Ya hablamos con Tordesillas

Ya hablamos con Tordesillas; ya hablé sobre Tordesillas. Lo hice aquí (Indultad a Rompesuelas, el Toro de la Vega), aquí (Taurinos y antitaurinos: piedras y palabras) y aquí (Sangre de toro).

La última víctima del (supuesto) torneo fue Rompesuelas. Miles y miles de activistas lo decían, lo repetíamos, año tras año, y alguna vez tenía que ocurrir. Pelado no morirá a plena luz del día, no morirá lanceado, pero lo más probable es que muera.

No se aceptó la petición de trasladarlo a un santuario de animales tras el renombrado Toro de la Peña, y lo más plausible es que dé con sus huesos en el matadero. Quizá allí se ensañen con él, con esa ira que reflejan los palos y los varazos que le han propinado a un animal noble que no tiene el huir en su haber.

Toro de la Peña 2016

En España, hay que matar. La diversión se mezcla con sangre por falso derecho de tradición que hiede a podredumbre. Es la España que envejece, que avergüenza a una mayoría, que no quiere crecer; es la España que muere sin saberlo, y que no será nada.

Hoy, se ha advertido por última vez a esa España que debe escuchar a la mayoría, que la libertad, individual y colectiva, no se mide a lanzazos contra un ser inocente, y que hubo un tiempo en el que se permitió, pero nunca más.

Ellos desoyen. Y la ley, que no es más que la respuesta última de un pueblo unido que detesta que maltrato se asocie con nosotros, actúa. Nos llaman violentos, pero los violentos son ellos; lo llaman democracia, y libertad, y respeto, y valentía incluso, sin conocer realmente el significado de esas palabras.

Toro de la Peña 2016 (recorrido)

Quizá Pelado no sobreviva al primer Toro de la Peña. Yo deseo de corazón que sí, que lo haga. Pero si hay algo en Tordesillas herido de muerte es la tauromaquia, y las fiestas basadas en el maltrato animal, y esa tradición absurda, irracional y troglodítica que se ha extinto ya, aunque ellos todavía no lo sepan, ni quieran aceptarlo.

Cierto chatarrero muy conocido, decía hoy: «Es triste ver como hay gente con esa maldad en su corazón.» Y ya lo dijo alguien más inteligente que la mayoría de nosotros: «lo único que necesita el mal para triunfar, es que los hombres buenos no hagan nada.» Pues se acabó.

Besas el suelo. Tranquilo. Sereno. Susurrándole a la tierra que cumpliste con el papel asignado.

Atrás quedan ya los jadeos, el puente, el río; ahora suspiras, resuellas, te abrazas a esa paz prematura que te han impuesto y te vence.

Pero en tus ojos no hay odio (¿por qué no hay odio?), nunca hubo odio; y corneando el orgullo por última vez no dejas que la sangre conquiste tu iris. Sigues mirando hacia delante, ya caído; sigues mirando hacia delante, lejos de allí, estocada tras estocada; ves el cielo, la hierba, el mundo, lejos, más lejos aún.

Rompesuelas, ya mueres; porque te mataron demasiado pronto. Y a tu alrededor se escuchan lanzas, y gritos, y torneos que son declarados nulos porque te han asesinado hombres que no respetan ni las reglas que ellos mismos se han impuesto.

Ellos son los verdugos, tú la crónica de una muerte anunciada que no podemos resignarnos a aceptar. Y ahora creen que ya eres nada, que eres historia, y sin embargo, hoy más que nunca, representas todo aquello por lo que vale la pena vivir, y luchar, y aprender de esta España donde las franjas rojas amenazan con devorarlo todo a su paso.

Tú besas el suelo, yo lamento mis lágrimas. Tú ya descansas, ¿pero quién nos salva a nosotros?

Rompesuelas – Javier Ruiz (2015)

El acrónimo de la discordia

Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas.

Cita atribuida a Winston Churchill (1874-1965)

Llego tarde, pero no importa. Sigue aquí, muy dentro de todos. Y, hoy, 12 de septiembre, el mundo volverá a hablar de las Torres Gemelas y la independencia de Cataluña; mientras tanto, yo seguiré pensando en el burkini.

Si hace tres décadas, las mujeres tenían que taparse las tetas para no incomodar a los presentes —para no recordarles que eran mujeres, que tenían tetas, y curvas, y coños, pero sobre todo que, por mucho que el mundo se empeñase en negarlo, eran y seguirían siendo mucho más que eso—, hoy, tienen que enseñarlas por toda la costa francesa.

Chica vistiendo un burkini

Dicen:

Occidente no puede aceptar manifestaciones culturales o religiosas contra la dignidad y los derechos de la mujer.

No es la prenda. Es lo que representa el burkini: y si lo viste libremente peor, porque está haciendo apología de una idea que va contra nuestros valores.

el burkini es una provocación.

Tetas de plástico. Injertos capilares. Depilación láser. Saunas de bronceado. Cuerpos deformados a causa de un sobreesfuerzo en el gimnasio. Tíos con más tetas que sus madres. Un nazareno clavado en una cruz que subió al cielo. Comer carne y pescado día tras día y morir de una enfermedad coronaria. Fumar marihuana. Creer en un dios hecho de espaguetis. Una cruz en el pecho. Un pañuelo en la cabeza. Un traje de baño que cubra casi todo el cuerpo. O masturbarse con un dedo metido por el culo.

Quizá yo vea mal todo eso. O quizá no. La libertad —civil y religiosa— significa permitir que terceros hagan lo que les dé la gana, siempre que no vaya en contra de uno mismo o del resto. No es sencillo, pero tampoco es tan complicado.

