A través de una ética de mínimos

La mayoría de movimientos por los derechos de los animales han bebido y crecido amparados en el marco del activismo político. De este modo, en la actualidad, el veganismo filosófico y el antiespecismo son dos corrientes indisolubles que defienden otro nivel de respeto por la vida animal, considerando que el resto de especies no solo tienen derecho a la vida, sino que ese derecho debería ser respetado y sacro debido a un concepto clave sobre el que ya hablé aquí: la sintiencia.

En el germen de estos movimientos, no obstante, hay un gran número de discusiones, donde destacan, por ejemplo, la prevalencia de viejos patrones machistas entre algunos de sus miembros[1] o la defensa y preservación de animales —individuos— frente a la naturaleza, en el que una parte del movimiento apoya una visión objetivista en la cual la naturaleza es un ente al margen de la ética y otra, en cambio, defiende el subjetivismo y, en consecuencia, el intervencionismo necesario frente a un ciervo herido, un pájaro que se ha contagiado de parásitos o una hambruna que ha afectado a una población de caballos salvajes, dividiendo la crítica entre la opresión y la denegación de ayuda. En este caso, no hablamos tanto de una división entre ética animal y ética ambiental, tanto como de los distintos matices que pueden surgir en la primera y, a continuación, explico el porqué.

Gallus gallus - Tipos de especismo
Viñeta de Gallus Gallus que nos habla de los distintos tipos de antiespecismo: uno enfocado a reducir el daño infringido por los humanos y, en paralelo, otro dedicado a prevenir el daño que otros seres sintientes sufren en la naturaleza. Esta segunda ola de pensamiento se sustenta en que, si como seres sintientes y con capacidad de razonar, nos ayudamos entre nosotros, rechazar el especismo supone también ayudar a otros seres sintientes sin tener en cuenta su especie, lo que, a menudo, para algunas personas y activistas choca con las reglas propias de la naturaleza.

En este contexto, el antiespecismo y el veganismo siguen siendo indisolubles y sería muy complicado mencionar una decena de discusiones que enfrentan al movimiento, algo que sí resulta mucho más sencillo de hacer cuando incluimos ecologismo —cuya mayor preocupación es siempre global, y pocas veces basada en la defensa de los individuos no humanos, que son el único grupo que, pese a su enorme impacto a cualquier nivel, no entra en tela de juicio—, por ejemplo, y todavía más frente a términos como «animalismo» o «bienestar animal».

Hasta la fecha, el movimiento de liberación animal ha luchado contra cualquier tipo de explotación y discriminación de otras especies, a veces con graves consecuencias ecológicas, como el caso de los visones americanos en España[2], o mediante tácticas de ecoterrorismo, como el incendio de la granja Chinchilla Farm por FLA México. Otras muchas, lo ha hecho de forma pacífica, como demuestran todo tipo de movimientos de activismo individual o colectivo, como ejemplifica PETA, Anima Naturalis o Igualdad Animal.

De cualquier modo, la asunción de una filosofía y una actitud política en la defensa de los animales ha recogido siempre claros matices de imposición de un programa y difusión del mismo con el fin de ampliar el apoyo popular. Este texto no tiene la pretensión de probar que esta es una actitud contraproducente, pues no tengo ni los datos ni la seguridad de creer que existen alternativas políticas y de activismo más eficaces, sino de mostrar cómo polarizar el discurso no es la solución frente a la explotación animal y, del mismo modo, que la asunción de ciertos objetivos bienestaristas, que han sido ampliamente criticados en muchos círculos que defienden la liberación animal inmediata, pueden resultar muy útiles para mejorar la vida de millones de animales y cambiar los hábitos de vida, consumo e incluso la ética de grandes grupos de población.

Para ello, no obstante, debemos hablar sobre un concepto que, en la búsqueda de juicios absolutos, relegamos o desvalorizamos: la ética de mínimos. Se entiende por «ética de mínimos» la rama de la Filosofía práctica dedicada a encontrar una vía de mejora para el entendimiento y la comunicación en un asunto, centrándose en aquellas premisas o comportamientos mínimos que compartimos y que posibilitan la convivencia y la tolerancia.

La realidad es que no sabemos con total certeza qué estrategias son las más eficaces por los animales. Sólo recientemente hay  quien se ocupa de evaluar mediante métodos más rigurosos el impacto de diferentes intervenciones para determinar cuáles pueden hacer el mayor bien. Pero sí podemos concluir que la forma tradicional de plantear la reflexión estratégica -o bien se defiende que sólo debe educarse en la injusticia de toda explotación con el fin de abolirla, o bien se defienden prohibiciones o reformas con el fin de reducir los daños que los animales reciben- obedece a la simplificación de un problema complejo. Ello impide pensarlo de la forma adecuada, llevándonos a soluciones tan atractivas por su claridad y sencillez como probablemente falsas.

Fragmento de ‘Posición política: antiespecista’ de Eze Paez

La ética de mínimos es la base de cualquier tipo de bienestarismo político, y puede ayudarnos mucho en la búsqueda de ideas en común a través de las que articular nuestros discursos como activistas. Hoy, el antiespecismo o el veganismo tienen una ideología muy marcada, que a menudo ha sido tildada de «radical» por la mayoría de la población, puesto que, si bien no es un discurso impuesto, sí es común que parte de los activistas acojan claras posturas impositivas o de valoración moral, en vez de respetuosas y ejemplarizantes frente al interlocutor, como siempre deberían ser; por el contrario, su acercamiento es totalmente erróneo, ya que se basa en todos esos puntos que difieren entre vegetarianos estrictos y consumidores de productos de origen animal, entre antiespecistas y ecologistas, entre defensores de la tauromaquia y antitaurinos; todos los discursos políticos relacionados con la defensa de los animales hacen hincapié en los puntos del discurso que nos separan (en los que no coincidimos) y no en aquellos en los que sí.

anticaza-inglaterra
Saboteadores ingleses que boicotean la caza del zorro. Más información sobre el movimiento aquí.

Asimismo, es habitual que al cambiar este discurso impositivo («yo tengo razón por esto, esto y esto; tú estás equivocado por esto, esto y esto») por otros tipos de formas de comunicación que no sean taxativas se percibe como una debilidad e incluso una perversión de nuestras convicciones; en realidad, se trata de todo lo contrario: la mejor oportunidad para poder argumentar y convencer a nuestro interlocutor/a, siempre y cuando seamos consciente de que esta estrategia comunicativa y asertiva busca puntos de contacto con el interlocutor del activista, pero no modifica nuestro propio discurso interno.

Un ejemplo común de esta dinámica entre veganos es poner en evidencia a los demás moral e intelectualmente. Es decir, implicar que el otro es menos inteligente y menos ético, a menudo porque no está de acuerdo con nuestro punto de vista. El objetivo de poner a los demás en evidencia moral e intelectualmente es demostrar que nuestro punto de vista es «correcto» y el otro «incorrecto», en lugar de examinar y debatir objetivamente las diferentes perspectivas.

