Esa sensación en la nuca

Te has calmado. Bebes poco; trabajas, en algo; pero se te escapan las ideas. Mientras, llenas los días con cosas que no quieres hacer.

Tienes pareja; y ella y tú no sois el problema: os lleváis bien; todo es la leche, aunque aún era mejor cuando la gente no os decía todos los pasos que esperaban que siguierais.

Te levantas, trabajas, vas a comer, sacas al perro. Después intentas darle vueltas a qué hacer; o prescindes de ello, y miras hacia otro lado, hasta que cierras los ojos; y repites.

metabolismo-urbano
Al ver el grafiti, alguien preguntó: «Cuando se acaben los árboles, ¿cuál será su dieta?«

El perro ladra, y te preocupa que el perro ladre, porque estás haciendo cosas; estás haciendo cosas que antes no te preocupaban en absoluto. Entonces suspiras. Pero ni tú sabes por qué suspiras. Quizá porque el perro se aburre, y no podéis salir a pasear. O porque ya son las once de la noche, y sigues con ese proyecto en mente. Ese, sí, el de la gran empresa, el de la empresa que te asegura continuar alzando tu propia infraestructura. Sigue leyendo «Esa sensación en la nuca»

El fantástico Bob

Bob se desperezó en lo alto de la cama. Allí esperó un rato, pero Javier olvidó moverlo esa mañana —él no podía— y no tardó en escuchar la puerta varias veces. Primero, imaginó cómo salían a pasear a los perros, y el gato se acercó ronroneando con parsimonia para darle los buenos días; como contrapartida, él le obsequió con una gran sonrisa.

Después, le pareció que volvían a entrar, y seguidamente pudo oír cómo dejaban las correas en el recibidor y tomaban un café rápido entre prisas.

Luego, más tarde, quiso avisarles de que todavía seguía en la habitación, y no en el estudio, donde solía matar el tiempo de las mañanas; acogiendo, poco a poco, el hábito; sentado en una silla, en silencio, esperando a que apareciesen los primeros rayos del sol de invierno.

Uno de los tres podría ser Bob... ¡Vale, de acuerdo! No tiene relación. Pero me pareció muy maja...
Anverso de dos cajas de cerillas checoslovacas con un mono, una cabra y un cerdo. (Fuente original.)

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Joder, Antonio, ¿aún estás aquí?

Tenía yo nueve años, unos meses más que tu hija, y ni la más remota idea de quién eras, o qué hacías a cientos de kilómetros del mar. Al final, te imagino tranquilo, concentrado en el camino y al ritmo del lerele. Te sospecho acercándote hacia donde querías estar del día uno al día catorce; no en La Moraleja; mucho más lejos.

Te escribo al rasgado de la cuerda de tus ancestros; hoy, muchos contigo, y otros aún aquí. Y lo hago para decirte que tú también sigues aquí, y que la cagaste. Que sigues aquí, en lo hondo, pero que le faltas a todos aquellos a quienes no les diste tiempo a conocerte; y a los tuyos más que al resto.

Lola Flores (estatua)
Figura de bronce de Lola Flores, la Faraona, en Jerez de la Frontera (Cádiz, España).

Te escribo como roquero y desde el corazón, como tú; como tú que por mucho que digan eras roquero y eras de extremos, y la de años que me ha costado descubrirlo. Roquero, y flamenco, y transgresor, que ha llegado el punto en el que aquí es lo mismo. Hablo de mente, y de espíritu, pero tú ya me entiendes. Sigue leyendo «Joder, Antonio, ¿aún estás aquí?»

Bruce Lee  y la imposibilidad del medio plazo

Si pasas mucho tiempo pensando en una cosa, nunca la harás.

Bruce Lee

Tendemos a creer que las palabras ‘medio plazo’ no significan nada más que futuro. Pero el futuro llega, antes o después, pero llega, y se convierte en presente y en pasado a una velocidad vertiginosa.

A mediados de los años ochenta nací yo; mis hermanos, por el contrario, lo hicieron al inicio y al cierre de la década. Desde mucho antes de nuestro nacimiento se hablaba de ecologismo, de economía sostenible, de contaminación atmosférica e incluso de derechos provida animal. En el siglo XVIII, por ejemplo, nació la idea de feminismo, ligada a la igualdad de oportunidades entre los géneros, y que cristalizaría muchos años después en el llamado feminismo radical de los sesenta, que de radical tenía bien poco, y que no hemos conseguido ni tan siquiera consolidarlo en la vieja Europa donde nació.

Ante nosotros, el medio plazo se asemeja siempre a una excusa, y nunca a una oportunidad para cambiar las cosas a tiempo. Cada minuto mueren millones de animales en los cinco continentes: en perreras, en mataderos, en plazas de toros…  ¿Y si estamos equivocados? ¿Y si no necesitamos la carne de otros animales para vivir saludablemente? ¿Y si sienten, y sufren, y padecen? ¿Y si no podemos prescindir de ella pero este modelo de consumo tiene una fecha de caducidad de poco más de treinta años?