Irwin (nudista, San Sebastián)
Decía el cuerpo del texto: «No es ‘ni nudista ni exhibicionista’. Irwin, un hombre conocido en San Sebastián por alargar sus paseos desnudo más allá de los límites de la playa de La Concha y circular en bicicleta tal y como vino al mundo, se define a sí mismo como una persona ‘libre’ que aplica su ‘libertad de expresión’. Las caminatas de este francés, oriundo de Hendaya, que habla un perfecto castellano y disfruta al transitar totalmente desprovisto de ropa, suelen circunscribirse a la playa y sus inmediaciones, aunque en sus itinerarios en bici atraviesa las calles céntricas de la capital guipuzcoana ante la mirada atónita de quienes lo descubren por primera vez.

Si aspiramos a la libertad, no vale decir que ellos  también imponen sus opiniones y obligan a cumplirlas. No sirve aquello de no compartir su fe, su modo de vida o sus creencias. ¿Quién eres tú para llamar puta a una mujer por mostrar su cuerpo sin complejos? ¿Y quién eres tú para obligar a una mujer a enseñar su cuerpo sin su permiso? ¿El estado? ¿Cuatro subordinados cortos de luces con una pistola?

Olvidaron que la desnudez no es solo sexo. Olvidaron que la libertad no se puede imponer; que el defecto siempre está en los ojos del que mira; que un burkini no es distinto a un piercing, a un tatuaje o a un trikini. No es distinto a enseñar las tetas, ni a desnudarse en público. Olvidaron que la libertad no hace llorar a los niños, ni atemoriza a las minorías; y que su libertad, quizá no sea la mía.

Había alguien que hubiese podido explicarles todo esto mucho mejor que yo. El nudista que se movía en bici por Barcelona: durante un buen tiempo, se paseó por el puerto y Las Ramblas. Por aquel entonces, el ayuntamiento había prohibido ir sin camiseta fuera de la zona de costa, pero no el nudismo integral, por lo que a aquel tipo tan dotado, no le preocupaba; «un día de estos, me obligarán a vestirme», decía, y entonces citaba la famosa frase que siempre se ha atribuido, erróneamente, a Winston Churchill.

No sé si llegaría a vestirse, y se resistiría, como lo hizo Irwin, otro ciclista que se paseaba en cueros por San Sebastián y al que se le condenó a un año de cárcel. Del de Barcelona, no recuerdo la nacionalidad, pero este otro era francés, y qué vergüenza debe sentir estos días allí por donde pedalee.

burkini-tweet

Caminar dentro de un gallinero

La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.

Jack Kerouac

Ojalá pudiésemos volver atrás y visitar, de nuevo, algunos instantes de nuestras vidas. Hacerlo de un modo real. Recordando exactamente cómo olía su pelo la primera vez que la besaste, o cómo te sentiste, por un segundo, aterrado, muerto de miedo, en la otra punta del mundo, rodeado de gallinas que picoteaban maíz y cortezas de sandía. Cuando, de niño, discutían tus padres, apasionadamente, y todo era un auténtico vórtice de desconcierto; o desaparecían los mayores y mirabas hacia arriba sin entender por qué el resto fijaba la vista bajo sus pies.

Una de las condenas más trágicas del ser humano es poder evocar habiendo olvidado tanto; y ni tan siquiera contar con la necesidad. Estar programados para rellenar esos huecos, para inventar, para hallar una solución cómoda y sencilla frente al olvido.

Gallinas en MallorcaSi la hipertimesia es un castigo inmerecido, la forma en la que se adormece nuestra psique minuto a minuto no es un camino de rosas. Alrededor, todo cambia; tú cambias. La crisis de los treinta, de los cuarenta, de los sesenta, es el olvido de tu yo, de quién eras, y de la culpa intrínseca que recae en cada uno de nosotros.

Al menos, de esto último, estoy convencido. Por eso camino, aunque a veces tenga que hacerlo solo. Quiero ser uno de esos escritores caminantes sobre los que leí: Breton, Thoreau, Sebald, Kerouac… Reencontrarme con las historias que me componen en soledad; criticar, plantear, razonar y discrepar a cada paso; voltear mis propios argumentos contra mí, e incluso olvidar todo por un instante.

Al visitar Mallorca, recordé todo esto frente a otro gallinero, no el americano que encabeza estas líneas, sino aquel que vi diariamente durante tres años, y que, a menudo, fue mi refugio al volver de caminar, o al buscar un momento de destierro dentro de mi propio retiro. Después, alguno de los perros se coló por debajo del enrejado y me mató a las gallinas, y fue un duro golpe.

Pensé, no obstante, en la fábula del escorpión y la rana, y percibí también hasta dónde alcanzaba mi error al haber leído mal la naturaleza de los perros, de los gatos, de las gallinas, e incluso de mí mismo. Entonces, recogí sus cuerpos, y los llevé hasta el contenedor que había en la entrada del pueblo, yo solo; me senté otra vez en el gallinero, vacío, y lloré por entender un poco mejor todo aquello que nos rodea.

Los animalistas también hacen animaladas

Teo Mariscal es el director de Bocalán: escuela de formación, criadero de labradores y, recientemente, uno de los escasos centros en España que ofrecen cursos de adiestramiento multiespecie.

Fotografía tomada en el Zoo de BarcelonaEn persona, no tengo el placer; le conozco de lejos, por terceros… y por algunos de sus alumnos, que han sido compañeros/as míos, o invitados e invitadas, en algún curso de adiestramiento canino. Hoy, de algún modo, llego hasta su muro, y leo un texto (notablemente) extenso que ha dedicado a aquellas personas y entidades que no han dudado en criticar este tipo de cursos.

