Ya lo decía Michael Corleone en El Padrino II cuando su madre le advertía que nunca podría perder a su familia. Él, taciturno, y acompañando a su progenitora en uno de los salones de la casa familiar, contestaba con un escueto: “Los tiempos cambian.”
Es así, cambian, y cambian en todo. Y parece que, durante algunos años, todavía podremos creer que de todo tiene culpa la crisis: de nuestra vida precaria, de nuestra falta de incentivos, de la desaparición de las pensiones… Pero el ciclo se cierra; o mejor dicho, se abre otro nuevo.
Como la mayoría, no tengo mucha idea de economía. Por el contrario, soy bastante bueno percibiendo aquello que nos rodea y que otros obvian. No es por echarme flores ni nada parecido, solo es para reseñar que estamos ante un cambio económico que se acelera; para reseñar que, cuando se acabe la crisis, no volveremos a donde estábamos antes (por si alguien todavía lo dudaba) y que los políticos, los mercados, los lobbies de poder y las grandes corporaciones son malas malísimas, pero que también es momento de que tú empieces a jugar con algunas reglas (o, como mínimo, las entiendas) que no tienen por qué ser económicas, pero que afectan a los mercados.

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