Perros acolpados en una perrera masificada.
Esta es una de las fotografías que ejemplifica la Carta del trabajador de una perrera a los dueños de mascotas. Texto esencial que circuló hace un par de años por la red.

Yo no quiero morir con sesenta años si puedo evitarlo; por eso, lo digo, y lo repito, y lo repito. Nuestro modelo de consumo tiene una fecha de caducidad no muy superior a las tres décadas. Así que mientras soñabas con vivir un siglo entero, con curar enfermedades como el cáncer, el alzhéimer o el ébola, mientras te preocupabas por conflictos de ámbito internacional que desearías ayudar a combatir (terrorismo, sistemas económicos, guerras, hambre, drogas, contaminación…), tú, yo, todos, nos hemos negado a informarnos y actuar a nivel local, e incluso somos reticentes a entender que muchos de los problemas globales pueden estar derivados de nuestro modo de vida y nuestras formas de consumo diarias.

Debemos ver el medio plazo como una oportunidad, pero también como una imposibilidad. Bruce Lee lo resumió en una de sus frases más famosas, así que quizá sea mejor recurrir a un hombre sabio para concentrar la idea: “Knowing is not enough, We must apply. Willing is not enough, We must do.” Me atrevo a traducirlo para ti: Saber no es suficiente, debemos aplicarlo. Estar dispuesto no es suficiente, debemos hacerlo.

Es fácil leer este libro, o esta recopilación de ideas; o debería serlo, porque no pretende ofrecer una lectura lenta y anquilosante para tus ojos; lo difícil es salir y cambiar el mundo, grano a grano. Lo difícil es abandonar nuestra zona de confort, preguntarse por qué ocurre esto o aquello, si no habría otra forma de hacer las cosas; ser activos, hacer, equivocarse, mejorar.

Bruce Lee en 'Game of Death'.
Bruce Lee en Game of Death (Bruce Lee, 1973), la última película que filmó; quedó inconclusa durante varios años hasta que Robert Clouse (Enter the dragon, 1973) consiguió terminarla utilizando dobles y ‘rellenando los huecos’ en montaje.

¿Observamos nuestro alrededor con una mirada analítica o preferimos obviar lo que ocurre frente a nosotros? ¿Nos paramos a pensar en soledad por un par de horas? ¿Somos felices con lo que hacemos? Con nuestro trabajo, con nuestros intereses, con nuestras preocupaciones… ¿Estamos integrados y luchamos por solucionar todo aquello de lo que siempre quisimos formar parte? ¿O estamos viviendo la vida que el mundo (otros) nos ha marcado?

Si nos detenemos por un minuto, si nos abstraemos del ritmo frenético que se mueve en cualquier calle de una ciudad, de una fábrica, de una carretera, vemos que, en realidad, todo fluye contracorriente. Y nosotros, por costumbre, ajenos al movimiento, hemos naturalizado ese descenso.

El activista Gary Yourofsky resumen el consumo de carne mediante cuatro premisas: hábito (habit), tradición (tradition), conveniencia (convenience) y sabor (taste). Para él, esas son las cuatro razones que explican el consumo de carne de otros animales hasta la fecha. Las dos primeras también son aplicables a cualquier excusa que queramos imponernos para evitar luchar por nuestros sueños, hasta el punto de creer que todo a nuestro alrededor ocurre por conveniencia, lo que es falso, y terminar por cogerle el gustillo, que significa el fin del medio plazo.

Anima Naturalis presenta en uno de sus carteles una relación directa entre el consumo de carne y el aumento de casos de cáncer.
Controvertido cartel de la asociación animalista Anima Naturalis que relaciona la ingesta de carne con una mayor inclinación a sufrir problemas cardiovasculares y cáncer.

Concluyo estas ideas volviendo a Bruce Lee, uno de los pensadores y maestro de artes marciales (por ese orden) a quien más admiro. Sería bueno recordar que él jamás tuvo miedo del hombre que había lanzado diez mil patadas; por el contrario, temía a quien había lanzado una patada diez mil veces. No hay forma de derribar o vencer a las ideas, el problema es que necesitan a gente que las extienda una y otra vez.

Enlaces relacionados:

Esto es un extracto de una serie de textos que estoy preparando y que recogeré bajo el título De cómo los animales viven y mueren. Por ello, si algunas ideas parecen dispersas se debe a que estas estarán integradas dentro de un capítulo dedicado al consumo de carne en el mundo y aquí puede haberse perdido parte del discurso.

