¿¡Qué estoy haciendo!?

Los más observadores ya habéis visto que la mitad de las entradas han caído en un cajón de sastre. Pero no, no me he vuelto loco. No obstante, debo mencionar que una lectora vio lo que estaba sucediendo y, cual película de domingo por la tarde, me envió un e-mail donde se vislumbraba todo un complot contra mi blog y casi hasta mi persona si me apuras (gracias, Marta).

Pero no. Simplemente, he tenido una de esas revelaciones de medianoche, y me he dado cuenta de que, mayoritariamente, este blog tiene dos grandes públicos: animalistas acérrimos (1) y personas que gustan de mis columnas de opinión (2). Por ello, reestructurar el blog —siempre con el firme propósito de escribir para mí primero, y después para todos— ha sido una cura de humildad. Una lección aprendida que me ha mostrado cómo mucha gente llega aquí buscando peras y demasiadas veces le ofrezco manzanas, o plátanos.

Ralph Wiggum: "¡Corre, plátano!"
«¡Corre, plátano!» Ralph Wiggum, filósofo norteamericano.

Solo es que hay demasiados temas aquí metidos, y yo he mantenido el firme propósito de crear contenido interesante de todo tipo —animalismo, sociedad, actualidad, humanidades, cine y televisión— a medida que el blog se convertía en un espacio donde dos de estos puntos tenían una relevancia mucho mayor que el resto.

No obstante, la conclusión no puede condensarse en un «¡A la mierda el resto de entradas!», porque a mí me encanta escribir sobre todo lo que escribo aquí, desde filosofía hasta videojuegos, series de TV y mil cosas más. Por eso, este nuevo formato, y algunos agregados y cambios que llegarán durante la próxima semana son, en mi humilde opinión, el mejor modo de mantener un blog interesante para todos los lectores del mismo. ¡Y eso es todo! Ya os iré desvelando más cosas…

Contestando a la pregunta…

Por cierto, con el fin de poneros un poco al día, estos dos últimos meses de mayor inactividad por aquí, me he dedicado a los siguientes proyectos:

En definitiva, supongo que, sobre todo, estoy caminando en la dirección en la que deseaba hacerlo: ¡y qué bien sienta, en serio!

Los 100 mejores artículos del blog (2012-2016)

No hace mucho recopilé diez artículos. Como título, tuve que buscar algo que atrajese un poco al lector, así que lo adorné con una difícil promesa: me ayudaron a ser mejor persona, lo que no dejaba de ser cierto.

Uno puede intentar cambiar el mundo a través de la política, del cine o de la escritura; y puede equivocarse también; pero hay algo común por lo que tú, yo y cualquiera nos movemos: la idea de un mundo mejor.

Habrá quien crea que las cosas puedan, de repente, dar un giro de ciento ochenta grados, pero no es cierto: eso se hace paso a paso; no se trata de darle la vuelta a un calcetín, sino de millones y millones de pares. No se trata de ofrecer un plato de sopa, de ayudar al prójimo a encontrar lo que busca, o de combatir el terrorismo; se trata de darle continuidad, convertirlo en una vía, en una filosofía propia, y seguirla. A menudo, tendrás que pararte, asegurarte de que no te has perdido; otras veces, deberás rehacer tres jornadas de viaje por no haber andado cien pasos de más. Eso es lo que da color a todo esto, lo que te demuestra que el camino es siempre aquello que vale la pena, y no hacia dónde nos dirigimos.

De nuevo, esto es una mirada hacia atrás, y tú puedes compartirla conmigo.

Animalismo

Sobre animalismo empecé a escribir tras la muerte de Caos (2015). Mientras lo hacía, participé en programas de protección animal, comencé a formarme en etología y adiestramiento canino y, sobre todo, me conciencié de lo que ocurre a nuestro alrededor. Hoy, animalismo se ha convertido en una palabra imprescindible en este blog; quizá aquella a la que le tengo más cariño y, a la vez, la que me ha permitido conocer a muchísimas personas comprometidas con una idea.

#1. Una perra llamada Laika, cosmonautas suicidas del espacio exterior y el maltrato animal (publicada el 31 de agosto de 2012)

Ahora, Laika no iría al espacio, porque nos asaltarían las dudas sobre la humanidad y no humanidad inherente en el acto, en tomar decisiones por aquellos que no tienen la capacidad plena de tomarlas, o no las entienden.

#2. De cómo tu perro cambió mi (nuestra) vida (publicada el 8 de enero de 2015)

Era un perro viejo, pero también era un perro bueno, ¿lo sabes? Le gustaban mucho los niños pequeños, pero no comprendemos por qué; y los quesitos. Y sobre todo era fuerte. Tras toda una vida de descuidos, se recuperó.

Caos (diciembre de 2012)
Caos en la casa de Caimari (Mallorca). Navidad de 2012.

#3. Primates a ritmo de blues (publicada el 23 de enero de 2015)

Dejamos la carretera atrás al ritmo de Joe Cocker. Al amanecer. Acelerando, dirección norte. Teníamos una cita con Nico, Charly, Tico, Bongo y África, entre otros, y con Dietmar Crailsheim, el contacto de Laura.

#4. Bruce Lee y la imposibilidad del medio plazo (publicada el 6 de febrero de 2015)

Él jamás tuvo miedo del hombre que había lanzado diez mil patadas; por el contrario, temía a quien había lanzado una patada diez mil veces.

#5. El festival de Yulin: masacre anual de perros en China (publicada el 22 de junio de 2015)

¿Está bien matar por sistema y está mal hacerlo durante una celebración? ¿Está mal de cualquier modo? ¿Es correcto torturar y asesinar a unas especies para el consumo y respetar a otras como mascota? ¿Dónde empieza y donde termina esa fina línea entre la supervivencia y la brutalidad?

#6. Una cornada de sentido (publicada el 12 de agosto de 2015)

Ser animalista, luchar por los derechos de los animales, requiere una ética inamovible que, si realmente quiere ser una apuesta de futuro para todos nosotros, no puede estar enmarcada en el odio, la agresividad y la violencia, sino en el debate, el acuerdo y el progreso de la misma idea de tradición.

#7. La mierda de la ‘Tauroética’ de Savater (publicada el 25 de agosto de 2015)

Matar a un animal no es una forma de ver la vida, sino de afectar al mundo que nos rodea de un modo global.

#8. Indultad a Rompesuelas, el Toro de la Vega (publicada el 13 de septiembre de 2015)

Sabed que, con este texto, yo rompo una lanza más por el Toro de la Vega, y os confieso que estoy harto; estoy harto de que estas manos con las que escribo sean tan parecidas a aquellas que, cada septiembre, dan muerte a un animal tan noble.

Tordesillas: Rompesuelas, el Toro de la Vega 2015

#9. El perro que quería ser (16 de noviembre de 2015)

Lo que no sabían las crías es que su madre estaba imposibilitada, impedida y casi inválida de tanto criar, y parir, y sangrar, y volver a ello demasiadas veces ya.

#10. Carta de un vegetariano (15 de enero de 2016)

No le dije que yo tampoco quería comer jamón, ni bistecs, ni pescado, ni marisco. Mucho menos que hacía casi dos años que no lo hacía. Solo le pregunté:

—¿Por qué no?

#11. Se van (publicada el 14 de abril de 2016)

Te habrán enseñado a dormir al sol tumbado junto a ellos; a reír por cualquier cosa que te apetezca; a besar cuando sientes que es la persona adecuada; a compartir las pequeñas cosas, y a ser un poco egoísta cuando se trata de tu juguete favorito, por supuesto.

#12. Sangre de toro (publicada el 13 de mayo de 2016)

El toro, que de nuevo habrá sido liberado contra los manifestantes, escapará a la montaña, lejos de los caballos y los picadores, lejos de la guerra y de la violencia de los hombres.

#13. La torre de cristal (publicada el 3 de junio de 2016)

Dana, de Dánae, que fue encerrada por su padre, el rey de Argos, para evitar que una de las profecías del oráculo de Delfos se cumpliese. La pastor alemán también estaba encerrada, privada del contacto con cualquier otro perro, y miraba desde su cubículo de cristal hacia nosotros.

#14. Perrofobia (publicada el 21 de junio de 2016)

Hace unos días, El País Semanal publicaba una columna titulada Perrolatría, firmaba Javier Marías, quien en unas pocas líneas fue capaz de decirnos que Hitler tenía un perro, que los españoles somos tan imbéciles como los yanquis y que los dueños de un can creíamos tener, y presuponer, derechos que nadie nos había entregado.

Dana en el Port de Pollença

#15. No hay justicia (publicada el 4 de julio de 2016)

Ava, la perra que había sido golpeada con un palo de madera, y cuyos dueños habían permitido que su estado se agravase hasta el punto de pudrirse en vida,no obtendría justicia; solo descanso de un mundo que le mostró la peor de sus caras.

#16. Arturo y la libertad (publicada el 5 de julio de 2016)

¿Ha muerto de viejo, o de tristeza? De cualquier modo, ha muerto; dejándose llevar, con esa pose inerme que ensayó, afligido, durante décadas.

Oso Arturo (viñeta de Paco Catalán)
Viñeta de Paco Catalán Carrión (05/07/2016) sobre el oso Arturo, que murió en el Zoológico de Mendoza el 4 de julio de 2016.

#17. Siete razones para cambiar los sanfermines (publicada el 12 de julio de 2016)

Las fiestas de San Fermín han mantenido su calendario de eventos y, entre ellos, hay uno cuyos pernios empiezan a oxidarse, y pronto se quebrarán: por la mañana, encierro; por la tarde, corrida.

#18. Salvarse a uno mismo (publicada el 22 de julio de 2016)

Me siento bien entre el verde, más humano, más vivo aún; no es que quiera imponer una imagen, ni venderos un sentimiento que, quizá, no sea universal, pero me enorgullezco de ser parte de algo sencillo, respetuoso, y bueno.

#19. Los animalistas también hacen animaladas (publicada el 8 de septiembre de 2016)

Cuando se dice: “no podemos cambiar el mundo, sino mejorarlo con acciones como esta”, debe ser un alegato real, que busque una mejora a medio plazo y no una continuación del mismo modelo.

#20.  Ya hablamos con Tordesillas (publicada el 13 de septiembre de 2016)

En España, hay que matar. La diversión se mezcla con sangre por falso derecho de tradición que hiede a podredumbre. Es la España que envejece, que avergüenza a una mayoría, que no quiere crecer; es la España que muere sin saberlo, y que no será nada.

