El PP quemó tu casa

Como si de soldados romanos en pos de la gloria, tribus íberas descontroladas o expansionistas ejércitos francos se tratase, el PP quemó tu casa. Lo hizo con una porción del salvajismo invocado hace miles de años, pero sin un ápice de honor, y mucho menos de compasión por la naturaleza siquiera. Lo hizo tanto al amparo de la noche como del día; sin exhalar lamento alguno y con catorce millones de ojos cómplices que miraban hacia otro lado.

Sobre repartir la culpa no podemos hablar, pero sí del principal problema. Una cuestión que nos llega desde Vizcaya, donde alguna lumbrera notó que soplaba el viento en la dirección adecuada (hacia donde los chalets de lujo de la zona no peligraban, parece ser) y había matojo e intereses suficientes para sacar partido a los cambios aprobados hace un año sobre aquella anticuada Ley de Montes (Ley 43/2003) de un 21 de noviembre que fastidiaba tantos intereses.

Foto incendio en Berango (Vizcaya)
Fotografía del incendio de Berango (Vizcaya), donde se han quemado cientos de hectáreas en los últimos días. Si bien las causas se desconocen, ha conseguido que vuelvan a saltar las alarmas sobre los cambios que el Partido Popular aprobó en la Ley de Montes a inicios de 2015.

El resto, si es que así sucedió, poco misterio tiene: cerilla, y a correr. No vaya a ser que no nos demos la prisa suficiente y algún otro listo se nos adelante en eso de comprar el terreno, especular y seguir dando trabajo a arquitectos, jefes de obra y mozos que sueñan con míticos sueldos de tres mil pavos en La Edad Dorada de Jose Mari.

Portada El Jueves (Elecciones Generales 2015)
Portada de la revista El jueves que criticaba los resultados electorales de los partidos tradicionales en las Elecciones Generales de 2015.

De aquí, se pueden traer muchos temas a colación, eso sí. Uno de ellos, es que antes —al menos, en diciembre— nos librábamos de eso de los bichos y de los árboles calcinados por España; otro de interés que también se advierte en la nueva Ley de Montes, es aquel que muchos hace meses que se cansaron de repetir, y es que nos vamos a hartar de ver zonas quemadas donde seguir construyendo edificios que nadie puede habitar; pero hay algo más. Un punto que nos tragamos en mayor o menor medida entre intereses políticos, miedos heredados e inacción.

Un punto que, con mucho acierto, Albert Einstein adelantó afirmando que solo había dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana (si bien de la primera no estaba del todo seguro), y que, probablemente, debamos completarlo robando otra idea aquí, la del verdadero humorista y falso noble brasileño Apporelly, quien sentenció acertadamente que, si hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están bien representados.

Algunos seguiremos luchando contra la estupidez; mientras tanto, muchos más (por el momento) se mantendrán erre que erre sin ver que su ceguera individual ayuda a acrecentar la invidencia colectiva, y que si hay un verdadero hijo de puta en el cargo, quizá sea sinónimo de que la mayoría de madres son un poco golfas. Ahora vas y les sigues votando, pero asumiendo que parte de los ERE, de la corrupción, de los incendios provocados y de todos sus errores también es culpa tuya y, este enero, más que nunca antes; después ya te puedes ir a tomar por culo de aquí.

Treinta cosas para antes de los treinta

Con un poco de suerte, cuando cumpla los treinta estaré cruzando EEUU de costa a costa. Esa es una de las líneas que tengo que tachar de mi lista de cosas por hacer. Pero tantos meses antes, algo cansado de preparar trámites e imaginar con qué vamos a encontrarnos, no puedo más que pensar en que, como siempre, llegará mucho antes de lo esperado.

Por ello, mientras imagino cómo me sentiré al pegar cuatro rayajos metafóricos a la lista que te comentaba, me ronda por la cabeza todo aquello que quería hacer, pero todavía no he hecho; todo lo que he intentado pero, por ahora, se ha escapado; y también lo que he conseguido en los veintinueve que van antes de los treinta.

Fotografía de la Ruta 66

Y sin embargo es curioso pues, de algún modo, más allá de todo lo que sí ha ocurrido de una u otra forma, lo que de veras parece difícil sacarse de la cabeza es aquello que parecía tan importante y terminó por ser una cosa más. Para calmar los propios ánimos, ahí va una lista algo diferente.

#1 Leer a los clásicos

Recuerdo que durante una época me obcequé con leer los libros de los que los profesores de literatura querían que nos empapásemos. Ahí estaban Proust, Joyce, Tolkien, Tolstói, y un montón más.

Descubrí que muchos valían la pena y otros no eran para mí, pero sobre todo comprobé que lo clásico no siempre es sinónimo de bueno, y lo bueno no siempre es sinónimo de universal.

#2 Encontrar mi propio estilo

Hace años, cuando empecé a escribir, seguí aquel famoso consejo de Woody Allen en Anything Else que decía: “Nunca copies, pero sí tienes que hacerlo copia a los mejores.” Tras leer, y escribir, y no pensar demasiado en ello, llegó.

Anything Else (Woody Allen, 2003)

También comprobé que hay una fase de introspección donde nada te suena tuyo, y todo tiene ese sabor agridulce de tus principales influencias mal digeridas. Supongo que será normal, porque pasa.

De lo que sí estoy seguro es del Hollywood de Bukowski, que decía: Mira, si me preocupara por lo que le interesa a la gente, nunca escribiría nada.