Ante esta avalancha de críticas, Mariscal no ha dudado en responder y ofrecer su propia opinión al respecto. Algo lícito y que cualquier persona animalista interesada en los cursos o, simplemente, en el sector, seguro que agradecerá. Yo, por lo menos, lo hago. Cabe decir, como él bien comenta en el encabezado de su mensaje, que es un profesional con más de dos décadas de experiencia a la espalda (algo que debe respetarse) y que pueden haberse malinterpretado tanto los medios como los fines.

Pero no. A continuación, os explico por qué. Antes, sin embargo, os copio cuatro de las preguntas que Teo Mariscal lanza al aire en su publicación:

¿Un zoológico no debería tener un veterinario?
¿No debería tener personas que se dedican a la limpieza?
¿No deberían, por tanto, tener personal técnico experto en modificar y tratar problemas de conducta en esos animales?
¿Deberían mirar hacia otro lado ante una estereotipia? En pro de un supuesto animalismo irresponsable, ¿deberían dejar a los animales a su suerte?

Aquí concuerdo al 100 %. Los zoológicos deberían tener veterinarios, servicios de limpieza, personal técnico especializado y, por encima de todo, la responsabilidad suficiente para ofrecer una buena estimulación y un enriquecimiento ambiental adecuado.

También crucificamos con facilidad, como comentaba ayer mismo. Eso hay que concedérselo a Mariscal cuando dice: «¿Cuál es el absurdo motivo que lleva a decir esto a organizaciones que se vanaglorian de ser los «protectores»? ¿Será que sus campañas están llenas de dobles propósitos, o es que simplemente son producto de la ignorancia?» Si bien, ya que inicia un diálogo, le recomendaría que tuviese la valentía de citar una por una las asociaciones animalistas de las que habla y el por qué están equivocadas, qué dobles propósitos ocultan y por qué son ignorantes. ¡Y muchas lo son, estoy seguro, y mantienen en puestos de responsabilidad a personas que solo están preocupadas en dirigirse hacia lo políticamente correcto sin una visión de conjunto!

Ahora, viene la parte que no va a gustar tanto: Teo, estás centrando la atención en el punto que no preocupa a nadie; desconozco si consciente de que, para cualquier animalista, aquello que hay fuera de ese foco es mucho más difícil de tragar.

Las críticas hacia los programas con animales salvajes (aquel que se preocupa por los animales, porque todos ellos tengan unas buenas condiciones de vida, y construye, aporta, jamás destruye) van por otros derroteros. Nadie con dos dedos de frente se quejará porque los alumnos de los cursos de adiestramiento multiespecie ayuden a que la vida de los animales confinados en un zoológico sean más ricas en todos los sentidos, sino en la perpetuación del modelo.

Lobos (cursos multiespecie)
Lobos adiestrados en los cursos multiespecie. La fotografía original puede encontrarse en uno de los álbumes dedicados al curso multiespecie en el muro de Bocalán.

Cuando se dice: «no podemos cambiar el mundo, sino mejorarlo con acciones como esta», debe ser un alegato real, que busque una mejora a medio plazo y no una continuación del mismo modelo; y, aun así, ni tan siquiera aquí radica la crítica de lo que, para muchos animalistas, es un gravísimo problema.

Entre los objetivos de los cursos puede leerse lo siguiente:

– Mejorar la calidad de vida de los animales en parques zoológicos través del entrenamiento y el enriquecimiento ambiental
– Formar a profesionales del medio
– Modificar conductas en animales de especies salvajes
– Prevenir problemas de comportamiento en animales salvajes
– Asesorar sobre procedimientos de entrenamiento
– Entrenar animales para procedimientos veterinarios o exhibición

Quizá, entonces, el problema que tienen muchos animalistas con los cursos multiespecie no sea el aprendizaje y las pautas de enriquecimiento que los alumnos obtendrán para mejorar la vida en zoológicos, sino el uso de los mismos para espectáculos de exhibición (donde, ¿por qué no?, también estarán incluidos los circos, la publicidad y el cine ¿verdad?).

Leopardo (cursos multiespecie)
La fotografía original puede encontrarse en uno de los álbumes dedicados al curso multiespecie en el muro de Bocalán.

A todo ello, se suma el segundo gran problema al respecto: la cría. Cuando leo Fauna y Acción, con todo mi respeto hacia aquellos que no piensan como yo, entiendo que Bocalán y Teo Mariscal ven correcto la perpetuidad a través de la cría progresiva y la utilización de especies salvajes para estos fines: cine, televisión, teatro, circos, etcétera.

El grupo cría hoy personalmente a todos sus ejemplares, animales que pasan trimestralmente todas las inspecciones y revisiones comunitarias y estatales, por lo que el impacto medio-ambiental por su actividad es totalmente nulo, y la identificación de los mismos con sus entrenadores, absoluta y entregada.

«Quiénes somos» en la página web de Fauna y Acción

Respeto, pero estoy en completo desacuerdo. Primero, en que no es posible cambiar el mundo: lo es; el mundo cambia a través de nuestras acciones; y claro que hay impedimentos, y desconocimiento, y trabas por parte de todo tipo de intereses públicos (aunque suene triste) y privados. Segundo, no hay que temer no gustar a todo el mundo, porque es imposible, pero dudo que una persona implicada y con lazos con algún movimiento animalista vea mal el aprendizaje de técnicas de adiestramiento para el enriquecimiento de los animales en zoológicos; sin embargo, me parece cobarde esconderse tras esa premisa para omitir el uso y la cría para conservar un modelo de exhibición y abuso de especies salvajes. Como bien dice Mariscal, los animales no tienen la culpa de que sus antepasados naciesen hace cincuenta años en un zoo: la tenemos nosotros; y seguiremos teniéndola si de aquí a otros cincuenta, o cien años, siguen ahí.

