaron en la recuperación de un perro con leishmaniosis muy grave, y entre voluntarios, veterinarios y casas de acogida consiguieron sacarlo adelante; nosotros somos el último peldaño, los afortunados que deben darle una segunda oportunidad a ese animal, y todo lo anterior solo es una pequeña parte, un tropezón por el camino, pero pocas cosas hubiesen sido más agrias que terminar una historia que recién volvía a empezar.

Hoy, Foc es feliz, tiene salud y hace ejercicio diario; y podría cerrar este (no tan) breve artículo diciéndole a todo el mundo que su vida es perfecta, pero mentiría; tras más de medio año con nosotros, sigue mostrando inseguridad con personas, y también ansiedad en un gran número de situaciones diarias. Y sabemos que seguirá arrastrando ese abandono cobarde durante gran parte de su vida; mientras, nosotros continuaremos esforzándonos para que lo deje atrás y él, a su vez, seguirá haciendo de nuestra vida algo un poco más perfecto.

La extraordinaria historia de Ava

Hoy, encontré en una estantería un libro titulado The Strange and Beautiful Sorrows of Ava Lavender, y me acordé de Ava, pero de otra Ava. Me acordé de la Ava sevillana, la de cuatro patas, la valiente Ava que vivió dos años cargando con una infección enorme; con una infección que resultó ser un cáncer. Un cáncer que la alejó de aquellos que nunca la sintieron cerca, y en ningún caso la merecían; pero que la alejó tarde; llegamos tarde; por una vez, escapó el milagro.

Fue esta misma semana, no hace aún siete días que los voluntarios y el equipo veterinario que la rescataron quedaron destrozados; miles y miles, y millones de personas que se volcaron en salvar a esa perra que no podía soportar más enfermedad, supieron la mañana del domingo que, esta vez, no habría final feliz.

Ava (Let's Adopt Spain)

Se fue. Pero se fue rodeada de gente que no veía más que futuro y perdón en su rostro desfigurado, y asistía como testigo de una única deformación llegada desde el sur del país, pero que en ningún caso surgía del hocico de Ava, sino del negro —negrísimo— corazón de sus antiguos dueños, que no familia.

Hoy, con las lágrimas ya secas de una tragedia que conforma parte de nuestra identidad nacional, solo hay tres cosas por las que luchar bajo la estela de esa perra que marchó de San Juan de Aznalfarache a la eternidad: la verdadera Ley de Protección Animal que nuestros compañeros necesitan y merecen, el recuerdo de ese animal que encontró tarde una familia más numerosa de lo que nunca habría imaginado y un castigo ejemplar, un castigo tan fiero, inflexible y tenaz como el maltrato sistemático y cobarde que Ava sufrió.

Hasta siempre, Ava.

Mientras se nos recuerda, seguimos vivos.

Tú, querida amiga, vivirás para siempre.

Esas son las palabras con las que te despidieron. No las hay mejores.


Podéis saber más de la historia de Ava en este enlace y en la página de Facebook de Let's Adopt Spain.

Oldies: Mucho por vivir

Este octubre no ha sido un mes para Doblando tentáculos, sino para otros proyectos. De todos ellos, Oldies es aquel del que estoy más orgulloso de haber podido participar; aportar mi grano de arena me ha permitido conocer a verdaderos héroes de cuatro patas y a sus orgullosos compañeros, ser partícipe de su historia e intentar volcarla en un papel, disfrutar de lo que significa vivir un momento tras otro…

Oldies: mucho por vivir son fotografías, son segundos entre los que el obturador de una cámara se abre y se vuelve a cerrar, son instantes con un relato detrás. Un testimonio que habla de todo lo que nos dicen que no podemos hacer y, de todos modos, hacemos; de lo que nos enseñaron que era arriesgado, cansado, absurdo  e incluso estúpido, y no podemos evitar llevar a cabo; Oldies es otra manera de dar forma al inconformismo y cambiarlo todo a nuestro paso, entre todos.

Raider, uno de los perros que ha participado en 'Oldies: mucho por vivir'.

