Hollyweed

Como si de un capítulo de Bojack Horseman se tratara, el otro día alguien cambió las oes del cartel de Hollywood y plantó dos ees para celebrar la legalización de la marihuana (weed) en el estado de California.

En este caso, la policía está buscando al sospechoso fumeta que se lió la manta a la cabeza, se subió por la colina donde se encuentra el letrero —lo que ya os adelanto que no debe ser fácil, porque, si mal no recuerdo, no hay accesos por carretera— y colgó dos lonas con las que cambiar una vocal por otra. Después, Twitter le reía la gracia, y hasta el rapero Snoop Dog, que, todo indica, que algún canuto se ha metido entre pecho y espalda.

Bojack Horseman roba la letra D del cartel de Hollywood.

California, junto a Nevada, se unen al Distrito de Columbia, Washington, Oregón, Colorado y Alaska, donde el consumo recreativo de marihuana ya se había legalizado anteriormente; una lista, no tan pequeña, que engrosarán en breve Maine y Massachusetts, cuyas leyes, aprobadas tras la elección de Trump como presidente de la nación —cabe dilucidar si estos dos acontecimientos tienen alguna relación entre sí—, debían entrar en vigor el día 1 de enero.

La tontería de turno, que ni siquiera es original, sino un remake que data del setenta y seis, me hizo pensar, de nuevo, en el dinero que mueven las drogas y en el por qué de su ilegalidad. Un tema que, en la práctica, nunca me ha traído de cabeza, pues quien quiere fumar, esnifar o pincharse, sabe donde acudir, y quien no lo hace, no se preocupa por el hecho de que esos platos no estén en el menú.

Los Simpson - Homer fumado
A Homer ya se lo dijo su madre: «Let your spirit soar«.

Sin embargo, es curioso que siga existiendo cierta autarquía y cierto paternalismo de estado en el tema, por lo menos, en el caso español, que no es el único, pero sí uno de los más curiosos. De este modo, se cree el Leviatán que puede contabilizar en el PIB las drogas, la prostitución y el juego ilegal, pese a no contar más que con estimaciones de esta economía encubierta; ¿y el debate? Eso es para democracias menores que no saben lo que quiere el ciudadano.

Sí, lo sé. Parece de puta coña. Los yanquis, a los que, a menudo, erróneamente tildamos de cortitos por no saber dónde está Burgos sin preocuparnos nosotros demasiado por dónde caen Wisconsin o Zaozhuang, ya hace un tiempo que se percataron de que para que algunos mexicanos exporten el cannabis hacia el norte con creatividad, mejor controlar en casa la producción; de paso, no les pareció mal leer las caras de descontento de los votantes, y abrir un debate sobre la legalidad de la misma para su uso recreativo.

Entonces, cabe preguntarse realmente si a los que quieren seguir controlando el cauce de un río que lleva décadas desbordándose en otro dirección no les faltará visión suficiente para comprender las ventajas que la ilegalidad, la alegalidad  y la falta de información suponen para el narcotráfico, el consumo desinformado y las arcas del estado.

Alcalde Quimby (ayuntamiento de Springfield, marihuana)
El alcalde Quimby (¡vote por Quimby!) nos ejemplifica la relación entre los poderes fácticos y las drogas.

Leia y el sexismo

Santiago Segura se despedía de la princesa Leia con una fotografía de su bikini dorado. Sobre ella, había un texto escueto como corresponde a todo buen tuit: «No, por favor, Carrie no…»

Saltaron todas las alarmas. Una sirena sonó en el centro de operaciones de Locas del coño y otros cientos de blogs y asociaciones feministas, y algunos de sus miembros se lanzaron por una barra de bomberos dejando atrás gritos de indignación. Se dirigían a Twitter, y a otras redes sociales, a quejarse de la despedida de Santiago: machista, cosificadora, irresponsable; para muchos, incluso de mal gusto.

Carrie Fisher (tuit, Santiago Segura)Una prenda metálica sobre la que Carrie Fisher tuvo durante tres décadas sentimientos encontrados. Una fotografía hipersexualizada que se encuadra en una época y que, hoy, no tendría sentido aceptar; pero también una parte de la historia de todos, y sobre todo de Fisher, que sería muy imprudente cubrir.

Disney entendió que la Leia esclava del bikini dorado no tenía sentido en el siglo veintiuno —aunque no retiró la figura de acción hasta este año pasado—, y, del mismo modo, se lo hizo saber Carrie a Daisy Ridley, nueva heroína de la saga, a quien le advirtió que pelease con uñas y dientes por su vestuario.

Sin embargo, para algunos de nosotros, Santiago Segura erró por duplicado al hacer desaparecer la fotografía del bikini dorado. Para no enfrentar la ira de un feminismo mal entendido, quien le acusaba de compartir una imagen sexualizante, sexista y denigrante: afirmaciones con las que la propia princesa estaba en desacuerdo.