Por último, deseo que este texto —en la línea de lo que escribí sobre el programa de televisión ¡Vaya fauna! cuestiones a replantear y algunas cuestiones más a replantear— se tome como una crítica constructiva por parte de cualquier lector (o lectora) e incluso de mi interlocutor último, Teo Mariscal, si llegase a leerlo. Creyendo, fervientemente, que sí es posible equivocarse intentando hacer algo bueno por los demás, pero también rectificar y dejar los egos a un lado.


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Entrenamiento de animales de especies no domésticas y el jaleo que se ha creado…Ante tanta parrafada absurda que…

Gepostet von Teo Mariscal am Mittwoch, 7. September 2016

El animal que hablaba más de la cuenta

El chimpancé se sentó frente a nosotros y se quedó mirándonos, muy quieto. Miquel me explicó que nos saludaba; me sorprendió y, a la vez, no lo hizo: si un perro o un cerdo tienen una asombrosa memoria procedimental, ¿qué no podrá hacer una especie que comparte con nosotros entre el 96 y el 99 % de su genoma?

Eso no fue lo único que me explicó aquel día. También hablamos de toda la gente que contactaba con la fundación para intentar vivir un día entre primates (¿sabrán ellos que lo hacen constantemente?), sin comprender que un centro de recuperación es un espacio que busca devolver a un animal a su entorno; y si esto no puede ser, ofrecerle una alternativa lo más cercana posible. Sin saber que un chimpancé puede arrancar el brazo de un ser humano de cuajo, y, sobre todo, demostrando que esa forma de pensar que pervive es la misma que los llevó allí y que les ha negado un futuro en su verdadero hábitat.

Chimpances

Allí, donde acabó el chimpancé que fumaba en Crónicas Marcianas, y también el que le regalaron como mascota a la primogénita de una familia riquísima de Dubái; muchos otros que salieron de circos, y de colecciones privadas. Tras el tendido eléctrico, está aquel que abrazaba a los visitantes para fotografiarse cien veces por hora, y quien fue obligada a vivir encerrada en una jaula durante interminables horas cuando dejó de ser un bebé.

Pero esto no es nuevo. Se trata de desconocimiento e intereses privados. Es lo mismo que hacen millones de marcas con el aceite de palma, cuyo etiquetado en muchos países ni tan siquiera es obligatorio, o puede esconderse tras conceptos como grasas vegetales, que poco o nada dicen, y que la mayoría de nosotros ni consultamos antes de comprar Tulipán, Panrico, Nocilla o Yatekomo (¿lo sabrá Dani Rovira, cuya labor animalista ha aparecido tantas veces por televisión?).

Mientras pensaba en todo esto, me acordé de Dumba, una elefanta adulta que apareció por las redes sociales; se denunciaba públicamente a sus dueños, dedicados al mundo del circo (quien me haya leído un poco, ya conocerá mi opinión, imagino), por mantenerla en un jardín de 100 m2 en Caldes de Montbui (Barcelona). Un animal con múltiples estereotipias, como informa FAADA, y un declive paulatino desde hace cinco o seis años; obligada a realizar conductas no naturales y, directamente, prohibidas en Cataluña, y frente a la cual se congregan grupos de colegiales en excursiones (supuestamente) formativas, que no cuentan con ninguna medida de seguridad más allá del amaestramiento de su —en este caso, sí me parece pertinente usar esta palabra— dueña.

Dumba (2016) FAADA
Fotografía de la elefanta Dumba en 2016. Para más información sobre el caso, podéis leer el enlace a FAADA.

Otro Arturo, que nos toca más de cerca, y para el que no se plantea medida alguna por parte de la Administración. Con Dumba, la culpa también se reparte, por falta de conocimiento, y por inacción de todos; porque ella no vive bien, y parte del problema es que no sabemos cómo viven todos estos animales. Parte del problema es que creemos que un zoológico es educativo, e incluso aquellos contrarios a un circo, a un zoo o a una empresa que anuncia cursos de adiestramiento multiespecie y que perpetúa un modelo ya de por sí erróneo (y muy lucrativo, no lo olvidemos) que pasó del rescate a la cría y la selección, no entienden qué significa un centro de rescate y recuperación; no entienden que no podemos cambiar los modelos de un día para el otro, pero, sobre todo, que hay dos grandes barreras: una la tenemos muy cerca, y es el apoyo activo, con carros de caballos, y zoológicos, y espectáculos de todo tipo, y explotación industrial; la otra quizá es más velada: conocimiento, información, interés; cerrar la boca —sí, lo contrario al deporte nacional de este, y de muchos otros países— hasta tener algo coherente que decir, algo con fundamento, y evitar que tengamos que oír que la solución es llevar a Dumba mañana a una sabana africana, o cerrar todos los circos y los zoos de un día para el siguiente; topándonos con el sacrificio sistemático de una mayoría y con el fracaso de todos.

Reserva natural en China

Poco antes de morir, Umberto Eco lo clavó: «El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como portador de la verdad.» Eso sí, no confundamos la necesidad de un medio plazo con otra excusa para perpetuar un modelo que ya debería haber desaparecido en todo Occidente, y empezar a erradicarse en otros puntos del planeta; y es que ya lo decía un acertado titular de La Vanguardia hace más de un año: el zoo del futuro no quiere rejas.


