El rock no es solo actitud

Mi «yo» adolescente vestía con botas y chupa de cuero. Con el típico calzado de trabajo Doc Martens, sobre el que por mi ciudad corría el rumor de que unos imbéciles se habían puesto a jugar colocando el pie en la calzada, al paso de los coches, consiguiendo que la puntera metálica se desprendiese y les seccionase los cinco dedos. Ese «yo», que vive en mí y en aquellas personas que subieron conmigo, bebía demasiado, como la mayoría de chavales de dieciocho y diecinueve años, sentía una enfermiza fascinación por los amplificadores, y veía en los riffs, las quintas, los puentes y los estribillos una libertad que se presentaba a partir del viernes noche.

Mucha gente cree que eso es el rock: libertad. Pero a mí el rock me tuvo cautivo durante años; prisionero de una fascinación que se movía mucho más allá de Elvis, y que ya de joven me llevó a descubrir géneros como el jazz y el rhytm’n’blues. El rock fue la puerta al mundo: me descubrió a Fat’s Domino tanto como a B.B. King; no importaba que fuese un clásico Duke Ellington o un polifacético Miles Davis: mi viejo «yo» lo escuchaba todo; desde Extremoduro del que extraíamos acordes de las canciones y rasgábamos cuerdas de oído, a Loquillo y Los Suaves; la voz deslustrada que surgía de los discos de Marea, la épica inconexa de Bumburi, los punteados cercanos que explicaban historias conocidas en Platero y tú…

Holly Monument
Monumento funerario en homenaje a los músicos Buddy Holly, Ritchie Valens y J.P. «The Big Bopper» Richardson. La canción American Pie, de Don McLean habla sobre este suceso, que se conoció como The Day The Music Dies (El día que murió la música).

Recuerdo que aquel «yo» se movió en todas las direcciones: atrás, hacia el inicio que marcó el gospel; a los lados, entre escarabajos y piedras, cuando siempre había tiempo para buscar un disco de Dylan, de Hendrix, de Clapton. Y hacia delante, que es aquel camino que se ha perdido en mi día, donde la Doncella y cuatro son todo lo que rescato de las estanterías.

El 13 de julio de 1985 tuvo lugar la mayor concentración de rockeros de la historia, los cuáles tocaron de forma simultánea en los escenarios de Londres y Filadelfia con motivo del Live Aid.

Hoy, Día Mundial del Rock, recuerdo que me costó mucho dejar atrás casi el 90 % de aquel millar de discos físicos que había reunido. Me ayudó pensar que el rock and roll es libertad, y que alguien que de verdad entendiese qué significa eso, no le importaría que hiciese sitio a todo aquello que el género musical más extenso del mundo ofrecía; porque eso era lo importante: el rock también era actitud, y esta no consiste en ser un purista en su burbuja, sino en salir al mundo y descubrir todo lo que se puede hacer.

Nunca me importó si fue Thats Alright (Mama), Fat Man Rocket 88. Fuera Elvis, Ike o Domino, el rock se convirtió en una gran familia, en un océano en el que navegar hacia cualquier dirección, en un estilo de vida. No importa si lo encuentras en un Eye of the Tiger que crece dentro de ti o en un épico viaje de carretera en una chatarra de la que escapa el Born in the USA de Springsteen.

El rock es vida, pero no fue el padre. Antes, hubo cientos de ascendentes que nunca pudieron prever qué haría un redneck de Memphis con una guitarra; el rock no fue el padre, pero creó una familia. Una familia que creció en todas direcciones, y unió a John Denver con Janis Joplin, con Jefferson Airplane, con Johnny Cash, con Queen, con Metallica, y Maiden, y…

El rock es vida, y cuando se convierte en parte de la tuya, no hay nada que puedas hacer: se te presentan miles de historias delante, y hay que tener actitud para sobrellevar algo así.

¿¡Qué estoy haciendo!?

Los más observadores ya habéis visto que la mitad de las entradas han caído en un cajón de sastre. Pero no, no me he vuelto loco. No obstante, debo mencionar que una lectora vio lo que estaba sucediendo y, cual película de domingo por la tarde, me envió un e-mail donde se vislumbraba todo un complot contra mi blog y casi hasta mi persona si me apuras (gracias, Marta).