Claves que explican el éxito de ‘The Walking Dead’

The Walking Dead no es una serie increíble. Quiero decir, está bien, ¿no? Hay temporadas con más relleno que un pavo en Navidad, pero trata temas interesantes y tiene acción; los cliffhangers están planteados correctamente —vale, el de antes del parón de finales de 2014 a mí me pareció algo ridículo, pero la idea era buena— y el ritmo narrativo suele cambiar de un modo muy acertado.

Además, llama la atención que un esquema narrativo similar haya triunfado en papel (cómic), en televisión (serie de AMC) y en videojuego (de la compañía Telltale Game, que también ha comercializado The Wolf Among Us en homenaje al cómic Fables de Bill Willingham y está programando una versión en su clásico formato de aventura gráfica interactiva de Canción de hielo y fuego o Juego de Tronos).

Ahora podríamos empezar hablando de las voces críticas que han ido apareciendo por una u otra razón, o de los elogios que se han lanzado a lo largo de estos tres o cuatro años, pero hay algo que es indiscutible: su éxito, por lo tanto, vamos directamente a lo que nos interesa: ¿por qué The Walking Dead ha cosechado tantísima popularidad?

The Walking Dead, claves del éxito de la serie de TV

The Walking Dead es mucho más que un cómic referencial, mucho más que una serie con decenas de millones de espectadores: es el ingreso definitivo de los zombis en nuestras vidas y nuestros hogares, en el espacio de las ficciones de consumo mayoritario. Pero ¿cómo puede ser mayoritaria la imagen de un rebaño de muertos vivientes devorando vivo un caballo? ¿Cómo es posible que una serie podrida de contenidos violentos, repulsivos e inquietantes triunfe en un espacio de producción y difusión mainstream, obteniendo una audiencia inmensa?

Extracto de la sinopsis del libro The Walking Dead: Apocalipsis zombi ya

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El cielo es rosa

Hoy me matan. No hay tiempo ya.

¿Puedes siquiera imaginarte lo que siento?

Me matan por nacer. Por haber nacido en el lugar equivocado; en un lugar distinto al que tú ocupas.

Hoy me matan, y estoy cansada de gritar. Estoy cansada de ser usada, y golpeada y vejada; de ser observada como un mero objeto en esta oscura habitación con rejas.

De veras, hoy voy a morir, y nada tiene sentido. Nada. ¿Recuerdas cuando acerqué mi morro frío hacia tu mano? ¿Cuando te miré buscando una mirada cómplice? ¿Aquella vez que te arrimaste a mí? ¿Qué ha cambiado entre nosotros?

Ayer fui una cría; una cría grande y patosa que deambulaba por el patio vallado en busca de una caricia; hoy no soy nada. Pero tengo la certeza de que fui algo, de que podía haber sido feliz, y de que voy a ser nada; y duele. No sabes cuánto duele.

Detalle del ojo de un cerdo. La fotografía pertenece a Boudewjn Berends.

Basta. Tú puedes hacer algo. Cambia el mundo por mí. Cambia las cosas. Hazlo ahora. Una vez.

¿No puedes? ¿No puedes cambiar el mundo, verdad? Abre la jaula. Corta la reja. Déjame libre. Veo a los cachorros desde aquí; comen, ajenos a todo lo que sucede. ¿Harás lo mismo cuando mi nombre se haya olvidado? Cuando no sea nada, solo tumbas dentro de vosotros.

Hoy me matas. ¿Tuve nombre? ¿Tuve nombre o fui un número más? Hoy me matas y no puedo llorar; solo tiemblo junto al resto, y muero. Hoy muero; y vi la luz del sol después de mucho tiempo; por última vez. Sé que no hay hierba tras de mí; ni agua, ni vida. Solo sangre, y sufrimiento; solo gritos y violencia. Mírame. Mírame una vez antes de ser arrastrado entre rugidos de dolor y tristeza.

Hoy te digo adiós, y quizá me fallen las patas; sé que me golpearás; me electrocutarás; me gasearás. He llegado a rezar por una muerte digna, un final donde no recupere más la conciencia; donde no deba sentir la sangre brotando salvaje de mis entrañas; donde esta pesadilla acabe, por fin.

Hoy no soy. Porque tú y yo nos parecemos, pero mi piel es rosa. Hoy no soy, porque no soy perro ni gato, ni soy tú, y no tengo una oportunidad; soy cerdo. Soy cerdo, y no soy.

Silencio.

Una carpeta llena de animaladas

En la carpeta puede leerse: Animaladas, y recoge historias de las que muchos y muchas preferirían no ver, escuchar o saber jamás. Esta carpeta tiene un propósito mucho mayor de lo que a priori pudiera parecer: pretende cambiar el mundo, con palabras; dando forma al pensamiento, buscando otros caminos, fundiendo una conciencia tras otra.