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Mi suegro y el trabajo

Para mí, se acabaron las vacaciones. Entre el mes de marzo por tierras americanas y las dos semanas, que se han convertido en tres, de este agosto, junto a aquella de rigor que espera en Navidad, tengo suerte de no cobrarme los días de asueto a mí mismo.

La semana pasada deambulé por Mallorca, de playa en playa, recuperando el contacto con antiguos amigos y conocidos, nadando para lo que queda de año y poniéndome al día con unas cuantas lecturas. Pero, a grandes rasgos, visitando a la familia de mi novia mujer, tirado en el sofá con los perros de los suegros y reencontrándome con situaciones, carreteras e imágenes ya conocidas. Algunas acercaron el pasado, y, por descontado, cierta nostalgia que, para el que os cuenta esto, siempre flota, invisible, a los pies de la Sierra de Tramontana. Visité Caimari, mi antiguo hogar, y, de rebote, Valldemossa —esta vez me salté la cartuja, que la tengo aburrida, y a Chopin, y a George Sand—, y aunque no sin cierta tristeza asociada, agradecí poder volver allí.

Soy fan de la gorra de los New York Yankees

Uno de esos días, no me obligues a recordar cuál, caí en la cuenta de que jamás he escrito ni un par de líneas sobre mi suegro. No es fácil hablar de aquellos que pululan alrededor, supongo.

Probaré.

Mi suegro es un tío enorme, y también es alto de cojones. A diferencia del resto de mallorquines, pocas veces me ha soltado aquello de què és d’enfora això! que te repiten hasta la náusea los palmesanos (probablemente en castellano), y la gente de pueblo (que es el resto de la isla) si te atreves a moverte más allá de un radio de quince o treinta kilómetros. Será por las pintas de guiri, que completa con su gorra de los New York Yankees y su hábito de mezclar el mallorquín y el español con el inglés, el alemán, el ruso, el italiano, y lo que haga falta; o por llevar conduciendo por allí toda la vida, por trabajo y también en los días libres —que nunca son libres, porque es cuando se las arregla para no estar quieto en las veinticuatro horas de las que dispone, en temporada alta, para sus cosas—.

Bueno, no tengo ni idea por qué será, en realidad; al final, resultará que los tópicos no aciertan con todo el mundo.

De cualquier modo, me gusta acercarme allí en verano, pero le vemos poco. Mi suegro es uno de esos raros especímenes que imbuyen un aura de solemnidad a todo lo que tocan, y por eso trabaja diez, doce y dieciséis horas si hace falta; después, se pega una siesta, y encadena una jornada nocturna con la jubilación tan cerca de los morros. Y lo hace bien. Otra razón por la que apenas pasa por casa más que para dormir, pues.

Trabajar como ya nadie lo hace quizá fue lo que permitió dirigir tu vida hacia allí donde querías, y encontrar lo que buscabas; después llegaron las multinacionales, las hipotecas puente, los CEO, y la madre que los parió a todos, y ya nadie pudo seguir soñando.

Nadie le paga por preocuparse de una furgoneta que hace un ruido raro y llevarla al taller en su tiempo libre; ni de preparar aceitunas para un equipo compuesto por decenas de personas. Tampoco por ceder, y fastidiarse una Nochebuena, un día de fiesta o un plan que choca de frente contra un servicio imprevisto. Es alguien con quien siempre puedes contar, por lo que, a lo largo de los últimos treinta o cuarenta años, se habrán aprovechado de él más veces de las que cualquiera puede recordar.

Pedro Palau (mi suegro)

No parece importarle; ni tan siquiera hoy. Mi suegro ejemplifica esa solemnidad que tenían las profesiones de toda una vida; los trabajos hechos como ya nadie los hace; el reconocimiento en tu fuero interno, la certeza de trabajar, en última estancia, para uno mismo. En esto, me recuerda a mi padre, y en cierto modo, me gusta pensar que así es. Yo, consciente de lo que todo ello significa, lo agradezco; y también atisbo a comprender que, si hubiese existido la posibilidad, quizá mi relación con esta otra figura que ya no existe hubiese terminado por enderezarse.

Si lo explicas, la mayoría pensará que es una gilipollez; que no se puede vivir para trabajar, demasiado confusos sobre cómo alguien puede disfrutar de una forma tan natural del trabajo de su vida; yo no sé qué pensar. Trabajar como ya nadie lo hace quizá fue lo que permitió dirigir tu vida hacia allí donde querías, y encontrar lo que buscabas; después llegaron las multinacionales, las hipotecas puente, los CEO, y la madre que los parió a todos, y ya nadie pudo seguir soñando.

Cuando aterricé en Barcelona, un sonriente auxiliar de vuelo de Ryanair al que tres pasajeros francamente maleducados le habían gritado varias veces en menos de veinte minutos me recordó algo que me repitieron demasiado en la adolescencia: «Tienes que intentar ser el mejor, y disfrutar siempre de lo que haces, incluso aunque te toque recoger la mierda de los demás.»

No sé si podría ser el mejor, ni disfrutar de ese trabajo, pero empiezo a entender por dónde iban los tiros.

Será la edad.

Un pezón de cerdo

Disonancia cognitiva:

Tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes.

Un pezón. Un pezón de cerdo en tu beicon. Algo tan nimio, tan estúpido, ha despertado todas las alarmas y un sinfín de opiniones.

No se puede criticar a alguien que te mira a los ojos después de matar a un animal y te dice: «Yo elijo mi alimentación.» Alguien que visita un matadero con su familia y decide seguir consumiendo productos animales construidos (o destruidos) en cadena.