Y si me preguntas de qué va el proyecto, supongo que contestaría que de perros mayores; de esos que conmueven las miradas de muchos, pero no siempre los actos. De compañeros caninos que han sido abandonados cuando más necesitaban una familia, animales que han vivido todos los días que recuerdan en una protectora, y también otros que vencieron las estadísticas para encontrar una segunda oportunidad.

Por supuesto, no todos llegaron mayores a sus familias: muchos han vivido desde cachorros con quien dio el paso y adoptó a aquel galgo que iba a ser descerrajado a tiros en Valladolid o a uno de los jóvenes miembros de las muchas camadas que, en España, nacen para morir. Sin embargo, su energía, su complicidad y sus ganas de vivir diez, doce o quince años después son el mejor ejemplo del porqué de este proyecto.

Duc, el golden retriever que ha participado en 'Oldies: mucho por vivir'.

Quizá no sea más que otra forma de permitir que un perro anciano nos salve, como Caos hizo con nuestra (no tan) pequeña familia entre una asombrosa primavera de hace tres años y aquel invierno que nos heló un poco el corazón para siempre. Pero también nos ayudó a crecer, a ser más fuertes, más responsables, más personas. Y sobre todo nos ayudó a aprender a vivir minuto a minuto y a disfrutar de las cosas importantes.

Si quieres comprar el eBook y hacer una pequeña aportación al proyecto, aquí tienes el enlace: Oldies: mucho por vivir.

El perro obediente y el perro esclavo

El verdadero derecho que deben tener todos los animales es el de no ser propiedades.

Gary Francione (1954 – )

Entre un perro obediente y un perro feliz hay una línea muy fina. Eso sí, a ambos lados se hacen las mayores barbaridades con el mejor amigo del hombre: sea por exceso, sea por defecto. Algo que viene a demostrar que, por muy bueno que uno sea con el mundo, el mundo no tiene por qué corresponderle.

Cada tarde, al pasear con nuestra (no tan) pequeña manada por Barcelona, nos cruzamos con personas que no levantan la voz ni riñen a su perro ni que la vida les fuese en ello, y también otras que no entienden ningún otro tipo de comunicación más allá de los gritos y la constante censura sobre todo aquello que al animal se le ocurre hacer.

Entre tanto, los hay que los creen de su propiedad, o demasiado almas libres como para adaptarse a la vida en sociedad; los hay intransigentes con los perros de los demás y no con el suyo propio, y también los hay verdaderos malnacidos que, antes o después, se convencen de que no hay nada malo en abandonarlos.

Pero quien más, quien menos, todos queremos que nuestros perros sean obedientes y puedan adaptarse a nuestra vida diaria, sin reparar en que, lo que es natural para nosotros (no hacer pis en cualquier parte, estar ocho horas sentados trabajando, aguantar a gente que en realidad nos cae fatal…), no es natural para ellos.

Dana y Javier RuizSin embargo, nuestro mejor amigo es, muy probablemente, uno de los seres vivos más adaptables en relación al ser humano: ¡y menudo descanso! Por ello podemos enseñarle a hacer pis y caca únicamente en los árboles, a mantenerse pasivo varias horas al día, a dormir en su caseta o a pasear junto a nosotros.

Además, a diferencia de lo que todavía suele creerse, enseñar a un perro habilidades sociales o deportivas, no solo les estimula mentalmente, sino que también hace que se lo pasen genial. Y lo mejor de todo, se ha demostrado que puedes enseñarle todo lo que vais a necesitar con premios y otros estímulos positivos.[1]

¿Entonces, por qué muchas veces se considera que el perro se ha convertido en un esclavo de los seres humanos? ¿Son más felices con todas esas normas, rutinas y órdenes que les imponemos? ¿Acaso nuestro compañero no puede disfrutar de su vida en una casa pequeña o siguiendo los patrones de conducta que hemos decidido implantar por necesidad social (bozal en el metro, transportín en el coche, pasear junto a nosotros por la calle…)?

Quizá la pregunta debería ser: “¿Cuándo un perro deja de ser obediente para convertirse en un perro esclavo de su dueño?” Con toda probabilidad, cuando empezamos a hablar de dueño y mascota, y no de familia y compañeros de viaje.

