La filosofía detrás de Black Mirror (I)

Contiene spoilers de los capítulos.

Black Mirror es, probablemente, el mejor producto televisivo de los últimos años. Por eso, se la ha agenciado Netflix, y lo ha hecho con mucha mano, cuidando los detalles, dando un salto entre algodones para su traslado de la televisión inglesa hacia la americana.

La serie de la cadena británica Channel 4 muestra seis escenarios distintos (dos temporadas de tres episodios cada una) donde lo único que une a los personajes es el uso (y abuso) de las nuevas tecnologías: ordenadores, tablets, redes sociales, smartphones… son la clave. Los personajes no son los culpables de todo aquello que se genera alrededor, pero siempre se convierten en cómplices; a veces, por acción, otras por omisión.

Sobre ella hablé un poco —muy poco— hace más de dos años, cuando ya era uno de esos seguidores con demasiado hype en el cuerpo que lloriquean por más capítulos, por temporadas más largas, para que empezase de una maldita vez la siguiente; cuando nadie conocía Black Mirror, y yo la recomendaba entre conocidos que me ignoraban, porque no era mainstream; como ocurre con lo que se aleja de Juego de Tronos, Breaking Bad o American Horror Story.

Así que, cuando hace un par de semanas aterrizaron ni más ni menos que seis episodios, me faltó tiempo para sentarme frente al portátil y devorar uno tras otro las más de siete horas de pura heroína en vena. ¿Por qué tanta prisa? Supongo que porque Black Mirror es más filosofía que entretenimiento, más crítica social que ciencia ficción, y está más cerca de lo que ninguno nos imaginamos. En cierto modo, le ocurre lo mismo que a Westworld de HBO; pero lo que ya percibimos claramente con la tecnología, todavía no vemos tan claro en sus próximos resultados…

En definitiva, que me he dicho: ¿por qué no empezar por recopilar en unas cuantas entradas los seis primeros episodios de esta tercera temporada y analizar sus pormenores? Como siempre, y al igual que otras entradas que he publicado aquí (Vivir sin Tony SopranoCinco claves que explican el éxito de ‘The Walking Dead’¿En qué cree Tyler Durden? (I) La filosofía de la imagen) se centrará en buscar paralelismos con otros medios, en retrotraernos hacia referencias literarias y audiovisuales, y en crear algo medianamente digno de leer y sobre lo que discutir.

Si lo consigo o no, ya no es cosa mía, que conste.

Caída en picado (3×01 Nosedive)

El episodio más digerible con diferencia. Un aperitivo para despertar la curiosidad de ese target mucho más amplio que se sienta frente a Netflix para descubrir una serie que ya era una pasada antes del 21 de octubre de 2016.

Nosedive no es más que Facebook o Instagram elevado al cubo; un futuro distópico en el que todo lo que los demás piensen de ti, de tu vida social, de la gente por la que te rodeas, de tu familia, de tu existencia entera, está puntuado.

Black Mirror (3x01 Nosedive)

Tu vida tiene nota, y para el mundo vales lo que ese número muestra. Eres importante en la medida en la que el resto de mortales te puntúan. Según tu media, vale la pena invitarte a un evento, puedes trabajar en cierta empresa, puedes permitirte un determinado alquiler o un tratamiento médico.

Si el cartesianismo dudaba de todo más allá del  propio yo, Paul Ricoeur (1923-2005) —y Habermas, y Luhmann— había superado este estadio para afirmar que uno no podía desconocer las instituciones, los derechos ni los principios de la modernidad; la propia conciencia del yo estaba obligada a pensar en ellos para decidir y actuar; es decir, para vivir.

¡Imagina, pues, lo que significa un mundo donde las redes sociales han convertido la evidencia de tu propia existencia en lo que el resto piensa de ti! Y tampoco está tan lejos de nuestro día a día; ¿no te lo crees? ¡échale un ojo a Peeple!, como recomiendan en Verne (Sonríe, te están puntuando: lo último de ‘Black Mirror’ ya está ocurriendo).

Nosedive ya está sucediendo: apps para ligar que nos permiten puntuar públicamente a nuestras citas, y que, probablemente, son el primer paso de mucho más. No es distinto al «sígueme y te sigo» o a los ratings internos de los que hablan en el artículo de El País y que muchos plataformas ya tienen: Tinder, OK Cupid, y otras tantas que utilizan esa puntuación para facilitar o poner barreras a la entrada de usuarios o clientes, como Uber, MyTaxi o BlablaCar.