Fragmento de ‘Poner en evidencia a los veganos perjudica a los animales’ de Melanie Joy

 

El mensaje del veganismo ha demostrado que no es efectivo: un 84 % de los veganos vuelven a consumir productos de origen animal, mientras que el porcentaje de personas que luchamos contra la explotación sigue siendo irrisorio entre la población global. El auge de nuevas potencias como China o la India, además, supondrá un durísimo varapalo al activismo antiespecista a medida que estos países acojan y estandaricen un consumo de animales mayor.

La ética de mínimos, por el contrario, establece una vía de activismo eficaz que, bien dirigida, puede conseguir pequeñas victorias constantes que deben dirigirse (y pocas veces se hace) hacia nuestro objetivo último. La ventaja de trabajar a través de esos mínimos es que nos permitirán influir de verdad en la gente; así, un defensor de los perros que come otros animales suele ser criticado por especista sin comprender, a menudo, que esa empatía que él ve en los ojos de un can, puede generalizarse hacia un gato, o un caballo, y después hacia una vaca, o una oveja, o cualquier animal; incluso un taurino ve algún tipo de belleza en el animal, belleza perversa quizá, mal entendida, pero que seguro puede ser un primer paso hacia el cambio.

Fundación MONA
Grupo de chimpancés de la Fundación MONA, donde estos primates —en principio, irrecuperables— conviven ajenos a cualquier tipo de actividad humana más allá de la observación.

El principal problema que enfrentan ahora los movimientos de liberación animal es que sin esta ética de mínimos que da pie a cruzar ideas e inferir en los demás, resulta imposible alcanzar a todas esas personas cuyos pensamientos son dicotómicos a los nuestros; aun asumiendo que nuestra ética es la más perfecta, justa y buena existente, deberemos comprender que esta no funciona a través de la imposición, sino de la razón y el desarrollo personal y libre (1), que nosotros también nos equivocamos en el pasado y seguimos haciéndolo en otros muchos términos morales (2), y, por lo tanto, no es justo creer que otros no tienen la potestad de hacerlo, de caer en el error, que nosotros sí tenemos, y, sobre todo, que excepto en aquellas luchas en las que somos «amplia mayoría», la imposición, incluso la imposición de una ética más justa, no tiene fuerza —y perdería gran parte de su justicia con la misma acción—, por lo que deben ser otras las estrategias escogidas para buscar el cambio (3).

Sobre esto último, un gran ejemplo lo tenemos en la tauromaquia en España, cuyo apoyo entre los ciudadanos ha caído bajo mínimos, y, aun así, no hemos conseguido (todavía) su total prohibición. En tal caso, si una lucha que apoya una amplia mayoría cuesta tantísimo de ganar, ¿cómo vamos a conseguir una sociedad vegetariana, vegana o antiespecista en minoría? En esta, la educación actual y el relevo generacional marcarán un antes y un después, pero sería absurdo olvidar que lo que inicia cualquier diálogo es lo que nos une y no lo que nos enfrenta.


[1] Hace pocos días, saltó a la luz la división entre El Hogar y ProVegan auspiciada por agresiones y tratos vejatorios por parte de uno de uno de los miembros directivos

[2]  No deberíamos olvidar, no obstante, que la culpa de la expansión del visón americano en España recae, por este orden: en las empresas que explotan animales, las mismas empresas que han liberado muchos de estos animales al cerrar y los activistas que han realizado acciones similares.

Tres mitos sobre el vegetarianismo

En los últimos tiempos se han multiplicado los artículos que mencionan lo saludable de las dietas vegetarianas y, sobre todo, veganas en nuestro organismo. A raíz de ello, su predominancia en los medios de comunicación también se ha incrementado; por esto, imagino, no hace mucho leía una entrevista muy interesante a una pediatra española que está intentando romper los esquemas demasiado cuadriculados que mantienen muchas personas conforme a su alimentación.

Por desgracia, la reacción frente a estos artículos sigue siendo, en primer lugar, de total negación a través de distintos argumentos tergiversados que hemos podido escuchar alguna vez: las famosas proteínas (1) han quedado atrás —solo necesitamos usar Google para ver que los vegetales y las legumbres tienen, a menudo, mayor concentración proteica que un bistec o un corte de pescado—, siendo la vitamina B12 (2) aquella que más enfrenta a carnistas —usaré este término para referirme a personas que comen animales y vegetales en el artículo—, vegetarianos (ovolactovegetarianos u ovovegetarianos) y veganos.

Carnívoros vs vegetarianos vs veganos
Un poco de sentido del humor para un tema tan serio.

Debido a la controversia y la falta de información, en 2009, la Academy of Nutrition and Dietetics estadounidense preparó una nueva definición de las dietas vegetarianas. Dice así:

Las dietas vegetarianas apropiadamente planificadas —incluyendo las dietas totalmente vegetarianas o veganas— son sanas, nutricionalmente adecuadas y pueden ser beneficiosas en la prevención y el tratamiento de ciertas enfermedades. Las dietas vegetarianas bien planificadas son adecuadas en todas las etapas de la vida, incluyendo el embarazo, la lactancia, la infancia y la adolescencia; así como para los deportistas.

Postura oficial de la Asociación Americana de Dietética, 2009

Por supuesto, hay muchas controversias agregadas a esta cuestión, desde gasto energético hasta insostenibilidad de casi todos los modelos en nuestro mundo actual —quien ha leído mi primer libro de ensayos puede hacerse una idea sobre algunas de ellas, por ejemplo—, maltrato y sufrimiento animal que, ahora, reconocemos y, por tanto, empatizamos con él, abuso en el consumo de carnes y pescados, acercamiento a dietas nada saludables, etcétera.

En medio de todo esto, hay una cuestión ética que nos afecta a todos (medio ambiente, ecología, especismo y antiespecismo, sostenibilidad, etcétera) y que es la causante última de todos estos debates tan interesantes que deberían ayudarnos a crecer desde el respeto.

Por todo ello, y con el fin de tratar de aclarar algunos cuestiones que me parecieron claves a través de mi paso hacia el vegetarianismo, me he decidido a escribir un artículo hablando de alimentación, ética y las principales dudas que en mí surgieron cuando inicié este camino repleto de estereotipos, falta de información y sobreentendidos que hacen mucho más daño del que parece.

Los tres mitos

En estos últimos tres o cuatro años he pasado por distintas fases en lo que se refiere al consumo de animales y al activismo a favor de estos. En ese tiempo, he escuchado tres grandes planteamientos que hoy, agradecería muchísimo que me aclarasen antes de liarme la manta a la cabeza y lanzarme hacia una dieta vegetariana o vegana.

  1. Una dieta vegetariana (estricta o no) es mucho más sana que una dieta omnívora
  2. Una dieta vegetariana es muy sencilla de seguir y complementar
  3. Si no eres vegano estricto, eres tan mala persona y contribuyes tanto al maltrato animal como un carnista

Aunque parezca triste, esta última frase es una de las que más se repiten en las discusiones entre vegetarianos y veganos; o entre estos y terceras personas que eligen otros tipos de alimentación. En lo personal, y aunque este no es un artículo en el que entrar a hablaros demasiado de mi filosofía, considero que es un error y un modo de prejuzgar sin tolerancia que nunca nos ayudará a conseguir nuestro objetivo aquí: intentar que otra persona abra un poco más la mente a nuestra verdad y consiga ver las cosas a través de un prisma distinto.