Un perro puede divertirse aprendiendo, y lo hace; en especial, cuando en lugar de sancionar conductas, nos decidimos por enseñar a nuestro nuevo amigo todo aquello que sí puede hacer con nosotros y las ventajas (caricias, premios, buen humor, relación entre un miembro del grupo y el macho reproductor…) que ello supone frente a la obligación de la conducta que, de no realizarse, siempre implica un castigo.

Dana y Javier Ruiz en un curso de clicker

Él o ella también puede estresarse o frustrarse, igual que nosotros, y en su justa medida, no conozco a nadie que afirme que eso es algo malo. Hasta llegar al estrés, hay un camino —más o menos largo, eso es lo que debemos reconocer— que nos permite dar nuestro mejor rendimiento y mejorar día tras día.

Por el contrario, en el 99,99% de los casos (ya que inventamos una cifra, ¡nos pasamos tres pueblos!) se puede afirmar que un perro es mucho más infeliz cuando no ha aprendido a qué reglas debe atenerse dentro de su pequeño círculo que cuando aprende a comunicarse eficientemente con nosotros, pues esta es la mejor forma donde las dos partes se divierten, aprenden y se lo pasan en grande, ¿o no?

En el extremo contrario, hallamos esa práctica minoritaria de esclavizar a nuestro mejor amigo mediante órdenes y sesiones eternas de adiestramiento en busca de una plusmarca personal que omite totalmente la salud física y psicológica del animal, así como la (todavía muy) desconocida Ley de Yerkes-Dodson; eso es no tener respeto por el animal, por mucho que creamos saber de perros.

¿Has leído hasta aquí? De acuerdo. Entonces, hazme un favor. Busca qué es un clicker, para qué sirve y empieza a enseñarle a tu perro todo lo que puede hacer (PDF), y olvídate de seguir haciendo todo lo contrario.

[1] Sí, lo sé. Soy muy consciente de que hay distintas corrientes, que no todo es positivismo extremo en el adiestramiento y que hay algunos casos (en especial, casos de agresividad canina) que deben estudiarse detenidamente.

‘Sigo a tu lado’, dijo él

No importa dónde ocurran las historias de perros. A diferencia de las nuestras, la mayoría se vuelven universales; o quizá ya nacen así. ¿Qué son, acaso, sino instantes libres de prejuicios?; situaciones donde una mala experiencia siempre alcanza una lección, una sonrisa o una mirada de complicidad.

La última nos llegaba hace unos días de EE. UU. Allí, en Vashon, un setter irlandés salvó con su lealtad a su compañera, una basset hound llamada Phoebe. Es una de esas noticias que nos habla de aquello de en las buenas y en las malas, de aprender un poco a ser más animales (en el buen sentido), de preocuparse por las cosas que realmente importan.

Tillie y Phoene, los dos perros protagonistas en Vashon (Washington, EE.UU)

De vez en cuando, también traspasan noticias de sabor agridulce: está la de aquella animalista que se suicidó con sus perros por convicción (equivocada), y también las miles y miles de granjas, mataderos y otros centros que, como si de una extensa frontera se tratase, dividen las opiniones de animalistas y no animalistas.

En esta otra franja de tierra, quedan los febreros que temen los galgos, las rehalas de los podencos, las constantes carreras apresados por un coche o una moto… A diez mil pies de altura, un hombre cambia el rumbo de un avión para salvar a un único perro aterrado en la bodega; a 500 kilómetros de Damasco, un adolescente de 17 años junto a su perro hacia Turquía con la intención de alcanzar a pie la isla de Lesbos; en ese mismo instante, miles y miles de animales sueñan con que alguien los recuerde siquiera.

El burro Capitán, ya recuperado, en Almería

Mueren asfixiados por no encontrar alguien que dé sentido a su vida —aunque quizá ellos quisieran seguir buscándolo, ¿no?—; por nuestra incompetencia, por ignorancia también; guillotinados por no ver más allá de nosotros, por tradición, y a veces hasta por maldad. Movidos por el rencor, o por la desconocida condena hacia uno mismo a través de los actos, como es el caso de Rompesuelas, pero también del burro Capitán y del león Cecil y de tantos millones de seres a los que todavía no hemos bautizado más que con sufrimiento.