¿Acaso esto es malo? Bueno, como ocurre en todos y cada uno de los capítulos de Black Mirror, lo es a partir del momento en el que la tecnología afecta e incluso cambia el mundo que nos rodea. Cuando se convierte en el rasero por el que dividir, en la normativa, escrita o no, en la única opción.

[SPOILERS] Lacie (Bryce Dallas Howard) no ha hecho nada malo. Ha seguido las reglas del juego; se ha adaptado en todo momento. Ha buscado, desesperadamente, la forma de crecer en su vida personal, olvidando que aquí, en este mundo, las acciones individuales no tienen demasiado peso frente a las colectivas.Puntuaciones (Nosedive 3x01)

Se porta maravillosamente bien en su trabajo, hace fotos con filtros y comparte al señor Trapito para ser todavía más vomitivamente mona; se prepara un discurso estupendo para la boda de aquella amiga que la vejaba continuamente en la escuela y pretende rescatarla por puro interés… ¡Incluso se avergüenza y oculta a su hermano: un 3,8 (o algo así)!

Siempre ha habido esclavos de las apariencias: en las zonas altas de las ciudades, con sus locales chic, sus fronteras físicas trazadas entre dos calles del imaginario colectivo, y un largo etcétera; ahora, en Nosedive, está élite social se mueve en el sector de la tecnología: veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año. ¿Y quién no lo hace? Bueno, Rashida Jones no lo hace; pero Jones no existe en ese mundo; ya sea como una camionera con una puntuación de mierda, o una lesbiana que avergonzaba a las figuras canónicas de Hollywood, su figura se ignora de forma sistemática.

¿Hasta dónde se puede leer? Bueno, algunos críticos han visto en esa caída en picado nuestra obsesión por las apariencias, nuestra dependencia por la valoración externa o el principio de estabilidad hedónica (o adaptación hedónica, donde nunca estamos contentos con lo que tenemos, porque cuando conseguimos algo, aspiramos a otra cosa, o a mayor cantidad de la misma).

Lacie, al final del episodio (Nosedive)

A lo largo del capítulo, esa caída demuestra las fallas de buscar la felicidad fuera de uno mismo; de anteponer las necesidades del otro a las propias, pero por encima de todos estos puntos, quizá el más interesante es el modo en el que nos limitamos como seres, nos reducimos, para mostrar una imagen más afable,  más dócil, más adaptable al propio contexto social.

Para Lacie, parece no terminar bien. Pero… ¿cómo es posible que uno pueda sentirse más libre en una cárcel que fuera de ella?

(¡Ah, por cierto! Hipertextual pone a disposición los tonos que se escuchan con el puntuaje por estrellas. Seguro que han cosechado unos cuantos me gusta en Facebook con esta iniciativa. Ilusos…)

Playtest (3×02)

Playtest es bueno. Verdaderamente bueno. Con Playtest no tienes que seguir dudando, Black Mirror sigue siendo Black Mirror, también en Netflix, y respiras aliviado mientras te sumerges en un episodio muy distinto a lo que habíamos visto hasta la fecha en Channel 4.

Nosedive (3×01) funciona muy bien como nexo de unión: una buena historia a la que, probablemente, le sobran cinco o diez minutos de capítulo y que nos habla de los peligros de la tecnología; donde podríamos estar si nos descuidamos, como decía Charlie Brooker en los inicios; pega bien con 15 millones de méritoscon Tu historia completa o con Vuelvo enseguida. Y, una vez enganchados, aceleramos.

Playtest (3×02) nos habla de los conceptos realidad virtual y realidad aumentada aplicada a los videojuegos: ¿quién no se siente tentado por eso? Entre las Google Glass, las Oculus Rift y las múltiples VR o lentillas de nueva generación que anuncian todo tipo de nuevas experiencias (y, ¿por qué no?, nuevas formas de vida). Si nadie se sorprende ya de que el videojuego Deus Ex trabaje junto a empresas como Open Bionics para la creación de prótesis de última generación, tampoco nos resultará extraño jugar en narrativas donde nosotros seamos realmente los protagonistas.

Black Mirror (3x02 Playtest)

El episodio propone exactamente esto a través de una prueba piloto: ¿qué ocurriría si utilizamos la realidad aumentada para conseguir historias y escenarios cada vez más y más inmersivos? ¿Podemos poner un límite al realismo? ¿Y por qué deberíamos hacerlo?

Espero que mi madre no esté arriba convertida en un monstruo.