Descripción de tolerancia
Descripción del concepto «tolerancia» de Giovanni Sartori, en Pictoline.

Sobre el primer punto (1), empezaré diciendo que cualquier dieta puede ser desastrosa (para nosotros). Una dieta omnívora bien planificada será sana en la misma medida en que también lo puede ser una dieta vegetariana o vegana; nadie vivirá trescientos años por no comer cierto tipo de alimentos, pero abusar de ellos —o del tabaco, o del alcohol, etcétera— sí puede cambiar esto. Por esto, argumentos como «Yo conozco a un vegetariano gordo» (yo a cientos de carnistas con sobrepeso, por cierto) o «No está bien que digan que el exceso de carne roja aumenta el riesgo de sufrir cáncer» no sirven; es más, son fáciles de explicar mediante la ciencia.

A grandes rasgos, para este punto, podemos remitirnos a lo que mencionaba justo al principio: apropiadamente planificadas. ¿No quieres comer animales? Genial. Yo tampoco. Pero no puedes vivir comiendo macarrones, lechugas y tomates.

Un artículo que ejemplifica justo lo que estoy comentando a lo largo de estas líneas sería: «Respondemos a los mitos sobre la dieta vegana (sí, es fácil y es sana)», en El Correo del Sol, que, pese a estar bien documentado, da una imagen que no siempre es realista.

Por esto es tan peligroso (2) que cualquiera te diga que una dieta vegetariana o vegana es muy sencilla de seguir. ¿Es sencilla? Bueno, para empezar está bastante claro que, hasta no hace mucho, era mucho más fácil de seguir en Barcelona y en Madrid que en Castilla y León o Andalucía: el número de bares y restaurantes con opciones vegetarianas o veganas es un buen indicador, ¿no? Pero aparte del contexto, hay algo mucho más importante: los aminoácidos esenciales. Sí, hay otras cuestiones a tener presentes (por ejemplo, el mayor aporte calórico de las legumbres, cereales o frutos secos) pero, a menudo este no es más que un argumento simple para intentar hacer ver que los alimentos en este tipo de dietas tienen que llevar un control rígido y en dietas omnívoras podemos relajarnos totalmente, lo que, a todas luces, es falso.

Los aminoácidos esenciales son aquellos que el propio organismo no puede sintetizar por sí mismo. Esto implica que la única fuente de estos aminoácidos en esos organismos es la ingesta directa a través de la dieta.1 2 Las rutas para la obtención de los aminoácidos esenciales suelen ser largas y energéticamente costosas.

Extracto de Wikipedia, la enciclopedia libre

Dicho esto, ¿qué ocurre con los aminoácidos esenciales? Pues, simplemente, que los productos de origen animal cuentan con todos ellos, por lo que se consideran de «alto valor biológico» (muy útiles, para entendernos), mientras que la proteína vegetal debe complementarse con el fin de evitar carencias. ¿Es complicado? No, pero requiere de una mayor planificación.

Combinaciones de alimentos que suman los aminoácidos esenciales son: garbanzos y avena, trigo y habichuelas, maíz y lentejas, arroz y maníes (cacahuates), etc. En definitiva, legumbres y cereales ingeridos diariamente, pero sin necesidad de que sea en la misma comida.

Extracto de Wikipedia, la enciclopedia libre

Por dos sencillas razones: una, es mucho más simple acceder a alimentos de origen animal (en el supermercado y comiendo fuera de casa) y, dos, es más sencillo sufrir carencias de aminoácidos esenciales en una dieta vegetariana y, sobre todo, vegana que en una dieta omnívora; incluso aunque esta última no sea en absoluto equilibrada y pueda provocar otro tipo de problemas como sobrepeso o enfermedades coronarias.

Dicho esto, es fácil ver dietas vegetarianas que han sido mal planificadas y son hipercalóricas o deficitarias (sobre todo en vitaminas del grupo B y hierro); a su vez, en las dietas veganas, a todo lo anterior, se suma una carencia de vitamina B12 que solo puede suplementarse de forma artificial mediante cápsulas. Pero… ¿acaso dedicamos el mismo esfuerzo a cuestiones nutricionales en dietas «omnívoras» o solo usamos esta planificación deficiente, cuando existe, y los mínimos casos conflictivos que se han producido en colectivos vegetarianos o veganos (por ejemplo, la niña italiana con niveles bajísimos de hemoglobina y déficit de vitaminas) como un arma arrojadiza?

¿Entonces? ¿Cuál es el problema? El principal problema, pues, es que, como debate social, solemos obviar —o intentar ignorar— las razones fundamentales por la que nos hacemos vegetarianos o veganos (3): para evitar que un número mayor de animales sufran, y contribuir a una mejora del medio ambiente, a la vida de otras personas y a la sostenibilidad del planeta. ¿Por salud? Puede ser una respuesta, pero, desde luego, no es una respuesta siempre compartida. ¿Acaso tiene algo negativo hacer las cosas por conciencia ética y no solo por salud?

En segundo lugar, por supuesto, lo hacemos porque somos omnívoros, y podemos, y es muy importante no olvidar esto también, pues sería absurdo que un carnívoro (que no lo somos), aspirase a vivir de otro modo al que le marca su naturaleza. Sería absurdo, excepto para nosotros, que lo hemos conseguido decenas de veces, y seguiremos haciéndolo, como ya he explicado varias veces en este blog.

Por ejemplo:

Comer piedras y otros absurdos sobre sintiencia animal, por Javier Ruiz en Doblando tentáculos

Si no lo haces por ellos, hazlo por ti, por Javier Ruiz en Blog Nasua

Todas las caras del veganismo, por Javier Ruiz en Doblando tentáculos

Industria cárnica, alternativas vegetales y carne cultivada, por Javier Ruiz en Doblando tentáculos

Por último, es habitual la crítica frente a otras formas de pensamiento. A grandes rasgos, cada vez más personas vivimos nuestra alimentación desde un sentido ético en el que tratamos de conectar los puntos; otras muchas, no. O no lo hacen o no quieren hacerlo en la misma medida, suele creerse, pero… ¿y si no ven los mismos puntos que nosotros o los leen de un modo distinto? En este sentido, el activismo tiene que luchar por concienciar desde un acercamiento progresivo a favor de lo que cada grupo considere oportuno (sea bienestarismo animal; sea liberación animal): no porque el abolicionismo sea una utopía (hoy, más que nunca, es todo lo contrario, con propuestas como la carne «in vitro» a la vuelta de la esquina), sino porque su afianzamiento llega, tristemente, siempre por la ciencia antes que por la ética.

Hoy, es un problema de primer nivel, y las charlas TED de verdaderas celebridades como el etólogo neoyorquino Carl Safina, la aparición de proyectos como Gran Simio o ZooXXI o la lucha por definir el concepto de humano y de inteligencia animal demuestran los avances que se han producido en estos campos.

Por todo esto, creo firmemente en que cualquier persona que juzgue a un tercero por su dieta o se ensalce a través de esa misma acción debe ser ignorada. En un mundo donde un porcentaje enorme de nuestra propia especie se encuentra esclavizada por el resto, para el cultivo de arroz y de café, o por la extracción de coltán para nuestros smartphones, todos tenemos que aportar y buscar una solución real a los problemas éticos y sociales que se perpetúan.