Lo que no entienden parte de opiniones contrarias a Segura, ni el mismo Santiago por lo que parece, es que la Leia del bikini dorado está en nuestra memoria, en Internet, y, por supuesto, también en El retorno del Jedi de 1983, y que, para bien o para mal, es una Leia más: junto a la Leia-princesa, la Leia-primera heroína del cine de acción y la mujer brillante dentro y fuera de la pantalla. Por ello, no tiene ningún sentido imponer opiniones y dictar juicios y sentencias sobre los sentimientos que enfrentó el director madrileño tras la muerte de la actriz, ni sobre lo que recordaba el niño de Carabanchel que soñaba con ewoks, X-Wings y estrellas de la muerte.

Carrie Fisher (DEP, homenaje)

Si exigimos respeto, libertad de opinión y autonomía para la mujer, también debemos predicar con el ejemplo, y permitir que el prójimo la cague, rectifique, y, sobre todo, ofrezca su propio punto de vista, sea políticamente correcto o no; mientras tanto, podremos seguir tratando de segmentar aquello que creemos que está bien y que está mal de nuestra historia temprana y de nuestra actualidad. Y, no obstante, comprendo que estas imágenes por sí solas hacen bien poco para ayudar a prevenir casos de cosificación y de machismo, y ahí es donde debe entrar el discurso, la crítica, el diálogo razonado, el equilibrio de la Fuerza, que aquí nos llega que ni pintado.

Para mí, la Leia del bikini dorado podía ser una Leia sometida por Jabba el Hutt, esclavizada, sexualizada, reducida, pero también una Leia que nunca se quebró, que aguardó su momento y se cobró su venganza; una Leia que supo reírse de sí misma en Rolling Stones y una Leia más a recordar: porque en España somos mucho de guardar bajo la alfombra, ¡y qué coño!, ahí no cabe todo.

Cada cual debería homenajear, y enfrentar la vida y la muerte como mejor sepa, y no siempre se antoja fácil cuando una verdadera defensora de la galaxia escapa hacia las estrellas…

Descansa en paz, Carrie.

Carrie Fisher (homenaje, 2)


Enlaces relacionados:

Una mano a la virulé

Mañana tengo hora con el médico. Hace un par de días, fui al centro de asistencia primaria y me dijeron que yo no existía, así que tuvieron que abrirme un expediente y darme hora para este jueves.

Tengo un dedo y una articulación fastidiados desde mediados de noviembre, cuando vino un sensei japonés a visitarnos al dojo; por regla general, esas visitas funcionan así: viene un señor que lleva toda la vida haciendo artes marciales y nos dice cuán mal lo hacemos y qué deshonra suponemos el noventa por ciento de nosotros para la disciplina que él ama; el traductor suaviza el golpe, y el invitado coge fuerzas para volver a dejarse engañar al año siguiente.

Kendo: revisión médica

Dicho esto, cabe aclarar que los nipones son máquinas de matar desde los tres años, y nosotros solemos llegar a estas curiosas aficiones (por lo menos, para nuestras madres) con una o dos décadas de retraso. ¿Pero por qué os cuento esto hoy? Porque ese día alguien me dio un mal golpe, o yo retorcí algo, o crují un no sé qué o fracturé un qué se yo, y, desde entonces, aquí estoy, escribiendo a lo taquígrafa de principios de siglo, quejándome mucho, empastillándome de vez en cuando y descansando la mano cuando no hay más remedio.

Evidentemente, esto no me evitó seguir entrenando como pude, ni viajar a París y pagar casi seis euros por un café (oh, mon dieu!), y tampoco terminar de corregir el primer borrador de la novela, y empezar a moverlo un poco con el fin de recopilar alguna que otra opinión. Una novela que me he planteado como el final de una etapa y el principio de otra; como un camino que quiero abrir, y que quizá, sin darme cuenta del todo, ya esté abierto, y una despedida acorde a cuatro años de caos, pero de muchas alegrías.

Caos en terraza (junio, 2012)
Caos descansando en una terraza (junio de 2012).

Y a medida que planteo y consolido proyectos, siento la necesidad de cerrar otros; por eso, antes de que termine este 2016, no quiero daros mucho más la lata con De cómo los animales viven y mueren en el blogsino regalaros dos o tres cosas como agradecimiento por vuestra fidelidad como lectores y lectoras, y dar un par de sorpresas finales con las que encaminarnos al qué vendrá.

Sí, sé que no he desvelado mucho por ahora; pero es que, si lo hago, os fastidio uno de los dos próximos artículos por completo, y, además, por si no os habíais dado cuenta esto es, fundamentalmente, una entrada de blog donde vengo a llorar porque me duele la mano y mi mujer está hasta el… moño de oír cómo me quejo.

Un carril bici, supermanzanas y otra cagada de la Administración

Decía Antonio Gala: «Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo… Lo peor es que puede que tengan hasta razón». Y no le faltaban argumentos al escritor manchego. Si los de fuera se asombran de lo que hay por allá, ¿cómo extrañarnos de ese orgullo por lo local?, por lo propio.