Pero no. Simplemente, he tenido una de esas revelaciones de medianoche, y me he dado cuenta de que, mayoritariamente, este blog tiene dos grandes públicos: animalistas acérrimos (1) y personas que gustan de mis columnas de opinión (2). Por ello, reestructurar el blog —siempre con el firme propósito de escribir para mí primero, y después para todos— ha sido una cura de humildad. Una lección aprendida que me ha mostrado cómo mucha gente llega aquí buscando peras y demasiadas veces le ofrezco manzanas, o plátanos.

Ralph Wiggum: "¡Corre, plátano!"
«¡Corre, plátano!» Ralph Wiggum, filósofo norteamericano.

Solo es que hay demasiados temas aquí metidos, y yo he mantenido el firme propósito de crear contenido interesante de todo tipo —animalismo, sociedad, actualidad, humanidades, cine y televisión— a medida que el blog se convertía en un espacio donde dos de estos puntos tenían una relevancia mucho mayor que el resto.

No obstante, la conclusión no puede condensarse en un «¡A la mierda el resto de entradas!», porque a mí me encanta escribir sobre todo lo que escribo aquí, desde filosofía hasta videojuegos, series de TV y mil cosas más. Por eso, este nuevo formato, y algunos agregados y cambios que llegarán durante la próxima semana son, en mi humilde opinión, el mejor modo de mantener un blog interesante para todos los lectores del mismo. ¡Y eso es todo! Ya os iré desvelando más cosas…

Contestando a la pregunta…

Por cierto, con el fin de poneros un poco al día, estos dos últimos meses de mayor inactividad por aquí, me he dedicado a los siguientes proyectos:

En definitiva, supongo que, sobre todo, estoy caminando en la dirección en la que deseaba hacerlo: ¡y qué bien sienta, en serio!

Dos libros que no fueron un inicio

El martes pasado llegó un correo de una de las grandes marcas españolas que son sinónimo de literatura. No, no podían acoger mi relato sobre Caos; pero no fue una total negativa, sino otro empujón hacia delante. Uno bien grande, aunque no puedo decir más por ahora. Un empujón que también me ha hecho ver que las cosas no van a ser más fáciles, y que hay que seguir trabajando día a día.

Por eso, hoy os traigo algunos de los textos que me gustaría rendir. Borradores que rayé incontables veces, y ensucié en papel; borradores que no han encontrado su sitio en el mercado tradicional —o quizá nunca lo tuvieron—, y, sobre todo, borradores para los que ha llegado la hora de despedirse y seguir hacia delante. Textos que deseo dejar marchar; relatos que recuerdo con cariño, y otros con los que he terminado por reconciliarme, pero historias cuyo tiempo ya ha pasado.

Caos (Cala Blava)
Caos en Cala Blava (Mallorca)

Los traigo hasta aquí y los despido; para poder concentrarme en nuevos proyectos y en seguir trabajando en aquellos que todavía no han llegado allí donde me gustaría que lo hicieran. No serán los únicos; por lo menos, habrá dos animaladas más que quería haceros llegar antes del Día del Libro, pero que, por mi parte, intentaré que no las alcance el verano; y eso será suficiente.

En definitiva, lo prometido es deuda. Podéis encontrar los catorce relatos en dos recopilaciones gratuitas; no obstante, si creéis que os pueden gustar (¡apuesto a que sí!) y, además, queréis echarme un cable, podéis aportar vuestro pequeño grano de arena en Amazon para Siete historias de histeria (0,99 €) e Insolación (2,99 €).

Gracias por seguir aquí.


Enlaces de descarga gratuita

Teo se ha perdido

Actualizamos. 23:00 del 18/03/2017 *** SEGUIMOS BUSCANDO ***

Hola, gente:

Aprovecho el blog para hacer difusión. Ayer, cuando volvimos a casa después de un par de horas, nuestro gato no estaba ni venía. Son muy mansos y, a veces, quedan fuera, pero nunca ha pasado nada.

Comparto una foto suya (es negro, de pelo largo, con ojos verdes y se llama Teo) en este post para que nos ayudéis compartiendo e intentando mover la imagen entre gente conocida (sobre todo de Cervelló y Barcelona provincia, pero todo sirve) a ver si la podemos hacer llegar lo más lejos posible. 