Debemos volver a conectar esa idea tan olvidada que da como resultado la moral, ese concepto que se mueve entre la ética y la acción, porque seguro que ninguno de nosotros hemos vivido las mismas experiencias vitales, y, por lo tanto, es absurdo pretender que nos movamos a través de los mismos valores, y aquí es donde el diálogo se muestra de mayor importancia en la búsqueda de un cambio.

Debemos discutir a sabiendas que renunciar a más y más productos de origen animal no es más sencillo desde el punto de vista alimentario, sino menos, ¿pero de nuestra conciencia ética? Como ya he dicho, dependerá de la ética de cada uno de nosotros, y esta discusión, igual de interesante, queda para el siguiente artículo de este blog.

NdA: Muy probablemente, algunos de los textos tipo «ensayo» sobre temas de  carnismo, vegetarianismo y veganismo irán teniendo una menor prevalencia en el blog. Esto es debido, principalmente, a causa de mi trabajo en dos nuevos proyectos —uno de ellos, de temática divulgativa, que estoy preparando con calma para su difusión en 2018; el otro, una guía de viaje en formato novela de la que ya os hablaré más adelante—. Por ello, si bien tengo dos artículos que no me gustaría que quedasen pendientes, comparativamente, empezaréis a ver más entradas de otros de los muchos temas que trato aquí.

Sobre otros temas de animalismo, ecologismo o sostenibilidad, puede que el ritmo de publicación decrezca, pero estos se mantendrán; imagino que, sobre todo, a través de columnas de opinión.


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)Este es un texto original creado para Doblando tentáculos. Si te ha parecido interesante, quizá quieras adquirir en papel o en eBook De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016), mi primer libro de temática animalista que trata estos y otros muchos temas similares. ¡También está disponible en Amazon!

Lo que el marketing alimentario no te cuenta

Se necesitan cincuenta mil litros de agua para producir un kilo de carne de res.

Vivimos con una venda en los ojos, y estamos decididos a dejarla ahí. Esa es la conclusión a la que uno llega si piensa más de cinco minutos respecto a toda la mierda que comemos, que respiramos y que nos tiramos por encima. Y es que detrás de todas esas cajas con ranas, monos y  marsopas de colores, o de la carne que al cocinarla te permite llenar una garrafa de cinco litros de agua, o del champú que, misterios de la vida, tenemos que usar cada día mientras nuestras abuelas se lavaban el coco cada quince, sabemos que hay un timo. Y aun así, nadie hace nada. Porque es más cómodo, porque las cosas son como son… y, lo peor, es que hay alguien por detrás que se está enriqueciendo a tu costa, pero es alguien casi tan tonto como el resto de nosotros, porque a la par se está envenenando. Eso sí, al menos él saca algo de todo esto. ¿Y tú?

Empieza por ver un vídeo que no te va a gustar nada.

Después, deberías ver por qué el presidente de Citybank, ya no se dedica a ser el presidente de Citybank, ¿vale?

Y puedes leer un poco acerca de esto también, pero aquí.

Ahora tocaría pensar sobre esa pequeña marca de complicidad de la que estos dos testimonios hablan de formas muy diferentes; esa complicidad que, acción tras acción, se convierte en una montaña inamovible. Pero no lo es. No es inamovible. Porque si te plantas frente al supermercado a gritar que comer carne es asesinato, no te va a hacer caso ni dios. O te van a hacer caso cuatro personas que ya estaban suficientemente concienciadas, y es lo mismo. Ahí es nada; se seguirá comiendo carne hormonada y pescado hasta las trancas de mercurio.

Y es que no estoy hablando de comer o no comer carne, sino de sostenibilidad, y si dedicas unos minutos a escuchar esos testimonios comprobarás que no es sostenible, ni humano, ni ético. Ahora no hagas nada en especial. Solo piensa en todo lo que no se ve para que se pueda seguir viendo lo que aparece en los colmados, los ultramarinos, los supermercados y las grandes superficies; y recuerda que todo eso tiene una fecha de caducidad muy cercana.

Sobre la filosofía (II)

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura. (Salinger: 185)

Sobre la filosofía (I) pretendía ser un punto de acceso a los principales aspectos del conocimiento que pueden sustraerse  por medio de la especulación filosófica —comprendida como la síntesis derivada de una tesis y su(s) antítesis, más que como la técnica de conversación clásica—  y la circulación de conceptos.

La enseñanza filosófica se desplaza a través de los treinta siglos de historia del pensamiento que nos preceden mediante la transmisión conceptual, donde subyace un interés escaso por una vertiente más epistemológica, es decir, por la búsqueda del conocimiento, fundamentalmente apoyado en la ciencia y la experiencia. Como puntos de interés o de estudio actual, destacarían las disciplinas de lingüística, lógica, moral y, quizá, filosofía de la religión.

El pensamiento de Adam Smith permitió crear las bases del capitalismo moderno.
El pensamiento de Adam Smith permitió crear las bases del capitalismo moderno.

De igual modo, este trasvase conceptual no debería obviar las necesidades que la naturaleza especulativa demanda, en especial, la obligación de acogerse a una vía multidisciplinar para la comprensión de temas de actualidad, con el fin de permitirnos la posibilidad de teorizar, cómodamente, en el momento presente, no de perder el tiempo mediante lo que podríamos llamar contaminación especulativa o, en otras palabras,  la actividad discursiva y especulativa que se lleva a cabo sin los conocimientos necesarios o, directamente, desde el desconocimiento o la obsolescencia de un pensamiento(s) ya superado(s) o refutado(s).

Hoy día, la filosofía en sí no solo mantiene un peso escaso en sociedad, sino que su función está siendo desvirtuada o suplantada por otras formas de orden social, como el consumismo, el capitalismo o el socialismo, que posicionan a la masa por delante del individuo, y no al individuo como patrón social imprescindible dentro de esa masa. Todas ellas, irónicamente, acogen y maximizan la importancia del individuo mediante un canon de producción masivo —sea material o ideológico.

Se enseña lo que se tiene que hacer (orden social) y no por qué se tiene que hacer (pensamiento social), y si ello es correcto o adecuado respecto a nuestro posicionamiento ideológico y mental, puesto que, en muchos casos, tampoco se nos ofrecen los medios para desarrollar este pensamiento individualizado.

Esta tara puede observarse con más detalle si centramos nuestra visión en un punto de estudio concreto. Por ejemplo, los grandes debates éticos acerca de la medicina actual, la radicalización del pensamiento religioso o las condiciones socioeconómicas en un mapa global interrelaciado y cómo afectan a los países subdesarrollados.

Todos estos planteamientos se omiten por interés práctico, de igual modo que ocurre con las condiciones laborales y sociales que ya Salinger, hace más de sesenta años, comprendía como un punto de no-retorno en El guardián entre el centeno. ¿Por qué no se ha profundizado en el estudio del trabajo a través de una perspectiva filosófica? Si atendemos a esta cuestión, comprobamos que las concepciones utilitaristas (jurídica o socioeconómica) y, también, la concepción histórica son perspectivas de estudio habituales, en cambio, se rehúye la crítica filosófica del trabajo, siendo este uno de los pilares en los que se basa nuestra sociedad y que arrastra temas de mayor calado: por ejemplo, la necesidad de un modelo consumista, de producción a gran escala y malgasto de recursos naturales para continuar manteniendo el estilo de vida capitalista.