Pegada a ella hay un post-it de color amarillo con el siguiente mensaje: No tienes por qué hacerlo, en homenaje al DON’T TRY de Bukowski. Y en su interior hay ideas; ideas que no gustan, e historias que repugnan y, a veces, caminos a seguir. En el margen superior de la primera hoja, centrado, y en fuente Times New Roman 12 está el título:

De cómo los animales viven y mueren

Las siguientes líneas no son más que una declaración de intenciones; o quizá el breve prólogo de un proyecto que lleva tiempo rondando en mi cabeza.

No tienes por qué hacerlo. No tienes por qué creerte mejor que los demás por comer cerdo, y no perro. O por vestir prendas sintéticas mientras comes una tostada con foie. No se trata de eso; no tiene relación con si eres omnívoro, carnívoro, vegetariano o vegano; no tiene relación con si vistes cuero, o si jamás se te ha pasado por la cabeza. No es cuestión de comercio justo, o neocolonialismo; ni tan siquiera de sentimientos, o espíritu, o alma.

Ninoshka y compañero en Can Capsec (La Garrotxa)

Se trata de saber. Saber que en algunas fábricas de Rumanía despellejan vivos a los patos, que el foie gras es producto de una enfermedad (cirrosis) que se provoca intencionadamente a las ocas; que comes carne criada en cautividad, de vaca, de ternera, de cerdo, que jamás vio la luz del sol, que ha sido sobrehormonada y trágicamente muerta de un modo total y completamente antinatural e inhumano.

Ninoshka en Can Capsec (La Garrotxa)

Durante años he escrito historias; algunas eran mera ficción, otras eran experiencias volcadas en un papel. La víspera del día de Reyes del año 2015 murió Caos. Y el día 8 de ese mismo mes, El Huffington Post, El País y centenares de blogs conocían nuestra historia con aquel perro que encontramos en una carretera tocando la medianoche.

Cuando vi cómo mis palabras habían llegado a más de 1.000.000 de personas, no podía creérmelo. Sabía desde el principio que era un tema delicado; un sentimiento al que había dado forma en palabras, y a través del que muchas personas podían identificarse. No importaba si era Caos, Coco, Nuka, Dana, Piula o cualquier otro perro; Caos se había escapado, pero nos había hecho un último regalo: la universalidad de su historia.

Caos en Can Capsec (La Garrotxa)

Más tarde, quizá me contagié un poco de esa tenacidad que mi perro ofrecía paso tras paso. Reduje mi carga de trabajo, y empecé a escribir. Entonces me planteé: “Quizá no solo es cuestión de hacer o no hacer en lo que respecta al maltrato animal, a nuestro modo de vida y a nuestra forma de consumo; se trata de conocer qué hay detrás de esa granja, de esa fábrica de piel e incluso de esa multinacional de la telefonía.”

Quizá nos han dicho tantas veces que no es posible que hemos terminado por creerlo; yo también lo hice; después vi cómo un perro moribundo volaba. Y ahora no puedo evitar querer cambiar el mundo igual que él lo hizo: lento, muy lento, pero firme.

Burro catalán.

Gracias

En 24 horas, este blog ha recibido más de 20.000 visitas, y yo estoy en shock. La historia de Caos se ha compartido cientos de veces en Twitter y miles de veces en Facebook; han llegado decenas de comentarios cada hora al blog y se han escrito tantas muestras de apoyo a lo largo de la red que he perdido el rastro de todas ellas.

En paralelo, mientras trabajaba, asistía también al desarrollo y el desenlace de lo acontecido en París; dos hechos totalmente aislados entre sí. Sin embargo, hoy más que nunca es fantástico ver a toda la gente que se identifica, se emociona, y busca el modo de construir algo mejor, a nivel personal y a nivel global. Y visto así, todo lo infame, injusto y vil que sucede a nuestro alrededor solo es un pretexto más para no detenernos en nuestra lucha contra ello.

Como le decíamos a Caos los últimos meses cuando salía por la puerta pero las patas ya empezaban a fallarle: “Ya has cogido el camino, ahora no te pares, socio.” Y sí, a veces necesitaba a alguien que lo sostuviese por detrás, ¿pero quién no?

Con toda sinceridad, gracias.

Foto de familia (agosto, 2012).
Foto de familia (agosto, 2012).

De cómo tu perro cambió mi (nuestra) vida

¡Hola! Esto es una carta extraña, pues no sé a quién le escribo. Solo espero que algún día, por suerte o por tenacidad, llegue a la persona que abandonó a Caos: nuestro perro, que antes no fue nuestro, sino de alguien que no lo merecía.

Llegó a finales de junio del 2012, y se fue la víspera del día de Reyes del 2015, de madrugada. Sí, has leído bien: la noche de Reyes del año 2015. Vivió dos años y siete meses más de lo que supongo creías, y yo hubiese empezado a escribir esta carta en el mismo momento en que nos despedimos de él si hubiera podido reunir el valor para sentarme en la mesa de trabajo junto a la que él descansaba varias horas al día.