Humanidades

Yo estudié Humanidades, y después marketing. Así que supuse que debía escribir sobre ello. Y me encantó. A medida que pasaban los meses, me di cuenta de que no se trataba de tener un blog con millones de visitas al año, sino de disfrutar de la experiencia, del camino, y construir aquella visión que estaba dentro de uno mismo. ¿Hay algún otro modo?

#21. Cylons, replicantes y el concepto de androide moderno (publicada el 7 de febrero de 2013)

La pérdida del alma, la muerte de dios o la fe en la ciencia empujan hacia una nueva creencia a través del auge tecnológico.

#22. Sobre la filosofía, I (publicada el 16 de mayo de 2013)

Podríamos destacar los siguientes enunciados clásicos:

¿Cómo vivir?

¿Cómo morir?

¿Qué es y qué no es ético?

¿Qué es y qué no es verdadero?

#23. Sobre la filosofía, II (publicada el 7 de junio de 2013)

La filosofía no funciona al margen del mundo físico, sino todo lo contrario: opera en él, y su función básica es ayudarnos a entender y mejorar esa physis. 

#24. Sobre la muerte, I (publicada el 14 de junio de 2013)

[…] es difícil enfrentar estos miedos y, si no somos religiosos, solemos intentar o bien no pensar en ellos, o bien adoptar una actitud estoica frente a los mismos, es decir, repetirnos constantemente las afirmaciones que presentaba Epicuro de Samos en su Carta a Meneceo.

Cadáver de un elefante adulto.
Cadáver de un elefante adulto.

#24. Sobre la muerte, II (publicada el 23 de junio de 2013)

A lo largo de la historia de la humanidad, se ha demostrado, como ya anticipó Schopenhauer, que la muerte es un acto creador de vida, así como la vida es un acto creador de muerte: todo lo que nace está destinado a morir, pero con su muerte aparece el germen de otra vida.

#25. Breve lectura vitalista con respecto a “El guardián entre el centeno” (publicada el 5 de julio de 2013)

—He dicho que no, que no habrá sitios maravillosos donde podamos ir una vez que salgamos de la universidad. Y a ver si me oyes. Entonces todo será distinto. Tendremos que bajar en el ascensor rodeados de maletas  y de trastos, tendremos que telefonear a medio mundo para despedirnos, y mandarles postales desde cada hotel donde estemos.

#26. Libros que hay que leer (publicada el 7 de noviembre de 2013)

Aquí, los optimistas te dirán que no hay un libro que no enseñe algo, por el contrario, los pesimistas  realistas te aconsejarán que te centres en los buenos productos y que no seas aventuro(a), porque tu tiempo de lectura se limita, como mucho, a unos cuantos lustros.

#27. La vida en si bemol, I (publicada el 25 de octubre de 2014)

Si no quedan conciencias que piensen en el mundo, no existirá mundo que pensar.

#28. La vida en si bemol, II (publicada el 28 de octubre de 2014)

¿Qué quiere decir esto? Principalmente que tenemos dos opciones: buscar una solución a la muerte (no os riáis), o aceptarla con estoicismo como se viene haciendo hasta ahora.

Monstruo espagueti
El monstruo de espagueti volador, you know.

#28. La filosofía de la imagen (publicada el 3 de enero de 2015)

Los nativos digitales y la generación que los precede empiezan a ver en los juegos la capacidad de mostrar, tratar y hacer más partícipe de lo que sucede en las pantallas al jugador.

#29.  La vida en si bemol, III (publicada el 22 de enero de 2015)

Esta es una entrada (o artículo) fundamentalmente marxista, en un sentido filosófico, por lo que quizá no guste a aquellos que sean reacios a los planteamientos marxistas o cercanos a la izquierda hegeliana en general; tampoco gustará a los de siempre: a los seguidores del statu quo; ni a mi madre, porque a ella le gustan más otros temas.

#30. Estado, nación y Ortega (publicada el 8 de abril de 2015)

Decía Ortega que la nación no remitía únicamente al pasado, sino a la voluntad de seguir conviviendo juntos en el futuro, y lo decía hace ya muchos años, por lo que si de verdad hubiéramos querido solucionar entre todos esta papeleta, quizá las ideas que legó serían de gran utilidad.

#31. Cuando Stephen Hawking se equivocó (publicada el 26 de septiembre de 2015)

Él dijo: “Llegar a la luna no cambió el mundo, pero nos dio una visión más amplia.” […] El hombre más inteligente del mundo cree que enviar humanos al espacio es el único modo de salvar a la especie humana, pensé. Stephen Hawking había optado por buscar refugio en el cosmos antes que intentar cambiar aquel que tenemos. El mensaje, extremadamente pesimista, me hizo esbozar una sonrisa.

'La teoría del todo' (película)
Fotograma de la película La teoría del todo que narra los años de juventud y primer matrimonio del físico Stephen Hawking.

#32. Entre los 80 y la nada (publicada el 1 de marzo de 2016)

Somos la generación puente. Los últimos que conocieron el mundo analógico sin filtros digitales. Los infelices. Los engañados. Los hijos de los primeros miembros de la generación X, o de los últimos boomers.

#33. George Steiner, la filosofía y el error como motor de cambio (publicada el 6 de julio de 2016)

Lo que sé de las Ciencias Humanas es que no importa un nueve o un cinco, aprobar a la primera o a la quinta, y que gran parte de lo que cualquier estudiante medio aprenderá en sus años universitarios no será aplicable en su futuro.

#34. Mi suegro y el trabajo (publicada el 6 de septiembre de 2016)

Trabajar como ya nadie lo hace quizá fue lo que permitió dirigir tu vida hacia allí donde querías, y encontrar lo que buscabas; después llegaron las multinacionales, las hipotecas puente, los CEO, y la madre que los parió a todos, y ya nadie pudo seguir soñando.

Soy fan de la gorra de los New York Yankees

#35. Caminar dentro de un gallinero (publicada el 10 de septiembre de 2016)

Quiero ser uno de esos escritores caminantes sobre los que leí: Breton, Thoreau, Sebald, Kerouac…Reencontrarme con las historias que me componen en soledad; criticar, plantear, razonar y discrepar a cada paso; voltear mis propios argumentos contra mí, e incluso olvidar todo por un instante.

Columnas de opinión

Quizá debí enviar alguna a un espacio en papel o en digital, pero no lo hice. Por ahora, sigo escribiendo sobre estos temas aquí, aunque no descarto saltar hacia otros lares. Ya veremos…

#36. Eurocopa 2012, Jebediah Springfield y la culpa sistémica (publicada el 4 de julio de 2012)

Al día siguiente, me alegré por los acérrimos futboleros; tampoco vale la pena ir como una vieja de luto porque Europa esté, económicamente, hecha un asco.

#37. Santiago Carrillo, Gary Cooper y librar los festivos (25 de septiembre de 2012)

Un hombre de principios, de aquellos que quedaron en el siglo pasado. Junto a las Pasionarias y los Bogart. Un hombre que supo vivir sobre la base de sus ideales y morir en paz, durante la típica y muy nuestra siesta. Un dinosaurio en todas sus acepciones.

#38. Albert Pla, Cataluña y las apariencias (publicada el 3 de octubre de 2012)

No se compliquen tanto, después, cualquier día se mueren, o se les muere alguien, y es un día muy triste, pero hace un sol de mil demonios, lo que, por otro lado, es una gran ventaja porque el cemento se seca más rápido y los críos pueden largarse a jugar y a disfrutar del día. Además, ¿no es eso es lo que todos queremos?

albert pla cantautor catalán
Albert Pla participó en Airbag (1997)

#39. El club de los veintisiete y una diva del soul (publicada 13 de noviembre de 2012)

Quizá Amy, como el resto de nosotros, anhelaba la eternidad. Ella se contentó con formar parte de algo, en este caso, un grupo de cadáveres prematuros. Unos cadáveres que nos recuerdan, socialmente, que la vida debe ser vivida; cuyas acciones y excesos nos muestran un extremo del camino, aquel que nos venden como el más feroz, y que en nuestros días no es más que márquetin de consumo.

#40. Así vivimos: sumergidos en el gris (publicada el 29 de enero de 2013)

Por la tarde, navegando entre muros de Facebook, como un voyeur profesional, me topé con una frase muy conocida y difundida de John Lennon que decía: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes.” Entonces, le contesté mentalmente citando sus propias palabras. Le dije: John, algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora. 

Cayó el verde, mostró el gris. Porque es lo fácil.

#41. Francisco Umbral, Camilo José Cela y otros hitos de la escena televisiva (publicada el 18 de febrero de 2013)

Era aún un retaco cuando me topé delante de la Telefunken familiar con los que se enorgullecían del trato del don Camilo y el don Francisco.

#42. Aquel que queríamos ser (publicada el 7 de mayo de 2013)

Después, un momento antes de despertarse con un frío intensísimo que le recorrió todo el cuerpo sin tregua durante horas, tuvo la certeza de que alguien había empujado a esas figuras contra el suelo y que estas no se encontraban ni tan sujetas ni tan firmas a sus sillas.

#43. El hombre que mató a don Quijote (publicada el 8 de julio de 2013)

Bajo el título Lost in La Mancha (2002), se presentaban todos los posibles contratiempos que pueden asolar a una producción cinematográfica; de testigo, una única cámara de producción, que se encargó de captarlos uno a uno, como ya se había hecho durante la producción de Doce monos.

La escena del Caballero negro. Una secuencia clásica de Monty Python and the Holy Grail (1975), película en la que Terry Gilliam participó como Caballero verde.
La escena del Caballero negro. Una secuencia clásica de Monty Python and the Holy Grail (1975), película en la que Terry Gilliam participó como Caballero verde.

#44. De guarros y gilipollas (publicada el 12 de julio de 2013)

[…] el primer titular me parece desacertado, ya que la plaza Tahrir nada tiene que envidiar a la marca España: una sociedad adormecida y aletargada que normaliza conductas bestiales, amparadas en el tradicionalismo más extremo; una sociedad que permite que las clases dirigentes nos puedan robar miles de millones, pero que culpa a los autónomos y los propietarios de pymes y microempresas.

