No digas nada

Lo mejor que puedes hacer es no decir nada. Seguir callado. Mirar hacia otro lado. Ir a lo tuyo.

En serio. No digas ni pío. Cierra el pico. Olvídalo. Como mucho, comparte alguna petición de Change.org que esté cogiendo fuerza para que nadie pueda saltarte al cuello por insolidario o antisistema.

Ni se te ocurra criticar al gobierno por internet. Ni a la iglesia. Si eres aficionado al humor negro, cuídate de decir nada de ETA, o de las víctimas o de la gracia que te hace el estado de derecho. No cites las palabras cáncer, ni sida, ni polla, ni violencia de género, ni nada que pueda ponerte en un compromiso virtual.

Guillermo Zapata (Ahora Madrid)
Un edil barbudo de Ahora Madrid que cuentan que la lió con unos tuits.

Si haces un llamamiento a la violencia en público, directamente eres subnormal. Si no eres Federico Jiménez Losantos, o un miembro de su camarilla, te van a empapelar hasta el tuétano. Te van a joder bien jodido; te van a destruir aprovechando todas y cada una de las instituciones de las que puedan echar mano, como pretenden hacer con Rita Maestre, como hicieron con el edil del apellido revolucionario, quien primero se revolvió, y después encajó el golpe y pidió disculpas (para seguir en pie).

Y no temas: si no te conocen ni en tu casa, también te encontrarán. Cárcel para quien se mofe de Carrero Blanco cuarenta años después; cárcel por enaltecimiento al terrorismo; cárcel por comentarios machistas; cárcel, cárcel, cárcel. Ojo con Twitter, que es la casilla del «vaya directamente al trullo» de nuestro Monopoly particular.

Federico Jiménez Losantos - foto EsRadio
Un señor graciosete y sin maldad (vídeo) que parece ser que es periodista.

Sobre todo no te equivoques. Si te suena algo de lo anterior, seas un descerebrado y realmente te merezcas un castigo por enaltecimiento al terrorismo (aunque no hayas visto un arma de fuego en tu puta vida) o seas el gracioso de turno y estés llorando nervioso mientras te repites, una y otra vez, por qué no te metiste por el ojete ese chiste sobre Irene Villa antes de que te metan otra cosa, te daré un consejo tardío: la ley no está de tu parte; porque no hay ley, solo restos.

Pero voy a concederte algo. ¿Dónde ponemos el límite? ¿Metemos en la cárcel al tontolculo del niño que está en la edad del pavo? ¿Al grupo de payasos que se ríen de cualquier desgracia ajena y tanto les da el bar que la red? ¿Metemos en la cárcel a cualquiera políticamente incorrecto? ¿A ese actor cuarentón que se encendía tanto por todo que se ha quemado, por igual, con la monarquía, la política y el Franquismo? ¿Y a aquellos de ni patrias ni banderas? ¿A los independentistas que sueltan alguna burrada acostumbrados a que nadie les escuche y tanto se presuponga?

Grafico-independencia-catalana

En realidad, esa pregunta es una idiotez. Todas ellas. Podemos poner el límite donde creamos que corresponde: acertemos o nos equivoquemos. Pero ese marco debe servir para juzgar a quienes piensan que la violencia es una respuesta adecuada tanto como a aquellos que defienden el terrorismo de estado, el statu quo: a los curas pederastas, a los periodistas de amarillo desteñido, a los policías que abusan de su autoridad, a los políticos corruptos, a los maltratadores…

Eso es lo que te han dicho.

Eso es lo que tú crees.

Al final, resulta que naciste ayer. 

El Periódico (Corrupción PP/PSOE)

Sigues sin ver que, a un lado, cientos y cientos de idiotas son condenados por cuatro palabras sin fundamento que colgaron en Twitter, en Facebook, o donde sea. Al otro lado, en cambio, no ocurre nada; puede criticarse, insultarse, y amenazarse, porque tienen la sartén por el mango, porque se conocen y se respaldan; porque roban juntos a manos llenas, y se pasan sobres, y nos arrebatan la memoria histórica; porque se indultan entre sí, no nos escuchan, no nos toman en consideración y, lo más importante de todo, controlan la justicia.

