Diez artículos que me ayudaron a ser mejor persona

A veces es  bueno echar la vista atrás. Desandar los pasos. Mirar todo lo que has caminado hasta un punto y agradecer la oportunidad a uno mismo y a todos aquellos que lo hicieron posible.

Al filo de las 200.000 visitas —no son muchas, es cierto, aunque agradezco cada una de ellas— no puedo evitar pensar en ello. No me comparo con los demás, pues he cometido ese error demasiadas veces, sino con quién fui y hacia dónde aspiro a llegar. El resto queda para disfrutar el recorrido.

Por tanto, esto va a ser breve, no va a ser un artículo extenso de esos que tenéis que perdonarme constantemente (casi siempre he intentado escribir pequeñas columnas de opinión aquí, pero pocas veces lo he conseguido), sino un recordatorio de unas cuantas horas de navegación por mi propia casa, tanto de forma literal como figurada, que me han demostrado cuánto tengo que agradeceros a todos y todas.

Lo dicho, gracias por estar ahí.

Perrofobia

de 21 de junio de 2016. Una crítica imposible de omitir contra el artículo Perrolatría del escritor y académico español Javier Marías.

De este modo, yo, como responsable de mis canes por los que siento perrolatría estoy obligado a cumplir unas obligaciones y a defender unos derechos propios y otros del animal.

No digas nada

de 10 de mayo de 2016. Sobre la corrupción, la Ley Mordaza, las leyes para unos y las leyes para los otros, las dos Españas y el statu quo.

Guillermo Zapata (Ahora Madrid)
Un edil barbudo de Ahora Madrid que parece ser que la lió con unos tuits.

Tú sé inteligente: no digas nada. ¿Por qué arriesgarse? ¿Para qué dejar el ordenador y salir a la calle? La Ley te lo prohíbe. Recuerda. Sé inteligente. Cállate. Asiente. Haz otra cosa. Mira hacia otro lado. No hagas nada. No te metas en líos.

Sobre Alfredo A. C.

de 26 de abril de 2016. Sobre todas esas personas que han cambiado el rumbo de nuestras vidas; en mi caso, el profesor de Lengua castellana y Literatura. ¿Y en el tuyo?

Otro Alfredo y yo
Como mi archivo gráfico es limitado, ahí va una foto de otro Alfredo con el que me escapé de algunas clases, pero no de Lengua castellana y Literatura (si podía evitarlo).

Era alguien; alguien alegre, liberal, muy de la Movida, y supongo que lo seguirá siendo con una década más a rastras. Alguien que sabía que las cosas no se han de forzar, que llegan cuando llegan, que son años malos para los del pupitre y que, si uno lo toma demasiado en serio, no saldrá vivo de ahí.

Cuando ser pobre era ser libre

de 9 de febrero de 2016. De lo malo que fue vivir una adolescencia con Kung Fu en la televisión, Lorca en la mochila y las mejores Olimpíadas del mundo gracias a un Freddy Mercury que no alcanzó a conocerlas.

[…] la gran ciudad es cruel desde su nacimiento; ya lo dejó escrito Lorca tras visitar Nueva York, envuelto en aquel espectáculo de suicidas, de gentes histéricas y grupos desmayados, que se ha exportado al mundo entero.

Indultad a Rompesuelas, el Toro de la Vega

de 13 de septiembre de 2015. Que no consiguió su cometido, porque, pese a llegar a muchas personas, solo lo hizo a quienes quisieron escuchar. Eso sí, vaticinaba lo que todos sabíamos: la fiesta del Toro de la Vega, que nunca fue fiesta, no duraría.

Muerte de un toro en Tordesillas durante la celebración del Torneo del Toro de la Vega

Sabed que, con este texto, yo rompo una lanza más por el Toro de la Vega, y os confieso que estoy harto; estoy harto de que estas manos con las que escribo sean tan parecidas a aquellas que, cada septiembre, dan muerte a un animal tan noble.

Retrato de Lucía

de 12 de marzo de 2015. Sobre las enfermedades raras, unos padres que lo hicieron todo por su bebé y una niña increíble que se llamó Lucía.

Detalle de 'La dama de la perla' (Johannes Vermeer, 1666)

Soy Lucía, y tal vez, durante las últimas semanas, has leído en diagonal unas líneas sobre mí. Unas líneas que quizá ni recuerdes dónde estaban; porque soy otra historia que ha pasado inadvertida ante tus ojos. Otro pedacito de mundo que creías que te ibas a perder. Deslizándose en tu muro de Facebook o en tu timeline de Twitter. ¡Silenciosamente adversa para todos! Así me ha conocido la mayoría en mis primeros meses de vida: como un destello en sus pantallas, un correo electrónico, una breve charla de sobremesa de domingo…

El cielo es rosa

de 19 de enero de 2015. Una historia de un cerdo, no de un perro, y ahí queda su maldición. Nada nuevo bajo el sol.

¿No puedes? ¿No puedes cambiar el mundo, verdad? Abre la jaula. Corta la reja. Déjame libre. Veo a los cachorros desde aquí; comen, ajenos a todo lo que sucede. ¿Harás lo mismo cuando mi nombre se haya olvidado? Cuando no sea nada, solo tumbas dentro de vosotros.

De cómo tu perro cambió mi (nuestra) vida

de 8 de enero de 2015. Probablemente el texto por el que estás aquí, por el que sigues leyéndome o te suscribiste al blog. Relato de despedida a un amigo o carta protesta contra el maltrato animal: tú eliges.

Caos en terraza (junio, 2012)
Caos descansando en una terraza (junio de 2012).

¡Hola! Esto es una carta extraña, pues no sé a quién le escribo. Solo espero que algún día, por suerte o por tenacidad, llegue a la persona que abandonó a Caos: nuestro perro, que antes no fue nuestro, sino de alguien que no lo merecía.

Excálibur y el extraño caso del ébola y la idiotez política

de 8 de octubre de 2014. El sacrificio de la perra de Teresa Blanco, una vergüenza más por la que sentirse español; la tristeza y la incomprensión que la mayoría ya habrán olvidado, pero que es suficiente para mí para no votar jamás a esos malnacidos de mierda.

Pobre Excálibur. ¿Sabrá ella algo de lo que ha pasado?  Yo que tengo perros sé que son muy espabilados, pero supongo que la idiotez del Partido Popular también le ha cogido por sorpresa.