Algo similar ocurre con Barcelona; incluso a aquellos que hemos escapado a las afueras, y solo la visitamos furtivamente, como a una amante que, cada vez que os encontráis, espera más y más de ti; y no es que no ofrezca…, ¡pero es que ha empezado a pedir demasiado!

En lo personal, a menudo, esas visitas se adscriben a la necesidad; necesidad que impone algún tipo de rutina: familia, amigos, deporte… y, por estas fechas, también tiendas en rebajas, o mercadillos navideños, sobre los que un servidor no puede escribir sin percibir un intenso escalofrío por la columna.

Hospital de San Pau (Barcelona)

Hoy, por norma, esas visitas, donde el coche es un triste obligado, se limitan a última hora de la tarde, cuando bajamos tres o cuatro días por semana a entrenar y soltamos al ayuntamiento un par de monedas para aparcar en alguna de las plazas libres de zona verde o azul. Hasta hace un par de semanas.

Hace unos catorce días, aproximadamente, desaparecieron todas las plazas del lado izquierdo de las cuatro manzanas de Travessera de Gràcia entre la calle Lepanto y la calle Cartagena. Al otro lado, se estrecharon los carriles, y tuvieron que modificar el trazado también: del doble de aparcamientos en batería, quedamos con la mitad.

Ayer, al recoger a los perros, pasamos por esa misma calle. Allí mismo había brotado un carril bici, para ambas direcciones; milagrosamente, topamos con una plaza libre. Yo, como minoría, supe desde el primer momento que no podía decir nada, que mis problemas eran míos y del porcentaje (no tan) escaso que entra y sale de Barcelona en coche.

¿Pero quién decide estas cosas? ¿Los residentes? Está claro que no; yo viví allí desde diciembre de 2013 a julio de 2016, y nadie me preguntó. A posteriori, los antiguos vecinos me paran y me informan de estos grandes cambios a ojos de cualquier jubilado, y también unos amigos, que viven en la casa que vaciamos antes de volver al verde.

Lo mismo ocurre con el modelo de las supermanzanas, donde la Administración y la Agencia de Ecología Urbana llevan varios años exprimiéndose los sesos para solucionar los problemas derivados del llamado Modelo Barcelona (polución, ruido, falta de espacios verdes…), que es víctima de su propio éxito.

¿Pero quién ha preguntado a los vecinos? Titulares como «Barcelona reajustará la supermanzana del Poblenou ante las quejas de vecinos y comerciantes» demuestran que nadie, o no lo suficiente; detrás de esas ideas de la ciudad como espacio público de sus ciudadanos, se abre una incoherencia que se extiende hasta la última puta plaza de parking.

Explicación visual de las supermanzanas

En Barcelona, a escala local, ocurre lo mismo. ¿Quién quería a las supermanzanas?, ¿y cómo lo sabemos? Y mucho antes, quién quería este modelo turístico, o europeizar una ciudad que era única, que era de barrios, y que, quizá, muchos deseábamos mantener conforme a su propia historia e idiosincracia en Horta, en Sants, o en Gracia, y tantos otros lugares.

En las últimas horas, Matteo Renzi ha sentido la verdadera bofetada de lo que significa el pueblo como organismo vivo, y el por qué se silencia esa pluralidad a la que jamás podremos contentar del todo; y se silencia a pequeña escala en la apuesta por un consumo más verde de la ciudad sin infraestructuras que lo respalden (quien viva en Barcelona, sabrá el poco sentido que tiene seguir ignorando la necesidad de una red más extensa para el transporte público de cercanías, por ejemplo), y no a la inversa, y a gran escala, cuando se generaliza esa actitud paternalista por parte de las instituciones, que no dejan al ciudadano decidir por su propia ciudad, su propio país ni su propio futuro.

Matteo Renzi dimite tras su derrota en el referéndum para la reforma constitucional

Como consuelo, mientras el ideal económico europeo —el único que se sacralizó— se resquebraja un poco más en Roma, nos toca preguntarnos —que no nos quiten esto también— dónde tenemos voz y voto, si en las grandes cuestiones a nivel nacional o europeo solo molestamos, y en aquellos debates locales se nos expone lo imposible que sería buscar el consenso de los ciudadanos.

A Renzi le ha ocurrido lo mismo que a Varoufakis, pero al revés. Ha buscado salvar los intereses de aquellos que, para la inmensa mayoría, son seres etéreos de las altas esferas, y ha tenido que dimitir. A Ada Colau, en cambio, se le adivinaban rastros de ese 15-M que se institucionalizó, pero no deja de ser hija del sistema, y eso, antes o después, no se puede combinar con referendos y democracia.

Mercury - Concierto Wembley Stadium

En París, leí un titular sobre las elecciones estadounidenses que decía: «¡La estupidez ganó a la inteligencia!» Es muy probable. ¡Pero que nos dejen ser estúpidos! Quizá, así, si se extingue la llama de la democracia con un aplauso generalizado, como decía la princesa Amidala en La guerra de las galaxias,  al fin podamos compartir la culpa.