#3 Una mujer que me aguante

Lo típico que todos buscamos cuando somos prepúberes o ya tenemos veintimuchos o treinta y largos, ¿no? Entre tanto, no nos parece tan importante. Pues sin decirlo muy alto, y muy contento de vivir en pareja, diré que la clave para aguantar a alguien empieza siempre por aguantarse a uno mismo.

#4 Mantenerte a flote

Tengo amigos de treinta y cuarenta que siguen queriendo ser rockstars. Yo quiero escribir, mientras tanto, me doy permiso para vomitar basura unas cuantas horas frente al teclado por algo parecido a un sueldo (cada vez menos), y creo ver cómo, paso a paso, he terminado por acercarme a lo que realmente deseo.

Guns'n'Roses

Para mí, todo se reduce a perseguir tus sueños mientras te mantienes a flote; si no, de un modo u otro, tampoco los alcanzarás; pero podría ser todo lo contrario, también hay quien no se imagina su vida haciendo algo que no le gusta. Al final, se traduce en ser coherente.

#5 Crear un negocio de la nada

Ser autónomo, buscar tu camino, trabajar cuarenta horas semanales; ser el ídolo de tus amiguetes por tener tu propia start-upTodo eso no vale nada o lo vale todo, depende de ti. Aunque no creo que por eso seas el ídolo de nadie…

#6 Tirar adelante con él

Implicarte con un proyecto, ver cómo crece e incluso atreverte a matarlo y enterrarlo pueden ser experiencias que valen mucho más que todo el dinero del mundo, pero siempre que no sean ellas quienes te dirigen a ti, ya sabes.

#7 Hacer algo que jamás quise hacer

Y no fue tan malo. Todo lo contrario. A veces, abrir tu mente y reinventarte día a día puede ser la mejor opción (y aquí no estoy hablando de trabajar, no seas aburrido/a).

Sant-Elm-Mallorca
Por ejemplo, salir a navegar en un velero. ¡Y sigue sin llamarme la atención!

#8 No cambiar

Cuando tocaba ser auténtico —allá por la adolescencia—, cambiar era convertirse en alguien o en algo que no eras. Poco a poco te das cuenta de que cambiar también significa crecer, aunque no como nos vendieron la moto de la casa, el coche y las responsabilidades de nuestros padres. Eso no es crecer, eso es una putada.

#9 Pasar tiempo en familia y con los amigos

No es que estar con los tuyos no sea importante, es que al final no es más que el resultado natural de lo que a uno le apetece y necesita.

#10 Hacer lo que se debe

¿De qué sirve hacer algo por lo que el resto cree o espera? Estudiar, trabajar, salir, visitar a la familia… pueden ser cosas fantásticas o un auténtico asco. Decide y actúa en consecuencia.

#11 Poner el foco en los demás

Basta de focalizar demasiado en los otros sin saber qué quiere uno. Es la excusa más vieja de todas, y no funciona.

#12 Consolidar una posición

Y restringir tu zona de confort para estar muy, muy aburrido y seguro dentro de tu cascarón; mejor no.

#13 Ser demasiado crítico con uno mismo

Nadie te presta tanta atención; relaja.

#14  La carrera que estudiaste

El 90% de la gente de mi generación trabaja en sectores que no tienen ninguna relación con lo que empollaron en la facultad. Esto dice muy poco de cómo nos orientó el sistema educativo (y llega al nivel de putadón, oye), pero también nos ha permitido aprender a relativizar un poco conceptos como importancia, utilidad y salida profesional, ¿o no es así?

Patio exterior de la UPF de Ciudadela de la Vila Olímpica

#15 Las peleas con tu padre

Sobre todo cuando falta. En mi caso no es que si lo hubiese sabido no hubiese peleado tanto como lo hice: lo habría hecho igual, pero quizá con un poco más de perspicacia, que nunca viene mal.

#16 Largarse, poner tierra de por medio, olvidar

O dicho de otro modo, aprender que es necesario distanciarse de las cosas; para que sane, para que salga, para poder comprenderlo…

Síntesis - VI - Siete historias de histeria

#17 O desaprovechar el tiempo

Eso sí, siempre por afición y con conocimiento de causa. Y quien opine distinto, no creo que entienda lo inspirador que puede resultar barrer por aburrimiento, salir a caminar sin el reloj o darse tres duchas en un día, porque sí.

#18 Leer, ver o escuchar solo las cosas buenas

No todo va a estar en los clásicos, ya sabes. Hay pequeñas joyas entre la basura. En realidad, es una cuestión de perspectiva; no porque el resto crean que no vale la pena, no vas a poder aprovechar algunas buenas ideas.

#19 Limitarse a las listas

Aunque resulte absurdo no aprender lo buenas y útiles que son, es peor limitarse a ellas y no dejar hueco a la improvisación, al espíritu, a las infinitas posibilidades que nos rodean.

The Bucket List (Rob Reiner, 2007)

#20 Hacer todo lo que puedas (o más)

¿Cómo va a salir bien eso de avanzar con diez proyectos en paralelo? Si quieres dar lo mejor de ti en cada uno de ellos, no lo hagas.

#21 Una casa (y otras posesiones)

A mí esta me costó, lo confieso. Una casa, un coche, un bar con gente de confianza… Lo que de verdad buscamos la mayoría no es más que un sitio al que poder volver. A partir de aquí, hay cosas que pueden ser una bendición o una condena.