#45. Historia de una ida y una vuelta, I (publicada el 26 de julio de 2013)

Yo caí aquí porque pude, porque pude y porque mi chica se sentía rural y estaba cansada de las prisas, las malas caras y el estrés de Barcelona.

#46. Historia de una ida y una vuelta, II (publicada el 13 de agosto de 2013)

—Los paseos —le digo, cayendo en la cuenta.

—Los paseos —contesta.

—Podemos pasear en Barcelona ciudad —afirmo, casi como una promesa.

Entonces, los dos nos echamos a reír, pero es una carcajada un tanto amarga.

#47. Excálibur y el extraño caso del ébola y la idiotez política (publicada el 12 de julio de 2013)

Pobre Excálibur. ¿Sabrá ella algo de lo que ha pasado?  Yo que tengo perros sé que son muy espabilados, pero supongo que la idiotez del Partido Popular también le ha cogido por sorpresa.

#48. Facebook y el fin de la revolución (publicada el 19 de marzo de 2015)

Llegó el fin de una época: de la revolución. Pero no llegó con la victoria o la derrota, sino que trajo consigo la apatía. La apatía, el abandono y la conciencia tranquila. Porque nos vendieron la idea de las nuevas tecnologías, la fuerza del conjunto, la ocasión dorada; de la masa a la cima, del grupo a la cumbre: la era del pueblo.

Y descubrimos que no teníamos nada que decir.

El problema de Facebook, Twitter, Change, etc.

#49. Al alba: tres disparos de ballesta (publicada el 20 de abril de 2015)

Qué triste resulta que sea la imagen esperpéntica de un crío de trece años desquiciado por quién sabe qué y cargado con ballesta y arma blanca aquella que nos vuelve a dar un toque de atención a todos, ¿no?

Demasiado dantesco para antes del café.

#50. Sobre drogas, putas y profesiones liberales (publicada el 7 de mayo de 2015)

Y aun así se lían la manta a la cabeza, y pagan una cuota mínima de casi 300 euros al mes, y un 21% de IVA, y se reducen un 19% de IRPF, y tienen que aguantar a un político tras otro que se le llena la boca de populismo y viene a decirles que les va a sacar un poco el palo del culo, pero solo un poco.

#51. Tu padre y la muerte (publicada el 21 de mayo de 2015)

Cuando tu padre se muere, te das cuenta de que era idiota, como tú. Que cometió errores, igual que tú estás cometiéndolos, y que Roland Barthes (entre otros) se equivocó.

#52. Cuando triunfó el miedo (publicada el 24 de diciembre de 2016)

Cuando lo hizo, no lo supimos; se hizo certeza unas horas después, alrededor de las 22:00. O quizá algo más tarde todavía, mientras recargábamos la página del navegador para ver si esos votos y escaños que danzaban al ritmo del sistema d’Hondt ofrecían un giro aún más inesperado.

#53. El mundo está cambiando (publicada el 7 de enero de 2016)

Eran las siguientes: primero, la gente ya no aguanta el modelo laboral actual; segundo, hay más emprendedores; tercero, se colabora más (en el trabajo); cuarto, estamos descubriendo Internet (potencialmente); quinto, el consumismo es cada vez menor; sexto, la alimentación es más sana y orgánica; séptimo, la espiritualidad vuelve a esta presente en nuestras vidas; octavo, han aparecido nuevas tendencias educativas.

#54. Cuando ser pobre era ser libre (publicada el 9 de febrero de 2016)

¿Por qué vivir temiendo el frío gris de la Diagonal que nació para herir al verde y a la verdadera tierra de la capital catalana y no en cuevas, barracas y chabolas que siempre estuvieron ahí?

#55. No digas nada (publicada el 10 de mayo de 2016)

Pero voy a concederte algo. ¿Dónde ponemos el límite? ¿Metemos en la cárcel al tontolculo del niño que está en la edad del pavo? ¿Al grupo de payasos que se ríen de cualquier desgracia ajena y tanto les da el bar que la red? ¿Metemos en la cárcel a cualquiera políticamente incorrecto?

El Periódico (Corrupción PP/PSOE)

#56. De una multa de tráfico al Leviatán de Hobbes (publicada el 14 de junio de 2016)

Para resumir, no hubo Frenadol que detuviese aquello, y me negué a conducir tres horas para no poder beberme ni un par de cervezas con los colegas. La noche anterior, cuando empezaba a preverlo, me recogí pronto e intenté contener el asalto… pero nanai. No hubo forma.

#57. Hoy, es lunes (publicada el 27 de junio de 2016)

Hoy, España es un poco menos mía aún. Soy un poco más apátrida, un poco menos crédulo y soñador; porque empiezo a perder la esperanza en que este país pueda cambiar, en que los corruptos y los poderosos dejen de hacer su voluntad a través del dinero negro, de los sobornos, del miedo.

#58. Seguimos siendo guarros (y guarras), y todavía más gilipollas (publicada el 7 de julio de 2016)

Muchas mujeres me dijeron que la culpa de un abuso siempre recaía en el abusador —algo con lo que estoy cien por cien de acuerdo—, pero sin entender por qué comparaba las violaciones de la plaza Tahrir, en El Cairo, con Pamplona y el País Vasco.

#59. Víctor Barrio: libertad de expresión e idiotez endémica (publicada el 12 de julio de 2016)

Se está confundiendo libertad de expresión con maldad, y con ser un maleducado, un cabrón y un malnacido, es cierto. […] Pero tampoco nos confundamos, ¡ojo! Las amenazas directas son un delito; ser una basura de ser humano, no.

Víctor Barrio - Muerte
La cornada que causó la muerte del torero Víctor Barrio.

#60. No os cebéis con las putas, sino con sus hijos (publicada el 29 de julio de 2016)

En serio.

El mundo está como una puta cabra.

Bueno, el mundo… La gente. Alguna gente. Alguna gente está jodidamente loca.

#61. Quedaste en el pasado (publicada el 5 de agosto de 2016)

[…] nos cuesta mucho vivir el presente, concentrarnos en lo bueno que tenemos ahora, en no aspirar siempre a todo, en dejar el pasado en el pasado.

Inclasificables

También hay textos que surgieron de forma extraña. Algunos, querían cambiarlo todo, y otros solo pretendían ser por necesidad. Todos ellos quedaron sin clasificar por derecho propio.

#62. Retrato de Lucía (publicada 12 de marzo de 2015)

Soy Lucía, y tal vez, durante las últimas semanas, has leído en diagonal unas líneas sobre mí. Unas líneas que quizá ni recuerdes dónde estaban; porque soy otra historia que ha pasado inadvertida ante tus ojos. Otro pedacito de mundo que creías que te ibas a perder.

Detalle de 'La dama de la perla' (Johannes Vermeer, 1666)

#63. Mi rubia (publicada el 14 de febrero de 2015)

Lo que ella no sabe es que escribir es deseo: deseo de conocer, de aprender, de decir, de sentir… Ella es deseo, y es escribir. Y yo un intento de escritor, cansado de flanquear la pregunta de mi única musa.

#64. Homo homini lupus (publicada el 28 de mayo de 2015)

Dos días después y exactamente a las seis y cincuenta y cuatro minutos de la tarde, allí estaba yo, junto a mi chica; orgulloso de mi inflexible temperamento y mis modales al más puro estilo spaghetti western.Solo faltaba la brizna de trigo entre los dientes y un par de cojones bien puestos, y no tenía a mano ninguna de las dos cosas.

Vengo a operarme... de anquiloglosia.

#65. El tres de julio de dos mil quince (publicada el 5 de julio de 2015)

Este fin de semana, no. Este es atemporal, especial y eterno. Y era necesario reservar una pequeña parte del mismo en esta pequeña parte de mí.

#66. El suicida del bar (publicada el 21 de enero de 2016)

Te confesaré una cosa: el año en el que me licencié, no fue un gran año. Mi padre murió, mi perra se comió las paredes de mi casa y uno de mis hermanos se divorció y se deprimió.

Literatura

Nunca cojo un lápiz si no tengo algo que contar. Además, me rijo por dos reglas. La primera todavía puede leerse en el Hollywood de Bukowski, y dice así: “Mira, si me preocupara por lo que le interesa a la gente, nunca escribiría nada.” En cambio, la segunda se limita a preguntarse por qué alguien debería hacerlo. Y eso no es ninguna gilipollez, porque la literatura no tiene precio.

Mis principios

Para empezar, las fechas no son reales. Los textos aparecieron publicados aquí, se borraron, volvieron a cobrar vida… La selección está hecha con aquellos a los que guardo más cariño, que son siempre los que mienten con absoluta naturalidad, como exige la literatura.

#67. Cuatro tragedias lunares (publicada el 4 de noviembre de 2014)

La habitación bebía oscuridad; un leve resplandor rojizo estalló dentro de una ínfima parte de la misma. En consecuencia, el cristal especular desprendió un brillo y proyectó figuras anómalas. Todo se oscureció de nuevo, paulatinamente, hasta que la luz y la sombra acordaron una tregua.

#68. Gott ist tot! (publicada el 4 de noviembre de 2014)

Los precios y las promesas que las empresas de biotecnología internacionales habían lanzado en 2025, terminaron por arruinar a un número exponencial de habitantes ansiosos por alcanzar la divina transhumanización.

#69. Un cocodrilo en la bañera (publicada el 8 de noviembre de 2014)

Lola está plantada en la puerta, con el camisón y la bata a medio quitar. Me explica que las tres víboras de la despensa han decidido invitarle unos días tras llegar a un acuerdo con la familia de garrapatas de la cocina. Lo intentas explicar por ahí y te toman por loca, dice.

#70. Un cuento de abnegación laboral (publicada el 27 de noviembre de 2014)

Algunos dicen que fue el despertar de un hombre enajenado contra el capital, ¿pero qué sabía este hombre de Karl Marx? Friedrich Engels o Mijaíl Bakunin eran conceptos tan abstractos como el primero, tanto como la idea de capital, masa o superestructura; en la ausencia no se concibe espíritu revolucionario.

#71. Carta a una jirafa (publicada el 2 de diciembre de 2014)

No hay en Barcelona quien haya jugado a ser Dios con tanta exactitud como vuestro padre, ni Botero ni Brossa. Incluso el insigne castizo no merece mirar hacia vos con ese gesto que le legó Roudin.