[Sé que esto no es algo habitual en mi blog, pero cualquiera que me haya leído o me conozca sabrá la noche que hemos pasado por aquí. Un abrazo. Mil gracias.]

Hacia los treinta y… más

Ya os lo dije. 31. Esa edad donde mucha gente continúa diciéndote que ahora llega lo bueno (seguro que sí) y otros tantos te miran pensando en que cada vez te vas más lejos: ¡vosotros también envejecéis, desgraciados!

De cualquier modo, confieso que no es un tema que me preocupe. Mi madre dice que espere otros treinta años, que cuando la alcance, quizá cambio de opinión, pero también me ha enseñado lo importante que es vivir el presente. Así que siempre me ha parecido un poco estúpido preocuparse por el mañana. Llegue cuando llegue, si es que alguna vez lo hace en realidad.

Javier + Harley + Laura
Laura y yo con Harley en Erick, Oklahoma.

Antes de ayer, Laura vio en Facebook una foto con Harley, el rey de los rednecks, y me taladró la cabeza durante medio día sobre vender lo que hay de valor por aquí (poco) y volver a recorrer la 66, pero bien, con un coche de esos que cuestan cuatro duros y parece que vayan a explotar en cualquier momento, o a dos ruedas. Pero Laura también quiere viajar a Japón, y visitar media Asia, y volver a Londres, y a Frankfurt, y vete tú a saber dónde. Le enseñé unas notas viejas con historias que inventé en nuestro viaje por Norteamérica, prometí, y conseguí cambiar de tema. Lo que le ocurre a Laura con los viajes, yo lo vivo entre las letras, y esa es mi mejor defensa.

Después, seguí el consejo que me había dado mi madre ese mismo día por teléfono, y trabajé poco; trabajé solo en lo que quise trabajar —en un artículo para este blog y un par de proyectos de los que aún no puedo hablar demasiado—. Hoy por hoy, estoy escribiendo dos libros muy distintos entre sí: una guía que también es novela, y un larguísimo ensayo que aspira a ser algo más.

Durante buena parte del día, jugueteé con esa ácida ambivalencia: los treinta los hice entre Harlem y el Bronx, en los escenarios domesticados de aquellas películas míticas de Paul Newman o Robert de Niro, como Fort Apache: The Bronx o A Bronx Tale. Días después me movería hacia Chicago, y de ahí, a decenas y decenas de pueblos, y unas pocas grandes ciudades dentro y fuera del camino. Durante un mes, fuimos nómadas.

Trescientos sesenta y cinco días más tarde, al despertar, lo hice en un bosque. Un bosque cualquiera donde alguien plantó una casa donde ahora vivimos, entre perros, y gatos, y pájaros, y plantas, y bichos…  Pensando en ello, leí un rato al sol, y me largué a entrenar a Barcelona. Esa tarde nos reunimos ciento y la madre en el dojo, y me dieron una de esas sorpresas —que ya es más tradición que sorpresa— de las que amenazan con acabar contigo.

Terminé visitando a la familia y revisando juntos algunas fotos de nuestro primer gran viaje, saboreando la idea de poder volver a salir disparados hacia algún otro lugar. Y recibí un regaló muy especial, que formará parte de la mitad de mi nuevo proyecto de vida: Conectadogs, algo difícil de explicar, que complementará los días de escritura que, hasta el Nobel, todavía no llegan para pagar por sí solos el alquiler. Pero sobre estas cosas hay mucho que hablar, por lo que mejor la próxima semana, cuando despegue.

Volví a casa. Al bosque. ¿Cómo ibas a comparar? ¿Barcelona? ¿Nueva York? ¡Sinatra no tenía ni puta idea de cómo vivir! Así que, una vez resuelto el dilema, me fui a dormir agotado.

Dana, Argos y Foc (lowpoly)
Retratos de Dana, Argos y Foc en estilo poligonal o low poly

Abrir una caja que ya estaba abierta

En la casa de Zeus había dos jarras, una encerraba los bienes, la otra encerraba los males.