Voy a abandonar a mi perro

de 26 de mayo de 2014. Otra carta más sobre por qué jamás deberías abandonar a un perro; el segundo texto más leído de este blog —por asociación con el de Caos, imagino— y la excusa para no olvidar que ellos nunca lo harían.

Dana y Teo, uno de nuestros gatos.
Dana y Teo, uno de nuestros gatos.

Y es que entiendo que creas que soy idiotaComprendo que tú no tengas tiempo ni dinero que gastar en un bicho de doce o catorce años que te encontraste maltratado y moribundo en una carretera, pero a mí me vale con poder dar a ese animal algo de paz y tranquilidad que le permita dormir con los dos ojos cerrados al fin.

¡Que viva el vino!

El 26-J nos dice que una amplia mayoría quiere que España siga igual, y hay que aceptarlo.

El vino es algo indisoluble en el Partido Popular. Forma parte de todos los actos de campaña. No falta nunca, parece ser. Así, no es extraño que, como acto promocional, la jeta de sus candidatos quede impresa en las botellas de alcohol que se reparten por las principales carpas.

Esto viene de lejos. Mucho antes de que Soraya fuese DJ invitada, las fiestas del PP ya eran memorables entre el tintorro y las chucherías para los críos, y a nadie le importaba demasiado si se pagaban en A o en B mientras quedasen uvas fermentadas en la sala…

Ya lo ves, no llevo bien la derrota, es cierto, y creo que España tampoco. He leído durante varios días noticias en la prensa española y catalana, comentarios por Twitter, Facebook, y más: se ha hablado de pucherazo, de ceguera colectiva, de un Mariano Rajoy reafirmado; no se ha hablado más de Venezuela ni de inexperiencia política de los nuevos partidos, ni de ilusión.

La gente ha empezado a dormirse; el globo se desinfla por momentos: hoy, no hay razones para creer en el cambio. Eso me produce una tristeza difícil de trasladar a este texto. Fuera de Cataluña y el País Vasco los mapas se colorean en azul, con algunas pinceladas de rojo, pero esta vez no hay Ley d’Hondt ni desconocimiento que valga.

Estimación 26-J por provincias
Estimación de voto por provincias previa al 26-J.

El domingo pasado, una amplia mayoría decidió no votar y otra, mucho mayor, decidió apoyar al Partido Popular. Mi voto fue a Unidos Podemos, con el corazón dividido por segunda vez desde que cumplí los 18, y no voté a Partido PACMA para el Congreso de los Diputados. No pensé demasiado en ello después; sabía que el PP ganaría, creí que el electorado del PSOE se dirigiría hacia los violetas e imaginé que Ciudadanos perdería ese sprint que había ganado contentando, por unos instantes, a muchos, pero sin rumbo fijo en su programa.

Hoy, no hay razones para creer en el cambio.

Millones de personas votaron al Partido Popular. Millones. Tras la Ley Mordaza, la reforma laboral, la LOMCE, las leyes que nos aseguran una estupenda pobreza energética para el futuro, la corrupción, la privatización de la sanidad, el artículo 135 en formato exprés…  Algunos eran viejos asustados por unas pensiones que, en unos años, desaparecerán; otros, empresarios de pymes que realmente creen que vivirán mejor cuanto más difícil y más precario sea el acceso al mundo laboral; también obreros, y clase baja, no lo olvides.

Estoy triste porque yo (ya) no soy mileurista; porque puedo (empezar a) aprovecharme del sistema en mi posición, de becarios a los que esclavizar, de proveedores a los que dejar a deber facturas por tiempo indefinido, de adaptarme a ese mundo de corbata y chaqueta, de iPad Pro y smartphone de última generación, de PS4 y Xbox One sin tener que quedarse con una de las dos, o de GoPro para grabar tus vacaciones a ojo de pez. A lo mejor alguien cree que le estoy intentando dar envidia, y no es así.

Mapa de colores - Resultados Elecciones Generales 2016
Mapa de colores con los resultados electorales tras el 26-J por provincia (partidos más votados por circunscripción).

Lo cierto es que yo he podido crecer profesionalmente porque empecé unas casillas por delante de muchos otros —no muchas, debo añadir; el resto siempre es una suma de esfuerzos—. Esa es la base sobre la que se sustenta el Partido Popular: dar por culo a los que menos tienen, aprovecharse de aquellas personas con menos recursos, mantener uno de los suyos por encima a costa de cien de los nuestros.

Pero no hay nuestros. El 26-J ha demostrado que no los hay.

No hay nuestros. No hay nuestros porque da demasiado miedo dar un poco a los que menos tienen (renta universal, impuestos escalonados, seguridad social…). Da demasiado miedo cambiar; creer en algo distinto, buscar otras alternativas, que no tienen por qué ser el por qué ser el partido de Pablo Iglesias; no hacer lo de siempre. Ni tan siquiera votar a la supuesta (y única) opción que siempre ha estado ahí desde el inicio de la democracia: el PSOE.

Da demasiado miedo cambiar; creer en algo distinto, buscar otras alternativas, […] no hacer lo de siempre.

España ha votado, mayoritariamente, al PP, aceptando las normas que el equipo de Mariano Rajoy ha presentado y, a veces, impuesto incluso; yo volvería a votar a Podemos en una tercera ronda, creo en su programa, y entiendo que una opción política no convence a todo el mundo, pero, para todos los que no votaron algo diferente (y diferente no significa votar a mi partido, no lo olvides), se acabaron las quejas por la crisis, por el coste mensual del trabajador autónomo, por los lobbies, por el precio de la educación pública, por los recortes constantes que nos impone Europa y que nosotros aceptamos y deberemos seguir aceptando.

El domingo, España pudo cambiar, y decidió no hacerlo. Quizá es culpa de todos; de todos aquellos que no nos esforzamos suficiente debatiendo a pie de calle, de los viejos que solo temen, de los que no fueron siquiera a votar, y de ellos, también de ellos, que han utilizado a la prensa, a la televisión y estos seis meses para boicotear el cambio.

Hay cosas peores en el mundo: existe el cáncer en las pelotas, por ejemplo, y las abejas zombis o el 2 Girls 1 Cup (no lo busques mejor, no), pero esto es bastante malo también. El 26-J nos dice que una amplia mayoría quiere que España siga igual, y hay que aceptarlo.

Es un país sin futuro, saqueado, depredado y no va a cambiar.