Caos en terraza (junio, 2012)
Caos descansando en una terraza (junio de 2012).

Si todavía no sabes si fue tu perro, te diré que lo recogimos en la carretera antigua que conecta Corbera de Llobregat con San Andrés de la Barca (la Ctra. de Sant Andreu), a la altura de aquella finca que está tocando con una de las curvas cercanas al Eroski, donde solía haber una luz exterior siempre encendida por la noche. Y si por fin estás leyendo esto, aprovecho para asegurarte que no te guardo rencor —ni tan siquiera él lo hacía, creo—, solo quiero (queremos) hablar contigo un minuto. Quiero que me escuches, a mí, que tengo la capacidad de llamar tu atención, a diferencia de aquel que fue tu perro una vez, pero no más.

Lo sé. Sé desde el principio que vas a sacar el tema. Era un perro viejo. Lo vimos tras el frenazo en el camino que te comentaba en el párrafo anterior. No obstante, ni yo ni mi pareja pudimos subir al coche sin él; aquel jueves solo queríamos sacarlo de la carretera y darle un sitio donde pasar la noche, aunque a mí me rehuía. Rehuía a todos los hombres, y lo siguió haciendo durante semanas.

También te diré que al día siguiente no fui a trabajar, sino a dos o tres veterinarios, y no te voy a engañar. El primero nos dijo que lo mejor era sacrificarlo. El segundo, no. Pero ten por seguro que hubiésemos seguido buscando hasta encontrar a aquel que quería luchar por darle una vida mejor.

Ese mismo día se le diagnosticó la hernia de disco que tenía en la espalda y una artrosis de tipo dos muy avanzada. Como sabes, eso hacía que caminase como las muñecas de Famosa, o como un muñeco de Playmobil, pues presionaba la médula constantemente; si te preocupaste alguna vez, mínimamente, seguro que lo recuerdas. Debes saber que le ayudamos a fortalecer las articulaciones con ejercicios, paseos, medicación (Previcox y Gabapentina) y visitas a la playa, buscando esa calidad de vida que creemos nunca había tenido. La herida de la trufa, aquella que nunca se cerraba, nos dijeron que no era leishmaniosis; y la oreja caída intuimos que fue de una infección que se extendió hasta romper el cartílago.

Caos en Caimari (Mallorca, Islas Baleares).

Era un perro viejo, pero también era un perro bueno, ¿lo sabes? Le gustaban mucho los niños pequeños, pero no comprendemos por qué; y los quesitos. Y sobre todo era fuerte. Tras toda una vida de descuidos, se recuperó. Le cuidamos, y casi corría… Casi. Como te imaginarás, nunca volvió a correr, si es que dejaste que lo hiciera vez alguna. Pero paseaba con nosotros, y no hacía falta que se apresurase, ni suelto ni atado, pues no nos alejábamos nunca demasiado de él.

Al cabo de unos meses nos daba besos, y nos perseguía por la casa, y formaba parte de nuestra familia; y sé que le cuidamos el cuerpo, como se pudo, pero sobre todo le sanamos el alma. De eso sí estoy seguro.

Era alegre, fuerte, cabezón, sociable, cariñoso y muy bueno. Era todo eso, y más. Demostró valentía, fuerza, energía, ganas de vivir y mucho amor por todos nosotros, cuando por fin se le permitió. Al principio, tenía pesadillas cada noche, cada vez que cerraba los ojos, y se escapaba cuando por un casual veía que me quitaba el cinturón, o me acercaba a él con una escoba entre las manos, o escuchaba un ruido fuerte. Pero demostró que quería vivir; que quería vivir mucho más. Y viajó con nosotros por toda Cataluña y Mallorca; a su ritmo, claro.

Caos en la playa (Cala Blava, Mallorca) en julio de 2012.

Ahora te pregunto a ti, a quien dejaste abandonado a Caos: ¿por qué lo hiciste?, ¿qué vida tenía mi perro? Y gracias. Gracias por dejar que nos permitiese cuidarlo y nos devolviese mucho más de aquello que alguna vez llegamos a darle. Quiero que sepas que era tan fuerte, que cuando tuvo que marcharse, hubiera querido seguir peleando por estar con nosotros; al final, se dejó ir. Y nosotros dos lloramos junto a él, durante horas. Si alguna vez lees esto, dime: ¿quién crees que llorará por ti? ¿Quién llorará por aquel que dejó solo, herido y en la oscuridad a un alma mucho más noble que la suya propia?

Si quieres puedes llamarme, escribirme, hablarme sobre la otra vida de mi perro, y recordar que todo aquello que tú no hiciste por él, lo hicimos nosotros. Y volveríamos a hacerlo, toda la vida, todas las vidas; porque no era a él a quien salvábamos, nos salvábamos a nosotros. Y si tú, o alguien de los tuyos lee esto, me gustaría que al menos lo supiese, que pensase en ello por un instante.