Tú sé inteligente: no digas nada. ¿Por qué arriesgarse? ¿Para qué dejar el ordenador y salir a la calle? La Ley te lo prohíbe. Recuerda. Sé inteligente. Cállate. Asiente. Haz otra cosa. Mira hacia otro lado. No hagas nada. No te metas en líos.

Pero ya que eres tan bueno o buena, te contaré algo. El problema real no está ni a un lado ni a otro: está en el centro, en toda esa gente que el estado cree que puede silenciar, ya no solo en la calle con estúpidas mordazas legislativas, sino también en su casa mediante amenazas.

Parecen haber olvidado que, en ese punto, justo en ese punto, es cuando las palabras se transforman en susurros y, lo que todavía es más peligroso, cuando esas mismas amenazas se vuelven armas mucho más reales.

Blablablá en la Fortaleza de la Soledad

Siempre pensé que abandonaría este blog. Había dejado morir uno sobre cine, otro de literatura, y otro más que parecía el típico diario infantiloide donde de críos escribíamos que nuestra madre nos había dado melocotón en almíbar de postre. A ese le pegué dos tiros en la panza y le dejé agonizar en el desierto, por cabrón retorcido.

Este no lo he dejado, pero no sabría decir por qué. Hace años hubiese dicho que se trataba de una vía de escape, algo que echas de menos cuando no puedes dedicarte demasiado y con lo que te encanta perder el tiempo, pero no hubiera sido cierto. Por aquel entonces, a nadie se le ocurrió conectarme una batería de coche al pecho y amenazar con torturarme por todos lados pero, de haberlo hecho, habría terminado por cantarles que lo verdaderamente narcótico de esto es la sinceridad. Puede acoger todo tipo de formas: opinión, crítica, sarcasmo, y nadie puede venir aquí y echarme a patadas de mi blog.

Superman (DC Comics)
¿Sinceridad? ¡Esto es un trabajo para… Supermaaaaan!

Es la Fortaleza de la Soledad de Superman con un agregado: si no te gusta lo que se dice aquí, jódete. Si no estás de acuerdo, puedes decirlo tan alto como quieras, porque mis palabras prevalecerán por encima de todo lo demás. Aquí soy Dios Padre, Alejandro Magno, el Coloso de Rodas y, como cualquier otro hijo de vecino, sé que tengo un arma de doble filo entre las manos. Un artefacto peligroso para los ególatras, un lugar donde lloriquear cuando te han cortado el frenillo de tu pene con unas tenazas, un espacio donde prostituir tu persona, el sitio perfecto donde regalar las bobadas que rondan tu cerebro con cuentagotas.

El camino que separa el punto A, el del ególatra que recrea Interviú a su imagen y semejanza, del B, donde terminas por escribir aquello que piensas que el resto quiere leer, no es más que una línea. Es como la caída de un caballero jedi hacia el Lado Oscuro de la Fuerza; un error pequeño, solo uno; una bola de nieve que empieza a rodar por la ladera de una montaña. El camino fácil, la vía más sencilla, escribir como un negro y mandar al carajo todos esos artículos sobre la muerte que apenas nadie quiere leer, hablar de pollas, de coños, de putas, de drogas, de sexo, de locos; convertir tanto blablablá, en más acción en topless.

Ser menos rebuscado.

Soldados imperiales de Star Wars
Sé malo. Sé guay, como nosotros.

Un blog que funciona es como ese chico con novia que se encoña de la guapa del grupo; y ella jamás le dirá que quiere cambiarlo, que esas sudaderas negras del Carrefour y esos tejanos de treinta euros que siempre se rompen por la entrepierna tienen que evolucionar a ropa de Custo y Springfield, y a copas en garitos de moda, y a gente con más glam y menos ¡agh! y manchas de cerveza. Y cuando menos te lo esperas, la muy zorra te deja porque ya no eres auténtico y has cambiado, porque eso no era lo que la enamoró de ti.