Nos queda un último consuelo en el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Mercury, que eterniza la belleza de mi ciudad en forma de dueto y sigue sobrevolando nuestras cabezas; dice así: «Barcelona, ¡qué bello horizonte!, como una joya en el sol. Por ti seré gaviota de tu bella mar.» Pero claro, él salió volando antes de las Olimpiadas, y nunca le costó aparcar en esta ciudad.


Enlaces relacionados:

Se fue el caloret

Rita Barbera… ha muerto. Lo ha hecho hace escasas horas; cuarenta y un años y tres días después de que anunciaran la muerte de Franco en aquel famoso teletipo, que tantos y tantos siguen rememorando aún.

La senadora y exalcaldesa de Valencia declaró el lunes por primera vez frente al Tribunal Supremo en relación a la Operación Taula —aquella que la obligó a salir por la puerta de atrás del PP, y a integrarse en el Grupo Mixto—. No era la primera vez. Estuvo por ahí rondando en el Nóos, por obligación, y le salió caro el apoyo a Francisco Camps, principal imputado en el caso de los trajes.

Rita Barberá durante la mascletà

¿Financiación ilegal en el PP valenciano? ¿Una caja b? Se trataba de cuestiones donde la presunción de inocencia ya tiene poco sentido en un país cansado de desfalcos y desmanes por parte de la clase política. Para los medios y los ciudadanos, Rita Barberá era culpable, y es muy probable que lo fuera; para la justicia, sin embargo, las cosas se mantuvieron hasta el final (hasta su final, por lo menos) un paso detrás del otro; como tiene que ser.

Los documentos y testimonios recabados desde el inicio de la llamada Operación Taula, en enero pasado, señalaban a la exregidora, pero su blindaje como aforada, dado su actual cargo de senadora, le permitió posponer varios meses la imputación.

No obstante, parece ser que la noticia no es el punto y final a sus veranos de caloret, sino un pretexto más para enfrentar y crear polémica en el Congreso. La inesperada muerte de Rita, a quien ya varias fuentes afirmaban que el estrés le había pasado factura, ha sido razón suficiente para que la presidenta de la cámara, Ana Pastor, decidiese dedicar un minuto de silencio en su memoria.

Minutos antes, los diputados de Unidos Podemos han abandonado la sala, afirmando (a posteriori) que sentían la pérdida en lo personal, pero que no podían ofrecer un gesto oficial de respeto a quien, según ellos, no ha sido más que una política corrupta: «Un homenaje oficial es sinónimo de honra por su trayectoria», decía Garzón. Otros no estaban de acuerdo.

Rita Barberá (Musa del humor)
En 1973, Rita Barberá fue elegida Musa del Humor de Valencia. En serio.

La polémica ya estaba servida en la prensa y las redes. De la muerte de una persona al circo de lo mediático, de lo políticamente correcto… Pero para sorpresa de muchos, lo políticamente correcto solo ha resultado ser una minoría de ciudadanos que se sienten disgustados con la actuación de Iglesias, Errejón y compañía, y una aprobación generalizada frente al statu quo, a esa ilusión de normalidad que nos quieren vender, y que la mayoría de nosotros directamente empezamos a repudiar.

«Homenajes para la anciana de Reus que murió por tener que alumbrarse con velas», decían muchos; «¿nadie se acuerda de cuando la respetable se burló de los homenajes a las víctimas del metro de Valencia?», preguntaban otros; comentarios en solidaridad a los millones de personas expulsadas de su hogar por los bancos que siguen cargando con el peso de una hipoteca; por los miles y miles de jóvenes desplazados que escapan de los porcentajes de paro juvenil…

En cambio, para muchos, la trayectoria de la que fue primera dama valenciana durante veinticuatro años y cofundadora de Alianza Popular, y de lo que vendría después, no merece honores, al menos, oficiales; de los otros, nadie con dos dedos de frente se los negará.

El respeto por la muerte de una persona es algo que todo el mundo merece, pero la admiración, la gratitud, las despedidas sentidas, hay que ganárselas. Que se planteen pues todos aquellos y aquellas que se han mantenido en silencio en el hemiciclo qué era Barbera para ellos, qué había hecho Rita por ellos y por su país, y cuánta hipocresía falta por erradicar todavía en la vida pública y política de España.

Mariano Rajoy declaraba hace unos minutos: «Rita ha dado la vida por el PP», mientras muchos se preguntaban para sí: ¿pero no la habían repudiado y expulsado del partido? Tampoco falta quien, en esas palabras, ve conspiraciones que, por supuesto, resultan imposibles en un estado democrático de derecho como es España, y que no son más que coincidencias, como ya ocurrió en la trama Gurtel

Pero parafraseando las palabras de alguna que otra mente despierta: mucho debate, mucha crítica, pero pocos «descanse en paz». Pues, que así sea, que Rita descanse en paz, y que el resto de implicados lloren lágrimas de cocodrilo, suspiren aliviados en sus casas y dejen de apretar el ojete.

Quien de verdad la apreciaba, estará ocupado lejos de los focos y las cámaras, viviendo la cara más dura de la alta política, esa que se tiene que pasar a solas, sin apoyos ni coaliciones. Como le ocurrió a Barbera al final de su vida.