#22 Tener la casa llena de pelos de tus mascotas

El otro día leía: “Hay dos tipos de personas: los que siempre llevan pelos en la ropa y los que son infelices.” ¡Con tres perros, dos gatos y un pájaro en mi casa, estoy completamente de acuerdo!

Por cierto, te vas a fastidiar y a limpiar (como todos), pero no te compliques la vida, nadie se ha muerto por convivir con cuatro pelos de más en el sofá.

#23 Ser bueno en algo

Creo fervientemente en aquello de que todos somos buenos en algo. De ahí a alcanzar lo de la rockstar, la primera división o el octavo dan, hay un trecho. Por suerte, la distancia parece mucho mayor que lo que tardamos en llegar a comprender que el propósito, el esfuerzo o la diversión son suficientes.

#24 Practicar artes marciales

Durante años devoré películas de Bruce Lee, Jackie Chan o Jet Li, pero me decidí por algo completamente distinto: el kendō. Pero más que la disciplina en sí, lo verdaderamente importante es comprender que no se trata de vencer a aquel contra quien nos enfrentamos, sino de sobreponernos siempre a nosotros mismos.

Practicar kendo (Men)

#25 Tener la última palabra en una discusión

Con lo divertido que resulta discutir para seguir creciendo o por el mero placer de ver hacia dónde nos lleva…

#26 Estabilidad

Como para tantas otras cosas, no creo que estemos hechos para la estabilidad en todos los aspectos de nuestra vida. No se trata de rehuir la dedicación o la pasión, sino de evitar hacer cosas nuevas por mantener esa falsa sensación de seguridad.

#27 Rutina

Más de lo mismo. Eso sí, toca vigilar que no termine por engañarnos. Es aburrida, pero muy constante.

Tyler Durden (Bradd Pitt, El club de la lucha, 1999) en la bañera.

#28 Dinero

No soy de esos que van gritando por ahí que el dinero da o no da la felicidad; no creo que la dé, desde luego, pero sí necesitas algo para comer, dormir y cumplir las metas que te propones. A partir de ahí, yo practico el desapego y soy feliz. Habrá quien necesite miles de euros al mes, claro que sí. Que trabaje más.

#29 Lo que los demás quieren

No hay mayor paz que la que sientes cuando actúas conforme piensas. Eso de aprender otro idioma, viajar o buscar la felicidad en un trabajo, puede dar en el clavo o ser el camino directo hacia la infelicidad.

#30 Saber

No saber es, quizá, el mejor modo de conocer, sentir, descubrir… y me atrevería a decir que incluso de vivir.


Editado el 05/11/2015 

Muy pocas veces he agregado o modificado las ideas de un texto tras haberlo escrito. Sin embargo, releyéndolo me he dado cuenta de que hay algo que, muy probablemente, supera todos los puntos anteriores: compartir la vida con animales.

Quizá no lo puse porque debe ser algo innato en los seres humanos. Y no todos lo descubrimos tan temprano como deberíamos, pero no creo que haya una vida completa sin un perro (y tantos otros compañeros) a tu lado.


Las imágenes con copyright se han extraído de las páginas web o medios siguientes: Arthur Newberg Photography, Anything Else (Woody Allen, 2003), The University of Queensland, Buenas ideas de SH El club de la lucha (D. Fincher, 1999).

Oldies: Mucho por vivir

Este octubre no ha sido un mes para Doblando tentáculos, sino para otros proyectos. De todos ellos, Oldies es aquel del que estoy más orgulloso de haber podido participar; aportar mi grano de arena me ha permitido conocer a verdaderos héroes de cuatro patas y a sus orgullosos compañeros, ser partícipe de su historia e intentar volcarla en un papel, disfrutar de lo que significa vivir un momento tras otro…

Oldies: mucho por vivir son fotografías, son segundos entre los que el obturador de una cámara se abre y se vuelve a cerrar, son instantes con un relato detrás. Un testimonio que habla de todo lo que nos dicen que no podemos hacer y, de todos modos, hacemos; de lo que nos enseñaron que era arriesgado, cansado, absurdo  e incluso estúpido, y no podemos evitar llevar a cabo; Oldies es otra manera de dar forma al inconformismo y cambiarlo todo a nuestro paso, entre todos.

Raider, uno de los perros que ha participado en 'Oldies: mucho por vivir'.

Y si me preguntas de qué va el proyecto, supongo que contestaría que de perros mayores; de esos que conmueven las miradas de muchos, pero no siempre los actos. De compañeros caninos que han sido abandonados cuando más necesitaban una familia, animales que han vivido todos los días que recuerdan en una protectora, y también otros que vencieron las estadísticas para encontrar una segunda oportunidad.

Por supuesto, no todos llegaron mayores a sus familias: muchos han vivido desde cachorros con quien dio el paso y adoptó a aquel galgo que iba a ser descerrajado a tiros en Valladolid o a uno de los jóvenes miembros de las muchas camadas que, en España, nacen para morir. Sin embargo, su energía, su complicidad y sus ganas de vivir diez, doce o quince años después son el mejor ejemplo del porqué de este proyecto.

Duc, el golden retriever que ha participado en 'Oldies: mucho por vivir'.

Quizá no sea más que otra forma de permitir que un perro anciano nos salve, como Caos hizo con nuestra (no tan) pequeña familia entre una asombrosa primavera de hace tres años y aquel invierno que nos heló un poco el corazón para siempre. Pero también nos ayudó a crecer, a ser más fuertes, más responsables, más personas. Y sobre todo nos ayudó a aprender a vivir minuto a minuto y a disfrutar de las cosas importantes.