En resumen, que todo esto es para decir que, si eres rebuscado de cojones y nadie te lee, ¿qué importa? Al menos estarás haciendo algo que te apasiona. ¿Y si te lee un montón de gente para qué intentar cambiar? Nadie despierta el interés de otros si lo que dice no le interesa ni a él; y no vas a gustarle a todo el mundo, so imbécil, no vayas por ahí. Pero lo sé, ahí están; ahí están todos esos tipos y tipas que dicen exactamente lo que la gente quiere oír y se hinchan los egos con más y más followers, y tuits, y fotos profesionales en Instagram, y nunca jamás los ves con un moco asomándoles por la nariz y ningún amigo cerca para avisarles de tal putada.

¿Por qué seguimos escribiendo blogs? Será que al menos a una persona le gustan todas y cada una de las entradas o artículos que allí aparecen; será que es tu bar preferido, ese recuerdo que atesoras, el perro de tu infancia, el primer beso lleno de babas y choque de dientes, el amor de tu vida.

Si eres sincero contigo mismo, no vas a permitirte el lujo de joder algo tan bueno.

Entre los 80 y la nada

Somos la generación puente. Los últimos que conocieron el mundo analógico sin filtros digitales. Los infelices. Los engañados. Los hijos de los primeros miembros de la generación X, o de los últimos boomers.

Se nos conoce como millennials, aunque yo no tenía ni idea de esto hasta hace poco. Parece ser que somos la generación del milenio; la generación de la que todo el mundo habla; los nuevos consumidores, los eternos niños con síndrome de Peter Pan, las expectativas que no llegaron a cumplirse incluso cuando nosotros mantuvimos nuestra parte del trato…

Lo leía justo ayer; recuperaba un artículo que encontré perdido en la red. Decía: “Nos educaron para un mundo que ya no existe”, en grandes letras negras. Y hay mucho de cierto en esas líneas, aunque también algo de rabia escondida, algo de rabia sobre lo que tenía que ser y no ha sido, como si hubiera un acuerdo tácito que incluyese todo lo que nos prometieron; una alianza inquebrantable firmada a sangre, fuego, sudor y lágrimas con nuestros padres.

Mano loca (años 80)
Con mi mano loca hago ¡zas! y te pego en toda la boca…

Hoy, mi generación engloba a los pocos jóvenes de la historia que hemos sentido nostalgia de algo con menos de treinta años; somos los primeros en reconocer un cambio acelerado, y en no tener a qué agarrarnos. Somos los jóvenes ya no tan jóvenes; los condenados a fracasar frente a unas expectativas que no se corresponden a la realidad que nos ha tocado vivir y para la que se nos preparó.

Estas eran algunas de las ideas que se exponían en uno de esos artículos donde se reúnen a cuatro o cinco personas alrededor de una mesa y un periodista conduce con mayor o menor implicación las palabras que allí se pronuncian. Aunque no tengo la más remota idea, me imagino que se graba, se toman notas y se recortan los trazos más interesantes de esa experiencia con una introducción y, a veces, si no es un buen texto, también un cierre que intente corregir ese problema.

Hacia otro mundo más que ya no existe

En el artículo que te comento me gustó que me hablasen de Compañeros, de Jurassic Park o de las Spice Girls; recordar los Juegos Olímpicos de mi primera infancia, las manifestaciones con sabor a trágica adolescencia contra la Guerra de Irak, y las tardes de fútbol, los bocatas, las excursiones a la montaña con los amiguetes, y los fines de semana en la calle.

Oliver y Benji (1983-1986)
No ganamos pa’balones de fútbol, Oliver.
Oliver y Benji (Captain Tsubasa, 1983-1986).

La historia nos recordará también como a millennials, pero transportamos una gran brecha frente a los miembros de la década siguiente; somos los primeros en nada, y los últimos en unas cuantas cosas, y lo cierto es que la forma en la que se exponía me gustó.