Enlaces relacionados:

Un robot con renta básica

Al principio de su campaña, Podemos defendió la renta básica universal. Pero la formación morada no tardó en dejar esta idea en standby y centrarse en otras promesas electorales. Ocurrió en la misma medida que el rechazo a la tauromaquia, que se tradujo en la ofrenda de un tijeretazo a sus subvenciones: algo que PACMA consideró insuficiente para ofrecerles su apoyo.

En España, un país que tiene un sueldo mínimo de 655 € al mes y un paro juvenil superior al 46 %, defender la renta básica universal es una quimera. Para nuestra tranquilidad, por ahora, lo es también en Europa —en esto, sí somos europeos—, si bien probablemente sería una buena forma de establecer políticas novedosas con las que nadie se atreve, ¿no? Al fin y al cabo, si podemos ser el conejillo de indias del Bundesbank para ver cuánta mierda puede tragar el ciudadano medio, también podrían tirarnos un hueso de vez en cuando.

Unidos Podemos (Garzón, Colau, Oltra, etc.)
Cartel promocional de Unidos Podemos para las Elecciones Generales de junio de 2016.

La argumentación de Iglesias, por aquel entonces, era dramáticamente lúcida: si los jóvenes tienen que trabajar por cuatro duros, por consiguiente, no podemos generar empleo de calidad; «si no tienen que coger el primer trabajo que les salga, la competitividad de las empresas, aumentará». Por descontado, también resultaba terriblemente obtusa: ¿si no lo habían visto los alemanes en la zona industrial del Rin?, ¿si la gran Europa no veía que había zonas enteras que no resultaban competitivas en un país y tenían que depender de terceras, cómo iba a percibirlo la pequeña España desde su burbuja? ¿O si se veía? Quizá detrás del discurso del «vivir del cuento», «de no mantener a los vagos» y de «dónde saldrá el dinero para ese sueldo Nescafé», existe un problema gravísimo de desempleo regional que se materializa en las Canarias, en Ceuta, Extremadura o Castilla-La Mancha, y también en Grecia, en Portugal, en Francia, y en toda Europa.

[…] ¿si la gran Europa no veía que había zonas enteras que no resultaban competitivas en un país y tenían que depender de terceras, cómo iba a percibirlo la pequeña España desde su burbuja?

The New Yorker (portada, 2011)Por supuesto, los detractores de la renta básica universal (RBU) han buscado argumentos con los que convencer al electorado: está la premisa de la gran putada que eso supone para una debilitada clase media europea (¿qué clase media?); tampoco se olvidan de que la heterogeneidad es un hándicap notable, y ponen de ejemplo a los EE UU, donde los blancos protestantes no ven bien eso de las ayudas a las «minorías» de clase baja; y, por supuesto, crea vagos. No te lo dicen así, pero esta no es una política que siga el modelo de competitividad capitalista, así que… ¿si te dan algo gratis, por qué vas a trabajar?

Evidentemente, si lo analizamos punto por punto, esto es un despropósito. Primero, porque no hay razones de peso para cargar ese gasto a la clase media: si el capitalismo nos lleva a incrementar las diferencias entre clases altas y bajas, que sean las primeras quienes se ocupen del mayor agravio comparativo, y no una clase media que se está extinguiendo debido a esas mismas políticas económicas. Segundo, porque comparar EE UU y Europa no siempre es pulpo como animal de compañía, porque hay una cosa que se llama neoliberalismo y estado del bienestar, y otra cosa que se llama liberalismo y no intervencionismo. Y, tercero y último, porque por mucho que te digan que con una renta básica uno va a ser feliz: la mayoría de los seres humanos no aspiramos a comer todos los días macarrones y nada más que macarrones, y ni estudiar, ni comprarnos la PlayStation, ni salir por ahí de viaje, o de fiesta, o con la parienta.

Estamos entre la espada y la pared, entre la dictadura del proletariado de Marx y los temores más oscuros de desempleo que enarbolaban los luditas.

Más que vagos, lo que parece crear esta RBU es un arma contra las humillaciones, contra los sueldos que nunca abandonan las tres cifras, y contra las grandes empresas y los poderes fácticos. Pero no funcionó. Iglesias y los suyos dejaron esta idea atrás más pronto que tarde, y centraron su campaña en temas sociales y de mejora económica que no se desviaban tanto de los caudales tradicionales.

¿Pero por qué es una quimera? ¿A qué viene esa marcha atrás en plena campaña? A nada más y nada menos que a las actuales economías low-cost, donde todo tiene que ser cada vez más barato, donde no se prioriza la inversión en Investigación y Desarrollo y te miran raro cuando mencionas el coste agregado de la digitalización.

Robots industriales (fábrica de coches)
Robots industriales en una fábrica de automóviles.

