Artículos de opinión y humanidades, o cápsula del tiempo contra la invasión zombie.
Categoría: Cajón de sastre
Aquí te caliento la oreja con cosas que solo interesarán a los cotillas patológicos y a los fans acérrimos del blog. Poco más. Entradas sobre humanismo, filosofía, literatura, cine y demás disciplinas que no dan pasta.
Cada día intento hacer mil suburi, pero no siempre lo consigo. No es falta de ganas, ni forma física (al menos, ahora); ni tan siquiera dedicación o tiempo; un día u otro las cosas se tuercen, y escucho el campanario del Hospital de San Pablo anunciando la medianoche. El primer día, y el segundo, te ves a oscuras frente a un espejo con un sable de bambú entre las manos; el séptimo, no. El séptimo aprendes a aceptar que hay cosas que no puedes controlar; que no puedes llegar a todas partes.
Esto es lo que hago: me posiciono frente a un gran espejo y practico movimientos básicos de katana. Cada movimiento y corte debe ser mejor que el anterior. Durante quince o veinte minutos, me centro en el movimiento del arma y no existe nada más. Mantener una defensa adecuada, subir los brazos, fluir con el movimiento; brazos, hombros, muñecas…
No obstante, quizá no sepas de qué estoy hablando. Eso es porque suburi es kendō, y kendō sigue siendo un desconocido en Occidente. Por ello, no tiene traducción. Suburi es un corte, un movimiento en abanico, un golpe básico de katana, shinai o bokuto. Es un camino para mejorar cuando no hay entrenamiento en el dōjō; es un modo de crear un pequeño rincón destinado a la práctica y a la meditación; de convertir la frustración en aprendizaje, de mejorar día a día, de encontrar una vía para el crecimiento personal.
En casa, pero sobre todo en el dōjō, el kendō es vida, estudio y sacrificio; el kendō es esfuerzo y, al igual que la escritura, trasciende el pensamiento reflexivo. Por eso practico kendō; por eso intento mejorar día tras día en todo lo que hago; por eso escribo.
Cansado. Recomponiendo la mente; pieza a pieza. Con sentimientos encontrados. Extrañado de escuchar hablar en castellano a mi alrededor: sin acento latino, por supuesto. Con un jet lag generoso de esos que te dejan dormir unas horas y engañar al cuerpo. Y con ganas de un café como dios manda.
Por ahora, con todo lo que os puedo obsequiar es con una pequeña lista de imágenes que traigo conmigo. Como el hombre que se masturbaba frente al Caesar’s Palace en el Strip de Las Vegas a mediodía. O una cabina de avión perdida en el jardín de una casa cualquiera en el desierto de California. El ceda al paso que descubrimos en una carretera que cruzaba justo por el medio del Aeropuerto Internacional de Chicago mientras aterrizábamos. Las miles y miles de señales de WRONG WAY que avisaban a los conductores de Texas de que se trataba de una salida de la autopista y no de una incorporación (y el sudor frío que te recorría la espalda al imaginar cuántos hombres se habían lanzado al volante de su pick up en dirección contraria). Un pueblo lleno de burros; unos perros que parecían abandonados en territorio navajo, donde la policía del estado no tiene jurisdicción, y muchos cadáveres de animales muertos en el arcén de la 66.
Mucha flora y mucha fauna también. En eso nos pasan la mano por la cara, aunque no queramos aceptarlo. Y patos, y gansos, y ardillas, y ocas, y cientos de aves, y coyotes, y osos. Y leones marinos en San Francisco y en la Costa Oeste (que no formaba parte de la ruta, pero la recorrimos igual). Y verde, y parques enormes, y secuoyas, y cómo cambia el paisaje engañando al ojo mientras la carretera serpentea delante de ti. Y locos, y claroscuros de democracia y de libre mercado.
Una de esas personas verdaderamente especiales que tuvimos la suerte de conocer en el camino. Ni Nueva York, ni Illinois, ni Missouri, ni Kansas: ¡América empieza en Oklahoma!
La imagen de un Spiderman en Times Square haciendo su buena acción del día mientras los turistos gritan: Thanks a lot, Spiderman! Coches aburridos y adormecidos que no siempre hacen justicia al recorrido. Recuerdos próximos de moteles que ya se mezclan entre sí tras un mes de viaje; husos horarios que amenazan con alargar las puestas de sol, y un arquetípico (y fantástico) redneck de Oklahoma gritándonos WELCOME TO THE REAL AMERICA!al pisar el pequeño pueblo de Erick antes de seguir en dirección a Texas.
Ya hablaremos de todo esto Por ahora, queda cerrada la aventura. Colgamos la mochila en el armario. Ponemos la ropa a lavar. Descansamos en nuestra cama, que no se siente tan nuestra ya, ni tan importante; saludamos y disfrutamos de lo esencial (los perros, los gatos, los amigos, la familia; nosotros) y dejamos pasar un par de días más, ¿os parece?
Hoy, quedan poco más de quince días para coger un avión que conecte Barcelona con Moscú, y Moscú con Nueva York. Hoy, me ha salido un grano debajo del ojo. Uno de esos sin cabeza, de esos que duelen tanto y que las personas que jamás hicimos caso a un dermatólogo apretamos rechinando los dientes y deseando que explote para liberarnos del dolor; sin pensar en poros, marcas, bacterias o cicatrices.
Esa es la razón por la que apenas he escrito nada en todo este mes. Hablo del viaje, claro, no del grano; para ocuparte de ese grano no necesitas pasaportes en una caja de madera que se acompañan de unos cuantos miles de dólares, el carnet de conducir internacional y una bucket list a medio rellenar para que, al salir de Chicago, podamos sumergirnos en un verdadero viaje por carretera conectando moteles, ciudades y estados a lo largo de más de 5.000 kilómetros. Al menos esa es la idea.
De algún modo, todos los proyectos que tenía en mente se han detenido ante la esencia de un verdadero viaje transatlántico de más de un mes y ese hormigueo que, poco a poco, va convirtiéndose en miedo, incertidumbre, deseo e incluso necesidad mientras dejas volar tu imaginación con los ojos fijos en una mesa constantemente repleta de guías de viaje, mapas de carreteras, portátiles con consejos y hojas garabateadas con un programa calendarizado con el que nadie debería acorralarse demasiado.
El camino del nómada siempre conduce al Oeste.
Wallace Stegner (1909-1993)
A primera hora de la tarde, también suelo tumbarme unos minutos en la cama a descansar tras el madrugón diario. Hoy, ese grano que se ha empeñado en acompañarme hasta la treintena no me ha dejado pegar ojo y, con el viaje tan cerca, no he podido evitar pensar en lo cansados que vamos a llegar a EEUU tras una escala de 5 horas en Rusia y un vuelo de casi 11 horas hasta aterrizar en el JFK a mediodía. Un día entero de aviones y aeropuertos para el que tengo prohibido usar frases repletas de sarcasmo o quejarme mucho, dado el precio que mi chica consiguió y lo poco que yo me preocupé de mirar los billetes de ida. Craso error: lo sé.
Sin embargo, en todo caso, esto solo engrandece el viaje, desde el principio y hasta límites de lo absurdo, algo que siempre he respetado y que, si no me bombardean o despeñan el avión —sí, soy uno de esos tipos que cuando hay una turbulencia mira con ojos de cordero degollado a toda su fila de asientos—, solo será un mal menor y un jet lag del carajo, si es que eso existe y no son cuentos.
Pero lo de los perros será otro cantar. Un mes sin animales cerca es algo que sé que llevaré mal desde el principio, desde mucho tiempo antes del día en que partamos, y por mucho que nos hemos preocupado en buscar dos grandes amigos que cuidarán de todos, hay un sentimiento de esos que entremezclan preocupación con melancolía; una sensación que sabes que te acompañará a lo largo de todo el viaje de modos muy distintos.
Todavía quedan cosas por hacer pero, a grandes rasgos, se ha iniciado esa cuenta atrás que anuncia que, para que el viaje realmente empiece, lo único que resta por hacer es olvidarse y dejar que los días pasen. Esa escena típica de las películas en la que se dedican a llenar maletas con ropa y a vaciarlas una decena de veces que no he emulado jamás en mi vida; de hacer sitio para la cámara de fotos y los objetivos, para el portátil y un par de buenas lecturas con las que matarse orgulloso, sea de ida o sea de vuelta. De viajar junto a un cuaderno, junto a media docena de guías de viaje, y junto a muchas, muchas, muchas ideas, y sueños, y experiencias que vivir este marzo en el que conoceremos Nueva York, Chicago y más de un centenar de pueblos y ciudades que conectan la Ruta 66 hasta Los Ángeles.
Y termino, porque a medida que escribía esta entrada, lo cierto es que no he podido evitar plantearme qué podré contar mientras nos movamos de la Costa Este a la Costa Oeste. Supongo que eso es lo que pretendo descubrir este marzo, donde las buenas experiencias seguro que no darán tan buenas historias como las malas, y para las malas no habrá tiempo suficiente para pulir el texto y seguir viajando, como es propio de un cuaderno de viajes, o de lo que leches aparezca aquí.