Si quieres comprar el eBook y hacer una pequeña aportación al proyecto, aquí tienes el enlace: Oldies: mucho por vivir.

Cuando el MUHBA y Barcelona destruyeron el búnker del Guinardó

Los días que anuncian tormentas tengo la incontrolable necesidad de escaparme al Parque del Guinardó. A veces, me acompaño de alguno de los perros y con la mano libre saludo al niño del aro antes de dejar atrás la avenida de Mare de Déu de Montserrat, las fuentes y los caminos que ascienden, serpenteantes, por la cara sur de la montaña.

Ahora, en la cima siempre hay gente, y los trabajos de restauración y museización que hablan del pasado han quedado inermes y desprovistos del interés general que acaparan las vistas a trescientos sesenta grados; el valor de la historia de la ciudad queda relegado a cuatro paneles informativos que, en parte, han apartado otra historia más cercana que nos habla de chabolas, miseria y gris en el Turó.

De asentamiento ibérico a ruinas de una guerra, pero también tierras de cultivo, cantera, casas de verano y antenas de telecomunicaciones… Un espacio al que no hacen justicia ni cuatro ni cuatrocientos carteles pero que, en el pasado, en una Barcelona que se había construido por y para el ciudadano,  muy probablemente no eran tan necesarios para recordar.

Vistas desde el Turó del Guinardó (Búnker del Carmelo)

A veces he llegado a pensar que aquello que realmente me fastidiaba era que todos esos guiris, esas voces que en verano conquistan nuestros atardeceres a doscientos sesenta y dos metros de altura, ascendiesen hasta El Búnker sin valorar nada más allá de unas bonitas vistas, sin reparar en que aquello que verdaderamente todos los adeptos a Barcelona íbamos a echar en falta era la soledad y la materialidad de un espacio que también se ha prostituido entre revistas que hacen guardia en vuelos comerciales y guías turísticas que descansan en cualquier local del Eixample, del Gótico o del Raval.

Supongo que en eso consiste crecer, lo haga uno mismo o su ciudad. Pero no cambia que a veces eche de menos el Turó del Guinardó que conocí, imagino que de un modo similar a como nuestros abuelos recordaban la rambla de las Flores, que hoy ha perdido incluso el nombre. Quizá una mirada demasiado romántica que, día tras día, se vuelve un poco más irreal.

Vivir en Mallorca, mis dos años persiguiendo una epopeya rural

En poco más de un mes hará dos años que volví de Mallorca, donde estuve viviendo otros dos. La vida en la isla, como en cualquier otro lugar, fue una experiencia de blancos, negros y grises pero, sobre todo, se convirtió en una de las mayores oportunidades de experimentar lo que realmente significa dejarse llevar por un sentimiento.

Refugiado durante largos veranos con sus respectivos inviernos, descubrí el carácter mallorquín (el de ciudad y, en especial, el que se respira al salir de Palma en cualquier dirección) y me acostumbré a un ritmo de vida que nada tiene que ver con lo que conocía: donde los días se enlentecen, las comidas se disfrutan de otra forma y sa roqueta se convierte en un lugar donde sentirse privilegiado de vivir.

Mallorca - Dana y Javi de excursión.

También coexistí entre sentimientos encontrados a menudo (evidentemente), y tuve que aclimatarme a ellos: días en los que todo lo que uno podía sentir era claustrofobia, y otros donde no podías imaginarte otra latitud desde donde contemplar el cielo nocturno y percibir ese control casi mágico sobre el tiempo.

Por lo bueno y lo malo, escribí sobre Mallorca. Y antes que después me arrepentí de haberlo hecho tan poco. Escribí, no obstante, y lo hice en un lugar donde más allá de Sóller, Valldemossa o Pollença, todo era un soplo de aire fresco destinado a inspirar a quien se permitiese el gusto: desde las marjades a La Calobra, de las playas de piedra a las aguas turquesas de Es Trenc —que algunos se empeñan en prostituir para beneficio de nadie—; preguntándome, a menudo, cómo la isla ofrecía una conexión tan profunda con sus habitantes sin pedir nada a cambio.

Hoy, algo nostálgico, recupero algunos de aquellos textos que me ayudaron a entender Mallorca de formas muy distintas entre sí. A conectar con la gente y, aunque foraster, a sentirme parte de algo más grande con el paso de los días y los meses.

Primeras impresiones (I y II)

Así, algunas de las primeras entradas de este mismo blog las desgasté entre aquellos aspectos que más me habían sorprendido a nuestra llegada. Por un lado, la forma en la que transcurrían los días, fruto de un carácter distinto que lo impregna todo a su paso; por el otro, la vida de pueblo, más allá de Palma, la otra Mallorca que vale la pena descubrir.

En estos lugares, todo transcurre muy despacio y muy deprisa a la vez. El tiempo se vuelve algo relativo y te recuerda las interminables clases de matemáticas y los cortos períodos de descanso en el patio, tirando piedras a los amigos, levantando faldas a las niñas y devorando bocadillos de jamón, y también de Nocilla.

[…]

Aquí uno puede encontrar esa soledad buscada por el Sturm und Drang, esa soledad típica del enamorado, del joven Werther henchido de penas. Cuanta menos gente encuentras, más sencillo es recordar aquel aforismo de Schopenhauer que decía: Nadie puede salir de su individualidad.