Caos y Teo en la casa de Barcelona (abril de 2014).
Caos y Teo en la casa de Barcelona (abril de 2014).

¿Podrías decirnos cómo se llamaba antes?, ¿por qué no hubo sitio para él?, ¿por qué le abandonasteis? No te hablo desde el rencor; simplemente no lo entiendo. Y él tampoco lo hacía. Ahora está muerto, y puedes creer que poco importa (tienes razón); porque no importa cómo murió (lo hizo muy bien), solo cómo vivió; eso sí, su otra vida; su segunda vida.

Y a vosotros, a todos aquellos que estéis leyendo esto —seáis pocos o seáis muchos, pero no seáis él o ella—, dejadme ser un poco egoísta. Ya sé que no tengo derecho, pues todos los días mueren cientos de miles de animales y personas a lo largo y ancho del mundo; pero dejadme pedir dos cosas, por mí y por Caos, ya que estos Reyes no han sido especialmente buenos con nosotros. Uno, compartid esto, por favor. Haced que se mueva como testigo vivo de mi (nuestro) perro y que tenga la oportunidad de llegar al verdadero lector de este mensaje; dos, hagamos que Caos, ese perro que tenía la columna y el morro destrozados a golpes, o a malos tratos, y que fue abandonado con aquel mosquetón enorme y oxidado que, con una cadena en su extremo, le había privado de caminar, de correr e incluso de ser, siga vivo; luchemos de verdad contra el maltrato animal y contra el abandono; luchemos por una ley que proteja a los animales y que favorezca las adopciones; y sobre todo luchemos por castigos reales contra los maltratadores, por un modo de consumo sostenible, por ser más naturales, por ser más personas, por aprender de ellos y para ellos; por ser mejores.

Caos, te queremos. Y ni Argos, ni Dana, ni los gatos duermen en el colchón todavía. Solo lo miran vacío, mientras tú ya descansas para siempre en nuestros corazones.

Caos y Dana en Barcelona (diciembre de 2014).
Dana durmiendo encima de Caos (diciembre de 2014).


Cinco de enero (Ushuaia Ediciones, 2022)
es la novela solidaria y animalista que homenajea la historia de Caos. Se trata de una obra de autoficción que se vende en Amazon (Kindle y edición en papel). ¡La mitad de todos los beneficios ayudarán a protectoras y asociaciones de animales para siempre!

¿En qué cree Tyler Durden?

Vamos a acabar con la civilización para hacer del mundo algo mejor, dice Tyler Durden. La cabeza del proyecto Mayhem; o proyecto Caos, o proyecto Estragos. Depende dónde y cuándo lo hayas oído. Rechazo los puntales básicos de la civilización, especialmente las posesiones materiales. Lo que posees acabará poseyéndote. No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones.

¿Te suena?

¿Quién es Tyler Durden?

Tyler Durden es el álter ego de Tyler Durden en El club de la lucha; y Chuck Palahniuk (autor) y David Fincher (director) crean, a través de la insatisfacción vital, un personaje que rompe los cánones del hombre moderno. Donde Brad Pitt cae, y resurge con una filosofía totalmente antagónica a la del personaje que interpreta Edward Norton.

Tyler Durden (Bradd Pitt, El club de la lucha, 1999) en la bañera.

¿Pero qué se está forjando en la mente de Tyler a lo largo de la obra? La película, fiel reflejo de la novela, nos ofrece citas y diálogos  suficientes para hacernos una idea de las principales ideas que movilizan al personaje; las cuales, a menudo, se han definido por la negación de conceptos (anticonsumista, anticapitalista, etcétera), pero bien pueden entenderse como teorías propias. Por ello, primero, os recomiendo el siguiente artículo: La filosofía de Tyler Durden: del nihilismo al anarcoprimitivismo (del cual he cogido varias frases para ejemplificar la entrada) y, a continuación, empezamos a diseccionar a ese a quien todo el mundo conoce…

Tyler Durden y el nihilismo

Nihil novum sub sole.

Proverbio latino

Tyler es, ante todo, nihilista. Cree en la idea que defendían los cínicos griegos (Diógenes de Sinope) y la corriente de pensamiento ruso de mediados del siglo XIX (posterior a la Guerra de Crimea) a la que podemos acercarnos a través de filósofos y, sobre todo, escritores que surgen dentro del imperio a partir de 1860. Pero sobre todo cree en la idea que expone Nietzsche en La Gaya ciencia y en Así hablo Zaratustra sobre la muerte de Dios.

Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?

Su solución ante este mundo sin objetivos, más allá de aquellos que nosotros mismos nos imponemos, es paralela a la que ofrece el pensador alemán: convertirnos en Superhombre; sin embargo, mientras Nietzsche veía en la destrucción de los valores existentes su camino de tres pasos entre el hombre y el Superhombre; Tyler Durden ve una destrucción moral necesaria y previa a la destrucción social.