Estamos entre la espada y la pared, entre la dictadura del proletariado de Marx y los temores más oscuros de desempleo que enarbolaban los luditas; lo que está claro es que la cúpula de Podemos debió mirar un poco más a fondo en los presupuestos generales, y darse cuenta de que España es un país mucho más atrasado de lo que ellos mismos esperaban, que está terminando de desangrar a ese pollo sin cabeza llamado estado del bienestar, pero que no tiene recursos para alcanzar la renta básica, ¿y como colofón? Bueno, falta por explicar a los ciudadanos que no van a ser los vagos quienes se carguen la economía de la nación, sino los robots; pero, como bien decía Daniel Raventós en una entrevista de Federico Florio para La Vanguardia: «falta voluntad política, pero sobre todo, que los políticos se enteren a tiempo de las cosas», y tengan el interés de informarse, podríamos agregar.


Enlaces relacionados:

¿Por qué Trump?

Bueno, parece que ya está confirmado: Donald Trump será el 45º presidente de los EEUU. Dicho esto, el Ibex ha caído un 4 % —y a ver qué pasa con Wall Street dentro de unas horas—, la web de inmigración de Canadá se ha colapsado, y quién sabe qué nos deparará el mañana cuando llegue aquí la tarde y este hombre se ponga a trabajar en su nuevo despacho.

Mientras sorbía el café, aparecían en El Periódico un par de párrafos muy ilustrativos, pero era el primero aquel que, quizá sin pretenderlo, definía la escena al completo: La victoria de Donald Trump es un cúmulo de muchas derrotas. A continuación, mencionaba la derrota de Hillary Clinton, la de los republicanos, quienes han dado vida a un monstruo y se han echado a temblar demasiado tarde, y de los lobbies, resguardados en su propia burbuja y siempre  escasos de preocupación frente a las tragedias de la clase media y baja (esto nos suena, ¿eh?).

Esto no fue de cualquiera, incluso Clinton, antes que Trump, sino cualquiera, incluso Trump, antes que Clinton

Pero esta lectura es, como mínimo, incompleta, y es un grave error leer la derrota del partido demócrata en la incapacidad de Hillary Clinton de devolver las acometidas, sino en su elección. Contexto y Acción predecía en marzo: Si los demócratas no presentan a Sanders, Trump será presidente, ¡y qué razón tenía!

Trump (portada The New Yorker)

Bernard Sanders no fue elegido por sus escasos resultados dentro del partido; sí, tampoco había sufrido apenas desgaste  durante los primeros meses de la campaña, pero eso se debía, para una gran mayoría de demócratas, a que era poco más que un político cualquiera, y un don Nadie. Sin embargo, en este John Doe radicaba la clave del éxito del Partido demócrata: en un tipo judío, cortado por el mismo rasero que ofrece Brooklyn a cualquier Woody Allen de provincias —o de boroughs, en este caso— y que no daba ninguna ventaja táctica al candidato republicano: un paleto rico, pero un paleto al fin y al cabo.

El dominio político de Trump depende en gran medida de su método audaz e idiosincrático de hacer campaña. Funciona casi en exclusiva con golpes bajos y ataques personales que resultan tan indignantes como entretenidos, y es hábil a la hora de desviar los debates públicos de los problemas reales de la gente y centrarlos en la personalidad de los candidatos.

¿Una parte de la culpa radica en el periodismo sensacionalista? ¿En una campaña de seguimiento y difusión del republicano que no tenía techo por miles y miles de millones que se gastasen? ¿En el amor que la mayoría sienten por las promesas al aire, la nostalgia y el dólar? También sobrevolaban la inestabilidad de las clases medias, la irresponsabilidad del binomio que se empeñó en conformar Barack Obama con el Tea Party Movement, y la falta de un frente unido.

Resultados - Elecciones EEUU 2016

Pero bueno, basta de echarnos las manos a la cabeza. Nosotros, no tenemos derecho. Si nosotros no pudimos solventar entre tres alternativas (o dos, o quizá una, cuando se le cayeron las máscaras al resto), tampoco podemos hablar demasiado. Podemos sorprendernos, pero reírnos de los yanquis por votar al septuagenario del peluquín es harina de otro costal. Al fin y al cabo, basta con recuperar el mapa político de diciembre y, sobre todo, de junio de este mismo año y entender que, como país, deberíamos cerrar el pico; aunque tranquilos: de eso también se ha encargado el Partido Popular, y la Ley Mordaza.

Y eso es todo. Buenos días, o buenas noches por allá. Por decir algo.


Enlaces relacionados:

La importancia de hacerse cargo

Medio en broma, medio en serio, mi padre siempre tuvo miedo de que yo fuera gay. No sé si fue por el colegio de curas, una infancia extraña o las cábalas que se hacía sentado en el gres del comedor de madrugada, pero nunca entendí tanta preocupación. Durante más de veinte años, tampoco pisamos demasiado la cocina, ni él, ni yo, ni mis hermanos, ni se nos exigió ir a la compra, o limpiar lo que ensuciábamos, o… qué sé yo, hacer una sopa.