—He dicho que no, que no habrá sitios maravillosos donde podamos ir una vez que salgamos de la universidad. Y a ver si me oyes. Entonces todo será distinto. Tendremos que bajar en el ascensor rodeados de maletas  y de trastos, tendremos que telefonear a medio mundo para despedirnos, y mandarles postales desde cada hotel donde estemos. Y yo estaré trabajando en una oficina ganando un montón de pasta. Iré a mi despacho en taxi o en el autobús de Madison Avenue, y me pasaré el día entero leyendo el periódico, y jugando al bridge, y yendo al cine, y viendo un montón de noticiarios estúpidos y documentales y avances de las próximas películas. ¡Esos noticiarios del cine! ¡Dios mío! Siempre sacando carreras de caballos, y una tía muy elegante rompiendo una botella de champán en el casco de un barco, y un chimpancé con pantalón corto montando en bicicleta. No será lo mismo. Pero, claro, no entiendes una palabra de lo que te digo. (Salinger: 145)

Parece bastante agudo acordar que, actualmente, una formación humanística es incompleta para triunfar en una sociedad utilitarista, y sería más inteligente optar por estudios más funcionales —útiles respecto al valor social que se otorga a ese producto en sociedad, por ejemplo, los grados y licenciaturas de Economía o Administración de Empresas tienen, muy a menudo,  mayor peso social que la literatura o el arte— si ese es nuestro fin último; por el contrario, si nuestro interés es puramente académico, en su sentido más amplio, la formación ofrecida es insuficiente y debería apoyarse en una cultura científica y técnica adecuada (biología, lógica, física, robótica…). Pues, ¿existe un interés verdadero de la cultura por la cultura más allá de la utilidad inherente que nos confiere su preservación? ¿No es la utilidad ese algo imprescindible que otorga valor a la materia?

La filosofía no funciona al margen del mundo físico, sino todo lo contrario: opera en él, y su función básica es ayudarnos a entender y mejorar esa physis. Así, no puede explicar per se cómo funciona el universo —ni debe hacerlo—, sino que su función principal es la de convertirse en un híbrido útil, el cual pueda dar un sentido lógico formal a la creación, así como a la evolución y a las modificaciones de la misma. Es decir, la filosofía no tiene sentido un campo estrictamente binomial de ciencia-religión, pero sí tiene potestad para categorizar aquellos productos que se derivan de la ciencia, la tecnología o la religión.

En otras palabras, la filosofía no puede probar ni aspirar a promulgar discursos de importancia similar en temas como la existencia de un dios, la maternidad o la robótica, pero sí puede postularse respecto a esas cuestiones: sobre su bondad, maldad o moralidad, ayudando a su estudio y estableciendo límites, tanto a nivel científico como social. Su principal enemigo, llegados a este punto, diríase que no ha sido el estudio de los autores, sino la dificultad de crear un mapa conceptual suficientemente grande desde el acercamiento a las figuras de los pensadores más destacados, desde el mundo clásico hasta nuestros días; quizá, una posible solución, empezaría por invertir el orden autor-concepto, por el formato menos amigable de concepto-autor; en otras palabras, desgranar los conceptos tratados por cada autor, haciendo especial hincapié en los temas de interés y no en aquello interesante que dijo cada pensador, del modo que ofrece el profesor David Papineau en su obra Filosofía (Blume, 2008).

Entradas relacionadas:

Bibliografía:

  • Salinger, J.D. (2008). El guardián entre el centeno. Madrid, España: Alianza Editorial.
  • Papineau, D. (2008). Filosofía. Barcelona, España: Blume.

In time, planteamientos éticos en la ciencia ficción

Hace unos meses me salió un artículo de lo más chorra que presentaba teorías conspiratorias sobre androides y cíborgs basado, principalmente, en la ciencia ficción. Estuve desvariando un par de horas sobre robótica, ética y teorías posthumanistas, de la mano de películas clásicas como apuestas españolas más modestas, como Eva (2011), o de series clásicas como Battlestar Galactica (2003). A estas, podríamos sumarles In time (2011).

In time (2011), extracto de Wikipedia:

En el año 2161, el gen del envejecimiento humano ha sido desactivado. Al cumplir los veinticinco años, las personas dejan de envejecer, pero sólo tienen un año de vida. Transcurrido ese año, mueren de un ataque cardíaco a menos que «ganen» tiempo y rellenen con él sus «relojes de vida», que llevan la cuenta regresiva […]  en sus antebrazos izquierdos.

In time (2011)
In time (2011), con Amanda Seyfried y Justin Timberlake.

En In time (2011) puede apreciarse ese punto de inflexión hipotético en el que la tecnología y la ciencia otorgan una serie de ventajas evolutivas o mejoras biológicas. Sin embargo, estas mejoras pueden traer consecuencias imprevistas sin la previsión y el control adecuados, como pueden ser la escasez de recursos naturales, un sistema económico o social desigual e, incluso, la posibilidad de facilitar la codicia inherente en el ser humano.

Por otra parte, la película en sí, simplemente utiliza los años (el tiempo de vida) como otro bien de consumo; establece la mayoría de edad para este proceso en los 25 y, a partir de ese momento, las personas tienen que trabajar para vivir (¿os suena?).

Cada individuo cuenta con un año de vida a partir de entonces y, si no existe esa «ganancia» periódica de tiempo, el sistema integrado en su organismo provoca un ataque cardíaco. En otras palabras, aquí el tiempo es lo más parecido al dinero, lo que por otra parte y, por ende, el poder adquisitivo asegura una larga (o eterna) y próspera vida.

La trama resulta algo lineal, pero cumple a todos los niveles. Quizá destaca a) la importancia de una posición socio-económica buena para alcanzar o mantenerse en lo alto del sistema, como ocurre en la actualidad, y poder alcanzar los medios y las ventajas tecnológicas y científicas, b) la necesidad de que en un sistema capitalista (del tipo que sea, aquí, por ejemplo, se mercantiliza la vida humana) unos sufran en guetos para que otros puedan vivir en grandes mansiones con todos los lujos y c) el valor de aprovechar la vida o devaluar la propia existencia.

¿De qué va esto?

Si no terminas de entender a qué viene esta entrada, echa un vistazo a Posthumanismo y tecnología.

Por qué utilizar células embrionarias para la ciencia

La realidad siempre supera a la ficción y, como ya se ha demostrado en reiteradas ocasiones, lo hace tanto para lo bueno como para lo malo. Más pronto que tarde, muchas de las historias que aparecen en el cine o la literatura anteceden una realidad. Todo esto tiene una explicación, y es que todo aquello que propone la ciencia ficción tiene una base científica innegable.

Célula madre embrionaria.
Célula madre embrionaria.

Esta semana, el descubrimiento que estará en boca de todos es la posible creación de células madre a partir de una clonación; este hallazgo que, con total certeza, es el primero de muchos en la misma línea, abre viejas heridas que la Iglesia y muchos estados están omitiendo e intentando ignorar sin frutos.