La autodestrucción es la respuesta que necesitamos.

Si bien algunas personas suelen leer aquí la destrucción del individuo como un fin en sí mismo, lo más lógico sería ver esa autodestrucción como un nuevo proceso de creación, muy relacionadas con ciertas corrientes orientales del pensamiento de las que bebieron pensadores como Schopenhauer, y más tarde, Friedrich Nietzsche.

Escena de El club de la lucha (David Fincher, 1999)

El personaje de Tyler Durden ve en cualquier tipo de enseñanza las mismas creencias que Zaratustra descubre que son falsas a finales del siglo XIX, pero que han hecho funcionar a la humanidad durante miles de años. Esas creencias sustentaban el concepto de familia, la vida diaria, el trabajo, el mundo…

Tus padres fueron modelos de Dios, y si nos abandonaron… ¿qué puedes pensar sobre Dios? Escúchame bien, sobre todo tienes que tener en cuenta el no caerle bien a Dios; él nunca quiso tenerte, con toda probabilidad él te odia, pero no es lo peor que pueda ocurrirte. No le necesitamos, que se jodan la maldición y la redención. Somos hijos no deseados de Dios. Así sea.

De un modo u otro, se aglutinan aquí creencias que beben de la tradición, de los padres, y que nos dicen que existe un Cielo y un Infierno, el bien y el mal y, por encima de todo, que somos especiales. Durante décadas se nos ha dicho que somos únicos; por el contrario, Tyler tiene una respuesta diferente; una respuesta que sabemos que es más acorde con lo real:

Prestad atención muchachos, no sois especiales, no sois un copo de nieve único y hermoso, sois de la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás. Todos formamos parte del mismo montón de estiércol.

Al igual que la conversión hacia el Superhombre, el camino se mueve en tres pasos: primero, aceptar que estábamos equivocados (camello); segundo, olvidar los conceptos adquiridos (león). Tercero, adquirir los nuevos conceptos que te definirán a partir de ahora (niño).

Tienes que olvidarlo todo: ese es tu problema. Olvídate de todo lo que crees saber de la vida.

La última fase, descrita como la experiencia vital del niño, era para Nietzsche la perfecta: vivir como si no hubiera mañana, saberse igual de poco que el resto, disfrutar aprendiendo, no estresarse, no pasar la vida haciendo cosas que no queremos hacer y, por encima de todo, aceptar que moriremos.

Yo digo: evolucionemos, no intentemos cambiar el futuro.

Tyler Durden y el anarquismo

Cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es un anarquista.

Sébastien Faure

Por otra parte, Tyler no cree que la sociedad y el juego político-social sean buenos. Todo lo contrario. El personaje alude en reiteradas ocasiones a los problemas de la sociedad moderna, entre los que se encuentra el capitalismo, el consumismo extremo, el corporativismo y la supremacía del poder financiero por encima del poder político, con todo lo que ello conlleva. Tyler es anarquista.

Cuando la exploración del espacio profundo sea algo cotidiano, serán las multinacionales las que lo bauticen todo: la esfera estelar IBM, la galaxia Microsoft, el planeta Starbucks… hay que impedirlo.

¿Cuál es la respuesta de Tyler ante todo ello? La lucha; el activismo; el terrorismo. Como suele ocurrir, no hay una única respuesta, a lo que se suma que el personaje está aprendiendo constantemente, pues como sabemos, a la pregunta ¿quién es Tyler Durden? podríamos contestar un loco y un terrorista, pero también un hombre que se hace Superhombre o aquel que despierta, ¿verdad?

Tyler Durden

Según la definición clásica de anarquismo, él es anarquista. ¿Pero qué quiere conseguir con ello? O mejor dicho, ¿por qué quiere destruir la estructura de la civilización moderna? ¿Qué espera? La respuesta no es sencilla, y está enmarcada en las corrientes anarcoprimitivistas.

Tyler quiere, simplemente, destruir todo rasgo de civilización con lo que ello supone: industrialización, división del trabajo, tecnología, etcétera. Para él, las ventajas de una sociedad industrializada (en el caso de creer que las hay) son mucho menores que los inconvenientes.

En el mundo que imagino se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del Rockefeller Center. Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por lianas tan gruesas como mi muñeca que envolverán la torre Sears. Y cuando se mire hacia abajo, se verán pequeñas figuras humanas machacando maíz y secando tiras de carne de venado en el asfalto de alguna gigantesca autopista abandonada.