Ilíada, Homero

Hefesto forjó a Pandora por orden de Zeus. Pandora fue la primera mujer: la Eva ateniense, la madre, y la causa de todos los males del mundo, según la mitología clásica. Esto ocurrió después de que Prometeo traicionase a Dios por los hombres, tras el hurto del fuego, y de que Zeus encontrase el modo de vengarse del titán.

Lo hizo a través de Pandora, mujer de su hermano, quien recibió, como regalo de bodas, un arma de doble filo: una curiosidad divina y la vasija que portaba todo el mal del mundo. La historiografía convertiría al recipiente en una caja, pero en su interior, se mantuvo la condenación eterna y un poso de esperanza.

Pandora, de J. J. Lefebvre
Pandora, de Jules Joseph Lefebvre (1836-1911)

Sin embargo, aquello que no querían asumir los hombres de la Antigüedad es que el mal campaba a su alrededor por una única causa: la suya propia. Eran sus congéneres aquellos que se condenaban entre sí, que elegían el mal por encima del bien, y la espada a la pluma. Siempre fue más sencillo crear un Edén imaginario que destruir, y antes, a una mujer —siempre a una mujer— que trasladaba todo el destino de los hombres entre sus manos.

A menudo, mucha gente me cita la expresión «cajón de sastre» para referirse a este blog; argumentan que el título no termina de englobar todos los temas que trato —lo sé— y sus categorías son demasiado heterogéneas para enviar una idea unívoca, como muchos otros hacen. Yo prefiero ver este espacio como una caja de Pandora, donde se esconden miedos, errores, faltas e incluso golpes, pero que miles de años después, sabemos que nunca están en el recipiente, que nunca lo estuvieron, sino que pertenecen a nuestra realidad.

En las últimas semanas, llevo dándole vueltas a varios temas. Una de esas preguntas recurrentes era: ¿hacia dónde mira este blog, y hacia dónde debería hacerlo? Mi respuesta es que no hay blog, sino caja; un constructo teórico que no existe y, a la vez, mientras esta se encuentre cerrada, contiene todo un universo en su interior.

Pero debemos ser personas adultas, bebemos de miles de años de historia tras la caída de los imperios clásicos, y tenemos la obligación de impregnar a ese mismo relato de la madurez suficiente para entender que no hay dentro y hay fuera, sino males intrínsecos en nosotros mismos, en nuestros actos, en sociedad, y que ni dioses ni titanes tienen relación alguna. La caja puede ayudarnos a entender el mundo, pero, como mucho, solo contiene el mundo en la medida en que este la contiene a ella. Y, entonces, ¿a quién culpar?

Eva Prima Pandora, de Jean Cousin el Viejo
Eva Prima Pandora de Jean Cousin, el Viejo (1490-1560)

Hay una última idea que me gustaría tratar, y es que la caja es mía. Me ha costado mucho entenderlo, pero el minimalismo —o quizá individualismo— de un blog personal solo es comparable con un ápice de egoísmo necesario. Los males que hay en su interior, aquí, son míos, y también la esperanza, que duerme en el fondo, pero sois libres, y estáis invitados, a seguir compartiéndolos. ¿Qué quiero decir? No tengo del todo claro si lo sé. Sé que el blog cambiará en este 2017, porque debe hacerlo; planteo ese cambio como una ampliación, una redistribución, un nuevo capítulo… Mantendrá el corazón, pero crecerá, como ya lo hizo antes; como ya lo ha hecho. ¿Hacia dónde? Bueno, pronto lo veréis.


Enlaces relacionados:

Una familia de bambú

Mucha gente me pregunta qué es el kendo. Cuando lo saben, me preguntan por qué practico kendo. Vienen a ver una clase y no entienden qué coño hacemos. Nos ven desenvainar un arma que no llevamos envainada en ningún sitio, nos escuchan contar en japonés, repetir miles de veces los mismos ejercicios; mencionar conceptos como kensen, seme, tame, isoku itto no maai, kamae, ki-ken-tai-ichi, tsuba-zeriai… y quién sabe qué más.