La jirafa coqueta

#72. El fantástico Bob (publicada el 25 de febrero de 2015)

Cuando despertó, los perros habían empezado a sacar varios broches y colgantes que Laura guardaba en un cajón de la cómoda, y se dispuso a reñirles, sin suerte. Su cuerpo no respondía, y las palabras no encontraron por dónde escapar. Sin embargo, el insolente destino quiso que el oído de uno de los perros captase algo desde la cama y, por lo tanto, fijó su mirada en Bob.

#73. Esa sensación en la nuca (publicada el 11 de marzo de 2015)

El perro ladra, y te preocupa que el perro ladre, porque estás haciendo cosas; estás haciendo cosas que antes no te preocupaban en absoluto. Entonces suspiras. Pero ni tú sabes por qué suspiras. Quizá porque el perro se aburre, y no podéis salir a pasear. O porque ya son las once de la noche, y sigues con ese proyecto en mente. Ese, sí, el de la gran empresa, el de la empresa que te asegura continuar alzando tu propia infraestructura.

#74. Sonrisas en aerosol (publicada el 29 de abril de 2015)

Sabiéndose conocedores de que el subsuelo escenifica más historias que conectan de un punto a otro que relatos eternos, y disfrutando de estos últimos incluso más por su prolongada particularidad.

#75. Es el Día de la Mujer Mundial (publicada el 26 de noviembre de 2015)

¿Cuántas mujeres habrán llorado amargamente esta mañana hasta que las lágrimas, ya secas, amenazaban de nuevo con endurecer su rostro? Sería bueno preguntárselo, cada día.

#76. La hoja en blanco (publicada el 12 de enero de 2016)

Podría ser que estuviese mintiendo, claro, y que, del título a la línea presente, todo lo que estoy relatando, sin entrar todavía en detalles, fuera falso. Si lo crees, me reconfortaría un poco, ya que un escritor debe ser mentiroso por naturaleza, y sobre todo debe buscar la sorpresa por encima del realismo, el sentimiento cómplice sobre la razón y la ilusión de funcionalidad, que es terriblemente falsa en un texto, en cualquier historia.

#77. Todo comenzó en Nueva York (publicada el 9 de abril de 2016)

Nueva York es una ciudad fría. Un lugar de corazones templados y asépticos al sur de Manhattan y demasiados rostros como para creer en una definición coherente para la masa.

9/11 Memorial (NYC)
9/11 Memorial en el Financial District de Nueva York para homenajear a las víctimas de los ataques del 11 de septiembre.

#78. Sobre Alfredo A.C. (publicada el 26 de abril de 2016)

Era alguien; alguien alegre, liberal, muy de la Movida, y supongo que lo seguirá siendo con una década más a rastras. Alguien que sabía que las cosas no se han de forzar, que llegan cuando llegan, que son años malos para los del pupitre y que, si uno lo toma demasiado en serio, no saldrá vivo de ahí.

#79. Blablablá en la Fortaleza de la Soledad (publicada el 2 de mayo de 2016)

El camino que separa el punto A, el del ególatra que recrea Interviú a su imagen y semejanza, del B, donde terminas por escribir aquello que piensas que el resto quiere leer, no es más que una línea. Es como la caída de un caballero jedi hacia el Lado Oscuro de la Fuerza; un error pequeño, solo uno; una bola de nieve que empieza a rodar por la ladera de una montaña.

#80. El fuego que llevamos dentro (publicada 18 de julio de 2016)

Los engañé a todos; les hice creer que iba a tostar pan, y verduras, y, bueno, lo hice; pero sobre todo me quedé allí plantado, junto a los perros, tirando madera cada vez más grande a las llamas y haciendo brasas y más brasas, mientras las observaba, quieto, buscando esa memoria histórica de la que hablaba Hegel, y que todos llevamos dentro.

#81. Los peligros de una autoedición reptiliana (publicada el 21 de julio de 2016)

Se acabó lo de buscar buenos escritores entre manuscritos que llegan en papel y ya no se lee ni dios. Ríete tú de aquello de seducir a un mecenas. Ahora, tienes que enamorar al mundo entero; o a una parte tan grande como sentido quieras en tu escritura.

#82. La vida de un Pokémon (publicada el 26 de julio de 2016)

Por las noches, cuando mi mujer se dormía, le explicaba al Bulbasaur que no podía jugar con él, que ya tenía perros y gatos, y que debía trabajar, y escribir, e intentar hacer algo con mi vida.

Squirtle y Bulbasaur

#83. Tu vida es un Caos (publicada el 28 de julio de 2016)

Lo hacía lento, seguro de sí mismo, con una energía que solo conocen aquellos que han estado a punto de caer demasiadas veces y siguen avanzando.

Caos y Laura a carboncillo. La ilustración es un regalo de Lourdes Alarcón.

Medios audiovisuales

Y de la narración escrita, pasé a la imagen. Siempre con la literatura, la filosofía, las humanidades, como hilo conductor, pero, al fin y al cabo, una historia es una historia, ¿no crees?

#84. Grandes series, pequeños resúmenes, I (publicada el 16 de octubre de 2013)

#85. Grandes series, pequeños resúmenes, II (publicada el 22 de mayo de 2014)

#86. Grandes series, pequeños resúmenes, III (publicada el 28 de agosto de 2015)

Series de televisión descritas en una frase.

#87. True Detective: blancos y negros (publicada el 12 de abril de 2014)

La pauta que sigo para intentar ser verosímil es muy sencilla (la vengo siguiendo desde que empecé a escribir ficción): el lector medio… que se joda.

David Simon

#88. Black Mirror: cuando la pantalla se vuelve negra (publicada el 13 de junio de 2014)

El secuestrador da unas instrucciones muy sencillas: para su liberación, el primer ministro debe tener relaciones sexuales con una cerda en la televisión nacional; si se niega, la princesa será ejecutada.

Escena del capítulo 'The National Anthem'.
Escena del capítulo The National Anthem.

#89. Breaking Bad – Peligro: extremadamente volátil (publicada el 19 de junio de 2014)

Las cinco temporadas de Breaking Bad son un profundo análisis sobre los conceptos del bien y del mal, del héroe y el antihéroe, de los negros y de los blancos, de lo erróneo de cualquier pensamiento subjetivista o poco perspectivista, de lo simplista, de lo miedista…

#90. Diez aventuras gráficas de nueva generación que debes jugar en 2014 (publicada el 4 de agosto de 2014)

El problema real a la hora de recomendar una aventura gráfica, hasta hace relativamente poco, era ese muro infranqueable de los gráficos, donde los píxeles eran realmente píxeles, y más que deleitarnos mirándolos, nos habíamos resignado a verlos.

#91. Vivir sin Tony Soprano (publicada el 9 de septiembre de 2014)

El don de Nueva Jersey se había acercado a la rocola y le había obligado a que cambiase el ritmo de la escena.

Tony Soprano en la piscina

#92. Cuando el Che no era el Che (publicada el 11 de septiembre de 2014)

Después, todo ello entraña otras problemáticas: ¿qué hacemos cuando triunfe la revolución? ¿Qué es peor, la revolución que no pudo ser o la revolución que venció y quedó sin enemigo al que combatir?

#93. Fallout y la filosofía de Vault-Tec Industries (publicada el 2 de diciembre de 2014)

Como punto introductorio, los juegos acogen la estética predominante de los años cincuenta y la paranoia dominante de las armas nucleares y el fin del mundo.

#94. Fallout y la filosofía de Vault-Tec Industries, II (publicada el 2 de diciembre de 2012)

Muchos de los refugios de Vault-Tec son parte de la historia del universo Fallout y ayudan a comprender los sucesos desde 1950 a 2274 dentro del cosmos que los envuelve.

Finn-Jake de Hora de Aventuras en Fallout.
Los protagonistas de Hora de Aventuras (Finn y Jake) caracterizados como refugiados del apocalipsis nuclear del videojuego Fallout.

#95. ¿Qué series han triunfado en 2014? (publicada el 22 de diciembre de 2014)

Las series de este 2014 nos demuestran más que nunca que el desarrollo de las ideas a través de los medios de masas es, cada día, más territorio de las series y de los videojuegos que del cine, por lo que es necesario un replanteamiento de competencias cuando hablamos de todo ello.

#96. La filosofía de la imagen (publicada el 3 de enero de 2015)

Más que cualitativo, el salto es técnico y conceptual: antes, la película trataba en profundidad temas que la televisión no podía asumir; ahora, las series tienen espacio y recursos para desglosar temas y situaciones al mismo nivel (técnico o cualitativo) que el cine, y el espectador lo demanda.

#97. Cinco claves que explican el éxito de The Walking Dead (publicada el 5 de febrero de 2015)

¿A qué nos recuerda el hecho de que todos están infectados? Exactamente:todos vamos a morir. Sin embargo, en esta historia la muerte acecha en cada esquina, como si alguien nos recordase constantemente que la vida solo lleva a la muerte a través de una perspectiva sobrecogedora.

#98. El esperpento y La que se avecina (publicado el 13 de enero de 2016)

En Luces de bohemia (Ramón María del Valle Inclán, 1926) una de las obras más conocidas de este género de autor único (aunque no la única obra del género), se recoge a las mil maravillas esta visión del mundo que se acerca mucho a la del muy nuestro don Quijote, quien soñaba con ser caballero, cuando ya no los había, y también a la de Miguel de Cervantes, quien emulaba las novelas de caballería, cuando ya nadie quería leerlas siquiera.

Antonio Recio y Coque, los payasos justicieros (LQSA)
¡Somos los payasos justicieros, azote de los corruptos y héroes del pueblo!

#99. Fallout 4 y la filosofía de Vault-Tec Industries, III (publicada el 24 de febrero de 2016)

Todos los títulos de Fallout empiezan con un habitante de refugio que debe abandonar su zona de confort para enfrentarse a un mundo posapocalíptico.

#100. El antihéroe: de la televisión a la filosofía (publicada el 6 de mayo de 2016)

Allí vemos cómo se habla del típico tío feliz, de empatizar con el antihéroe, de vivir la vida como siempre quisimos hacerlo, del bien y del mal, y de Dios.

Esta es sola una pequeña parte de lo que tienes en el blog; una invitación velada, un fragmento de lo que soy, y fui; de cómo he cambiado, de cómo me he mantenido fiel a mi mismo o me he prostituido sin saberlo; de cómo he creado mi propio cosmos, y la única forma que se me ha ocurrido para lanzar un agradecimiento sincero a todos y todas que me han leído o me siguen leyendo.