Beicón (pezón)Puede no ser natural; incluso se ha demostrado que otros animales pueden sentir ese dolor, esa inquietud, que emana de aquellos encerrados en un matadero y destinados al consumo; como un perro que nunca ha pisado una perrera y, rápidamente, se contagia de la intranquilidad y el nerviosismo que impera siempre en ellas. Pero multiplicado. Por cien. Por mil. Quién sabe.

No lo comparto. No comparto la caza, ni la pesca, ni la cría industrial, ni una alimentación basada en la carne y el pescado. No lo hago. Pero respeto a todo aquel que sabe lo que consume, que no le importa, que piensa diferente. Respeto el pensamiento tradicional, pero no la invisibilización del proceso.

Ese pezón es solo una bofetada a todo aquello que se esconde detrás de grandes paredes de hormigón.

No es beicon, ni filete, ni criadillas. Son trozos de un cerdo, de una vaca, de cualquier animal, mamífero o no; y cuando se convierten en beicon, en filetes, en criadillas, estamos un paso más cerca de no saber lo que consumimos, y de seguir insensibles al drama que representa criar y matar miles de millones de animales cada año.

Ese pezón es solo una bofetada a todo aquello que se esconde detrás de grandes paredes de hormigón que no consiguen silenciar los gritos. De los matarifes que terminan su jornada alcoholizados, o drogados, o insensibilizados a cualquier tipo de dolor; no todos, claro que no, pero nadie puede matar a decenas de seres diariamente y seguir igual.

Ese pezón está llamando imbécil a varias generaciones que se han creído que nuestro modo de vida es normal y natural; que lo sano y lo sensato es comer carne, y pescado, y productos de origen animal cada día, en cada comida, a todas horas, cuando nunca antes se hizo.

Un pezón que también nos demuestra lo flojos que somos. El miedo que nos da ser consecuentes con nuestras propias ideas y con nuestro modo de vida. El pavor que nos supone coger un cuchillo y cortar el cuello a un pollo o abrir en canal a un cerdo, una vaca o un ternero. ¿O quizá es que no son nuestras ideas? Quizá son ideas impuestas, pero cómodas. Una forma sencilla de no preguntarse por cómo funcionan las cosas, sino de dejarse llevar.

Pero ese pezón no es un trozo de beicon. Es el cuerpo de un animal; un animal que vivió, como tú, o yo, o tu perro, o tu gato; y lo que todavía es peor; ese pezón te está diciendo que eres un hipócrita, que no quieres ver lo que hay detrás de los kilos y kilos de productos cárnicos que colapsan todos los supermercados, todas las ciudades y la mayoría de los países; el pezón de un animal al que alguien mató, y un error que no volverá a cometerse en un buen tiempo, porque todavía no somos suficientes los que queremos que pienses en todo esto; porque la mayoría se contentará con tener tiras de panceta libres de pezones.

Las historias de (rol de) Ab3

Verano de 2016. Tras revisitar La guía del autoestopista galáctico (con una toalla cerca en todo momento), devorar las películas clásicas de los Monty Python, y también de Terry Gilliam, y releer algunos capítulos de El señor de los anillos —aunque siempre preferí El Hobbit—, caen, de una de las cajas de mi última mudanza, unos viejos manuales de Dragones y Mazmorras; ese mismo día, empiezo a devorar una serie de estreno con aires ochenteros: Stranger Things, donde los cuatro niños protagonistas, los tres que conocerán a Eleven y aquel al que tratarán de rescatar, juegan a D&D y se enfrentan al Demogorgon, un príncipe demoníaco que ya aparecía en la primera edición del juego.

Stranger Things (cartel promocional)
Cartel promocional de la serie Stranger Things en Netflix. Serie 100 % recomendable.

Lo relacioné de inmediato con las historias de Ab3 (en inglés), que un tal Reverendo tradujo con mucha gracia hace más de una década (para hacernos una idea, el hilo revivido por un usuario de Meristation data de 2004-2005, y la web debió aparecer poco más allá de principios de siglo). Tras todo lo anterior, tuve cierto impulso de ponerme en la piel de esos niños tan freaks que salvaban el mundo frente a un tablero, unas cuantas notas en papel y un buen puñado de dados.

Por desgracia, no hay tiempo para todo, por lo que mientras nos toca la lotería o una gran multinacional compra por cientos de millones una de mis revolucionarias ideas de negocio (¡ja!), me conformo con recuperar en un formato adecuado todas aquellas historias de rol con las que uno no podía parar de reír.

Las tradujo este señor, cuya página web se perdía con el paso de los años en otro plano de existencia, o quedaba recluido en las Dimensiones Mazmorra, en R’lyeh o a través de todo el Multiverso… Quién sabe. De cualquier modo, y al margen de la legalidad de coger estos textos y darles un formato adecuado (he conseguido hablar con el autor original, y cortar el árbol más alto del bosque con… ¡un arenque!, para obtener su permiso; pero no he encontrado al traductor, que emigró a tierra de Canguros, según se cuenta).

Paul Kidby - Rincewind (en las Dimensiones Mazmorra)
Y aquí tenemos a un asustado Rincewind en las Dimensiones Mazmorra…

Entonces, se me ocurrieron tres ideas relacionadas entre sí: a) hay fragmentos mal organizados por multitud de foros de habla hispana y por todo Internet, así que mejor organizarlos y referenciarlos en algún sitio (¿por qué no aquí?); b) por lo majo que parecía el tal Reverendo (Jorge Prieto), seguro que también me daría permiso para transcribir y corregir los textos originales en español; y c) porque si alguna de las afirmaciones anteriores no es correcta, lo más probable es que exista un universo alternativo en el que, o él está de acuerdo, o yo jamás me decido a hacer algo así, y me marche a comprar un falafel (o nos esclavicen seres insectoides provenientes de Gor).