En resumidas cuentas, esta es mi forma (rebuscada y barroca) de decirte que en marzo, recorreré junto a mi chica la Ruta 66 y algunas grandes ciudades de EEUU; y escribiré sobre ello. Bueno, no me mires así. Ya sé que lo habías pillado.
Con un poco de suerte, cuando cumpla los treinta estaré cruzando EEUU de costa a costa. Esa es una de las líneas que tengo que tachar de mi lista de cosas por hacer. Pero tantos meses antes, algo cansado de preparar trámites e imaginar con qué vamos a encontrarnos, no puedo más que pensar en que, como siempre, llegará mucho antes de lo esperado.
Por ello, mientras imagino cómo me sentiré al pegar cuatro rayajos metafóricos a la lista que te comentaba, me ronda por la cabeza todo aquello que quería hacer, pero todavía no he hecho; todo lo que he intentado pero, por ahora, se ha escapado; y también lo que he conseguido en los veintinueve que van antes de los treinta.
Y sin embargo es curioso pues, de algún modo, más allá de todo lo que sí ha ocurrido de una u otra forma, lo que de veras parece difícil sacarse de la cabeza es aquello que parecía tan importante y terminó por ser una cosa más. Para calmar los propios ánimos, ahí va una lista algo diferente.
#1 Leer a los clásicos
Recuerdo que durante una época me obcequé con leer los libros de los que los profesores de literatura querían que nos empapásemos. Ahí estaban Proust, Joyce, Tolkien, Tolstói, y un montón más.
Descubrí que muchos valían la pena y otros no eran para mí, pero sobre todo comprobé que lo clásico no siempre es sinónimo de bueno, y lo bueno no siempre es sinónimo de universal.
#2 Encontrar mi propio estilo
Hace años, cuando empecé a escribir, seguí aquel famoso consejo de Woody Allen en Anything Else que decía: “Nunca copies, pero sí tienes que hacerlo copia a los mejores.” Tras leer, y escribir, y no pensar demasiado en ello, llegó.
También comprobé que hay una fase de introspección donde nada te suena tuyo, y todo tiene ese sabor agridulce de tus principales influencias mal digeridas. Supongo que será normal, porque pasa.
De lo que sí estoy seguro es del Hollywood de Bukowski, que decía: “Mira, si me preocupara por lo que le interesa a la gente, nunca escribiría nada.”
#3 Una mujer que me aguante
Lo típico que todos buscamos cuando somos prepúberes o ya tenemos veintimuchos o treinta y largos, ¿no? Entre tanto, no nos parece tan importante. Pues sin decirlo muy alto, y muy contento de vivir en pareja, diré que la clave para aguantar a alguien empieza siempre por aguantarse a uno mismo.
#4 Mantenerte a flote
Tengo amigos de treinta y cuarenta que siguen queriendo ser rockstars. Yo quiero escribir, mientras tanto, me doy permiso para vomitar basura unas cuantas horas frente al teclado por algo parecido a un sueldo (cada vez menos), y creo ver cómo, paso a paso, he terminado por acercarme a lo que realmente deseo.
Para mí, todo se reduce a perseguir tus sueños mientras te mantienes a flote; si no, de un modo u otro, tampoco los alcanzarás; pero podría ser todo lo contrario, también hay quien no se imagina su vida haciendo algo que no le gusta. Al final, se traduce en ser coherente.
#5 Crear un negocio de la nada
Ser autónomo, buscar tu camino, trabajar cuarenta horas semanales; ser el ídolo de tus amiguetes por tener tu propia start-up… Todo eso no vale nada o lo vale todo, depende de ti. Aunque no creo que por eso seas el ídolo de nadie…
#6 Tirar adelante con él
Implicarte con un proyecto, ver cómo crece e incluso atreverte a matarlo y enterrarlo pueden ser experiencias que valen mucho más que todo el dinero del mundo, pero siempre que no sean ellas quienes te dirigen a ti, ya sabes.
#7 Hacer algo que jamás quise hacer
Y no fue tan malo. Todo lo contrario. A veces, abrir tu mente y reinventarte día a día puede ser la mejor opción (y aquí no estoy hablando de trabajar, no seas aburrido/a).
Por ejemplo, salir a navegar en un velero. ¡Y sigue sin llamarme la atención!
#8 No cambiar
Cuando tocaba ser auténtico —allá por la adolescencia—, cambiar era convertirse en alguien o en algo que no eras. Poco a poco te das cuenta de que cambiar también significa crecer, aunque no como nos vendieron la moto de la casa, el coche y las responsabilidades de nuestros padres. Eso no es crecer, eso es una putada.
#9 Pasar tiempo en familia y con los amigos
No es que estar con los tuyos no sea importante, es que al final no es más que el resultado natural de lo que a uno le apetece y necesita.
#10 Hacer lo que se debe
¿De qué sirve hacer algo por lo que el resto cree o espera? Estudiar, trabajar, salir, visitar a la familia… pueden ser cosas fantásticas o un auténtico asco. Decide y actúa en consecuencia.
#11 Poner el foco en los demás
Basta de focalizar demasiado en los otros sin saber qué quiere uno. Es la excusa más vieja de todas, y no funciona.
#12 Consolidar una posición
Y restringir tu zona de confort para estar muy, muy aburrido y seguro dentro de tu cascarón; mejor no.
#13 Ser demasiado crítico con uno mismo
Nadie te presta tanta atención; relaja.
#14 La carrera que estudiaste
El 90% de la gente de mi generación trabaja en sectores que no tienen ninguna relación con lo que empollaron en la facultad. Esto dice muy poco de cómo nos orientó el sistema educativo (y llega al nivel de putadón, oye), pero también nos ha permitido aprender a relativizar un poco conceptos como importancia, utilidad y salida profesional, ¿o no es así?
#15 Las peleas con tu padre
Sobre todo cuando falta. En mi caso no es que si lo hubiese sabido no hubiese peleado tanto como lo hice: lo habría hecho igual, pero quizá con un poco más de perspicacia, que nunca viene mal.
#16 Largarse, poner tierra de por medio, olvidar
O dicho de otro modo, aprender que es necesario distanciarse de las cosas; para que sane, para que salga, para poder comprenderlo…
#17 O desaprovechar el tiempo
Eso sí, siempre por afición y con conocimiento de causa. Y quien opine distinto, no creo que entienda lo inspirador que puede resultar barrer por aburrimiento, salir a caminar sin el reloj o darse tres duchas en un día, porque sí.
#18 Leer, ver o escuchar solo las cosas buenas
No todo va a estar en los clásicos, ya sabes. Hay pequeñas joyas entre la basura. En realidad, es una cuestión de perspectiva; no porque el resto crean que no vale la pena, no vas a poder aprovechar algunas buenas ideas.
#19 Limitarse a las listas
Aunque resulte absurdo no aprender lo buenas y útiles que son, es peor limitarse a ellas y no dejar hueco a la improvisación, al espíritu, a las infinitas posibilidades que nos rodean.
#20 Hacer todo lo que puedas (o más)
¿Cómo va a salir bien eso de avanzar con diez proyectos en paralelo? Si quieres dar lo mejor de ti en cada uno de ellos, no lo hagas.
#21 Una casa (y otras posesiones)
A mí esta me costó, lo confieso. Una casa, un coche, un bar con gente de confianza… Lo que de verdad buscamos la mayoría no es más que un sitio al que poder volver. A partir de aquí, hay cosas que pueden ser una bendición o una condena.
#22 Tener la casa llena de pelos de tus mascotas
El otro día leía: “Hay dos tipos de personas: los que siempre llevan pelos en la ropa y los que son infelices.” ¡Con tres perros, dos gatos y un pájaro en mi casa, estoy completamente de acuerdo!
Por cierto, te vas a fastidiar y a limpiar (como todos), pero no te compliques la vida, nadie se ha muerto por convivir con cuatro pelos de más en el sofá.
#23 Ser bueno en algo
Creo fervientemente en aquello de que todos somos buenos en algo. De ahí a alcanzar lo de la rockstar, la primera división o el octavo dan, hay un trecho. Por suerte, la distancia parece mucho mayor que lo que tardamos en llegar a comprender que el propósito, el esfuerzo o la diversión son suficientes.
#24 Practicar artes marciales
Durante años devoré películas de Bruce Lee, Jackie Chan o Jet Li, pero me decidí por algo completamente distinto: el kendō. Pero más que la disciplina en sí, lo verdaderamente importante es comprender que no se trata de vencer a aquel contra quien nos enfrentamos, sino de sobreponernos siempre a nosotros mismos.
#25 Tener la última palabra en una discusión
Con lo divertido que resulta discutir para seguir creciendo o por el mero placer de ver hacia dónde nos lleva…
#26 Estabilidad
Como para tantas otras cosas, no creo que estemos hechos para la estabilidad en todos los aspectos de nuestra vida. No se trata de rehuir la dedicación o la pasión, sino de evitar hacer cosas nuevas por mantener esa falsa sensación de seguridad.
#27 Rutina
Más de lo mismo. Eso sí, toca vigilar que no termine por engañarnos. Es aburrida, pero muy constante.
#28 Dinero
No soy de esos que van gritando por ahí que el dinero da o no da la felicidad; no creo que la dé, desde luego, pero sí necesitas algo para comer, dormir y cumplir las metas que te propones. A partir de ahí, yo practico el desapego y soy feliz. Habrá quien necesite miles de euros al mes, claro que sí. Que trabaje más.
#29 Lo que los demás quieren
No hay mayor paz que la que sientes cuando actúas conforme piensas. Eso de aprender otro idioma, viajar o buscar la felicidad en un trabajo, puede dar en el clavo o ser el camino directo hacia la infelicidad.
#30 Saber
No saber es, quizá, el mejor modo de conocer, sentir, descubrir… y me atrevería a decir que incluso de vivir.
Editado el 05/11/2015
Muy pocas veces he agregado o modificado las ideas de un texto tras haberlo escrito. Sin embargo, releyéndolo me he dado cuenta de que hay algo que, muy probablemente, supera todos los puntos anteriores: compartir la vida con animales.
Quizá no lo puse porque debe ser algo innato en los seres humanos. Y no todos lo descubrimos tan temprano como deberíamos, pero no creo que haya una vida completa sin un perro (y tantos otros compañeros) a tu lado.
En poco más de un mes hará dos años que volví de Mallorca, donde estuve viviendo otros dos. La vida en la isla, como en cualquier otro lugar, fue una experiencia de blancos, negros y grises pero, sobre todo, se convirtió en una de las mayores oportunidades de experimentar lo que realmente significa dejarse llevar por un sentimiento.
Refugiado durante largos veranos con sus respectivos inviernos, descubrí el carácter mallorquín (el de ciudad y, en especial, el que se respira al salir de Palma en cualquier dirección) y me acostumbré a un ritmo de vida que nada tiene que ver con lo que conocía: donde los días se enlentecen, las comidas se disfrutan de otra forma y sa roqueta se convierte en un lugar donde sentirse privilegiado de vivir.
También coexistí entre sentimientos encontrados a menudo (evidentemente), y tuve que aclimatarme a ellos: días en los que todo lo que uno podía sentir era claustrofobia, y otros donde no podías imaginarte otra latitud desde donde contemplar el cielo nocturno y percibir ese control casi mágico sobre el tiempo.
Por lo bueno y lo malo, escribí sobre Mallorca. Y antes que después me arrepentí de haberlo hecho tan poco. Escribí, no obstante, y lo hice en un lugar donde más allá de Sóller, Valldemossa o Pollença, todo era un soplo de aire fresco destinado a inspirar a quien se permitiese el gusto: desde las marjades a La Calobra, de las playas de piedra a las aguas turquesas de Es Trenc —que algunos se empeñan en prostituir para beneficio de nadie—; preguntándome, a menudo, cómo la isla ofrecía una conexión tan profunda con sus habitantes sin pedir nada a cambio.
Hoy, algo nostálgico, recupero algunos de aquellos textos que me ayudaron a entender Mallorca de formas muy distintas entre sí. A conectar con la gente y, aunque foraster, a sentirme parte de algo más grande con el paso de los días y los meses.
Primeras impresiones (I y II)
Así, algunas de las primeras entradas de este mismo blog las desgasté entre aquellos aspectos que más me habían sorprendido a nuestra llegada. Por un lado, la forma en la que transcurrían los días, fruto de un carácter distinto que lo impregna todo a su paso; por el otro, la vida de pueblo, más allá de Palma, la otra Mallorca que vale la pena descubrir.
En estos lugares, todo transcurre muy despacio y muy deprisa a la vez. El tiempo se vuelve algo relativo y te recuerda las interminables clases de matemáticas y los cortos períodos de descanso en el patio, tirando piedras a los amigos, levantando faldas a las niñas y devorando bocadillos de jamón, y también de Nocilla.
[…]
Aquí uno puede encontrar esa soledad buscada por el Sturm und Drang, esa soledad típica del enamorado, del joven Werther henchido de penas. Cuanta menos gente encuentras, más sencillo es recordar aquel aforismo de Schopenhauer que decía: Nadie puede salir de su individualidad.
[…]
¿Qué resulta entonces más real? ¿La soledad dentro de la masificación urbana o la imposibilidad de la misma allí donde todos llegan a conocerte? Al final, todo se resume en el qué dirán frente al acto de que nadie diga nada. Pese a sus modos, ambos hieren de forma agravante.
Salem
Salem se enamoró rápidamente de Dana, y dormía apretado contra el pecho de la pastor alemán. Dana no le daba bola. Porque Dana es una estrecha: ya saben cómo va eso de los amores imposibles.
Mientras nos asentábamos y vivíamos, Salem perdió su suerte. Y por mucho que nos empeñamos en aferrarnos a él, ese gato nos demostró lo relativo que es el tiempo cuando se vive bien.
Cuando ocurrió, también sentí que debía escribir algo sobre él. No tuvo el alcance que tuvo Caos (lo sé), pero a mí —el interlocutor último que debería buscar cualquiera a quien le apasione juntar letras en un papel— me sirvió para forzar la despedida.
Las últimas horas Salem las pasó en el gallinero. Allí donde algún otro granuja había hecho una escabechina. Hasta que lo encontré de nuevo. Me miró con ojos recelosos, supongo que se preguntaba qué hacía allí: él poca ayuda necesitaba entonces. Aun así, terco, como siempre, lo subí al coche con la ayuda de quien siempre tengo a mi lado, y nos encaminamos a su último paseo.
Muchas risas
En más de setecientos días también hubo espacio para muchas risas. E intenté sacarle punta un par de veces; en especial con una serie de consejos rápidos: así que ya sabes, si algún día te da por acercarte a la isla, el #2, el #13 y el #14 te serán de especial utilidad, palabra.
De izquierda a derecha, Caos, Dana (detrás), Teo, Argos, Salem y Nymeria. Sentado, un tío muy afortunado en una finca de Caimari en la que había mucho trabajo por hacer (¡y el que quedó!).
Entonces apareció un cadáver en el descampado cercano. Entre maullidos y ladridos no hubo forma de resolver aquel entuerto. Todo apuntaba a que el pollo, que ya había empezado a hacerse el gallito por el vecindario, había encontrado a alguien con quien esa clase de bravuconadas no funcionaron. Desfalleció sin posibilidad alguna de recuperación.
Y al final, la lección estaba ahí, esperándome: mientras me preocupaba por no haber escrito, reparé en que había estado viviendo. Como en casi todo, la dicotomía quedó allí; digamos que aprendí lo que tenía que aprender, y no le he dado más vueltas.
Como decía alguien a quien admiro y recuerdo siempre: Quizá no fueron las lecciones que otros hubiesen escogido estudiar, pero a mí me han servido. Así pues, de Mallorca me traje a la península mi escritura y una extraña filosofía de vida. La isla me demostró en reiteradas ocasiones que, ni tan siquiera allí, las cosas duran para siempre, y me negué a anotarlo en ningún sitio, porque lo integré en mi vida.
Hace unos meses empecé a hablar del porqué de ese éxito inesperado y global del género zombi con The Walking Dead. En realidad, no es la única historia de muertos vivientes que ha triunfado, pero sí de las pocas que no solo decidió basar su trama en correr hacia delante y no mirar nunca hacia atrás.
El 23 de agosto, su spin-off confirmaba lo que ya todos sabemos a estas alturas: la saga se ha consolidado desde la novela gráfica hasta la serie de televisión (ahora dos) y el videojuego, que ya ha anunciado su tercera temporada, y se ha convertido en toda una franquicia.
En el juego se percibe tan bien como en la serie ese mundo de peligros constantes donde los eventos superan siempre a los personajes. Un lugar que no es para niños ni para viejos, y donde muy a menudo la maldad y el egoísmo parecen surgir como el único camino para la supervivencia.
¡AVISO DE SPOILER! Este artículo tiene presente que el lector ha visto hasta el final de la quinta temporada de la serie de televisión, los dos primeros episodios de Fear The Walking Dead y ha jugado los dos primeros juegos de TellTale Games.
¿Pero es esto cierto? ¿Quedan algunos hombres buenos, o todos han perdido su humanidad por el camino? ¿Qué pensará un recompuesto Morgan al final del episodio dieciséis de la quinta temporada cuando ve cómo nada más entrar por las puertas de Alejandría Rick ejecuta a Pete de un disparo certero entre ceja y ceja? Sigue leyendo «The Walking Dead: Algunos hombres buenos»→
Hace unos (cuantos) días pasé por aquí; apenas llegué, escribí cuatro ideas para desquitarme y me largué. Al final de esa semana, lo releí. Había algunas cuestiones interesantes, pero no me gustaba la estructura, ni el tono, ni el fin siquiera. Por ello, decidí que cuando tuviera unos minutos de margen, le daría una segunda oportunidad.
Días después, amaneció en martes, y pocas horas después esbocé el esqueleto de este texto. Ese martes comí con unos amigos y, entre aceitunas rellenas de naranja y el gazpacho que estaba por llegar a la mesa, surgieron múltiples temas de la vida de todos. Cuando llegó mi turno (pocos se salvan), los allegados no tardaron en servir el vino en copas, y un par de asuntos a debatir: uno fue mi próxima mudanza (que al final quedó en nada) y el día de la boda, de refilón. Sin embargo, alguien, ni recuerdo quién de ellos ni realmente importa, no tardó en disparar una de esas afirmaciones inocentes —que son las que más joden, porque dan justo en la diana. Comentó: “Es que nosotros estamos en un punto diferente de nuestras vidas. Tú vas adelantado.”Sigue leyendo «Sobre la importancia de saberse en un punto»→
Aviso: puede que esta historia no sea tan divertida coma las anteriores, y puede que yo me haya convertido en un «pseudofamoso creidillo» de Internet. Pero en honor al estreno del cómic In the pit, compartiré con vosotros este pequeño relato lleno de mutantes y palabrotas.
Pensaba que iba a ser perfecto… Mis cinco jugadores menos propensos a causar problemas estaban conmigo: El Capullo, El Pervertido, El Cagón, El Gordito y El Rehabilitado (anteriormente conocido como El Alcohólico). Nos habíamos reunido en el apartamento de El Pervertido.
Durante una temporada El Pervertido y El Disgusto habían compartido piso, pero El Disgusto encontró algo más barato: se mudó a una comuna de jugadores de Star Trek en vivo. No sabíamos qué pasaba en el interior de aquella granja pintada de manera extravagante, pero fuese lo que fuese era muy inmersivo… en el peor sentido de la palabra.
Con El Disgusto ausente (excepto por un cierto olor a ropa interior masculina sin lavar que a ratos flotaba en el ambiente) tuve la oportunidad de intentar dirigir algunas campañas libres de ninjas. Y el juego que íbamos a probar esa noche era uno que había ansiado dirigir desde hacía mucho tiempo.
El Capullo: «Yo solía tener una copia de ese juego. Iba a dirigir una partida, pero le presté las reglas a Psicópata Dave y él las vendió a una tienda de libros de segunda mano…»
El Cagón: «¿Te refieres a la tienda de libros usados de Mildew?»
El Capullo: «Sí. Siempre quise volver a comprárselos, pero para cuando conseguí ponerme al día con el Club de Literatura y Música de Columbia, alguien ya se los había llevado.»
Yo: «Yo lo compré en la tienda de Mildew.»
El Rehabilitado: «Psicópata Dave te hizo esto un montón de veces, ¿verdad?»
El Capullo: «Sí.»
Yo: «Lo siento, Capullo.»
El Capullo: «No pasa nada, al menos aún conservo mi copia de Cyborg Commando.» (2)
El Gordito: «Sí, es un consuelo.»
(2)Cyborg Commando, un juego de rol futurista publicado en 1987 por New Infinities Productions y ostentando el nombre de Gary Gygax como uno de sus autores, con la premisa de que los jugadores «interpretan» a cyborgs supercachas que van por ahí pegando tiros sin ton ni son. Está considerado como uno de los peores juegos de rol jamás publicados, y, a juzgar por la portada, no me extraña en absoluto.
El Rehabilitado: «Bueno, ya sabes lo que dicen… ¡mal de cyborgs, consuelo de tontos! ¡Ja, ja!»
Yo: «Bueno, vale… vamos a crear esos personajes.»
Un rato después, tenía cinco nuevos PJs esperándome.
El Capullo: «Mi personaje es un humano mutante con inteligencia superior y hemofilia.»
El Gordito: «Mi personaje es un humano normal, que idolatra la obra de Roland Dahl.» (3)
El Cagón: «Yo jugaré con un cactus mutante. Su única posesión es una pequeña carreta roja en la que se sienta. La mueve con telequinesis.»
Yo: ¿Por qué…?
El Cagón: «¡Porque nadie atacaría a un cactus! ¡Es brillante!»
El Pervertido: «Yo he creado un humanoide mutante. Sus mutaciones son: tamaño reducido, miembros múltiples y miembros alargados. He hecho este dibujo, ¿ves?»
(breve pausa horrorizada)
Yo: «¿Se llama Doctor Octopolla?»
El Pervertido: «Sí, es como el Doctor Octopus, sólo que camina sobre sus…»
Yo: «Ya lo cojo.»
El Pervertido: «Son realmente grandes, y él es muy pequeño, y tiene ocho, y cuando necesita dar un salto con propulsión o un arma a distancia todo lo que tiene que hacer es…»
Yo: «¡SIGUIENTE!»
El Rehabilitado: «Yo jugaré con un humano normal, con apariencia normal, atributos normales y ninguna mutación. Su nombre es Aventurero Juan Érico.»
El escenario que había planeado iba a ser una misión simplona para introducir a los jugadores en el mundo de la campaña, con escaso o ningún peligro real. Les expliqué que todos sus personajes vivían en una aldea llamada Roñavilla en las afueras de un bosque. La vida transcurría con tranquilidad, pero la aldea se había quedado muy corta en suministros médicos. Así que mandaron a los PJs de camino a la Gran Ciudad, en la boca del río, para que adquiriesen los preciados suministros. Todo marchaba a pedir de boca hasta que acabamos el primer combate.
(3) En la traducción original: «Roald (y no Roland) Dahl es un conocido autor de relatos cortos para adultos y, sobre todo, de novelas y cuentos infantiles. Su obra más conocida probablemente sea Charlie y la fábrica de chocolate, que fue adaptada al cine (con bastante éxito) con el nombre Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate en 1971. Por cierto, Tim Burton está a punto de terminar una nueva versión de la historia, (que esta vez conservará el título original del libro). La pregunta es, ¿quién será recordado como el mejor Willy Wonka? ¿Gene Wilder, o Johnny Depp? Se aceptan apuestas.» No sabemos quién sería mejor Willy Wonka, pero sí nos hacemos una idea de lo que ha llovido desde que se tradujo por primera vez este texto, ¿verdad?
El Cagón: «¡Dios mío! ¡Casi nos matan a todos!»
El Gordito: «Una lucha a vida o muerte contra canarios de dos metros de alto armados con fusiles de asalto. ¿Cómo podría el apocalipsis traer tanta ironía?»
El Pervertido: «Lo de que nadie atacaría a un cactus no ha durado mucho.»
El Cagón: «No me atacaron, es que vosotros me estábais usando como escudo, ¡cabrones!»
El Rehabilitado: «Mi personaje esparce los cuerpos por el campo mientras canta: ‘Pajaritos por aquí, pajaritos por allí…’ ¡Ja, ja!»
Yo: «Creí que habías dicho que el humor era una parte importante de tu terapia.»
El Rehabilitado: «Lo es.»
Yo: «Bueno, pues avísame cuando empieces.»
El Rehabilitado: «¡Ja, ja! ¡Y pensar que decían que eres un fracasado calvo sin sentido del humor!»
Yo: «¿Qué?»
El Capullo: «Mi personaje intenta parar sus hemorragias.»
El Pervertido: «Mi personaje intenta ayudarle.»
El Capullo: «Si alguno de los miembros de tu personaje me toca, gritaré.»
Yo: «Bueno, ¿vais a acampar para pasar la noche?»
El Pervertido: «Sí, creo que es una buena idea. Y creo que deberíamos reconsiderar nuestros planes. ¿Quién tiene el mapa?»
El Capullo: «Creo que mi personaje lo está usando como torniquete.»
Los personajes de los jugadores acamparon a las sombras de unas ruinas. Tras alisar y secar el mapa empezaron a hacer planes.
El Cagón: «Creo que deberíamos volver. Este sitio es peligroso.»
El Rehabilitado: «Dices eso en todas las partidas.»
El Cagón: «¡No, no es verdad!»
(4)Rocky y Bullwinkle es una serie de dibujos animados norteamericana bastante antigua (empezó a emitirse en los sesenta) que ha alcanzado el estatus de «serie de culto». El juego de rol es en realidad un híbrido entre juego de mesa, juego de cartas y juego de rol destinado a los más pequeños, y hasta donde yo sé, los personajes jugadores no corren peligro alguno…
El Capullo: «Es lo mismo que dijiste aquella vez que jugamos al juego de Rocky y Bullwinkle.»(4)
El Cagón: «Y tenía toda la razón. El señor Peabody tenía una mirada enloquecida.»
El Pervertido: «Nos han encomendado una misión de socorro. No podemos dejar que una horda de canarios asesinos nos afecte.»
El Gordito: «Mirad el mapa. Me parece que estamos dando un buen rodeo para ir a la Gran Ciudad.»
El Capullo: «Creía que este era el único camino.»
El Pervertido: «Dejadme ver… Oye, tiene razón, estamos dando un buen rodeo. Este viaje nos está tomando más de una semana, y lo podríamos hacer en tres días si atajásemos por aquí y tirásemos en línea recta hacia la Gran Ciudad.»
Yo: «¿Queréis atajar a través del Desierto de la Muerte Segura?»
Los jugadores hablaron brevemente entre ellos. En sus susurros pude oír el sonido de una campaña deshaciéndose en pedacitos.
El Pervertido: «Sí.»
Yo: «Dejad que os lo pregunte otra vez. ¿Queréis tomar un atajo a través del Desierto de la Muerte Segura? Ya sabéis, esta parte del mapa, aquí, con todos estos símbolos de radiación y peligro por contaminación biológica?»
Una vez más los jugadores hablaron brevemente entre ellos. La sutileza no estaba haciendo efecto, así que mientras cuchicheaban señalé al mapa e hice ruidos de película de miedo.
El Pervertido: «Sí.»
Yo: «Muy bien. ¿Hay algo más que queráis hacer antes de que vuestros personajes se echen a dormir? Después de todo, querréis levantaros bien temprano para empezar vuestro viaje a través del Desierto de la Muerte Segura. Repito: Desierto de la Muerte Segura.»
El Capullo: «Yo intento no perder tanta sangre.»
El Pervertido: «Mi personaje tiene que realizar unos complejos rituales de acicalamiento.»
El Cagón: «Mi personaje se esconde en un rincón de espaldas a una pared.»
El Rehabilitado: «Yo me acuesto detrás suyo para estar… ¡entre la espalda y la pared! ¡Ja, ja!»
(5) En la historia original, «caramelo interminable» es «everlasting gobstopper«. En inglés, un gobstopper es un caramelo bien grande, tanto que es difícil de comer (literalmente, gobstopper significa «paralizador de bocas»). Pues bien, en Charlie y la fábrica de chocolate hay un MacGuffin llamado the Everlasting Gobstopper, la más preciada y codiciada invención del maestro de los dulces, Willy Wonka: un caramelo que puedes chupar y chupar, morder y morder, y nunca se acaba. Mmmmm..
El Gordito: «Mi personaje evangeliza sobre el misterio sagrado del Caramelo Interminable.» (5)
Por la mañana, los personajes jugadores abandonaron su acampada y entraron en el Desierto de la Muerte Segura. De repente, las encuentros de combate se doblaron en frecuencia y en ferocidad. Pensé en todos los encuentros «de roleo» que había preparado para este escenario. Me imaginé a todos esos personajes no jugadores de pie a la vera del camino, esperando aburridos como actores a los que nadie daba un guion. Y fue después de una lucha particularmente dura contra algunas pulgas gigantes que sufrimos nuestra primera baja.
El Capullo: «Bueno, pues ya está. Me desangré hasta morir.»
El Pervertido: «Sí, por ese muñón que tienes en lo alto del cuello.»
El Cagón: «No creía que fuese posible que un cactus se meara encima.»
El Rehabilitado: «¡Los dados me sonríen esta noche!»
El Gordito: «Cojo algunos trozos de chocolate y le ofrezco los últimos ritos al personaje de El Capullo.»
Yo: «¿Pero cómo…?»
El Gordito: «…en el nombre de Wonka, amén.»
Siempre supe que jugar a juegos de rol me iba a mandar al infierno, pero hasta ese momento nunca estuve seguro del cómo y el porqué.
El Capullo: «¿Puedo hacer otro personaje?»
Yo: «¿Y cómo vas a encontrarte con el resto del grupo?»
El Gordito: «A lo mejor vive aquí.»
Yo: «¿En el Desierto de la Muerte Segura?»
El Rehabilitado: «A lo mejor le gustan las casitas a pie de playa. ¡Ja, ja!»
Yo: «Lo siento, pero es que no tiene ningún sentido.»
El Capullo: «No, no pasa nada. Supongo que debería irme a casa.»
El Cagón: «Eh… yo te iba a llevar.»
El Capullo: «Caminaré.»
El Rehabilitado: «Está nevando, y ya sabes el dicho… a mal tiempo, qué putada. ¡Ja, ja!»
El Capullo: «Cogeré el autobús.»
(6) En la traducción original: «No preguntéis, porque a mí tampoco me suenan de nada. Es uno de esos chistes que sólo el público americano puede pillar.» Poco más puedo añadir, Emmanuel Lewis es el chaval que hacía de Webster y Charo, si no estoy equivocado, es una actriz/bailarina/cantante y quién sabe qué más que se hizo bastante famosa en EEUU (¡sale en Los Simpson… shaking her maracas!). Eso sí, hasta ahí llega mi conocimiento o mi capacidad inventiva, por lo que nos quedamos sin saber el sentido exacto de lo que dice el Gordito.
El Gordito: «Es domingo por la noche, y el último autobús ya vino y se fue como una serie de televisión programada como relleno y protagonizada por Charo y Emmanuel Lewis.»(6)
El Capullo: «Pues haré autostop.»
El Pervertido: «¿Sabes lo que podría pasarle a una cosita tan sexy como tú?»
(breve pausa horrorizada)
El Pervertido: «¿Qué pasa?»
Yo: «Está bien. Dejaré que El Capullo haga otro personaje si no volvemos a mencionar ese último momento nunca jamás.»
El Capullo hizo otro personaje con una facilidad nacida de la práctica, mientras el resto del grupo deambulaba por el Desierto de la Muerte Segura como un chiste en busca de una frase graciosa. Su personaje era un humano normal con un mínimo de puntos de vida, viviendo en solitario en medio de un desierto yermo y mortal. No había por dónde cogerlo, pero ¿y yo qué sabía? Tan sólo era el máster.
El Capullo: «Mi personaje decide abandonar su mierda de granja y se une al grupo.»
El Rehabilitado: «¿Y por qué iba nadie a cultivar mierda en una granja? Bah, ¡a la mierda con eso! ¡Ja, ja!»
El Gordito: «La felicidad de encontrar a un nuevo compañero me impulsa a cantar. Oompa Loompa Dumpity-Di, tengo una pregunta que hacerte a ti. Si tienes una granja con un trozo de tierra, ¿por qué te dedicas a cultivar mierda? Si quieres podrías…» (7)
El Pervertido: «Le mato.»
Bueno, supongo que era inevitable.
Hubo otra pausa mientras El Gordito hacía un nuevo personaje, una prostituta invertebrada mutante llamada Vespa. Vespa y el Doctor Octopolla se hicieron amigos rápidamente; el resto del grupo se limitó a sentir escalofríos, incluso el cactus. Su viaje a través del Desierto de la Muerte Segura continuó.
(7) Una nueva referencia a Charlie y la fábrica de chocolate. En la novela (y en la película), el personaje Willy Wonka hace todo un arte de la contratación de inmigrantes ilegales… Bueno, no exactamente, pero el caso es que tiene a un montón de Oompa Loompas, traídos de su lejano país (Loompalandia), para trabajar gratis en su fábrica. ¿Y qué son los Oompa Loompas? Pues unos tipos muy bajitos, de piel naranja y pelo verde, que cada dos por tres rompen a cantar, siempre con la misma melodía: Oompa Loompa doompadee doo, I’ve got another puzzle for you. Oompa Loompa doompadah dee, If you are wise you’ll listen to me. What do you get from a glut of TV? A pain in the neck and an IQ of three! Why don’t you try simply reading a book? Or could you just not bear to look? …y así todo el rato. Escalofriante.
Yo: «De acuerdo, ¿qué hacéis?»
El Pervertido: «Yo me adelanto para explorar y buscar encuentros.»
El Cagón: «¿Estás loco?
El Pervertido: «¿Qué?»
El Cagón: «Estás buscando activamente encuentros de combate.»
El Pervertido: «No, mi personaje se está adelantando para asegurarse de que no nos emboscan.»
El Cagón: «Pero al hacer eso estás provocando que nos embosquen. Estás cambiando una decisión del máster por el resultado de una tirada de dados.»
El Pervertido: «¿Y cómo va a saber eso mi personaje? ¿Acaso me estás diciendo que lo menos que sepas, lo más seguro que estás?»
El Gordito: «Ese es el lema por el que vivo mi vida.»
Yo: «Bueno, entonces ¿qué vais a hacer?»
El Pervertido: «Me adelanto para explorar.»
El Cagón: «Yo salgo por patas.»
El Capullo: «Para ser exactos, sales por ruedas.»
El Rehabilitado: «¡Y yo salgo por tabaco! ¡Ja, ja!»
Yo: «¿Así que definitivamente te estás separando del grupo?»
El Cagón: «¡Sí! ¡Quiero vivir!»
Yo: «Vale. Pervertido, necesito que hagas algunas tiradas.»
El Rehabilitado: «Tiradas, tiradas y más tiradas. ¡Eh, esto no tira! ¡Pues sigue tirando, que este juego está tirado! ¡Ja, ja!»
Mientras el personaje de El Cagón intentaba volver a casa, el resto del grupo siguió adelante. Se desencadenó otro combate, y un éxito critico se llevó a otro miembro del grupo.
El Pervertido: «¡Noooooooooooooo!»
Yo: «Lo siento. Qué mala suerte.»
El Capullo: «Para cualquier otro personaje, un tiro en la entrepierna no hubiera sido tan malo.»
El Gordito: «Vespa acuna en su pecho sus restos sangrientos, llorando y lamentándose sin control.»
El Rehabilitado: «No es propio de ella saltar como una despollada… ¡Ja, ja!»
Yo: «¡Eh! Nada de hacer comentarios como si esto fuese un relato publicado en alguna parte.»
El Pervertido: «Bueno, ya que todo el mundo se ha hecho personajes nuevos, ¿puedo yo también?»
Yo: «Sí, pero se acabaron los monstruos llenos de penes.»
El Pervertido: «Recuerda estas palabras… algún día existirá todo un género cinematográfico protagonizado por monstruos llenos de tentáculos con forma de pene.»
(8) Esto… Ejem… Sigamos adelante.
Yo: «Sí, lo que tú digas. El día que eso ocurra será el día que pueda conseguir porno gratis a través de mi línea telefónica.» (8)
El Cagón: «¿He llegado ya a casa?»
Yo: «Mira, ya te he dicho que la rueda de tu carromato se rompió cuando huías de aquellas marmotas. Estás atascado.»
El Cagón: «¡Pero estoy atascado en medio de un bosque! ¿Cómo voy a sobrevivir?»
El Capullo: «Bueno, eres un cactus…»
El Rehabilitado: «Sí, ¡pero deja de pincharle por eso! ¡Pincharle! ¡Ja, ja!»
Yo: «Deja que te haga una pregunta.»
El Rehabilitado: «Dispara… ¡Pero no me mates, por favor! ¡Ja, ja!»
Yo: «¿Crees que se debería permitir que los pilotos sin licencia pilotaran aviones?»
El Rehabilitado: «¿Qué?»
Yo: «Repito. ¿Crees que se debería permitir que los pilotos sin licencia pilotaran aviones?»
El Rehabilitado: «Pues claro que no.»
Yo: «¿Y debería permitirse que los médicos sin licencia realizaran operaciones quirúrgicas?»
El Rehabilitado: «No.»
Yo: «Entonces, usando esa lógica, quizá deberías dejar que contaran los chistes las personas QUE TENGAN ALGUNA PUTA GRACIA!!! ¿Qué me dices a eso? ¡JA, JA!»
A nadie le sorprendió que El Rehabilitado se marchara corriendo. Intentamos seguir por donde lo habíamos dejado, pero de repente nos dimos cuenta de algo.
El Capullo: «De repente me he dado cuenta de algo.»
El Cagón: «¿Qué deberíais volver a por el cactus?»
El Capullo: «No. Me he dado cuenta de que ahora ninguno de los miembros del grupo viene de la aldea de Roñavilla. No tenemos ningún motivo para llevar a cabo esta misión.»
El Gordito: «Creo que el personaje de El Rehabilitado llevaba el mapa.»
El Pervertido: «Sí, ¿qué hace aquí mi personaje hermafrodita de seis dedos?»
Yo: «Y ya puestos, ¿qué hago yo aquí?»
Después de eso no quedó mucho que jugar. Pero resultó que estábamos atrapados por la nieve, así que nos sentamos durante un rato mientras discutíamos dónde había estado el problema. Todos los jugadores coincidieron en que debería haber habido algún tipo de aviso de que el Desierto de la Muerte Segura podría resultar peligroso.
Al día siguiente cambié los libros de Gamma World por un vale en la tienda de Mildew, y me llevé una copia de Champions. Era el mismo libro de Champions que le había prestado a Psicópata Dave algunos años atrás.
Aviso: esto podría ofender… a alguien. Decidí escribirlo porque me sentía culpable del retraso de mi cómic In the pit. Consideradlo como un agradecimiento a vuestra enorme paciencia.
En lo que se refiere a juegos de rol, yo era como uno de esos globos de color naranja dentro de una lámpara de lava. Durante una temporada solía ganar flotabilidad, y me elevaba bien alto; pero una y otra vez acababa perdiendo calor y me hundía de nuevo, de vuelta a la mesa de juego. Los últimos meses de mi vida habían sido testigo de un montón de citas con chicas; de hecho, había estaba indeciso entre una morena bastante guapa e inteligente, y una pelirroja bastante trastornada.
Como la mayoría de los hombres hubieran hecho, me fui con la pelirroja alocada, y acabó en desastre. Un desastre muy sexy, pero un desastre al fin y al cabo.
Con mi ego herido, regresé al mundo de los orcos sedientos de sangre y de los enanos de mirada aviesa. Regresé al apartamento de El Pervertido.
Yo: «Guau… vaya sorpresa, enterarme de que vosotros dos estáis compartiendo piso.»
El Pervertido: «No podía permitirme pagar la renta de este sitio yo solo.»
(1) Los parakeet mirrors son esos espejos que se ponen en las jaulas de los periquitos para que los animales piensen que hay otro pájaro con ellos, y jueguen con su reflejo. (Pero esta imagen de un universo paralelo mola más.)
El Disgusto: «Bueno, yo tenía que largarme a toda leche del sótano de mis padres… consiguieron una orden judicial.»
Yo: «Ya veo.»
El Capullo: «Pero… ¿no es un poco incómodo?»
El Pervertido: «¿El qué?»
Johnny Tangente: «¿Sabéis? Esto me recuerda a una historia muy interesante sobre el espejo de un periquito…» (1)
El Gordito: «Creo que El Capullo tiene curiosidad por saber por qué no estás preocupado o enfadado por el hecho de que tu querida Asenath se empaló en una ocasión en el miembro erecto y candente de El Disgusto.»
El Capullo: «¿Cómo? Creía que se trataba de su pene.»
El Disgusto: «Creo que somos lo suficientemente maduros como para dejar eso en el pasado.»
El Pervertido: «Si acaso, todo ese incidente nos ha hecho más amigos que antes.»
Yo: «Cuando le hablo de vosotros a mi psicólogo, no se cree nada.»
Johnny Tangente: «…y nadie sabe cómo murió Melocotoncito. ¿Se debió a causas naturales, o acaso el espejo le causó algún tipo de bulimia para periquitos?»
(2)Riftses un juego de rol escrito por Kevin Simbieda y publicado por Palladium en 1990. La premisa es que, tras un cataclismo nuclear, se abren enormes rasgaduras en el tejido espacio-temporal de las que empiezan a salir un buen número de seres procedentes de otras dimensiones. El resultado es que la Tierra se convierte en un enorme campo de batalla, llenos de seres superpoderosos (por ejemplo, los personajes jugadores). Como todo lo que lleva el sello de Palladium, Rifts levanta pasiones (tanto positivas como negativas) allá por donde pasa…
El Gordito: «Bueno, vale ya de chorradas. Aquí está mi personaje de Rifts. Es un hombre-lobo aparentemente inofensivo con problemas de autoestima, y un diploma en cosmetología.» (2)
El Pervertido: «Bueno, la verdad es que no habrá partida de Rifts esta noche.»
Yo: «¿Qué? ¡Hemos estado planeando esto durante toda la semana!»
El Capullo: «Quizá sea mejor así, he oído que jugar a Rifts causa traumatismos en los ojos.»
El Pervertido: «Bueno, lo siento, pero he estado yendo de bar en bar toda la semana, y no tuve tiempo de preparar nada.»
Johnny Tangente: «¿Sabéis? He encontrado este juego en la web que combina las partidas de Vampiro en vivo con el karaoke.»
El Capullo: «¿Qué es la web?»
Johnny Tangente: «La world wide web.»
El Capullo: «¿Qué?»
Yo: «Ah, te refieres a esa cosa de la que he oido hablar, Internet.»
El Capullo: «¿Qué?»
Johnny Tangente: «Sí, Internet… millones de ordenadores hablando los unos con los otros e intercambiando información.»
El Gordito: «No creo que sea gran cosa. Probablemente la prohibirán y cerrarán en una vorágine de rabia y demandas legales.»
Yo: «A ver si me he enterado bien. ¿No hiciste ni una página de preparación para tu partida porque estabas demasiado ocupado intentando echar un polvo?»
El Pervertido: «En una palabra, sí.»
Johnny Tangente: «¿Qué tal te fue? Realmente me gustaría sab… ¡Mirad! ¡Algo brillante!»
El Pervertido: «No estoy teniendo mucha suerte últimamente trayendo chicas a casa. Creo que a la mayoría de las tías las intimida unas polla grande.»
(3) Un nuevo juego de palabras intraducible. En la historia original, «una polla grande» es «a big dick«… que también se puede traducir por «un gran capullo».
Yo: «Bueno, no tienes por qué presentarles a El Disgusto.» (3)
El Disgusto: «Tienes suerte de que el Palo del Dolor esté sujetando una ventana.»
El Capullo: «¿Y qué vamos a hacer ahora? Tenemos todos los trastos de jugar y ningún sitio al que ir.»
El Pervertido: «Bueno, por suerte El Disgusto ha estado trabajando en una campaña para D&D.»
Yo: «¿El Disgusto quiere hacer de máster?»
El Capullo: «Ahora quiero hacer yo de máster.»
El Disgusto: «Tengo una gran idea para un escenario, tíos.»
El Gordito: «No me apetece. Nuestro último escenario incluyó sostener la vaina de la espada de nosequé PNJ ninja mientras él luchaba contra Raistlin.» (4)
El Disgusto: «El tema era que vuestros personajes tenían que demostrar ser dignos de sostener la vaina de la espada de Shinobi. Hay gente que ha muerto por conseguir ese honor. Además, este escenario será muy diferente.»
Yo: «Ya sabes que diferente no significa mejor.»
El Pervertido: «Oh, venga ya. Estamos todos aquí, ¿no? Y no perdemos nada por jugar, ¿no?»
Yo: «Vale. Pásame el Manual del Jugador y me haré un personaje.»
Johnny Tangente: «¿Manual del Jugador? ¡Creía que íbamos a jugar a Rifts!»
(4)Raistlin Majere, un mago creado por Margaret Weis y Tracy Hickman para las novelas de la Dragonlance.
Cada uno nos hicimos un personaje y nos pusimos a jugar. El Disgusto no nos encarriló de la manera habitual, más bien fue avergonzando a los personajes para que siguieran el escenario. Si alguno de los jugadores sugería hacer algo que era distinto de lo que él había planeado, se ponía a burlarse y poner los ojos en blanco hasta que desistías en el intento.
No pasó mucho rato hasta que alquilamos un barco con rumbo a la aventura y a la humillación.
El Capullo: «La verdad es que tuvimos mucha suerte de coincidir todos en aquella taberna.»
Yo: «Sí…»
El Gordito: «Fue especialmente afortunado que nos encontráramos con ese anciano gruñón y su mapa.»
Yo: «Sí… y sobre todo la manera en que pagó nuestros servicios para que saqueáramos los tesoros del templo de unos sacerdotes, en una isla en medio de ninguna parte.»
Johnny Tangente: «Esta premisa me recuerda a todas y cada una de las películas de fantasía que he visto… y al mismo tiempo no me recuerda a ninguna en concreto.»
Yo: «Bienvenido al mundo de D&D.»
El Pervertido: «Mi personaje le paga al grumete para que mantenga la boca cerrada, y luego camina hasta la proa del barco para inhalar el fresco aire marino.»
El Capullo: «Me gustaría que hubiésemos encontrado otro barco que alquilar.»
El Gordito: «¿Por qué? Esta tripulación parece ser muy capaz.»
El Capullo: «Es que no entiendo por qué este universo de juego tiene barcos en los que toda la tripulación son fetichistas del cuero y del sadomaso.»
El Disgusto: «Saqué la idea de un tipo con el que trabajo.»
El Pervertido: «¿Ese tal Goodkind?»
(5) Terry Goodkind es un autor de literatura fantástica, cuyo particular estilo ya se mencionó en la historia número diez.
El Disgusto: «Sí, Terry.» (5)
El Pervertido: «Está un poco grillado, ya sabes.»
El Disgusto: «Bastante.»
El Capullo: «Uf. ¿Podemos volver a la partida, por favor?»
El Pervertido: «Tras limpiar su jergón, mi personaje se huele el dedo.»
Yo: «Tío, no te entiendo. No haces más que soltar comentarios despectivos sobre los gays, no dejaste que un jugador nuevo se uniera al grupo porque creías que podía ser gay…»
El Pervertido: «¿Y qué?»
Yo: «Y ahora vas e interpretas a un personaje con tendencias homosexuales.»
El Disgusto: «¡Oye, espera un segundo, Ab3! El personaje de El Pervertido, Korman Paquetedorado, es muchas cosas, ¡pero NO es gay!»
El Pervertido: «Pero, gracias a Dios, el grumete sí lo es.»
El Capullo: «¿Hemos llegado ya?»
La travesía marítima estuvo plagada de combates y de azotainas ocasionales. Cuando nos acercábamos a la isla, que era nuestro objetivo, sufrimos nuestro asalto más devastador, y nuestra primera baja.
Yo: «¿Acua-ninjas?»
El Disgusto: «El azote de los siete mares.»
Yo: «¿Acua-ninjas montando en el lomo de una ballena?»
El Disgusto: «Os exigen que os rindáis y que os preparéis para ser abordados.»
El Capullo: «¿Acaso este barco guarda algún tesoro?»
El Gordito: «¿El grumete cuenta?»
El Pervertido: «Sólo hasta diez.»
Johnny Tangente: «Mi personaje se pone su armadura de placas y salta por la borda. ¿Qué posibilidades tengo de matar a la ballena de un sólo golpe?»
Yo: «¿Eres consciente de que estamos jugando a D&D?»
El Disgusto: «Tu personaje se hunde hasta el fondo del océano como una roca envuelta en otra roca.»
Johnny Tangente: «¡Pero si tengo fuerza 18/00! No, espera, eso era en la partida que jugué en el instituto. Oh, bueno…»
(Los dados ruedan por la mesa.)
Yo: «Por fin están todos muertos.»
El Capullo: «¿Hay algún clérigo a bordo?»
El Pervertido: «Limítate a echarle agua del mar a las heridas.»
El Gordito: «Usualmente no saquearía los cadáveres de los enemigos, pero como son de alineamiento maligno y yo soy bueno, no hay problema.»
El Disgusto: «Cuando tiráis de las capuchas ninja de color verde lima, veis que sus caras son… ¡como esta!»
Erol Otus es un artista que ha trabajado en muchos campos; es un viejo conocido de los roleros de pro gracias a su trabajo en los manuales y suplementos de D&D (en los tiempos de TSR, no de Wizards of the Coast), pero también hacía ilustraciones para la difunta compañía de juegos de ordenador Microprose, por ejemplo. Y creo que también diseñaba miniaturas. En cuanto a los profundos, son criaturas salidas de la enfermiza mente de H.P. Lovecraft y, obviamente, parte de los Mitos de Cthulhu.
Yo: «Huh… eso es un dibujo de Erol Otus representando a un Profundo.» (6)
El Disgusto: «Y ese es el aspecto que tienen.»
Yo: «Vale.»
El Capullo: «¡Vamos a la isla!»
Johnny Tangente: «¿Y qué pasa con mi personaje?»
El Disgusto: «Está muerto y los peces se están comiendo sus ojos.»
Johnny Tangente: «Oh. ¿Te importa si juego con tu PlayStation y leo unos cuantos cómics mientras escucho tus discos de los Night Rangers?»
El Disgusto: «Claro, lo que quieras. Ahora estás muerto para mí.»
Los personajes supervivientes llegaron a la isla y se pusieron a buscar ese gran tesoro para el misterioso anciano. Por mi parte, yo creía que simplemente debíamos quedarnos con el tesoro, pero el anciano había prometido darnos el Ojo Sagrado de Timor como recompensa, ¿y qué jugador de rol que se precie no querría tener uno? (7)
El Capullo: «Tío, los edificios de este sitio tienen una pinta muy rara.»
El Gordito: «Sí, es casi como si los arquitectos no estuviesen restringidos por las leyes de nuestro universo.»
Yo: «Esto me da mala espina.»
El Pervertido: «Mi personaje está listo para cualquier cosa.»
El Capullo: «Con un paquete como ese, no me extraña.»
Johnny Tangente: «¿Por qué lo llaman paquete? No es que se mande a ningún lado.»
Todos los demás: «¡Cállate!»
El Disgusto: «Vuestro objetivo está a la vista. El Gran Depósito se distingue del resto de los extraños edificios, pero, aun así, se mezcla bien con ellos, como un ninja en una comunidad de amish. El Gran Depósito mide 30 metros de alto, y tiene la forma del Coliseo romano, más o menos, pero está hecho de piedra verdosa.»