Como explican los redactores de El Periódico, la novedad es que pese a que no se trata de la primera vez que se clona una célula humana, todos los intentos anteriores fracasaron muy rápidamente y no superaron las ocho células de desarrollo embrionario, muy por debajo de la fase de blastocisto necesaria para la obtención de células madre útiles con finalidad científica; en cambio, en la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón (OHSU) se ha logrado una estructura compleja de unas 150 células, mayor incluso que la que se implanta a las mujeres que siguen tratamientos de fertilidad.

El trabajo de este grupo de científicos puede proveer a la sociedad de terapias de curación para enfermedades neurodegenerativas, de creación de tejidos e incluso mejorar la esperanza de vida. Además, han conseguido inhibir el rechazo de estas células por el propio cuerpo, ya que las reconocerá como propias.

Rápidamente, el equipo científico se ha apresurado a hacer dos puntualizaciones:

  1. Este método no puede clonar seres humanos
  2. Esa no es la intención ni la búsqueda científica del equipo del OHSU

Sin desmerecer la grandísima labor de este equipo, ahora es cuando empezarán, de nuevo, los verdaderos problemas éticos. El miedo por la clonación de seres humanos tiene sentido. Nuestra sociedad (occidental) legitima la libertad individual, en teoría, hasta donde empieza la del prójimo; si pudiésemos crear clones, idénticos a nosotros, ¿cómo podríamos diferenciarnos de ellos? Por esta razón, sería interesante empezar a legislar sobre la base de esta posibilidad pues, aunque no es plausible aún, ya no es ciencia ficción.

Por otra parte, si en la práctica se puede probar que la creación de humanos idénticos entre sí es posible, la humanidad ocuparía el lugar que, tradicionalmente, mantiene el dios creador.

  1. Crear a una persona mediante tales medios demostraría que no es necesario la voluntad creadora de una divinidad
  2. Si podemos crear a dos seres iguales, debemos aceptar que el alma humana (la cual se afirma que es única en cada ser), no existe
  3. O bien, afirmar que los posibles clones no poseen alma humana y, por lo tanto, no son humanos

Para la Iglesia, con razón, la ciencia lleva décadas sobrepasando los límites de la ética. Sin embargo, si empezamos a tener a nuestra disposición esos “milagros médicos”, ¿qué ocurrirá con la necesidad de la fe? Las células madre entran en conflicto con los posicionamientos éticos y religiosos tradicionales, porque empiezan a destruir esa necesidad de metafísica.

Ahora, queda por decidir si el ser humano puede acoger finalmente el papel que, tradicionalmente, se asimila a las divinidades o, por el contrario, entramos en un terreno resbaladizo que entraña más riesgos que ventajas.

Sobre la filosofía (I)

No sé hasta qué periodo contemplan la mayoría de los temarios académicos de filosofía para Bachillerato, pero no conozco a ningún estudiante desde los los ochenta que se haya examinado de algo más allá de Nietzsche. Diría más: si no te matriculas ex profeso en la carrera, difícilmente podrás dar ese «salto cultural» hacia el siglo XX y mucho menos el XXI.

El Superhombre de Nietzsche.
El Superhombre de Friedrich Nietzsche.

Podría afirmarse que esto se debe a que las últimas décadas de historia de cada materia, todavía restan por escribir. La gran Historia, como decía Georges Perec, es aquella que sobrepasa a los individuos, y nadie puede ser consciente de pertenecer a la misma en el momento presente, puesto que es el tiempo quien decide lo que queda grabado en la memoria de los hombres y lo que se desvanece. Sin embargo, aquí, el problema parece nacer del concepto nihilista del filósofo alemán Friedrich Nietzsche: la muerte de Dios, que, por otro lado, suele ser el punto y final de la asignatura para el examen de selectividad.

Nietzsche, como uno de los últimos exponentes que ataca la figura judeo-cristiana de Dios, afirma que la divinidad no es más que una figura atribuible a lo inexplicable, que los mismos actos de la humanidad han devaluado y arrojado de su sagrado pedestal y que todo el cristianismo no es más que platonismo barato, es decir, la búsqueda de un sentido metafísico para nuestro mundo físico. Sin entrar en detalles, todos aquellos que han estudiado a Nietzsche serán conscientes de la imposición de la figura del Übermensch (o Superhombre), la necesidad de dar el consiguiente paso y el concepto de voluntad de poder.

En otras palabras, Nietzsche termina de inutilizar el concepto de metafísica en filosofía. Así, teología y ciencia en un sentido amplio tienen sentido en el ámbito metafísico, pues mediante la especulación, la fe y el método científico pueden postularse, probar o negar, mientras que la filosofía debe cerrar totalmente esta ventana, ya que el amor por la sabiduría inherente en la materia debe tener una base práctica y demostrable.

¿Qué le queda a la Filosofía?

El varapalo que supone deshacerse de la metafísica debe plantearse en relación al número de autores que dedicaron su vida y gran parte de su obra al tema. Si hacemos una lectura muy superficial podríamos colocar la filosofía medieval europea hermanada a la Iglesia y a figuras religiosas que aglutinó la misma (beguinas y místicas, por ejemplo), siendo conscientes de que hasta bien entrada la Edad Media (siglo XIII) no empezaron a filtrarse documentos platonistas, por ejemplo, los textos de Aristóteles. Recordamos a figuras religiosas como Agustín de Hiponia, Juan Escoto Erígena, Anselmo de Canterbury, Ramón Llull, Tomás de Aquino o Guillermo de Ockham. Aquí, poco se podía rascar fuera del ámbito de la fe razonada, siendo temas principales el mal, la omnisciencia divina y el libre albedrío.

El cartesianismo centró los ojos en la realidad y en el individuo, con planteamientos existencialistas, y la filosofía kantiana y hegeliana no se desvió excesivamente de este rumbo hasta los hegelianos de izquierdas como Karl Marx, que intentó otorgar una base práctica y útil a un sistema filosófico, social y económico, por ese orden, pues debemos recordar que, en última instancia, la meta era la utópica dictadura del proletariado.

En el siglo XX, la muerte de la metafísica inicia el llamado «giro lingüístico», que se apoya en la influencia primera de Russell y Wittgenstein, conscientes de la importancia que tiene el lenguaje en la forma en la que comprendemos e interaccionamos con el mundo. Junto a la lingüística, otras ramas que se mantienen en los temarios con la misma importancia son la ética o moral, la lógica y, en algunos casos, la filosofía de la religión. Pese a ello, la filosofía vital que desde la Antigüedad se planteó como una forma de comprender y vivir pierde gran parte de su fuerza a través de análisis teóricos (sin utilidad práctica).

Podríamos destacar los siguientes enunciados clásicos:

  1. ¿Cómo vivir?
  2. ¿Cómo morir?
  3. ¿Qué es y qué no es ético?
  4. ¿Qué es y qué no es verdadero?

Existiendo todos estos ejemplos y conocimientos aplicados con sus correspondientes autores contemporáneos, me pregunto —y espero equivocarme— por qué los temarios de muchas universidades no cuentan con la posibilidad de formar y explicar teoría estructuralista, postestructuralista, posmodernista o lingüística aplicada, es decir, los movimientos más contemporáneos, así como modos de razonamiento para volver a ese concepto filosófico que vuelve a desmarcarse como rabiosa actualidad: la filosofía vital, o la forma de aprender a vivir, a conocer, y a ser.