Gracias.

George Steiner, la filosofía y el error como motor de cambio

Lo que voy a decir es muy fuerte. Te aviso desde el principio. Así que, si eres de esas personas que leen los artículos en diagonal ¡fuera de mi blog!, mejor escoge otra entrada. Esta requiere que leas con atención, y sobre todo que pienses en ello un rato antes de abrir la boca o mover las manos sobre el teclado.

Dicho esto, vamos allá.

El arte, la literatura, la historia o la filosofía […] son […] las vías sobre las que se conforma cualquier sociedad moderna.

La democracia mal entendida se cargó la universidad. Hoy, estudiar en una facultad no es sinónimo ni de superioridad intelectual, ni de mejores resultados en el pasado, en el presente, ni en un futuro a medio y largo plazo (trabajo, formación,  oportunidades, etcétera).

Esta es una afirmación terriblemente aplicable a las humanidades, pero no menos a ciertas ingenierías y otras carreras técnicas: la igualdad de oportunidades se confundió con una igualdad de resultados, y así todo dios puede ir a la facultad y, aunque tarde, salir con un título bajo el brazo. En suma, además, no existe el término medio aquí: todo debe ir orientado a un resultado mercantil: estocada que, como es esperable, sesga de un único tajo muchas de las carreras tradicionales y reorienta muchas otras hasta su misma extinción.

El Roto - Universidades (El País)

Por el contrario, no existe una diferencia real más allá de la nota de corte. A menudo, incluso esta es la menor de las preocupaciones si no aspiramos a carreras con una gran carga de responsabilidad, como Medicina, o excesivamente solicitadas por parte de los futuros estudiantes. Pero yo no tengo ni idea de carreras técnicas, así que me centraré, desde el principio, en las ciencias humanísticas.

Lo que sé de las Ciencias Humanas es que no importa un nueve o un cinco, aprobar a la primera o a la quinta, y que gran parte de lo que cualquier estudiante medio aprenderá en sus años universitarios no será aplicable en su futuro.

Y todo ello es  fenomenal para muchos alumnos, en esencia para aquellos mediocres que alargan su adolescencia entre cuatro y ocho años más, y también para los padres sin estudios superiores, que reviven sus sueños de juventud a través de su propia descendencia. Para las universidades tampoco está nada mal, rentabilizando carreras a precio de oro, con profesores que ofrecen contenidos lineales para todos los públicos, suficientemente superficiales para no crear conflictos y no exigir demasiado y repletas de exposiciones gracias a Bolonia, con gente que no tiene nada que decir todavía disertando frente a terceros que están obligados a escuchar a todos y cada uno de sus compañeros. Súmale a ello las becas, donde solo un pequeño porcentaje van dirigidas a estudiantes con buenas calificaciones, mientras que una gran mayoría funcionan por renta, desplazamiento o material.

Menudo panorama, ¿verdad?

Quizá es cierto que las humanidades no están en su mejor momento. ¿Pero por qué? El columnista colombiano Gabriel Silva, hablando sobre el escaso valor de la filosofía en su país, decía: «Se han quedado tan cortos los paradigmas, los valores, los conceptos, las ideologías, las interpretaciones, las lecturas y las formas de ver el mundo, frente a lo que es la realidad, que la única forma de describirlo es que somos víctimas de un desconcierto colectivo y global.» 

¿Qué pensará de España, dónde filosofía como materia ya no es que desaparezca del Bachillerato, sino que tampoco funcionó nunca sin un verdadero maestro que no se limitase a presentar a sus alumnos una Historia de la Filosofía mal encubierta?

Pero en este caso, Silva no centraba su opinión a través de esa vía: las FARC, el ISIS o la reaparición de totalitarismos son el resultado de una lectura errónea del mundo que nos rodea, y todavía peor, de la falta de conocimiento y de formación que nos permiten generar nuevas corrientes de pensamiento. El arte, la literatura, la historia o la filosofía no son meras herramientas a través de las que echar un rato de postureo en la cafetería hipster de la esquina, sino las vías sobre las que se conforma cualquier sociedad moderna.

Así, pensar es, a todos los efectos, el primer gran problema con el que nos hemos encontrado todos desde pequeños, pero no el único, y quizá tampoco el más grave, puesto que, quien más, quien menos, ve en pensar algo natural, hasta que se desnaturaliza: mejor estudiar aquello que se nos dice que debemos estudiar, trabajar de aquello que la sociedad más demanda y pensar solo en la justa medida en la que le interesa al sistema.

Olvidamos por el camino que, todo lo que sucede hoy, no es más que un cúmulo de errores heredados del pasado; citando a George Steiner en la entrevista de Borja Hermoso en El País: «Cuando uno ve que alguien como Donald Trump es tomado en serio por la democracia más compleja del mundo, todo es posible.»

George Steiner
Foto de archivo de George Steiner. Os recomiendo la lectura del texto No hay lengua pequeña de la 21ª Edición de los Premios Príncipe de Asturias .

Trump no usa un discurso nuevo, solo populista; el mismo discurso que ayudó a los fascismos a conseguir el poder hace un siglo, y que ningún país del mundo occidental se ha esforzado lo suficiente en desmontar.

Nos acercamos a la segunda base ahora: el error. Todos nos equivocamos, todos fallamos constantemente; todos creemos que el Che Guevara era un tipo cojonudo, y que Lenin planeaba algo interesante en la Unión Soviética y Stalin era un cabronazo, y que Nietzsche molaba un huevo, pero era un coñazo tener que estudiar a Kant con dieciséis años; o quizá tú tienes otras figuras más allá de la política, la música o la filosofía con la que yo subí.

No importa. Lo imprescindible es tener figuras, creer en utopías, razonar, equivocarnos, corregir nuestros esquemas mentales día tras día.

Ninguno de nosotros acertamos a la primera, y tampoco los grandes pensadores, filósofos, gobernantes o filántropos que han existido, pero llegaron a un punto concreto a través de la prueba y el error.

Hoy, nos educan y nos previenen contra la atiquifobia, el miedo al error, pero no nos dejan pasar ni una. No existen las segundas oportunidades; tenemos que ser los mejores; debemos estar constantemente informados, generar opiniones, ampliar nuestras competencias, correr constantemente hacia delante, ser más rápidos, más competitivos, mejores.

Fragmento de la entrevista a George Steiner en El País:

P. El ruido y la prisa… ¿No cree que vivimos demasiado deprisa? Como si la vida fuera una carrera de velocidad y no una prueba de fondo… ¿No estamos educando a nuestros hijos demasiado deprisa?

R. Déjeme ensanchar esta cuestión y decirle algo: estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió: fascismo, nazismo, comunismo… pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto. Nos hemos equivocado en todo, en el fascismo y en el comunismo y, a mi juicio, también en el sionismo. Pero es mucho más importante cometer errores que intentar comprenderlo todo desde el principio y de una vez. Es dramático tener claro a los 18 años lo que has de hacer y lo que no.

Para solventar todo esto, lo más sencillo es adaptarnos a las normas sociales; no salirnos; no desviarnos; todos debemos aspirar a trabajar en una startup y hacer un posgrado en nuevas tecnologías; mañana, quizá debamos replantear nuestra carrera profesional, movernos hacia otro sector, aprender de finanzas, de comercio electrónico o de ética laboral; sin ver que no se pueden crear mentes adaptativas a través de la restricción y la obligación de adhesión a contextos impuestos, concretos y limitados.

Miedo al fracaso (viñeta)

¿Pero qué ocurre, entonces, con las ciencias humanas? ¿Cuándo se inició el acoso y derribo a las mismas?, ¿desde qué vías y a través de qué sectores? Lo más plausible es que, antes de creer que la Filosofía murió a manos de la Física, deberíamos preguntarnos, si acaso, qué nos enseña esta: a relativizar lo que vemos y oímos, a generar opiniones propias, y a cometer errores, y a crecer.

Quizá a través de la Filosofía algunos se volvieron estoicos, o eremitas, ¿pero quién puede culparlos en este mundo que hemos terminado por vaciar de ideas y condenado a repetir los errores del pasado?

Sobre el tiempo de zurcir un calcetín

La semana pasada surgió una idea de lo más tonta y, como suele ocurrir, lo hizo en el lugar más insospechado y de la forma más extraña. Frente a mí, la madre de mi pareja mi suegra me preguntaba desde el dormitorio por qué no zurcíamos un calcetín viejo con un agujero que había recogido del suelo.

La miré. Miré el calcetín. Y lo tiré a la basura. Me pareció una tontería. ¿Para qué zurcir algo cuya durabilidad era ya escasa? Pero todavía más importante: ¿de dónde sacar el tiempo para hacerlo? ¿Existía aún tiempo para ese tipo de cosas o habían quedado en el pasado? Evidentemente seguía habiendo gente que zurcía calcetines, pero entre los más jóvenes (y no tan jóvenes) esa era, cuanto menos, una especie exótica. Sigue leyendo «Sobre el tiempo de zurcir un calcetín»

La vida en si bemol (III)

Esta es una entrada (o artículo) fundamentalmente marxista, en un sentido filosófico, por lo que quizá no guste a aquellos que sean reacios a los planteamientos marxistas o cercanos a la izquierda hegeliana en general; tampoco gustará a los de siempre: a los seguidores del statu quo; ni a mi madre, porque a ella le gustan más otros temas.

Dicho esto, prosigo y hoy entro directo. Si no existe nada más (o no tenemos seguridad al respecto), ¿por qué trabajar? Si solo existe este mundo, ¿por qué no lanzarse a descubrir otros países y regiones, otros atardeceres y a otras personas a las que, de otro modo, nunca conoceremos?, ¿por qué no empezar a caminar más, a saltar por la calle como en los anuncios de compresas, a pensar (más allá del trabajo y de la novia o del novio), a reír, a follar…? ¿Por qué no evitar limitarse? ¿Por qué no vivir?

En este mundo, el trabajo ocupa entre un tercio y la mitad de la jornada diaria, como mínimo, y sea tu profesión o tu tormento diario, rápidamente se convierte en tu única ocupación y en un verdadero impedimento para ser libre.