No es cosa de un día ni de dos, claro que no, pero el lunes que viene será un poco menos malo que este, y así hasta que la gente recupere la ilusión. Quizá es para llorar, para tirarse de los pelos, pero yo preferí ver una película del gran Federico Luppi; comía con un joven Juan Diego Botto en un elegante restaurant de Madrid, y le explicaba: “Si te lo tomás en serio, si pensás que puedes hacer algo para cambiarlo, te hacés mierda. Es un país sin futuro, saqueado, depredado y no va a cambiar. Los que se quedan con el botín no van a permitir que cambie.”

Hoy, es lunes

Hoy, no puedo escribir.

Estoy bloqueado, igual que me ocurre tras discutir con mi pareja o con un amigo de los de siempre, pero, esta vez, no es nada de eso. Esta mañana, los perros me observan sin comprender; me acercan el hocico de vez en cuando en busca de una mirada cómplice y resoplan como solo ellos saben; con un suspiro de esos que conquista toda la casa.

Hoy, España es un poco menos mía aún. Soy un poco más apátrida, un poco menos crédulo y soñador; porque empiezo a perder la esperanza en que este país pueda cambiar, en que los corruptos y los poderosos dejen de hacer su voluntad a través del dinero negro, de los sobornos, del miedo.

Soy un poco más apátrida, un poco menos crédulo y soñador; porque empiezo a perder la esperanza en que este país pueda cambiar […].

Pero que no nos engañen, porque nadie puede negar lo que fue, y sigue siendo; somos millones aquellos que no queremos renunciar a nuestros sueños, a un futuro digno, a seguir ilusionándonos con controlar, siquiera un poco, todo aquello a lo que aspiramos dentro de nuestras fronteras —un sueldo, una casa, un trabajo, un futuro—. Sin tener que huir, sin echar a andar de improviso, sin mirar hacia atrás; con esa brizna de esperanza que se seca entre los manos.

Mariano Rajoy
Mariano Rajoy, presidente en funciones del Gobierno de España

Hoy, Europa es todavía menos nuestra. Nunca los mercados financieros demostraron tanta supremacía como esta semana anterior con el Brexit; ese espacio donde Inglaterra rompe una relación que nunca fue un gran amor, y donde la unión solo es un mal sinónimo de mercancías libres de aranceles e impuestos; donde el dinero se mueve siempre más ligero entre grandes cuentas corrientes y donde nos asustan con la necesidad de no transgredir, de mantenernos unidos, pero siempre a la baja, siempre con la cabeza gacha, y con una moneda con la que gobernarnos de norte a sur.

[…] sería bueno que recordásemos que nada es imposible. Si acaso, soñar será a partir de hoy un poco más duro en España.

Hoy, termina esta segunda ronda, o quizá empieza. Y las caras de decepción de los partidos que no han podido concluir esa batalla entre caciques no son el verdadero protagonista, sino las risas y las sonrisas mediocres del resto, de políticos y simpatizantes,  que demuestran que no pudimos con la corrupción, con los decretos-ley, con las mentiras, y el miedo, pero seguiremos luchando.

Hoy, España sigue acusando mucho la falta de una conciencia democrática; un paso más cerca de desmembrarse sin poder hacer nada; de seguir remando en direcciones opuestas, de recordarnos que aquello que pudimos sentir cuando casi tocábamos Europa no era más que un espejismo que nunca fue.

¿Resistiremos? Por supuesto que resistiremos. Lo haremos; como siempre lo hemos hecho, porque si hubo un pueblo acostumbrado a ser jodido ese es el nuestro; falta por ver si seguiremos creyendo que no somos un país de naciones, o explotará desde el Mediterráneo.

Hoy, es lunes, y eso lo hace todo un poco más difícil. Pero hoy es hoy, por lo que sería bueno que recordásemos que nada es imposible. Si acaso, soñar será a partir de hoy un poco más duro en España.

Que se vayan a la mierda

Hoy, quedan veintisiete días para que se repitan elecciones generales. En estos seis meses, se ha cambiado Cataluña por Venezuela y se ha satanizado cualquier cosa que huela a la conversión política que sufrió el movimiento 15-M.

Sobre las Elecciones Generales del 26J

Mientras tanto, la cultura fiscal de este país sigue igual. Como presentaba el anuncio electoral de Ciudadanos, ser autónomo significa ser un gilipollas que se rompe los cuernos para ganar cuatro duros, que nunca se rinde por mucho que le roben y que, en pleno siglo XXI, debe aguantar las mismas tonterías sobre recesión económica, políticas supuestamente insostenibles en Madrid y Barcelona y absurdos paternalismos por parte de una panda de ladrones. Vamos, el típico consejos vendo, que para mí no tengo.

Alberto Garzón (IU) y Pablo Iglesias (Podemos) posando tras el acuerdo para que ambos partidos vayan al 26-J en coalición.
Alberto Garzón (IU) y Pablo Iglesias (Podemos) posando tras el acuerdo para que ambos partidos vayan al 26-J en coalición.

Este es un tema que me preocupa. Uno entre muchos. No solo el paro estructural, sino también la poca visión de nuestros gobernantes por creer, y por crear, una verdadera Unión Europea, un estado federal de naciones, un proyecto de ley que incentive la formación de calidad, que no nos marque un destino fuera de nuestras fronteras, que dignifique los contratos puente, que luche contra los trabajos basura.

Pero no es lo que más me preocupa. Esta mañana se viralizaba una opinión de Iñaki Gabilondo en la SER; un periodista fácil de admirar, incluso cuando lanza opiniones contrapuestas a las de uno mismo. En este caso, no es así; su análisis es, muy a nuestro pesar, lúcido, certero y, probablemente, inminente: el PP será el partido más votado, […] Ciudadanos, cuyo voto menguará, pactará con el Partido Popular; pasará que el PSOE no acordará un pacto de gobierno con Podemos ni con sorpasso ni sin sorpasso, pasará que con Sánchez o sin Sánchez permitirá que el Partido Socialista gobierne el PP. Terminaba con una idea bien macerada: «El PP […] seguirá siendo el mal médico que solo se ocupa de los síntomas y nunca cura una enfermedad.»

¿Y nosotros? ¿Qué hacemos? ¿A quién damos nuestro apoyo como votantes? Lo desconozco. O mejor dicho, me niego a sentar cátedra aquí.

Mariano Rajoy (PP)
Mariano Rajoy, presidente del gobierno en funciones, con simpatizantes de su partido y de su persona. Sí, en serio.