Si ni tan siquiera la gastronomía turca y libanesa puede zanjar este tema, un e-mail será suficiente para retirar esta versión renacida de sus cenizas gracias a una pluma de fénix, un simple hechizo de resurrección o un tipo avispado que, rápidamente, se percató de que todas estas historias solo habían fingido su propia muerte.

Pégale un clic a este otro enlace para leer (o releer) las historias de rol de Ab3 en español.

Cthulhu (H.P. Lovecraft)
Cthulhu asomando el morro… o lo que sea.

Quedaron nueve en la recámara que (que yo sepa) nadie se atrevió a traducir, pero como (creo que) tengo los medios —aunque sea de un modo… indirecto— quizá también aparecen por aquí…

Además, que esto se llama Doblando tentáculos; antes o después tenía que asomar el morro Cthulhu, o lo que sea eso que le cuelga de la cara…

Las 16 historias de Ab3 traducidas al español:

  1. El equipo que no sabía disparar a derechas (21 de marzo de 2002)
  2. El día en que maté a todo el grupo antes del primer combate (9 de agosto de 2002)
  3. Una noche en la posada, un día con los racistas (22 de agosto de 2002)
  4. El viaje divino (30 de agosto de 2002)
  5. Mitos rotos y doloridos (7 de septiembre de 2002)
  6. Las aventuras de los Monty Python en el abismo más profundo del infierno casero (18 de septiembre de 2002)
  7. Kobayashi Maru con violencia indiscriminada y supermodelos (26 de septiembre de 2002)
  8. ¿Cómo que han perdido el riñón de mi mujer? (4 de octubre de 2002)
  9. Nunca dejes atrás tus pelotas (12 de octubre de 2002)
  10. Muerte por pulgares (19 de octubre de 2002)
  11. La noche de los supercadáveres (26 de octubre de 2002)
  12. Caníbales, paletos y astronautas transexuales (30 de noviembre de 2002)
  13. Atrapado en la academia Jedi (24 de diciembre de 2002)
  14. Reservoir Torgs (28 de diciembre de 2002)
  15. La habitación equivocada de R’yleh (13 de septiembre de 2003)
  16. El gran desfile de la muerte de Gamma World (9 de marzo de 2004)

Quedaste en el pasado

Como algunos malos vicios y ciertas actitudes que no llevaban a nada, hay muchas personas que quedaron en mi pasado. Hoy, desayunando en la terraza, empieza a chispear; ¡justo el día en el que me decido a zamparme cuatro galletas y un café fuera!, y de eso va esta historia: de cómo extiendo la sombrilla, me vuelvo a sentar en una silla y sigo tecleando, hacia delante, sin dejar que el mundo me toque los cojones más de la cuenta.

Bueno, no bien bien. En realidad, la mejor definición que se me ocurre es no dejar que aquello que murió en el pasado, vuelva a tu presente sin una buena razón, que esas personas que decidieron, motu proprio, desaparecer de tu vida —a veces, y sin necesidad de entrecruzar palabras, de mutuo acuerdo— no aparezcan diez o quince años más tarde; no decidan que su sitio no solo es Facebook, que a algunos ya nos parece demasiado y, de vez en cuando, no nos tiembla la mano al empezar a eliminar contactos antiguos, sino también la vida real, tu día a día, en pos de una cruzada por recuperar un contacto que a saber cuándo perdisteis y que el tiempo siempre idealiza más de lo necesario.

Javier Ruiz (joven) con Laura

A menudo, ni tan siquiera es cosa de ellos o de ellas, sino de amigos o antiguos compañeros y compañeras que no tienen nada mejor que hacer que preparar un reencuentro de esos que no tarda en convertirse en poco más que una competición de egos; tampoco tus amigos (o amigas) te hacen ningún favor, redescubriéndote una ex novia o un amigo que ya no reconocerás en la persona que tienes delante; incluso puede darse el caso de que sea ese mismo ser quien decida tratar de redescubrir aquello que fuisteis y quiere recuperarlo por unos instantes. A menudo, por no decir muy pocas vecesni tan siquiera tendrá que ver contigo, sino con un instante concreto de su propia vida: los últimos años en el instituto, esa primera época de locura universitaria, o cuando su mayor preocupación era en qué bar caer el fin de semana.

A todos nos cuesta demasiado dejar pasar las cosas que ya no forman parte de nuestra vida, como si no pudiésemos soportar no conocer todos los detalles de aquellos que se cruzaron en nuestro camino; nos cuesta mucho vivir el presente, concentrarnos en lo bueno que tenemos ahora, en no aspirar siempre a todo, en dejar el pasado en el pasado. Pues ahí va mi propio dogma: que aquellos que se convirtieron en verdaderos desconocidos tengan un hijo, no es tan importante; que terminaseis la carrera hace diez años y os reunáis no es tan importante, que no te sigas viendo con tus amigos del colegio (en todo esto, me considero una persona realmente afortunada y tengo que decíroslo) no es tan importante; así que hazlo. Si te invitan y te apetece, hazlo, ese es mi consejo; pero deja el pasado en el pasado, que por algo siempre ha estado allí.