Como siempre, aquí también hay una historia detrás. En lo que respecta a mi viejo, estuvieron los orfanatos y el romperse las pelotas para llevar dinero a su madre y a sus dos hermanas desde su adolescencia en el Turó de la Peira. ¿Y de dónde surgía esa complicidad materna? Qué sé yo (de nuevo); de la propaganda franquista, de los abuelos, de la aldea en Orense, de lo que suponían que tenía que ser.

Machismo (viñeta)

Ayer, me reencontré con Hernán Casciari a través del ordenador. Reconozco en mí un gran fan de sus cuentitos y de sus historias, y me avergüenza no haber comprado nunca ni uno de sus libros. Una de las razones puede ser que me imagino sus textos repletos de anécdotas futbolísticas (¿qué les pasa a todos los argentinos con el fútbol y con Messi?) y, de vez en cuando, temo, o temía, toparme con un bombazo machista que me agriase el resto de la lectura. Hoy, quizá los compre: tras poco más de veinte líneas que actualizó en el Facebook, me sentí aliviado. Por título, Me hago cargo, sin redundar; sin sentimentalismos; sin darle vueltas al mismo tema, ni buscar un modo más bello de soltarlo.

También debatí sin argumento en sobremesas acaloradas y salieron de mi boca dos frases infames: «No todos los varones somos así» y «Estoy en contra de todo tipo de violencia».

«Sin saberlo, yo era un machista más, era parte del problema, y voy a cambiar.» No se me ocurre nada más bonito que ver cómo las cosas empiezan a mejorar. Sobre todo esta semana. Sobre todo por Lucía Pérez, esa niña de dieciséis años que fue violada, y empalada, y asesinada en Mar de Plata. Sobre todo hoy, cuando Lucía solo es un número más, otra mujer que exige justicia tardía, un recordatorio de que vamos tarde, de que no podemos permitirnos no ser feministas, no luchar por una igualdad real, porque cualquiera pueda vivir y moverse sin miedo a ser incomodada, violada, maltratada o asesinada.

Casciari hablaba sobre el movimiento Vivas Nos Queremos, cuyo principal eslogan es #NiUnaMenos. Al final del mismo, el subconsciente le traicionaba una vez más, y les decía a todas esas minas, como diría él y cualquier otro argentino de a pie, que nuestros nietos estarán muy orgullosos de ellas.

Hank Scorpio - Los Simpson

Y es que el futuro es de todos. La lucha contra el machismo y la violencia de género debe ser de todos, y, sobre todo, debe ser inclusiva, tanto en lo que se refiere a sus protagonistas, como a las pequeñas cosas que amenazan con mantener un sistema desigual y los horrores que en él se siguen gestando. Porque son estas pequeñas cosas las que terminan por joderlo todo.

Ya lo decía aquel villano que parodiaba a Richard Branson y contrató a Homer Simpson para ofrecerle una vida idílica junto a su familia en Cypress Creek: «No hay nada que hacer. Las pequeñas cosas son las que hacen la vida.»

Pero al contrario. Hay mucho que hacer todavía.

El acrónimo de la discordia

Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas.

Cita atribuida a Winston Churchill (1874-1965)

Llego tarde, pero no importa. Sigue aquí, muy dentro de todos. Y, hoy, 12 de septiembre, el mundo volverá a hablar de las Torres Gemelas y la independencia de Cataluña; mientras tanto, yo seguiré pensando en el burkini.

Si hace tres décadas, las mujeres tenían que taparse las tetas para no incomodar a los presentes —para no recordarles que eran mujeres, que tenían tetas, y curvas, y coños, pero sobre todo que, por mucho que el mundo se empeñase en negarlo, eran y seguirían siendo mucho más que eso—, hoy, tienen que enseñarlas por toda la costa francesa.

Chica vistiendo un burkini

Dicen:

Occidente no puede aceptar manifestaciones culturales o religiosas contra la dignidad y los derechos de la mujer.

No es la prenda. Es lo que representa el burkini: y si lo viste libremente peor, porque está haciendo apología de una idea que va contra nuestros valores.

el burkini es una provocación.

Tetas de plástico. Injertos capilares. Depilación láser. Saunas de bronceado. Cuerpos deformados a causa de un sobreesfuerzo en el gimnasio. Tíos con más tetas que sus madres. Un nazareno clavado en una cruz que subió al cielo. Comer carne y pescado día tras día y morir de una enfermedad coronaria. Fumar marihuana. Creer en un dios hecho de espaguetis. Una cruz en el pecho. Un pañuelo en la cabeza. Un traje de baño que cubra casi todo el cuerpo. O masturbarse con un dedo metido por el culo.

Quizá yo vea mal todo eso. O quizá no. La libertad —civil y religiosa— significa permitir que terceros hagan lo que les dé la gana, siempre que no vaya en contra de uno mismo o del resto. No es sencillo, pero tampoco es tan complicado.