Nos oyen gritar onegaishimasu! sentados de rodillas sobre las plantas de nuestros pies, y hacer hasta tres reverencias: a los compañeros, al dojo, al sensei; saludamos hacia delante, y en la dirección en la que se supone que debería haber un altar también —pero ellos no lo saben—, y agradecer al resto de compañeros que han practicado con nosotros… Una gran mayoría ve ritualidad incluso, y no se equivoca; sin embargo, observa el rito con suspicacia, como si este escondiese algo, y no como un trazo repleto de trabajo y sinceridad.

Javier (pies; kendo) en seiza

Después, se marchan, y nunca vuelven. Como Almodóvar, que asomó la cabeza en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984)que ya es mucho, y cogió en un plano a Hiruma-sensei y a los veteranos de la época, que hoy, en su mayoría, ya no entrenan, practicando golpes básicos y kirikaeshi.

Lo que no todo el mundo alcanza a comprender es que, en el dojo, sus miembros, nosotros, nos convertimos en una familia: una familia de bambú; antes o después, el esfuerzo, la frustración, los errores, la práctica, y alguna lágrima incluso, nos ayudan a dirigirnos en la dirección correcta, aquella que anhelamos, el camino de vida que pretendemos… A vencer al miedo, la duda, la frustración, la falta de compromiso con uno mismo: en nuestro kendo, enfrentamos, por lo menos, cuatro enfermedades (kyo, ku, gi y waku), pero también en nuestras vidas. Sobreponerse dentro del dojo, sobreponerse a uno mismo, a tus carencias, va indefectiblemente ligado a hacerlo fuera.

kendo shinais (calentamiento)

La gente me pregunta por qué practico kendo: «Para ser mejor persona», contesto, y muchos ríen. Y nosotros nos despedimos, cerramos las puertas, y seguimos trabajando en ello, tantos días como es posible, tantas horas como podemos. Siempre.

El propósito de practicar Kendo es

moldear la mente y el cuerpo,

cultivar un espíritu vigoroso,

y, mediante la práctica correcta y rigurosa,

esforzarse para mejorar en el arte del Kendo.

Apreciar la cortesía humana y el honor,

relacionarse mutuamente con sinceridad,

y perseguir siempre el desarrollo de uno mismo.

Así, uno será capaz de

amar a su país y a la sociedad,

contribuir al desarrollo de la cultura

y promover la paz y la prosperidad entre todas las personas.

Viajar al interior

A veces, leo un blog de viajes. Lo leo desde hace seis o siete años, pero solo a veces. No envidio exactamente lo que hacen sus protagonistas; porque viajar por todo el mundo no es uno de mis anhelos, porque hace mucho que sé que no tengo tiempo para conocer a todo aquel que cruza sus pasos conmigo, ni todos esos lugares casi mágicos que emanan un aura de paz, de humanidad, de sobriedad o de divinidad.

Mi mujer siempre me dice: «No me arrastres a más ciudades: las ciudades son todas iguales.» Y cuando viajas a París, a Londres, a Roma, a Nueva York, a Chicago, a Frankfurt, a Berlín, a Los Ángeles, a Tokyo, entiendes qué quiere decir. Entiendes por qué terminas siempre en la carretera buscando un nuevo destino, por qué campo a ciudad, por qué desvelar pequeños secretos en vez de fotografiar panorámicas y por qué un viaje, siempre es un viaje al interior.

Castres - Francia (rio Agout)
Rio Agout a su paso por Castres. Invierno de 2015.

Así titularon el libro que Laura compró a esta pareja para que yo lo leyese, para que me convenciese de conocer el sudeste asiático haciendo autoestop, o de comprar una camioneta donde viajar con los perros; para vivir, ¿y quién sabe? Quizá vuelva a él después de este año de cambios. Por ahora, ya sabéis que he terminado con mi antiguo trabajo, o casi, he recorrido decenas de miles de kilómetros, he publicado un libro y he vuelto al verde, aunque las noches no sean tan estrelladas ni oscuras como soñaba tumbado junto a Caos en la terraza del Ensanche.

Pero quizá lo más importante de todo es que a diferencia de lo que decían esa pareja de argentinos que siguen ayudando a miles de personas a iniciar su propio viaje, yo no creo que un viaje siempre empiece en el interior, sino que, además, termina guiándonos hacia ese objetivo por el que conectamos palabras, pasos y países, y que nunca tuvo mayor recorrido que aquel que hicimos dentro de nosotros mismos.