Con respecto a todo ello, me encantó el artículo siguiente:

Tu estilo de vida ya ha sido diseñado (la verdadera razón detrás de trabajar más de 40 horas a la semana)

Fuente original: Your Lifestyle Has Already Been Designed

Todo esto queda sujeto a debate, por supuesto, pero por mucho que patalees, niegues o busques excusas, seguirás trabajando más horas que un esclavo en la Antigua Roma, y eso es indicativo, ¿no crees?

Sobre el trabajo

El sistema capitalista no precisa de individuos cultivados, solo de hombres formados en un terreno ultraespecífico que se ciñan al esquema productivo sin cuestionarlo.

Miseria de la filosofía (Karl Marx, 1847)

Incluso cuando ese trabajo nos apasiona, también nos reduce a una jaula de oro. Trabajamos (todos, en mayor o menor medida) en cosas que no queremos para comprar cosas que no necesitamos, podría decirse. O citando un artículo previo en este mismo blog: “Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos (Tyler Durden, El club de la lucha, 1999).” Vale, de acuerdo. Quizá no odies tu trabajo, pero haces miles de cosas que no quieres hacer, ¿miento? Sí, necesitamos pagar las facturas, y el agua, y la luz… y comprar cosas.  ¿Pero cuántas de esas cosas que tienes en tu habitación no utilizas? ¿Y en el resto de tu casa?

Además, la frase anterior va mucho más allá. Esa frase es todo un párrafo que dice así:

La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.

Si estás leyendo, es muy probable que seas un miembro de la generación Y. La generación de los papás y las mamás. La generación de las cosas sin esfuerzo, de los problemas que nunca fueron problemas, de los deseos de otros. Esos a los que ahora llaman milennials y meten a todos en el mismo saco. Tú no quieres ser tu padre, ni tu madre, pero te da demasiado miedo pensar quién quieres ser, ¿o no? Quizá quieres ser alguien totalmente diferente, o quizá, simplemente, quieres descubrir qué o quién quieres ser. Pero no puedes.

Aun así, sé quién no eres. No eres el tío con traje que triunfa en Wall Street; y probablemente ya no quieras ser obrero, zapatero o carnicero con todo lo que supone; no quieres ser ese que madruga, o ese otro que tiene miles de euros en facturas cada mes y no sabe cómo; no quieres ser el que espera toda la semana por una cena carísima que no disfruta y desde luego no anhelas ese deportivo, ni ese traje de marca… Pero tienes todo eso, e incluso estás educando a la siguiente generación para que cometa tus mismos errores, ¿verdad? Eso si has tenido tiempo para plantearte lo de los niños…

Escena de la película V de Vendetta (James McTeigue, 2005).
Escena de la película V de Vendetta (James McTeigue, 2005) que ejemplifica un gran número de problemas éticos de la sociedad moderna y posmoderna: entre ellos, el individuo frente a la masa, la defensa de la individualidad, la permanencia del statu quo…

Uno de cada cuatro europeos de nuestra generación tiene título universitario, y esta cifra sigue subiendo. Hoy, ya no es cuestión de conseguir o no conseguir trabajo (que también), sino de darse cuenta de cómo estudiar se ha convertido, la mayoría de las veces, en un pasatiempo, y no en una formación que nos permite dirigirnos hacia aquel objetivo que queremos cumplir o alcanzar; todo lo que hace es denotar aquello que querríamos, o quisimos una vez, pero no. Y seguimos aguantando, con nuestros títulos bajo el brazo. Sí, de vez en cuando miramos hacia dentro, pero rápidamente obviamos todo lo que nos echamos en cara día tras día (tenemos práctica), y seguimos adelante.

Piensa en ello. ¿Por qué trabajamos? Para vivir, o sobrevivir, según el caso; y cada vez es más difícil (más caro) hacerlo. ¿No debería ser más sencillo? Qué irónico, ¿no? Por mucho que un grupo se esfuerce, eso no parece estar totalmente vinculado al resultado; ¿qué falla entonces? Quizá nos han hecho creer que somos dueños de nuestro futuro, pero no es cierto; quizá los bancos que rescatamos de la ruina y nos desahucian, los políticos al servicio del sistema financiero y no de los ciudadanos y el no pensar en todo esto, tiene algo que ver, ¿no crees?

Aun así, una buena parte de la culpa es nuestra; deja de engañarte. Para empezar, la gente no estudia por afán de saber, lo hace por utilitarismo (¿o no?, ¿qué porcentaje de universitarios con vocación crees que hay?); si ya has entrado en la rueda, no te quejes porque sigue girando y haciéndote bailar a su son.

Pero lo malo de verdad es que la gente no quiere trabajar; la gente, en general, no trabaja por preferencias (vocación), y ni siquiera lo hace para ganar dinero tampoco; primero lo hace porque lo tiene que hacer (se nos inculca esa necesidad), después, lo hace porque no tiene más remedio (nos engulle el sistema); al final, cuando ya no tiene por qué hacerlo (el sistema ya ha amortizado el capital humano), ya es tarde para casi todo (¿soy al único al que le parece triste esperar a la jubilación para hacer cosas que ya nunca harás, o que ni siquiera te harán gracia cuando, por fin, puedas hacerlas?). Es algo sistémico, pero ni por un instante se nos ha ocurrido empezar a tender puentes hacia el cambio.

Desde mi óptica, la religión tiene, en mayor o menor medida, todo eso dentro, y además, parte de la culpa, pues no somos más que sociedades tradicional y culturalmente católicas (o cristianas) que han secularizado esos preceptos, y eso está bien. ¿Qué hay en el interior de cualquier religión sin pervertir? En su interior tienen una pizca de socialismo, una pizca de supervivencia y una pizca de libertad, pero colectiva. Pero también una buena dosis de control y pertenencia al grupo, ¿o no? Ahora, cambia a Dios por dinero y poder financiero. Exacto.

La religión como tragedia

Los mitos originarios dentro de la religión (y también de la mitología) tienen una función educativa básica, porque el dogma es algo útil desde nuestros orígenes. Honrarás a tu padre y a tu madre, conserva el orden social; no robarás no matarás son buenos consejos que mantienen la estabilidad y el respeto del grupo, pero no amarás al prójimo sobre todas las cosas literalmente. ¿Estás pirado?

Dentro de la misma tradición grecolatina tenemos un ejemplo evidente: Edipo rey, una tragedia clásica que nos explica la investigación del actual rey de Tebas, quien busca al asesino de Layo, su predecesor, descubriendo que él mismo es hijo de Layo y Yocasta, su mujer y madre, quien se suicida poco antes de que Edipo decida cegarse a sí mismo por la vergüenza de sus crímenes inconscientes (y no se lo piensa demasiado, en serio, le echa un par).

Sófocles
Sófocles (496-406 a.C.), dramaturgo y autor de obras como Antígona o Edipo Rey.

La tragedia griega ha de suceder a causa del destino (¿te acuerdas, no?, eso que los griegos decían que podían burlar, mientras los dioses se partían la caja demostrándoles que no). En este caso, el castigo ocurre por lo antinatural de toda la escena en sí; todo ello mantiene una relación clarísima con cualquier tradición cercana. ¿Qué ocurre si Edipo decide aceptar lo ocurrido? Al fin y al cabo, shit happens, ya lo dicen los ingleses. Probablemente, la sociedad no lo aceptaría, ¿verdad?

Esto es todavía más evidente en Antígona donde el valor de la familia o el valor religioso jamás pueden estar por delante de los valores de la polis. Como diría George Steiner (buscadlo en Antígonas, la travesía de un mito universal por la filosofía de Occidente si no me creéis) se concentra aquí el conflicto principal entre público y privado, es decir, entre sociedad e individuo, y se completa con el conflicto entre hombres y mujeres (2), juventud y vejez (3), seres humanos y dioses (4) y vivos y muertos (5).

Por involuntario que fuese su parricidio, el pueblo se levantaría en armas para derrocar a Edipo, incluso en su época de máximo esplendor. Y es probable que muchos más lo hiciesen para castigar el complejo de Edipo antes que para vengar al antiguo rey.

Lo mismo ocurre con el trabajo. ¿Qué ocurre si dejamos de trabajar? ¿Moriríamos de hambre? Es poco probable. Hay mucha gente que no trabaja y sigue viva. Quizá pidan, o quizá roben, pero no mueren por no trabajar. Es muy diferente lo que hacen para vivir, pero ahora no vamos a entrar en si es más legítimo vivir esclavizado al trabajo para no hacer nada moralmente reprobable, o no trabajar con ciertos riesgos éticos o morales. De igual modo, sería absurdo no trabajar si tienes verdadera vocación (de vida) por lo que haces, pero son casos extremos, y no la norma que hemos analizado a lo largo de este… bueno, llamémoslo artículo.

Es posible que no pagásemos las facturas, y que acabásemos viviendo en la calle. ¿Pero y si nadie las pagase? En tal caso, es probable que nadie viniese a sacarnos de nuestra casa, o de la casa de quien fuese, porque tampoco habría nadie trabajando, sino que probablemente cada cual viviría sin necesidad de trabajar ni pagar por vivir en una casa. Y el sistema se desmoronaría. Porque es necesario trabajar para pagar el alquiler, y con el alquiler pagado, un tercero vive, y ese paga otro alquiler, o utiliza el excedente para invertir o gastar en otra cosa. El sistema capitalista debe mover el dinero para seguir funcionando, y es el único sistema que hemos conocido que funciona medianamente bien, ¿o no?

Nada de esto es así de sencillo, ¿verdad? Pero es importante que no olvidemos que a vivir la misma vida durante sesenta, setenta u ochenta años poca gente lo llama vivir. Así que podríamos plantearnos hacer algo al respecto. Algunas personas abogan por matar a su jefe —en sentido figurado, no nos emocionemos—, otras prefieren aceptar, tragar y perpetuar el sistema. No obstante, esto no termina por emprender un negocio por cuenta propia, sino que requiere un cambio total en la estructura.

101 formas de matar a tu jefe
101 Ways to Kill Your Boss, de Graham Roumieu.

Para terminar, e irónicamente volviendo al principio, no podemos más que aceptar que Karl Marx se equivocó (o aceptó plenamente, depende de cómo se mire) cuando dijo que las fuerzas de trabajo serían sustituidas por la tecnología (con aquella idea tan moderna de vencer a la naturaleza, si alguien se acuerda de lo que hablo), reduciendo la carga laboral y consiguiendo un mundo donde el ocio y el conocimiento primase por encima del trabajo y la clase (social). Más de cien años después (y de ciento treinta también) parece que el modelo no ha cambiado, sino todo lo contrario. El capitalismo se ha impuesto durante más de un siglo alrededor del mundo, en dos niveles bien diferenciados: opresores y oprimidos, con tres bases bien delimitadas: industria, desigualdad y vida laboral.