[…]

¿Qué resulta entonces más real? ¿La soledad dentro de la masificación urbana o la imposibilidad de la misma allí donde todos llegan a conocerte? Al final, todo se resume en el qué dirán frente al acto de que nadie diga nada. Pese a sus modos, ambos hieren de forma agravante.

Salem

Salem se enamoró rápidamente de Dana, y dormía apretado contra el pecho de la pastor alemán. Dana no le daba bola. Porque Dana es una estrecha: ya saben cómo va eso de los amores imposibles.

Mientras nos asentábamos y vivíamos, Salem perdió su suerte. Y por mucho que nos empeñamos en aferrarnos a él, ese gato nos demostró lo relativo que es el tiempo cuando se vive bien.

Cuando ocurrió, también sentí que debía escribir algo sobre él. No tuvo el alcance que tuvo Caos (lo sé), pero a mí —el interlocutor último que debería buscar cualquiera a quien le apasione juntar letras en un papel— me sirvió para forzar la despedida.

Las últimas horas Salem las pasó en el gallinero. Allí donde algún otro granuja había hecho una escabechina. Hasta que lo encontré de nuevo. Me miró con ojos recelosos, supongo que se preguntaba qué hacía allí: él poca ayuda necesitaba entonces. Aun así, terco, como siempre, lo subí al coche con la ayuda de quien siempre tengo a mi lado, y nos encaminamos a su último paseo.

Muchas risas

En más de setecientos días también hubo espacio para muchas risas. E intenté sacarle punta un par de veces; en especial con una serie de consejos rápidos: así que ya sabes, si algún día te da por acercarte a la isla, el #2, el #13 y el #14 te serán de especial utilidad, palabra.

Foto de familia (agosto, 2012).
De izquierda a derecha, Caos, Dana (detrás), Teo, Argos, Salem y Nymeria. Sentado, un tío muy afortunado en una finca de Caimari en la que había mucho trabajo por hacer (¡y el que quedó!).

Y algún disgusto que subsané escribiendo

Como el día que enterramos a diez gallinas; un episodio que, por suerte, no se repitió; o el viaje de ida, en barco, con el coche, los bártulos y familia numerosa.

Entonces apareció un cadáver en el descampado cercano. Entre maullidos y ladridos no hubo forma de resolver aquel entuerto. Todo apuntaba a que el pollo, que ya había empezado a hacerse el gallito por el vecindario, había encontrado a alguien con quien esa clase de bravuconadas no funcionaron. Desfalleció sin posibilidad alguna de recuperación.

Hubo disputas vecinales, todo sea dicho

Como el grave conflicto con las bolsas de basura y las peleas puerta con puerta que me ayudaron a descubrir cómo funcionaba la ciudad y cómo lo hacía un pueblo; y sobre todo a valorarlo del modo en que realmente se merece.

Dana en el Port de Pollença

Y un principio, y un final

Y al final, la lección estaba ahí, esperándome: mientras me preocupaba por no haber escrito, reparé en que había estado viviendo. Como en casi todo, la dicotomía quedó allí; digamos que aprendí lo que tenía que aprender, y no le he dado más vueltas.

Como decía alguien a quien admiro y recuerdo siempre: Quizá no fueron las lecciones que otros hubiesen escogido estudiar, pero a mí me han servido. Así pues, de Mallorca me traje a la península mi escritura y una extraña filosofía de vida. La isla me demostró en reiteradas ocasiones que, ni tan siquiera allí, las cosas duran para siempre, y me negué a anotarlo en ningún sitio, porque lo integré en mi vida.

Resultó no ser Mallorca, ni Barcelona, sino yo. Y sabiendo eso, me despedí de ella. (O no.)

El perro obediente y el perro esclavo

El verdadero derecho que deben tener todos los animales es el de no ser propiedades.

Gary Francione (1954 – )

Entre un perro obediente y un perro feliz hay una línea muy fina. Eso sí, a ambos lados se hacen las mayores barbaridades con el mejor amigo del hombre: sea por exceso, sea por defecto. Algo que viene a demostrar que, por muy bueno que uno sea con el mundo, el mundo no tiene por qué corresponderle.

Cada tarde, al pasear con nuestra (no tan) pequeña manada por Barcelona, nos cruzamos con personas que no levantan la voz ni riñen a su perro ni que la vida les fuese en ello, y también otras que no entienden ningún otro tipo de comunicación más allá de los gritos y la constante censura sobre todo aquello que al animal se le ocurre hacer.

Entre tanto, los hay que los creen de su propiedad, o demasiado almas libres como para adaptarse a la vida en sociedad; los hay intransigentes con los perros de los demás y no con el suyo propio, y también los hay verdaderos malnacidos que, antes o después, se convencen de que no hay nada malo en abandonarlos.

Pero quien más, quien menos, todos queremos que nuestros perros sean obedientes y puedan adaptarse a nuestra vida diaria, sin reparar en que, lo que es natural para nosotros (no hacer pis en cualquier parte, estar ocho horas sentados trabajando, aguantar a gente que en realidad nos cae fatal…), no es natural para ellos.

Dana y Javier RuizSin embargo, nuestro mejor amigo es, muy probablemente, uno de los seres vivos más adaptables en relación al ser humano: ¡y menudo descanso! Por ello podemos enseñarle a hacer pis y caca únicamente en los árboles, a mantenerse pasivo varias horas al día, a dormir en su caseta o a pasear junto a nosotros.