Caos (carboncillo; acuarela)
Un regalo (en carboncillo y acuarela) que da la bienvenida en nuestro hogar. El texto de la acuarela dice: Caos, corazón de familia, amor incondicional.

Gracias por leerme. Por estar aquí. Por ser parte de esto. Delante, ya puedo ver muchos más caminos que esperan, pero, hoy, cierro uno, junto a vosotros, agradecido por haberme ayudado a convertir este pequeño espacio de opinión en un refugio al que llamar hogar.

Felices fiestas.

Nos vemos en unos días.

Quitar el pie del acelerador

Para un auténtico escritor, cada libro debería ser un nuevo comienzo en el que él intenta algo que está más allá de su alcance.

Ernest Hemingway (1899-1961)

Por ahora, he acabado. Mañana viajo a París, y quién recuerda cuántos días desaparezco. Yo no. Para esta semana, solo restaba un artículo, una última bala en la recámara, con aromas a literatura, y, por ende, no me preocupa, porque se mantendrá vigente a mi vuelta.

suerte
Fotograma de un episodio de la webserie Malviviendo.

Por ahora, terminé con las presentaciones del libro: una en Casa del Libro de Paseo de Gracia; otra en la feria de EcoReus (Tarragona). En la primera, no funcionó el sonido; en la segunda, tampoco la imagen. Ley de Murphy, supongo; algo tenía que pasar, y a mí me pasó casi todo. También estuve a punto de comerme a una decena de coches que habían perdido el control en la autopista por el granizo. Al final, el vehículo respondió, más o menos, y pude clavar el freno de mano antes de volver al taller por tercera vez este año: ¡mi suerte sigue intacta!

Ya en escena, me supo fatal por La Caja de Pandora (esta no; esta tampoco; sino esta), que no solo tuvo que lidiar con mi inexperiencia, sino con un discurso fragmentado por falta de medios del que, en esta segunda presentación, me recompuse como pude. Allí encontré un público entregado e informado, que tenía ganas de contrastar opiniones, de ofrecer su punto de vista y de generar un debate sano, y fueron ellos quienes, esta vez, me salvaron.

Ahora, queda descansar unos días; terminar de devorar el magnífico Homo Deus de Yuval Noah Harari, que, desde aquí os recomiendo, y también su primer libro, Sapiens, y un par de novelas que tengo pendientes —entre ellas, una de las últimas tramas del Wilt de Tom Sharpe—, decidir hacia dónde prosigo y cómo lo hago; recordarme, de nuevo, que es básico, que es necesario, pero que no quiero ser un capullo egocéntrico que no sabe hablar más que de su propio trabajo, y seguir contrastando esos argumentos que me han traído hasta aquí.

Wilt no se aclara (Sharpe)No puedo quitarme de la cabeza la sensación de que todo se ha acelerado, y eso que hace un buen rato que no tengo el pie en el pedal. Quizá, por eso, ahora sí que desaparezco unos días; para disfrutar realmente del viaje, y no, no hablo del viaje a Francia con el que comenzaba esta entrada tan breve como anómala.

Quiero tener el borrador de la novela terminado a final de año: solo me queda un mes. Vinculada a esta, os haré lo que yo considero un regalo, y, para mí, también una liberación; vosotros ya diréis sí es un detalle o una putada. De lo único que estoy seguro —eso que tengo verdaderamente claro— es que no quiero centrarme más de la cuenta en promociones, presentaciones ni todos estos rollos (que os agradezco hasta el infinito, y más allá): quiero seguir haciendo las cosas como me han funcionado, y escribir; seguir escribiendo; trabajando; creando mundos; jamás caer en el tópico de ese tipo que junta letras una vez y, tarde o temprano, se olvida de cómo lo hizo.


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)Para los lectores de De cómo los animales viven y mueren:

Ante todo, gracias. ¡Estos meses están siendo de locura, pero también de muchas alegrías por todo el apoyo!

En segundo lugar, siento ser un capullo egocéntrico, pero sería genial que pudieseis enviar una valoración o escribir una reseña en alguno de los principales portales de compra donde se puede conseguir el libro. Por orden de relevancia (que me saco yo de la patilla), serían: