Filosofía de bar

Entré en el bar de la esquina intentando rehuir acusaciones de un lado y del otro. Populismos, socialismos o independentismos habían empezado a sonarme como llegados del mismo dial, y creí que una cerveza y una conversación amena con un alma distante serían el remedio perfecto, como bien señalaban las series norteamericanas.

A los pocos minutos, alcancé la terraza de uno de los miles de bares con rótulo bilingüe y tres generaciones de cualquier familia china tras la barra. No era cualquiera, eso sí, sino aquel que sentía más cercano de todos los que se despliegan por todo el Ensanche barcelonés.

Agarré el periódico, ya manoseado, y descubrí al pasar de hojas algunas de las muchas declaraciones más que reiteraban lo mismo. Ensimismado, seguí leyendo, una y otra vez los mismos titulares, sin atreverme a ahondar en temas que seguían repitiéndose, y repitiéndose en los medios.

De improviso, ocurrió algo que solo la palabra escrita puede acoger: una de las chicas se detuvo a descansar por unos minutos, prendió un cigarrillo y se sentó frente a mí, preocupada. Yo, extrañado, la miré, e inspirado por tonalidades propias de novela negra me vi obligado a dejar pasar algunos minutos en silencio.

Filosofía de bar sobre la independencia de Cataluña, pero con una Voll-Damm para aprovechar la tarde.

No tardé en explicarle todo lo que me preocupada sobre la próxima Diada y el cercano 27-S. No era una inquietud fruto del miedo, aunque sé que este país es capaz de abatirse de extremo a extremo. Más bien se trataba de ese malestar que sube desde el estómago y suele indicar que, muy probablemente, hubiese podido salir todo mejor.

—¿Tú qué sientes? —preguntó ella. Sigue leyendo «Filosofía de bar»

La mierda de la ‘Tauroética’ de Savater

Matar a un animal no es una forma de ver la vida, sino de afectar al mundo que nos rodea.

Sobre Fernando Savater tenía poco malo que decir: aun hoy me gusta su ironía y sus principales influencias; respeto su ética del deber y su concepción espinosista (rollos filosóficos, ya sabéis), su preocupación por las cuestiones nacionalistas e incluso la resolución que, él mismo, propugnó ya hace años acerca del vasquismo, que hoy podría acercarse sin excesivos remilgos al independentismo en Cataluña.

Sin embargo, como es habitual, igual que yo poco más sé de Spinoza que aquello de que nos regimos por los límites del cosmos, quizá Savater no tenga ni puta idea de perros, ni de gatos, ni de toros. Por el contrario, cuando no se sabe algo, algunos tenemos la modestia de cerrar el pico, y otros tienen la osadía de mirar por encima del hombro y sentar cátedra. Quizá por ello, me sorprendió ver cómo hace unos días traían a colación temas de tauromaquia y animalismo desde una perspectiva que jamás habría imaginado.

Por título llevaba Tauroética, y las frases que cobraban vida entre párrafo y párrafo asesinaban sin saberlo a muchos seres que habían sufrido la desgracia de nacer animales (no humanos) en el lugar equivocado. Sobre ello, Renzo Llorente, profesor de filosofía en el campus de Madrid de la Saint Louis University, escribía una refutación muy lúcida (Tauroética de Fernando Savater: una aproximación crítica) a la cual, si tenéis interés, recomiendo que le dediquéis unos minutos.

Fotografía de Fernando Savater para un artículo de La Vanguardia sobre el 11-S, También se realizó una entrevista para La Contra a finales del año 2012.
Fotografía de Fernando Savater para un artículo de opinión de La Vanguardia sobre el 11-S, También se le realizó una entrevista para La Contra, que llegó de la mano de Víctor Amela, a finales del año 2012.

El fragmento que apareció en varios blogs hace unas semanas puede encontrarse en Tauroética (F. Savater, Turpial, 2010), en la página web de Andrés Calamaro (desconozco el porqué) y criticado en multitud de blogs animalistas como, por ejemplo, el de Melisa Tuya. Sigue leyendo «La mierda de la ‘Tauroética’ de Savater»

Sobre la importancia de saberse en un punto

Hace unos (cuantos) días pasé por aquí; apenas llegué, escribí cuatro ideas para desquitarme y me largué. Al final de esa semana, lo releí. Había algunas cuestiones interesantes, pero no me gustaba la estructura, ni el tono, ni el fin siquiera. Por ello, decidí que cuando tuviera unos minutos de margen, le daría una segunda oportunidad.

Días después, amaneció en martes, y pocas horas después esbocé el esqueleto de este texto. Ese martes comí con unos amigos y, entre aceitunas rellenas de naranja y el gazpacho que estaba por llegar a la mesa, surgieron múltiples temas de la vida de todos. Cuando llegó mi turno (pocos se salvan), los allegados no tardaron en servir el vino en copas, y un par de asuntos a debatir: uno fue mi próxima mudanza (que al final quedó en nada) y el día de la boda, de refilón.  Sin embargo, alguien, ni recuerdo quién de ellos ni realmente importa, no tardó en disparar una de esas afirmaciones inocentes —que son las que más joden, porque dan justo en la diana. Comentó: “Es que nosotros estamos en un punto diferente de nuestras vidas. Tú vas adelantado.” Sigue leyendo «Sobre la importancia de saberse en un punto»

Una cornada de sentido

El 8 de marzo de este 2015, más de setecientos días después de haberse retirado del mundo del toreo, Francisco Rivera hizo algo bastante común entre las celebrities: su primera reaparición; un nuevo salto al ruedo que tuvo lugar en Olivenza, Badajoz, y que le llevaría inexorablemente hacia la profunda cornada que sufrió antes de ayer en la plaza de toros de Huesca.

Las cosas van como van; y así como en las plazas los toros se cuentan en lotes, y nadie siente pena por un bicho que ni quiere estar por allí ni sabe qué pintan esos tíos vestidos de luces con capotes, también debemos tener presente que, de vez en cuando, un pitón revienta contra el triángulo femoral del muslo y algún torero cae en la arena con una herida mortal. Y ahí está el caso del famoso Manolete, que por muchas angustias de las que se rodease, no quedó contento hasta que la cosa se torció del todo en Linares.

Toro de la ganadería Miura

Pero la empatía tiene, hoy más que nunca, un límite en cuestiones de maltrato animal; quizá por ello PACMA, el Partido Animalista, ha tenido que emitir un comunicado (no del todo atendido por sus seguidores) para que los usuarios de Twitter y otras redes dejen de publicar deseos de muerte contra la grave cornada sufrida por el taurino. Sigue leyendo «Una cornada de sentido»

Sobre el tiempo de zurcir un calcetín

La semana pasada surgió una idea de lo más tonta y, como suele ocurrir, lo hizo en el lugar más insospechado y de la forma más extraña. Frente a mí, la madre de mi pareja mi suegra me preguntaba desde el dormitorio por qué no zurcíamos un calcetín viejo con un agujero que había recogido del suelo.

La miré. Miré el calcetín. Y lo tiré a la basura. Me pareció una tontería. ¿Para qué zurcir algo cuya durabilidad era ya escasa? Pero todavía más importante: ¿de dónde sacar el tiempo para hacerlo? ¿Existía aún tiempo para ese tipo de cosas o habían quedado en el pasado? Evidentemente seguía habiendo gente que zurcía calcetines, pero entre los más jóvenes (y no tan jóvenes) esa era, cuanto menos, una especie exótica. Sigue leyendo «Sobre el tiempo de zurcir un calcetín»

Varias cuestiones más a raíz de ‘Vaya fauna’

A raíz de la entrada anterior, he tenido una semana movidita entre discusiones (por todos lados) con amigos y conocidos animalistas: algunos estaban de acuerdo en lo que decía, otros no. De cualquier modo, todas las opiniones son respetables, pero sí es cierto que, en algunos puntos de lo que exponía el lunes pasado, no me gustaría pecar de simplismo. Por esa razón, desarrollo aquí varias cuestiones que me parecen claves y que, creo, ayudarán a ofrecer una visión más completa sobre el artículo anterior.