Además, a diferencia de lo que todavía suele creerse, enseñar a un perro habilidades sociales o deportivas, no solo les estimula mentalmente, sino que también hace que se lo pasen genial. Y lo mejor de todo, se ha demostrado que puedes enseñarle todo lo que vais a necesitar con premios y otros estímulos positivos.[1]

¿Entonces, por qué muchas veces se considera que el perro se ha convertido en un esclavo de los seres humanos? ¿Son más felices con todas esas normas, rutinas y órdenes que les imponemos? ¿Acaso nuestro compañero no puede disfrutar de su vida en una casa pequeña o siguiendo los patrones de conducta que hemos decidido implantar por necesidad social (bozal en el metro, transportín en el coche, pasear junto a nosotros por la calle…)?

Quizá la pregunta debería ser: “¿Cuándo un perro deja de ser obediente para convertirse en un perro esclavo de su dueño?” Con toda probabilidad, cuando empezamos a hablar de dueño y mascota, y no de familia y compañeros de viaje.

Un perro puede divertirse aprendiendo, y lo hace; en especial, cuando en lugar de sancionar conductas, nos decidimos por enseñar a nuestro nuevo amigo todo aquello que sí puede hacer con nosotros y las ventajas (caricias, premios, buen humor, relación entre un miembro del grupo y el macho reproductor…) que ello supone frente a la obligación de la conducta que, de no realizarse, siempre implica un castigo.

Dana y Javier Ruiz en un curso de clicker

Él o ella también puede estresarse o frustrarse, igual que nosotros, y en su justa medida, no conozco a nadie que afirme que eso es algo malo. Hasta llegar al estrés, hay un camino —más o menos largo, eso es lo que debemos reconocer— que nos permite dar nuestro mejor rendimiento y mejorar día tras día.

Por el contrario, en el 99,99% de los casos (ya que inventamos una cifra, ¡nos pasamos tres pueblos!) se puede afirmar que un perro es mucho más infeliz cuando no ha aprendido a qué reglas debe atenerse dentro de su pequeño círculo que cuando aprende a comunicarse eficientemente con nosotros, pues esta es la mejor forma donde las dos partes se divierten, aprenden y se lo pasan en grande, ¿o no?

En el extremo contrario, hallamos esa práctica minoritaria de esclavizar a nuestro mejor amigo mediante órdenes y sesiones eternas de adiestramiento en busca de una plusmarca personal que omite totalmente la salud física y psicológica del animal, así como la (todavía muy) desconocida Ley de Yerkes-Dodson; eso es no tener respeto por el animal, por mucho que creamos saber de perros.

¿Has leído hasta aquí? De acuerdo. Entonces, hazme un favor. Busca qué es un clicker, para qué sirve y empieza a enseñarle a tu perro todo lo que puede hacer (PDF), y olvídate de seguir haciendo todo lo contrario.

[1] Sí, lo sé. Soy muy consciente de que hay distintas corrientes, que no todo es positivismo extremo en el adiestramiento y que hay algunos casos (en especial, casos de agresividad canina) que deben estudiarse detenidamente.

Cuando Stephen Hawking se equivocó

Where is everybody?

Breakthrough Initiatives

Hace unos meses leí unas curiosas declaraciones de Stephen Hawking; llegaron a mí por puro azar ya que, pese a su predominio en la vida diaria, física y astrofísica no son temas que siga con esmero.

Esas primeras semanas de verano, si no recuerdo mal, varias personas me hablaron de las últimas declaraciones que había hecho el británico; todo ello relacionado con el estreno de La teoría del todo, un film basado en las memorias de su primera ex mujer.

'La teoría del todo' (película)
Fotograma de la película La teoría del todo que presenta los años de juventud y primer matrimonio del físico Stephen Hawking basada en la obra Travelling to Infinity: My Life with Stephen de Jane Hawking.

Hawking decía que es necesario plantear la colonización de otros planetas. Debemos hacerlo para proteger a la raza humana, le respondió en público a la ganadora del concurso London’s Official Guest of Honor, a quien acompañó durante una visita al museo de ciencias de la capital.

Me resultó curioso que colonizar fuese la palabra escogida por una de las mentes más brillantes de nuestro siglo; también el porqué: para salvarnos de la agresividad humana. El integrismo religioso, el terrorismo, la falta de recursos, todo ello amenaza nuestra singularidad, y nuestra especie. Para salvarnos de nosotros mismos, conquistaremos otros mundos.

Entre junio y julio, la imaginación del físico quedó impresa en diarios, revistas y pantallas de LCD; las cadenas de televisión, la prensa y los blogs de divulgación científica exprimían una de esas noticias que siempre vemos como un futuro distópico hasta que se convierte en presente o en aberración.

Él dijo: “Llegar a la luna no cambió el mundo, pero nos dio una visión más amplia.

Desde el punto más alto del Parque Güell, con el Carmelo a mi espalda, observé la ciudad entera que se rendía y difuminaba bajo mis pies, y reflexioné.

El hombre más inteligente del mundo cree que enviar humanos al espacio es el único modo de salvar a la especie humana, pensé. Stephen Hawking había optado por buscar refugio en el cosmos antes que intentar cambiar aquel que tenemos. El mensaje, extremadamente pesimista, me hizo esbozar una sonrisa.

Un par de meses después, las primeras noticias sobre el proyecto del grupo Breakthrough Initiatives en busca de otras formas de vida en el espacio no podía hacerse esperar. Y resiguiendo la historia de las estrellas a través de la pantalla de mi teléfono, debo admitir que no me pareció tan descabellado.