La base de la que surge el anarquismo primitivista es la idea de que la sociedad ha evolucionado a través de la violencia y la estratificación social a partir del cambio entre las sociedades cazadoras-recolectoras y las agrícolas. En su interior, también lleva implícito un retorno al contacto con la naturaleza que todos hemos perdido en mayor o menor medida como individuos, así como a conseguir una vuelta a los orígenes y al modo de vida que ha sido el más óptimo durante miles de años.

Algunas de las figuras más destacadas son (o han sido) John Moore, John Zerzan o Derrock Jensen. Sin embargo, no conozco fuentes fiables que permitan afirmar que la estratificación social está directamente relacionada con el paso a la sociedad agrícola (¿no había líderes o clases en las sociedades nómadas?, ¿por qué?, ¿qué pruebas hay?), e incluso cuando todo ello fuera cierto, el anarcoprimitivismo sufre de un grave presentismo a la vez que obvia las consecuencias de la evolución y la dificultad de volver a un tiempo pasado.

Aun así, acierta de pleno cuando afirma que el modelo actual tampoco es sostenible, y está basado en una configuración neocolonial de Occidente, quien sigue creyendo, en la segunda década del siglo XXI, que está por encima del resto del mundo o que puede mantener estrategias de doscientos años de antigüedad.

Tyler Durden (Brad Pitt) en una de las primeras escenas de la película.

Asimismo, en El club de la lucha se puede ver como la doctrina que Tyler propaga se enseña a través de la violencia y que esta también se enfoca para pelear por los objetivos que la sociedad moderna nos ha robado; quizá mediante la maquiavélica idea de que el fin justifica los medios, quizá por ese componente más primitivo y primario de Tyler (líder, fuerte, ausente de miedo…) que, por otra parte, hace difícil creer que la estratificación social no existía antes del 10.000 a. C.

Tyler Durden es antitodo

La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo.

Mahatma Gandhi

En el artículo antes citado, su autor hablaba sobre tendencias menores del personaje relacionadas también con el anticonsumismo, el anticorporativismo y el neoludismo (oposición a la tecnología moderna). Si bien es cierto que existen patrones que pueden probar eso: es contrario a los ideales de belleza, al trabajo de oficina, a las grandes multinacionales…, un análisis más detallado nos permite ver que Tyler es antitodo. A Tyler, a los dos Tyler, no les gusta el mundo en el que viven. Pero optan por soluciones totalmente opuestas: conformarse frente a luchar, apoyar en silencio frente a proclamar la guerra total y absoluta, no mojarse frente a estar dispuesto a las máximas consecuencias…

Escena final de la película El club de la lucha.

Quizá, si tuviésemos que cerrar esta idea con una triada, diríamos que Tyler Durden es anticonsumista, que no es más que decir que Tyler odia el capitalismo, pues ve en él el germen de todo lo malo que tiene la sociedad moderna. Y sobre todo ve totalmente punible cómo el individuo empieza a llenar su vacío espiritual a través de las posesiones materiales.

Rechazo los puntales básicos de la civilización, especialmente las posesiones materiales. Lo que posees acabará poseyéndote. No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones.

El por qué es simple: esa concepción consumista de la vida no solo no nos deja vivir, sino que nos aleja de aquello verdaderamente importante para cada uno: el amor, el sexo, la justicia, el bien y el mal, la igualdad social…

¿Qué somos? Consumidores: subproductos obsesionados por un estilo de vida. Asesinato, delito, pobreza… son cosas que no me incumben; lo que si me importa son las revistas de famosos, una televisión con 500 canales, el nombre de alguien en mi ropa interior, crecepelos, viagra… sucedáneos.

Tyler Durden… es imaginario. Literal y figuradamente. Pero no lo que dice. Lo que dice es real: la muerte de Dios, el vacío espiritual, la necesidad de consumir, de no envejecer, de no cambiar; trabajar en lo que no queremos, perder el contacto con el mundo natural, con la vida real, con los amigos, con lo que de verdad nos importa o podría importarnos. Quizá la solución no sea el anarquismo, o el anarcoprimitivismo, o el anticonsumismo. Quizá la solución empieza en cada uno de nosotros, y no fuera.

Cierro con una cita de la versión española de la novela (El club de la lucha, El Aleph, 2003):

Si estás leyendo esto, el aviso va dirigido a ti. Cada palabra que leas de esta letra pequeña inútil es un segundo menos de vida para ti. ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Tu vida está tan vacía que no se te ocurre otra forma de pasar estos momentos? ¿o te impresiona tanto la autoridad que concedes crédito y respeto a todos los que dicen ostentarla? ¿lees todo lo que te dicen que leas? ¿Piensas todo lo que te dicen que pienses? ¿Compras todo lo que te dicen que necesistas? Sal de tu casa. Busca a alguien del sexo opuesto. Basta ya de tantas compras y masturbaciones. Deja tu trabajo. Empieza a luchar. Demuestra que estás vivo. Si no reivindicas tu humanidad te convertirás en una estadística. Estás avisado…

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