Toni Cantó (UyPD), bipartidismo y la adecuación del mensaje

Toni Cantó, diputado español, ha realizado en el último mes un par de declaraciones muy críticas contra el sistema, que parte de la prensa española no ha dudado en divulgar a bombo y platillo, ofreciendo una visión distorsionada y simplista aquello comentado.

Primero. No comparto lo que dice, ni cómo lo dice, pero sé de lo que está hablando.

Segundo. Estamos aborregados. Y nos aborregan todavía más, día a día. El español (el catalán, el vasco, el andaluz o el madrileño) no sabe leer y, para más inri, necesita un mensaje sencillo y carente de cualquier metáfora o concepto críptico. Se rehúye todo aquello que obliga a pensar, a posicionarse, y nos acomodamos en las ideas y, más peligroso aún, en los ideales de terceros.

Tercero. El votante es políticamente correcto, y esa posición per se es la forma más progresista que, creemos, se puede adoptar. Por descontado esto es falso. Y, sobre todo, peligroso: por el feminismo extremo, por el populismo y, por encima de todo, para la democracia.

Para argumentar con respecto a este señor, he escogido sus últimas declaraciones en Twitter y un vídeo sobre su comparecencia en el Congreso de los Diputados respecto al maltrato animal.

Caso 1: sobre la violencia de género y Toni Cantó (UPyD)

toni_canto_twitter

En este caso, si pudiésemos contar con los datos sobre la mesa, lo que dice el diputado de UPyD no es ninguna tontería ni está fuera de lugar, aunque sí es cierto que, o bien por un déficit de atención, o bien por no tener la capacidad de síntesis o la mano izquierda que necesitaría la mayor parte de la casta política, sus explicaciones crean polémica debido a una ausencia de claridad en el mensaje.

La teoría de Cantó falla por la base, puesto que los datos no se encuentran contrastados (los datos pertenecen a la Federación de afectados por las leyes de género).  Si esos datos se contrastasen, lo que no parece tampoco tan descabellado… ¿Quién irá a la puerta del señor Toni Cantó a disculparse? Los mismos que le alaban por haber renunciado a sus dietas, respondía ayer un usuario en Twitter defendiendo al actor.

Sobre este tema, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) desmintió categóricamente estas afirmaciones, asegurando que solo un 0,01% de las denuncias por violencia de género son falsas. Sea como fuere, no vamos a dudar de la buena gente del gobierno, políticos tan nobles y de una transparencia jamás vista desde tiempos de Cánovas y Sagasta. No hay razón. No obstante, me llamó fuertemente la atención que las respuestas contra este señor no atacaban su crítica a un sistema que, imagino, considera que está basado en una desigualdad legal, que propicia que algunas mujeres denuncien por lucro, sino que la mayoría se limitaban a llamarle misógino, y le reprochaban que, encima de ser maltratadas, las denuncias de esas mujeres eran falsas. Recordé (levemente) a Aristóteles, el razonamiento deductivo y otras lindezas que enseñaban en bachillerato y en primero de Filosofía. Me dije:

Premisa mayor: Algunas mujeres ponen denuncias sobre violencia de género.

Premisa menor: Algunas mujeres sufren violencia de género.

Conclusión:  Algunas mujeres que ponen denuncias sobre violencia de género sufren violencia de género.

Sin embargo, el lector parecía entender:

Todas las mujeres que ponen denuncias sobre violencia de género sufren violencia de género.

Fallaba la forma de decir las cosas, la poca profesionalidad al contrastar datos (de lo que se disculpó seis horas después, como ¿tantos otros? políticos) y quizá el popurrí de temas. Pero… es innegable que muchos hombres están legalmente desprotegidos tras un divorcio, contra falsas denuncias de malos tratos, etcétera. Según el CGPJ un 0,01% de los casos, pero yo puedo deciros a varias personas conocidas que han tenido problemas de este tipo, ¿y vosotros? Desde mi punto de vista, el principal problema es que Toni Cantó pone sobre la mesa temas peliagudos:

  1. El feminismo más allá de la igualdad
  2. Discriminación positiva y negativa en sociedad
  3. Vacíos legales

¿No es eso lo que tienen que hacer los políticos? ¿Tratar temas de importancia para la sociedad a la cual representan?

Caso 2: sobre el maltrato animal y la conciencia ética

Ahora busquemos unas declaraciones anteriores. Aquellas en las que el mismo diputado, tildado de cabronazo para arriba (con perdón), afirmaba que los animales no tienen derecho, y que no pueden ser juzgados bajo las mismas leyes que el ser humano por falta de consciencia.

Primero. Implica un verdadero debate ético y filosófico. Quizá de ahí surge el mayor miedo.

Segundo. Las ideas y el mensaje final pueden alterarse si no se presta atención a los 2 min 45 s que dura el vídeo.

Tercero. La mayor parte de aquellos que criticaron la presentación del tema por el diputado en cuestión no deben haber visionado el fragmento completo.

Cuarto. Tampoco estoy de acuerdo con la conclusión final del diputado de UPyD.

La frase que corrió como la pólvora fue la siguiente: «Los animales no tienen derecho a la vida ni a la libertad.»

[youtube=http://youtu.be/98RVP3Nxkfk]

Este fragmento es lo más cercano a lo que debería ser la vida política, y una de las pocas aportaciones útiles que he podido ver en mucho tiempo en el Congreso de los Diputados. Respecto a la tauromaquia debo decir que la considero aborrecible, ni arte, ni disciplina deportiva, ni cultura… Considero el toreo un festival atroz que nos degrada como personas y, por ende, creo que este señor se deja llevar por la misma hipocresía que muchos otros políticos. Ergo no estoy de acuerdo con el fin, pero sí con las forma en la que expone su punto de vista, siempre respetable en democracia.

Para empezar, Cantó parece ser consciente de que no están allí para realizar populismo barato o política de patio de colegio. La finalidad es debatir el tema y apoyar o rechazar la propuesta de desaparición de una práctica considerada tradición. Citando a Savater (Arte, crueldad y traición) afirma los siguientes preceptos:

  • Los animales no tienen obligaciones, puesto que tampoco tienen derechos
  • El libre albedrío (es decir, la libertad de decisión) separa a seres humanos y animales irracionales
  • Nos une el sufrimiento y, aunque el trato y el maltrato requieren de la igualdad de las partes, el maltrato animal nos hace menos humanos
  • El maltrato animal va mucho más allá del toreo, es un debate profundo sobre nuestra sociedad que basa su ropa, alimentación, etcétera, en el sufrimiento animal

Cantó, así como hizo Savater, parecen poner la tradición y la permanencia del toro por delante del sufrimiento innecesario. Para ellos, la hipocresía resultante sería creer que el lidia, el toro español, hubiera sobrevivido los últimos 300 años sin el toreo. Esta máxima se mantiene hoy en día, puesto que la abolición de las corridas de toros volvería baladí la cría del mismo. Mi pregunta, respecto a este tema, es la siguiente: si el maltrato animal degrada al ser humano, y el toreo implica el maltrato, ¿qué sentido tiene la cría de un animal destinado al sufrimiento?