Leer las redes sociales o las opiniones públicas en la prensa es adentrarse en un mar escarpado donde Podemos se equipara a Venezuela y a un comunismo que hace décadas que desapareció; en este imaginario, Ciudadanos no es más que una calcomanía del original, el PP sigue siendo la fuerza más consolidada pese a la corrupción institucional que se remonta a la transformación de Alianza Popular —como demostró el caso Bárcenas— y el PSOE no son más que unas siglas vacías de cualquier significado.

Llegados a este punto, el miedo puede ser un enemigo terrible. ¿Qué ocurrirá si no hacemos lo de siempre? ¿Funcionará? ¿Podemos votar fuera del bipartidismo? Muchas personas incluso han encontrado fundamentos para la crítica en los dos núcleos que administran los ayuntamientos del cambio en el país: falta de experiencia, conflicto, decisiones erróneas, huelgas de transporte…

Sin embargo, antes de depositar mi voto el 26-J, yo ampliaré mi reflexión. Me preguntaré qué partido (si lo hubiere) considero que puede hacer que España funcione, y cómo.

Me preguntaré si quiero ser parte de un país de naciones que no asume que necesita una reforma de las autonomías; si la solución pasa por seguir recortando a los sectores más asfixiados de la población mientras se otorgan rescates bancarios a cualquier precio; si los gobernantes actuales se encuentran en disposición de juzgar intelectual y políticamente a las nuevas generaciones, las más formadas de toda la historia española; y, sobre todo, si un traje vale más que una sudadera del Carrefour, como la tuya y como la mía.

Me preguntaré quién tiene un plan de gobierno, transparente y accesible, y quien lanza promesas vacías, o busca pantallas de humo creando conflictos entre las comunidades autónomas que debería proteger y estructurar adecuadamente.

Me preguntaré si seguir haciendo las cosas del modo que nos ha llevado a esta absurda crisis, que no es más que otra forma de expolio con los mercados financieros como arma, es un modo de salir de la ratonera o si, por el contrario, necesitamos independencia política de los mercados y de Europa, y si alguien puede dárnosla.

Estimación de intención de voto 26-J
Intención de voto para el 26-J a finales de mayo de 2016. (Más información en la fuente.)

Quizá no encuentre respuesta a todas estas preguntas, pero eso no evitará que dé vueltas y más vueltas a todas ellas en mi cabeza.

Entonces, votaré en consecuencia.

Grecia nos demostró que hay cosas que Europa no va a tolerar; nos queda preguntarnos: ¿queremos formar parte de esa Europa o queremos cambiarla para que sea un reflejo de sus ciudadanos y un ejemplo de una verdadera comunidad de naciones?

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No digas nada

Lo mejor que puedes hacer es no decir nada. Seguir callado. Mirar hacia otro lado. Ir a lo tuyo.

En serio. No digas ni pío. Cierra el pico. Olvídalo. Como mucho, comparte alguna petición de Change.org que esté cogiendo fuerza para que nadie pueda saltarte al cuello por insolidario o antisistema.

Ni se te ocurra criticar al gobierno por internet. Ni a la iglesia. Si eres aficionado al humor negro, cuídate de decir nada de ETA, o de las víctimas o de la gracia que te hace el estado de derecho. No cites las palabras cáncer, ni sida, ni polla, ni violencia de género, ni nada que pueda ponerte en un compromiso virtual.

Guillermo Zapata (Ahora Madrid)
Un edil barbudo de Ahora Madrid que cuentan que la lió con unos tuits.

Si haces un llamamiento a la violencia en público, directamente eres subnormal. Si no eres Federico Jiménez Losantos, o un miembro de su camarilla, te van a empapelar hasta el tuétano. Te van a joder bien jodido; te van a destruir aprovechando todas y cada una de las instituciones de las que puedan echar mano, como pretenden hacer con Rita Maestre, como hicieron con el edil del apellido revolucionario, quien primero se revolvió, y después encajó el golpe y pidió disculpas (para seguir en pie).

Y no temas: si no te conocen ni en tu casa, también te encontrarán. Cárcel para quien se mofe de Carrero Blanco cuarenta años después; cárcel por enaltecimiento al terrorismo; cárcel por comentarios machistas; cárcel, cárcel, cárcel. Ojo con Twitter, que es la casilla del «vaya directamente al trullo» de nuestro Monopoly particular.

Federico Jiménez Losantos - foto EsRadio
Un señor graciosete y sin maldad (vídeo) que parece ser que es periodista.

Sobre todo no te equivoques. Si te suena algo de lo anterior, seas un descerebrado y realmente te merezcas un castigo por enaltecimiento al terrorismo (aunque no hayas visto un arma de fuego en tu puta vida) o seas el gracioso de turno y estés llorando nervioso mientras te repites, una y otra vez, por qué no te metiste por el ojete ese chiste sobre Irene Villa antes de que te metan otra cosa, te daré un consejo tardío: la ley no está de tu parte; porque no hay ley, solo restos.

Pero voy a concederte algo. ¿Dónde ponemos el límite? ¿Metemos en la cárcel al tontolculo del niño que está en la edad del pavo? ¿Al grupo de payasos que se ríen de cualquier desgracia ajena y tanto les da el bar que la red? ¿Metemos en la cárcel a cualquiera políticamente incorrecto? ¿A ese actor cuarentón que se encendía tanto por todo que se ha quemado, por igual, con la monarquía, la política y el Franquismo? ¿Y a aquellos de ni patrias ni banderas? ¿A los independentistas que sueltan alguna burrada acostumbrados a que nadie les escuche y tanto se presuponga?

Grafico-independencia-catalana

En realidad, esa pregunta es una idiotez. Todas ellas. Podemos poner el límite donde creamos que corresponde: acertemos o nos equivoquemos. Pero ese marco debe servir para juzgar a quienes piensan que la violencia es una respuesta adecuada tanto como a aquellos que defienden el terrorismo de estado, el statu quo: a los curas pederastas, a los periodistas de amarillo desteñido, a los policías que abusan de su autoridad, a los políticos corruptos, a los maltratadores…

Eso es lo que te han dicho.

Eso es lo que tú crees.

Al final, resulta que naciste ayer. 