#1 Vaya fauna = Telecinco = todo por la audiencia

A excepción de una cría de león, el único animal salvaje que, por ahora, ha aparecido en el programa ha sido Tima. Sí, es cierto que también hemos visto un zorro y algún bichejo más que no debería estar, pero está muy claro que Telecinco tenía planteada la controversia desde el minuto cero.

Santi Serra y la cría de león de 'Vaya fauna'

#2 Falta una explicación del programa

Sobre este tema ya hablamos, pero la pregunta sería: ¿de dónde sale la osa Tima u otros animales no domésticos que se presentan en el programa?, ¿cuál es su historia? A menudo, las historias que aparecen son sesgadas o, directamente, obviadas en pos del espectáculo, lo que hace que la presentación sea muy deficiente y que, fácilmente, lleve a malas interpretaciones por parte de la audiencia.

Este punto que en absoluto se ha cuidado por parte de realización debería hacer ver a la cadena que la polémica no siempre consigue lo que se propone (ahí está el descenso semanal de share). Además, la explicación debería ser real, fundada, profunda, lógica, ética y consecuente. No podemos presentar historias con medias tintas; tanto por lo que supone no saber de dónde sale un tigre o un oso, como porque no es justo para perros de asistencia que han participado en el programa, como Jack o Jarta. Sigue leyendo «Varias cuestiones más a raíz de ‘Vaya fauna’»

‘¡Vaya fauna!’ (Cuestiones éticas a replantear)

Nos lo presentaron como algo nuevo, pero ya nos advirtieron que no podían hablar demasiado. Al cabo de un par de meses, supe que se trataba de un nuevo programa de Telecinco. Su nombre sería Vaya fauna y se presentaría como otro talent show que sumar a los ya existentes: Masterchef, La voz, ¡Quiero bailar!, etcétera.

Lo vi bien. Me parece genial crear ese vínculo especial entre personas y animales domésticos. Si bien de vez en cuando discuto (es decir, dialogo) con familiares y amigos que no entienden por qué enseñar a un perro obediencia, practicar algún truco con clicker o iniciarte en el dog dancing, el agility o el frisbee no tiene nada de malo. Lo veo total y absolutamente lógico, y defendible: yo le suelto premios a mi perro, mi perro aprende a pensar de un modo más creativo, gana memoria muscular y nos lo pasamos bien.

Cuando mi conocido nos presentó el concurso, además, dijo que su presentador era Christian Gálvez. ¡Este colabora con Galgos 112!, pensé. (Bueno, técnicamente, nos reímos un poco de lo poco que nos había gustado su doblaje de Napoleón en Assassin’s Creed Unity, y después pensé en los galgos, pero queda mal decirlo aquí.)

No vi el primer programa hasta varios días más tarde. Entonces, el revuelo ya estaba montado y no terminaba de entender el por qué. De golpe y porrazo, vi a Tima tocando la trompeta: no era la primera vez, aunque no era consciente. La había visto sentada junto a Iniesta en un sofá, en películas con José Coronado y en numerosos circos que habían aparecido en televisión.

Nadie había hablado de eso. La descripción del programa dice: cerditos que abren y cierran cajones, perros que encestan canastas, pajaritos funambulistas… No se decía nada de osos, o tigres, y eso me mosqueó.

Osa Tima tocando la trompeta
La osa Tima toca la trompeta durante una sus actuaciones.

Días más tarde, un acertado Frank Cuesta (Frank de la jungla) subió a YouTube un vídeo dirigido a Christian Gálvez, en él hablaba sobre la complicidad que el programa y toda la gente involucrada mantenían con personas que no solo domaban animales salvajes, sino que lo hacían porque nosotros lo apoyábamos activamente con nuestra actitud. Sigue leyendo «‘¡Vaya fauna!’ (Cuestiones éticas a replantear)»

No te vas a jubilar en la (puta) vida, asúmelo

Ya lo decía Michael Corleone en El Padrino II cuando su madre le advertía que nunca podría perder a su familia. Él, taciturno, y acompañando a su progenitora en uno de los salones de la casa familiar, contestaba con un escueto: “Los tiempos cambian.

Es así, cambian, y cambian en todo. Y parece que, durante algunos años, todavía podremos creer que de todo tiene culpa la crisis: de nuestra vida precaria, de nuestra falta de incentivos, de la desaparición de las pensiones… Pero el ciclo se cierra; o mejor dicho, se abre otro nuevo.