Hawking - Nasa - Boeing 727
Hawking experimentando la gravedad cero a bordo de un Boeing 727.

Sin embargo, aquello que verdaderamente me hizo temblar y escapar hasta el bar más cercano fueron las primeras palabras que había leído. Necesidad, poder (tecnología) y colonizar; en ese momento no pude más que preguntarme si extrapolar nuestro modo de vida al espacio no era poco más que una forma de perpetuar muchos de los errores que habíamos cometido en la Tierra.

¿Será que, al vivir entre ideas, teorías y conceptos, el astrofísico ha olvidado que, pese a que mil años son poco más de un suspiro para el universo, también pueden ser toda una eternidad para cambiar el rumbo de las cosas? ¿O acaso es demasiado tarde en cualquier latitud?

‘Sigo a tu lado’, dijo él

No importa dónde ocurran las historias de perros. A diferencia de las nuestras, la mayoría se vuelven universales; o quizá ya nacen así. ¿Qué son, acaso, sino instantes libres de prejuicios?; situaciones donde una mala experiencia siempre alcanza una lección, una sonrisa o una mirada de complicidad.

La última nos llegaba hace unos días de EE. UU. Allí, en Vashon, un setter irlandés salvó con su lealtad a su compañera, una basset hound llamada Phoebe. Es una de esas noticias que nos habla de aquello de en las buenas y en las malas, de aprender un poco a ser más animales (en el buen sentido), de preocuparse por las cosas que realmente importan.

Tillie y Phoene, los dos perros protagonistas en Vashon (Washington, EE.UU)

De vez en cuando, también traspasan noticias de sabor agridulce: está la de aquella animalista que se suicidó con sus perros por convicción (equivocada), y también las miles y miles de granjas, mataderos y otros centros que, como si de una extensa frontera se tratase, dividen las opiniones de animalistas y no animalistas.

En esta otra franja de tierra, quedan los febreros que temen los galgos, las rehalas de los podencos, las constantes carreras apresados por un coche o una moto… A diez mil pies de altura, un hombre cambia el rumbo de un avión para salvar a un único perro aterrado en la bodega; a 500 kilómetros de Damasco, un adolescente de 17 años junto a su perro hacia Turquía con la intención de alcanzar a pie la isla de Lesbos; en ese mismo instante, miles y miles de animales sueñan con que alguien los recuerde siquiera.

El burro Capitán, ya recuperado, en Almería

Mueren asfixiados por no encontrar alguien que dé sentido a su vida —aunque quizá ellos quisieran seguir buscándolo, ¿no?—; por nuestra incompetencia, por ignorancia también; guillotinados por no ver más allá de nosotros, por tradición, y a veces hasta por maldad. Movidos por el rencor, o por la desconocida condena hacia uno mismo a través de los actos, como es el caso de Rompesuelas, pero también del burro Capitán y del león Cecil y de tantos millones de seres a los que todavía no hemos bautizado más que con sufrimiento.

Quizá esas historias universales nos susurran que luchemos por una ley real contra el maltrato; quizá sea eso con lo que sueñan miles y miles de animales que no tienen más que el soñar para vivir.

Quizá es bueno y redentor compartir algunos sueños…

Enlaces relacionados:

Tillie y Phoebe en Vashon (Washington, EE. UU.)

Simba, el bulldog francés del vuelo de Air Canada

Aslan y Rose, a pie desde Damasco

El burro Capitán

Indultad a Rompesuelas, el Toro de la Vega

Apreciados/as:

Si hay algo que no podemos detener es el tiempo. Tanto para equivocarse como para acertar el reloj avanza, robándonos lo que pudo ser y no fue, y también lo que fue y no debió ser.

Si se celebra el torneo, el martes Rompesuelas morirá. La historia nos da esa certeza. Como seguro sabéis, solo dos toros han sido indultados a lo largo de la celebración anual en Tordesillas: Bonito, en 1993, y Presumido, en 1995. Ninguno sobrevivió a las heridas, fuesen estas infligidas por los lanceros, fuera muerto por disparos de la Guardia Civil: imagino que, irónicamente, al considerar peligrosa la conducta del animal.

Sé que nos separan más de 700 kilómetros, que hoy pueden ser un mundo o tan solo un suspiro, pero si eres uno de los casi nueve mil habitantes del pueblo o, de algún modo, estás ligado a este evento, por cercanía o por historia, te imploro que leas estas líneas. Si no es así, si has llegado aquí para corroborar el destino del siguiente Toro de la Vega, te ruego que sumes razones y manos en la lucha para terminar con este otro tipo de maltrato animal que define a nuestro país.

Tordesillas: Rompesuelas, el Toro de la Vega 2015

Quizá hoy tenéis la desvergüenza de veros como la víctima —mediática, cuanto menos— y no como el agresor; como antitaurino os diré que dañar a un animal por diversión nunca os dará esa razón y esa comprensión que buscáis en el resto de los españoles. Pero más allá de lo evidente, me gustaría compartir con vosotros siete razones a digerir antes de ese martes que, algunos, casi preferiríamos que no llegase.

Primero. Para nuestro país, Tordesillas no tiene ni cultura ni atractivo turístico ninguno; para la mayoría de ciudadanos de este país (y cada vez más), la muerte no es cultura, el maltrato animal no es cultura, y todo lo que deseamos de practicar turismo es placer, no martirio.