Cooper (Wyatt Russell)

En la revista Yorokobu, aparecía un artículo muy curioso que vinculaba PsicosisPlaytest, a Cooper con Norman Bates, y a su madre, con la señora Bates. ¿Se trata de un problema familiar sin resolver? ¿O solo es una historia de terror donde el escenario virtual pretende resolver los conflictos que arrastra su protagonista y que ni la vida real ni su viaje de crecimiento o autodescubrimiento han conseguido dejar atrás?

Hay en la madre de Cooper algo hitchcockiano: la madre opresora, la madre que frustra los intentos del hijo para volar solo. Es la madre de Extraños en un tren, Encadenados y Psicosis. Una madre que siempre está, aunque no esté.

Puede que Cooper no sea más que un niño con miedos atrapado en el cuerpo de un treintañero que no sabe cómo lidiar con la muerte de su padre, con la enfermedad y el olvido, y con lo que todo apunta que es una madre castradora; un monstruo incluso, si tenemos que fiarnos de lo que brota del subconsciente, pero Black Mirror no trata de eso.

[SPOILERS] Desde el inicio del viaje, Cooper está atrapado. Así nos lo demuestra con su actitud: agazapándose a primera hora hasta un coche sin despedirse, escapando de su madre en lo que a todas luces resulta un sinsentido; una madre que le llama, y le llama; le llama cuando conoce a Sonja en un bar; a la mañana, siguiente, y seguirá llamando y llamando hasta el final.

Black Mirror (Playtest 3x02) - Realidad aumentada (ejemplo)Black Mirror (Playtest 3x02)

Todo nos lleva hacia el papel de Cooper como betatester: hacia una engañosa presentación de realidad aumentada, y a una doble mentira que despista magistralmente al espectador: la primera, nada podrá hacerle daño; la segunda, estamos viendo un espacio real en el que se sobrepone otra realidad (realidad aumentada).

Desde aquí, la trama no se detiene hasta alcanzar esa mansión neogótica tan parecida a la de la serie Hammer House of Horror¡y es que el imaginario colectivo es duro de pelar: ¡nadie duda de eso!, pero no tardaremos en comprobar, tarde, que hay algo más ahí detrás: ¡esas son imágenes de los ochenta grabadas a fuego en la psique de Cooper!

A lo largo del episodio, se superponen las capas, y perdemos de vista cuándo termina una y comienza otra; no importa en realidad, porque aquí es donde hallamos esa crítica a la tecnología: ¿es necesario jugar con un realismo tal como la vida misma? Y quizá algo todavía más importante, y que también se trata en San Junipero (3×04) más adelante: ¿si no puedo distinguir realidad y ficción? ¿No es real? ¿O sí es real? ¿O depende de dónde esté yo situado?

Hay otros puntos a tener presentes en Playtest: los implantes, la metahumanidad, el uso de la biotecnología en el ocio y la aceptación de ese porcentaje de error que nos permite seguir avanzando. Pero ninguno es tan importante como el primero: ¿esos 0,04 segundos entre la madre que interrumpe por última vez a su hijo treintañero jugando a la consola y la muerte de Cooper son 0,04 segundos o son horas y horas de sufrimiento, de vida, y de tragedia personal?

Yo, apuesto por la segunda opción. Y eso convierte el episodio en un thriller de terror maravilloso.


Enlaces relacionados:

Black Mirror

Cuando la pantalla se vuelve negra

El ordenador nació para solucionar problemas que antes no existían.

Bill Gates

En la pantalla aparece la princesa Susannah, adolescente, miembro de la familia real, ídolo de masas; está atada, amordazada, en peligro. El secuestrador da unas instrucciones muy sencillas: para su liberación, el primer ministro debe tener relaciones sexuales con una cerda en la televisión nacional; si se niega, la princesa será ejecutada.

Escena del capítulo 'The National Anthem'.
Escena del capítulo ‘The National Anthem‘.

Black Mirror es una patada en los cojones. Una bofetada que lleva en sí misma mucha rabia contra el espectador. Esa figura pasiva, que solo dice, y opina, y muestra su conformidad o disconformidad, pero no hace nada. La serie de la cadena británica Channel 4 muestra seis escenarios distintos (dos temporadas de tres episodios cada una) donde lo único que une a los personajes es el uso (y abuso) de las nuevas tecnologías: ordenadores, tablets, redes sociales, smartphones… son la clave. Los personajes no son los culpables de todo aquello que se genera alrededor, pero siempre se convierten en cómplices; a veces, por acción, otras por omisión.