Como la mayoría, no tengo mucha idea de economía. Por el contrario, soy bastante bueno percibiendo aquello que nos rodea y que otros obvian. No es por echarme flores ni nada parecido, solo es para reseñar que estamos ante un cambio económico que se acelera; para reseñar que, cuando se acabe la crisis, no volveremos a donde estábamos antes (por si alguien todavía lo dudaba) y que los políticos, los mercados, los lobbies de poder y las grandes corporaciones son malas malísimas, pero que también es momento de que tú empieces a jugar con algunas reglas (o, como mínimo, las entiendas) que no tienen por qué ser económicas, pero que afectan a los mercados.

Michael Corleone en
Michael Corleone, melancólico, recuerda cuando un Frigopie valía 45 pelas…

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El festival de Yulin: masacre anual de perros en China

Hoy no consigo quitarme el nudo de la garganta. Mientras, la prensa española e internacional ha dedicado centenares de páginas a presentar el festival de Yulin, en la región de Zhuang de Guangxi. Con el solsticio de verano, miles y miles de perros mueren y son devorados al sureste del país; algo que también ocurre en Vietnam y Corea del Norte de forma más frecuente aún.

Entre el sacrificio sistemático de todos estos animales, surgen por todos lados voces críticas sobre el especismo, sobre el especismo dentro del especismo (o la mayor consideración moral por perros y gatos que por cerdos o gallinas) y sobre la ética, el salvajismo, el consumo de carne y la tradición frente a la armonía, sea bajo la palabra toros, el Grindadráp danés, el Bariyarpur nepalí o el festival de Yulin.

¿Está bien matar por sistema y está mal hacerlo durante una celebración? ¿Está mal de cualquier modo? ¿Es correcto torturar y asesinar a unas especies para el consumo y respetar a otras como mascota? ¿Dónde empieza y donde termina esa fina línea entre la supervivencia y la brutalidad?

Perros transportados en jaulas (Festival de Yulin, China)

De ese charco de sangre que un acertado Paco Catalán dibujaba en acuarela emergen muchas opiniones, pero pocas acciones por y para el cambio. Solo una mujer ha invertido mil euros (7.000 yuanes) en salvar de la cazuela a un centenar de perros que vuelven de su particular viaje por el noveno círculo como compañeros inseparables de los verdaderos pecadores.

Mucho más cerca de nosotros, y mucho más lejos de los gritos de todos estos animales, Xelmo camina renqueante, y en adopción, sobre sus patas delanteras. Si nadie se interesa por él, será sacrificado en el plazo de una semana.

Xelmo trabajó o hubiese trabajado para la ONCE como perro guía. Fue seleccionado, acogido por una familia y, según algunas opiniones, guía de un ciego o, según otras, descartado para los entrenamientos de dieciocho meses, y mantenido con la familia que había cuidado de él durante el primer año de vida.

Ahora está paralizado debido a una enfermedad y se mueve con la ayuda de una silla de ruedas adaptada. La ONCE no lo quiere, la familia que lo tenía, tampoco (o no quiere hacer los sacrificios suficientes para que siga formando parte de ellos) y Xelmo puede morir, o puede vivir, según tenga la suerte de que alguien bueno aparezca en su camino.

Solo es un caso más. Otro más. Uno de esos que aparece en redes sociales y busca esa extraña (y tan necesaria) necesidad de remover consciencias y llevar a la acción; yo solo digo que no nos quedemos allí. La inacción es lo que hace que Xelmo deba ser sacrificado, que festivales basados en la muerte pervivan y que muchos nos levantemos y nos acostemos con ese nudo en la garganta que amenaza con no irse jamás.

Perros listos para ser comidos, decía la nota al pie de la primera de las noticias que he leído; sé que no iban por ahí los tiros, pero por un momento he pensado que no debían ser tan listos. Aunque quizá sí eran muy listos, quizá tras todo lo que habían visto, tanto de acción de unos como de inacción de otros, prefirieron ser nada en el estómago a ser ese animal que ya no era y que quizá nunca había sido.