El Periódico (Corrupción PP/PSOE)

Sigues sin ver que, a un lado, cientos y cientos de idiotas son condenados por cuatro palabras sin fundamento que colgaron en Twitter, en Facebook, o donde sea. Al otro lado, en cambio, no ocurre nada; puede criticarse, insultarse, y amenazarse, porque tienen la sartén por el mango, porque se conocen y se respaldan; porque roban juntos a manos llenas, y se pasan sobres, y nos arrebatan la memoria histórica; porque se indultan entre sí, no nos escuchan, no nos toman en consideración y, lo más importante de todo, controlan la justicia.

Tú sé inteligente: no digas nada. ¿Por qué arriesgarse? ¿Para qué dejar el ordenador y salir a la calle? La Ley te lo prohíbe. Recuerda. Sé inteligente. Cállate. Asiente. Haz otra cosa. Mira hacia otro lado. No hagas nada. No te metas en líos.

Pero ya que eres tan bueno o buena, te contaré algo. El problema real no está ni a un lado ni a otro: está en el centro, en toda esa gente que el estado cree que puede silenciar, ya no solo en la calle con estúpidas mordazas legislativas, sino también en su casa mediante amenazas.

Parecen haber olvidado que, en ese punto, justo en ese punto, es cuando las palabras se transforman en susurros y, lo que todavía es más peligroso, cuando esas mismas amenazas se vuelven armas mucho más reales.

Cuando el bebé de Carolina nos despertó

Tras la primera sesión del Congreso, parece ser que vamos a tener varias anécdotas para la posteridad. Hay una de la que, en las últimas veinticuatro horas, ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir y más. Se trata del acto de presencia del bebé de la diputada Carolina Bescansa; también hubo un buen grupo que llegó en bicicleta con López Uralde en cabeza, un cacheo a Rita Maestre, un Monedero invitado en tribuna o una buena dosis de café para llevar para una larga sesión que cerró con Patxi López como el nuevo presidente de la cámara baja.

Dicho esto, parecería que habría mucho de lo que hablar —incluso lloró Pablo Iglesias a la salida, lo que me parece extraño que no se haya utilizado para tildarle de flojo o del señor Lágrimas de Cocodrilo, por ejemplo—, pero todo quedó tras el pequeño lactante.

A mediodía, ya alertado frente a lo que podía encontrarme por Internet, decidí hacer de tripas corazón y leer unas cuantas noticias desde la página de Facebook de unos cuantos periódicos: concretamente, La Vanguardia, El Mundo, El País y El Huffington Post. Y aluciné.

Carolina Bescansa (bebé)
Diego, el bebé de Carolina Bescansa, en brazos de Pablo Iglesias. En el centro, Iñigo Errejón. © La Vanguardia

Lo más curioso, sin embargo, es que lo sorprendente no era el tono de los redactores, la línea editorial o la cobertura (desmesurada) que se le había dado a la noticia, sino las opiniones de muchos hombres y, sobre todo, mujeres, que habían decidido levantar su voz por aquí y por allá. No entraré a parafrasear todas y cada una de las msimas, pero me parece de traca leer cosas como: “¿Esta señora qué se cree? Si el resto de nosotras no podemos llevarnos a los niños al trabajo, ella tampoco” o un, todavía más bestia, “Ella puede pagar una niñera, no hace falta que vaya por ahí haciendo el paripé.”

Y probablemente sí. Seguro que Carolina Bescansa puede pagar una niñera. ¿Pero le ha preguntado alguien a esta señora qué opina sobre dejar a su hijo con una tercera persona?, ¿o en una guardería? Parece ser que el Congreso cuenta con una en su interior desde hace más de nueve años, además, por lo que todo apunta a que se realizó como un gesto reivindicativo.

¿Estará mal? ¿Estará bien? Lo cierto es que los análisis políticos se centran en que el problema es que lo que ha hecho esta señora, la gente corriente no podemos hacerlo. Que si el crío se pone enfermo y no puede ir al cole, tenemos que llamar al trabajo y pedir un día de permiso. ¿No será que el sistema está hecho como el culo? ¿No deberíamos centrar el problema en que si tengo que trabajar cuarenta horas semanales para destinar ese dinero íntegro a una guardería, mejor prescindo de trabajar? ¿No será que no tiene sentido que nadie te juzgue por tus decisiones como padre o madre ni te obligue a elegir entre trabajo o familia?

Si se ha llevado al bebé porque le ha fallado todo a última hora ¡qué putada! y ¡qué suerte, Carolina! La mayoría de nosotros, cuando nos falla todo a última hora, tenemos que pedir un día de permiso para quedarnos en casa con los hijos porque no podemos llevarlos al trabajo.

El bebé de Carolina, por Sgueina en El Huffington Post

No ha faltado ninguna opinión, ni tan siquiera la de la Federación de Mujeres Progresistas, que lo considera un error flagrante que daña la imagen del feminismo a todos los niveles; de un modo similar a la Unión de Asociaciones de Familias o la Fundación Mujeres, que parece ser que hubiesen preferido que fuese el padre quien hubiese aparecido con su bebé por el hemiciclo dándole el pecho.

Termino explicando una anécdota, ya añeja, que demuestra para lo poco que sirve el Senado en este país, por cierto. Donde en el año 2012, Yolanda Pinedo, senadora del PSC, también se acercó a votar con su hijo, y poco escuchamos sobre ello en los medios. Quizá la afiliación política también tiene algo que ver con la polémica, y los podemitas no solo huelen mal, sino que, además, son malos padres y madres. ¡Qué se yo!

El PP quemó tu casa

Como si de soldados romanos en pos de la gloria, tribus íberas descontroladas o expansionistas ejércitos francos se tratase, el PP quemó tu casa. Lo hizo con una porción del salvajismo invocado hace miles de años, pero sin un ápice de honor, y mucho menos de compasión por la naturaleza siquiera. Lo hizo tanto al amparo de la noche como del día; sin exhalar lamento alguno y con catorce millones de ojos cómplices que miraban hacia otro lado.

Sobre repartir la culpa no podemos hablar, pero sí del principal problema. Una cuestión que nos llega desde Vizcaya, donde alguna lumbrera notó que soplaba el viento en la dirección adecuada (hacia donde los chalets de lujo de la zona no peligraban, parece ser) y había matojo e intereses suficientes para sacar partido a los cambios aprobados hace un año sobre aquella anticuada Ley de Montes (Ley 43/2003) de un 21 de noviembre que fastidiaba tantos intereses.

Foto incendio en Berango (Vizcaya)
Fotografía del incendio de Berango (Vizcaya), donde se han quemado cientos de hectáreas en los últimos días. Si bien las causas se desconocen, ha conseguido que vuelvan a saltar las alarmas sobre los cambios que el Partido Popular aprobó en la Ley de Montes a inicios de 2015.