Irwin (nudista, San Sebastián)
Decía el cuerpo del texto: «No es ‘ni nudista ni exhibicionista’. Irwin, un hombre conocido en San Sebastián por alargar sus paseos desnudo más allá de los límites de la playa de La Concha y circular en bicicleta tal y como vino al mundo, se define a sí mismo como una persona ‘libre’ que aplica su ‘libertad de expresión’. Las caminatas de este francés, oriundo de Hendaya, que habla un perfecto castellano y disfruta al transitar totalmente desprovisto de ropa, suelen circunscribirse a la playa y sus inmediaciones, aunque en sus itinerarios en bici atraviesa las calles céntricas de la capital guipuzcoana ante la mirada atónita de quienes lo descubren por primera vez.

Si aspiramos a la libertad, no vale decir que ellos  también imponen sus opiniones y obligan a cumplirlas. No sirve aquello de no compartir su fe, su modo de vida o sus creencias. ¿Quién eres tú para llamar puta a una mujer por mostrar su cuerpo sin complejos? ¿Y quién eres tú para obligar a una mujer a enseñar su cuerpo sin su permiso? ¿El estado? ¿Cuatro subordinados cortos de luces con una pistola?

Olvidaron que la desnudez no es solo sexo. Olvidaron que la libertad no se puede imponer; que el defecto siempre está en los ojos del que mira; que un burkini no es distinto a un piercing, a un tatuaje o a un trikini. No es distinto a enseñar las tetas, ni a desnudarse en público. Olvidaron que la libertad no hace llorar a los niños, ni atemoriza a las minorías; y que su libertad, quizá no sea la mía.

Había alguien que hubiese podido explicarles todo esto mucho mejor que yo. El nudista que se movía en bici por Barcelona: durante un buen tiempo, se paseó por el puerto y Las Ramblas. Por aquel entonces, el ayuntamiento había prohibido ir sin camiseta fuera de la zona de costa, pero no el nudismo integral, por lo que a aquel tipo tan dotado, no le preocupaba; «un día de estos, me obligarán a vestirme», decía, y entonces citaba la famosa frase que siempre se ha atribuido, erróneamente, a Winston Churchill.

No sé si llegaría a vestirse, y se resistiría, como lo hizo Irwin, otro ciclista que se paseaba en cueros por San Sebastián y al que se le condenó a un año de cárcel. Del de Barcelona, no recuerdo la nacionalidad, pero este otro era francés, y qué vergüenza debe sentir estos días allí por donde pedalee.

burkini-tweet

Quedaste en el pasado

Como algunos malos vicios y ciertas actitudes que no llevaban a nada, hay muchas personas que quedaron en mi pasado. Hoy, desayunando en la terraza, empieza a chispear; ¡justo el día en el que me decido a zamparme cuatro galletas y un café fuera!, y de eso va esta historia: de cómo extiendo la sombrilla, me vuelvo a sentar en una silla y sigo tecleando, hacia delante, sin dejar que el mundo me toque los cojones más de la cuenta.

Bueno, no bien bien. En realidad, la mejor definición que se me ocurre es no dejar que aquello que murió en el pasado, vuelva a tu presente sin una buena razón, que esas personas que decidieron, motu proprio, desaparecer de tu vida —a veces, y sin necesidad de entrecruzar palabras, de mutuo acuerdo— no aparezcan diez o quince años más tarde; no decidan que su sitio no solo es Facebook, que a algunos ya nos parece demasiado y, de vez en cuando, no nos tiembla la mano al empezar a eliminar contactos antiguos, sino también la vida real, tu día a día, en pos de una cruzada por recuperar un contacto que a saber cuándo perdisteis y que el tiempo siempre idealiza más de lo necesario.

Javier Ruiz (joven) con Laura

A menudo, ni tan siquiera es cosa de ellos o de ellas, sino de amigos o antiguos compañeros y compañeras que no tienen nada mejor que hacer que preparar un reencuentro de esos que no tarda en convertirse en poco más que una competición de egos; tampoco tus amigos (o amigas) te hacen ningún favor, redescubriéndote una ex novia o un amigo que ya no reconocerás en la persona que tienes delante; incluso puede darse el caso de que sea ese mismo ser quien decida tratar de redescubrir aquello que fuisteis y quiere recuperarlo por unos instantes. A menudo, por no decir muy pocas vecesni tan siquiera tendrá que ver contigo, sino con un instante concreto de su propia vida: los últimos años en el instituto, esa primera época de locura universitaria, o cuando su mayor preocupación era en qué bar caer el fin de semana.

A todos nos cuesta demasiado dejar pasar las cosas que ya no forman parte de nuestra vida, como si no pudiésemos soportar no conocer todos los detalles de aquellos que se cruzaron en nuestro camino; nos cuesta mucho vivir el presente, concentrarnos en lo bueno que tenemos ahora, en no aspirar siempre a todo, en dejar el pasado en el pasado. Pues ahí va mi propio dogma: que aquellos que se convirtieron en verdaderos desconocidos tengan un hijo, no es tan importante; que terminaseis la carrera hace diez años y os reunáis no es tan importante, que no te sigas viendo con tus amigos del colegio (en todo esto, me considero una persona realmente afortunada y tengo que decíroslo) no es tan importante; así que hazlo. Si te invitan y te apetece, hazlo, ese es mi consejo; pero deja el pasado en el pasado, que por algo siempre ha estado allí.