De cómo los animales viven y mueren (eBook)

Me informan desde la editorial que, durante los próximos días, el eBook de mi primer libro animalista —De cómo los animales viven y mueren— con el que ya he mareado bastante a los lectores y lectoras de este blog, estará de promoción en Amazon por 2,37 €. 

¡De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)Si todavía no lo has leído, y te llama la atención, quizá sea un buen momento para gastarte un par de euros en la versión digital! Recuerdo que también puedes comprar la versión en papel, tanto en Amazon como en otras plataformas y en mi propia página web.

¡Buen fin de semana!

Nota: ¡Esta es la última vez que os mareo con mi libro en el blog! 😉 Palabra.

Historia de dos rechazos

Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos; íbamos directamente al cielo y nos extraviábamos en el camino opuesto.

Historia de dos ciudades (Charles Dickens , 1859)

La gran editorial ha rechazado el manuscrito de Caos. En el correo, de escasos tres párrafos, aclaran que no se trata de una falta de calidad, sino del excesivo número de títulos contratados. Algo habitual; quizá una mentira, pero una mentira recubierta de hábito.

Confieso que lo he encajado bien: solo estamos empezando, calentando motores, pisando de nuevo el acelerador. Pero el rechazo me sorprende. Hace un mes estaba convencido de que Cuatro años de Caos iba a publicarse como una flecha, que todas las editoriales del país se pelearían por presentar toda la historia, no aquella imagen envuelta en una carta, sino toda la imagen, todas las cartas, todo lo que él hizo, y todo lo que nosotros hicimos, y quedó grabado.

Caos (portada; libro)
Una de las fotografías que conservo para editar y proponer como portada a la editorial.

Cuando dejé caer tres capítulos en un sobre, me sentí como un temprano vencedor de la lotería; de una mejor, no de una que premiaba con ingentes cantidades de dinero —que, al final, siempre encuentras a alguien que te lo da por ponerle una copa, cargar con unas cajas o escribirle algo original—, sino con historia; pequeña o grande, eso ya lo veríamos, pero historia; historia de la literatura.

Hoy, busco otra editorial, una más perfecta, una que sepa encontrar lo que necesita en la primera línea, el primer párrafo; o página, capítulo o idea. Trabajo en otras cosas, en otros proyectos, pero Caos sigue en mi mesa, siempre está en mi mesa, esperando volar un poco más, y más alto, porque hay orgullo en la humildad, en lo bueno: en él. Hay todo tipo de ambivalencias en nuestra propia existencia, y de ellas, a menudo, surgen las dudas más profundas que podemos imaginar; ¿pero cómo dudar de un perro sobre el que el mundo sigue pensando y escribiendo?, ¿no será ese perro, todos los perros?, y, si es así, ¿quién no va a querer leer una historia sobre todos los perros que conocimos?

Quizá era esto lo que tenía que haberle dicho a la editorial; no obstante, siento que el editor que coja mi mano en este otro proyecto debería entenderlo con la primera línea, el primer párrafo; o página, capítulo o idea.

Viajar al interior

A veces, leo un blog de viajes. Lo leo desde hace seis o siete años, pero solo a veces. No envidio exactamente lo que hacen sus protagonistas; porque viajar por todo el mundo no es uno de mis anhelos, porque hace mucho que sé que no tengo tiempo para conocer a todo aquel que cruza sus pasos conmigo, ni todos esos lugares casi mágicos que emanan un aura de paz, de humanidad, de sobriedad o de divinidad.

Mi mujer siempre me dice: «No me arrastres a más ciudades: las ciudades son todas iguales.» Y cuando viajas a París, a Londres, a Roma, a Nueva York, a Chicago, a Frankfurt, a Berlín, a Los Ángeles, a Tokyo, entiendes qué quiere decir. Entiendes por qué terminas siempre en la carretera buscando un nuevo destino, por qué campo a ciudad, por qué desvelar pequeños secretos en vez de fotografiar panorámicas y por qué un viaje, siempre es un viaje al interior.

Castres - Francia (rio Agout)
Rio Agout a su paso por Castres. Invierno de 2015.

Así titularon el libro que Laura compró a esta pareja para que yo lo leyese, para que me convenciese de conocer el sudeste asiático haciendo autoestop, o de comprar una camioneta donde viajar con los perros; para vivir, ¿y quién sabe? Quizá vuelva a él después de este año de cambios. Por ahora, ya sabéis que he terminado con mi antiguo trabajo, o casi, he recorrido decenas de miles de kilómetros, he publicado un libro y he vuelto al verde, aunque las noches no sean tan estrelladas ni oscuras como soñaba tumbado junto a Caos en la terraza del Ensanche.

Pero quizá lo más importante de todo es que a diferencia de lo que decían esa pareja de argentinos que siguen ayudando a miles de personas a iniciar su propio viaje, yo no creo que un viaje siempre empiece en el interior, sino que, además, termina guiándonos hacia ese objetivo por el que conectamos palabras, pasos y países, y que nunca tuvo mayor recorrido que aquel que hicimos dentro de nosotros mismos.

Caos (carboncillo; acuarela)
Un regalo (en carboncillo y acuarela) que da la bienvenida en nuestro hogar. El texto de la acuarela dice: Caos, corazón de familia, amor incondicional.

Gracias por leerme. Por estar aquí. Por ser parte de esto. Delante, ya puedo ver muchos más caminos que esperan, pero, hoy, cierro uno, junto a vosotros, agradecido por haberme ayudado a convertir este pequeño espacio de opinión en un refugio al que llamar hogar.

Felices fiestas.

Nos vemos en unos días.

¿Voy a ser escritor?

Decía Raoul Duke frente al desierto del Mojave: Toda la energía fluye según los designios del Gran Imán. ¡Qué tonto fui al desafiarlo! Y yo, esta semana, me he sentido de un modo similar al ver todo lo que se me viene encima.

Os cuento.

Todo indicaba que, antes o después, alguien se interesaría por algo de lo que había escrito hasta el punto de lanzarse al vacío, de apostar por mí, de poner algunas fichas en un par de números de la ruleta; ¿le puedes culpar? también yo lo hice, apostando siempre, siempre, siempre al rojo, porque durante un tiempo lo veía todo demasiado negro.

Miedo y asco en Las Vegas (fotograma)

¿Qué ocurre entonces? La gente dice que, en ese instante, todo cambia. Dejas de no ser nada para convertirte en escritor. Abandonas ese estado etéreo en el que se mezclan conceptos como éxito y fracaso, pasatiempo, dinero, oficio, pérdida de tiempo; lo orientas hacia una certeza, algo que es, y que incluso puede llegar a convertir lo incierto en verdad.

Todo dios piensa así. Los suficientes, al menos. Suficientes para ser considerados una mayoría. Para alcanzar ese número difícil de concretar que convierte a una cifra en colectividad. Supongo que casi nadie entiende que escribir no es ser: es necesidad. Escribir es crear, convertir, transformar, vivir; y nadie tiene poder para negar aquello que no le pertenece.

En público, todo quedará a merced de las opiniones, de poder crecer y, si trasciende, respirará más allá de mí. Me encantaría verlo; ¿cómo será eso de ser fuera de uno mismo? No se me ocurre nada más humano.

Big Fish (película)

Por todo ello, seguiré escribiendo, porque no hay otra forma de vivir; si algo se extiende, vivirá por más tiempo; si no lo hace, permitirá que alguien que solo puede sentirse pobre de un modo, siga siendo afortunado.