Quizá esas historias universales nos susurran que luchemos por una ley real contra el maltrato; quizá sea eso con lo que sueñan miles y miles de animales que no tienen más que el soñar para vivir.

Quizá es bueno y redentor compartir algunos sueños…

Enlaces relacionados:

Tillie y Phoebe en Vashon (Washington, EE. UU.)

Simba, el bulldog francés del vuelo de Air Canada

Aslan y Rose, a pie desde Damasco

El burro Capitán

Indultad a Rompesuelas, el Toro de la Vega

Apreciados/as:

Si hay algo que no podemos detener es el tiempo. Tanto para equivocarse como para acertar el reloj avanza, robándonos lo que pudo ser y no fue, y también lo que fue y no debió ser.

Si se celebra el torneo, el martes Rompesuelas morirá. La historia nos da esa certeza. Como seguro sabéis, solo dos toros han sido indultados a lo largo de la celebración anual en Tordesillas: Bonito, en 1993, y Presumido, en 1995. Ninguno sobrevivió a las heridas, fuesen estas infligidas por los lanceros, fuera muerto por disparos de la Guardia Civil: imagino que, irónicamente, al considerar peligrosa la conducta del animal.

Sé que nos separan más de 700 kilómetros, que hoy pueden ser un mundo o tan solo un suspiro, pero si eres uno de los casi nueve mil habitantes del pueblo o, de algún modo, estás ligado a este evento, por cercanía o por historia, te imploro que leas estas líneas. Si no es así, si has llegado aquí para corroborar el destino del siguiente Toro de la Vega, te ruego que sumes razones y manos en la lucha para terminar con este otro tipo de maltrato animal que define a nuestro país.

Tordesillas: Rompesuelas, el Toro de la Vega 2015

Quizá hoy tenéis la desvergüenza de veros como la víctima —mediática, cuanto menos— y no como el agresor; como antitaurino os diré que dañar a un animal por diversión nunca os dará esa razón y esa comprensión que buscáis en el resto de los españoles. Pero más allá de lo evidente, me gustaría compartir con vosotros siete razones a digerir antes de ese martes que, algunos, casi preferiríamos que no llegase.

Primero. Para nuestro país, Tordesillas no tiene ni cultura ni atractivo turístico ninguno; para la mayoría de ciudadanos de este país (y cada vez más), la muerte no es cultura, el maltrato animal no es cultura, y todo lo que deseamos de practicar turismo es placer, no martirio.

Segundo. Sois parte de una tradición cruel, injusta e inhumana que se ha mantenido de generación en generación; cualquier sociedad moderna debe tratar de mejorar día tras día. ¿Creéis realmente que la historia de brutalidad de vuestros antepasados os da derecho a perpetuar un ritual salvaje y sádico? No lo hace.

Tercero. Nadie está de vuestro lado. No durará. Podéis creer que todo sigue igual, pero no lo hace. Podéis creer que la policía os protege y os apoya, pero solo siente asco por tener que hacer su trabajo cada segundo o tercer martes de septiembre. Cien mil personas gritan en Madrid; millones lo hacen en Internet, en las redes sociales, en las calles de sus respectivas ciudades; luchan día tras día contra vosotros: fortalecen una idea que ya es una realidad.

Cuarto. Ciudadanos, y sobre todo gobernantes de Tordesillas y de Castilla y León; seáis populares o socialistas, sabed que con la inacción agraváis las heridas que traen vuestros partidos. Señor González Poncela, la gente le grita, le insulta, le intenta agredir por la calle; señor Juan Vicente Herrera, toda Castilla llora por la ausencia de cualquier tipo de política animalista de carácter autonómico; señor Pedro Sánchez, su estilo de hacer política y campaña con el sufrimiento que se enquista en Tordesillas me da ganas de vomitar.

Muerte de un toro en Tordesillas durante la celebración del Torneo del Toro de la Vega

Quinto. España ha tendido una mano al pueblo este 2015; Tordesillas podría haber contado (de forma gratuita) con más de cien artistas de fama nacional e internacional para convertir este pequeño rincón de España en un lugar de referencia cada mes de septiembre. Pero ha escogido muerte frente a vida, y tauromaquia y tortura frente a celebración y cultura; escupiendo en la mejor propuesta que ha tenido de reconciliarse con el mundo entero, y de dejar que el mundo también lo hiciese con vosotros.