Estudiarás por encima de todas las cosas

Somos la primera generación que tiene la seguridad de que estudiar y formarse no es sinónimo de un buen sueldo, ni de estabilidad económica o de vivir en una casa a cuatro vientos en la zona alta de tu ciudad. También somos de las primeras generaciones que cambia su ideal de vida; ¿pero qué fue, antes el huevo o la gallina? Preguntarse si las carreras universitarias con cada vez menos becas, con prácticas no remuneradas y con la inseguridad laboral asomando el hocico a la vuelta de la esquina son el problema del sistema o solo una mentira más que se une a aquello de que te ibas a comer el mundo con tu licenciatura.

Chiste sobre selectividad
Situaciones desesperadas requieren medidas…desesperadas.

No vivirás por encima de tus posibilidades

¿Tu primer piso pagado con 27 años? ¿Estrenar coche una vez por lustro? ¿Entrar con la cabeza bien alta en una hipoteca a 35 años? Las experiencias en las que nos reflejábamos, las experiencias de nuestros padres, nunca serán las nuestras. Ni por asomo. Una de las voces del texto decía: “…tenemos la suerte de que nuestro primer trabajo ya fuese una mierda”.

Una mierda lejos de la burbuja inmobiliaria, de las nóminas de cinco cifras, de un mundo de prestado. A fuerza de golpes, terminamos por descubrir que ya no había reglas fijas, ni en los estudios ni en el trabajo, sin nadie que te lleve de la mano y te asegure que todo saldrá bien, con pocas certezas y muchas expectativas puestas en uno mismo; ¿pero no es acaso eso mucho mejor que dejar pasar tu vida entre cuatro paredes?

No crecerás

Independizarse. Estudiar y trabajar. Vivir con lo puesto, de prestado, con cien euros de margen en el saldo de tu cuenta corriente. O vivir con los padres. Culpando al mundo de cómo nos engañó al estudiar esa ingeniería de la que no queríamos saber nada en su momento. Con trabajos que requieren una décima parte de tu formación. Con sueldos que te obligan a esbozar una sonrisa amarga al escuchar la palabra mileurista…

Ni estudias ni trabaja
¿Ni estudias ni trabajas? ¿O no encuentras ni una cosa ni otra?

Hoy, podemos ser Peter Pan, retrasar la madurez, porque todo acompaña: el salto digital, las promesas incumplidas, el entorno en el que nos movemos; todo ello muy lejos de los pisos en propiedad, las segundas residencias, los hijos… Pero también podemos jugar la mano que nos ha tocado; comprender que no siempre hace falta ir de farol si, frente a ti, nadie tiene buenas cartas sobre la mesa.

No apoyarás a los partidos tradicionales

En los buenos tiempos, no desarrollas conciencia política, dicen estos chicos y chicas sobre los que estoy leyendo. Así que somos quienes somos porque nacimos en España, pues; porque José María Aznar se pasó por el forro lo que le pedían millones de ciudadanos, porque el PSOE y Zapatero nos mintieron siguiendo con el tema aquel de que no había crisis cuando todo explotaba; porque vivimos el 15-M, en Sol, en Plaza Cataluña, y en tantas otras ciudades, y quizá salimos corriendo e incluso recibimos cuatro hostias o un pelotazo de goma.

Chistes sobre Podemos

También somos aquellos que no quieren crecer, aquellos con demasiados miedos, y parece que con el temor suficiente para frenar un cambio real en la política de su país; personas que ya son miedos, y poco más; personas que observan, acorraladas, como su zona de confort se empequeñece día tras día.

Somos conscientes de que la idea de Europa en la que se sumergieron nuestros padres no era más que un ideal vetado a muchos, que los mercados cortan las alas a la política, y que la política tradicional ni escucha ni representa a nadie.

Por ahora, poco hacemos todavía.

No codiciarás un futuro

Sin casa. Sin curro. Sin pensión. Sin miedo. Ese era el eslogan del colectivo madrileño Juventud Sin Futuro. Pero también es una realidad que ya ha cristalizado. Los nacidos en los ochenta hemos generado ideales a una velocidad pasmosa; siempre por obligación.

Las generaciones nacidas a partir del año 2000 están consideradas nativos digitales.
En unos años, ¡voy…a…ROBAR…tu trabajo!

Una vez se ha consolidado un nuevo panorama político y social, es momento de decidir qué hacer; ahora ya no hay excusas; no hay posibilidad de seguir diciéndonos a nosotros mismos: no lo sabíamos; tampoco de culpar a los que nos precedieron, de no dejarnos hacernos un hueco y ponernos algo más cómodos antes de que nos viésemos cara a cara con la siguiente generación —con los nativos digitales— bajo las mismas condiciones del mercado.

Ahora toca decidir cómo afrontamos el resto de nuestras vidas, sin el trabajo con el que soñábamos, o peleando por él, sin seguridad económica, sin Estado del Bienestar, con escasas probabilidades de cobrar una pensión de aquí a treinta o cuarenta años…

Un mundo de incertezas que se abrió paso a toda velocidad y nos cogió por sorpresa; casi una década después, es tarea nuestra convertir la nada en un futuro con el que estar en paz cuando llegue el momento. Quizá nos lo dieron todo, y ahora, poco hay que no nos parezca nada.


Enlaces relacionados:

Nacidos en el 85: «Nos educaron para un mundo que ya no existe», por Álvaro Rigal en El Confidencial

El PP quemó tu casa

Como si de soldados romanos en pos de la gloria, tribus íberas descontroladas o expansionistas ejércitos francos se tratase, el PP quemó tu casa. Lo hizo con una porción del salvajismo invocado hace miles de años, pero sin un ápice de honor, y mucho menos de compasión por la naturaleza siquiera. Lo hizo tanto al amparo de la noche como del día; sin exhalar lamento alguno y con catorce millones de ojos cómplices que miraban hacia otro lado.

Sobre repartir la culpa no podemos hablar, pero sí del principal problema. Una cuestión que nos llega desde Vizcaya, donde alguna lumbrera notó que soplaba el viento en la dirección adecuada (hacia donde los chalets de lujo de la zona no peligraban, parece ser) y había matojo e intereses suficientes para sacar partido a los cambios aprobados hace un año sobre aquella anticuada Ley de Montes (Ley 43/2003) de un 21 de noviembre que fastidiaba tantos intereses.

Foto incendio en Berango (Vizcaya)
Fotografía del incendio de Berango (Vizcaya), donde se han quemado cientos de hectáreas en los últimos días. Si bien las causas se desconocen, ha conseguido que vuelvan a saltar las alarmas sobre los cambios que el Partido Popular aprobó en la Ley de Montes a inicios de 2015.

El resto, si es que así sucedió, poco misterio tiene: cerilla, y a correr. No vaya a ser que no nos demos la prisa suficiente y algún otro listo se nos adelante en eso de comprar el terreno, especular y seguir dando trabajo a arquitectos, jefes de obra y mozos que sueñan con míticos sueldos de tres mil pavos en La Edad Dorada de Jose Mari.

Portada El Jueves (Elecciones Generales 2015)
Portada de la revista El jueves que criticaba los resultados electorales de los partidos tradicionales en las Elecciones Generales de 2015.

De aquí, se pueden traer muchos temas a colación, eso sí. Uno de ellos, es que antes —al menos, en diciembre— nos librábamos de eso de los bichos y de los árboles calcinados por España; otro de interés que también se advierte en la nueva Ley de Montes, es aquel que muchos hace meses que se cansaron de repetir, y es que nos vamos a hartar de ver zonas quemadas donde seguir construyendo edificios que nadie puede habitar; pero hay algo más. Un punto que nos tragamos en mayor o menor medida entre intereses políticos, miedos heredados e inacción.

Un punto que, con mucho acierto, Albert Einstein adelantó afirmando que solo había dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana (si bien de la primera no estaba del todo seguro), y que, probablemente, debamos completarlo robando otra idea aquí, la del verdadero humorista y falso noble brasileño Apporelly, quien sentenció acertadamente que, si hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están bien representados.

Algunos seguiremos luchando contra la estupidez; mientras tanto, muchos más (por el momento) se mantendrán erre que erre sin ver que su ceguera individual ayuda a acrecentar la invidencia colectiva, y que si hay un verdadero hijo de puta en el cargo, quizá sea sinónimo de que la mayoría de madres son un poco golfas. Ahora vas y les sigues votando, pero asumiendo que parte de los ERE, de la corrupción, de los incendios provocados y de todos sus errores también es culpa tuya y, este enero, más que nunca antes; después ya te puedes ir a tomar por culo de aquí.

Cuando el MUHBA y Barcelona destruyeron el búnker del Guinardó

Los días que anuncian tormentas tengo la incontrolable necesidad de escaparme al Parque del Guinardó. A veces, me acompaño de alguno de los perros y con la mano libre saludo al niño del aro antes de dejar atrás la avenida de Mare de Déu de Montserrat, las fuentes y los caminos que ascienden, serpenteantes, por la cara sur de la montaña.

Ahora, en la cima siempre hay gente, y los trabajos de restauración y museización que hablan del pasado han quedado inermes y desprovistos del interés general que acaparan las vistas a trescientos sesenta grados; el valor de la historia de la ciudad queda relegado a cuatro paneles informativos que, en parte, han apartado otra historia más cercana que nos habla de chabolas, miseria y gris en el Turó.

De asentamiento ibérico a ruinas de una guerra, pero también tierras de cultivo, cantera, casas de verano y antenas de telecomunicaciones… Un espacio al que no hacen justicia ni cuatro ni cuatrocientos carteles pero que, en el pasado, en una Barcelona que se había construido por y para el ciudadano,  muy probablemente no eran tan necesarios para recordar.

Vistas desde el Turó del Guinardó (Búnker del Carmelo)

A veces he llegado a pensar que aquello que realmente me fastidiaba era que todos esos guiris, esas voces que en verano conquistan nuestros atardeceres a doscientos sesenta y dos metros de altura, ascendiesen hasta El Búnker sin valorar nada más allá de unas bonitas vistas, sin reparar en que aquello que verdaderamente todos los adeptos a Barcelona íbamos a echar en falta era la soledad y la materialidad de un espacio que también se ha prostituido entre revistas que hacen guardia en vuelos comerciales y guías turísticas que descansan en cualquier local del Eixample, del Gótico o del Raval.

Supongo que en eso consiste crecer, lo haga uno mismo o su ciudad. Pero no cambia que a veces eche de menos el Turó del Guinardó que conocí, imagino que de un modo similar a como nuestros abuelos recordaban la rambla de las Flores, que hoy ha perdido incluso el nombre. Quizá una mirada demasiado romántica que, día tras día, se vuelve un poco más irreal.

Cuando Stephen Hawking se equivocó

Where is everybody?

Breakthrough Initiatives

Hace unos meses leí unas curiosas declaraciones de Stephen Hawking; llegaron a mí por puro azar ya que, pese a su predominio en la vida diaria, física y astrofísica no son temas que siga con esmero.

Esas primeras semanas de verano, si no recuerdo mal, varias personas me hablaron de las últimas declaraciones que había hecho el británico; todo ello relacionado con el estreno de La teoría del todo, un film basado en las memorias de su primera ex mujer.

'La teoría del todo' (película)
Fotograma de la película La teoría del todo que presenta los años de juventud y primer matrimonio del físico Stephen Hawking basada en la obra Travelling to Infinity: My Life with Stephen de Jane Hawking.

Hawking decía que es necesario plantear la colonización de otros planetas. Debemos hacerlo para proteger a la raza humana, le respondió en público a la ganadora del concurso London’s Official Guest of Honor, a quien acompañó durante una visita al museo de ciencias de la capital.

Me resultó curioso que colonizar fuese la palabra escogida por una de las mentes más brillantes de nuestro siglo; también el porqué: para salvarnos de la agresividad humana. El integrismo religioso, el terrorismo, la falta de recursos, todo ello amenaza nuestra singularidad, y nuestra especie. Para salvarnos de nosotros mismos, conquistaremos otros mundos.

Entre junio y julio, la imaginación del físico quedó impresa en diarios, revistas y pantallas de LCD; las cadenas de televisión, la prensa y los blogs de divulgación científica exprimían una de esas noticias que siempre vemos como un futuro distópico hasta que se convierte en presente o en aberración.

Él dijo: “Llegar a la luna no cambió el mundo, pero nos dio una visión más amplia.

Desde el punto más alto del Parque Güell, con el Carmelo a mi espalda, observé la ciudad entera que se rendía y difuminaba bajo mis pies, y reflexioné.

El hombre más inteligente del mundo cree que enviar humanos al espacio es el único modo de salvar a la especie humana, pensé. Stephen Hawking había optado por buscar refugio en el cosmos antes que intentar cambiar aquel que tenemos. El mensaje, extremadamente pesimista, me hizo esbozar una sonrisa.

Un par de meses después, las primeras noticias sobre el proyecto del grupo Breakthrough Initiatives en busca de otras formas de vida en el espacio no podía hacerse esperar. Y resiguiendo la historia de las estrellas a través de la pantalla de mi teléfono, debo admitir que no me pareció tan descabellado.

Hawking - Nasa - Boeing 727
Hawking experimentando la gravedad cero a bordo de un Boeing 727.

Sin embargo, aquello que verdaderamente me hizo temblar y escapar hasta el bar más cercano fueron las primeras palabras que había leído. Necesidad, poder (tecnología) y colonizar; en ese momento no pude más que preguntarme si extrapolar nuestro modo de vida al espacio no era poco más que una forma de perpetuar muchos de los errores que habíamos cometido en la Tierra.

¿Será que, al vivir entre ideas, teorías y conceptos, el astrofísico ha olvidado que, pese a que mil años son poco más de un suspiro para el universo, también pueden ser toda una eternidad para cambiar el rumbo de las cosas? ¿O acaso es demasiado tarde en cualquier latitud?

Filosofía de bar

Entré en el bar de la esquina intentando rehuir acusaciones de un lado y del otro. Populismos, socialismos o independentismos habían empezado a sonarme como llegados del mismo dial, y creí que una cerveza y una conversación amena con un alma distante serían el remedio perfecto, como bien señalaban las series norteamericanas.

A los pocos minutos, alcancé la terraza de uno de los miles de bares con rótulo bilingüe y tres generaciones de cualquier familia china tras la barra. No era cualquiera, eso sí, sino aquel que sentía más cercano de todos los que se despliegan por todo el Ensanche barcelonés.

Agarré el periódico, ya manoseado, y descubrí al pasar de hojas algunas de las muchas declaraciones más que reiteraban lo mismo. Ensimismado, seguí leyendo, una y otra vez los mismos titulares, sin atreverme a ahondar en temas que seguían repitiéndose, y repitiéndose en los medios.

De improviso, ocurrió algo que solo la palabra escrita puede acoger: una de las chicas se detuvo a descansar por unos minutos, prendió un cigarrillo y se sentó frente a mí, preocupada. Yo, extrañado, la miré, e inspirado por tonalidades propias de novela negra me vi obligado a dejar pasar algunos minutos en silencio.

Filosofía de bar sobre la independencia de Cataluña, pero con una Voll-Damm para aprovechar la tarde.

No tardé en explicarle todo lo que me preocupada sobre la próxima Diada y el cercano 27-S. No era una inquietud fruto del miedo, aunque sé que este país es capaz de abatirse de extremo a extremo. Más bien se trataba de ese malestar que sube desde el estómago y suele indicar que, muy probablemente, hubiese podido salir todo mejor.

—¿Tú qué sientes? —preguntó ella. Sigue leyendo «Filosofía de bar»

Una cornada de sentido

El 8 de marzo de este 2015, más de setecientos días después de haberse retirado del mundo del toreo, Francisco Rivera hizo algo bastante común entre las celebrities: su primera reaparición; un nuevo salto al ruedo que tuvo lugar en Olivenza, Badajoz, y que le llevaría inexorablemente hacia la profunda cornada que sufrió antes de ayer en la plaza de toros de Huesca.

Las cosas van como van; y así como en las plazas los toros se cuentan en lotes, y nadie siente pena por un bicho que ni quiere estar por allí ni sabe qué pintan esos tíos vestidos de luces con capotes, también debemos tener presente que, de vez en cuando, un pitón revienta contra el triángulo femoral del muslo y algún torero cae en la arena con una herida mortal. Y ahí está el caso del famoso Manolete, que por muchas angustias de las que se rodease, no quedó contento hasta que la cosa se torció del todo en Linares.

Toro de la ganadería Miura

Pero la empatía tiene, hoy más que nunca, un límite en cuestiones de maltrato animal; quizá por ello PACMA, el Partido Animalista, ha tenido que emitir un comunicado (no del todo atendido por sus seguidores) para que los usuarios de Twitter y otras redes dejen de publicar deseos de muerte contra la grave cornada sufrida por el taurino. Sigue leyendo «Una cornada de sentido»

Sobre el tiempo de zurcir un calcetín

La semana pasada surgió una idea de lo más tonta y, como suele ocurrir, lo hizo en el lugar más insospechado y de la forma más extraña. Frente a mí, la madre de mi pareja mi suegra me preguntaba desde el dormitorio por qué no zurcíamos un calcetín viejo con un agujero que había recogido del suelo.

La miré. Miré el calcetín. Y lo tiré a la basura. Me pareció una tontería. ¿Para qué zurcir algo cuya durabilidad era ya escasa? Pero todavía más importante: ¿de dónde sacar el tiempo para hacerlo? ¿Existía aún tiempo para ese tipo de cosas o habían quedado en el pasado? Evidentemente seguía habiendo gente que zurcía calcetines, pero entre los más jóvenes (y no tan jóvenes) esa era, cuanto menos, una especie exótica. Sigue leyendo «Sobre el tiempo de zurcir un calcetín»

Varias cuestiones más a raíz de ‘Vaya fauna’

A raíz de la entrada anterior, he tenido una semana movidita entre discusiones (por todos lados) con amigos y conocidos animalistas: algunos estaban de acuerdo en lo que decía, otros no. De cualquier modo, todas las opiniones son respetables, pero sí es cierto que, en algunos puntos de lo que exponía el lunes pasado, no me gustaría pecar de simplismo. Por esa razón, desarrollo aquí varias cuestiones que me parecen claves y que, creo, ayudarán a ofrecer una visión más completa sobre el artículo anterior.

#1 Vaya fauna = Telecinco = todo por la audiencia

A excepción de una cría de león, el único animal salvaje que, por ahora, ha aparecido en el programa ha sido Tima. Sí, es cierto que también hemos visto un zorro y algún bichejo más que no debería estar, pero está muy claro que Telecinco tenía planteada la controversia desde el minuto cero.

Santi Serra y la cría de león de 'Vaya fauna'

#2 Falta una explicación del programa

Sobre este tema ya hablamos, pero la pregunta sería: ¿de dónde sale la osa Tima u otros animales no domésticos que se presentan en el programa?, ¿cuál es su historia? A menudo, las historias que aparecen son sesgadas o, directamente, obviadas en pos del espectáculo, lo que hace que la presentación sea muy deficiente y que, fácilmente, lleve a malas interpretaciones por parte de la audiencia.

Este punto que en absoluto se ha cuidado por parte de realización debería hacer ver a la cadena que la polémica no siempre consigue lo que se propone (ahí está el descenso semanal de share). Además, la explicación debería ser real, fundada, profunda, lógica, ética y consecuente. No podemos presentar historias con medias tintas; tanto por lo que supone no saber de dónde sale un tigre o un oso, como porque no es justo para perros de asistencia que han participado en el programa, como Jack o Jarta. Sigue leyendo «Varias cuestiones más a raíz de ‘Vaya fauna’»