De esto seguiremos hablando, pero ahora que no son los negros ni los sudamericanos quien pasan hambre, y podemos ver cómo también millones de personas de nuestros propios países y ciudades rebuscan sobras en la basura quizá es hora de preguntarse: ¿qué llegará antes, el colapso de este sistema o la esclavitud firmada?

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La parca

En aquella pequeña buhardilla, el tiempo transcurría de un modo especial: los inviernos proseguían hasta el hastío y los veranos se estiraban durante tantos meses que parecía que no encontrarían jamás otra estación a su paso.

Allí, una figura arrugada y marchita languidecía paso a paso a través de la habitación, empujada por la fuerza que otorga el hábito. Esto no siempre fue así, garabateó en un folio, ya cansado de que sus palabras se perdiesen entre aquellas cuatro paredes devoradas por la humedad. Antes, el tiempo correteaba alrededor nuestro sin control, con cierto deje burlón, prosiguió a su ritmo. Tras su muerte, se convirtió en un ente maleable e, incluso, pusilánime que demostró haber perdido el interés. “Quizá”, rumió el viejo, “solo conspiró para arrebatarme a mi mujer y, ahora, no tiene sentido seguir atormentando a una pobre alma en pena”.

Pudiera ser que estuviera maldito, o que se le hubiese concedido la inmortalidad, ya que la ausencia de un tiempo tácito le acercaba más que nunca al concepto. Por otra parte, puesto que sus pasatiempos eran ya pocos y sus intereses escasos, el viejo se preguntaba qué podía hacer más que esperar a la parca. Ella, quien nunca había faltado a una cita, parecía retrasarse una eternidad tras otra.

Allí, en aquella montaña inmortal que nunca le agradó demasiado, el anciano ya había leído y releído a los clásicos, y ni la literatura, ni la cinematografía, ni tan siquiera la propia humanidad le despertaban interés alguno.

Finalmente, esa tarde, decidió que la melancolía se materializase en la niña que una vez fue su esposa. Sentada en el lecho y con aspecto monocromo, la cría empezó a mirarle con esa mezcla de suspicacia y esmero que tanto repitió en la adultez.

—¿Qué hago aquí de nuevo? —inquirió la pequeña.

—Compañía a un vejestorio —contestó él.

El viejo se maldijo por no haber hecho miles de fotografías a su esposa, teniendo que contentarse con la compañía y la visión de esa pícara que, poco a poco, había consentido y malcriado él mismo entre ensoñaciones.

La niña se sentó a su lado un largo rato, pues había aprendido a conceder un espacio a la melancolía, a la pesadumbre y a la soledad. A menudo, tras comprobar que el viejo estaba agotado de rememorar, tenía la delicadeza de salir de puntillas de la habitación antes de perderse en el recuerdo.

Aquella tarde sin embargo, agarró su mano con material crudeza y le obligó a pasear por la casa, el patio y el jardín exterior antes de permitirle volver a refugiarse en su buhardilla. Lejos de miradas curiosas, siempre perdido entre sus propios desvaríos, ni un alma turbaba a aquel hombre, puesto que nadie sabía a ciencia cierta si este seguía vivo o criaba malvas. Y, en el fondo de su corazón, incluso él, bajo tal certeza capital, dudaba de su condición, pues la piel de gallina y ese grato y esporádico hormigueo en el cogote eran los únicos indicadores vitales de los que se había podido proveer.

Las últimas horas del crepúsculo pasaron tan despacio aquel día que la niña creció durante lustros enteros, ganando en el proceso, raciocinio, sensualidad y belleza. La muerte no es más que la sucesión de historias e instantes perdidos, le explicó su mujer. Como el viejo no mantenía en la memoria demasiados momentos, la niña había tenido que crecer a pasos agigantados y vestir aquel traje de boda que todavía descansaba, ya apolillado, en una caja de la buhardilla. Sin prolegómenos, su mujer se había desecho del velo por derecho propio y, harta de recogerse la falda, permitía que se llenase de polvo a su paso por la habitación.

—La inexistencia divina o la imposibilidad de probar con certeza empírica la existencia de un dios, acerca su condición y la nuestra hacia esta tendencia —reiteró el viejo, una y otra vez.

—Aburres a los muertos. Invocas a los difuntos para sermonearlos sobre ciencia y teología.

—Cuando mueres, desde una óptica personal, el mundo desaparece contigo —prosiguió él, haciendo caso omiso a su pareja. —Si bien, a modo global, esa esencia tuya que se pierde en el mundo, permanece durante varias décadas aquí, a través de tus seres queridos y, quizá, de tus acciones pasadas. Aquello que permanece de forma temporal, seas tú, yo, o la higuera que plantamos inviernos ha, desaparecerá. Finalmente, cuando no exista nadie que pueda pensar en ti, tú desaparecerás; igual ocurrirá con el mundo, puesto que este no es nada sin alguien que lo piense.

Después, ambos quedaron en silencio durante un tiempo indeterminado. La buhardilla volvió a enmudecer, como si el crujido de la madera o el viento no tuvieran cabida entre aquellas puertas y ventanas.

—Qué joven estás. Te echo tanto de menos… —musitó el viejo.

—El tiempo es quien da valor a las cosas —contestó aquel fantasma sin velo.

—Y desde luego también se lo quita.

—Es cierto.

La mano temblorosa del viejo buscó algo a lo que aferrarse, pero solo encontró la palma de su joven esposa.

—Nunca imaginé que sería un toque tan cálido —dijo.

El texto original está en mi página web; haz clic en el siguiente enlace: La parca.

La vida en si bemol (II)

La perspectiva de vida y muerte que estamos desgajando tiene un núcleo antropocéntrico que pone al ser humano como medida de todas las cosas. No quiere decir esto que el mundo exista, físicamente, gracias a que los seres humanos (o humanoides, o alienígenas con conciencia, etc.) existan, respiren y piensen, pues el mundo en sí mismo podría existir perfectamente (y mejor) sin necesidad de conciencias, pero solo existiría en la medida en que lo haría la diosa Visnú si viviese en el centro de la Tierra y nadie la viese, ni pensase en ella ni intentase probar su existencia en toda la eternidad. En otras palabras, si no existen consciencias capaces de pensar en el mundo, ahora o en un futuro, no es relevante que el mundo exista o no.

Otra forma de vivir

De este modo, mientras la física nos dice que somos innecesarios (1), que podemos estudiar el universo por su juventud (2) y que es probable que ni un Dios como el de las religiones monoteístas ni los dioses de cualquier otra doctrina existan, la razón parece susurrar que la respuesta de la existencia y la supervivencia de la especie debe quedar en manos humanas.

La religión vuelve al argumento de la causa primera para entender todo lo que hay a nuestro alrededor, no da pruebas, sino que se explica mediante la ausencia de las mismas. Es decir, a diferencia de la ciencia, y ayudada por la fe, la religión nos dice que existe el monstruo del lago Ness y, como no hemos podido verlo nunca, deberían probarnos que no es así. Racionalmente, el argumento de un Dios cristiano es tan viable como la existencia de un Monstruo de Espagueti Volador (Flying Spaghetti Monster), como puede comprobarse a través de la crítica ontológica que hace el pastafarismo (Henderson, 2005). Por suerte, o gracias a Dios (quién sabe si es un tío verdaderamente gracioso), la argumentación religiosa tradicional es circular: se basa en a) libro sagrado, b) dios, c) fe; todo lo anterior es creación humana, pero se le atribuye la condición de divina y, paralelamente, se hace una lectura que se legitima en ambas direcciones: el hombre legitima a Dios, y Dios legitima al hombre.

Monstruo espagueti
Es el Monstruo de Espagueti Volador, you know.

La respuesta más simple (agnosticismo o ateísmo) es que no existen pruebas que nos puedan hacer creer en esto, sino que la existencia se fundamenta en un “haber” que recoge en su sino miedo, tradición (el paso del mito al logos, por ejemplo) y frustración por la incomprensión: no nos gusta aquello que no entendemos, pero muchos somos demasiado vagos para dedicar demasiado tiempo a pensar en una solución lógica que se adecue con la realidad, por lo que solemos tener la capacidad de conformarnos con algo intermedio.

A través del Big Bang, la teoría M y la teoría de cuerdas, la física, en cambio, explica el porqué, y debería ser un deber humano aprender qué y cómo ocurren las cosas; a diferencia de la religión que busca una aceptación, la ciencia busca la razón. ¿Por qué?

Como seres humanos, nuestro proceso natural es nacer, crecer, envejecer y morir; por el camino, podemos decidir reproducirnos (es divertido), y poco más. Aquí no vamos a entrar en perspectivas freudianas, pues me parece una soberana tontería legitimar la propia existencia a través del sexo, y mucho menos marxistas (o capitalistas que, al menos, en esto, no difieren tanto) que, en última instancia, se definen mediante el trabajo. De igual modo, no veo sentido a perder el tiempo hablando de clásicos, porque estos (bueno, Aristóteles) nos llevarán a Kant y a su Idea para la historia universal, y de ahí al desarrollo histórico de Hegel, o a las ideas de Marx está el canto de un duro.

Ahora, nos asaltan tres problemas mucho más graves que los anteriores, pues no condicionan nuestra no-existencia, sino nuestra existencia-presente. ¿Qué quiere decir esto? Principalmente que tenemos dos opciones: buscar una solución a la muerte (no os riáis), o aceptarla con estoicismo como se viene haciendo hasta ahora. Al margen, sobre todo las generaciones cercanas a la mía y, en especial, la mía (generación Y, o milennials según he oído) no tenemos ningún interés en forjarnos un futuro, y hemos quedado bastante tocados con el tema de que no haya trabajo, ni seguridad económica, ni valores universales… Nosotros, vemos corrupción, un futuro negro y un presente por vivir, y firmamos porque no hay más cojones, ¿o no?