Sexto. ¿No os dais cuenta aún que todo ese daño no vive en el toro más que por un instante? ¿Por cuánto tiempo vive en vosotros? ¿Por una vida entera? ¿Por generaciones y generaciones que legáis detrás de vosotros? Si no lo habéis hecho nunca, mirad a ese toro a los ojos, a Rompesuelas, y preguntaos por qué; dedicad sesenta segundos de vuestra vida a preguntaros por qué ese animal noble, orgulloso y altivo debe convertirse por vuestro capricho en un amasijo de dolor y tragedia.

Séptimo y último. Sabed que el mundo ha cambiado; sabed que olvidasteis mirar alrededor; sabed que estáis a tiempo aún.

Sabed que, con este texto, yo rompo una lanza más por el Toro de la Vega, y os confieso que estoy harto; estoy harto de que estas manos con las que escribo sean tan parecidas a aquellas que, cada septiembre, dan muerte a un animal tan noble.

Torneo del Toro de la Vega en Valladolid: un toro embiste a los lanceros.

Recapacitad ahora. Indultad a Rompesuelas, y estaréis un paso más cerca de reconciliaros con el resto de nosotros.

Repetid, emulad el sacrificio un año más, y recogeréis nuestro más profundo desprecio de nuevo. Algo que tenéis, que parecéis coleccionar, y que la realidad ha terminado por convertir en nuestra mejor arma; España entera os pide que pongáis fin al Toro de la Vega porque, de cualquier modo, su fin ya está cerca.

Os obsequiamos con tiempo, con cuarenta y ocho horas de tiempo; y si alguno de vosotros sigue mi consejo y decide perderse a través de la mirada de Rompesuelas comprobará que, a menudo, tiempo es todo lo que tenemos. Para bien, y para mal.

La mierda de la ‘Tauroética’ de Savater

Matar a un animal no es una forma de ver la vida, sino de afectar al mundo que nos rodea.

Sobre Fernando Savater tenía poco malo que decir: aun hoy me gusta su ironía y sus principales influencias; respeto su ética del deber y su concepción espinosista (rollos filosóficos, ya sabéis), su preocupación por las cuestiones nacionalistas e incluso la resolución que, él mismo, propugnó ya hace años acerca del vasquismo, que hoy podría acercarse sin excesivos remilgos al independentismo en Cataluña.

Sin embargo, como es habitual, igual que yo poco más sé de Spinoza que aquello de que nos regimos por los límites del cosmos, quizá Savater no tenga ni puta idea de perros, ni de gatos, ni de toros. Por el contrario, cuando no se sabe algo, algunos tenemos la modestia de cerrar el pico, y otros tienen la osadía de mirar por encima del hombro y sentar cátedra. Quizá por ello, me sorprendió ver cómo hace unos días traían a colación temas de tauromaquia y animalismo desde una perspectiva que jamás habría imaginado.

Por título llevaba Tauroética, y las frases que cobraban vida entre párrafo y párrafo asesinaban sin saberlo a muchos seres que habían sufrido la desgracia de nacer animales (no humanos) en el lugar equivocado. Sobre ello, Renzo Llorente, profesor de filosofía en el campus de Madrid de la Saint Louis University, escribía una refutación muy lúcida (Tauroética de Fernando Savater: una aproximación crítica) a la cual, si tenéis interés, recomiendo que le dediquéis unos minutos.

Fotografía de Fernando Savater para un artículo de La Vanguardia sobre el 11-S, También se realizó una entrevista para La Contra a finales del año 2012.
Fotografía de Fernando Savater para un artículo de opinión de La Vanguardia sobre el 11-S, También se le realizó una entrevista para La Contra, que llegó de la mano de Víctor Amela, a finales del año 2012.