El resto, si es que así sucedió, poco misterio tiene: cerilla, y a correr. No vaya a ser que no nos demos la prisa suficiente y algún otro listo se nos adelante en eso de comprar el terreno, especular y seguir dando trabajo a arquitectos, jefes de obra y mozos que sueñan con míticos sueldos de tres mil pavos en La Edad Dorada de Jose Mari.

Portada El Jueves (Elecciones Generales 2015)
Portada de la revista El jueves que criticaba los resultados electorales de los partidos tradicionales en las Elecciones Generales de 2015.

De aquí, se pueden traer muchos temas a colación, eso sí. Uno de ellos, es que antes —al menos, en diciembre— nos librábamos de eso de los bichos y de los árboles calcinados por España; otro de interés que también se advierte en la nueva Ley de Montes, es aquel que muchos hace meses que se cansaron de repetir, y es que nos vamos a hartar de ver zonas quemadas donde seguir construyendo edificios que nadie puede habitar; pero hay algo más. Un punto que nos tragamos en mayor o menor medida entre intereses políticos, miedos heredados e inacción.

Un punto que, con mucho acierto, Albert Einstein adelantó afirmando que solo había dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana (si bien de la primera no estaba del todo seguro), y que, probablemente, debamos completarlo robando otra idea aquí, la del verdadero humorista y falso noble brasileño Apporelly, quien sentenció acertadamente que, si hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están bien representados.

Algunos seguiremos luchando contra la estupidez; mientras tanto, muchos más (por el momento) se mantendrán erre que erre sin ver que su ceguera individual ayuda a acrecentar la invidencia colectiva, y que si hay un verdadero hijo de puta en el cargo, quizá sea sinónimo de que la mayoría de madres son un poco golfas. Ahora vas y les sigues votando, pero asumiendo que parte de los ERE, de la corrupción, de los incendios provocados y de todos sus errores también es culpa tuya y, este enero, más que nunca antes; después ya te puedes ir a tomar por culo de aquí.

Un cocodrilo en la bañera

Esta mañana me he despertado extrañamente lúcido y descansado. Esto ocurre cuando completas un ciclo circadiano y todavía no has comenzado con el siguiente. Por lo demás no ha sido un despertar desconocido. Me despabilé con aquello alegre, meándome y evitando descoyuntarme contra las escaleras; el café hirviendo y los diarios en papel.

Aumenta un 1.800% el gasto en material antidisturbios y de protección, leo en voz alta. Soplo el café con indiferencia y aparto la prensa, como si todo eso no fuese conmigo. Sin embargo, no consigo terminarme la tostada con mermelada a causa de los gritos: mi pareja vocifera desde el aseo. Hay un cocodrilo en la bañera. Suspiro. ¡Otra vez!

Fotografía de Tambako The Jaguar: https://www.flickr.com/photos/tambako/ Sigue leyendo «Un cocodrilo en la bañera»

Un hiver à Majorque, el Estado Islámico y la independencia de Cataluña

Es la verde Helvecia, bajo el cielo de Calabria, con la solemnidad y el silencio de Oriente.

Un invierno en Mallorca (Georges Sand, 1855)

En mayo, Mariano Rajoy se afanaba en volver a plantear el proyecto del gasoducto del Mediterráneo en Bruselas. Así, aprovechando las circunstancias en el Este, mataba dos pájaros de un tiro: se marcaba un punto con la Unión Europea y remendaba su posición política tras el bofetón de las elecciones. Después, llegó el veranito y, como cada año, todo se congeló entre la piscina y la playa; la barbacoa, las cervezas, etcétera. Todo queda paralizado un par de meses hasta que llega septiembre, y los críos necesitan libros, las familias necesitan llenar el carro del súper, y los políticos necesitan seguir prometiendo.

Sobre Un invierno en Mallorca

Hace siglo y medio, George Sand desembarcaba con su amante, Frederyk Chopin, en la isla de Mallorca. Allí, en un periplo de noventa y tantos días intentarían, infructuosamente, sanar un cuerpo sitiado por la tuberculosis; buscando el exótico sur que no encontraron en las costas mallorquinas. Diríase que hallaron algo distinto a lo esperado, una sociedad de chuetas y campesinos que se alejaban notablemente del mito del bon sauvage  que, quizá, impregnaba sus retinas desde la bahía de Palma. Aunque dudo que al oriundo balear le importase una… ¿sobrasada? lo que pensaba esa francesa que tenía por costumbre vestirse de francés.

Sobre ISIS o el Estado Islámico

Por otro lado, y probablemente al margen de todos estos acontecimientos antes citados, hace unos pocos meses, aunque parecería que de esto hace ocho o doce siglos, el integrismo islámico asomaba la cabeza tras el velo que, día tras día, la mayoría de Occidente se encarga de ocultar por una u otra razón. En este caso, el filo terminó por martirizar y dar muerte a un periodista de los de verdad, James Foley, quien desapareció en Siria hace un par de años. Y, quizá, más que ver el sangriento documento que lo atestigua —el cual está petado de visitas, por cierto—, valdría la pena informarse acerca de los acontecimientos actuales en Iraq y Siria de la mano del ciclo de entrevistas que Vice News realizó a miembros del llamado Estado Islámico.

Y todo ello está relacionado. Son tres claros casos de incomunicación.

Sobre la falta de comunicación a nivel geopolítico

Pero, evidentemente, de todo esto nadie habla en realidad. Así como los dos amantes no se citaron en sus respectivas composiciones artísticas en la vieja Maiorica; todos olvidamos rápidamente lo que ocurre a nuestro alrededor, por desinterés, por falta de compromiso, e incluso por gravosa desinformación. El verano de este 2014 pasa tan rápido como el resto, cuando llega agosto acortando días y volviendo un poco más triste cada atardecer, pensaría cualquiera. Cuando llega, de nuevo, el fútbol, la telebasura, los reality shows y vuelven a ponernos la venda en los ojos; eso sí, tampoco es que les cueste demasiado.

Mientras, a cuatro mil kilómetros de distancia de la Península ibérica —que, aunque no lo parezca, es una longitud mucho menor de la que hay a Norteamérica, por ejemplo— hay yihadistas; yihadistas de los que no sabemos nada, adoctrinando, matando y decapitando a personas desde hace meses; y a nosotros nos llega información fragmentada acerca de lo sucedido de la mano de un verdugo que asesina a un periodista americano frente a una cámara. Su intención es clara y directa: quiere mover el ojo del Gran Hermano hacia allí. La nuestra también: necesitamos ese tipo de atrocidades para ser impactados por lo que hay a nuestro alrededor; y ya, ni eso.