(7)El Ojo Sagrado de Timor es… bueno, la verdad es que no sé lo que es. Pero sí sé de dónde sale la referencia: en la película Mazes and Monsters, Tom Hanks era su guardián. La siguiente pregunta es, lógicamente, ¿qué es Mazes and Monsters? Mazes and Monsters es una novela de Rona Jaffe que fue adaptada al cine en 1982 por un tal Steven Hilliard Stern. Como podéis imaginar por el título, los juegos de rol eran una parte central del argumento, aunque no eran plasmados de una manera positiva precisamente. De hecho la historia va de cómo el rol pervierte, retuerce y reconcome la frágil mente del personaje de Tom Hanks, que se vuelve majara hasta el punto de ser incapaz de distinguir entre realidad y ficción, y poner en peligro tanto su vida como la de sus amigos. En fin, un bochorno de cinta nacida de la paranoia anti-D&D que se desató a principios de los ochenta., Aunque probablemente sea divertida de ver, por aquello de que los esperpentos siempre son graciosos.
Yo: «Nos acercamos.»
El Disgusto: «El terreno es blando y pantanoso…»
El Pervertido: «¡Como la entrepierna de mi ex novia!»
El Disgusto: «Muy bueno.»
El Gordito: «¿Por qué os estáis metiendo con Asenath todo el rato? Su único crimen fue amar demasiado. ¿Cómo podéis despreciar tanto a una mujer que una vez entregó su cuerpo a la insistencia incólume de vuestros miembros viriles?»
Yo: «…debo… taponar… oídos… con… dados…»
El Capullo: «Pero tiene razón, ¿por qué la odiáis ahora?»
El Pervertido: «Es una guarra de nivel 12 y por lo que a mí respecta se puede pudrir como un zombi.»
El Disgusto: «Sí, se tiraría a cualquiera… ¡incluso a Ab3!»
Yo: «¡Oye!»
El Gordito: «Es algo curioso. ¿Por qué, cuando un hombre tiene muchas parejas sexuales es considerado como un potente semental, pero cuando una mujer tiene un pasado sexual, es una guarra?»
Yo: «Hombres más importantes que tú se han hecho esa misma pregunta.»
El Capullo: «Como Kevin Smith.»(8)
El Pervertido: «Mira, simplemente me cansé de ella, ¿vale?»
El Disgusto: «Además, los hombres son como ballestas y las mujeres son como dianas. Una diana no necesita practicar.»
Yo: «Así que, ¿con quién deberíais practicar vosotros, pequeños arqueros?»
Johnny Tangente: «¿El grumete?»
Yo: «¿Qué?»
Johnny Tangente: «Esa fue una gran película.» (9)
(8) Ciertamente. De hecho ese era uno de los ejes en torno a los cuales giraba el argumento de la película de Kevin Smith Persiguiendo a Amy, que por cierto es muy recomendable.
Unos cuantos encuentros aleatorios más tarde, nuestros personajes llegaron al Gran Depósito. No había ninguna entrada, ni ventanas, ni puertas secretas, así que lanzamos nuestras cuerdas con garfios. Y escalamos las paredes.
El Disgusto: «De pronto un gran rugido resuena en el aire. La peste a aguas estancadas empeora.»
Yo: «Miro alrededor para ver de qué se trata.»
El Disgusto: «De repente, ves a esta criatura de cien metros de alto, saliendo de una de las extrañas torres.»
Yo: «¡Eso es un dibujo de Cthulhu de Erol Otus!» (10)
El Capullo: «¿Estamos en R’yleh?» (11)
El Gordito: «Eso explica los ninjas de color verde lima. Ahora todo tiene sentido.»
Yo: «No, no lo tiene. A ver si me estoy enterando bien… ¿Estás usando la primera edición de Deidades y Semidioses como manual de monstruos?» (12)
El Disgusto: «Ajá.»
El Pervertido: «¡Y estamos colgando aquí, a quince metros del suelo, como una cadena de bolas ben-wa humanas!» (13)
Yo: «Y Lovecraft creía que sabía lo que era el verdadero terror…»
El Pervertido: «¡Trepamos más rápido!»
(9) «Grumete» en inglés se dice «cabin boy«. La película a la que se refiere Johnny es esa de arriba, protagonizada por Chris Elliot en 1994. No la he visto, pero Elliot es uno de esos actores que me hacen reír casi sin intentarlo (¿quién no le recuerda como el adorable Chris Peterson en la desternillante serie Búscate la Vida?), así que tendré que buscarla un día de estos…
(Varias tiradas de dados furiosas y desesperadas después…)
El Capullo: «¿Cómo es que hay cera de oreja en mi d20?»
El Disgusto: «Todos conseguís alcanzar lo alto de la pared. El borde del Gran Depósito mide unos tres metros de ancho. El interior es hueco y sucio.»
Yo: «¿Como tu cráneo?»
El Disgusto: «Ten cuidado o tendrás que tirar Salvación contra Hostias.»
El Capullo: «Se está acercando.»
El Gordito: «¿Qué vamos a hacer?»
El Disgusto: «Bom. Bom. Bom. Bom. Bom.»
El Pervertido: «Debemos descolgarnos por la pared hacia el interior del edificio.»
El Capullo: «¡Aseguro la cuerda en el borde y empiezo a descolgarme!»
El Disgusto: «Cada uno de vosotros alcanza el fondo antes de que os pueda ver. Os encontráis metidos hasta el tobillo en agua sucia.»
El Gordito: «Mi enano llora de alivio.»
El Disgusto: «Bom. Bom. Bom. Bom. Bom. El suelo tiembla bajo vuestros pies. Una sombra oscura cae sobre el edificio, que tiene forma de cuenco.»
El Capullo: «Nos escondemos rápidamente.»
Yo: «¿Has dicho… con forma de cuenco?»
El Disgusto: «Sí.»
El Pervertido: «¿Qué te pasa, Ab3? Estás temblando.»
El Disgusto: «La oscuridad se hace más profunda, recortando la silueta del Gran Primigenio. Cthulhu está justo encima de vosotros ahora.»
(10) Como este. Un Cthulhu, de Erol Otus, que siempre fue bastante aficionado a ilustrar monstruos.
Yo: «Dios mío… esta vez te has superado a ti mismo, El Disgusto.»
El Gordito: «En el nombre de Timothy Bradstreet, ¿qué está pasando aquí?» (14)
Yo: «Estamos en su retrete. Estamos en el retrete de Cthulhu.»
El Disgusto: «Las verdes y gelatinosas nalgas del Gran Cthulhu tapan el borde del Gran Depósito. Escucháis un asqueroso sonido como de algo que se derrama.»
Todo el mundo: «¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!»
No puedo describir lo que ocurrió después. Algunas cosas no deberían contarse. No hay palabras para tales abismos de aterradora e inmemorial demencia, para tales contradicciones éldricas de equilibrio de juego, cortesía rolera y orden cósmico. Digamos, simplemente, que espero no volver a escuchar o leer el término «Pólipo Volador». (15)
La semana siguiente jugamos todos a Rifts, y sólo por si acaso, llevamos gafas protectoras.
Referencias y notas al pie
(11) Según la mitología de Lovecraft, la isla de Ryleh está en la actualidad sumergida en el fondo del océano Pacífico. Y en ella, el Gran Dios Cthulhu duerme y descansa, esperando su terrorífico retorno cuando las estrellas estén en la posición correcta.
(12) En la traducción original: «Deities & Demigods fue un suplemento para la primera edición de D&D (recientemente remozado y puesto al día para la tercera) que aportaba un nuevo panteón de dioses con los que jugar, incluyendo sus estadísticas roleras (atributos, habilidades y demás). Entre ellos se encontraban algunos dioses de los Mitos de Cthulhu (que son de dominio público) y algunos del multiverso de Michael Moorcock (con permiso del autor).
A mitad de la impresión del libro tuvieron que parar máquinas porque Chaosium (que estaba trabajando en el lanzamiento de La Llamada de Cthulhu y, más adelante, Stormbringer) les dijeron que vaya morro y tal. Ambas partes se sentaron a hablar del tema, y finalmente la impresión continuó, incluyendo en el libro una nota que agradecía a Chaosium su colaboración, comprensión y apoyo (no sé, por alguna razón me suena a hipocresía pura).
Para cuando llegó el momento de lanzar nuevas ediciones de Deities & Demigods tanto La Llamada de Cthulhu como Stormbringer estaban ya en las tiendas, y TSR decidió no incluir los dioses de las mitologías lovecraftianas o moorcockienses para no promocionar la competencia.»
Solo recordar que, en 2015-2016, salió la quinta edición de reglas de D&D, así que algunas de las notas que he recuperado de las traducciones antiguas pueden estar «pelín» desfasadas; tenedlo presente.
(13) Las bolas ben-wa, o «bolas chinas» son… eh… ese juguete erótico para mujeres que consiste en un par de bolas metálicas que… tal y cual… y esto y lo otro. ¿Entendido?
(14)Tim Bradstreet es un artista cuya obra puede encontrarse tanto en cómics (especialmente los de ambientación oscura como Hellblazer o Punisher) como en juegos de rol (muchos y muy variados, aunque su trabajo en Vampiro: La Mascarada es probablemente el más conocido).
(15) Los pólipos volantes son, una vez más, criaturas de los Mitos de Cthulhu… aunque no creo que Lovecraft se los imaginara en este contexto.