Retrato de Lucía

Estoy enferma, pero nadie sabe lo que tengo. O sea, todavía no le han puesto nombre, y eso siempre complica las cosas. Los médicos me han diagnosticado epilepsia y un retraso en el neurodesarrollo. Así que no hay tiempo que perder: tengo que buscarme la vida. Amparada en la ciencia, en los míos, en el arte… Ah, sí; verás que lo mío es puro arte.

Por mucho que te sorprenda, y por muy descontextualizada que la creas, te adelanto que mi historia se encuadra en un dorado claroscuro del primer barroco, como el de Johannes Vermeer y su Dama de la perla. En cambio, mi necesidad se acerca a la de aquellos cuadros flamencos antiguos, pintados al óleo para la creciente burguesía que construía sus ciudades al amparo del Mar del Norte; quizá hijos de la técnica de van Eyck, de Weyden o de Campin.

Detalle de 'La dama de la perla' (Johannes Vermeer, 1666)

¡Ay, disculpa! Esta es mi primera conversación —por llamarla de algún modo—, y debido a mi afección temporal he creído conveniente tratar de abrir un diálogo con cuánta gente pueda. Ante todo no quiero ser maleducada, así que dime, ¿qué tal estás? Sigue leyendo «Retrato de Lucía» →

Esa sensación en la nuca

Te has calmado. Bebes poco; trabajas, en algo; pero se te escapan las ideas. Mientras, llenas los días con cosas que no quieres hacer.

Tienes pareja; y ella y tú no sois el problema: os lleváis bien; todo es la leche, aunque aún era mejor cuando la gente no os decía todos los pasos que esperaban que siguierais.

Te levantas, trabajas, vas a comer, sacas al perro. Después intentas darle vueltas a qué hacer; o prescindes de ello, y miras hacia otro lado, hasta que cierras los ojos; y repites.

metabolismo-urbano
Al ver el grafiti, alguien preguntó: «Cuando se acaben los árboles, ¿cuál será su dieta?«

El perro ladra, y te preocupa que el perro ladre, porque estás haciendo cosas; estás haciendo cosas que antes no te preocupaban en absoluto. Entonces suspiras. Pero ni tú sabes por qué suspiras. Quizá porque el perro se aburre, y no podéis salir a pasear. O porque ya son las once de la noche, y sigues con ese proyecto en mente. Ese, sí, el de la gran empresa, el de la empresa que te asegura continuar alzando tu propia infraestructura. Sigue leyendo «Esa sensación en la nuca» →

El fantástico Bob

Bob se desperezó en lo alto de la cama. Allí esperó un rato, pero Javier olvidó moverlo esa mañana —él no podía— y no tardó en escuchar la puerta varias veces. Primero, imaginó cómo salían a pasear a los perros, y el gato se acercó ronroneando con parsimonia para darle los buenos días; como contrapartida, él le obsequió con una gran sonrisa.

Después, le pareció que volvían a entrar, y seguidamente pudo oír cómo dejaban las correas en el recibidor y tomaban un café rápido entre prisas.

Luego, más tarde, quiso avisarles de que todavía seguía en la habitación, y no en el estudio, donde solía matar el tiempo de las mañanas; acogiendo, poco a poco, el hábito; sentado en una silla, en silencio, esperando a que apareciesen los primeros rayos del sol de invierno.

Uno de los tres podría ser Bob... ¡Vale, de acuerdo! No tiene relación. Pero me pareció muy maja...
Anverso de dos cajas de cerillas checoslovacas con un mono, una cabra y un cerdo. (Fuente original.)

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