Mezquita de los Omeyas
Patio de la Mezquita de los Omeyas (Damasco).

Puesto que el panorama internacional se mueve a unas revoluciones en las que semanas parecen minutos, y minutos… Bueno, los minutos se nos escapan de los manos: uno a uno; ya podemos obviar, rápidamente, la crisis entre Palestina e Israel que movilizó a grandes grupos de personas alrededor del globo hace… ¿15 días quizá?; personas que criticaban la actitud de Israel y de Hamas; personas que condenaban la muerte de civiles inocentes y medios (y grupos, y lobbies, y celebrities; ¡ojo!), predominantemente, estadounidenses e israelíes que parecían ver muy clara y lícita la actitud del gobierno israelí. Aquí no pecaré de simplista, pues mi intención no es más que llamar la atención sobre distintos hechos que están ocurriendo en paralelo frente a nosotros.

A su vez, el Estado Islámico es, hoy día, una realidad más; una realidad francamente cruel, peligrosa y atrasada a nuestro tiempo, donde un manuscrito religioso (Corán) se convierte en una ley a todos los niveles; una sharía pervertida por el integrismo que supone huida, temor, privación de libertades y derechos humanos y muerte por doquier. Pero nadie habla de eso todavía. Y quien advierte uno de estos temas, no tarda en optar por la inacción. Y ese es el verdadero problema. Como sociedad, vamos tarde.

Abu Mosa
Abu Mosa, agente de prensa del Estado Islámico durante una entrevista realizada por Vice News en Siria.

Sobre la independencia de Cataluña o el estado catalán

Y ahora nos acercamos otra vez a un contexto más cercano, que quizá sí nos suene a todos, porque a esto los medios sí se le han dado bombo y platillo. Con innumerables matices frente al resto de temas —principalmente, por considerarlo de menor importancia que lo inmediatamente anterior, pero también por respeto y conciencia democrática—, al Estado catalán, compuesto por aquellos miembros de la sociedad catalana que desean decidir su independencia frente al Estado español, le ocurre algo similar; para empezar están hablando, y están siendo desoídos desde hace varios años por el gobierno central. Y es que Europa y, en especial España, no parecen desear conversar con sus semejantes, sino limitarse a ignorarlos. Pero no es un problema que exista en las calles de Barcelona, Gerona, Tarragona o Lérida, sino también en el País Vasco, y en Galicia, y en la mayoría de comunidades que no están de acuerdo con mantener eternamente ese parche que se realizó en la Constitución de 1978. Y si me apuras, en Grecia, en Italia, en Portugal…

La paz no se busca hablando con los amigos, sino con los enemigos.

Moshé Dayán

A mi modo de ver, el catalán que no se siente español tiene todo el derecho del mundo a buscar las vías que considere oportunas para cerciorarse de si la mayoría de los catalanes se sienten o no se sienten españoles (o sea, mediante referéndum popular y democrático). Asimismo, el español que no se siente cómodo con la Constitución de 1978, tiene derecho a buscar una solución a ese problema… Obviar esto y no buscar el diálogo entre las partes siempre trae consecuencias; decir que todos los españoles deben decidir el futuro de Cataluña es mentira (y es fascismo, además), a no ser que ese español viva en Cataluña y, aun así, para no alargarme en exceso, estoy convencido de que, de celebrarse la votación —lo cual tampoco dudo con la comunidad internacional ojo avizor—, ganaría el no. ¿Por qué?

Porque el catalán (medio) se siente español; muchos catalanes se sienten catalanes y españoles; otros se sienten españoles; otros se sienten catalanes y otros tantos no sienten nada y pasan de este tema. Pero la vía de la independencia es una apuesta tradicional que ha cogido fuerza por un clima de malestar concreto. ¿Cuándo ha sido Cataluña un estado? ¿Qué interés tiene? Cataluña, Baleares, Andalucía, Galicia, Valencia… es decir, los ciudadanos de Cataluña, Baleares, Andalucía, etc., quieren mejoras, quieren que no se les tome el pelo y un largo etcétera. Y apuesto que, si lo piensa en frío, la mayoría ve una tontería duplicar organismos e instituciones oficiales ad hoc, igual que ve una tontería dejar de formar parte de un estado del que forman parte y con el que han mantenido siglos de convivencia. Lo sé. Lo sé porque hablo con la gente, no con los políticos. Hablo con la gente por la calle; hablo con la gente de las tiendas, con los amigos, con la vecina… y todos son catalanes, y algunos quieren la independencia, pero oye, ni de coña una mayoría.

¿Saben quiénes no hablan ni escuchan a los ciudadanos, verdad?

El problema real surge cuando las partes no escuchan, cuando las cosas se imponen, o se ignoran, o se encubren. De golpe y porrazo, tenemos el ébola hasta en la sopa, y a Pujol (que es un mangante, como tantos catalanes y tantos españoles), y nada se resuelve. Porque nadie quiere saber nada de este tinglado, ni de muchos otros.

Jordi Pujol
Jordi Pujo, 126º presidente de la Generalitat de Catalunya (1980-2003).

Por último, apreciaría además que no se buscasen tres pies al gato, y que nadie empezase a leer aquí o allá que si se compara Israel con Siria o Iraq, o con Cataluña, o con quien se quiera relacionar. Apreciaría que el lector empezase a razonar, a buscar soluciones y a entablar diálogos de forma real y global entre regiones que, hoy día, están obligatoriamente interconectadas y, quieran o no, van a tener que aprender a convivir.

Esto no es una llamada al diálogo de los opuestos, es una realidad. Decía un famoso israelí: la paz no se busca hablando con los amigos, sino con los enemigos. Y yo creo que esos viejos, esos jóvenes y esos niños que graban con sus smartphones estadounidenses cómo los cuerpos de sus antiguos compatriotas son decapitados y sus cabezas son clavadas en una pica, necesitan mucho diálogo con el resto del mundo. Y nosotros necesitamos empezar a establecer puentes con ellos si queremos intentar que una zona que pervive en el pasado, se adecue al tiempo presente.