Segundo. Sois parte de una tradición cruel, injusta e inhumana que se ha mantenido de generación en generación; cualquier sociedad moderna debe tratar de mejorar día tras día. ¿Creéis realmente que la historia de brutalidad de vuestros antepasados os da derecho a perpetuar un ritual salvaje y sádico? No lo hace.

Tercero. Nadie está de vuestro lado. No durará. Podéis creer que todo sigue igual, pero no lo hace. Podéis creer que la policía os protege y os apoya, pero solo siente asco por tener que hacer su trabajo cada segundo o tercer martes de septiembre. Cien mil personas gritan en Madrid; millones lo hacen en Internet, en las redes sociales, en las calles de sus respectivas ciudades; luchan día tras día contra vosotros: fortalecen una idea que ya es una realidad.

Cuarto. Ciudadanos, y sobre todo gobernantes de Tordesillas y de Castilla y León; seáis populares o socialistas, sabed que con la inacción agraváis las heridas que traen vuestros partidos. Señor González Poncela, la gente le grita, le insulta, le intenta agredir por la calle; señor Juan Vicente Herrera, toda Castilla llora por la ausencia de cualquier tipo de política animalista de carácter autonómico; señor Pedro Sánchez, su estilo de hacer política y campaña con el sufrimiento que se enquista en Tordesillas me da ganas de vomitar.

Muerte de un toro en Tordesillas durante la celebración del Torneo del Toro de la Vega

Quinto. España ha tendido una mano al pueblo este 2015; Tordesillas podría haber contado (de forma gratuita) con más de cien artistas de fama nacional e internacional para convertir este pequeño rincón de España en un lugar de referencia cada mes de septiembre. Pero ha escogido muerte frente a vida, y tauromaquia y tortura frente a celebración y cultura; escupiendo en la mejor propuesta que ha tenido de reconciliarse con el mundo entero, y de dejar que el mundo también lo hiciese con vosotros.

Sexto. ¿No os dais cuenta aún que todo ese daño no vive en el toro más que por un instante? ¿Por cuánto tiempo vive en vosotros? ¿Por una vida entera? ¿Por generaciones y generaciones que legáis detrás de vosotros? Si no lo habéis hecho nunca, mirad a ese toro a los ojos, a Rompesuelas, y preguntaos por qué; dedicad sesenta segundos de vuestra vida a preguntaros por qué ese animal noble, orgulloso y altivo debe convertirse por vuestro capricho en un amasijo de dolor y tragedia.

Séptimo y último. Sabed que el mundo ha cambiado; sabed que olvidasteis mirar alrededor; sabed que estáis a tiempo aún.

Sabed que, con este texto, yo rompo una lanza más por el Toro de la Vega, y os confieso que estoy harto; estoy harto de que estas manos con las que escribo sean tan parecidas a aquellas que, cada septiembre, dan muerte a un animal tan noble.

Torneo del Toro de la Vega en Valladolid: un toro embiste a los lanceros.

Recapacitad ahora. Indultad a Rompesuelas, y estaréis un paso más cerca de reconciliaros con el resto de nosotros.

Repetid, emulad el sacrificio un año más, y recogeréis nuestro más profundo desprecio de nuevo. Algo que tenéis, que parecéis coleccionar, y que la realidad ha terminado por convertir en nuestra mejor arma; España entera os pide que pongáis fin al Toro de la Vega porque, de cualquier modo, su fin ya está cerca.

Os obsequiamos con tiempo, con cuarenta y ocho horas de tiempo; y si alguno de vosotros sigue mi consejo y decide perderse a través de la mirada de Rompesuelas comprobará que, a menudo, tiempo es todo lo que tenemos. Para bien, y para mal.

The Walking Dead: Algunos hombres buenos

Hace unos meses empecé a hablar del porqué de ese éxito inesperado y global del género zombi con The Walking Dead. En realidad, no es la única historia de muertos vivientes que ha triunfado, pero sí de las pocas que no solo decidió basar su trama en correr hacia delante y no mirar nunca hacia atrás.

Cinco claves que explican el éxito de The Walking Dead, en Doblando tentáculos 

El 23 de agosto, su spin-off confirmaba lo que ya todos sabemos a estas alturas: la saga se ha consolidado desde la novela gráfica hasta la serie de televisión (ahora dos) y el videojuego, que ya ha anunciado su tercera temporada, y se ha convertido en toda una franquicia.

Rick Grimes (dibujo), por p1xer; pueden verse otros trabajos en Nuvango.

En el juego se percibe tan bien como en la serie ese mundo de peligros constantes donde los eventos superan siempre a los personajes. Un lugar que no es para niños ni para viejos, y donde muy a menudo la maldad y el egoísmo parecen surgir como el único camino para la supervivencia.

¡AVISO DE SPOILER! Este artículo tiene presente que el lector ha visto hasta el final de la quinta temporada de la serie de televisión, los dos primeros episodios de Fear The Walking Dead y ha jugado los dos primeros juegos de TellTale Games.

¿Pero es esto cierto? ¿Quedan algunos hombres buenos, o todos han perdido su humanidad por el camino? ¿Qué pensará un recompuesto Morgan al final del episodio dieciséis de la quinta temporada cuando ve cómo nada más entrar por las puertas de Alejandría Rick ejecuta a Pete de un disparo certero entre ceja y ceja? Sigue leyendo «The Walking Dead: Algunos hombres buenos»