Según su creador, Black Mirror no muestra el mundo en el que vivimos, sino en aquel en el que podríamos hacerlo en diez minutos si somos torpes (parafraseando, un poco). Es una bomba de relojería, una explosión inminente, una gota tras otra que, antes o después, hará rebosar el vaso. ¿Y quién será el verdadero culpable? ¿El que puso el vaso ahí? ¿El que empezó a llenarlo? ¿O cada una de las partes que hizo que, gota a gota, terminase por rebosar?

Es la otra cara. La que no te explican en Facebook, ni en Twitter, ni en ningún sitio. Aquella que empieza a deshumanizar, a controlarnos, a volvernos prescindibles, y más dependientes. Es un chiste cruel, y pueden ser nuestras vidas.

¿Qué harías de tu vida si el dinero no importara?

Un vídeo que aporta una visión diferente de las cosas de la mano del filósofo británico Alan Watts, conocido por popularizar ideas y actitudes budistas en la sociedad occidental.

Un extracto de Wikipedia en español:

Escribió más de veinticinco libros y numerosos artículos sobre temas como la identidad personal, la verdadera naturaleza de la realidad, la elevación de la conciencia y la búsqueda de la felicidad, relacionando su experiencia con el conocimiento científico y con la enseñanza de las religiones y filosofías orientales y occidentales (budismo Zen, taoísmo, cristianismo, hinduismo, etc.)

Inspirador, ¿verdad?

Sobre la filosofía (II)

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura. (Salinger: 185)

Sobre la filosofía (I) pretendía ser un punto de acceso a los principales aspectos del conocimiento que pueden sustraerse  por medio de la especulación filosófica —comprendida como la síntesis derivada de una tesis y su(s) antítesis, más que como la técnica de conversación clásica—  y la circulación de conceptos.

La enseñanza filosófica se desplaza a través de los treinta siglos de historia del pensamiento que nos preceden mediante la transmisión conceptual, donde subyace un interés escaso por una vertiente más epistemológica, es decir, por la búsqueda del conocimiento, fundamentalmente apoyado en la ciencia y la experiencia. Como puntos de interés o de estudio actual, destacarían las disciplinas de lingüística, lógica, moral y, quizá, filosofía de la religión.

El pensamiento de Adam Smith permitió crear las bases del capitalismo moderno.
El pensamiento de Adam Smith permitió crear las bases del capitalismo moderno.

De igual modo, este trasvase conceptual no debería obviar las necesidades que la naturaleza especulativa demanda, en especial, la obligación de acogerse a una vía multidisciplinar para la comprensión de temas de actualidad, con el fin de permitirnos la posibilidad de teorizar, cómodamente, en el momento presente, no de perder el tiempo mediante lo que podríamos llamar contaminación especulativa o, en otras palabras,  la actividad discursiva y especulativa que se lleva a cabo sin los conocimientos necesarios o, directamente, desde el desconocimiento o la obsolescencia de un pensamiento(s) ya superado(s) o refutado(s).

Hoy día, la filosofía en sí no solo mantiene un peso escaso en sociedad, sino que su función está siendo desvirtuada o suplantada por otras formas de orden social, como el consumismo, el capitalismo o el socialismo, que posicionan a la masa por delante del individuo, y no al individuo como patrón social imprescindible dentro de esa masa. Todas ellas, irónicamente, acogen y maximizan la importancia del individuo mediante un canon de producción masivo —sea material o ideológico.

Se enseña lo que se tiene que hacer (orden social) y no por qué se tiene que hacer (pensamiento social), y si ello es correcto o adecuado respecto a nuestro posicionamiento ideológico y mental, puesto que, en muchos casos, tampoco se nos ofrecen los medios para desarrollar este pensamiento individualizado.

Esta tara puede observarse con más detalle si centramos nuestra visión en un punto de estudio concreto. Por ejemplo, los grandes debates éticos acerca de la medicina actual, la radicalización del pensamiento religioso o las condiciones socioeconómicas en un mapa global interrelaciado y cómo afectan a los países subdesarrollados.

Todos estos planteamientos se omiten por interés práctico, de igual modo que ocurre con las condiciones laborales y sociales que ya Salinger, hace más de sesenta años, comprendía como un punto de no-retorno en El guardián entre el centeno. ¿Por qué no se ha profundizado en el estudio del trabajo a través de una perspectiva filosófica? Si atendemos a esta cuestión, comprobamos que las concepciones utilitaristas (jurídica o socioeconómica) y, también, la concepción histórica son perspectivas de estudio habituales, en cambio, se rehúye la crítica filosófica del trabajo, siendo este uno de los pilares en los que se basa nuestra sociedad y que arrastra temas de mayor calado: por ejemplo, la necesidad de un modelo consumista, de producción a gran escala y malgasto de recursos naturales para continuar manteniendo el estilo de vida capitalista.