Y es que el gobierno religioso y la caza del infiel, no funcionó aquí. Y tampoco lo hará allí. Y en eso sí llevamos algunos siglos de ventaja frente a ellos. Pero eso no es excusa para seguir tratando a cualquier individuo que no pertenezca a Occidente como un niño que necesita nuestra ayuda, pues muy a menudo escoger esa vía solo empeora las cosas. Ellos, que no dejan de ser más que nuestros semejantes, que son un pequeño grupo —aunque no tan pequeño ya— y que no tienen discurso. Que critican a Occidente, pero se han formado aquí; que maldicen a la industria europea, pero usan unas Ray Ban para protegerse del sol del desierto, que usan tecnología de infieles para extender su discurso, y que mantienen una idea religiosa unívoca para seguir pensando que tendrán una recompensa en la otra vida, aunque a diferencia de los verdaderos musulmanes, les preocupa más de la cuenta lo que los demás hacen con su existencia terrenal.

Moshé Dayán
Moshé Dayán fue un político y militar israelí.

Porque una cosa está clara. En un mundo donde vamos a vivir más de cien años, estamos destinados a llevarnos bien, o a no vivir tantos años. Y todo esto se resume en que necesitamos canales  y medios de información reales (o sea, útiles), que nos permitan filtrar el ruido, pero también rebuscar entre él; en un mundo tan globalizado como el que se nos viene encima, necesitamos concienciar a la gente de los valores reales de este siglo, de la desaparición de las fronteras, de la necesidad de un fin común… y, todo ello, puede parecer utópico, pero no hay muchas alternativas.

O podríamos hacer como George Sand y crearnos una imagen absolutamente fantástica del prójimo durante nuestro viaje y, al contrastarla con la realidad —donde, según ella, el mallorquín de época dedicaba su tiempo únicamente al campo e impregnaba su casa de una total falta de intelectualidad—, darnos un gran bofetón. O mejor aún, no contrastarla, y seguir sitiando los medios, los cafés, las calles y el mundo entero de medias verdades e ideas simplistas que facilitan nuestra (escasa) comprensión del mundo. Y es que un sitio, una lengua y una cultura, es su gente. Todo lo demás, poco vale. Y despreciar, ignorar u obviar la voz de un colectivo jamás ha traído nada bueno, porque un país no es un territorio: son aquellas personas que allí viven y han vivido. Y quizá todo esto sería bueno recordarlo también a nivel geopolítico.

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Sobre el TIL

Empezaré aclarando que yo no estuve ahí, aunque me sentí muy identificado con las demandas expuestas, y me arrepentí a posteriori, lo que demuestra que, como manifestación, funcionó a las mil maravillas. Como prueba de ello, tenemos la velocidad con la que prensa internacional se hizo eco de la protesta multitudinaria por las calles de Palma, donde 90.000 personas —o 90.000 mallorquines que, conociéndoles y habiéndoles tratado durante años, tiene todavía más mérito— recorrían el centro de la ciudad creando oleadas de verde a su paso.

Las calles de Palma se llenaron de gente manifestándose por la política educativa del PP.
Fotografía de una calle de Palma durante la manifestación por la falta de una correcta adecuación que permita la política educativa del TIL.

Al día siguiente, mientras hojeaba el Diario de Mallorca, una de las fotografías impactó contra mi iris con la férrea intención de quedarse ahí. La imagen mostraba los miles y miles de personas en Plaza de España, donde incluso la estatua del rey Jaume se había unido, quizá por imposición popular, a la jornada de protesta. Entre las pancartas que asomaban por encima de los presentes, me sorprendió un mensaje especialmente coherente: “Bauzá, queremos volver a la escuela”; o quizá decía: “Bauzá, déjanos volver a la escuela”. Al instante, sonreí, consciente de que aquel o aquella que hubiese escrito ese cartel entendía a la perfección el motivo de la huelga y sabía que ese era el camino por donde se debía atacar con mayor virulencia.

manifestación TIL 2La pancarta afirmaba, primero, que ninguno de los presentes estaba allí por gusto, sino por necesidad; necesidad de ser escuchado, necesidad de apoyar a gran parte del cuerpo docente y, sobre todo, necesidad de una educación coherente y bien organizada para ellos, para sus hijos y para los futuros estudiantes que vendrán. Segundo, que estaba muy claro quién era el verdadero culpable de aquello, quién hacía promesas vacías y quién intentaba imponer su palabra y su voz por decreto. Y, tercero, aunque algo más difuminado y carente de la fuerza inicial, el rótulo mantenía que no se actúa, que los cambios se enlentecen, que no se busca una solución real al problema, pues durante semanas se ha negado su propia existencia.

El día 29 de septiembre este cartel era uno de los máximos exponentes de la lucha contra la criminalización que padres y profesores se han visto condenados a sufrir. Combatía ese punto de vista del todo superficial que se limita a simplificar la no asistencia a la escuela como el verdadero problema; que intenta convencer a los padres y a los profesores que, si de verdad les importa la educación de los críos, estos deberían estar asistiendo al colegio y no perdiendo días de clase. Es triste que la mejor arma que el gobierno ha podido asir sea una postura hipócrita y lela que ni tan siquiera enfrenta el problema (hasta hoy). Pues no, señores (y señoras). Los padres deben ser los primeros en apoyar esa huelga, y de forma indefinida, cogiendo aquel cartel y plantándolo en los morros a todo el Partido Popular durante  el tiempo que sea necesario.

Ana María Aguiló Twitter

En tal caso, podemos estar convencidos de que el estado continuará intentando lanzar balones fuera y condenará la no asistencia en pos de una supuesta educación. Sin embargo, uno, eso no es educación; dos, mucho menos de calidad; y tres, el único culpable aquí es un ejecutivo que no tiene un verdadero plan de acción, que copia planes docentes de Europa y omite su desarrollo y adaptación y que condena, aún más, a ese 40% que abandona las aulas de las Baleares tras la enseñanza obligatoria.

No obstante, siempre queda sitio para la esperanza y la mejora, y los mallorquines han (hemos) puesto otro grano de arena. Como muestra, la criminalización de la huelga y las amenazas vacías de Ana María Aguiló, quien citaba a Fernando Merino en Twitter: “Los padres están obligados a llevar a los niños a la escuela y de no ser así, el Tribunal de Menores tiene potestad para retirar las custodias”, exclamaban. Les deben fallar las cuentas también si piensan enviar a los servicios sociales a gran parte de los estudiantes de las Islas Baleares.

De risa. O todo lo contrario.