Si afirmamos que el maltrato devalúa la vida humana, ¿por qué mantenemos un proceso que, en última instancia, nos afecta negativamente a nosotros como sociedad? Lo hipócrita no es creer que el toro no hubiese sobrevivido sin el toreo, sino utilizar esa premisa para mantener una especie que, como todas las demás, debería ser deber nuestro proteger. Puesto que si el maltrato nos envilece, el trato con ellos nos mejora como personas.

Por la cabeza me ronda que tras tantos años de bipartidismo y falta de mensaje político, el ciudadano y el votante, cuando aparece un mensaje que debe analizar y con el cual debe implicarse, siente miedo y pereza. Y actúa reduciendo la esencia del mismo a la mínima expresión. Acostumbrados a titulares vacíos, la aparición de un discurso político real llega a chocarnos sobremanera. Se descubren, pues, dos problemas: la falta de alternativas políticas bajo las que se sientan representados los ciudadanos y la pérdida del sentimiento político tras décadas de promesas vacías.

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Cylons, replicantes y el concepto del androide moderno

«Una vez me ocurrió: me fundí y alguien acababa de adquirir un animal. Y otro día –sus rasgos se oscurecieron por un instante; el placer se había disipado-, sentí a una persona cuyo animal había muerto. Otros tenían alegrías que compartir… Yo no tenía ninguna, como sabes; pero eso reanimó a esa persona. Uno puede llegar hasta un suicida en potencia; lo que uno tiene, lo que uno siente, puede… —Ellos recibirán nuestra alegría —replicó Rick—, pero nosotros cambiaremos lo que sentimos por lo que ellos sienten y la perderemos. […] —No perderemos realmente lo que sentimos, si lo tenemos claramente en el espíritu. Nunca has sentido del todo la fusión, ¿verdad, Rick?».

Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Por definición, un androide es un robot antropomorfo que imita la apariencia y la conducta humana. Los primeros exponentes conocidos que me vienen a la mente podemos encontrarlos en la obra de Asimov, donde destacaría R. Daneel Olivaw como personaje unificador de la saga. Por su parte, los miedos atávicos  frente al extraño —incluso antitecnológicos— podemos rastrearlos desde las tres leyes de la robótica:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley

La ciencia ficción se ha nutrido en televisión y largometrajes de gran cantidad de personajes, más o menos conocidos por todos. Astroboy, Arale Norimaki (Dr. Slump) o Bender (Futurama); los T-1000 de la saga Terminator, Data de Star Trek o Roy Batty de Blade Runner.

Evolución de los cylon

Androides en la cultura popular

Pese a que se ha demostrado que, tecnológicamente, diseñar robots con forma humana puede no ser la solución más eficiente, nuestro ego y, quizá, el legado de lo fantástico han afectado tanto a la creación real de los androides como a la continua producción de material para ciencia ficción. 

Si omitimos los conceptos más técnicos, los cuales desconozco en su mayoría, y aceptamos que en un futuro cercano podríamos crear androides que no solo imiten la forma humana, sino también emular una psique, estaríamos un paso más cerca de películas como Blade Runner (1982) o Eva (2011), e incluso de series de televisión como Battlestar Galactica (2003).

Para aquellos que no han tenido el gusto de verlas, primero, que lo hagan; segundo,  en todas ellas, aparecen robots con apariencia humana que poseen software suficiente como para emular la conducta cognitivo-conductual de los seres humanos.

NdA: Este artículo puede desvelar parte de la trama o las películas que comenta; no suelto grandes spoilers pero sí es posible que, si no habéis visto estas series o películas, os llevéis alguna sorpresa menos después.

Robótica y poshumanidad

Los cylon son una raza robótica creada por la humanidad de las doce colonias de Kobol (Battlestar Galactica, 2003). Sin explicación previa, la raza ha evolucionado de emociones más primarias y apariencia metalizada a androides de carne y hueso con una psique compleja. Posteriormente, tras rebelarse contra sus creadores, intentarán destruirlos.

La principal diferencia entre los cylon y los replicantes es su concepción temporal, moral e incluso filosófica. Mientras que los cylon no pueden morir, los replicantes tienen un tiempo finito de vida que no puede superar los cinco años. Este hándicap los acerca a los humanos, y aunque nada indica que pueden tener sentimientos más allá de la supervivencia de su especie, sí parecen tener miedo a lo desconocido e incluso comprender conceptos complejos como la libertad o el amor.

La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo.

Blade Runner

Por el contrario, la raza cylon sí parece tener posibilidad de sentir como un ser humano, todo tipo de emociones, incluso amor, celos o envidia. Además, sus capacidades les permiten proyectarse, afectando el entorno a través de su propia visión de las cosas. Los cylon son la evolución consecuente del androide en la ciencia ficción: otro tipo de posthumanismo o  relevo generacional. La superación del mismísimo creador.

Es curioso por tanto que los propios cylon sean monoteístas, creyendo en un dios único, mientras que las doce colonias que habitaron Kobol en el pasado siguen un dogma clásico; similar, sino idéntico, al panteón romano. No estaríamos hablando de un paso del mito y la religión a la ciencia y la razón —del mito al logos—, más bien de un primer escalón reduccionista que acoge antes el androide que el ser humano en este universo. No obstante, si entramos aquí con profundidad, comprobamos que el mito tiene una función útil, incluso superior a la creencia racional en algunos momentos de la trama.

Desde mi punto de vista, Battlestar Galactica 2003 plantea unas cuantas preguntas muy interesantes que ya se podían intuir en Blade Runner y otros títulos similares: Yo, Robot, e incluso en Star Wars con C3PO o R2D2. ¿En qué se diferencian un androide autoconsciente y un ser humano? Si el exterior es idéntico y el interior se encuentra completamente emulado, ¿son seres humanos? Si son idénticos a nosotros, y no son seres humanos, ¿qué significa ser humano?

La religión puede responder a este mediante la fe. ¿Pero qué puede hacer la ciencia en este caso? Con gran acierto, Battlestar Galactica consigue aplicar el concepto de genocidio no solo a la humanidad, sino también a una posible destrucción de la raza cylon, poniendo en tela de juicio la naturaleza real de máquinas y humanos. Igual que ocurría en la ciencia ficción o el terror con la figura del monstruo, la figura del androide no es más que un estudio introspectivo de la humanidad que se refleja en los ojos del otro. Así como el vampiro o el zombi representan el concepto de muerte, o el hombre lobo el salvajismo y la animalidad, el androide refleja ese análisis del mismo concepto de lo humano.

La pérdida del alma, la muerte de dios o la fe en la ciencia empujan hacia una nueva creencia a través del auge tecnológico. No tenemos que irnos hasta los implantes y las modificaciones corporales y/o cognitivas que propone la saga de videojuegos Deus Ex; la cirugía estética, los implantes metálicos o los soportes de realidad aumentada son un primer paso. Supongo que tan extraños a nuestros ojos como lo fueron el coser una herida con hilo, entablillar una pierna o desplazarse a 800 km por hora a lo largo del cielo.

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