De coleta morada a coleta cansada

Ayer, leía una noticia en La Vanguardia que retrataba a un Pablo Iglesias muy distinto al que hemos conocido estos últimos años: pesimista, desganado, acusando el cansancio electoral que se ha extendido más de ocho meses entre elecciones, reuniones en busca de una (dudosa) investidura y otros tantos en campaña en campaña.

El redactor buscaba el contraste entre este y otros miembros de la coalición (Unidos Podemos), que no solo rehuyeron en un primer momento ese idealismo propio del socialista, sino que, además, mostraban mejor cara al mal tiempo.

Yo voté por primera vez a Unidos Podemos en junio, y antes, en diciembre, a Podemos en solitario: sin coalición ninguna, a pelo, como se presentaron. Anteriormente, no encontré alternativa mejor, y tanto para el Congreso como para el Senado, me decidí siempre por PACMA. Lo digo por si eres uno de esos lectores o lectoras que necesita saberlo, que debe leer un párrafo que se adecue con su ideología; esto no solo va para el resto, también para otros simpatizantes y votantes como yo; porque Iglesias ha pecado de un exceso de liderazgo, de cierta egolatría y, si bien tenía presente la importancia de los medios (llevar el diálogo hasta la televisión desde mucho antes que el resto quisiera debates allí fue un enorme acierto), erró al olvidar lo esencial que es caer en gracia, de ofrecer una imagen afable: como el tonto bonachón en la presidencia y los dos adversarios arquetípicos de Mattel; en definitiva, que hubiera sido interesante hacer antes los deberes.

Separarse de ellos comprendiendo  como el tonto bonachón en la presidencia y los dos adversarios arquetípicos de Mattel; en definitiva, que hubiera sido interesante hacer antes los deberes.

Separarse de ellos comprendiendo el contexto que se le presentaba, recordando los movimientos tradicionales de la izquierda y la derecha en el país, y si bien yo no hablaré de ocho millones de subnormales, sí sería bueno tener presente que España no solo son las grandes ciudades, también los pueblos; y los nichos de población de baja calificación, escasos estudios y ruralismo ideológico.

Pablo Iglesias haciendo el indio ;-)

Ahora toca apostar por las nuevas reglas. Para seguir viviendo en España, y a la vista de los resultados, toca apostar por las nuevas reglas, porque perdimos; por segunda vez. O largarse, pero si seguimos aquí, es que nos hemos resistido suficiente, así que algo nos atará a estas fronteras seguro.

Toca apostar por las que imponen los grandes partidos, aquellas del pez grande que se come al chico; donde uno está arriba y diez, once, doce, quince… abajo, pisoteados, y a medida que hablamos, aún aumenta esta segunda cifra. Pero si tanta gente sigue aclamando a Amancio Ortega, tendremos que deducir que, o bien hay mucho idiota, o parte de verdad en lo que se dice.

Quizá el cambio no estaba en Podemos, ni en Izquierda Unida, ni en las izquierdas siquiera, pero la votación unánime al Partido Popular demuestra que todo está bien en la derecha, y con la derecha. Está bien crear empleo eventual con condiciones de mierda, es real aquello de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y que no ocurre nada porque no se haya montado un gobierno desde diciembre de 2015, porque España, por sí misma, ya es un desgobierno de tomo y lomo.

Presidencia y ya tal
La segunda ya tal.

Acostumbrémonos a las universidades públicas con precios de élite, a los trabajos en formato de prácticas low-cost, a vivir bajo el umbral de la pobreza, a tragar, a no poder luchar por nuestro futuro y, sobre todo, a seguir hipotecando nuestro presente.

Existían en este país todos los ingredientes para convertir una revolución del pensamiento en una revolución de las urnas; pero quedamos cortos. Todavía gana el miedo, el qué pasará y el temor a que, con cualquier otro, estemos peor. Es tan grande el sentimiento que ni tan siquiera conseguimos darle el tradicional pucherazo entre la izquierda de mentira y el centro-derecha de mentira.

Pedro Sánchez (Ken+Barbie)
Barbie, a la derecha, con Ken, a la… Oh, wait.

Mientras tanto, nos obcecamos en el «caso Echenique» y no en los miles de ejemplos de corruptelas normalizadas por el Partido Popular y el PSOE. ¿Que está mal? Por supuesto, y no seré yo quien lo defienda, pero sería conveniente tratar de ver que solo es un reflejo fiel de este país, donde, en la práctica, para presidir una gran empresa con miles de empleados puedes pagar la misma cuota de autónomos que aquel que trabaja a media jornada limpiando la mierda del resto, o imparte cuatro clases de inglés, o se rompe los cuernos en algún micronegocio donde solo encuentra trabas y trabas.

Parece ser que se nos mide a todos por el mismo rasero, hasta que interesa; cuando no lo hacen, el circo mediático se pone en marcha, no vaya a ser que alguien sume dos más dos y vea un pelín rocambolesco que se compare a una persona con una minusvalía grave que no avisó a la Agencia Tributaria de que su asistente no pagaba la cuota de autónomos con grandes capitales que defraudan a diario miles de millones.

Y eso es todo. Ahora desfalcad a pequeña y gran escala, preparaos para que los nacionalismos crezcan también al oeste del Ebro, y quizá más cerca aún de los Pirineos, y quién sabe. Empecemos por contratar con cláusulas abusivas para poder amasar una fortuna antes de que la clase media termine por desaparecer y, por encima de todo, posicionémonos en el lado vencedor, que es aquel al que han dado alas.

A España le falta un hervor o dos, en todos lo sentidos, y quizá nosotros no lo vemos, así que  lo mejor será intentar asegurarnos una jubilación digna, pero de la única forma que sabemos aquí: tragando, y poniendo la mano, o directamente robando.