—He dicho que no, que no habrá sitios maravillosos donde podamos ir una vez que salgamos de la universidad. Y a ver si me oyes. Entonces todo será distinto. Tendremos que bajar en el ascensor rodeados de maletas  y de trastos, tendremos que telefonear a medio mundo para despedirnos, y mandarles postales desde cada hotel donde estemos. Y yo estaré trabajando en una oficina ganando un montón de pasta. Iré a mi despacho en taxi o en el autobús de Madison Avenue, y me pasaré el día entero leyendo el periódico, y jugando al bridge, y yendo al cine, y viendo un montón de noticiarios estúpidos y documentales y avances de las próximas películas. ¡Esos noticiarios del cine! ¡Dios mío! Siempre sacando carreras de caballos, y una tía muy elegante rompiendo una botella de champán en el casco de un barco, y un chimpancé con pantalón corto montando en bicicleta. No será lo mismo. Pero, claro, no entiendes una palabra de lo que te digo. (Salinger: 145)

Parece bastante agudo acordar que, actualmente, una formación humanística es incompleta para triunfar en una sociedad utilitarista, y sería más inteligente optar por estudios más funcionales —útiles respecto al valor social que se otorga a ese producto en sociedad, por ejemplo, los grados y licenciaturas de Economía o Administración de Empresas tienen, muy a menudo,  mayor peso social que la literatura o el arte— si ese es nuestro fin último; por el contrario, si nuestro interés es puramente académico, en su sentido más amplio, la formación ofrecida es insuficiente y debería apoyarse en una cultura científica y técnica adecuada (biología, lógica, física, robótica…). Pues, ¿existe un interés verdadero de la cultura por la cultura más allá de la utilidad inherente que nos confiere su preservación? ¿No es la utilidad ese algo imprescindible que otorga valor a la materia?

La filosofía no funciona al margen del mundo físico, sino todo lo contrario: opera en él, y su función básica es ayudarnos a entender y mejorar esa physis. Así, no puede explicar per se cómo funciona el universo —ni debe hacerlo—, sino que su función principal es la de convertirse en un híbrido útil, el cual pueda dar un sentido lógico formal a la creación, así como a la evolución y a las modificaciones de la misma. Es decir, la filosofía no tiene sentido un campo estrictamente binomial de ciencia-religión, pero sí tiene potestad para categorizar aquellos productos que se derivan de la ciencia, la tecnología o la religión.

En otras palabras, la filosofía no puede probar ni aspirar a promulgar discursos de importancia similar en temas como la existencia de un dios, la maternidad o la robótica, pero sí puede postularse respecto a esas cuestiones: sobre su bondad, maldad o moralidad, ayudando a su estudio y estableciendo límites, tanto a nivel científico como social. Su principal enemigo, llegados a este punto, diríase que no ha sido el estudio de los autores, sino la dificultad de crear un mapa conceptual suficientemente grande desde el acercamiento a las figuras de los pensadores más destacados, desde el mundo clásico hasta nuestros días; quizá, una posible solución, empezaría por invertir el orden autor-concepto, por el formato menos amigable de concepto-autor; en otras palabras, desgranar los conceptos tratados por cada autor, haciendo especial hincapié en los temas de interés y no en aquello interesante que dijo cada pensador, del modo que ofrece el profesor David Papineau en su obra Filosofía (Blume, 2008).

Entradas relacionadas:

Bibliografía:

  • Salinger, J.D. (2008). El guardián entre el centeno. Madrid, España: Alianza Editorial.
  • Papineau, D. (2008). Filosofía. Barcelona, España: Blume.

Por qué utilizar células embrionarias para la ciencia

La realidad siempre supera a la ficción y, como ya se ha demostrado en reiteradas ocasiones, lo hace tanto para lo bueno como para lo malo. Más pronto que tarde, muchas de las historias que aparecen en el cine o la literatura anteceden una realidad. Todo esto tiene una explicación, y es que todo aquello que propone la ciencia ficción tiene una base científica innegable.

Célula madre embrionaria.
Célula madre embrionaria.

Esta semana, el descubrimiento que estará en boca de todos es la posible creación de células madre a partir de una clonación; este hallazgo que, con total certeza, es el primero de muchos en la misma línea, abre viejas heridas que la Iglesia y muchos estados están omitiendo e intentando ignorar sin frutos.

Como explican los redactores de El Periódico, la novedad es que pese a que no se trata de la primera vez que se clona una célula humana, todos los intentos anteriores fracasaron muy rápidamente y no superaron las ocho células de desarrollo embrionario, muy por debajo de la fase de blastocisto necesaria para la obtención de células madre útiles con finalidad científica; en cambio, en la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón (OHSU) se ha logrado una estructura compleja de unas 150 células, mayor incluso que la que se implanta a las mujeres que siguen tratamientos de fertilidad.

El trabajo de este grupo de científicos puede proveer a la sociedad de terapias de curación para enfermedades neurodegenerativas, de creación de tejidos e incluso mejorar la esperanza de vida. Además, han conseguido inhibir el rechazo de estas células por el propio cuerpo, ya que las reconocerá como propias.

Rápidamente, el equipo científico se ha apresurado a hacer dos puntualizaciones:

  1. Este método no puede clonar seres humanos
  2. Esa no es la intención ni la búsqueda científica del equipo del OHSU

Sin desmerecer la grandísima labor de este equipo, ahora es cuando empezarán, de nuevo, los verdaderos problemas éticos. El miedo por la clonación de seres humanos tiene sentido. Nuestra sociedad (occidental) legitima la libertad individual, en teoría, hasta donde empieza la del prójimo; si pudiésemos crear clones, idénticos a nosotros, ¿cómo podríamos diferenciarnos de ellos? Por esta razón, sería interesante empezar a legislar sobre la base de esta posibilidad pues, aunque no es plausible aún, ya no es ciencia ficción.

Por otra parte, si en la práctica se puede probar que la creación de humanos idénticos entre sí es posible, la humanidad ocuparía el lugar que, tradicionalmente, mantiene el dios creador.

  1. Crear a una persona mediante tales medios demostraría que no es necesario la voluntad creadora de una divinidad
  2. Si podemos crear a dos seres iguales, debemos aceptar que el alma humana (la cual se afirma que es única en cada ser), no existe
  3. O bien, afirmar que los posibles clones no poseen alma humana y, por lo tanto, no son humanos

Para la Iglesia, con razón, la ciencia lleva décadas sobrepasando los límites de la ética. Sin embargo, si empezamos a tener a nuestra disposición esos “milagros médicos”, ¿qué ocurrirá con la necesidad de la fe? Las células madre entran en conflicto con los posicionamientos éticos y religiosos tradicionales, porque empiezan a destruir esa necesidad de metafísica.

Ahora, queda por decidir si el ser humano puede acoger finalmente el papel que, tradicionalmente, se asimila a las divinidades o, por el contrario, entramos en un terreno resbaladizo que entraña más riesgos que ventajas.

Aquel que queríamos ser

Hace unos días, frente a un café, aquel que sueña a sus protagonistas inició su relato. Por norma, en los sueños, la mente omite escenarios y secuencias de importancia menor, y centra su atención, si podemos hablar de algún tipo de reflexión onírica o similar, en los elementos principales. Allí, entre unas sillas y una mesa descansaban tres figuras en silencio, decía. No recordaba demasiados detalles pues, por lo que sabe de sí mismo, suele perderse entre los mismos. Sin embargo, afirmaba que las tres figuras brillaban como puede hacerlo la porcelana al contacto con la luz.

No tardó en percatarse que se trataba de su abuelo, su abuela y su padre y, rápidamente, comprendió por qué no había ningún otro familiar en aquella habitación. Entonces, durante un tiempo indefinido, propio del sueño, los observó sin decir nada. La imagen de los abuelos era algo más tenue que la del padre, del que todavía se podían apreciar los rasgos con claridad. Pero, de golpe y porrazo, las figuras caían contra el suelo y, una a una, reventaban en mil pedazos, presentando su reverso; la cara inversa permitía apreciar el material con el que estaban hechos: terracota, arcilla o algún tipo de barro endurecido.

Después, un momento antes de despertarse con un frío intensísimo que le recorrió todo el cuerpo sin  tregua durante horas, tuvo la certeza de que alguien había empujado a esas figuras contra el suelo y que estas no se encontraban ni tan sujetas ni tan firmes a sus sillas. Sin duda, todo el sueño tenía una lectura superficial, la cual afligía más que cualquier otra y, a causa de su sentido unívoco, había escogido a su interlocutor sin excesivo esmero.

Me permití darle mi opinión, la cual rechazó sin miramientos, alegando que ni él ni yo poseíamos los conocimientos suficientes para analizar la psique humana y, tras una segunda ronda de cafés, decidió encauzar la conversación por los derroteros que realmente resultaban de su interés. Así que, de aquel sueño sobre familiares muertos, surgió la necesidad de aprovechar mejor el momento presente, pero sobre todo de dedicar veinte minutos diarios a esa costumbre antieuropea y retrógrada que es la siesta.

Accedí, pues sabía que eso no iba a cuajar. Parecía más una forma de intentar aprovechar el tiempo, incluso cuando se privaba de este durante la vigilia, más que una verdadera necesidad de salud. Si no, ¿por qué no conseguía cerrar los ojos después de comer?

Toni Cantó (UyPD), bipartidismo y la adecuación del mensaje

Toni Cantó, diputado español, ha realizado en el último mes un par de declaraciones muy críticas contra el sistema, que parte de la prensa española no ha dudado en divulgar a bombo y platillo, ofreciendo una visión distorsionada y simplista aquello comentado.

Primero. No comparto lo que dice, ni cómo lo dice, pero sé de lo que está hablando.

Segundo. Estamos aborregados. Y nos aborregan todavía más, día a día. El español (el catalán, el vasco, el andaluz o el madrileño) no sabe leer y, para más inri, necesita un mensaje sencillo y carente de cualquier metáfora o concepto críptico. Se rehúye todo aquello que obliga a pensar, a posicionarse, y nos acomodamos en las ideas y, más peligroso aún, en los ideales de terceros.

Tercero. El votante es políticamente correcto, y esa posición per se es la forma más progresista que, creemos, se puede adoptar. Por descontado esto es falso. Y, sobre todo, peligroso: por el feminismo extremo, por el populismo y, por encima de todo, para la democracia.

Para argumentar con respecto a este señor, he escogido sus últimas declaraciones en Twitter y un vídeo sobre su comparecencia en el Congreso de los Diputados respecto al maltrato animal.

Caso 1: sobre la violencia de género y Toni Cantó (UPyD)

toni_canto_twitter

En este caso, si pudiésemos contar con los datos sobre la mesa, lo que dice el diputado de UPyD no es ninguna tontería ni está fuera de lugar, aunque sí es cierto que, o bien por un déficit de atención, o bien por no tener la capacidad de síntesis o la mano izquierda que necesitaría la mayor parte de la casta política, sus explicaciones crean polémica debido a una ausencia de claridad en el mensaje.

La teoría de Cantó falla por la base, puesto que los datos no se encuentran contrastados (los datos pertenecen a la Federación de afectados por las leyes de género).  Si esos datos se contrastasen, lo que no parece tampoco tan descabellado… ¿Quién irá a la puerta del señor Toni Cantó a disculparse? Los mismos que le alaban por haber renunciado a sus dietas, respondía ayer un usuario en Twitter defendiendo al actor.

Sobre este tema, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) desmintió categóricamente estas afirmaciones, asegurando que solo un 0,01% de las denuncias por violencia de género son falsas. Sea como fuere, no vamos a dudar de la buena gente del gobierno, políticos tan nobles y de una transparencia jamás vista desde tiempos de Cánovas y Sagasta. No hay razón. No obstante, me llamó fuertemente la atención que las respuestas contra este señor no atacaban su crítica a un sistema que, imagino, considera que está basado en una desigualdad legal, que propicia que algunas mujeres denuncien por lucro, sino que la mayoría se limitaban a llamarle misógino, y le reprochaban que, encima de ser maltratadas, las denuncias de esas mujeres eran falsas. Recordé (levemente) a Aristóteles, el razonamiento deductivo y otras lindezas que enseñaban en bachillerato y en primero de Filosofía. Me dije:

Premisa mayor: Algunas mujeres ponen denuncias sobre violencia de género.

Premisa menor: Algunas mujeres sufren violencia de género.

Conclusión:  Algunas mujeres que ponen denuncias sobre violencia de género sufren violencia de género.

Sin embargo, el lector parecía entender:

Todas las mujeres que ponen denuncias sobre violencia de género sufren violencia de género.

Fallaba la forma de decir las cosas, la poca profesionalidad al contrastar datos (de lo que se disculpó seis horas después, como ¿tantos otros? políticos) y quizá el popurrí de temas. Pero… es innegable que muchos hombres están legalmente desprotegidos tras un divorcio, contra falsas denuncias de malos tratos, etcétera. Según el CGPJ un 0,01% de los casos, pero yo puedo deciros a varias personas conocidas que han tenido problemas de este tipo, ¿y vosotros? Desde mi punto de vista, el principal problema es que Toni Cantó pone sobre la mesa temas peliagudos:

  1. El feminismo más allá de la igualdad
  2. Discriminación positiva y negativa en sociedad
  3. Vacíos legales

¿No es eso lo que tienen que hacer los políticos? ¿Tratar temas de importancia para la sociedad a la cual representan?

Caso 2: sobre el maltrato animal y la conciencia ética

Ahora busquemos unas declaraciones anteriores. Aquellas en las que el mismo diputado, tildado de cabronazo para arriba (con perdón), afirmaba que los animales no tienen derecho, y que no pueden ser juzgados bajo las mismas leyes que el ser humano por falta de consciencia.

Primero. Implica un verdadero debate ético y filosófico. Quizá de ahí surge el mayor miedo.

Segundo. Las ideas y el mensaje final pueden alterarse si no se presta atención a los 2 min 45 s que dura el vídeo.

Tercero. La mayor parte de aquellos que criticaron la presentación del tema por el diputado en cuestión no deben haber visionado el fragmento completo.

Cuarto. Tampoco estoy de acuerdo con la conclusión final del diputado de UPyD.

La frase que corrió como la pólvora fue la siguiente: «Los animales no tienen derecho a la vida ni a la libertad.»

[youtube=http://youtu.be/98RVP3Nxkfk]

Este fragmento es lo más cercano a lo que debería ser la vida política, y una de las pocas aportaciones útiles que he podido ver en mucho tiempo en el Congreso de los Diputados. Respecto a la tauromaquia debo decir que la considero aborrecible, ni arte, ni disciplina deportiva, ni cultura… Considero el toreo un festival atroz que nos degrada como personas y, por ende, creo que este señor se deja llevar por la misma hipocresía que muchos otros políticos. Ergo no estoy de acuerdo con el fin, pero sí con las forma en la que expone su punto de vista, siempre respetable en democracia.

Para empezar, Cantó parece ser consciente de que no están allí para realizar populismo barato o política de patio de colegio. La finalidad es debatir el tema y apoyar o rechazar la propuesta de desaparición de una práctica considerada tradición. Citando a Savater (Arte, crueldad y traición) afirma los siguientes preceptos:

  • Los animales no tienen obligaciones, puesto que tampoco tienen derechos
  • El libre albedrío (es decir, la libertad de decisión) separa a seres humanos y animales irracionales
  • Nos une el sufrimiento y, aunque el trato y el maltrato requieren de la igualdad de las partes, el maltrato animal nos hace menos humanos
  • El maltrato animal va mucho más allá del toreo, es un debate profundo sobre nuestra sociedad que basa su ropa, alimentación, etcétera, en el sufrimiento animal

Cantó, así como hizo Savater, parecen poner la tradición y la permanencia del toro por delante del sufrimiento innecesario. Para ellos, la hipocresía resultante sería creer que el lidia, el toro español, hubiera sobrevivido los últimos 300 años sin el toreo. Esta máxima se mantiene hoy en día, puesto que la abolición de las corridas de toros volvería baladí la cría del mismo. Mi pregunta, respecto a este tema, es la siguiente: si el maltrato animal degrada al ser humano, y el toreo implica el maltrato, ¿qué sentido tiene la cría de un animal destinado al sufrimiento?

Si afirmamos que el maltrato devalúa la vida humana, ¿por qué mantenemos un proceso que, en última instancia, nos afecta negativamente a nosotros como sociedad? Lo hipócrita no es creer que el toro no hubiese sobrevivido sin el toreo, sino utilizar esa premisa para mantener una especie que, como todas las demás, debería ser deber nuestro proteger. Puesto que si el maltrato nos envilece, el trato con ellos nos mejora como personas.

Por la cabeza me ronda que tras tantos años de bipartidismo y falta de mensaje político, el ciudadano y el votante, cuando aparece un mensaje que debe analizar y con el cual debe implicarse, siente miedo y pereza. Y actúa reduciendo la esencia del mismo a la mínima expresión. Acostumbrados a titulares vacíos, la aparición de un discurso político real llega a chocarnos sobremanera. Se descubren, pues, dos problemas: la falta de alternativas políticas bajo las que se sientan representados los ciudadanos y la pérdida del sentimiento político tras décadas de promesas vacías.

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