El fragmento que apareció en varios blogs hace unas semanas puede encontrarse en Tauroética (F. Savater, Turpial, 2010), en la página web de Andrés Calamaro (desconozco el porqué) y criticado en multitud de blogs animalistas como, por ejemplo, el de Melisa Tuya. Sigue leyendo «La mierda de la ‘Tauroética’ de Savater»

‘¡Vaya fauna!’ (Cuestiones éticas a replantear)

Nos lo presentaron como algo nuevo, pero ya nos advirtieron que no podían hablar demasiado. Al cabo de un par de meses, supe que se trataba de un nuevo programa de Telecinco. Su nombre sería Vaya fauna y se presentaría como otro talent show que sumar a los ya existentes: Masterchef, La voz, ¡Quiero bailar!, etcétera.

Lo vi bien. Me parece genial crear ese vínculo especial entre personas y animales domésticos. Si bien de vez en cuando discuto (es decir, dialogo) con familiares y amigos que no entienden por qué enseñar a un perro obediencia, practicar algún truco con clicker o iniciarte en el dog dancing, el agility o el frisbee no tiene nada de malo. Lo veo total y absolutamente lógico, y defendible: yo le suelto premios a mi perro, mi perro aprende a pensar de un modo más creativo, gana memoria muscular y nos lo pasamos bien.

Cuando mi conocido nos presentó el concurso, además, dijo que su presentador era Christian Gálvez. ¡Este colabora con Galgos 112!, pensé. (Bueno, técnicamente, nos reímos un poco de lo poco que nos había gustado su doblaje de Napoleón en Assassin’s Creed Unity, y después pensé en los galgos, pero queda mal decirlo aquí.)

No vi el primer programa hasta varios días más tarde. Entonces, el revuelo ya estaba montado y no terminaba de entender el por qué. De golpe y porrazo, vi a Tima tocando la trompeta: no era la primera vez, aunque no era consciente. La había visto sentada junto a Iniesta en un sofá, en películas con José Coronado y en numerosos circos que habían aparecido en televisión.

Nadie había hablado de eso. La descripción del programa dice: cerditos que abren y cierran cajones, perros que encestan canastas, pajaritos funambulistas… No se decía nada de osos, o tigres, y eso me mosqueó.

Osa Tima tocando la trompeta
La osa Tima toca la trompeta durante una sus actuaciones.

Días más tarde, un acertado Frank Cuesta (Frank de la jungla) subió a YouTube un vídeo dirigido a Christian Gálvez, en él hablaba sobre la complicidad que el programa y toda la gente involucrada mantenían con personas que no solo domaban animales salvajes, sino que lo hacían porque nosotros lo apoyábamos activamente con nuestra actitud. Sigue leyendo «‘¡Vaya fauna!’ (Cuestiones éticas a replantear)»

El festival de Yulin: masacre anual de perros en China

Hoy no consigo quitarme el nudo de la garganta. Mientras, la prensa española e internacional ha dedicado centenares de páginas a presentar el festival de Yulin, en la región de Zhuang de Guangxi. Con el solsticio de verano, miles y miles de perros mueren y son devorados al sureste del país; algo que también ocurre en Vietnam y Corea del Norte de forma más frecuente aún.

Entre el sacrificio sistemático de todos estos animales, surgen por todos lados voces críticas sobre el especismo, sobre el especismo dentro del especismo (o la mayor consideración moral por perros y gatos que por cerdos o gallinas) y sobre la ética, el salvajismo, el consumo de carne y la tradición frente a la armonía, sea bajo la palabra toros, el Grindadráp danés, el Bariyarpur nepalí o el festival de Yulin.

¿Está bien matar por sistema y está mal hacerlo durante una celebración? ¿Está mal de cualquier modo? ¿Es correcto torturar y asesinar a unas especies para el consumo y respetar a otras como mascota? ¿Dónde empieza y donde termina esa fina línea entre la supervivencia y la brutalidad?

Perros transportados en jaulas (Festival de Yulin, China)

De ese charco de sangre que un acertado Paco Catalán dibujaba en acuarela emergen muchas opiniones, pero pocas acciones por y para el cambio. Solo una mujer ha invertido mil euros (7.000 yuanes) en salvar de la cazuela a un centenar de perros que vuelven de su particular viaje por el noveno círculo como compañeros inseparables de los verdaderos pecadores.

Mucho más cerca de nosotros, y mucho más lejos de los gritos de todos estos animales, Xelmo camina renqueante, y en adopción, sobre sus patas delanteras. Si nadie se interesa por él, será sacrificado en el plazo de una semana.