Sin embargo, a la vez, si no hay futuro, nos hacemos un poco más punks y nos gustan más todavía los Sex Pystols que a nuestros padres. Y nos preguntamos: primero, por qué trabajar; segundo —que podría definirse de una forma un tanto más abstracta—, ¿por qué preocuparse, o por qué tomarse la vida tan en serio?, y, tercero, ¿por qué aceptar la muerte? Hace cien años, la tercera pregunta se resolvía rápidamente de un modo similar a como se había hecho siempre: “No hay otra opción”, se decía; ¿y ahora? ¿Sigue siendo así? Bueno, vamos con las dos primeras.

(Y continuará. Lo siento de nuevo.)

La vida en si bemol (I)

Otra forma de morir

Voy a escribir unas cuantas líneas acerca de un pensamiento curioso que, a menudo, me amenazaba. Quizá algún autor —o cien—, ya haya descrito algo así, pero creo que sigue siendo interesante volver a plantear la conciencia de muerte en los términos que detallo a continuación.

Eso sí, empieza a abrir un poco tu mente, o pírate.

Sobre la idea tradicional de muerte y la que se nos viene encima

Si no quedan conciencias que piensen en el mundo, no existirá mundo que pensar.

Para empezar, podemos comprender la vida como una melodía de diferentes notas, la clave de sol y el pentagrama serán definitorios para encuadrar el concepto de “vida”, así como para nosotros lo es el respirar, el percibir o el comer; sin embargo, bajo estas premisas, una vida puede ser expresada en LA menor y SOL bemol a través de las corcheas y las semicorcheas, mientras otra suena en SI séptima y en FA sostenido a través de negras y blancas: aquí, sumando los instrumentos a lo anterior,las posibilidades son tantas que resultaría imposible que dos melodías fuesen exactamente iguales; de igual modo, por muchas personas que nacen y mueren, nunca dos personas son exactamente iguales, pues en tal caso deberíamos afirmar que se trata de la misma persona; y aun así, una persona está condenada a vivir diferentes momentos del tiempo —razón por la que podríamos dudar incluso de si se trata del mismo sujeto. Después, seguirá condenado a vivir una serie de experiencias variables entre el nacimiento y la juventud, entre la madurez y la muerte, cuyo control será siempre relativo por su carácter absoluto: trabajar o no tener dinero, por ejemplo; vivir sin dinero o pasar hambre, etc.

La vida en SI bemol
La vida en si bemol pretende ofrecer una aproximación distinta frente a los procesos de existencia y no-existencia. (Imagen de Freepik)

Más tarde, cuando llega la muerte, todas las experiencias que han conformado la vida de una persona —y que en gran parte todavía la constituyen en su memoria—, desaparecen. Por regla general, se nos ha enseñado que lo que desaparece es el individuo, cuya memoria probablemente pervivirá en pequeños fragmentos de otras mentes (amigos, familia, etc.) durante un breve periodo de tiempo. También podríamos afirmar que todas esas experiencias vividas, no son suficientemente nítidas en la memoria como para conformar más que un recuerdo, y un dato en la memoria frente a una conversación casual no difieren tanto, por lo que podríamos decir que, más allá del presente inmediato (eterno presente), la vida no existe; sin embargo, esta idea  merece su propio espacio en otro momento.

Por el contrario, para esa persona (llamémosle “individuo A”) no es ella quien desaparece, sino el mundo (él, o ella, desaparece en la misma medida en que lo hace el mundo a sus ojos; la única diferencia es que el mundo pervive a los ojos de muchos otros). Así, si uno de los miembros de una familia muere, todas las experiencias no compartidas, todo lo que estaba a su cargo, todas las acciones y potencialidades de las que este sujeto era posible, desaparecen con él.

Evidentemente, no todas las personas somos brillantes del mismo modo. No todo el mundo podría haber conseguido la abolición de la esclavitud de los EE UU, de lo que se deriva que las potencialidades difieren también en número o nivel; sin Abraham Lincoln quizá jamás se habría empezado a tomar conciencia de ese problema; si Salinger no hubiese escrito El guardián entre el centeno, quizá Kennedy (JFK) no habría muerto; si el F.C. Barcelona no hubiese fichado a Ronald Koeman en 1989 es posible que jamás se hubiese marcado ese gol decisivo en la prórroga que daría la primera Copa de Europa al equipo, etc. Respecto a todo ello, no solo afectaban las potencialidades particulares de todos estos individuos y sus respectivas gestas, sino también aquellas potencialidades que afectaron en menor o mayor medida a esas acciones, luchas o decisiones.

Visto así, podemos afirmar que cada conciencia afecta al mundo de forma similar a como el mundo afecta a cada conciencia y, así, llegamos rápidamente a una aseveración universal: si no quedan conciencias que piensen en el mundo, no existirá mundo que pensar; en otras palabras: no será relevante que el mundo exista o no. Pensar en el mundo, y en todo lo que este contiene, es aquello que nos hace humanos. Esta idea está notablemente cerca de lo que creía Epicuro de Samos frente a la muerte: “cuando soy, ella no es; y cuando ella es, yo ya no estoy”, con la connotación manifiesta y universal de que, si no somos, ya nada es.De todo ello podríamos concluir que (1) si no existen conciencias o potenciales conciencias capaces de pensar el mundo, ahora o en un futuro, no es relevante que el mundo exista o no; y (2) mientras existan conciencias, el mundo existirá.

(Continuará. Lo siento.)

Libros que hay que leer

Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.

Jorge Luis Borges

Dostoievski
Fiódor Dostoievski, a quien se le veía el cartón.

Hoy hace cien años que nació Albert Camus, y me parece excusa suficiente para redactar la entrada que viene a continuación. Si la lectura les parece una actividad del todo frívola, quizá sea momento de plantearse qué lee usted, qué lee la gente y qué puede leer; pues no seré el único que les diga que la literatura es un placer y que los buenos libros inhiben, emocionan, crean adicción, instruyen y envejecen con dignidad. Por su parte, a mi parecer, los malos parecen vagar entre el pasatiempo y la pérdida de tiempo.

Valle-Inclán pelazo
Valle-Inclán, escritor que conservaba «pelazo» y barba.

Quizá el único problema, como ocurre con cualquier otra afición, es que tenemos un lapso concreto para leer y, a la par, somos más conscientes de ello a causa del esfuerzo intelectual que supone. Entonces, como en todos lados, hay optimistas y hay pesimistas realistas. Aquí, los optimistas te dirán que no hay un libro que no enseñe algo, por el contrario, los pesimistas  realistas te aconsejarán que te centres en los buenos productos y que no seas aventuro(a), porque tu tiempo de lectura se limita, como mucho, a unos cuantos lustros.

Al final, cada cual aguanta su vela, así que lo que lea el resto a mí plim. No obstante, de vez en cuando, algún individuo o alguna “individua” me piden que les recomiende algo. Yo siempre tiro por lo clásico y, a menudo, eso no gusta, ¿pero qué mejor forma de no equivocarse?

  1. Clásicos: La Biblia, El Corán y La Torá; también la Ilíada y la Odisea. Desde la tradición oral, la figura de Homero recoge el mayor relato del mundo antiguo mientras que  los libros más sagrados de la Historia (con la hache mayúscula, como decía Perec) recopilan historias y enseñanzas básicas, cuyo patrimonio abarca varios siglos.
  2. Los cuentos del grial, de Chrétien de Troyes, que le da mil vueltas al Roman de la Rose como paradigma de la gesta y del mundo caballeresco.
  3. La Divina Comedia de Dante, como exponente de la transición entre el mundo medieval y el renacentista; una obra maestra de la literatura universal.
  4. El ingenioso hidalgo don Quijote, de Miguel de Cervantes, donde el amor cortés y la caballería se convierten en la visión de un loco en la modernidad.
  5. Los Ensayos de Michel de Montaigne para entender al hombre.
  6. Madame Bovary (Gustave Flaubert), En busca del tiempo perdido (Marcel Proust) y El extranjero (Albert Camus) para entender Europa; quizá también La montaña mágica, de Thomas Mann.
  7. Memorias de la Casa Muerta y Anna Karénina para entender el Bloque del Este.
  8. Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckelberry Finn, como punto de partida de la literatura americana.
  9. El Ulises de Joyce para amar la escritura.
  10. Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez; o Ficciones de J.L. Borges, o Rayuela, de Cortázar. 

Y muchos más. Muchísimos.

Historia de una ida y una vuelta (II)

Mallorca (9)

Desde hace varios meses, aproximadamente desde que dejé de practicar kendō a causa de una hernia de disco que está en tratamiento, hemos acogido una dinámica curiosa. Salimos a pasear por los caminos que conectan los pueblos a través de la Serra de Tramontana: Mancor de la Vall, Moscari, Campanet, Selva, Caimari… Algún día que otro, nos pegamos una excursión hasta el Santuario de Lluc o cogemos alguna guía de senderismo y terminamos inventándonos la mitad de los recorridos.

Caimari, alrededores
Alrededores de Caimari

Durante el transcurso, por regla general, yo paseo a nuestra pastor alemán, de la que se ríen las viejas de pueblo alegando que tiene la espalda mal hecha, y Laura pasea se pelea con Argos, uno de nuestros mil leches. A través de la ruta escogida ese día, solemos hablar mucho, porque es la única forma de que mi pareja no se aburra, se canse de caminar y se decida a volver a casa —lo que ocurría más al principio, cabe añadir.

Como me tiene (casi) prohibidos algunos temas: como ética, biotecnología, robótica, creacionismo, determinismo, filosofía en general y videojuegos, historias e ideas de las que le haya hablado más de cien horas esa semana, a veces, tengo que improvisar. Y no siempre soy tan lúcido, fabuloso y soberbio como puede parecer, por lo que antes o después llega la típica pregunta del qué echarás de menos si nos vamos de aquí.

—Yo —le digo— echaré de menos la noche, la noche de verdad. Ver las estrellas en  esa oscuridad que los que vivimos en la ciudad no conocemos, sin tanta contaminación, ni ruido, ni luces.

—El silencio —contesta ella—. Ser dueña de muchos, muchos, muchos momentos de silencio.

—El espacio: no vivir enclaustrado en pisos de sesenta metros.

—Las cuatrocientas noventa y dos playas.

—Trabajar con las manos.

—Los paseos —le digo, cayendo en la cuenta.

—Los paseos —contesta.

—Podemos pasear en Barcelona ciudad —afirmo, casi como una promesa.

Entonces, los dos nos echamos a reír, pero es una carcajada un tanto amarga.