Xelmo trabajó o hubiese trabajado para la ONCE como perro guía. Fue seleccionado, acogido por una familia y, según algunas opiniones, guía de un ciego o, según otras, descartado para los entrenamientos de dieciocho meses, y mantenido con la familia que había cuidado de él durante el primer año de vida.

Ahora está paralizado debido a una enfermedad y se mueve con la ayuda de una silla de ruedas adaptada. La ONCE no lo quiere, la familia que lo tenía, tampoco (o no quiere hacer los sacrificios suficientes para que siga formando parte de ellos) y Xelmo puede morir, o puede vivir, según tenga la suerte de que alguien bueno aparezca en su camino.

Solo es un caso más. Otro más. Uno de esos que aparece en redes sociales y busca esa extraña (y tan necesaria) necesidad de remover consciencias y llevar a la acción; yo solo digo que no nos quedemos allí. La inacción es lo que hace que Xelmo deba ser sacrificado, que festivales basados en la muerte pervivan y que muchos nos levantemos y nos acostemos con ese nudo en la garganta que amenaza con no irse jamás.

Perros listos para ser comidos, decía la nota al pie de la primera de las noticias que he leído; sé que no iban por ahí los tiros, pero por un momento he pensado que no debían ser tan listos. Aunque quizá sí eran muy listos, quizá tras todo lo que habían visto, tanto de acción de unos como de inacción de otros, prefirieron ser nada en el estómago a ser ese animal que ya no era y que quizá nunca había sido.

Tu perro y el puñetero síndrome de Walt Disney

Cuando adoptas a un perro, no puedes hacerte una idea de lo complicado que puede ser llegar a convertirse en un buen compañero. Supongo que como la decisión es nuestra, no podemos evitar pensar que vamos a mantener el control de la situación a partir de ahí; pero ni de coña.

Cuando descubres que tu perro no deja de tirar de la correa, te destroza la casa cuando te escapas a por un café o no hay forma de que obedezca a un simple sienta, compruebas lo equivocado o equivocada que estabas.

Eso sí, por irónico que parezca, a mí me acercó hacia los perros aquello que aleja diariamente a perros de amos; y lo que es peor y más condenable, a amos de perros, en cualquier carretera poco transitada de nuestro país.

Mi primer perro no sabía subir ni bajar escaleras, siempre estaba histérica y corría ansiosa a todas horas dentro y fuera del piso; al poco tiempo, se descubrió que sufría ansiedad por separación y que se entendía mejor con personas que con otros perros a causa de un imprinting escaso o inexistente: lo que ha marcado a la perra para siempre pese a sociabilizarla con miles de perros, personas y otros bichos durante casi seis años de vida.

Dana durmiendo
Dana durmiendo; días más tarde destrozó su colchón; y se comió mi sofá.

Pero hoy no quiero hablar sobre cómo nos cargamos la vida de millones de perros obviando sus necesidades más primarias (imprinting, sociabilización, etcétera), sino de cómo la gran mayoría de personas que comparten su vida con un perro no se nos preocupamos de su comportamiento hasta que afecta negativamente a nuestra rutina diaria. En otras palabras, ¿a cuántas personas conoces que estaban encantadas con su perro hasta que les rompió unas zapatillas de deporte o se volvió ansioso, miedoso o agresivo?

Y a partir de aquí hay dos extremos siempre: el primero, es consentir y afirmar que son cosas de perros (lo cual es «sencillo» con el pug o el terrier de turno, pero más complicado con un rottweiler o un pitbull), el segundo, es que ese perro no está educado o no sabe convivir con personas y que algo habrá que hacer (y más de uno se atreverá a cambiar ese con por un cómo).

Además, esto nunca ocurre tras compartir una preciosa excursión con toda la familia o disfrutar de una barbacoa todos juntos; como decía, esto sucede cuando el perro se nos ha meado en el parqué, se ha cargado una silla a mordiscos o ha hecho alguna otra trastada en la terraza; cuando realiza alguna conducta molesta que nos fastidia la rutina, ¿o no? Sigue leyendo «Tu perro y el puñetero síndrome de Walt Disney»